Hola chicos, como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen y esta pequeña historia surgió de mi imaginación y espero les guste y la disfruten tanto como yo he estado disfrutando al escribirla, bueno comencemos…
El príncipe de la máscara.
Capítulo 11
Los suaves rayos del sol que se filtraron por su ventana llegaron directo al rostro de Sakura y la hicieron fruncir el ceño. Fastidiada, comenzó a estirarse debajo de su sabana y con pereza, se dio la vuelta para continuar durmiendo. El clima afuera seguramente estaba delicioso, pero el calorcito de su cama era mucho más agradable y no pensaba abandonarla en un buen rato.
Con lentitud, abrió un ojo y notó que su habitación estaba completamente iluminada. Tenía días que no dormía tan bien y eso la había dejado un poco desorientada, por eso, haciendo un terrible esfuerzo, trató de ubicarse en el tiempo y al lograrlo, abrió sus ojos en su totalidad.
—¡Oh Dios!
Con rapidez, Sakura se levantó de su cama y comenzó a buscar con desespero la ropa para alistarse. Se había quedado dormida.
—¡Esto es insólito, Sakura! —se regañó mientras se cambiaba.
Recogió su largo cabello en una coleta alta mal hecha y salió corriendo hacia la fuente donde siempre tomaba agua para asearse. Apenas le daría tiempo de lavarse allí mismo la cara.
—¿Por qué siempre me pasan estas cosas? ¿Por qué? —se preguntó mientras restregaba su cara.
Se secó con su pequeño mandil y corrió a toda velocidad hacía la cocina. No estaba segura de la hora, pero era tarde y debía prepararle el desayuno a Shaoran.
A medida que avanzaba, Sakura miraba en todas direcciones y solo pudo respirar tranquila cuando la puerta de la cocina estuvo a la vista. Había empezado mal su día y no quería empeorarlo encontrándose con el conde Sawada.
—¡Tenias años que no te quedabas dormida! —se burló Tomoyo apenas la vio entrar.
—Buenos días para ti también, amiga —resopló.
—No te molestes, cariño. Sabes que estoy bromeando —dijo Tomoyo—. Estaba por ir a despertarte.
Sakura soltó un sonoro suspiro y se puso manos a la obra. Hubiera querido hacerle un gran desayuno a Shaoran, pero no tenía mucho tiempo y por eso se decidió por unas tortitas con trozos pequeños de chocolate. Cuando el desayuno estuvo listo, colocó todo en una gran bandeja y junto a Tomoyo, fueron al invernadero. Ya faltaba poco para la hora del té de Shaoran y debía darse prisa para prepararlo.
—Comencé con la máscara —dijo Tomoyo mientras ella preparaba el té.
—¿Tan rápido? Pero… apenas lo planeamos ayer…
—Y debemos apresurarnos si queremos que las cosas salgan bien —le interrumpió—. Chiharu fue muy rápida al conseguirme los materiales. Anoche mismo los trajo y la comencé al instante.
—Eres increíble.
—Debes comenzar tus ensayos, amiga —Tomoyo frunció el ceño y se acercó a ella—. No quiero presionarte, pero debes hacerlo perfecto.
—Me sé los pasos de memoria…
—¿Hace cuánto no danzas? —Sakura abrió su boca para responder, pero Tomoyo la interrumpió de nuevo—. No danzas desde que tenías catorce años. Debes refrescar los pasos para no darle el gusto de verte fallar a la bruja mayor y a la muñeca infernal.
Al nombrar a Midori, Sakura no pudo evitar fruncir el ceño. El desagrado que sentía por su hermana no se debía solamente a lo que su mentira había causado y a sus palabras malintencionadas. Sakura admitía, después de pensarlo mucho, que estaba celosa y también estaba molesta por lo que había escuchado el día anterior.
Cuando Shaoran se había retirado a sus aposentos, las damas de compañía de su hermana comenzaron a alardear sobre cuan enamorado estaba el príncipe de ella ¡Y Midori no lo había negado sabiendo que era una vulgar mentira! Solo se había limitado a sonreírles con falsedad y dejarlas hablar para levantarle el ego aun más.
«Y se atrevió a decirme descarada a mí» pensó con indignación.
—Eso no pasara —dijo Sakura con determinación—. En mis momentos libres, practicaré sin descanso.
—Chiharu y yo hablamos… ella estará contigo en todo momento para evitar que el conde Sawada te moleste porque yo no podré hacerlo. Usaré todos mis ratos libres para terminar la máscara con el velo y ajustar el traje. Puedes aprovechar para que ella te dé su opinión sincera durante las prácticas.
Sakura asintió en respuesta. Si sus amigas estaban haciendo todo lo posible por ayudarla, ella también debía esforzarse.
Al agregar el té en la tetera, Sakura acomodó todo en la bandeja y se encaminó hacia los aposentos de Shaoran. Tomoyo la acompañó hasta que la atención de los guardias recayó en ellas y entonces, se despidió.
Sakura tenía una larga semana sin poner un pie en ese lugar y estaba un poco ansiosa. Sí, había visto a Shaoran el día anterior, pero aún no superaba el haberlo visto en compañía de su hermana y no sabía como reaccionaría al estar en su presencia.
El amable guardia de siempre le sonrió y le preguntó acerca de su salud, haciendo que las mejillas de Sakura ardieran al darse cuenta que más personas de las que creía se habían enterado de lo ocurrido con la reina.
—Estoy mucho mejor, gracias —dijo con timidez.
—Me alegra escuchar eso. Ya la extrañábamos por aquí —dijo el joven, tocando la puerta por ella.
En seguida, Eriol apareció por la puerta, sonriendo. Dando una ligera inclinación, le dio la bienvenida y la dejó pasar.
Como siempre, Yue permanecía inexpresivo en un rincón, pero al verla y contra todo pronóstico, le dio una pequeña sonrisa que le hizo brincar el corazón del susto. Nunca se imaginó que vería algo como eso y debía admitir que no le quedaba mal la sonrisa, lo hacía lucir mucho más apuesto.
—Me alegra verla.
—Nunca creí que llegaría a escuchar eso… —dijo, aun sorprendida.
—¿Por qué lo dice?
—Pensaba que no era de su agrado.
—Aunque no lo crea, usted está en mi lista de personas gratas.
—Y debes sentirte afortunada, pequeña. Esa lista es muy, muy, muy corta —dijo Eriol, mientras le quitaba la bandeja para ayudarla.
—¿El príncipe está dormido?
—Te está esperando en el dormitorio. Desea comer allí.
Eriol y Sakura se encaminaron juntos a la habitación, mientras Yue abría la puerta por ellos. Sakura buscó por todos lados, pero no había rastros de Shaoran.
—Llega tarde.
Cómo ya era costumbre, Sakura sintió que había perdido algunos años de vida debido al susto y por eso, se giró molesta.
—¡Si vuelve a hacer eso, le colocaré un cascabel! ¡Es en serio!
Eriol y Shaoran estaban aguantando la risa, como si fueran un par de niños que habían realizado una travesura. Sakura también tenía ganas de reír, aunque no quisiera aceptarlo, pero debía mantener su máscara de seriedad si no quería ser objeto de burla de esos dos. Cuando estuvo más tranquila, notó que Shaoran miraba la bandeja que Eriol traía.
—¿Por qué traes tú la bandeja?
—¿Por qué la pregunta, primo?
—Quiero saber quién ha preparado el té.
—¿Me has visto salir de aquí?
Shaoran lo pensó un poco y luego, le quitó la bandeja.
—No sé qué rayos le haces al té, así que es mejor ser precavido —dijo caminando hacia la mesita donde la colocó.
Eriol negó con la cabeza y se retiró de la habitación. Sakura comenzó a preparar la mesa, mientras él se sentaba. Limpió los utensilios con cuidado y sirvió las tortitas en un plato que colocó frente de Shaoran.
—Lamento que sea algo sencillo… pero se me hizo un poco tarde —dijo con las mejillas sonrosadas.
—Estaba por mandar a Yue a preguntar por usted… estaba preocupado.
El calor en el rostro de Sakura se intensificó y comenzó a abanicarse como de costumbre. Obviamente, la risa de Shaoran no se hizo esperar.
—Por favor, corte un pedazo para poder probarlo.
—¿Volveremos a esto?
—Sabe que es necesario.
—En realidad no lo es… y estoy por pensar que solo quiere comer de mi comida —dijo burlón, mientras cortaba un trozo de sus tortitas—. Mantengamos en secreto que tienen chocolate.
Sakura sonrió y tomó el trozo que él había cortado para ella. Lo comió y esperó unos minutos para darle libertad de comer.
Shaoran se veía relajado y eso le agradaba. Disfrutaba de cada bocado y no paraba de elogiar su comida mientras la degustaba. Sakura estaba feliz, habían regresado a su agradable rutina con buen pie.
Como de costumbre, sirvió las dos tazas de té y luego él eligió una de las tazas para ella. El té estaba delicioso, como siempre, y luego de un par de minutos, Shaoran llevó su taza hasta sus labios y al probarlo, emitió un sonido de deleite que la hizo sentir satisfecha.
—Adiós al té de Eriol.
—Aun no entiendo cómo le hacía para que le quedara tan mal —dijo Sakura riendo.
—No lo sé… pero prefiero los dolores de cabeza a tomar el té de Eriol nuevamente. —Shaoran bebió otro sorbo y cerró sus ojos para disfrutar del sabor a placer.
—¿Ha tenido… dolores de cabeza últimamente? —preguntó Sakura con preocupación.
Shaoran bajó su taza vacía y desvió su mirada hacia la ventana. Estaba evitándola y eso no era nada bueno.
—¿Alteza?
—Puedo tolerarlos —dijo, aun sin mirarla.
—El té no se los ha quitado.
—Nunca lo ha hecho —confesó—, pero los suaviza mucho. Un ataque se siente como si estuvieran golpeándome la cabeza con un martillo… pero gracias al té, apenas se siente una ligera presión que es fácil de sobrellevar.
El corazón de Sakura se comprimió de tristeza, pero inmediatamente se regañó a sí misma porque no debía sentir lastima por él. Shaoran era un hombre fuerte y valeroso que había aprendido a afrontar los acontecimientos difíciles de su vida y, agradablemente, no dejaba de sorprenderla e impresionarla.
—Ayer en la tarde la vi de lejos.
El "casual" comentario le hizo fruncir el ceño, pues se estaba refiriendo al momento en el que lo había visto con Midori.
—Se veía un poco molesta… ¿Le sucedido algo?
«Sí… estabas con ella» pensó, más no dijo nada. Negó con su cabeza, mientras apilaba los utensilios que Shaoran había utilizado durante su desayuno y los colocaba en la bandeja.
—A mi juicio, sí lo estaba… y en estos momentos también lo parece.
—Está exagerando.
—La princesa se acercó a mí para pedir disculpas por lo que ocurrió aquel día y…
—No es necesario que me lo cuente, alteza —le interrumpió—. No es algo que le ataña a la servidumbre.
—En estos momentos no se lo estoy contando a mi sirvienta, sino a mi amiga —dijo con un deje de molestia en su voz—. También me comentó que había sido la reina quien planeó todo y la obligó a mentir.
—Y usted le creyó —dijo Sakura, apretando el agarre de sus manos en las agarraderas de la bandeja.
La sonrisa ladeada de Shaoran le hizo saber que había detallado su reacción y sus mejillas ardieron.
—Hay algo en usted que llama mucho mi atención. —Shaoran se levantó y le quitó la bandeja de las manos para colocarla en la mesa nuevamente.
—¿Qué será?
Con lentitud, Shaoran se inclinó hacia adelante, agachándose hasta llegar a su altura.
—Los ojos de la princesa son verdes, iguales a los suyos, pero… —No despegaba su mirada de la de ella, haciendo que su temperatura corporal aumentara con rapidez—. Sus ojos, Sakura, resplandecen como hermosas joyas. Puras y sinceras.
—¿Y los… los de ella? —tartamudeo.
—Los de ella me dijeron que estaba mintiendo y por eso no le creí ni por un segundo —dijo enderezándose de nuevo.
—¿Terminaste de desayunar? —gritó Eriol de repente, desde el recibidor—. Recuerda que tenemos varias cosas que hacer.
Shaoran soltó un bufido y salió de su habitación, siendo seguido de una muy sonrojada Sakura.
—Yue, por favor, acompaña a Sakura. No la dejes sola en ningún momento.
—Pero…
—Ya hablamos de esto —la interrumpió—. Yue la escoltará a menos que tenga usted otra solución.
Sakura abrió y cerró su boca varias veces, tratando de objetar, pero sabía que sería inútil, era casi imposible hacerlo cambiar de parecer.
—Bien, como no hay objeciones, la dejo en buenas manos —dijo, encaminándose a la puerta—. Y recuerde que tomaré mi té nocturno en el invernadero. No llegue tarde —dijo con burla y salió sin dejarla decir nada.
Miró a Yue con pena y al notar su rostro nuevamente inexpresivo, Sakura suspiró incómoda. Tener a Yue de guardaespaldas no iba a ser agradable.
De vez en cuando, Sakura lo miraba de reojo, aun mantenía ese rostro inexpresivo que no le decía absolutamente nada. No sabía si estaba molesto, incomodo, aburrido… o quizás ni le importaba acompañarla, pero a ella sí.
—¿Ese es el sujeto? —dijo de repente y Sakura detuvo su andar a su lado.
Siguió la mirada de Yue y allí estaba el conde Sawada. Sus ojos oscuros estaban posados en ella.
—¿Y si le damos un buen susto? —Una diminuta sonrisa se coló en sus labios mientras colocaba su mano sobre el mango de su espada.
—Me encantaría, pero se metería usted en problemas, comandante. Ese sujeto es peligroso.
—¿Sabe cuántos guardias estaban en el pasillo aquel día? —Sakura asumió que se estaba refiriendo al día en el que había recibido los latigazos y negó con su cabeza—. Quince y yo me encargue de ocho.
—No me refería a su destreza en la pelea —dijo Sakura, riendo.
—Lo sé. Solo quería alardear un poco —Sakura rio al notar que Yue era mucho más agradable de lo que creía.
—Es un enorme placer verte a estas horas de la mañana, mi querida flor. —La voz del conde los sorprendió a ambos.
Inmediatamente, Yue frunció su ceño y se puso a la defensiva, porque era evidente que el conde no estaba contento con la presencia del comandante a su lado. Su mirada fría alternaba entre ellos.
—He estado buscando la oportunidad de cruzar palabras contigo, pero he notado que estás muy… acompañada últimamente.
—Cumplo las órdenes que se me dan y en este momento me encuentro guiando al comandante Yue.
—Otro… myridio, me imagino —dijo despectivo.
Sakura pensaba que Yue iba a ofenderse por el comentario del conde, pero muy al contrario, parecía divertido.
—Veo que no somos de su agrado —dijo con una diminuta sonrisa.
—Digamos que no me agrada que otros estén disfrutando de lo que es mío —dijo el conde, posando sus fríos ojos sobre Sakura.
Yue de inmediato se interpuso entre ambos y bloqueó a Sakura de su vista con un movimiento nada disimulado.
—¿Puedo saber de qué objeto está hablando? Que yo sepa no tenemos nada que sea de su pertenecía.
—Veo que le gusta jugar, comandante —dijo el conde, acercándose a él con actitud amenazante—. Bien, vamos a poner nuestras cartas sobre la mesa. Dígale a su señor que esa mujer es mía y aunque se empeñe en mantenerla alejada de mí, siempre encontraré la manera de saciar mi deseo.
—Deje de decir palabras que ensucian los oídos de esta chica —dijo Yue en un tono fuerte—. Si quiere cumplir su amenaza, entonces intente pasar el filo de mi espada primero.
—Yue… —susurró Sakura a su espalda, pero no le prestó atención.
—Ya te lo había dicho antes, Sakura —dijo el conde, ignorando la intimidación de Yue—. Te convertiré en una de mis concubinas y no me importan cuantos myridios o lyrios se interpongan, serás mía.
El cuerpo de Sakura comenzó a temblar y aunque fuera una molestia para Yue o la riñera luego, se sujetó de las telas de sus ropas para poder mantenerse en pie. Tenía miedo y mucho. La obsesión del conde no tenía límites y casi rayaba en la locura ¿Cómo se atrevía a lanzar una amenaza como aquella? No solo estaba hablando de Shaoran, también había incluido a su hermano en eso porque Touya era el único lyrio que se había atrevido a defenderla.
—Se nota que el título de caballero le queda demasiado grande —dijo Yue, soltando una leve risa sarcástica—. No tengo intensiones de seguir perdiendo mi tiempo con usted. Vamos, Sakura.
—Solo recuerde llevarle el mensaje a su señor, comandante. Y recuerde estar atento porque los accidentes suelen ocurrir.
Sin prestarle más atención, Yue siguió caminando a paso firme con Sakura detrás de él. Estaba fría del susto, ese encuentro había sido más amenazante que el anterior y realmente estaba temiendo por Shaoran.
—Ese hombre no habla solo por hablar, comandante —dijo Sakura con voz temblorosa.
—No se preocupe, yo soy mucho más peligroso que él.
—¡Ya le dije que no se trata de fuerza! —Sakura estaba un poco exaltada y eso le sorprendió a Yue, lo supo por la forma en la que la miró—. El conde es uno de los nobles más influyentes de Lyriamir y tiene relaciones fuertes con el padre de la reina Keiko…
—Lo sabemos, Sakura.
—¿Entonces por qué están tan tranquilos?
—Porque el objetivo de ese hombre es provocar miedo —dijo Yue—. Si el miedo nos domina, no podemos ser objetivos. Además, recibiremos apoyo dentro de poco… aunque no me agrade mucho.
—¿A qué se refiere? —Yue negó con su cabeza y continuó caminando.
—No se preocupe por su alteza. Estará bien resguardado.
—Creo que es imposible no hacerlo…
Yue la miró de soslayo y Sakura, desvió su mirada, sonrojada. No esperaba ponerse en evidencia justamente delante de Yue, pero sus sentimientos y preocupaciones estaban a flor de piel y ya no estaba pensando con claridad, no cuando la vida de Shaoran y de su hermano habían sido amenazadas frente a ella y lo peor era que se sentía culpable por ello.
—Sakura —le llamó Yue. Lo miró interrogante al notar la sonrisa pícara que tenía en su boca—. Me gustaría verla algún día con una corona sobre su cabeza.
—¿Qué?
Yue soltó una ligera risa y no dijo nada más, dejándola en el completo desconocimiento de aquel deseo que le había revelado.
Soltando un suspiro y estando más tranquila, Sakura dirigió sus pasos hacia la cocina con su acompañante y amablemente le sirvió un trozo de pastel de chocolate que mamá Hina había preparado como postre para el almuerzo. Se lo merecía después de haberla protegido del conde y también quería celebrar por la primera conversación larga que se daba entre ellos.
—No todos los días tengo el placer de tener una charla con usted —le dijo mientras le servía una segunda rebanada.
Excluyendo el desagradable encuentro con el conde Sawada, Sakura podía decir que había vuelto a su rutina y no podía estar más contenta. Al encontrarse con Chiharu, le dijo a Yue que ya no era necesario que la escoltara, pues su amiga la acompañaría en todo momento. No muy seguro, el joven se retiró, no sin antes recalcarle que lo mandara a llamar si ocurría algo o si necesitaba compañía, pues no le molestaba escoltarla.
—El comandante Yue es muy serio ¿No crees? —dijo Chiharu, mientras ella daba varios giros sobre la punta de sus pies.
—Cierto, pero es una buena persona —Sakura extendió sus brazos con delicadeza hacia la izquierda y levantó su pierna para dar un pequeño y suave salto.
—Debes pulir más ese salto. No estas cayendo en puntillas.
—Lo sé… mi cuerpo se siente pesado y un poco torpe.
—Vuelve a iniciar.
Así se la pasaron todo el día. En sus ratos libres iban al invernadero y Sakura practicaba sin descanso, hasta que llegó el momento de preparar la cena. Sakura estaba agotada, pero satisfecha. No solo había pulido sus saltos, ahora sus movimientos se veían menos burdos y estaba segura que lograría estar lista para el cumpleaños de su hermano.
Esta vez, no se quedó a esperar que Shaoran terminara de cenar para retirarse. Eso le daría un par de horas más para practicar antes de su cita con él y debía aprovechar su tiempo al máximo.
Por un rato, Chiharu estuvo acompañándola, dándole consejos y sugerencias para mejorar su danza, pero luego tuvo que retirarse para cumplir sus obligaciones y para buscar la bandeja en los aposentos de Shaoran.
Sakura tomó aire y se enfocó de nuevo. Hizo una reverencia delicada, tal cual debía hacerla cuando estuviera delante de la familia real, levantó su cabeza y comenzó de nuevo. En su mente, podía escuchar la suave melodía que seguramente los músicos tocarían esa noche. Sakura extendió los brazos hacía arriba y comenzó a girar.
Las largas mangas de sus ropas debían ondear con sus movimientos durante la danza, para que las pequeñas flores que estaban en los bordes simularan la caída de las flores de cerezo que se mecían en el viento con sutileza. Por eso, los movimientos de sus brazos y manos debían ser precisos para lograr que la tela ondeara de forma adecuada cuando la tuviera puesta.
—Un giro, dos, tres… la pierna derecha arriba —dijo, mientras ejecutaba los movimientos.
Luego, el primer salto. Logró caer sobre sus puntillas con suavidad y continuó. Otro giro vino, levantó su mano hacía adelante, señalando hacía donde estaría su hermano y cuando vino el segundo salto, su pie flaqueo y su aterrizaje resultó tosco.
—Demonios… —masculló entre dientes.
El sonido delicado de una campanilla se escuchó y al girarse hacia la puerta, notó que Shaoran estaba recostado en ella, observándola en silencio.
—Dijiste que querías colocarme un cascabel. —Shaoran levantó su mano derecha y le enseñó la pequeña campanilla que colgaba de ella.
La sonrisa ladeada que le estaba dando, disparó sus latidos.
«¡Oh Dios! ¡Que no me haya visto!» pensó avergonzada y enseguida, un poderoso y violento sonrojo invadió su cara.
Desde el momento en que Shaoran había llegado a Lyriamir, no había dejado de pasar vergüenzas delante de él y seguramente pasaría muchas más hasta su partida. Siendo ella como era, tan despistada y propensa a accidentes, era lo más probable.
—¿Cuánto… cuanto tiempo llevas allí? —preguntó, con la pobre esperanza de que le dijera un "Acabo de llegar".
—Lo suficiente para decir que es una danza hermosa.
«Por supuesto… no tengo tanta suerte» pensó, desviando su mirada.
A medida que los pasos de Shaoran se acercaban, los latidos del pobre corazón de Sakura se aceleraban aún más. Un paso, dos, tres… y lo tuvo justo en frente. No tenía la valentía necesaria para enfrentar sus ojos burlones, no los de él, aunque estaba segura que, por muy terrible que fuera su forma de bailar, él la elogiaría. No estaba en su naturaleza el herir a las personas.
—¿Por qué te avergüenza?
—No… no la he perfeccionado —respondió en voz baja.
—En lo personal, puedo decirte que es perfecta. Danzas de una forma maravillosa.
—Lo dices porque eres mi amigo. —Sakura resopló.
Dirigió sus pasos hacia sus zapatos y después de colocárselos, fue hasta el gavetero para sacar los pétalos de la Magnolia.
—Sakura, no me caracterizo por ser un mentiroso.
—Pero puedes decir una pequeña mentira blanca para hacerme sentir bien —dijo ella, haciendo un mohín.
—Una mentira es una mentira, ya sea pequeña, grande, blanca o negra —dijo—. Es verdad que no me gustaría hacerte sentir triste, pero si bailaras fatal te lo diría, créeme.
Sakura fingió ignorarlo y procedió a preparar el té. Era verdad que Shaoran era muy sincero, pero no sabía hasta donde podía creer en su juicio. Como le había dicho Eriol una vez, una opinión podía estar sesgada por los lazos que los unían, y en su caso era la amistad.
El suave campaneó se escuchó a su espalda. No estaba segura si esa había sido una buena idea, porque ahora permanecía expectante a lo que él fuera hacer y eso la ponía más nerviosa.
—¿Si te digo que ese último salto pudo estar mejor, me creerás? —susurró.
Al sentir su cálido aliento cerca de su oreja, una sensación electrizante le recorrió la espalda. Sakura estaba sorprendida, jamás había experimentado tantas sensaciones y mucho menos debidas a un joven. Eso la hacía preguntarse cuan profundos eran sus sentimientos por él.
—El té está listo —anunció con una voz demasiado aguda para su gusto.
Como de costumbre, Shaoran rio con suavidad y acercó dos sillas hasta la mesa. Sakura sirvió las dos tazas y se sentó a su lado, esperando que él escogiera una para ella.
—¿Hasta cuándo vamos a hacer esto? —dijo Shaoran, soltando un suspiro.
—Es necesario…Yo podría estar tratando de ganarme tu confianza para poder herirte.
—Sakura, mi confianza ya la tienes… Sería diferente si solo quisieras tomar el té conmigo…
Sakura lo observó, podía imaginarlo con el ceño fruncido y su cabello chocolate acariciando su frente libre de aquella máscara. La quinta fragmentación estaba justo allí, en su frente, y se perdía debajo de su cabello desordenado.
—¿Por qué me ves así?
—Lo… lo siento… Es solo que… me parece que tu máscara es muy misteriosa, pero también es hermosa.
—Ya me lo habías dicho… pero en realidad es una máscara maldita… —susurró, mientras señalaba una de las tazas.
Al verlo así, tan incómodo, no estaba segura si la charla que tenían pendiente acerca de su máscara fuera agradable para él, y debía sumarle también la molestia que le ocasionaba su terquedad. Suspirando, Sakura decidió que solo por ese momento, le daría una pequeña victoria.
—Beba su té, alteza… en estos momentos solo somos dos amigos que están disfrutando un delicioso té.
Shaoran la miró con sorpresa, sin creer que ella hubiera cedido. Sakura trató de ignorarlo dando un sorbo a su taza y la colocó de nuevo en la mesa. El la imitó con una diminuta sonrisa.
—Antes de comenzar nuestra charla… —dijo, aclarando su garganta—. Quiero devolverte esto.
Shaoran tomó algo que había mantenido oculto de sus ojos y lo colocó encima de la mesa. Era su preciado libro, la historia del Príncipe carmesí.
—Pero…
—Sé que te ocasione problemas antes por esto, pero creo que ha quedado claro que este libro te lo he regalado yo —dijo—. Aunque… si no quieres aceptarlo, lo entenderé.
—¡Claro que lo quiero! —exclamó feliz—. Después de todo, es mío.
Sakura tomó el libro y lo abrazó contra su pecho. Ese libro ya se había convertido en uno de sus preciados tesoros, junto con las notas que guardaba celosamente. Esa vez lo guardaría mejor para que manos inconscientes como las de Midori no volvieran a tocarlo nunca más.
—Esa sonrisa le queda a tu rostro.
Esas pocas, pero significativas palabras, la hicieron ruborizar. Nuevamente comenzó a abanicarse y bebió otro sorbo.
—¿El té te ha acalorado?
—Posiblemente.
—Es curioso, pero no insistiré en ello —dijo, tomando otro sorbo—. Bien, creo que tenemos algo pendiente.
—En realidad… no estás obligado a contarme nada.
—Ya te lo había dicho, esto no es un secreto del todo… —Shaoran soltó un suspiro y volvió a mirarla—. ¿Has escuchado de las Valyrias?
—¿Las sacerdotisas? —Shaoran asintió—. No mucho en realidad. Muchos dicen que son un mito.
—En realidad, existen… y una de ellas fue la responsable de esto —dijo Shaoran, sorprendiéndola—. No por algo malo… En realidad, mis padres buscaron su ayuda.
—¿Por qué?
Soltando otro suspiro, Shaoran se acercó un poco más a ella y comenzó a jugar con los dedos de Sakura. Para ella, era un tacto tan especial e íntimo que estaba poniendo a prueba todo lo que había pensado acerca de los límites y temió que sus sentimientos fueran mucho más profundos de lo que creía.
—Cuando era un niño, tuve un pequeño accidente y el resultado fue una cicatriz. —Shaoran trazó una línea con su dedo que iba desde su sien, pasando por el borde de su ojo derecho, hasta donde iniciaría su pómulo—. Si me lo preguntas a mí, no era una marca que me desagradara y he visto peores… pero algunos miembros de la corte no pensaban lo mismo. Les parecía una atrocidad que el príncipe heredero tuviera una cicatriz y mucho más si estaba en el rostro… probablemente si mi madre hubiera tenido otro hijo varón, hubiera sido nombrado príncipe heredero por encima de mí.
Allí estaba de nuevo, el rechazo debido a su físico. Sakura frunció su ceño y apretó sus labios en una línea, furiosa, pero el suave tacto de Shaoran la obligó a aflojar el puño que inconscientemente había cerrado. Había abandonado sus dedos para trazar pequeños círculos en su mano y con eso, no tardó en relajarse nuevamente.
—Mi familia no estaba de acuerdo, pero a la final, mi padre cedió a la presión del consejo y, siguiendo sus sugerencias, buscó la ayuda de las Valyrias. Según ellos, las sacerdotisas tenían el poder para borrar mi cicatriz.
La siguiente parte no era sencilla para él, lo sabía porque los delicados movimientos de sus dedos se habían detenido y sus labios se habían fruncido.
—Después de un viaje de tres días a caballo, en lo interno del bosque meridional de nuestro reino, la encontramos. Era una mujer hermosa —dijo—. Sus ojos eran tan claros como la miel y su cabello era tan rojo que brillaba como el mismo fuego… Recuerdo claramente haberme quedado sin aliento al verla. Su nombre era Kaho.
Según había escuchado Sakura, las Valyrias eran poderosas sacerdotisas, sirvientes de la Diosa de la naturaleza y la belleza, Athor. Eran poderosas y su principal característica era su hermosura sin igual.
—Cuando mi padre le hizo su solicitud, la mujer enseguida posó sus ojos en mí y se llenaron de lágrimas… Sus palabras exactas al verme fueron "Mi señora estaría decepcionada" … Yo solo tenía ocho años y creía que se estaba refiriendo a mi cicatriz… pero en realidad, ella estaba hablando de la petición en sí.
—¿A qué te refieres?
—Las Valyrias adoran la belleza y la naturaleza… pero no la belleza exterior, sino la que guardas en tu alma —explicó—. Mi padre quería borrar mi cicatriz por una petición superficial y eso fue un insulto para ella.
—Pero si fue insulto… ¿Por qué los ayudó?
—Sakura… yo aún conservo mi cicatriz —dijo suspirando—. Ella no nos ayudó… nos castigó. Por eso te dije que esta máscara esta maldita.
Sakura abrió sus ojos a más no poder y entonces entendió que aquella máscara no ocultaba la cicatriz de Shaoran.
—Kaho colocó esta máscara en mi rostro como castigo por la frivolidad de los míos.
—Nunca podrás… —Shaoran negó con su cabeza.
—Yo no puedo quitármela, nadie de mi familia puede… y mi tiempo se agota.
—¿Cómo que tu tiempo se agota? —preguntó con voz aguda.
—Si no logro quitármela antes de mi próximo cumpleaños… no podré quitármela nunca.
—¿Tienes alguna idea? Quizás si buscamos información en los libros antiguos… Podemos hablar con la señora Himawari, ella quizás sepa…
Shaoran colocó su dedo encima de sus labios, silenciándola. Sakura sentía un ligero cosquilleo en el lugar donde los dedos de Shaoran presionaban su boca y se sintió avergonzada al darse cuenta del repentino deseo que la recorrió entera. Deseaba un beso suyo.
—Te agradezco mucho tu preocupación, pero en realidad no depende de nosotros —dijo, quitando por fin los dedos de su boca—. La valyria dijo que solo cuando la misión de la máscara esté completa, esta se romperá.
—¿Y cuál es su misión?
—Kaho se negó a decirlo en esa ocasión, pero una noche entró en mi habitación por la ventana. Nunca supe como lo hizo, pero… dándome una sonrisa, me dijo que estaba segura que lo lograría, pues yo era diferente a los míos —Shaoran reanudo las caricias en su mano—. Dijo que debía confiar en mí mismo. De esa forma, el objetivo de la máscara sería revelado y solo aquel que lo entendiera podría quitármela.
—Entonces…
—Sí, el típico cuento de hadas, pero en esta ocasión soy yo la damisela en peligro —dijo resoplando.
Sakura comenzó a reír y a los pocos segundos, ambos estaban carcajeándose. Limpió una pequeña lágrima que había caído por su mejilla debido a la risa y entonces se dedicó a observar a su señor reír. Se veía relajado, sin preocupaciones y nuevamente deseó con todas sus fuerzas que aquella máscara no existiera para poder apreciar aquel rostro jovial y divertido, aun con la cicatriz que él decía tener.
—Yo… —Sakura hizo una pausa para tomar aire. Era la primera vez que iba a confesar su secreto. Tomoyo no contaba porque lo había descubierto sola, por eso, Shaoran sería el primero —. Yo… soy la hija bastarda… del rey Fujitaka.
La mano de Shaoran se cerró sobre la de ella con fuerza, pero al levantar la mirada hacia él, notó que su rostro estaba inexpresivo.
—Nadie lo sabe… y debe permanecer así —se apresuró a decir.
Sakura, soltando un largo y pesado suspiro, comenzó a narrarle su historia, desde cómo sus padres se habían conocido, hasta su trágica llegada al palacio por la muerte de su madre. En ningún momento, Shaoran soltó su mano, más bien, la apretaba con más fuerza en algunas partes de su relato, como cuando le contó cómo habían llegado a aquel acuerdo de confidencialidad en cuanto al verdadero origen de Sakura.
—Al principio, justifiqué las acciones de la reina porque yo represento la traición de su marido y eso no debe ser fácil para ninguna mujer… —dijo Sakura—. Pero después de tanto me he dado cuenta que ella actúa por avaricia y sed de poder.
—En eso se parece al rey de Eulyon —dijo Shaoran—. A ambos los mueve la codicia.
—Shaoran… te cuento esto porque confío en ti, así como tu confías en mi —dijo, mirándolo directamente a los ojos—. Por favor, no se lo cuentes a nadie.
Esa vez, un brillo juguetón apareció en los ojos de Shaoran y eso le preocupó, temiendo que su intención fuera exponer su secreto.
—Te agradezco mucho tu sinceridad… pero ya lo sabía —dijo, sorprendiéndola—. En realidad, tenía solo sospechas, pero tu padre me lo contó hace algunos días.
—¿Qué?
—No me reveló tu identidad, solo me dijo que tenía un hijo fuera del matrimonio y me pidió ayuda para protegerlo —dijo, volviendo a jugar con los dedos de Sakura. Ella recordó entonces las palabras que le había dicho su padre.
«Estaba hablando de Shaoran»
—Mi respuesta fue inmediata. Le dije que estaba dispuesto a resguardar la vida de su hijo y a brindarle toda la ayuda posible… y ahora que estoy seguro de mis suposiciones… estaré encantado de protegerla, princesa.
—¡No soy una princesa! —dijo con sus ojos completamente abiertos. Solo su hermano se había atrevido a decirle algo parecido y no le gustaba—. Nunca lo he sido y no codicio ese título. Eso déjaselo a Midori.
—Hermanas… son hermanas de sangre y se atrevió a conspirar en tu contra —dijo, negando con su cabeza.
—Nunca he logrado entender su odio hacia mí —dijo Sakura, levantándose para retirar las tazas—. Touya no tiene problemas y hasta me fastidia como todo hermano mayor…. No entiendo porque ella no me acepta…
—Es obvio el cariño que Touya siente por ti.
—Es un buen hermano… y mi padre siempre ha intentado mantenerme a salvo a su modo.
Sakura no esperaba que lo entendiera, ni mucho menos que lo aceptara, solo quería hacerle ver que ellos no eran tan malos como él creía, posiblemente. Ella mejor que nadie sabía cuán difícil era para su padre verla de lejos y no poder acercarse… y su hermano. Desde aquel día, Sakura no lo había visto nuevamente y estaba terriblemente preocupada por él. Aunque no se lo decía para no inflar su ya grande ego, Touya era el mejor hermano que podía tener y lo adoraba.
—La familia Kinomoto es una familia bastante complicada.
—Es una lástima que pienses eso, porque mi padre está encantado contigo. Posiblemente lloró cuando le comunicaste tu negativa de emparentarte con ellos —dijo Sakura riendo.
—Quieras o no, eres una Kinomoto también.
—Por mis venas corre sangre Kinomoto, pero el orgullo de la familia no me pertenece… —dijo desviando su mirada—. Solo soy una sirvienta…
—Eres una mujer valerosa y fuerte. Nadie más que tú merece portar ese apellido, Sakura Kinomoto. —Shaoran apartó la silla con cuidado y luego se arrodilló ante ella, sorprendiéndola—. Pero quédese tranquila, alteza. Su secreto está a salvo conmigo.
—Shaoran… ya te dije que no me gusta…
Las palabras de Sakura murieron en sus labios cuando Shaoran tomó su mano y depositó un suave y delicado beso en ella, haciendo que sus latidos se desbocaran tanto, que temió que él pudiera escucharlos.
—Mi lealtad y mi silencio son suyos, princesa Sakura.
En ese instante, sumergida entre tantas sensaciones agradables y placenteras, Sakura pensó que no era tan desagradable que alguien la llamara de esa forma, menos si esa persona era él. Sus ojos estaban tan brillantes y llenos de un sentimiento tan intenso que la hizo sentir abrumada.
«Aun sin verte… se que eres hermoso»
El mismo sonido de algo fracturándose sonó de repente. Sakura enfocó su mirada en la máscara y allí estaba apareciendo otra ruptura. Esta vez, comenzaba justo en el borde del ojo izquierdo y se extendía hasta llegar al borde de la máscara que daba con su oreja. Nuevamente, Shaoran no reacciono ante el sonido y mucho menos a la ruptura de la máscara. Recordó las palabras de Eriol y decidió permanecer callada, pero eso no significaba que su mente dejara de formular preguntas ¿Por qué solo ella podía verlas? ¿Acaso tenía que ver con la historia que le había contado? ¿Estaría ella conectada de alguna forma con la misión de aquel misterioso objeto? No lo sabía y tampoco estaba segura si debía creer en la fugaz idea que se filtró en su cabeza.
«¿Sería muy arrogante de mi parte pensar… que soy yo quien debe romper la máscara?»
Bien, capítulo once listo :D Capítulo lleno de emociones y ya sabemos quien le colocó la máscara a Shaoran y por qué, pero ¿Qué debe hacer Sakura para destruirla?
Espero que el capi fuera de su agrado y sigan enganchadas con la historia :) ¿Se les está haciendo tediosa? ¿Algo que mejorar? Me gusta leer sus comentarios para saber si les está gustando y también leer que piensan de la trama hehe Así que espero leer muchos reviews.
Sin más que decir, espero que hayan disfrutado el capítulo.
Un besote para todos.
