CAPITULO 11

- Señor Andley, disculpe que los interrumpa pero, hay alguien en el salón que desea ver a la señorita Candy –

- ¿De quién se trata Dorothy? – preguntóArchie poniéndose de pie intempestivamente

- El señor Terrence Grandchester –

- ¿Terry? ¿Terry está aquí? – Candy al escuchar el nombre de Terry sintió como su corazón comenzaba a latir desaforadamente dejándola inmóvil

- Pero… ¿Qué demonios?...

- ¡Archie, detente! Candy, ¿recibirás a Terry? –

- Pero… es que… ¿Qué hace Terry aquí?... no sé por qué está él aquí… ¿a qué ha venido? Se supone que debería estar en New York. ¿Para qué quiere verme? No sabría que decirle… hace… tanto tiempo… Yo… no sé qué hacer… –

- Quizá llegó el momento de enfrentar al pasado Candy. Pero si no quieres hacerlo no te preocupes, yo hablaré con él. Dorothy, diga a Terry que enseguida lo atenderé –

- Si señor Andley. Con permiso –

- Archie, dejemos a Candy para que descanse. Regresaré más tarde princesa –

- Le pediré a Annie que venga a hacerte compañía Gatita, no te preocupes por nada, ¡no tienes por qué enfrentar a ese tipo! –

- ¡Archie, te lo diré una vez más, deja que sea Candy quien decida sobre Terry, por favor! –

- Pero Albert… -

- Por favor Archie, te agradezco que te preocupes por mí, llama a Annie ¿quieres? –

- Está bien Gatita, me mantendré al margen por ahora, pero estaré alerta. ¡Con permiso! –

Albert y Archie salieron de la habitación de Candy sin decir nada más. Albert se dirigió a la sala en donde se encontraba Terry.

- Buenas noches Terry, así que cambiaste de decisión –

- Hola Albert… Sí, estuve pensando en lo que me dijiste y creo que, si tengo que alejarme de ella para siempre, debo verla por última vez –

- Pero Terry… sucede que Candy…

- No quiso verme ¿no es así? –

- Candy, me pidió que te dijera… -

- ¡Que en un momento te atendería, Terry! –

Terry volteó hacia la escalera al reconocer la voz de su alma. Y después de contemplarla un instante, sólo pudo pronunciar su nombre.

- Candy…

- Con permiso, los dejaré solos un momento para que conversen –

- Gracias Albert –

Terry y Candy no sabían que decir, ambos quedaron como en un trance, de pronto, nada más importaba, sólo existían ellos dos, sus miradas se fusionaban, dos esmeraldas se sumergían en el intenso mar azul, las palabras no hacían falta en ese momento.

Terry avanzó hacia donde estaba Candy y sin decir nada la abrazó, la apretó contra su pecho y sumergió su cara en su rubio cabello, Candy se perdió en el pecho de Terry y se aferró a él con todas sus fuerzas, sin duda el amor que sentían el uno por el otro permanecía ahí, intacto, el pasar del tiempo no lo había disminuido si no todo lo contrario, se había hecho más fuerte, Terry apretaba a Candy en su abrazo como si quisiera fundirla en su propia piel, ella se dejaba abrazar y se aferraba a él como si de no hacerlo caería a un vacío sin final. Permanecieron así, ninguno de los dos decía nada, el silencio era su mejor aliado.

Después de un rato, Terry aflojó un poco el abrazo y tomó la cara de Candy delicadamente con su mano, la vio fijamente a los ojos, deseaba perderse en ellos de nuevo, y entonces, la acercó a su cara, Candy cerró los ojos como si supiera lo que seguía, era como si Terry y ella se comunicaran a través de sus miradas, Terry besó su frente, sus ojos, sus mejillas, su nariz y por fin sus labios rozaron los de ella muy suavemente, Candy se estremeció, pero no se movió, sintió como sus labios se encendieron al contacto con los de Terry, fue entonces que Terry se animó a continuar y besó a Candy con libertad, una lluvia de pequeños besos sobre la pequeña boca de ella, cada vez más intensos, hasta que Terry ya no pudo más y se perdió en su boca, Candy, a su vez, ya se había vencido a él, ambos con los ojos cerrados y abrazados como si fueran uno, se entregaban en un beso, un beso cargado de amor, pasión, ansiedad, tristeza y felicidad.

Todo tipo de emociones recorrían a ambos, al sentir que el aire les faltaba se detuvieron, los dos abrieron los ojos y se perdieron en sus miradas nuevamente, de nuevo se abrazaron y permanecieron un rato más así, después de un momento, aún sin decir nada, Terry tomó la mano de Candy y caminó con ella hasta el ventanal, lo abrió y ambos respiraron el aire frio del invierno mientras contemplaban las estrellas, aún sin decir nada, Terry abrazó a Candy con su brazo izquierdo y posó su rostro sobre su rubia caballera, aspiró su aroma a rosas y la estrechó aún con más fuerza, bajó hasta su oído y comenzó a pronunciar algo muy quedamente.

-(°) Cuéntame cómo va cayendo el sol.

Mientras hablas pensaré:

Qué guapa estás, qué suerte ser

la mitad del cuento de un atardecer

que observo al escucharte,

porque mis ojos son tu voz.

Acércate, que cuando estemos piel con piel,

mis manos te dibujarán,

tu aroma me dirá tu edad.

Junto a ti, unidos sin saber por qué,

seguramente se me note

el resplandor de una ilusión,

porque a tu lado puedo olvidar.

Que para mí siempre es de noche,

pero esta noche es como un atardecer,

si logras que a la vida me asome,

tus ojos sean los que brillen.

Y la luna que la borren

que en mi eterna oscuridad

el cielo tiene nombre: tu nombre.

Qué no daría yo por contemplarte

aunque fuera un sólo instante.

Candy sumergida en su pecho con los ojos cerrados de pronto, las lágrimas comenzaron a caer de sus verdes ojos al igual que de los azules de Terry.

- Terry… - logró pronunciar ahogada en llanto – Terry, me has hecho mucha falta, perdóname por alejarme de ti…

- Shhh… no digas nada, no llores pecosa… no tengo nada que perdonarte… Te amo… no me interrumpas, no es a mí a quien oyes, sino a mi corazón –

Candy se aferró más a él y sumergió su rostro entre su cuello. De nuevo Terry pronunció algo más, sólo para Candy.

- (*)¡Ah, santa, santa noche! Temo que, siendo de noche, todo sea un sueño, harto halagador y sin realidad.

- (*)Mas por grande que sea el sufrimiento, no podrá superar la alegría que me invade al verla un breve minuto. Unid nuestras manos con las santas palabras y que la muerte, devoradora del amor, haga su voluntad: llamarla mía me basta.

-Te amo mi hermosa pecosa –

Candy elevó su rostro y posó su pequeña mano izquierda en el rostro de Terry, acarició su mejilla y Terry tomó su mano, la deslizó por su rostro hasta llegar a sus labios y la lleno de pequeños y tiernos besos. No la soltó, fue entonces que sacó algo del bolsillo de su abrigo a la altura de su corazón, miró a Candy fijamente y la besó tiernamente en los labios, lo que hizo que Candy cerrara los ojos por un momento. Terry aprovechó y deslizó en el dedo de la mano izquierda de Candy, un anillo. Candy, al percatarse de lo que ocurría abrió los ojos sorprendida, y cuando iba a decir algo, Terry la detuvo posando un dedo en sus labios.

- Shhh. No digas nada. Hace mucho tiempo que lo llevo conmigo, te pertenece al igual que yo. Consérvalo por favor, junto con mi corazón… pues ese hace mucho que te lo entregué… –

Candy no dijo nada, sólo lo veía, Terry retiró su dedo de los labios de Candy y de nuevo la besó. La abrazó fuertemente por unos minutos más y entonces…

- Cierra los ojos pecosa, quiero que escuches lo que voy a decirte, sólo escúchame, no digas nada. Candy, nunca dudes que te amo, nunca, no importa lo que suceda, ni el tiempo que pase yo siempre te amaré, te llevaré en mi, toda mi vida y si Dios me lo permite, aún después de que muera. Mi amor por ti es infinito más que las estrellas, cada noche, mira al cielo, búscame en ellas, ahí estaré, pensando en ti en ese mismo instante en que tú lo hagas, siempre te llevaré conmigo pecosa de mi vida. Te amo Candy, te amo con todo mi ser, con cada rincón de mi alma, te amo tanto que ahora sé, que no se muere por amor… se vive.

- (*)Ha sido la alondra, que anuncia la mañana, y no el ruiseñor. Mira, amor, esas rayas hostiles que apartan las nubes allá, hacia el oriente. Se apagaron las luces de la noche y el alegre día despunta en las cimas brumosas. He de irme y vivir, o quedarme y morir.

Terry besó nuevamente a Candy, pero esta vez no la abrazó, la sostuvo por los brazos impidiéndole a Candy moverse o acercarse a él, Candy entendió lo que sucedía y terminó por no luchar más, se abandonó a su voluntad y soltó su cuerpo, entonces, Terry dejó de besarla y se fue. Candy sintió como la esencia de Terry se desvanecía y entonces abrió los ojos y se volvió a la ventana, fue entonces que vio a Terry que se alejaba caminando hasta el camino.

- ¡Terry! –

Terry se detuvo pero no volteó a verla.

- Yo también… ¡te amo! –

Terry se volvió para mirar a Candy y ésta le regaló una hermosa sonrisa, Terry sintió los latidos de su corazón y fue entonces que el también le sonrió.

- (*)Bien, adiós. Un beso, y voy a bajar.

- ¡Hasta siempre pecosa! –

- Hasta siempre… mi amor… -

Candy bajó la mirada y cerró la ventana, corrió la cortina y caminó hacia el pasillo, fue entonces que se derrumbó, Albert logró sostenerla antes de caer.

- No llores princesa, sonríe, siempre sonríe, fue eso lo que Terry quería ver de ti, tu linda sonrisa. ¡Gracias Candy, gracias por darle a mi amigo la oportunidad de volver a verte sonreír! –

¡Albert! – Candy lloró y lloró desconsoladamente, mientras sentía su corazón quebrarse en mil pedazos –

Candy y Albert se abrazaron, Albert tomó a Candy en sus brazos y la llevó a su habitación, Candy se dejó llevar, realmente necesitaba de Albert y de sus cuidados, necesitaba del padre que siempre deseó tener, del amigo incondicional, del hermano protector, necesitaba del pilar que era él, quién siempre estaba para darle la calma a su dolido corazón.

Más tarde en la madrugada, todos en la villa de los Andley salían rumbo a Londres. Una vez ahí, Candy, Annie y Archie abordaron el barco que los llevaría de nuevo a América. Albert y George se quedarían para hablar con el rey.

Mientras tanto en Escocia…

- Buenos días... ¿Cómo están sus majestades? –

Ambos volvieron la vista hacia Terry.

- Terrence Grandchester… ¡Que grata sorpresa ¿no es así George?! Estamos… ¡estupendamente! Terrence ¿y tú? – Contestaba irónicamente Edward –

- No tan bien realmente. Eh tenido que retrasar mi viaje gracias a una audiencia con el príncipe George VI. ¿Qué te parece? –

- ¡No es necesario que me lo agradezcas Grandchester! Por cierto, ¡a mí también me da mucho gusto verte de nuevo! –

- Pues, NO lamento NO decir lo mismo Windsor. Ahora, si no es mucha molestia para su majestad, ¿podría decirme por qué estoy aquí? –

- Mira Grandchester, seré muy claro y directo contigo –

- Me parece perfecto, así más pronto podré largarme de aquí –

- ¿Cuál es tu relación con los Andley? –

Terry estaba preparado para responder al ataque.

- ¿Y eso a ti qué te importa? –

- No abuses Grandchester, ¡mejor responde! –

- No veo por qué deba hacerlo, mejor dime ¿qué interés tienes tú en esa familia? tal vez pueda ayudarte a despejar tu curiosidad sin necesidad de que te entrometas en mi vida –

- ¡Esta bien! Mi interés ¡es en la señorita Andley! –

Al escuchar el nombre de Candy, Terry sintió la furia recorrer por sus venas, pero sabía que debía contenerse y haciendo uso de sus dotes actorales decidió enfrentar a Arthur bajo la máscara de la más increíble serenidad.

- ¿Candy? ¿Cuál es tu interés por ella? –

- ¿Ustedes dos tienen algún tipo de relación? –

- ¡Candy, es mi prometida! –

- ¿Así? Y... ¿desde cuándo? –

- ¿Para eso me has hecho venir solamente Windsor? ¿Para averiguar sobre mi vida personal y la de Candy? –

- Necesito saberlo –

- Ya veo. ¿Y se puede saber a qué se debe tu interés en ¨MI prometida¨? –

- A qué Candy es una chica muy linda, y es natural que muchos jóvenes intenten cortejarla –

- ¿Cómo tú, por ejemplo? –

- ¡Como yo, por ejemplo! –

- Pues que pena que no pueda ser así Windsor, Candy y yo vamos a casarnos muy pronto –

- ¿Se han visto hoy? –

- No, ella regresó a Chicago y yo la alcanzaré allá. Yo debo arreglar algunos pendientes antes de regresar –

- Te refieres a lo de declinar al título ¿no es así? –

- No. Sabes Edward, por cierto, Albert te manda saludos, precisamente conversando con él la otra noche, siguió tu consejo y me hizo ver que soy privilegiado por ser heredero del duque, así que, eh decidido aceptarlo, precisamente esa es la razón por la que decidí quedarme –

- Sabes Grandchester, ¡no te creo nada! –

- Si me crees o no, me tiene sin cuidado. Quizás cuando veas mi nombre en el título, te convencerás –

- ¡Me refiero a lo de tu supuesto compromiso con Candy! –

- ¿Y acaso debe de importarme? Sólo te advertiré, ¡que no te atrevas a acercarte a ella o te las veras conmigo! -

- ¡Tenía entendido que alguien ya te lo había dicho George! – Se mofó Edward –

- ¡Quien no me había dicho nada es Grandchester! –

- No sabía que tenía que informarte lo que decido hacer con mi vida y con quien decido hacerlo. Pero si eso te hace sentir mejor, te lo digo ahora, Candy y yo estamos comprometidos, voy a casarme con ella. ¡Candy será mi esposa y la Duquesa de Grandchester! -

- Lo que no comprendo, es cómo Candy aceptó ser mi invitada la noche del baile y no asistió contigo Terrence... incluso en Londres, fingieron no conocerse cuando los vi juntos, cuando la agrediste y te obligué a que fueras a disculparte, ¿recuerdas a la palomita Grandchester? –

Terry sintió un recorrer eléctrico por su espalda al recordar ese momento.

- Tuvimos… un pequeño altercado, como cualquier pareja y Candy quiso darme celos, nada más... pero ya todo está olvidado –

- Cierto... total y absolutamente cierto...entonces, ¿cómo es que no te has enterado de que le propuse matrimonio e incluso traté de forzarla a permanecer aquí en mi villa? Conociéndote, habrías venido en ese momento a defender ¨TU HONOR¨, ¿no es así, Terrence? –

Terry se había mantenido frío en esa conversación, hasta que Arthur menciono el motivo por el cual él estaba ahí. Sus facciones se endurecieron, su sonrisa desapareció y visualizó a Candy en su mente, tratando de disimular ante Arthur, respiró profundo.

- Conozco muy bien a Candy, y sé que ella no te correspondería, además, sé que Albert la cuida muy bien por mi cuando yo no estoy. Como te dije antes, Candy y yo tuvimos una pequeña discusión, no la eh visto y si hay algo de cierto en tus palabras, y si ni mi pecosa, ni Albert me mencionaron nada, deberías de agradecerles, pues lo hicieron para que yo no viniera y te partiera la cara. Windsor, si hay algo de cierto en esto, te las verás conmigo y sabes bien que yo no hablo por hablar. Ahora si me disculpan sus majestades, debo viajar a Londres –

Como todo un caballero, Terry los saludó con una pequeña inclinación de cabeza en señal de reverencia y se dirigió a la salida. Arthur en ese momento estaba furioso, Terry acababa de llamar a Candy ¿su pecosa? Ese comentario había molestado al príncipe más que la amenaza de Terry.

- Te lo dije George, todo fue tal y como te lo dije. Ahora será mejor que te olvides de este asunto –

- Hay algo que no me convence aún –

- Grandchester fue muy claro, pude ver en sus ojos ese brillo cuando mencionaba a esa chica, está perdidamente enamorado de ella –

- Entonces, ¿por qué Candy no le dijo nada?, ¿por qué William tampoco le ha dicho nada?, esto está muy sospechoso, ¿y lo del viaje de Candy?, ella no puede viajar hasta que esto se resuelva, Grandchester mintió –

- ¿Y cómo es que estás tan seguro de que esa chica no se ha ido George? Tal vez Grandchester si está enterado de todo, sacó a la americana y vino aquí a hacer tiempo, y ahora, viajará a Londres a hablar con nuestro padre. ¡George eres un imbécil! ¿Cómo fuiste a fijarte en la prometida de Grandchester? ¡Sabes bien, que nuestro padre no pasará por alto una ofensa de este tipo! –

- ¡Ya cállate! ¡Mandaré a alguien a la villa! –

Terry salió de ahí lleno de furia, sin duda, sus dotes de actor le habían ayudado a mantenerse frío en ese momento, el sólo imaginar que Arthur se hubiera atrevido a algo con Candy, lo había hecho desear írsele a golpes, pero tenía que contenerse o Candy pagaría las consecuencias. Después de todo ya lo había hecho, ahora se dirigía a Londres, donde se encontraría con Albert.

- Candy, ¿quieres salir a tomar un poco de sol a la cubierta? hace días que no sales para nada, te hará bien y podrás respirar la brisa marina, vamos, a ti te encanta –

- No tengo ánimo Annie, estoy preocupada por Albert –

- Vamos Candy, por eso mismo, has que valga la pena todo lo que está haciendo Albert, vamos, ¡tomemos el almuerzo en cubierta! –

- Está bien Annie –

Candy y Annie salieron a cubierta y caminaron un poco, después de un rato decidieron ir a almorzar en la parte al aire libre del comedor, Candy no se imaginaba la sorpresa que le esperaba.

- Mira Candy, ahí hay una mesa muy cerca de la baranda, ¡hay que sentarnos ahí para ver el mar!

- Annie, de todas formas lo veremos, ¡estamos rodeadas por él! –

- Ay Candy, sígueme el juego ¿quieres? ¡Diviértete! –

- Tienes razón Annie, discúlpame –

Candy y Annie veían el menú, el mesero levantó la orden y Candy y Annie siguieron conversando. En ese momento, Candy escuchó que alguien de la mesa de al lado la llamaba por su nombre, esa voz que siempre terminaba por aparecer de repente cada noche en sus sueños, y al voltear a ver de quien se trataba, se quedó sin habla.

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By *DaNi*

Hola Chicas, gracias por seguir mi fic, espero seguir recibiendo sus comentarios, ya que son muy alentadores. Dejen sus sugerencias y quejas también, se vale! :p

Gracias: Lady, Linda Berenice, maat sacmis, María, Ivett, Reeven. Nadia N, Diana G, Marilyn M, Mirna P, Alicia P, Leyla.

Hasta pronto. Besos

XOXOXOXOXO

(°) Parte de la canción ¨Siempre es de noche¨ de Alejandro Sanz.

(*) Partes del dialogo de Romeo

De la obra Romeo y Julieta

De William Shakespeare