N/A: Creo que si me tardé un poquito, nee? En fin, aquí está el siguiente capítulo…. Les recomiendo que lo desenvuelvan lentamente.
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XI: "Hoy por ti, mañana por mí"
-Han sido muy felices, ¿Cierto?- preguntó Arashi recargando su mano en una persiana para asechar al sol que perezosamente apenas se levantaba.
-¿Quiénes?—Minoru no se atrevía a mirarlo directamente a los ojos, ni a la cara, ni siquiera a la corbata, talvez a los zapatos.
Higurashi rió
-Tú y Reiko. Me refiero…. Nada les ha impedido todo, ¿O no?
-Sigo sin entenderte. —confesó.
-Has tendido todo lo que has querido, ¿No es eso verdad, Jacq?—definió Arashi.
Después de tres años, las heridas eran cicatrices a medio cerrar, todo las conocían, pero nadie las señalaba. Sólo guardaban un profundo silencio, casi respetuoso, fugándose cual si fuera aire inadvertido.
Con el cuadro terminado, los colores sólo mezclaban figuras difusas y difíciles de adivinar. Minoru en una nueva oficina, con un salario que jamás imaginó. De cualquier forma, con la herencia de Jean y Arashi, podía dejar de trabajar y alcanzaría para mantener lujosamente a sus nietos. Sin embargo, ¿Qué podría levantarlo todo los días? Arreglarse y llegar temprano al trabajo era su única ambición.
-¿Cómo se llama…?
-Sophie.
-¿Está bien?
-Sí, gracias por preguntar.
Minoru dejó vagar su mirada por la oficina. Siempre intentando no detenerla en él. Luego de divagar en silencio, abrió la boca, intentando proferir algún sonido.
-Yo…
-¿Qué?
-Estamos pensando en mudarnos….
-¿A dónde?
-Japón. —contestó, sobrio de indiferencia por primera vez en mucho tiempo.
-Japón…. La tierra del sol naciente, no?
-Sí, esa misma.—se decidió por irritar a Arashi.—Higurashi-san yo…
-Ni tu ni Yaeko tienen el derecho de abandonar Francia.
-Kagome.
-¿Disculpa?
-Su nombre es Kagome.
Ambos se tropezaron con las pupilas del otro. Minoru se atrevía a mirarlo, y no sólo eso, sino que también con un tímido rasgo de enojo y un atrevimiento de reto. Arashi lo interpretó como algo grosero e inclusive vulgar.
-Nadie tiene la obligación de cazarte, si permaneces en el corral.
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El tiempo escurría entre sus manos como agua. Se derramaba y caía y a nadie le importaba. Era un desperdicio que turbaba su juicio, así que lamía sus dedos, aún sabiendo que seguía insípida. De la palma a los labios había un pequeño tramo.
Tumbada a los pies de la cama, descansaba de la vida. Violeta, saltando de una esquina a otra y escapando por la ventana, colgándose de las persianas de alas blancas.
Era precioso dormitar despierta, observando donde siempre pisaba y nunca se daba cuenta. Tenía cosas que hacer durante todo el día y el resto de la tarde. En vez de levantarse y comenzar con sus deberes estaba echada en la alfombra. Aquello le parecía una injusticia merecida.
En la sala, se escuchaban Minoru y Sophie. Oía frases aisladas que no comprendía del todo. Podía percibir notas sobrevolando la habitación. Imaginaba lo que sucedida: Sophie sobre las piernas de Minoru practicando en un piano de dientes rotos.
Pepinot, reconoció la pieza.
Y de fondo Natalie. No la había escuchado hasta que prestó la suficiente atención y reconoció la intimidad de la escena. Esa letra, los arreglos, el nombre…. Le irritaban.
Y de muchas formas le había dicho que le enojaba, que le lastimaba e incluso llegaba a rozar la palabra tortura…. Pero el continuaba enamorado de esa voz ronca que cantaba una historia de total absurdo, según su criterio. Para él, nadie faltaba en la sala.
-¿Empezamos?
-¡Sí!
Sophie colocó ambas manos sobre las teclas, pero sólo utilizó el dedito índice para oprimirlas torpemente. Empezó de memoria, luego fue algo más mecánico que artístico. Después paró en seco, rompiendo la colina de claves.
-¿Qué pasa?
-¿Qué nota sigue…?
-Mi… Palabra con mi.–jugó Minoru, cambiando la conversación al japonés.
-¡Mimi!— "orejas" gritó, emocionada por complacer a papá.
-Muy Bien.
-Las orejas de papá son grandes. – pronunció con naturalidad.
-¿En serio?
-¡Síp!
-¿Y las de mamá?
-Muy bonitas.
Él sonrió, orgulloso.
Kagome pasó sin hacer ruido como un secreto escabulléndose entre los labios. Se preguntó si en verdad estaba delante de la puerta.
-¿A dónde vas, mami?–preguntó Sophie desde su lugar.
-Sophie…–se forzó a lucir amable.–A ningún lado. Voy a caminar.
-¿A qué hora vuelves?—preguntó Minoru, sin dignarse a verla.
-No lo sé. Tarde.
-¿Tarde? –intervino la niña.
-No mucho. Voy y vuelvo.
Hacía frío, era invierno. Caminó por las calles húmedas. Las luces parecían almas sin rumbo, el asfalto era un claro reflejo de la ciudad.
Se cansó cuando cruzaba por el Sena. Así que decidió sentarse frente a él. Las mejillas estaban frías, las manos habían perdido toda movilidad. Solo descansaría un poco y volvería a casa.
Cada vez le costaba más trabajo parpadear. La tinta de la noche ya se había derramado por el cielo, de una respiración burguesa, de un color mezquino.
Los barcos surcaban pesadamente el río, delante de ella. Provocando un sonido metálico, abriendo paso, recordando a una alcantarilla.
Pronto volvería a casa. Prepararía té, vería una película y se iría a dormir, nada más la haría feliz.
Entre todas las esferitas brillantes, una sobresalió. Irradiaba calidez y una familiaridad que no sentía en mucho tiempo. Forzó la vista. Era luminosa, pero no se definía como una luz. Era obscura, negra. Con destellos púrpura, sí, aquello le era conocido, más que familiar.
Y ahora portaba su uniforme, su falda plisada verde, su blusa estilo marinero, con ese corbatín rojo que solía perder. Olía a limpio. Sí, aquel uniforme que le ajustaba tan bien. Y también tenía algo pesado en la espalda. Era su mochila, con provisiones y libros.
Era el pozo.
Sintió un brazo que le jalaba, que le alzaba bruscamente y sin embargo, tenía una añoranza añejada por semanas.
-Por fin, Kagome. Aún no entiendo como es que te tardas tanto con esos asuntos a los que tu llamas exámenes.
Era él.
Le ofreció la mano y la sacó de la penumbra. Y sonrió, aún molesto.
-Te estuve esperando.
Ella le sonrió como sólo le sonreía a él. Comprendiendo cada recoveco de su existencia. Reconociendo cada hebra que llevaba su cabello.
-¿Continuamos?—preguntó, marcando una senda muy larga para un camino demasiado corto.
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Owari
Muchas gracias a todos!
Abril-chan, muchas gracias por tu anterior comentario y por estar en esta historia desde el principio. Muchas gracias.
Espero que les haya gustado esta historia. :3
