- ¿Mi hermano? – preguntó Takeru mientras que se quedaban rezagados del resto del grupo en el Mundo Digital.

- Sí, ayer se quedó con nosotros a cenar y hasta mi hermano dice que está raro.

- Pues si él se ha dado cuenta de eso es que muy raro tiene que estar – se rio sin poder evitarlo haciendo que la chica que lo acompañaba hiciera lo mismo-. No lo sé, con todo el jaleo que hemos tenido por aquí y lo ocupado que siempre parece estar no he tenido tiempo de hablar con él.

¿Su hermano raro? Quizás tendría que fijarse la próxima vez que lo viera. Era lo malo de no vivir bajo el mismo techo que podía pasar una semana sin cruzárselo, y eso que ahora, al menos, vivían en la misma ciudad.


Al día siguiente de la lluvia, parecía que todavía iban a tener días lluviosos para rato. Por eso todas las actividades exteriores extraescolares habían sido canceladas. Y por eso mismo Sora estaba recogiendo todo para volver a meterlo en la mochila. Aquel día no tenía pensado ir hasta la biblioteca, había hecho su último examen aquella mañana y tenía entrenamiento. Ahora se había quedado sin excusas con las que tener que pasar la tarde estudiando para nada… Y ni siquiera tenía libros con ella allí para disimular.

No podía ir porque sí, parecería muy raro. Ni siquiera se atrevía a pasar por allí, más bien. Quizás lo mejor fuera irse a casa y dejar un poco las cosas volver a su cauce. Había estado pensando en frío que quizás ayer no tendría que haber dicho nada, que tampoco tendría que haber ido con tanta frecuencia a estudiar sin tener tampoco demasiado qué hacer. ¿No se suponía que pretendía hacer como si nada pasara? Así no iba a mejorar la cosa, pasando tanto tiempo con él no iba a dejar de pensar en lo que no debía. Pero tampoco podía cerrarse en banda de repente, se notaría demasiado y ver qué excusa buscaba.

Caminó en dirección a la salida de los vestuarios, decidiendo que la mejor opción del día era irse a casa. Con lo que no contaba ella era con escuchar su nombre tras haber dado unos pasos sin haberse fijado en si había alguien más o no en el exterior.

Por supuesto que reconoció la voz al instante, haciendo un esfuerzo considerable para poder girarse con la expresión que se suponía que debía hacerlo-. Yamato… ¿Qué haces aquí?

- Ya nos han dado las entradas para el concierto – cierto era, y que por una vez había usado la cabeza antes de liar alguna, también era cierto. Había ido a dársela primero a Taichi dejándole también otra para su hermana y ahora estaba allí.

- Ah – relajó un poco el gesto, intentando no volver a pensar en la extraña situación del día anterior justo antes de haberse encontrado a su mejor amigo. Alargó la mano para coger el papel que le tendía él, aceptándolo con una ligera sonrisa-. Gracias.

- No hay de qué… - tampoco había ido a eso específicamente, esa simplemente había sido la excusa que por fin le había permitido ir-. ¿No tienes entrenamiento hoy?

- No… con esta lluvia me lo han cancelado y… Y ya se han terminado los exámenes así que iba a irme a casa.

- Ah – ahora fue él quién se limitó a los monosílabos. No se había dado cuenta de eso tampoco.

Había un motivo por el que había ido a buscarla. Cuando había vuelto a casa había estado dándole muchas vueltas a que ella no hubiera dicho la verdad, no lo entendía. Y ya tenía bastante con las propias confusiones que él solo se generaba como para tener factores externos que lo ayudaran a empeorarlo todo.

- Bueno, yo… Creo que será mejor que vaya yéndome.

- Eh… sí, yo también, tengo que ir a ensayar… - en realidad no estaba seguro, sabía que algo tenía que hacer luego, pero en aquel momento no recordaba lo que era. Se fijó en que ella hacía por irse y dejarlo solo teniendo que recurrir a todo su valor para volver a abrir la boca-. Espera un momento – estuvo a punto de alargar el brazo para frenarla, pero por algún motivo no llegó a hacerlo como si le diera miedo que ese gesto fuera a darle calambre o algo.

La pelirroja se giró con gesto interrogante.

- Yo… quería preguntarte algo.

Esas cuatro palabras casi que pudieron resonar en el eco de aquel pasillo en el que solo estaban ellos dos mirando el uno para el otro cada cual con una cara de circunstancia más exagerada que la del otro. ¿Por qué las cosas se habían vuelto tan complicadas? ¿No podían volver atrás? Ese era el único pensamiento que común que parecían tener en aquel momento.

- ¿Pasa algo? – dijo ella tras unos segundos de silencio-. ¿Ha pasado algo con Taichi? – eso, sacando el tema comodín.

- ¡No! – aunque… -. Bueno, en realidad… Ayer cuando te fuiste me quedé hasta tarde con él en su casa, su madre apareció justo cuando me iba y me secuestraron para que me quedara a cenar.

- Entonces no acabaste empapado al volver a casa – vio cómo asentía con la cabeza antes de volver a hablar. O más bien, antes de abrir la boca para volver a cerrarla y, finalmente, atreverse a hablar de nuevo.

- ¿Por qué no le dijiste ayer de dónde veníamos? – soltó de golpe incluso bajando algo el tono de voz.

Otras palabras que prácticamente sonaron con eco en el pasillo y, desde luego, sí que sonaron con eco en la cabeza de ella. Llegados a aquel punto no estaba segura de si le iba tan rápido el corazón que no lo sentía o sin más se había olvidado de latir, pero no hubo disimulo alguno aquella vez. No tenía tan controlada la situación como a ella le gustaría, ni mucho menos se le daba bien hacerse la tonta. Se tomó su tiempo, probablemente intentando recordar como era la capacidad del diálogo.

- ¿Importa eso? – dijo al final con un nuevo aire, como ausente.

- Pues… si te lo estoy preguntando quizás es… - venga valiente – porque sí que importa – necesitaba saber si ella se había dado cuenta de algo extraño por su parte, porque, en ese caso, iba a tener que empezar a replantearse su comportamiento más de lo que ya lo había hecho.

- ¿Por qué? - ¿Había notado él algo raro en su comportamiento? Seguro que sí, con lo mala que era disimulando seguro que se había dado cuenta… Además, estaba acostumbrado a esas cosas, seguramente hubiera sido demasiado obvio todo.

Se quedó en silencio, atreviéndose a observarla por primera vez desde que había hecho la pregunta. A pesar de su propio estado de nerviosismo la conocía lo suficiente como para notar que estaba incómoda. Tenía que haber notado algo raro, ¡lo sabía! ¿Y ahora qué? Ahora nada, seguiría haciendo como si nada, no le quedaba otra opción, ¿o no?

A la vez que él se que le daba mirando ella hizo lo mismo, estudiando los gestos del rubio. Era obvio que algo había tenido que notar… Lo mejor iba a ser seguir como si nada, no podía arriesgarse a que, con el carácter de él, aquello lo hiciera alejarse de ella. Lo apreciaba más como amigo que como cualquier otra cosa, y tenía miedo de empeorarlo todo. Incluso aunque la mejor opción fuera dejar las cosas claras y al menos, poder esperar a que todo volviera a la normalidad.

- Porque qu… - por fin se había decidido a volver a decir algo, pero no llegó a terminar la frase.

- ¡Hermano! – la voz de Takeru acercándose por el pasillo y el sonido de sus pasos los sobresaltó de tal manera que hasta dieron un respingo -. ¡Llevo esperándote media hora! ¿Dónde te habías metido? ¡Hola Sora! – los observó, detenidamente un par de segundos.

- ¿Esperándome? – frunció el ceño, confuso… Un momento, ¿no había dicho antes que tenía algo qué hacer? ¡Oh! -. ¿Ya es la hora? Había venido a darle la entrada del concierto a Sora - eso, ante todo, había que dejarlo claro.

- Hola – saludó ella al otro chico, agradeciendo que hubiera aparecido interiormente porque no sabía cómo iba a salir de aquello sin más problemas de los que ya tenía-. ¿Vas a ir al concierto tú también?

- Claro, sino cualquiera aguanta las acusaciones de mal hermano.

- Bah… Ni que no tuviera yo otros fans de los que preocuparme que del único que de verdad tiene que venir por compromiso si no quiere que su padre le dé una colleja – Yamato hizo el gran esfuerzo de sonar como si no hubiera pasado nada allí.

Aunque, realmente, tampoco había pasado nada. Se despidieron de la pelirroja para ir en busca de las cosas del rubio y poder continuar por su lado. Ella, agradeció por fin poder desaparecer, esperando que todo aquello quedara en solo eso o, al menos, tener tiempo de buscarse una buena excusa que sonara coherente.

No fue hasta un rato más tarde, cuando iba de camino a casa, que sintió que su móvil vibraba en el bolsillo. Lo sacó para ver que acababa de recibir un mensaje, leyendo el remitente casi a la vez que el contenido del mensaje:

"Porque quiero saber qué motivo puede ser tan importante para hacerte a ti mentirle a Taichi".