Disclaimer en el capítulo 1.

Gracias especiales por sus reviews a fanclere (casi siempre eres la primera en comentar, gracias!), Yoel Ludenberg (pues ya le tengo uno adjudicado, espero que esté a la altura cuando llegue xD), Fer (no sé qué haría sin ti, aunque creo que algo tienes con el tema "celos" que siempre me lo pides jajaja), Alex1921 (muchas gracias y espero que te siga gustando!), galaxydragon (yo también quiero un baño como ese, pero no hay manera jajaja), Dadnelis (de nada y espero que este también te encante!), Lledó (sí que son SwanQueen, el "Swan" se explica en este capítulo y el "Queen", ¿qué quieres que te diga?, Regina siempre será una reina la mires por donde la mires xD), Shanna Mills (gracias por unirte y por tus buenas palabras, siempre son bienvenidas aunque digas que me odias xD) y ReginaLove (tus sugerencias han sido escuchadas, sobretodo lo de Maléfica ;)).

Gracias también a los nuevos seguidores y favoritos, me emociona ver que cada vez somos más los que sufren con esta historia jajajaja Este capítulo va de descubrimientos y confesiones, espero que os guste ;)

PD: Pau, vuelve :'(


Capítulo 11:

La claridad del alba apenas comenzaba a despuntar por el horizonte cuando Emma despertó enredada en la manta... y en Regina. En sus piernas, para ser más exactos. Mientras que ella estaba apoyada de lado, la morena dormía apaciblemente boca abajo. De hecho, era la primera vez que la veía tan relajada, pequeña y vulnerable. Tan joven como era sin arrugas de concentración o preocupación en el rostro.

Una pequeña vocecita interior le recordó que debían levantarse pronto si querían llegar al campamento antes de que se despertaran los demás y se preguntaran dónde estaban. No es que hubieran hablado de mantener en secreto lo que había pasado, pero Emma intuía que Regina así lo querría. Y, qué demonios, ella también prefería guardarlo un poco más para sí misma. El caso era que tendrían que buscar alguna excusa para no estar allí a tiempo, porque ahora mismo la princesa sólo podía pensar en contemplar a la ladrona.

La noche anterior había sido reveladoramente extraña. En el buen sentido, pero extraña. Entre respiraciones entrecortadas y besos con sabor a juego ensayado, sabiendo por instinto qué hacer y cuando hacerlo exactamente, Emma había sentido algo más que una conexión envuelta en deseo. Algo mágico e inexplicable.

Regina murmuró adormilada, removiéndose un poco, y Emma le acarició suavemente la parte de espalda desnuda que estaba descubierta, no queriendo despertarla pero ansiando el contacto. Su piel era suave y cálida y... ¿desigual?

Se incorporó sobre el codo para ver mejor y entonces se dio cuenta de las cicatrices. Frunció el ceño mientras trazaba una con el dedo. No se percató en el lago, ni cuando se acostaron en la hierba fresca ya que era noche cerrada, pero a la luz brillante de la mañana no se podían ocultar las líneas que surcaban la espalda y costados de la morena. No eran de esas cicatrices profundas que dejaban la piel levantada y un tacto rugoso. No. Eran delicadas. Finas líneas ligeramente más pálidas que el resto de la piel, invisibles si no mirabas el tiempo suficiente. Apenas podrían descubrirse con el tacto a menos que ya se supiera que estaban allí.

Pero esos detalles no eran lo más alarmante. Esas impresiones sobre su piel contaban una historia que Emma no estaba segura de querer oír, porque su relación aún no estaba cimentada sobre bases sólidas y no quería estropearlo o provocar una huida por su parte, pero no pudo evitar preguntarse qué clase de personas habían criado a su ladrona. De alguna manera, su visión del pasado de Regina no incluía castigos físicos, sino más bien insultos velados y lecciones horrorosas aprendidas por la fuerza, como en aquella historia del halcón.

Se dio cuenta de que empezaba a hiperventilar y se obligó a relajarse y estabilizar su respiración. No quería le la otra mujer la pillara... ¿qué? ¿Espiando? ¿Preocupándose por ella? Lo que fuera.

- ¿Princesa? - la voz de Regina era baja y adormilada. A la rubia le gustó inmediata e inmensamente cómo sonaba, incluso la ayudó a calmarse un poco más.

- Estoy aquí.

Aunque no lo suficiente. Regina abrió los ojos y frunció el entrecejo casi al mismo tiempo, notando que algo no iba bien en su compañera de... manta.

- ¿Te arrepientes? - fue lo primero que se le ocurrió, y lo preguntó con miedo en la voz.

- ¿Qué? No, claro que no.

- ¿Y entonces qué te pasa?

- Nada – pero lo dijo demasiado rápido, quitándole toda la credibilidad a su respuesta -. Sólo... pensaba en algunas cosas.

- ¿Estabas pensando? - la morena se incorporó un poco usando sus manos de almohada y su tono pasó de preocupado a divertido -. ¿Y te dolió mucho?

Emma la golpeó levemente en el hombro como respuesta.

- Idiota – murmuró intentando ocultar la sonrisa que empezaba a formarse en sus labios.

Regina sonrió de vuelta durante un momento, pero luego se puso seria, intrigada.

- ¿Pensabas en tu casa?

- Algo así – y la forma en la que Emma la miró le dio la certeza de que la princesa no se refería a su castillo.

La ladrona había creído, la noche anterior antes de caer dormida, que el despertar sería incómodo y lleno de evasivas. Ahora, mientras permanecían medio tumbadas con sus pieles tocándose sutilmente, la manta cubría lo imprescindible y la rubia se inclinaba para darle un beso de buenos días, tuvo que volver a recordarse que nada había sido un sueño, incluido cierto descubrimiento íntimo sobre Emma.

- Hay algo que quiero preguntarte – dijo cuando rompieron el beso, faltas de aire -. Aunque no tienes que contestar si no quieres.

- Adelante – respondió la otra mujer tras ladear la cabeza, curiosa.

- Yo... noté que no eras todo lo inocente que deberías en la materia que nos ocupó anoche.

Emma trató de no reír ante el rodeo que había dado la ladrona para cuestionarle porqué no era virgen, pero no pudo esconder una sonrisa satisfecha al entender que no podía haberlo hecho mal si se había fijado en eso. Regina tenía razón, por supuesto. El deber de una verdadera princesa era llegar pura al matrimonio y demás estupideces recogidas en las leyes del reino, y a ella no le importaba saciar la lógica curiosidad de la prófuga en cuanto a porqué ella se había saltado esa norma.

- ¿Recuerdas cuando me dijiste tu nombre, justo antes de darnos la mano y salir volando por los aires? - la morena asintió -. Yo iba a presentarme como Emma Swan.

- ¿Swan?

- En honor a sir Swan, un caballero de una tierra muy lejana que llegó a palacio hace aproximadamente un año. Leopold sabía de sus hazañas por el mundo y lo invitó a quedarse el tiempo que necesitara. Él y yo nos caímos bien e hicimos migas muy pronto, solíamos pasear juntos a caballo y entrenar con la espada cuando yo conseguía escapar de mis lecciones.

Regina, que escuchaba atentamente, arrugó la frente intuyendo hacia dónde conducía aquello.

- ¿Tú y él...?

- No, no, de ninguna manera. Me sacaba al menos 20 años y... no era mi tipo. Lo veía como un hermano mayor.

- ¿Entonces? ¿Qué hizo para que consideraras tomar su apellido?

- A mí me gustaba una chica de un pueblo vecino, Jasmine se llamaba. Solía traer los barriles de vino al castillo cada domingo, pero yo nunca me atrevía a hablar con ella. Temía... que mi apellido real pesara más que yo. Cuando se lo conté a él, se ofreció a averiguar sobre su vida.

- ¿Y lo hizo?

- Sí, descubrió que trabajaba en una taberna por el día... y en el local de enfrente por la noche.

La ladrona enarcó las cejas, sorprendida por ese giro de la historia. La mirada de Emma no dejaba lugar a dudas sobre a qué se refería. Y, aunque ni la profesión de Jasmine ni la homosexualidad eran desaprobadas, censuradas ni prohibidas en el Bosque Encantado, que una princesa se fijara en una prostituta habría sido un escándalo de haber salido a la luz.

- ¿Y qué hiciste?

Emma se encogió levemente de hombros, fingiendo inocencia.

- Concertar una cita.

- ¿En serio?

- Tenía curiosidad.

Regina podía entender eso, la rubia se sentía sola en su inmenso y frío palacio y, como cualquier otra adolescente (incluida ella misma), soñaba con experimentar nuevas sensaciones, tanto emocionales como físicas. Y algo tan insignificante como una etiqueta social no iba a detenerla.

- ¿Cómo fue?

Emma pareció pensárselo antes de contestar con un atisbo de sonrisa en los labios.

- Novedoso. Intenso. Torpe casi todo el rato – rió -. No porque ella fuera una prostituta, sino porque era la primera vez que yo hacía algo puramente mío, sin nadie alrededor que juzgara cada uno de mis pasos, y la verdad no tenía muy claro cómo desenvolverme en un espacio libre de críticas – entrelazó su mano izquierda con la de Regina sobre la manta y recibió un ligero apretón a cambio, apoyándola a seguir -. Yo llegué a creer que algo estaba mal conmigo, ¿sabes? Pero ella me hizo ver, sentir, que no tenía nada que temer y que era perfecta tal y como era.

Regina compartía la opinión de aquella chica, y le agradeció en silencio haberse cruzado con la princesa, ayudándola a confiar en sí misma.

- ¿Se lo dijiste? ¿Que llevabas tiempo fijándote en ella?

- Sí, y seguí viéndola durante un par de meses. Luego ella se enamoró de un ladronzuelo con mono incluido y escaparon juntos del pueblo.

- ¿Te dolió su marcha? - sutil forma de preguntar si la había amado.

- No mucho. Quiero decir, ya me había imaginado que pasaría de un modo u otro, que no era para siempre.

Regina estaba asombrada ante la madurez de Emma con respecto al tema. La hizo preguntarse que habría sido de ella si no hubiera crecido rodeada de normas y etiqueta, al igual que en su propia vida.

- ¿Hubo alguien después? - se encontró preguntando.

- Hasta ahora no.

Jamás tres palabras tuvieron tanto significado un viernes por la mañana. Esto se le estaba yendo de las manos, pero ahora mismo no le importaba en absoluto. Quizás luego se arrepentiría de tanta sinceridad e intimidad no sexual entre ellas, pero en ese momento no deseaba más que descubrir todos los secretos de la princesa, incluso confesar alguno propio.

- ¿Qué pasó con sir Swan? ¿Sigue en palacio?

- No, se marchó al poco que Jasmine para seguir con sus aventuras. El caso es... que sin su intervención jamás habría dado el paso ni aclarado mis dudas. Le debo mucho.

- En ese caso recuérdame agradecérselo si nos lo cruzamos algún día – esa simple frase consiguió aumentar la densidad del aire en cuanto se dieron cuenta de las implicaciones que llevaba con ella, empezando por la suposición innata de que seguirían juntas el suficientemente tiempo como para cruzarse a aquel hombre.

El momento de confianza y familiaridad entre ellas pareció romperse bajo el peso de algo mucho más profundo, pero la rubia salvó la situación cambiando de tema.

- Ahora es mi turno de saber algo de ti – dijo tanteando el terreno.

- ¿Qué quieres saber?

Emma supo al mirarla que Regina le contestaría a cualquier cosa, pero decidió no excederse y empezar por algo fácil, sabiendo que la ladrona era más reservada que ella.

- ¿Porqué una pluma? - dijo llevando la mano a su cadera y acariciando la mancha de tinta que estaba justo encima del hueso. Regina puso su palma sobre el dorso de la de la rubia, aumentando el contacto.

- Las plumas tienen muchos significados en esta tierra. Lo más común es que representen la libertad de la que disfrutan las aves al volar, pero también simboliza el futuro, un buen futuro. Hace unos años... yo acababa de perder a alguien, estaba sola y vagaba por los bosques como un alma rota, así que le pregunté al universo si valía la pena seguir. ¿Y sabes qué pasó?

- ¿Te atacó una bandada de aves furiosas?

Regina rió entre dientes sin poder evitarlo ante el humor malo de la princesa.

- Una pluma cayó del cielo justo frente a mí – corrigió con nostalgia en la voz -. Una semana más tarde encontré a mi hermana y poco después me hice el tatuaje.

- ¿Porqué en la cadera y no en otro sitio más... accesible, como la muñeca?

- ¿Y que los guardias del rey tuvieran una pista más con la que identificarme?

- Hmm... cierto.

El silencio reinó durante unos minutos, pero no se sentía incómodo, sólo íntimo. Estaban a punto de besarse otra vez, y quién sabe qué más, cuando un pequeño cervatillo chocó en su carrera contra un arbusto cercano, sobresaltándolas y haciéndoles ver que el sol ya estaba bastante alto y tenían que regresar sí o sí.

Se vistieron en silencio, porque las miradas y suspiros no cuentan, y Emma ya estaba por dirigirse al campamento con las mantas bajo el brazo cuando Regina la retuvo cogiéndola del brazo.

- Oye...

- Lo sé – cortó la rubia -. No tenemos que dar explicaciones a nadie, al menos no todavía.

La ladrona asintió, ahuecó su mejilla con la mano y, esta vez sí, se inclinó para robarle un beso con sabor a promesa. Emma se aferró a la espalda vestida de cuero negro con su brazo libre y oyó lo que parecía ser un gemido susurrado, pero no estaba segura de quién lo había hecho. Lo que empezó lento y controlado se tornó casi desesperado y febril por un instante, pero Regina logró separarse suavemente.

- Gracias.

xxxSQxxx

Zelena abrió los ojos y un buen presentimiento le recorrió el cuerpo. Cosa extraña ya que ella era... ella, y por regla general sólo notaba las catástrofes acercándose. Se incorporó quedándose sentada sobre su "cama" y un sólo vistazo a su alrededor le bastó para saber que su hermana no estaba allí. Ni la princesa tampoco.

No queriendo alertar a nadie, se levantó con sigilo y utilizó su magia para localizar la de Regina. No era algo que hicieran a menudo, realmente no tenían ocasión de ello casi nunca, pero era práctico. Dos segundos después aterrizó detrás de unos árboles en una nube de humo verde y asomó la cabeza con cuidado.

Las encontró cuando Emma estaba poniéndose torpemente la cazadora gris y evitando la mirada de Regina sin conseguirlo realmente. La morena la cogió del brazo y la hizo girarse diciéndole algo. No escuchó lo que era desde donde estaba, pero ciertamente vio lo que pasó luego.

Y entonces se dio cuenta. No se besaban, se veneraban con el cuerpo. Se entregaban completamente en un acto prácticamente casto y sin mayores connotaciones. Y eso tenía un nombre que no le correspondía a ella expresar, sólo aceptar y respetar. Así que regresó al campamento tal y como había salido de él.

xxxSQxxx

Para cuando volvieron con los demás, Emma llevaba un saco al hombro repleto de jugosas manzanas rojas, conjuradas directamente del manzano que adornaba su antiguo claro en el bosque, cerca de palacio. Tal y como había predicho, ahora que tenía plena consciencia de su magia le era mucho más fácil utilizarla, aunque no en grandes cantidades de energía. Las mantas, para no resultar obvias, habían sido devueltas a su sitio en una nube violeta un poco antes.

- Hey, ¿de dónde salís vosotras dos? - preguntó Red, la primera en "olerlas" llegar.

- De buscar el desayuno – respondió simplemente Regina, desafiando con la mirada a la loba para que se planteara dos veces decir algo más.

- Genial, me muero de hambre – interrumpió Hook, oportuno como siempre, arrastrando a Emma y al saco con él.

El manco repartió (lanzó) las frutas entre todos y comieron en relativo silencio, un par de conversaciones privadas entre unos cuantos. Emma y Regina se sentaron juntas pero no revueltas, y calladas, ya que Red no les quitaba los ojos de encima y de vez en cuando le susurraba algo a Graham. Al acabar recogieron sus bolsas y mojaron las cenizas de la hoguera hecha por la noche, para evitar incendios accidentales.

La princesa se preguntó entonces qué debía hacer. Los días anteriores había caminado al lado todos en algún momento, hablando de todo y nada, exceptuando a Regina y a Robin Hood. Ahora sólo quería andar al lado de la ladrona, pero no sabía si sería apropiado o atosigante para la morena.

Sus dudas se resolvieron en cuanto levantó la mirada y se encontró con esos ojos chocolate examinándola más que exhaustivamente.

- ¿Vienes, Swan?

Red giró la cabeza tan rápido que de no ser una mujer-loba seguramente se habría roto el cuello. Graham observó atento a su loba. Zelena puso los ojos en blanco. Los demás se miraron entre sí totalmente perdidos.

Y Emma sonrió, ya se iban acercando un poco más a su nombre.

Como en este capítulo no hay opciones, me gustaría saber sobretodo (del resto también) qué opináis de la historia de Emma referente a su apellido. Aunque he querido mostrarlo como algo completamente normal en el ámbito del Bosque Encantado (se supone que es un contexto "medieval"), sé que el tema de la prostitución y demás puede ser tabú para algunas personas y no quiero ofender a nadie. De hecho, se lo consulté a un par de amigas antes de publicarlo y obtuve reacciones contrarias, así que espero las vuestras para saber si he hecho bien o mal. Nos leemos!