N/A: ¡Buenas! ¿Cómo les va gente? Lamento la demora hasta postear este capitulo, pero ya saben, la vida... En fin. Aquí traigo capitulo nuevo. Espero que les guste, que les entretenga y debo aclarar, sin animos de adelantarles nada, que el capitulo siguiente, considerando el escenario en el que se desarrollará va a ser bastante interesante. Espero que sigan por aquí y si les interesa se tomen un ratito para leerlo. Pero antes este cap. Quiero agradecerles inmensamente por su apoyo. Sus comentarios me llenan de alegría y como he mencionado antes, hay veces que encuentro pocas razones para estar contenta. Ahora mismo voy a contestarles los reviews. Lamento inmesamente la demora. Les dejo un beso de esos bien enormes y les deseo una excelente semana.


DEL OTRO LADO DEL PASILLO


CAPITULO 11

PANECILLOS DE CHOCOLATE Y TRABAJO EN EQUIPO

Hermione se sentía en iguales condiciones enojada y frustrada. La medicación le estaba dando la oportunidad de experimentar la vida con la inocencia que había sabido tener en su infancia. Lejos de entender que el día a día es más una lucha que un disfrute. El efecto secundario de aquellos violentos mareos y el pánico de sentirse indefensa, seguía tan intacto como lo había estado la tarde en que había ingerido la primer pequeña pastilla blanca. Los días se iban sucediendo uno a uno y la idea de mudarse a Chiswick por un tiempo, se volvía una alternativa tan resonante que su lujoso departamento se veía con cada momento, un poco menos como su hogar. Ayudaba la adoración que sentía por sus padres y la infaltable cualidad de hacerla sentir completamente bienvenida cada vez que iba a pasar tiempo con ellos.

El sol se estaba poniendo en el horizonte, cuando notó lo aburrida que lucía su sala. Hacía días que nadie iba a visitarla y el ambiente gritaba por cierta renovación. Lo que ocurría, tal vez, era que el ambiente no era el que necesitaba una renovación, sino su agenda. No recordaba la última vez que había salido de allí, e incluso que había intercambiado una palabra con alguien que no fuera Pavlo. La solución estaba más cerca de lo que quería aceptarse, pero el suspiro que nació de su garganta mientras decidía levantarse del sofá, le reveló que ya estaba entregada. Agradeció estar arreglada, con un jean nuevo y una blusa de seda que le había comprado su abuela para Navidad. Su cabello estaba peinado y su rostro engalanaba las ventajas de una buena base y un caro labial rosa.

El pasillo quedó detrás suyo, en una acción que había realizado tantas veces, que ya había perdido la cuenta. Golpeó la barnizada puerta delante suyo con decisión y sin esperar respuesta, se adentró en el departamento de su vecino. Inmediatamente fue recibida por el más delicioso aroma a algo siendo horneado. Era dulce y mantecoso y creía poder detectar chocolate. Mucho chocolate. La saliva en su boca lo confirmaba y la aceleración en su paso, la tuvo en la cocina con una amplia sonrisa en el rostro.

"¿Qué estás haciendo?" preguntó a Draco Malfoy con tanta confianza, que cualquier extraño viendo la escena, pensaría que el vinculo entre ellos bordeaba una profunda amistad.

"Contemplando la privacidad de mi departamento y cuan seguro es este edificio" la respuesta fue acompañada del usual sarcasmo Malfoy y la mueca que decía en los rasgos angulosos cuanto se sentía fastidiado.

Los ojos de Hermione hicieron una misión de absorber la escena frente a ella. Tanto en la mesada, como en la reluciente isla de mármol, decenas y decenas de panecillos se alineaban los unos al lado de los otros. Eran de chocolate y Draco Malfoy, con manga de decoración en mano, estaba depositando un delicado espiral de crema sobre cada uno de ellos. Había un bello bowl de porcelana con una vasta cantidad de cerezas al lado de los recipientes ya utilizados y Hermione decidió que iba a cooperar.

"Yo pongo las cerezas" no era una pregunta, y el tranco decidido de su andar sirvió de rearfimación para la seguridad con la que estaba hablando.

"No" el tono de voz cortante de él, era igual de decidido que el de ella. La diferencia estaba en los ojos, los de Malfoy destilaban pánico de que Hermione hiciera un desastre de su trabajo. Ella rodó los suyos, en una acción que la hizo sentir como una adolescente desafiando la autoridad.

"No es tan difícil, Malfoy" se rehusó a dejarlo acotar algo al respecto. Una mano sostenía el recipiente con confianza, mientras la otra seleccionaba la mejor cereza que podía encontrar y tomándola del cabo, la depositaba suavemente sobre el espiral de crema "¡Excelente!" se felicitó en voz alta. Malfoy parecía no coincidir.

"¿Qué haces aquí?" preguntó, mientras continuaba con su tarea decorativa.

"Estaba aburrida y necesitaba salir de allí por un rato" confesó sin mirarlo. Sus ojos estaba clavados en las cerezas, a la par que sus dientes mordisqueaban el labio inferior en un gesto de concentración.

"Tu idea de diversión es arruinar mi trabajo" las palabras de Malfoy salieron con un malestar que bordeaba la broma y ella se encontró sonriendo muy a su pesar.

"No temas, no creo que ande por aquí cerca mucho tiempo más" sintió la necesidad de reprocharse por decirle eso. Fue después de un segundo, que tuvo que admitirse que quería escuchar lo que él tenía para decir al respecto. Le importaba si él tenía una opinión sobre su cercanía, o si le molestaba que ella no estuviera más del otro lado del pasillo. Tal vez, incluso, si era lo suficientemente valiente, se hubiera animado a aceptarse que lo que le importaba era Malfoy en general.

"¿De donde estarás cerca entonces?" preguntó intentando esconder la curiosidad. No lo logró, porque Hermione la notó en la furtiva mirada que envío en su dirección y en el breve momento en el que frenó sus acciones.

"Estoy pensando en mudarme con mis padres, por más patético que eso suene" la mueca de entretenimiento, apareció en el rostro de él.

"Digamos que yo viviendo en este departamento es un acto de rebeldía, Granger. Los Malfoy debemos vivir todos bajo el mismo techo, con lo cual intento decir que no me parece patético que vuelvas con tus padres" ella sólo asintió "dicho eso, debo decir que me parece completamente absurdo que lo hagas" Hermione no sabía si el sentimiento que le surgió en el interior, al escuchar esas palabras, era bronca o tristeza. Por todo lo que sabía podía ser vergüenza.

"No hay nada de absurdo en sentir miedo" soltó de manera brusca "tú deberías saberlo" los ojos grises de él brillaron con rechazo a esas palabras. Que no se enojara, que no la culpara por decir eso, porque él entendía el miedo a la perfección.

"Tal vez tienes razón, Granger" murmuró "yo también siento miedo, pero no creo que sea el tipo que te imaginas, o incluso el que estás sintiendo tú" algo en las palabras de él la sorprendieron. Draco Malfoy era reservado. Era difícil conseguir que hable, que elabore de sus sentimientos o de lo que fuera que se estuviera pasando por su cabeza. Ese comentario parecía brutalmente honesto para venir de él. Ella no iba a dejar pasar la oportunidad de indagar.

"¿Qué tipo de miedo estás sintiendo?" preguntó de manera decidida. La media sonrisa en los marcados rasgos del anguloso rostro, le hicieron saber que no esperaban menos de ella.

"Soledad. Miedo a estar solo"

"Tienes a Ophelia" contraatacó a la previa confesión. El no tenía que tener miedo a estar solo. El tenía a alguien a su lado, y aun si su familia le había dado la espalda, o él a esta, siempre iba a poder contar con Blaise. Su estrafalario compañero de escuela, era en iguales cantidades invasivo como era dadivoso y había que pasar poco tiempo con él, para percibir la devoción que Draco le provocaba.

"Mis miedos, Granger, surgen porque tal vez mis sentimientos no se corresponden con tener a Ophelia a mi lado" el espiral de crema que estaba haciendo quedó torcido y poco estético. Los finos y alargados dedos de su mano pálida tomaron el panecillo y se lo extendieron a ella. Hermione se encontró sonriendo de manera demasiado amplia para ser un premio de consolación "la ironía, Granger. Tu vives aislándote, aun cuando siempre puedes contar con alguien a tu lado" la boca de Hermione estaba repleta del más delicioso chocolate y crema, pero en el instante en que tragara iba a acotar algo a esa afirmación.

"Que no importen las consecuencias. Siempre intenta ser feliz. Creeme, la felicidad no está sobrevaluada" ella podía decirlo, porque por primera vez en mucho tiempo, estaba empezando a experimentarla y debía decir que no había nada más mágico en el mundo "además, siempre puedes contar conmigo entrando aquí de tiempo en tiempo" una pequeña sonrisa cómplice apareció en su rostro, pero él estaba demasiado concentrado en su labor, como para verla.

"No si eliges mudarte a lo de tus padres" los ojos grises se clavaron en los de ella. Hermione se sintió sonrojar antes de llevarse el ultimo pedazo de panecillo que le quedaba por comer, directamente a la boca. Debía ocuparse, para que no se notaran los nervios. El tenía eso, una sola mirada y la tenía hecha nudos.

"Podemos negociar, Malfoy" comentó con entretenimiento, mientras el bowl con cerezas volvía a ser sostenido con una mano y con la otra continuaba depositándolas sobre la crema "ven conmigo a la boda de Tallulah y yo, tal vez, elija quedarme"

"¿Estás diciendo que si no te acompaño a la boda, me deshago de ti?" había un entusiasmo actuado en la voz de él, pero Hermione igualmente se encontró rodando los ojos "no me gusta salir, Granger" esa vez la voz salió mucho más seria. El tema debía ser complejo y era la cruz que él tenía para cargar.

"¿Por qué?" El interrogante era sencillo, pero cumplía su objetivo de la manera más directa posible.

"No lo sé" tan rápido como ella había conseguido inmiscuirse, él la había echado. No había mucho más para elaborar. Hay veces, que ciertas cosas, simplemente no se saben. Ella tenía muchas de esas en la vida y no podía acusarlo a él de nada por tener las suyas.

"En este caso no tienes nada que temer" esperaba que se transmitiera el tono distendido, porque el ambiente se había tensado y no era un sentimiento que le gustara "estarás con la bruja más brillante de su edad" quien encontró motivos para rodar los ojos fue él.

"Déjame pensarlo, Granger. Aunque sea por amor a que cierres la boca por un rato" Hermione no agregó nada, pero la sonrisa extendida en su rostro lo decía todo. La siguiente media hora la pasaron en silencio y cuando el reloj estaba amenazando con encontrarse con la medianoche, doscientos panecillos tenían puesta su crema y su cereza.

La semana siguiente apareció sin que Hermione lo note y de pronto quedaban sólo diez días para tener que estar en la ciudad de Nueva York. Malfoy no le había otorgado ningún tipo de confirmación sobre si iba a asistir o no. Ella decidió culpar a la medicación por sus recientes buenos espíritus y el deseo de aventurarse un poco más. No sólo el estado de ánimo había cambiado, también lo notaba en su capacidad de concentrarse, en cuanto se le había abierto el apetito e incluso en el disfrute de las simples cosas de la vida.

La tienda delante de ella, lucía los más bellos vestidos de fiesta que había contemplado en su vida. Eran delicados, de seda y con apliques de pequeñas piedras en diferentes tonalidades. El precio era un problema, pero si ponía de lado su orgullo, podía ofrecerle una nota a El Profeta y ya lo tendría saldado. La expresión 'tu palabra tiene valor' era tan literal para Hermione, como el departamento que se había comprado gracias a ella.

"¿No deberías ir al callejón Diagon?" preguntó la curiosa voz de Susan "es una boda de personas mágicas, ¿Verdad?" pero ella era hija de muggles y las condenadas túnicas de fiesta eran incómodas como pocas cosas. No había nada de malo en consentir a la piel con el suave contacto de la seda, por una noche entera.

"Quiero un vestido de aquí, Sussie" explicó ella con total confianza.

La tienda era amplia, decorada en blanco y dorado con una excesiva cantidad de vidrio. Los vestidos estaban expuesto sobre delgados maniquíes, o colgando de gruesas perchas de madera, recubiertas con seda blanca. El piso de alfombra dorada, era el toque de elegancia en el lugar y Hermione contempló sacarse el calzado antes de entrar.

"¿Quieres impresionar a alguien, Hermione?" Sus ojos se movieron a toda velocidad, para posarse en los celestes de Susan. Sus mejillas estaban coloradas por el frío, pero había cierta expresión de sospecha que disminuía la imagen aniñada que podía brindar su amiga. Tardó un segundo en notarlo, pero no sólo había sospecha, sino cierto reproche. No tenía derecho a reprocharle nada.

"Deja de juntarte con Zabini" pidió Hermione de manera brusca. Sus piernas emprendieron su avance al sector de vestidos largos en tonos oscuros. Podía ser aburrido por lo clásico, pero en su opinión, nada vencía un buen vestido negro. Y aquellos, en esa tienda donde todo alcanzaba las cuatro cifras, el vestido negro no era sólo clásico, sino que era elegante de una manera que ella nunca se había sentido.

"No tengo nada en contra de Draco" aseguró en el instante en que apareció a su lado. El escucharla llamarlo por su nombre de pila, provocó que los rasgos de rostro se contornearan en cierta confusión. Era Malfoy… simplemente Malfoy. No imaginaba que alguna vez pudiera ser Draco. Ella nunca sería Hermione, tampoco. "No puedes negarme el derecho a sentirme preocupada"

"¿Por qué?" el tono de voz se elevó levemente y una de las empleadas les lanzó una mirada fulminante.

"Cariño, los amantes siempre nos rompen el corazón" ¿Susan enserio acababa de llamar a Draco Malfoy su amante? Hermione se encontró rodando los ojos, pero tranquilamente podría haber sacado la lengua en un gesto de asco a esa palabra "es difícil poner las piezas de vuelta juntas cuando estamos fuertes. Tu caso es más delicado que eso"

"La mismísima razón de poder estar hablando conmigo, te da la pauta de que tal vez sea la persona más fuerte que conoces, Sussie" imaginaba que el número de pacientes con depresión sin diagnosticar por varios años, debía tener un buen porcentaje que acababa las cosas de raíz. Ella lo había contemplado. Había ideado la forma menos dolorosa, aquella que fuera más rápida, en que momento lo haría y hasta en donde. Su cerebro, enfermo o no, era brillante y capaz de hacerse con cualquier tarea encomendada. Lo que le había faltado era valor, o tal vez lo que le había faltado era cobardía, la respuesta cambiaba dependiendo a quien se le pregunte. "Habiendo dicho eso, no quiero impresionar a Malfoy, quiero sentirme bien conmigo misma. El que quiera comprar un vestido bello y caro no tiene porque corresponderse con un hombre" para su sorpresa Susan sonrió, antes de tomarle una mano entre las suyas.

"Me llena de alegría de escucharte así" explicó "llena de vida y de opiniones" podía ver a que se refería. Su padre le había hablado de como siempre había sido pólvora encendida y como en el último tiempo, parecía más pólvora empapada. La gente listaba su testarudez como uno de sus peores defectos, pero parecía ser que resonaba tanto en su personalidad, que sin ésta, ni siquiera la consideraban Hermione. "Lamento si pensé que había algo entre tú y Draco, tanto Zabini como yo lo creímos, pero nos equivocamos"

"No dije eso exactamente" el balbuceo parecía el de una niña pequeña admitiendo haber tomado un trozo del pastel que se suponía que tuviera después de la cena. La admisión, igualmente, hizo que el rojo en las mejillas de Susan se enfurezca una vez más y que el celeste de sus ojos, brille con iguales cantidades de cautela y entusiasmo.

"Te gusta" no era una pregunta y Hermione sintió bronca por ello. No le estaba dando la oportunidad de responder. Estaba asumiendo y la peor parte era que, tal vez, estaba asumiendo correctamente.

"Es más complejo. Es… ¿Fascinación? ¿Puedo usar la palabra fascinación para describir lo que Draco Malfoy provoca en mi y no ser alcanzada por la punta de un rayo?" Su amiga río de manera aguda y con genuino entretenimiento. Era fácil notar cuando Susan verdaderamente se estaba divirtiendo, porque sus ojos se cerraban de manera que parecían sólo una línea de pestañas y en sus mejillas aparecían dos pequeños pocitos justo arriba de la comisura de los labios. "Me siento no juzgada cuando estoy con él, lo cual no significa que a veces me haga sentir miserable o que provoqué sensaciones horribles adentro mio. No es cariño o enamoramiento es… algo diferente" No podía ser de otra manera que complicado, porque cualquier cosa que involucrara a Draco Malfoy y a Hermione Granger juntos, siempre había sido complicado.

"Pero quieres averiguar como luce sin ropa y cuan bien se complementan cuando tú también estás sin ropa" la mano de Hermione colisionó contra el brazo de Susan en un gesto de reproche.

Las veces que siquiera contemplo que existe un Malfoy sin ropa, enseguida aparece la figura de Ophelia en bata, compartiendo conmigo, que no lleva nada debajo de esta" sonaba un tanto amargada y no había mucho que pudiera hacer al respecto. "Tiene novia, así que tú y Zabini dejen de conspirar en contra de la pobre mujer"

"Son igual de testarudos ustedes dos. Van a hacer de lo que sea que pueda ocurrir entre ustedes un suplicio" las manos de Susan tomaron dos bellos vestidos antes de extenderlos delante de Hermione para que los examine "ahora que lo pienso, es sorpresiva la cantidad de similitudes que hay entre ustedes"

"Que extraño, porque lo que más resuenan son la diferencias" esa vez logró mantener la amargura en raya y decidió tomar uno de los vestidos que había seleccionado su amiga, antes de encaminarse al probador. La empleada mencionó algo de protocolo antes de probarse cualquier prenda, pero ella era Hermione Granger y estaba un tanto cabreada. Que la dejara ser.

"La empleada no sabe que salvaste a todos los muggles de un genocidio, así que se más educada" el pedido de Sussie estaba cargado de humor y ella no pudo evitar sonreír, mientras se disponía a quitarse la blusa de gaza roja que llevaba puesta.

Esa tarde acabó siendo la dueña de un hermoso vestido de seda negro que acariciaba el piso, con cada andar de sus piernas. Adquirió nuevo maquillaje y unas sandalias de terciopelo negro cuyos tacos la hacían parecer alta por primera vez en su vida. Estaba lista para lucir radiante y no le importaba quien estuviera allí. Quería perderse en la música, quería empaparse de amor y aventurarse al afuera. No estaba curada. Estaba esperando el día en que la medicación no fuera suficiente y la angustia la volviera a dominar por completo. La diferencia sería que ocurriría sólo unos días y no sería un estilo de vida una vez más. Pero el primer golpe iba a ser difícil y mientras no lo sintiera, quería disfrutar.

Los nueve días que sucedieron a esa tarde estuvieron inmersos en planificación. Las visitas al ministerio para conseguir los trasladores, el empacar la ropa necesaria, el avisar a quien debía avisar que se iba de viaje y la visita de urgencia a su psicóloga, para preguntarle si estaba apta para irse sola. El diagnostico resultó ser que estaba apta y que no temiera. Mencionó algo de era más fuerte de lo que creía y Hermione aceptó que lo recurrente de ese concepto la llenaba de felicidad.

El pequeño bolso de mano estaba al lado de la puerta. El traslador y la documentación correspondiente estaban en su cartera. Todo el gas en su departamento estaba cerrado y las luces estaban programadas para encenderse todos los días cuando oscureciera y se apagaran llegada la medianoche. La medicación estaba en el neceser que la acompañaba a todos lados y ella estaba lista para emprender viaje ni bien lo dispusiera. El golpe en la puerta le causó cierto sobresalto, pero enseguida supo de quien se trataba. Sólo él golpeaba así y sólo un Malfoy podía ser tan adepto al dramatismo, como para hacerse desear hasta último minuto y aparecer con semejante cercanía a la hora de partida. Hermione se sintió traicionada por ella misma, al encontrarse sonriendo de oreja a oreja, en el instante en que abrió la puerta.

Susan estaba equivocada, no necesitaba imaginárselo desvestido para aceptar que él producía algo en ella, porque aun con la ropa puesta, había instantes en que debía recordarse como se suponía que respirara. Lucía un perfectamente planchado pantalón de vestir gris y una igualmente prolija camisa blanca. No podía precisar si tenía puesto un saco también, porque si llevaba uno, estaba escondido debajo de un imponente tapado de paño negro que debía rozar los huesos de sus rodillas. Los ojos grises, los rasgos angulosos y estilizado cabello platino peinado hacia atrás, lo volvían el hombre más condenadamente atractivo que había visto en su vida.

Desde pequeña que Hermione había aprendido a no compararse con otras mujeres. Cada una siendo bella a su manera. Viéndolo a él allí, luciendo así, lo único que se le vino a la mente, fue cuan hermosa Ophelia debía verse si se encontrara a su lado. Igual de imponente, igual de sofisticada. Ella tenía un simple sweater y un cómodo jean. Ella no estaba a la par de Ophelia y ese sentimiento de competición y derrota le daba ganas de gritar bien fuerte. Ciertas palabras, sin embargo, lograron hacerse camino por su mente para volverse la cura a tal fea sensación. Draco Malfoy la consideraba la bruja más hermosa que había visto en su vida. El sabía que su vestuario era mucho más sencillo y aquella enseñanza de su madre, cuando ni siquiera se había hecho señorita, de que todas las mujeres son hermosas a su manera, resultaba ser increíblemente cierta. A Hermione le hubiera gustado tener a Zabini enfrente y decirle que ella había tardado veintiocho años en darse cuenta, pero parecía ser que el sentimiento era mutuo, porque no recordaba haber visto mago más hermoso que Draco Malfoy.

"Espero que sirvan buen alcohol" Hermione sólo sonrió un poco más.

"¿Por qué tengo la sensación de hay una botella absurdamente cara dentro de tu equipaje?" La mueca de entretenimiento se hizo presente en el rostro de Malfoy.

"Porque la hay, Granger. Porque la hay" ella sólo negó de manera distendida ante la confesión y se dispuso a tomar sus cosas. Tenía sólo la cartera y un bolso de mano. Malfoy llevaba el morral de su familia con él y supo que dentro de éste podían haber quien sabía cuantas cosas.

"Yo tengo uno de esos" comentó ella, cerrando la puerta de su departamento detrás suyo "no recuerdo donde está, pero fue indispensable durante la guerra" agregó arrepintiéndose de traer un tópico tan negro a la conversación "lo que quiero decir es que no está permitido usar hechizos expandidores en objetos"

"¿Me vas a reportar, Granger?" la pregunta sonó un tanto juguetona y Hermione se sintió sonrojar al escucharlo usar ese tono con ella.

"Como me acompañas a la boda, prometo mi silencio" respondió de manera distendida. La puerta del ascensor fue abierta de un tirón y los dos se encontraron adentrándose hasta quedar lado a lado. Todas las diferencias a la vista acompañadas de una armonía propia del tiempo compartido. Tenían que ser eso, pensó Hermione, una vasta constelación de diferencias, subsistiendo en armonía. Porque ella era ella y él era él, pero por qué demonios eso tenía que significar que no podía haber un ella y él.

"Me prometiste algo diferente a cambio de acompañarte" la voz de Malfoy ya no era tan juguetona. Era seria y hasta un tanto ansiosa. Los ojos de Hermione se elevaron hasta posarse en los de él. Estaban concentrados en la puerta cerrada frente a ellos y parecían evitar los marrones de ella con una insistencia enfermiza. Igualmente agregó, porque por más que Hermione sabía a que se refería, quería escucharlo decírselo en voz alta "me prometiste que no te irás" ella asintió.

"No, no me voy a ningún lado. Te lo prometo".