Terrícolas, la ausencia marcó mis vacaciones ¬¬ no tuve tiempo para escribir y por esa razón se retrasó tanto la publicación de este capítulo once… Espero sea de su agrado. Mención especial para Sandybel por patrocinarme algunas ideas, motivación e inspiración... y a Elizabeth, Anahi, Verso Lope y Fanny por apoyo y supervisión…
Capítulo 11: Confusiones.
Aún me encontraba estático tratando de comprender la situación, la castaña limpiaba de su saco la bebida que se había derramado encima sin siquiera darse cuenta de la presencia y partida de la peliazul.
—Mira esto que contrariedad —habló la mujer sacándome de mis cavilaciones.
—Deja de hacer eso mujer necia —contesté tratando de evitar que de su boca saliera otra palabra y me dejara pensar.
—De qué hablas hombre me tengo que limpiar mira este desastre, esto es tu culpa tarado…
—Cómo te atreves mujer insulsa seguramente esas bebidas alcohólicas ya te afectaron el cerebro.
—¿Afectarme?... pero si así es como pienso mejor —sonrió terca la mujer.
—No tengo tiempo para tus tonterías me voy...
—Ush! Bien pues lárgate…
—Agh! Loca —Dije mientras despegaba del lugar rumbo a la CC
—¡Masoquista! —Gritó la mujer desde su lugar…
Medí el tiempo que tardé en llegar a la corporación y lo comparé con el tiempo que debería tomarle a la mujer llegar hasta ahí en su estúpido vehículo, probablemente le faltaban alrededor de quince minutos para llegar. Estaba meditando en eso sentado en la sala de la casa cuando la mujer llegó diez minutos antes de lo que yo había previsto.
—Ya era hora de que llegaras mujer endemoniada —Le dije sentado en el sofá en medio de la obscuridad de la sala…
—¿Cómo? —preguntó casi en reflejo por la sorpresa mientras encendía la luz —Ush! —Soltó dejando su bolso en la mesa de centro y caminando hacia su habitación.
—A dónde crees que vas mujer odiosa —dije aferrando su brazo y obligándola a sentarse en el sofá…
—Hay, ya basta Vegeta donde quiera que no estés tú es un lugar perfecto para mí —espetó dejando un deje de olor a alcohol en el ambiente.
—Escúchame mujer estúpida…
—No, no te escucharé eres intolerable, desquiciado y posesivo, quieres que todo se haga siempre como tú dices y este no es tu territorio ni nosotros tus subordinados para que puedas mangonearnos…
—No te atrevas a retarme mujer insulsa, por supuesto no eres como fueron mis subordinados pero te voy a decir que es lo que si eres, eres mía, mía hasta que me canse de tus idioteces y decida matarte…
—Estás enfermo, no eres más que un psicópata, yo no soy ninguna maldita cosa —chilló con los ojos de nuevo llorosos —No dudo quien si lo sea, anda y ve busca a tu zorra del bar
—Mi zorra?... No mujer, tú eres mi zorra y que te quede bien claro escandalosa terrícola odiosa que si te atreves a faltarme al respeto te mueres y contigo el infeliz cretino con el que se te ocurra arrastrarte… ¿Entendiste?
—No te permito que me hables de esa manera maniático yo hago lo que se me venga en mi maldita gana…
—No me levantes la voz mujer idiota —le dije asiendo su brazo bajándola delante de mí.
—No, no me harás bajar la cabeza simio insensible —dijo soltándose de mi agarre y golpeándome el pecho con sus pequeñas manos —infeliz, cretino, enano engreído te odio y prefiero mil veces estar muerta antes de aceptar que soy propiedad de un ser tan despreciable como eres tú…
—Cálmate endemoniada mujer —exigí tomándola de los hombros —¡Cálmate ya!
—No lo haré, tú no te mides en tu forma de actuar —lloriqueo —te atreves a reclamarme a mi cuando eres tú quien estaba ahí seduciendo a esa que quien sabe qué tipo de mujerzuela sea… ¿Dónde Vegeta? —Preguntó sacándome de concentración por completo —¿Dónde demonios conociste a esa mujer?
—¿La mujer? Y qué hay del sujeto con el que hablabas…
—Él es un socio de la compañía y sólo hablamos de negocios tonto —Gritoneo —ahora vas a querer justificarte con eso, maldita seas tú y todos los hombres, todos son iguales… Eres igual que Yamcha…
—No te atrevas a compararme con esa sabandija—interrumpí sus reclamos aferrando la mascada que llevaba atada al cuello.
Al tomarla de esa prenda descubrí sin intención parte de su blanquecino cuello que dejaba ver las marcas amoratadas de nuestra discusión anterior, Fruncí el entrecejo al notar que al contacto de mi veloz agarre ella se turbó como si esperara la muerte… Me temía.
Con los dedos deshice sin problemas el delicado nudo que llevaba en la mascada sacándola de su cuello percibiendo por completo mis dedos marcados en su blanca piel y la odié; en ese momento volví la vista hacia la suya que me dirigía una mirada helada, un terror marcado se reflejó en sus ojos azules fijos no en mis ojos sino en mis manos, detesté su mirada que de algún modo conseguía hacerme sentir miserable.
Tragué saliva y di un paso atrás como si fuera yo quien temiera por mi vida, entonces dirigió sus ojos a los míos con mil interrogantes, fruncí el ceño ante su expresivo rostro y me retiré a mi habitación dejándola sola en la sala. Cerré tras de mí con un golpe la puerta al entrar en mi habitación, inmediatamente me tiré en la cama aún aturdido por los pensamientos que se agolpaban en mi mente sin tregua, asediándome despiadadamente entre encarnizadas críticas y reclamos hacia mí mismo.
Su ki al otro lado de la puerta de mi habitación desconcertó mi ensimismamiento, estaba ahí parada sin atreverse a siquiera tocar la puerta, fueron unos cuantos minutos antes de que se retirara sin embargo no fue a su habitación, sino que se dirigió a su laboratorio y permaneció en ese lugar toda la noche.
No lograba conciliar el sueño, era esa desgraciada emoción que minaba algo de mí, que se introducía y que sangraba como una herida al recordar su mirada impregnada de terror —¿Era ese un atisbo de arrepentimiento? —indagué para mis adentros, me sentí repulsivo al caer en una conclusión tan absurda como esa, jamás me arrepentiría de algo que hiciera, mis actos estaban por encima de cualquier disparidad moral desde una vista tan frívola como la humana así que no dediqué ni un pensamiento más a ese asunto.
El tiempo se escurrió entre nosotros como agua, ella propuso mucho de su tiempo a su laboratorio mientras que yo me dediqué mucho más a mis entrenamientos y me olvidé de lo sucedido, al cabo de un par de meses del incoherente evento había mejorado en muchos sentidos, ahora entrenaba a una gravedad aumentada quinientas veces con la misma agilidad que lo haría antes en una gravedad normal.
Finalizaba el mes de agosto, hacía calor así que salí de mi habitación y me recosté sobre el techo de la corporación observando el cielo nocturno, mi mente regresó al tema que se allegaba a mi mente siempre que profundizaba en recordar mi estirpe, cómo era posible que aún no lograra alcanzar el nivel de súper saiyajin si en ese momento mi entrenamiento era mucho más pesado que al cual se había sometido Kakaroto durante el viaje a Namekuseí, qué era lo que sucedía.
—"¿Cuál era la maldita clave?" —pensé, definitivamente había algo, algo que no vi, algo que pasé por alto, de repente un flechazo trajo a mí el recuerdo del sueño en el que trataba de alcanzar a Kakaroto y al mocoso que nos advirtió sobre los androides; ellos tenían esos sentimientos humanos, esas desgraciadas emociones… —"¿Qué ocurrió justo antes de que Kakaroto lograra esa transformación?... En este momento ya supero su entrenamiento bajo una gravedad aumentada cien veces así que mi nivel de pelea es mucho mayor al que él requirió para convertirse en súper saiyajin, algo sucedió cuando ya no estaba —abrí mis ojos al percatarme de una analogía que había dejado de lado —el calvo estaba vivo cuando yo morí y al regresar a la tierra todos excepto él regresaron, ese pigmeo es considerado según recuerdo el mejor amigo de Kakaroto… Su muerte fue lo que le impulsó para convertirse en el súper saiyajin legendario —exclamé mi descubrimiento para continuar perdido dentro de una cadena de pensamientos.
Mi concentración se viró por completo hacía esa dirección, repasé lo mismo tantas veces que sólo lograba confundirme aún más —"ese insecto era su compañero desde la infancia según sé" —medité un poco más y recordé a Nappa —"yo mismo lo asesiné por supuesto no sentí mucha diferencia que con el resto de los desgraciados que murieron en mis manos; qué es entonces, en realidad la vida de Nappa me importaba muy poco y si había vivido tantos años soportándolo era porque resultaba útil y el día que dejó de serlo lo eliminé sin siquiera meditarlo, ¿Debía ver morir a alguien que me importara?"—mi cabeza me enredaba en acertijos confusos en realidad nadie me importaba cómo era que lograría sentir una emoción como esa.
El recuerdo de lo que sentí al ver a esa mujer herida por mi mano se sobrevino como un golpe repentino, mis reflexiones se entrelazaban entre si y me llevaban de un giro a otro revolviendo mis creencias y mis pensamientos, necesitaba un impulso similar al que Kakaroto tuvo, quizá esa mujer sería más útil de lo que yo mismo imaginaba. No medité más, me levanté y rápidamente me dirigí al laboratorio con una sola idea en la mente, podría reprocharme después lo que estaba a punto de hacer sin embargo si iba a ser de utilidad, no evitaría hacerlo.
Abrí las puertas con fuerza e ignoré el grito ahogado de la mujer que se giró sobre su silla para verme, un escalofrío premonitorio le erizó la piel mientras en el tenso ambiente los aromas comunes del lugar se enfatizaban por la densidad de su olor a temor; me miró como sabiendo lo que había en mi cabeza, con cautela se desprendió de la silla queriendo abandonar el lugar sin embargo cerré su camino y tomándola de la cintura me la llevé volando a toda velocidad sin dar tiempo a reclamaciones, los alaridos indescifrables de la mujer no conmovían mi decisión.
La bata blanca de la mujer se desplomó al vacío mientras se aferraba a mis brazos a una altura de más de 65.000 pies de altura, el frío helaba sus brazos y el aire cortaba su respiración que trataba de recuperar pegando la cara a mi pecho. La vi luchar en mis brazos que apenas la sostenían, intentó levantar a duras penas su rostro pero supe que no debía permitir que me dirigiera su azul mirada y separando las manos la solté, observé inmutable su cuerpo precipitarse al mar que con siquiera golpearla la destruiría.
La silueta de la mujer caía en medio de movimientos involuntarios abandonando al vacío que parecía infinito lo que representaba —¡VEEEEGEEETAAAAAAAAA! —el desgarrador grito se introdujo en mi causando una sensación de pérdida que bajó por mi columna, mi mente creó de inmediato una veloz secuencia de imágenes en las que con todo lo que fue se entregó a mí y con las cuales mi memoria me abofeteaba finalizando con la estampa imaginaria de su cuerpo sin vida flotando en las aguas y no pude soportar la maldita idea.
Expulsé toda mi energía mientras descendía tratando de alcanzarla pero había ya acortado a pocos metros de distancia el recorrido hacía un final absoluto mientras el mar se levantaba reclamando su víctima, la fuerza imponente como una ráfaga que cortó el tiempo me rodeó en una llama dorada y no me detuve hasta que tuve entre mis brazos su frágil cuerpo inconsciente y frené en seco para evitar el impacto, el reflejo en el mar que se movía bajo nuestros pies me develó mi transformación en súper saiyajin que duró en realidad muy poco y desapareció para dejarme sólo un leve dolor corporal.
Regresé, y dejándola en su habitación me dirigí a la cámara de gravedad, había logrado alcanzar la transformación, sin embargo entrené toda la noche y no logré regresarla, al día siguiente no hablé con ella, ni al día siguiente a ese, así los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses, durante ese tiempo la evité, evité hablar con ella y por completo su presencia, ella por su parte mudó su habitación a una alejada de la mía.
Mi entrenamiento prosperó durante ese tiempo, aún no lograba controlar la transformación sin embargo las cosas habían salido mejor de lo que había planeado, el arduo entrenamiento ayudó a mi concentración encauzada en los resultados claros y evidentes que me incentivaban para seguir entrenando, todos estos cambios positivos permitieron que lograra enterrar los estúpidos sentimientos que había creído tener y olvidarlos por completo.
Con el tiempo volví a ver a la mujer como lo que realmente era una simple y débil terrícola, dejé de esforzarme para evitarla y en momentos incluso desayunaba a la misma hora que ella. Durante uno de esos días la madre de la mujer había traído una gran cantidad de ropa dejándola en mi habitación…
—¡Oh! Joven Vegeta no he podido dejar de notar que la ropa que traes simplemente no es aceptable, he mandado traer un lote de lo más nuevo muchacho, mídete todo lo que gustes, lo que no quieras lo podemos regresar —dijo emocionada poniendo sus manos en su rostro al verme entrar después de mi entrenamiento.
—Hmp! Como sea —contesté y me dirigí al baño a tomar una ducha.
—Mamá no deberías ser tan afable con este hombre —habló la peliazul desde la puerta de la habitación pero sin entrar.
Detuve mi camino hacia el baño solo para dedicarle una mirada indiferente, las dos mujeres se retiraron de mi habitación entre cuchicheos y reclamos que imaginaban inaudibles, al salir de la ducha escudriñé los atuendos, las tallas estaban bien, en realidad no había problema con lo general sin embargo los colores y extrañas formas de algunos me hicieron pensar en que trataban de vestir a un payaso en lugar de a mí; el príncipe de los saiyajin —Hmp! Que falta de decencia— dije para mis adentros al ver una ridícula prenda morada que parecía estar hecha de tela de cortina y pretendía ser un pantalón masculino.
Bajé vestido con algunos atuendos que me agradaron y deposité la que me pareció desagradable en los sillones de la sala antes de dirigirme a la cocina, la comida estaba servida en la mesa, los padres de la mujer y ella misma estaban ya comiendo cuando entré acomodándome en el sitio que era dispuesto para mí.
—¡Oh! Muchacho —expresó la rubia —pero que bien te sienta la ropa si yo sabía que mi Bulmita acertaría con la talla exacta.
—¡Mamá! —Regañó la peliazul a su madre ente lo cual la rubia se encogió de hombros —Piensas salir —preguntó la mujer dirigiéndose a mí.
—Eso no te importa mujer —contesté serio, en realidad no planeaba salir a ningún lado pero me apetecía volver a escucharla exasperarse.
—¡Ush! Sólo era una pregunta grosero —contestó.
—No me interesa tu curiosidad.
—Lo que sucede es que mi madre planea una cena y ella me comentó que quería que estuvieras aquí por eso te pregunto hombre necio—me contestó con enfado, no pude evitar sonreír un poco ante su actitud de reproche.
—Estamos comiendo mujer y ¿Te pones a pensar en la cena?
—Mira yo sé perfectamente que detestas socializar, pero sería una buena forma de agradecer el detalle de mi madre de traerte…
—Yo no debo a nadie ningún pago de favores mujer insulsa —dije interrumpiéndola.
—Hay hijita si él quiere salir, déjalo antes deberías ir con él no te lo vallan a querer ganar —dijo la mayor atrayendo nuestras miradas hastiadas hacia ella.
El rostro de la peliazul se ensombreció al escuchar a su madre —El puede hacer lo que se le venga en gana, no me importa —dijo al tiempo que tomaba su bebida y se dirigió rápidamente a su habitación.
—¡Hay no! —exclamó la rubia poniendo su mano en el pecho —¿Si tienen problemas verdad? —preguntó.
En respuesta sólo le dirigí una mirada de fastidio esperando que no hablara más sin embargo volvió a hacerlo.
—No quisiera que pensaras que soy muy entrometida pero noto que ya no se hablan ni para discutir —dijo, nuevamente no contesté —pospondré el evento, lo principal es que ustedes arreglen su diferencias.
Me levanté de la mesa al terminar de comer la palabrería incoherente de la mujer me sacaba de mis casillas, cada minuto se tornaba más insoportable su compañía así que me retiré; salí de la corporación rumbo a una alejada montaña solitaria, me saqué la chaqueta poniéndola en el suelo, me enrollé las mangas de la camisa y me senté dispuesto a olvidarme de tantas idioteces, esa casa era un revoltijo de incoherencias y en ocasiones me daba la sensación de que podría terminar tan loco como ellos. El sueño me venció al cabo de algún tiempo en ese tranquilo lugar y me quedé dormido.
—Pues a mí me parece que sólo está dormido —la voz atravesó mi mente colándose en mi sueño.
—Eso parece, por qué estará vestido de esa manera —esa segunda voz fastidiosamente conocida terminó por despertarme.
—Agh! Maldita sea Kakaroto qué demonios están haciendo aquí —abrí los ojos para corroborar que efectivamente frente a mí se encontraban Kakaroto y su enfadoso hijo.
—Hola vegeta pasábamos por aquí cuando te vimos, me pareció extraño así que decidí que viniéramos a investigar —aseguró Kakaroto mirándome con su ademán más estúpido.
—Pues estoy bien así que lárgate y déjame en paz —contesté.
—¿Qué es eso que llevas puesto? —preguntó como si no hubiera escuchado que acababa de correrlo de ese maldito lugar —se parece a lo que Milk me obliga a usar en las fiestas, aunque se ve más cómodo, ¿Es para entrenar?
—De qué demonios hablas Kakaroto es simplemente ropa ahora déjame en paz.
—¿Bulma te obligó a usarlo Vegeta? —preguntó socarrón.
—¡Agh! Por qué habría esa mujer insignificante obligarme a hacer algo
—No lo sé Vegeta sólo preguntaba, es una chica muy atractiva—Las palabras de Kakaroto me hicieron fruncir el ceño, qué quería decir con eso, sin embargo no podía decir nada absolutamente que no me pusiera en evidencia.
—Oye papá —dijo el menor —será mejor que regresemos a casa o mamá se pondrá furiosa.
—Espera un momento Gohan, oye Vegeta qué te parece si entrenas hoy con nosotros también viene Piccoro está allá arriba.
Viré mi mirada y efectivamente ahí estaba ni siquiera me había percatado de su insignificante presencia, no estaba en guardia así que simplemente se me pasó además que el comentario de Kakaroto en realidad me había molestado.
—Si claro y después podríamos ir a comer pasteles a algún estúpido lugar terrícola ¿Te parece Kakaroto? Ush! —Espeté recogiendo del suelo la chaqueta.
—Me parece perfecto…
—Papá me parece que él no habla en serio.
Miré a ambos discutir sobre la veracidad de lo que acababa de decir—Muy bien insectos me encanta perder el tiempo con ustedes pero me retiro—Inmediatamente levanté el vuelo hacia algún otro lugar pues aún no me placía regresar a la corporación.
La tarde se me escapó mientras me entretenía tumbando algunos árboles y destruyendo montañas con mi energía, pronto la noche cubrió mis alrededores así que decidí regresar, entraba por la ventana cuando me percaté de que la presencia de la mujer estaba en la habitación de un lado como antes. Noté que en cuanto provoqué ruido al llegar, la energía de la mujer se movió con rapidez dirigiéndose de su recamara a la mía.
—Valla… ¿Y eso de que te dignaste a regresar? —cuestionó abriendo la puerta de mi habitación.
—¿Desde cuándo te importa lo que hago mujer?
—Es de mala educación contestar con una pregunta —dijo dignamente cruzando los brazos.
—Me piensas hablar tú de educación —Reí sonoramente ante tal absurdo.
—Ya cállate no te rías… ¿Pero qué?... ¿Qué demonios le pasó a tu ropa? —preguntó al notar desgarres en la camisa que llevaba puesta.
—Eso no te importa mujer, no olvides que puedo hacer lo que se me venga en gana.
—¿Fue esa mujer?
—¿Qué mujer?
—ASH! No te hagas el desentendido.
—Nada tienes que reclamarme mujer, por lo visto tú no entiendes lo que te conviene —dije acercándome a ella amenazadoramente.
No retrocedió sino que me vio directo a los ojos sin decir una sola palabra, dio un paso al frente y rodeando con sus brazos mi cuello me besó, ante su acto la observé hacerlo con extrema extrañeza pero sin detenerla, pensé separarme de su endemoniado agarre sin embargo el calor de su cuerpo se mezclo con el mío y contrario a las indicaciones de mi mente posé mis manos sobre su pequeña cintura para pasearlas después a lo largo de su espalda pegándola contra mi pecho, la pasión subió consecuentemente al tacto de ambos sobre nuestros cuerpos hasta un nivel desconocido para mí.
Deseaba con desesperación respirar el aroma de su piel suave, seduje sus reacciones provocando con mis manos espasmos de excitación en su cuerpo, tomé con las manos su rostro separándome de ella para permitirme ver sus ojos, fruncí el seño al notarlos tristes y mi mente trajo tan vivido como el fuerte calor de nuestros cuerpos el recuerdo del momento en que no le permití a esos ojos suplicar y estuve a punto de perderlos para siempre.
Busqué de nuevo sus labios pronunciando con un beso lo que sus oídos jamás escucharían.
Agh! Detesto este capítulo ¬¬
Gokú: Vegeta de qué hablas es el mejor que he leído.
Vegeta: Miserable deja de aparecer así tan de repente gusano USH!
Gokú: ¿Querías decirle lo sie…
Vegeta: Ush! Cállate insecto entrometido Grr!
Gokú: Oye en realidad no soy tan estúpido Vegeta, por qué te esfuerzas en hacer que nuestros amigos piensen eso…
Vegeta: No necesito esforzarme Kakaroto, tú sólo lo haces perfecto.
Gokú: En serio Vegeta muchas gracias… ^^
Vegeta: Ush! ¬¬ nos vemos en el siguiente capítulo terrícolas…
