Capítulo 11. Buenos días
El ansia de querer recibir lo bueno que traerá un nuevo día es mejor que cualquier despertador. Me levanté de inmediato y estaba lista para salir en cuanto Charlie lo hiciera, no quise salir antes para que no me preguntara cual era mi prisa. En cuanto vi que la patrulla dio la vuelta tomé la mochila, las llaves y me puse el impermeable, pero fui detenida al abrir la puerta. No pude quejarme, por supuesto, Edward estaba parado a dos pasos de los escalones de entrada, bajo la lluvia.
- Buenos días Bella – me saludó con una sonrisa precavida. Yo no esperaba verlo ahí, no hacía ni diez segundos que me había alejado de la ventana y no lo había visto, así que me tardé en reaccionar.
- Edward – dije devolviéndole la sonrisa, lo cual hizo que la suya se ampliara, era lo que yo quería me acerqué - ¿Cómo estas?
- Increíblemente bien – contestó -. ¿Puedo llevarte a la escuela hoy?- preguntó y yo asentí.
- Por supuesto también te traeré de vuelta– me dijo dejándome el paso libre -.
- Claro.
Llegamos a su auto y me abrió la puerta.
- ¿Y tus hermanos? – le pregunté mientras me subía.
- No hay problema, ellos tienen como moverse.
- No tenias que venir por mí – le dije cuanto también estuvo dentro. Era la primera vez que me subía a su auto.
- Lo sé, pero no lo hago porque tuviera que hacerlo. Eso ya debes saberlo- dijo y de pronto se puso serio-. ¿Cambiaste de opinión?
- ¡¿Qué?!
- ¿Has cambiado de opinión respecto a lo de anoche? – preguntó sin mirarme - ¿Ya no... me quieres cerca?
- ¿Cómo podría no quererte cerca? – volvió a verme – Ahora sé que no lo soñé y que esto no es una extraña coincidencia.
- Entonces, ¿puedo venir por ti también mañana? No hay escuela y podemos ir a donde quieras. Quisiera tenerte conmigo desde ahora, pero ya te perdiste algunas clases ayer, no quisiera que llegara a oídos del jefe Swan que su hija pierde clases por mi culpa. No sería buen precedente.
- Precedente.
- Ayudaría mucho la buena opinión de tu padre, ¿no crees?
- Sí - dije dubitativa-. Supongo.
- ¿No quieres que lo sepa? – preguntó Edward.
- Mmm...es que nunca ha habido alguien que quiera la buena opinión de Charlie de esa manera y no sé como se lo vaya a tomar él.
- Debes estar equivocaba, pero no importa. No debes preocuparte por nada de eso.
Tenía razón en eso, de momento había otras prioridades. Arrancó el auto y condujo hacia la escuela.
- ¿Descansaste bien anoche? – preguntó entusiasmado. Ahora estaba de muy buen humor.
- Mejor de lo que hubiera pensado – respondí- ¿Y tú?
- Se rió en voz alta antes de responder.
- Fue una noche maravillosa. La lluvia fue de lo más refrescante, pero – me miró con mirada divertida – sin duda estar dentro es mejor.
Me sonrojé recordando mis palabras de la noche anterior así que preferí cambiar de punto.
- Anoche dijiste que teníamos mucho de que hablar- le recordé y su expresión cambió al instante, pero no podía arrepentirme, era algo inevitable, aunque sin duda otro momento hubiera sido mejor.
- Sí. Bueno, también tenemos mucho tiempo.
- No quieres que lo sepa, lo que sea que es - dije después de unos segundos.
- No es que no lo quiera, sino que me asusta. No sé como puedas reaccionar y es frustrante – dijo viendo la carretera.
- ¿Qué es lo que te asusta exactamente?
- ¿No lo has adivinado? – seguía con la vista al frente.
- Prefiero saberlo.
Un suspiro fue toda su respuesta y continuamos en silencio hasta el estacionamiento de la escuela. Tener la vista en la calle me hizo conciente de la velocidad a la que manejaba y de lo bien que conducía.
- Discúlpame, Bella, por favor. No quise hacerte sentir mal - dijo después de apagar el motor-.
- Sé que es difícil para ti. Entiendo. Puedo verlo y eso me preocupa porque te está haciendo daño y no me gusta que te lastimes con tu silencio. Quisiera ayudarte ... y no sé cómo – dije con frustración viéndolo a los ojos y él puso su palma bajo mi barbilla.
- Lo que me asusta, Bella, es perderte, que quieras alejarte de mí.
- Es irónico – dije -. Yo siento que no saberlo es lo que me aleja de ti. No hay razón para que quiera alejarme de ti – declaré.
- Quizás simplemente no la conoces aún.
- Quizás – dije, no podía discutir con él sobre algo que no sabía – y quizás no me importe cuando la sepa.
- Debería importarte – me aconsejó.
- No tienes que contármelo ahora. Puedo esperar si crees que es lo mejor, puedes prepararme – sugerí y él se quedó pensativo.
- Tengo que decírtelo si voy a estar cerca de ti, no es bueno que lo ignores – dijo después de un rato. Tomé su mano helada entre las mías.
- ¿Puedo preguntarte algo ahora? – pregunté.
- Claro que puedes.
- ¿Tiene que ver con lo que pasó hace años? ¿Aquí en Forks, conmigo?
- Sí. Tiene que ver – contestó simple y breve.
- ¿Es solamente eso por lo que te alejabas de mi? Quisiera saber si es eso o si es otra cosa para evitarlo.
- No te gusta estar lejos de mí – dijo complacido.
- No – acepté.
- Sí, solo eso, como si no fuera suficiente razón – frunció el seño que luego se suavizó de nuevo -. A mí tampoco me gusta alejarme de ti. A veces mi resolución no era suficiente para mantenerme a la distancia que debía.
- Me alegra oírlo.
- Tal vez eso cambie.
- No por ahora.– le aseguré y mire por la ventanilla, empezaban a llegar más estudiantes, me recargué de lado en el asiento y él hizo lo mismo quedando de frente a mí..
- Tu y tu familia no socializan mucho.
- No. Generalmente no lo necesitamos y lo preferimos así. Bueno, más que generalmente – sonrió -. Tu eres mi excepción, mi única excepción – logró que me sonrojara de nuevo - . Te ves preciosa con ese color – siguió, tocándome la mejilla haciendo que ese color se intensificara - .
- ¿Sabes? Creo que hay otra cosa que también quisiera preguntarte – le dije con una sonrisa despreocupada para que viera que no era algo de que preocuparse.
- Adelante.
- ¿Siempre manejas a esa velocidad o tiene que ver con que hoy estés 'increíblemente bien'?
Se rió audiblemente por segunda vez en la mañana y aún no entrábamos a clases.
- Eso es porque hoy vienes conmigo. Ya sabes, lo que hace uno por la mujer de sus sueños o algo así pero mejor– dijo finalmente y yo bajé la mirada.
- Si Charlie te infracciona no le digas que es por mi culpa. Ya sabes, para no arruinar el buen precedente.
- No me infraccionarán. Además solo mejoraría las cosas si notara el cambio.
- Espero que no sea cierto - dije e hice una pausa -. Debo confesarte algo: Me gusta verte reír.
- Es justo, después de todo es tu culpa - ahora cambió la posición de nuestras manos y era él quien tomaba la mía entre las suyas.
- Es mi turno de preguntarte algo – dijo y enfocó los ojos en mi preparándose para analizar mi expresión-. ¿En verdad te preocupo?
- Claro que sí – respondí sin dudar – Edward ¿Cómo podría no preocuparme por ti?
Era obvio. Después de conocerlo no podía no preocuparme por él si ... si... ay Dios. Yo lo sabía, el lo sabía, pero decirlo era otra cosa. Acerqué sus manos a mi cara y las acaricié con la mejilla, luego las besé. No me importó si alguien pudiera vernos. Me acarició el rostro y suspiró.
- Hay que ir a clases - anunció. Abrió la puerta, salió y yo lo imité.
- Eres rápida – dijo con tono decepcionado- y con toda este gente aquí no podía...
Me tardé un minuto en procesar lo que decía.
- Lo siento, yo... – empecé, pero puso su dedo sobre mis labios.
- No te preocupes, te acostumbrarás. Hay ciertas cosas a las que tendrás que acostumbrarte conmigo – dijo y tomó mi mochila, también me tomó la mano y la apoyó en su brazo. Todo mundo nos miraba.
Hubo cosas inevitables ese día como el que las clases se me hicieran largas y que Jessica me preguntara por Edward otra vez, solo que esta vez pude decirle que sí salía con él. Lo más difícil fue cuando Mike me lo preguntó porque apenas el día anterior le había dicho que entre Edward y yo no había nada. A eso hay que agregar el que todos se nos quedaran viendo, sobre todo cuando entramos de la mano en la cafetería, de nuevo su familia fue la única en no prestar atención. Volví a sentarme en la mesa con Edward.
- No comes mucho – comenté cuando se tardó más de lo habitual en probar el primer bocado.
- En realidad no suelo tener apetito como los demás.
- No eres como los demás.
- Puedo comer algo para acompañarte – ofreció - .
- No tienes que hacerlo por complacerme, pero sí por tu salud.
- Llevo una dieta especial, no debes preocuparte por mi salud, mi padre es doctor y él es quien me la recomendó – dijo como si fuera algo divertido - . Todo está bien conmigo.
- Toda tu familia sigue la dieta, ¿verdad? – miré a sus hermanos.
- Sí.
- ¿Qué dice Alice? – pregunté.
- Demasiadas cosas la mayor parte del tiempo, es difícil mantenerla quieta y en silencio.
- Edward, sabes a que me refiero.
- Pregúntale tu misma – dijo señalando hacia la otra mesa con un gesto. Miré a Alice que me sonrió y me guiñó un ojo.
- De todos modos no importa lo que opinen, no cambia lo que siento por ti – dijo y su otra hermana, Rosalie, nos miró con expresión furibunda. Edward devolvió mi rostro hacia él con la mano.
- Eso quiere decir que no todos opinan lo mismo.
- Ya te dije que eso no importa. Ocupa tu mente con otras cosas, como a donde quieres ir saliendo.
- Ah... no tenía pensado ir a ninguna parte. Tengo que preparar la cena para Charlie y esas cosas – dije encogiendo los hombros.
- Puedo ayudarte.
- ¿A cocinar?
- Seguiré tus instrucciones, además tengo buen sentido del olfato.
- Muy bien.
Al siguiente llegaron Edward y Alice por mí a la casa y Charlie estaba encantado con eso, bueno con Alice, después de todo Edward hacía bien preocupándose por la buena opinión de Charlie, porque no pudo negar que era muy educado el día siguiente, cuando se lo presenté formalmente como mi novio. Edward me ayudó bastante con eso, yo solo tuve que empezar porque todo el ensayo se fue al caño a la hora de estar frente a Charlie. Pasé el resto del domingo con Edward, me llevó a Port Angeles y caminamos bastante. No estaba haciendo tanto frío y se me antojó un helado, lo que le pareció bastante gracioso a Edward.
- Nunca te ha gustado el frío. Además, ahora eres más sensible a él.
- No he dicho que no me guste el frío.
- Así que sí te gusta – me retó.
- Es agradable. El calor cansa y agobia, el frío no.
- Bueno saberlo.
Volvimos a casa temprano y se despidió de Charlie. Yo lo despedí hasta su auto.
- ¿En qué piensas? – preguntó
- En que mañana voy a tener que contárselo a Reneé – le dije.
- ¿No le va a gustar?
- Al contrario. Le va a encantar – dije haciendo una mueca y él se rió.
- ¿Paso por ti mañana?
- Mejor llevo la camioneta o mi papá va a pensar que prefiero tu coche.
- ¿Y cómo cree que te conquisté?
- No has dormido bien, ¿verdad? - dije.
- Descansa mi preciosa Bella.
- Hasta mañana – me despedí.
- Hasta luego – dijo él y prendió su coche.
La reacción de Reneé fue la esperada cuando la llamé y agradecí que estuviera a una considerable distancia en ese momento. En el transcurso de la siguiente semana me acostumbré a que Edward no comiera pero lo amenacé con preguntarle a Carlisle si era cierto lo de su dieta. De cierto modo sabía que era cierto. Después de la escuela llegaba por la puerta trasera de la casa y me ayudaba con las labores por lo que también me acostumbré a sus demostraciones de fuerza, nunca me dejaba cargar nada y no tenía reparo en mover cualquier mueble para que se me facilitara la limpieza.
Después hacía su aparición oficial, cuando llegaba Charlie, pero un día llegó antes, con el torbellino de Alice, su hermana favorita que mientras cocinábamos le hizo más caras a la comida de las que normalmente hacía Edward.
- Mañana quisiera llevarte a un lugar – me dijo Edward el viernes cuando se despedía.
- Bien, ¿a dónde?
- Bueno, vendré a buscarte y si después de que hablemos quieres ir, te llevaré.
- Está bien – entendí a que se refería-. ¿Ya es tiempo?
- Sí, es tiempo.
- ¿Aún tienes miedo? - pregunté y él asintió.
- Sabes que no me importa que seas diferente, no me importa que seas.
- Pero aún no sabes que tan diferente soy- me advirtió.
- Tendremos que ver mañana – le dije, sabía que no aceptaría garantías antes de tiempo.
- Solo debes preocuparte por ti.
- Claro - me quejé - , ¿qué clase de persona sería si no lo hiciera?
- Al menos en esto.
- Lo consultaré con la almohada.
- Hazlo. Vete a dormir temprano.
- Lo intentaré.
- Si no lo haces lo sabré.
- Supongo que debería tomarme eso en serio, pero mejor no pregunto.
- Tal vez mañana puedas hacerlo.
- Lo recordaré. Hasta mañana – me despedí dando dos pasos para atrás y Edward se subió al carro y lo encendió.
- ¡Edward¡ - lo llamé acercándome a su ventanilla.
- Sí.
- Te quiero– dije y sus ojos se iluminaron, necesitaba decírselo antes de mañana.
- Y yo a ti Bella. No tienes idea cuanto.
- Entonces recuerda cuanto te quiero.
- Será mi tesoro – dijo, nuevamente me hice para atrás y su coche empezó a avanzar.
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Listo, ya estoy cocinando el siguiente capítulo. Por favor su opinión.
Saludos
