Bueno, aquí les traigo el nuevo capítulo, es un poco largo pero espero que lo disfruten, debido a este capítulo eh tenido que agregar parafilias a la lista de advertencias y bueno, ya saben que sobre aviso no hay engaños.
Advertencias: Zoofilia, Fetichismo, Dominación-Sumisión, (y por si aun no se han enterado) yaoi.
Capítulo 11
Un paso atrás.
-Volveré en un mes o dos, quizá.- escucho a Ace decir y el pequeño no sabía que pensar, era cierto que no debería afectarle la partida del pirata pero parecía que lo estaba haciendo, no podía creer que en apenas unos días se hubiera 'encariñado' con el.- Hum, supongo que no estarás para mi cumpleaños entonces.- murmuro el joven azabache intentando no pensar en todo aquello que realmente era importante en aquel momento, como el hecho de que acabara de engañar a su prometido con un hombre que quizá nunca en la vida volvería a ver ¿En que posición le dejaba aquello? peor aún era el hecho de que estuviera deseando volver a ver a dicho hombre. -Te traeré un regalo.- escuchó al mayor decir mientras sentía las suaves caricias en su cabello, aquello era como querer sobornar a un niño que estaba llorando con un dulce y odiaba a el otro por intentar aquello.- No lo necesito.- dijo un poco más cortante de lo que le hubiera gustado, pero no creía en las palabras del otro, no tenía motivos para volver, ¿Por qué lo haría? no parecía tener motivos y no estaba dispuesto a hacerse falsas ilusiones ¿Cobrarse el favor que le había hecho hace tanto? no parecía que tuviera prisa por ello y dudaba que lo que acababan de hacer contase como pago, pero el mayor solo había reído y revuelto sus cabellos de manera traviesa, aparentemente divertido ante su enojo .- Bien, entonces haré algo que tú me pidas a mi regreso.- Escucho al otro ofrecer, ¿sus oídos le engañaban o había podido escuchar a el mayor más animado ante la excusa perfecta para volverle a ver? seguramente eran solo ideas suyas, no había forma de que eso fuera verdad concluyó pero igualmente acepto esta última propuesta.
-¿Harás cualquier cosa que yo te pida?- Dijo el chico de la cicatriz de pronto serio, la misma seriedad que años atrás cuando le prometiera compensarle por su ayuda si le facilitaba el huir de aquella situación, y por ello el mayor adquirió la misma seriedad del pequeño que en ese momento le parecía mucho más respetable que cualquier adulto así como estaba desnudo y con los cabellos revueltos ¿Cómo es que ese mocoso conseguía aquello? Pero bueno, si a esas íbamos había otras muchas cosas que no entendía como el pequeño lograba pero no entraría en nimiedades -Cualquier cosa que tu pidas.- sentenció el pecoso sin atisbo de duda en su voz.- Bien, no vayas a arrepentirte después.- escucho y sabía que aquella sería una promesa de la que no se zafaría pero tampoco le importaba demasiado pues sabía que cuando el cobrase su propio favor el menor cumpliría cabalmente, además, ¿Qué tanto podría pedir un niño mimado que ya lo tenía todo? La sonrisa un poco maliciosa del chico sin embargo le dejaba un poco incómodo sin saber bien por qué.
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El tiempo pasaba sin demasiados contratiempos, al menos no para el pequeño azabache, a pesar de que aquella noche cuando volviera de la posada había tenido que responder a varias preguntas un poco incomodas por parte de su prometido el chico había logrado más o menos salir bien librado, claro que Sabo tampoco era estúpido y si le hubiera visto aquellas marcas por todo el cuerpo lo que ya sospechaba se habría visto confirmado irremediablemente, pero quizá por orgullo o negación parecía que no había querido confirmarlo pues tampoco le había presionado tanto y tras unas semanas las cosas casi volvían a la 'normalidad' a tal punto que el pequeño comenzaba a preguntarse si aquello no había sido más que una aventura a la cual no prestarle importancia, aunque las repercusiones de esta en sus emociones no las había podido prever, y no tardo demasiado en que aquellas se hicieran notar tampoco.
Los primeros días las marcas de su cuerpo habrían hecho imposible el negar cualquier cosa, razón por la que se había pasado evitando al rubio al punto de levantarse antes que él y no volver hasta que este estuviera dormido, si bien le dolía aquel alejamiento tampoco se sentía con ánimos de dar explicaciones o soportar dramas (que aunque los sabía bien merecidos poco le importaban) a punto había estado de sugerir habitaciones separadas pero aquello habría resultado demasiado sospechoso hasta para alguien que al parecer se esforzaba por no ver la verdad ante sus ojos, pues el rubio si bien sospechaba algo no le había buscado demasiado tampoco.
Después de que los chupetones hubieran desaparecido y las marcas en sus caderas, provocadas por el fuerte agarre del otro, ya no fueran tan notorias había podido relajarse un poco pero no olvidar el tema. El feroz interrogatorio por parte del rubio en cuanto empezaran a pasar un poco más de tiempo a solas no se había hecho esperar, al menos en un principio, pero haciéndose el molesto o indignado lograba zafarse de la mayor parte de aquello, en especial por que las reacciones de su prometido cuando se pretendía molesto realmente lograban irritarlo, motivo por el que no le costaba tanto fingir aquel sentimiento, en realidad lo peor no era que le estuviera ocultando la verdad a Sabo, probablemente podría haberlo dicho y el rubio le habría 'perdonado' si es que siquiera le importaba lo que Luffy hiciera realmente, no, lo peor era que ni siquiera sentía el mas mínimo atisbo de culpa por lo que había sucedido, si acaso había una parte de él que incluso estaba esperando a que sucediera de nuevo.
El alejamiento físico que había sufrido tanto de su amante como de su prometido le dio sin embargo tiempo más que suficiente para poner sus ideas en claro, aunque aquello no era tarea fácil, más que nada porque nunca se había preocupado por hacerlo, por lo general solo se dejaba llevar por sus instintos o caprichos, y no es que estuviera buscando una solución a su supuesto problema, por el contrario únicamente le importaba saber lo que realmente sentía, el que sintiera una u otra cosa no tenía por que cambiar su comportamiento, nunca lo había hecho, pero al menos le daría una clara idea de donde se encontraba su corazón para así poder mantener a este bajo un control más estricto, después de todo como ya había comprobado aquello de las emociones no era ni útil ni grato, ya había malgastado bastante de su tiempo en cosas inútiles y reacciones humillantes como para seguir permitiéndose aquello, después de todo eran estas las que le habían llevado a hacer lo que había hecho ¿Iba a dejarle Sabo cuando cumpliera los 18 en poco menos de un año? Sinceramente había dejado de importarle ¿Cuál era el punto de mortificarse por aquello? Casi un mes tras la partida de Ace, Luffy se había dado cuenta de que había caído en un estado de indiferencia bastante grave, no le importaban un bledo las cosas que antes le carcomían por dentro. Aquella indiferencia era marcadamente similar a la que había experimentado durante todos los días de su corta vida antes de conocer a Sabo, aunque si ahora tenía al rubio… ¿Cómo es que se sentía entonces de esa manera? Sencillo, la respuesta es que no le tenía en realidad, nunca lo había tenido, solo su estúpida mente infantil le había hecho creer que podía ser de otra manera, por mucho que se hiciera ilusiones aun de más joven sabía que el su prometido nunca había sido suyo del todo, y a pesar de estar tan cerca el uno del otro y de lo mucho que compartían el pelinegro sabía que las cosas entre ellos jamás cambiarían si los sentimientos de el otro no eran libres y recíprocos. Aquello le fastidiaba y le entristecía al punto de buscar no sentirlo (De ahí la indiferencia) o de distraer su mente con otras cosas.
Sin darse cuenta aquellas distracciones se habían vuelto en el rumbo de cierto pecoso, comenzando a extrañar su presencia y aquellos encuentros furtivos de los que había gozado tan efímeramente, con frecuencia se sorprendía a si mismo mirando a la mar y rememorando su último encuentro, sus manos, su caricias, su forma de hacer el amor... quizá le estaba extrañando más de lo que debía, o quizá únicamente usaba aquello como excusa para no pensar en las cosas que realmente dolían, un dolor más soportable para cubrir otro más profundo, por muy idiota que sonara funcionaba bastante bien. Sin mencionar que la otra alternativa resultaría en lastimar al rubio de nuevo… y si algo había estado intentando hacer era precisamente el no lastimarle de nuevo.
Así entre esas distracciones recordaba por ejemplo que aquel día hacía ya casi un mes había observado con curiosidad y atención la amplia espalda del pecoso mientras este se levantaba en busca de sus ropas, al pequeño no le apetecía vestirse o ponerse en pie pero tenía hambre, y dudaba que aquella taberna tuviera servicio a la habitación; La espalda del mayor estaba adornada por un precioso tatuaje purpureo en forma de calavera con un curioso mostacho sobre una suástica, el más alto le había explicado que se trataba del símbolo de su 'padre' el pirata "Barba blanca" y para delirio y deleite del pecoso el menor enarcando una ceja señalo renuente que aquello no tenía sentido ¿Cómo iba a llamarse Barba blanca un hombre con tan prominente bigote y ni un pelo de barba?
El pecoso simplemente se había echado a reír, le gustaba aquella risa y esa sonrisa fácil y casi infantil del mas alto, le hacían sentir una extraña calidez, entre conversación y conversación se había enterado de que los ataques físicos no podían herir al mayor, lo cual le había parecido bastante injusto pues mientras el lucia sendas marcas ahora que reparaba en ello los rasguños que deberían haber dejado sus uñas en la espalda del pirata no aparecían por ninguna parte. Bastante tentado estuvo a sugerir la misma clase de juegos que a veces (muchas veces por no decir siempre) practicaba con Sabo únicamente para ver como reaccionaba el otro pelinegro pero realmente no le atraía la idea de aquello sin la sangre o el dolor así que lo había dejado pasar de momento, aunque ahora cada vez más su curiosidad vencía a aquellos pequeños 'inconvenientes' de manera que quizá si volvía a verle algún día lo sugeriría.
Mientras aun ignoraba ligeramente a su prometido (más para protección de este que porque realmente deseara hacerlo) además de las actividades diarias también se había comenzado a entretener buscando información acerca del pirata y las 'frutas del diablo' como había dicho el otro se llamaba aquella cosa que hacía que el cuerpo del mayor no pudiera sufrir daño y aunque en su mayoría la información referente a estas era tediosa y difícil de entender había podido aprender al menos que había 3 tipos básicos y se había preguntado a que clase pertenecería la del pecoso y que es lo que haría realmente, su apodo, puño de fuego, le daba una idea, pero no sabía a ciencia cierta lo que podría hacer, pues antes de su primer encuentro estaba seguro que el pirata no la había poseído, no, si lo hubiera hecho seguramente el escape de hacía unos años habría resultado más sencillo.
Aunque había múltiples argumentos, inentendibles para él, en cuanto a la fuerza real de cada fruta comparada con otras aquello le hacía doler la cabeza así que no le dedicaba demasiada atención, simplemente sabía que el pecoso probablemente poseyera algo muy útil. También había aprendido que con una clase de metal o piedra (no estaba seguro bien que era) que se encontraba en el fondo del mar se podía neutralizar aquellos poderes al igual que si se les sumergía bajo el agua, ya que, por razones fuera de su comprensión de nuevo, los usuarios de estás frutas eran débiles ante el agua.
Quizá solo necesitaba meter a él pecoso a una tina para tenerlo a su merced, aquello le resultaba casi divertido a la vez que ridículo.- ¿Por qué un pirata, que vive su vida en el mar, se comería una fruta del diablo por voluntad propia? - Cuestionó llamando sin proponérselo la atención del rubio que se encontraba en aquel momento en la misma habitación, sentado sobre la cama mientras el pelinegro ocupaba un lugar junto a la ventana.- Supongo que depende del poder que esta tenga.- Escucho al rubio responder y apenas entonces noto que había hablado en voz alta. Sonrojándose ante su descuido pretendió devolver su atención a la lectura aunque podía sentir la mirada del otro en su nuca, valla si este podía llegar a ser fastidioso en ocasiones ¿Acaso no notaba que estaba tratando de ignorarlo?
A últimas fechas mientras el investigaba Sabo leía sus propios libros en la misma habitación, creía que este se habría librado de aquel habito tras el breve alejamiento que habían tenido, pero al parecer no había corrido con suerte... 'Es para pasar más tiempo juntos' le había dicho el rubio en alguna ocasión cuando aún hacia lo que fuera para estar con el rubio y él había sonreído como el idiota que el otro seguramente pensaba que era aunque en realidad no veía el punto en absoluto de pasar el tiempo juntos si en realidad no iban a hablar o a convivir... entendía que a veces el silencio estaba bien, para alguna gente, pero a él no le gustaba el silencio, no en aquel entonces, y aunque ahora no le molestaba tanto también se había dado cuenta de que el rubio solo hacia aquello por costumbre, no le interesaba estar con el otro si solo iba a ser de aquella forma y lejos de ponerle feliz como antes ahora solo le molestaba.
En otros tiempos si no era junto a Luffy el mayor no habría podido leer a gusto pues si no eran cosas de negocios los padres de Sabo consideraban cualquier otro tipo de lectura como una pérdida de tiempo y le prohibían estrictamente esta, en especial aquellos libros de fantasías y crónicas de travesías y aventuras por los que el rubio tanta fascinación sentía, pero si se encontraba en compañía del moreno nadie le molestaba, ni siquiera sus propios padres, sabía que en aquellos momentos Sabo no buscaba su compañía si no la propia conveniencia y aunque lo hiciera de forma inconsciente aquello no dejaba de parecerle bastante desagradable, lo peor del caso es que el mismo azabache en su búsqueda de cercanía y afecto por parte del rubio se lo había permitido sin poner pero alguno con tal de estar a su lado y ahora que se le había vuelto costumbre a pesar de que le molestara no se sentía con derecho a negárselo, después de todo era su propia culpa que las cosas hubieran llegado a ese punto.
-Sí, supongo que tienes razón.- había concedido con una pequeña sonrisa el menor esperando que aquello fuera el final de la conversación, pero al parecer no sería así ya que sin saberlo había tocado un tema que le interesaba a el rubio, este incluso había bajado el libro que estuviera leyendo hasta entonces y lo había comenzado a bombardear con historias de un millar de héroes, piratas y exploradores que se habían encontrado con aquellas frutas. Le agradaba ver a el rubio tan emocionado por algo y por ello había escuchado pacientemente sus historias, incluso había reído con algunas que le parecían graciosas pero por mucho que lo intentara no lograba contagiarse con aquella emoción del otro, cosa rara ya que por lo general le gustaban mucho las historias que el otro le relataba cuando se las pedía... quizá era el hecho de que él no hubiera solicitado aquellas historias del rubio, o quizá que aquel tema nunca lo había relacionado con su prometido, o quizá, y solo quizá que el hecho de que Sabo y Ace pudieran tener algo, por ínfimo que fuera, en común, de alguna manera le ponía celoso eh irritable, fuera como fuera realmente no quería seguir escuchando aquellas historias eh incluso se había sorprendido a si mismo esperando que el otro se callara la boca de una buena vez.
-No sabía que te interesara el tema.- escucho al rubio decir aun emocionado, con esa radiante sonrisa que en otro tiempo le habría hecho suspirar, era tan raro verla y ahora que la veía ni siquiera podía disfrutar de ella a gusto, su corazón había dado un vuelco, como si se le saliera del ritmo que debía marcar pero a la vez algo más obscuro y perturbador también se había hecho presente, dios si el rubio supiera lo que le hacían sus sonrisas- No me interesa.- mintió el pelinegro un poco más seco de lo que le habría gustado, arrepintiéndose de inmediato al ver la expresión un poco triste en el rostro del mayor ante su respuesta, aquello era algo que no había esperado y tampoco era bueno, las cosas se le saldrían de las manos de nuevo a aquel paso.- oh... ya veo...- el rubio ahora sonaba nervioso, como si hubiera comprendido de pronto que había cometido algún error, aquello era casi gracioso ¿Por qué se ponía nervioso? quizá sabía lo que se avecinaba, tanto tiempo juntos seguramente ya se lo habría enseñado, aunque al parecer aun con todo ese tiempo juntos no había aprendido que era poco recomendable mostrar ese tipo de expresiones ante el pequeño pues estas únicamente alimentaban aquel lado sádico que la mayor parte del tiempo intentaba por todos los medios controlar, a pesar de lo que el otro podría pensar realmente se estaba esforzando por dejar de hacerle daño de una vez por todas a su prometido, aunque mientras más se esforzaba el por dejar de hacerlo parecía que el rubio más se esforzaba por tentarle ¿Era acaso idiota o solamente masoquista para provocarle así? -No es necesario que pongas esa cara.- murmuró el azabache en un esfuerzo por disculparse y calmar al rubio antes de que las cosas se pusieran peor, aunque aquello no había salido exactamente como lo esperaba pues en lugar de relajarse podía sentir el ambiente mucho más tenso, el rostro del rubio teñido con aquello que había podido identificar como miedo, ah, aquello era malo
¿Había creído Sabo que estaba enojado? gracioso... comenzaba a disfrutar con aquello aunque sabía que eso no estaba bien. Soltando un suspiro algo pesado dejo su libro sobre la mesita de centro, dirigiéndose hasta donde estaba el rubio con pasos calmados, lentos, podía sentir al mayor más tenso con cada paso que daba en dirección a él; Aquello comenzaba a fastidiarle.
Aquello comenzaba a gustarle.
Si bien era cierto que los primero días después de dejar de evitar al rubio se había fingido molesto con él en ocasiones que no lo ameritaban no pensaba que le hubiera hecho al otro nada lo suficientemente malo como para obtener una reacción así por unas cuantas palabras... no aún.
Pero si el rubio quería jugar a la víctima no sería el quien le negase el placer.- Te dije que no pusieras esa cara amor.- murmuro con algo de molestia real, podía sentir su corazón palpitar en anticipación mientras tomaba el rostro del mayor en una de sus pequeñas manos, sonriendo maliciosamente.- Lo lamento...- escucho murmurar al rubio de manera rápida, en un tono casi patético, la chispa de furia contenida que brillara en los ojos del azabache ante aquel tono habían hecho que el rubio se estremeciera, odiaba escuchar aquel tono de voz en el rubio, realmente lo odiaba, era aquel mismo maldito tono de voz que siempre le hacía perder la razón. Su autocontrol ya había salido por la ventana.
Dedicándole una sonrisa casi tierna beso la frente del rubio con suavidad, acariciando su cabello de forma gentil antes de sujetar aquellos rubios rizos con tal firmeza que sabía lastimaría a el mayor un poco.- y lo lamentaras aún más mi amor...- murmuro el pelinegro en un tono peligrosamente dulce, casi empalagoso.- Supongo que sabes lo que viene, ¿No?- continuó el pequeño con una ligera sonrisa, la suave afirmación que el más alto hiciera con su cabeza había sido suficiente para hacerle sonreír aún más. Aquello sería divertido.
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A últimas fechas el pequeño pelinegro se había convertido en algo más que un tirano para Sabo, se había vuelto al mismo tiempo más huraño pero más necesitado, como si tratara de compensar los prolongados periodos de alejamiento y soledad con los fugaces momentos que compartían en privado, no es que no se vieran constantemente, ya que compartían todas sus clases y dormían juntos, pero en cualquier momento libre era fácil que el más pequeño le buscara o evitara a capricho, de manera tal que la cuidadosa rutina que había seguido durante los últimos años había quedado destrozada, con lo cual el rubio se veía forzado a pasar más tiempo del que le gustaba en aquella casa pues era casi insoportable el humor que se cargaba el pequeño si le hacía esperar demasiado cuando a este último se le antojaba u ocurría estar con él; incluso el mismo humor del pequeño se había vuelto más impredecible y radical, los desplantes de ira se turnaban a las palabras amables y casi arrepentidas, casi. El arrepentimiento probablemente no era algo que aquel chico conociera.
La tristeza y la felicidad batallaban en aquello ojos cafés que últimamente parecían no encontrarse del todo ahí... pero nada le causaba tanto temor como aquella falsa dulzura con la que le trataba el menor cuando realmente iba a hacerle algo doloroso o humillante. Aquel tono de voz le reservaba exclusivamente para él.
No era que no estuviera acostumbrado ya desde antes a los castigos que el pequeño le imponía de vez en cuando, si no que estos se sentían diferentes, mientras que anteriormente podía sentir que estos de cierta forma aliviaban al pequeño y había podido disfrutar hasta cierto punto con ellos también ahora la sensación era completamente diferente, la calidez y el arrepentimiento que el otro le demostraba tras hacerle daño no solo eran escasos si no que les sentía inclusive falsos
¿Había hecho algo para merecer aquello? no estaba seguro, y más aparte estaba aquella terrible duda de que Luffy ya no sentía nada por él, pues incluso en los momentos cariñosos o agradables parecía haber en el chico una furia contenida que al no saber cómo desfogar acababa haciéndole explotar a la mas mínima provocación.
El pelinegro se había convertido en un demonio sediento que se alimentaba mediante su dolor, parecía que ningún otro sentimiento podía calmarle o satisfacerle más que aquel (o quizá lo había pero aquello que el otro buscaba no podía proveerlo) pues ya fuera sumiso o se revelara el resultado siempre era el mismo. A veces se preguntaba el motivo por el que seguía en aquel lugar pero la respuesta era tan simple, tan dolorosamente simple que prefería no pensar en ella. Sabía que "lo siento" no era lo que el chiquillo quería escuchar, "Te amo" hubiera sido lo correcto pero no quería usar palabras en las que no creía, no era que no las sintiera, simplemente no creía en esas nociones idiotas, o quizá el idiota era el por pensar de aquella manera, quizá todo hubiera sido más fácil si hubiera sido sincero desde el principio cuando aún podía pensar que el cariño que llegaba a sentir en ocasiones por el menor era otra cosa, pero ahora eso ya no era posible, sabía que si estaba ahí no era por amor por que no creía que este existiera, pero tampoco insultaría al otro mintiéndole, por ello si no por cualquier otra cosa sabía que se merecía cualquier cosa que el chiquillo le tuviera reservada, una sonrisa amarga solía cruzar su rostro al pensar en aquello, lo que en un principio había aceptado para ayudar a que el otro desquitara su dolor ahora se había tornado en una forma de tortura personal que casi gustoso aceptaba, era como un estúpido cordero que iba directo al matadero, él no era nadie, tampoco tenía a nadie más que a aquel chiquillo y si el mocoso que tenía como prometido se aburría de él y decidía dejarle seguramente se encontraría irremediablemente solo. Alguien así no tenía derecho a sentir otra cosa que no fuera lo que el ya sentía.
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El collar de castigo se clavaba en su cuello si se movía en alguna manera que a su "amo" no le agradara, desnudo y con la mirada en el piso no se le permitía hablar o moverse hasta que el otro lo autorizara, sentado sobre sus propias rodillas y con las manos en el piso no sentía del todo el frio de la noche debido al calor de la vergüenza ¿Cómo es que había acabado ahí? no tenía ni idea, denigrado al nivel de una simple mascota sentía su cara arder pero se había tragado ya el orgullo mucho tiempo atrás, no era nadie, solo quería acabar con aquello lo más pronto que le fuera posible. Las manos acariciándole el rubio cabello como se acaricia a un simple perro intentaban 'calmarle' mientras el verdadero animal le rondaba, olfateándolo con curiosidad, un Golden retriever de pelaje color miel, dócil, amigable, precioso, pero aun así la fría nariz del sabueso en contacto con su piel desnuda le ponía la carne de gallina, el collar se encontraba relajado, indicándole que podía moverse y aprovechando aquello había dedicado una última mirada de súplica al pelinegro solo para estremecerse aún más al notar que a quien suplicaba podría bien haber sido un completo extraño.
La frialdad y crueldad en el rostro del pequeño bien podrían haberle hecho parecer varios años mayor y sabiendo que no conseguiría nada bueno prolongando aquello por más tiempo se había inclinado para quedar a la altura del otro animal, sintiendo como este cariñosamente le lamia la cara no había podido evitar una sonrisa amarga, casi triste.- Parece que le agradas,- escuchó al azabache decir en aquel dulces y peligroso tono haciendo que el rubio mordiera su labio inferior.-¿Por qué no se lo demuestras tu también Sabo?- continuó el pequeño y debió contenerse para no soltar algún suspiro indeseado, comenzando a repartir de manera un poco renuente algunos besos por el rostro del animal, pero la suave risa sin humor que había escuchado nacer de la garganta del otro lo habían hecho apretar los ojos esperando lo peor.- No amor.- el moreno parecía casi paciente.- un poco más... usa tu manos.- la sugerencia parecía inocente más el tono algo obsceno no dejaba duda a lo que el menor esperaba y sabiendo que al chico no le gustaba esperar sin demasiados rodeos comenzó a tentar entre las patas traseras del sabueso con cuidado, no quería que el animal tuviera la idea equivocada y acabara mordiéndolo pero tampoco tenía duda alguna de lo que debía hacer. Cuando encontró lo que buscaba comenzó a estimular a aquella bestia con caricias suaves. Al parecer al animal aquel no le molestaba en nada el contacto pues enseguida se había tumbado boca arriba para facilitarle el trabajo al rubio y recibir más fácilmente aquellas caricias.
Era un poco perturbador ver a aquel animal tan feliz que incluso comenzaba a mover la cola mientras tomaba su miembro con mayor descaro, sintiendo el falo de aquel can comenzar a tomar forma y tamaño entre sus manos, comenzando a salir un poco viscoso desde el saco donde regularmente se guardaría de no estar ya tan excitado, una ligera sensación de asco se apodero de Sabo pero continuo con aquello a sabiendas de que si se detenía las cosas podían acabar pero.- mhh...- el suave suspiro o gemido ahogado (no sabía distinguir bien) que escuchara a sus espaldas comenzaba a dar un toque más obsceno a las caricias lentas en sus caireles rubios, las manos pequeñas del azabache bajaban ya a sus hombros, ya a su espalda y muy a su pesar podía sentirse incluso a si mismo despertar al sentir la excitación del menor por lo que había incrementado el ritmo de las caricias que le brindaba a aquel cachorro con sus manos inconscientemente, subiendo y bajando con mayor fuerza por toda su extensión como si estuviera atendiendo a el otro chico o a sí mismo, aquello sin embargo en lugar de agradarle al sabueso parecía comenzar a desesperarlo pues sin previo aviso se había levantado y subido sus patas a los hombros del rubio para comenzar a restregarse contra cualquier pedazo de piel del rubio que encontrase mientras el asustado muchacho intentaba alejarse solo para recibir un fuerte y doloroso tirón al collar de castigo que le había hecho quedarse quieto, de nuevo sentado sobre sus propias rodillas mientras escuchaba al sabueso quejarse y gruñir cerca de su oreja, su peludo cuerpo comenzando a moverse para frotar de nuevo ese miembro húmedo y caliente contra su cuerpo, esta vez entre las rodillas del rubio, como si esperase que lo siguiera atendiendo, el gruñido molesto que saliera de su propia garganta estaba un poco atenuado por el dolor ¿Qué tanto más planeaba humillarle el pelinegro?
-Calmado amor, no es necesario que te agites.- escuchó al pelinegro murmurar más como una advertencia que cualquier otra cosa antes de soltarle un poco el collar, dejando de lastimarle por el momento aunque aún podía sentir su piel punzar ligeramente en las áreas donde se le clavaban los picos del collar. -Sigue atendiendo a nuestro amiguito.- escucho ordenar a Luffy tras él, hincándose para estar a su altura, el rose de la ropa del menor sobre su piel desnuda causándole un leve escalofrió y el cálido aliento del moreno en la parte de atrás de su cuello opuesto a el pesado y enrarecido aliento del sabueso en su cara le habían estremecer.
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Sonriendo aunque sabía que el rubio no podía verlo comenzó a besar el cuello y la espalda del mismo de forma lenta y cariñosa, en una mano sostenía la cadena que conectaba a el collar de castigo que había hecho ponerse al rubio y con ella comenzaba a rosar su propia excitación sobre la ropa mientras que con la otra recorría el cuerpo del contrario, trazándole el pecho desnudo hasta el vientre donde apenas si rosaba el miembro semierecto del otro con descuido antes de subir de nuevo a su pecho y su cuello.- Anda amor...- le apremió en un tono casi amenazante al sentir que el rubio no se movía.- ¿O necesitas que te enseñe cómo?- preguntó el azabache algo divertido, comenzando a rosar con mayor descaro el miembro del rubio con caricias furtivas y lentas, sintiéndole despertar cada vez cada vez más en su mano.
La negativa por parte de la cabeza del rubio había llegado unos segundos antes de que sintiera a este comenzar a moverse, atendiendo de nuevo con su mano al perro que el pelinegro le había llevado para 'jugar' con el.- Así está mejor...- susurro un poco pesado continuando con las propias atenciones en el miembro del rubio, el mismo no se encontraba precisamente tranquilo y sentir al rubio comenzar a ponerse cada vez más duro en sus manos a pesar de la situación le ponía todavía más excitado.
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Las manos del pequeño eran una deliciosa tortura en su miembro que empezaba a empalmarse cada vez más, hundiendo su cara en el pelaje de aquel animal la respiración de Sabo era cada vez más entrecortada, al punto que incluso para el mismo le era difícil diferenciar esta de los jadeos que ahora soltaba sobre él, el excitado can que con desespero propio de aquel animal le envestía la mano con la que se encontraba atendiéndole, casi había comenzado a disfrutar de aquella humillación, la suavidad y parsimonia con la que el pelinegro atendía su ahora palpitante erección desde la base hasta la punta eran desesperadamente sensuales y le forzaban a soltar más de una gemido ahogado mientras su propia mano apuraba el ritmo en el falo del animal como si intentara que el menor hiciera lo mismo, aunque en lugar de eso aquel condenado mocoso simplemente seguía con sus lentas caricias ¿Acaso esperaba que le suplicara por ello?
- Nhh... Sabo... dios, parece que esto te gusta más de lo que había pensado...- el tono morboso y un poco siniestro en la voz del menor debería haberle alertado que eso no acabaría así de fácil, pero estaba tan fuera de sí en aquel momento que las siguientes palabras del pelinegro le habían tomado desprevenido.- Si tanto te gusta supongo que no te molestara usar tu boquita amor...- las náuseas le invadieron al instante, los movimientos de su mano deteniéndose en seco aunque podía sentir el viscoso miembro del canino moviéndose contra su mano, la pesadez de su pecho le gritaba que se detuviera, que no se dejara denigrar de esa manera, pero el recuerdo del intenso dolor en su cuello si llegaba a desobedecer (pues sabía que el menor no dudaría en jalarle del collar de castigo hasta hacerle sangrar y forzarlo a lo que quería de ser necesario) le habían hecho resignarse prontamente.
Colocándose a gatas por debajo del cuerpo del sabueso se acercó hasta poder sentir aquel rosado falo chocarle contra los labios, tragando saliva con algo de dificultad entreabrió la boca para dejar entrar el miembro de aquel animal, sintiendo como desde el principio este comenzaba a invadir su boca de manera rápida y violenta pues el sabueso al parecer más excitado por la humedad la boca del rubio no había tardado en montarlo como si se tratara de una hembra y enterrar sus patas en las caderas del mayor para comenzar a follarle la boca con brusquedad hasta que el chico podía sentir el falo de aquel animal golpearle la garganta, provocándole arcadas que hacían que su boca se encontrase aún más estrecha. Entre las piernas del rubio las manos del menor apretaban y masajeaban sus genitales de manera mucho más complaciente y menos gentil, causándole una mezcla de sentimientos entre el placer y el asco pues aquellas atenciones se volvían cada vez más rápidas y deliciosas con el pequeño apretando y acariciando sus testículos y su miembro al mismo tiempo, de manera que cuando comenzó a sentir los espasmos de placer que preceden al orgasmo no pudo más que ahogar sus gemidos en el miembro de aquel sabueso, sintiendo algunas tímidas lagrimas cristalizarse en sus ojos, no sabía que era más humillante, el hecho de que el pequeño le estuviera haciendo atender a aquel animal con su boca o el que fuera a hacerle correrse mientras hacía aquello.
El orgasmo le había llegado antes de lo que esperaba, el pequeño clavando sus uñas ligeramente en la sensible piel de su miembro había hecho que se corriera con más fuerza de la que le gustaría admitir, dejándole la mente en blanco por algunos segundos. Para cuando había podido reaccionar el sabueso se encontraba en algún lugar incierto de la habitación mientras el menor le jalaba a él por la cadena levemente para que le siguiera hasta la cama, Sabo había hecho el ademan de levantarse pero la mirada del azabache le había advertido que aquello aun no terminaba y solo de pensar lo que el otro tendría planeado hacer ahora comenzaba a temblar ligeramente, el pequeño no podría... no, no, definitivamente no podría... intentaba convencerse cada vez más frenéticamente, presa del pánico hasta que una vez al borde de la cama el menor se sentase en esta liberando de entre sus pantalones una prominente erección justo frente a la cara del rubio que aún se encontraba a gatas en el piso.- Es mi turno de disfrutar amor...- le escucho decir con la voz destilante de lujuria y el sonrojo en las mejillas del pelinegro le hacían lucir casi adorable.- si me complaces lo suficiente prometo no hacer aquello que tanto temes...-
La caricia en sus cabellos mientras el menor le guiaba no había hecho nada por relajarlo pero la esperanza de que aquello terminara si hacia un 'buen trabajo' le había hecho latir el corazón con más fuerza, o quizá solo era el mirar aquel miembro ajeno que tan bien conocía, se le quedo viendo por unos segundos ¿Estaba así de duro y excitado por él? de alguna enferma manera aquello le hacía sentir ligeramente feliz... se preguntaba cómo era eso posible pero sabiendo que si seguía dándole más vueltas al asunto solo descubriría más cosas que no le gustarían simplemente lo dejo de lado mientras se relamía los labios, el regusto del preseminal de aquel canino seguía en ellos y aquello le había provocado una mueca de desagrado pero esta se había borrado en cuanto probara la cálida y suave piel de la hombría ajena, comparado con la experiencia anterior saborear aquella parte del azabache le parecía un manjar y cuando el pequeño comenzara a soltar aquellos deliciosos gemiditos ahogados casi se había vuelto loco.
Comenzando a succionar con mayor fuerza y rapidez le atendía con desespero para obtener más de aquellos gemidos.- Nghh Sabo... No... No tan rápido...- escuchaba a el menor quejarse entre jadeos y gemidos, aferrándose a sus hombros con fuerza, las uñas de este clavándose en su piel solo le excitaban más.- Sa...Sabo...- su propio nombre en labios del pelinegro le obligaba a desobedecerle y cuando sintió su boca invadida por aquella cálida y dulce semilla se permitió sonreír un poco, engullendo cada gota de aquel liquido de manera glotona eh incluso succionando un poco la punta para tomar cualquier resto de semen del menor antes de sacarle de su boca.
-Sucio perro...- Siseó el pelinegro con fingido enojo, colocando su pie sobre la hombría del rubio de manera dolorosa, presionando con fuerza aquel miembro ya excitado de nuevo pues con los dulces gemidos del azabache al rubio se le había puesto completamente dura de nuevo, el mayor quería echársele enzima a aquel mocoso y hacerle la ropa girones para violarlo salvajemente, pero aún tenía el collar de castigo puesto y sabía que hasta que el otro no se lo retirara no era dueño de su propia voluntad, si el otro le había permitido 'desobedecer' era únicamente por que estaba disfrutando pues en ningún momento había dejado ir la cadena de Sabo de entre sus manos.
Cuando el pequeño se puso en pie para quitarse toda la ropa no pudo evitar soltar un suave gemido gutural que casi había sonado como un gruñido, el hermoso cuerpo ahora completamente desnudo frente a él le había hecho empalmarse aún más y cuando el azabache le acercara un par de dedos había lamido estos cual si se tratara de un cachorro lamiendo la mano de su amo y es que no era más que eso en aquel momento. El menor lo había forzado a mirar sin permitirle tocarlo siquiera mientras se preparaba el mismo con aquellos dedos y su saliva, poniéndose en cuatro frente al rubio y dándole una excelente vista de su trasero mientras mancillaba su pequeña entrada primero con un dedo y después con los demás hasta que tenía ya 3 de aquellos dígitos en su apretado interior y Sabo estaba casi al borde de la desesperación, removiéndose en aquel lugar en espera de que el otro le permitiera participar.
-Ven amor…- Cuando por fin escucho la excitada voz del menor llamarle como si se tratase de una mascota bien podría haber sido un verdadero perro pues se había lanzado de un salto a la cama y abalanzándose sobre el cuerpo con un deseo bestial había comenzado a lamer su entrada hambrientamente, el pequeño sosteniendo sus propios glúteos bien separados con sus manitas había comenzado a gemir al instante dándole permiso a penetrarle de una vez; si en cualquier momento no hubiera dudado ni un segundo en tomar aquella invitación menos lo haría ahora.
El collar en su cuello tintineaba con cada fuerte y desesperada envestida, mezclándose con el sonido de la carne contra la carne y los gemidos y jadeos entremezclados de ambos, Sabo le había penetrado en una sola estocada, llenándole por completo y gruñendo de placer al verse envuelto por las estrechas paredes del menor pues aquellos delgados dedos no le habían preparado lo suficiente para su miembro de manera que con cada enviste el menor se contraía sobre el en una mezcla de dolor y placer, cuando la adrenalina de su cuerpo estuvo al límite el rubio pudo sentir su semilla derramándose en aquel apretado interior, escurriendo un poco entre las piernas del pelinegro por los embistes que seguía dándole pues a pesar de haberse corrido un poco aún seguía duro, aquel liquido haciendo que las penetraciones aunque ahora fueran algo más torpes y lentas también fueran más fáciles por lo que continuo envistiendo al chico todavía un buen rato, con una de sus manos comenzando a estimular el miembro del contrario para ayudarle a correrse también, sintiendo como este se contraía exprimiendo cada gota de su semen en el interior del cuerpo ajeno mientras el pelinegro se derramaba por segunda ocasión pero esta vez entre su mano y la cama, el rubio terminando por correrse con fuerza de nuevo dentro de él.
Tras unos segundos de recuperar el aliento el pelinegro empujo al rubio para hacer que este saliera de su interior, retirándole el collar de castigo antes de lanzarse a sus brazos para devorarle la boca de manera un poco desesperada, con sus piernas a ambos lados de las caderas del rubio de manera que su trasero un poco mojado con la semilla de su prometido quedara directamente sobre la entrepierna expuesta de este, sintiendo los brazos y manos del mayor recorrerle la espalda y el trasero con el mismo desespero de aquel beso, como si fuera la primera vez que le tocara.- Luffy…- el rubio se había separado de sus labios únicamente para besarle el rostro, el cuello y los hombros como si quisiera probar cada parte de este, repartiendo pequeñas mordidas y lamiditas furtivas por su piel, haciendo que el pelinegro soltara suaves suspiros, aquellas muestras de posesividad que comenzaban a dejar una que otra marca en la piel del moreno eran raras en el rubio y le hacían sentir triste y feliz a la vez, lo que en otro tiempo le hubiera complacido profundamente ya no le era suficiente, el necesitaba mucho más que aquello, ya no podía soñar bobamente con que el otro le pertenecía cuando de lo único sobre lo que tenía cierta clase de control era sobre su cuerpo, podía sentir la excitación del otro crecer bajo su cuerpo junto con la propia, por mucho que odiara aquello el rubio seguía poniéndole bastante a tono con el más simple de los roces pero no era solo sexo lo que deseaba, últimamente se había vuelto mucho más exigente y avaricioso, ya no le bastaba con que el otro lo deseara sexualmente, ya no le bastaba con el cariño incierto y la obsesión de aquella estúpida codependencia, quería mucho más y no tenía la más remota idea como obtenerlo y esto no hacía más que desesperarle.
Tomando con una de sus manos sus miembros había comenzado a apretar estos de manera casi dolorosa, sintiendo los espasmos del placer hacerle olvidad por un momento sus preocupaciones y mientras el rubio se corría propinándole una buena mordida en el hombro el moreno había dejado caer su frente en el pecho del mayor para descansar un poco, la poca fuerza que tenía el otro le había sorprendido pues tras el orgasmo le había sentido desvanecerse en la cama, al parecer había llevado el cuerpo del rubio a su límite por aquella noche y tendría que tragarse todos aquellos sentimientos eh inquietudes que se agolpaban en su garganta y que no necesitaba sentir. Amaba a Sabo pero aquel mismo amor era lo que le hacía desesperar.
Bajándose de encima del rubio había deshecho la cama para cubrir sus cuerpos, el rubio aunque semiinconsciente en aquel punto se movía por instinto para facilitarle su tarea, pero en cuando sintiera al moreno sobre su pecho se había dejado caer en un sueño profundo, al notar aquello el pequeño había esperado solo unos cuantos minutos antes de escabullirse fuera de la cama, aunque estaba bastante agotado vistiéndose rápidamente salió en silencio de la habitación y se llevó consigo al sabueso para regresarle a las perreras pues no sería bueno que notaran su ausencia.
Sin embargo después de dejar al can en su respectivo lugar no se había sentido con ánimos de regresar a su cuarto así que sus pasos se encaminaron por si solos al lugar de siempre, pero al llegar a la puerta Este de la ciudad no se había detenido ahí como siempre, cruzando esta sin atisbo alguno de duda eh introduciéndose en la terminal gray para seguir la senda que se dirigía al mar, podría haber ido al puerto por la puerta sur pero no era el puerto lo que buscaba si no el mar abierto, tampoco es que "él" fuera a estar ahí, simplemente aquella noche no era la mejor para estar cerca de las cosas conocidas.
Y bueno, hasta aquí por hoy, espero que hayan disfrutado y no haber traumado demasiadas mentes jóvenes(?) puede que vuelva a mi ritmo de antes, este capítulo sale pronto en comparación al anterior pero no garantizo nada, de hecho incluso más pronto de lo que esperaba siendo que son 3 hojas más de mi usual cuota de escritura para un capitulo XD gracias por leer mis incoherencias y a los que comentan un especial agradecimiento, no me canso de decirles lo feliz que me hacen los reviews u.u casi empiezo una campaña de "adopten a un autor" o algo así XD ok no, pero ya saben cómo hacerme feliz.
Nos leemos en el próximo capítulo. Cuyo título les adelanto será "quiebre". Ja Ne.
