Hola a tods!, estoy de vuelta. Dicen que más vale tarde que nunca xD Siento mucho el retraso, para compensaros (y porque no sabía donde cortarlo xD) os traigo hoy un capi bastante largo. Salen muchos personajes y la verdad es que me gustó cómo me ha quedado, espero que os guste a vosotrs también ^^ Mil gracias por vuestra fidelidad y vuestros comentarios, me animáis mucho para escribir.
Capítulo 11. Hermione tiene que saberlo
Hermione se removió perezosamente en la cama. Sus ojos se entreabrieron con cansancio. La cabeza le dolía y le costó acostumbrarse a la luz natural que se colaba por las rendijas de la ventana de su dormitorio. Instintivamente se llevó una mano a la cabeza, mientras se incorporaba lentamente.
―Dios… ¿cuánto bebí anoche? ―se preguntó a sí misma desconociendo la respuesta― ¿y cómo demonios acabé en mi cama?... ¡Harry!
El cuerpo se le tensó de inmediato. Su secretario debió acompañarla hasta su propia habitación. Rápidamente echó un vistazo a su propio cuerpo, alarmada, y respiró aliviada al comprobar que seguía llevando la ropa del día anterior, a excepción de los zapatos, bien colocados a un lado de la cama.
―Eres todo un caballero… ―susurró con una sonrisa. Al instante sintió una punzada en la cabeza y se maldijo por no haberse controlado bebiendo.
Quería llegar hasta el baño, necesitaba una buena ducha para empezar a espabilarse. Entonces sonó su móvil. ¿Sería él?, pensó con el corazón acelerado. Buscó con la mirada por toda la habitación, hasta que dio con su bolso. Sacó su teléfono lo más rápido que pudo y decolgó sin mirar la pantalla.
―¿Sí?
―¿Querida? ―sonó la voz de su marido.
―Draco… ―musitó decepcionada.
―¿Qué tal va el concurso?, me marché precupado ―mintió. Lo único que quería el rubio era tantear cómo iban las cosas entre Harry Potter y su mujer, y si ella ya había empezado a centrarse en el moreno.
―Pues… conseguimos avanzar bastante. Estoy cansada Draco, hablamos más tarde ¿vale?, anoche me quedé trabajando hasta tarde.
―Pues descansa querida, y tómate también algún rato para relajarte y divertirte, yo lo hago en mis viajes de negocios ―afirmó con malicia para provocarla.
―Lo imagino ―dijo molesta―, intentaré divertirme también ―remató desafiante.
Eso era lo que su marido quería, verla con ganas de mandarlo a la mierda a favor de otro hombre.
Meneó la cabeza en una negación cuando colgó la llamada del rubio. ¿Cómo podía ser tan cínico? Le habían entrado unas ganas terribles de gritarle que había salido a beber y bailar con su secretario, pero su lado prudente y comedido le aconsejó callar.
Apartó rápidamente a Draco de su mente y volvió a pensar en Harry. Se miró en el espejo del baño. Su rostro mostraba agotamiento, su maquillaje estaba removido y sus arrugas de expresión parecían un poco más marcadas que de costumbre, pero se veía guapa, había algo en su mirada color chocolate que iluminaba toda su cara, ¿era felicidad? No recordaba todo lo que pasó la noche anterior, pero sabía que había disfrutado con la compañía del moreno. Primero probando comida nueva para ella, después yendo a bailar. Aunque le preocupaban un poco las lagunas en sus recuerdos. Desde el momento en que entraron en el primer local para bailar, todo se volvía confuso.
Abrió el agua de la ducha, se desnudó con calma y se metió en la bañera. Necesitaba tomarse una aspirina o incluso dos en cuanto bajara a desayunar. Y entonces sucedió, un ligero roce del chorro de agua sobre sus labios trajo repentinamente ciertas imágenes a su cerebro. Eran escenas fugaces, con poca claridad, pero que le provocaban intensas sensaciones. Se veía a sí misma bailando con Harry, abrazándose a su cuerpo, sintiendo su brazo en torno a su cintura… ¿besándolo?
No, eso no podía ser. Recordaba haber ido a bailar con él, pero ¿de esa forma tan… desvergonzada?, ¿y besarlo?, todo aquello no podían ser más que fantasías producto de una noche alcoholizada. Apoyó las manos sobre la pared contrachapada y respiró hondo para tratar de relajarse.
―Seguro que lo he soñado… tengo que haberlo soñado… ―susurraba para sí misma― El alcohol me trastorna la cabeza. No vuelvo a beber nunca más.
Logró apartar aquellas inquietantes imágenes unos minutos, pero cuando empezó a secarse con la toalla, rememoró algunas caricias del moreno, ¿o también eran fruto de su imaginación? De pronto se detuvo, cerró los ojos y se dejó llevar por aquellas sensaciones tan extrañamente familiares. Se abrazó a sí misma y siguió evocando a Harry, hasta que un suave gemido se escapó de sus labios, haciéndola reaccionar y salir de su embeleso.
―Oh Dios… estoy fantaseando con Harry conscientemente… pero ¿qué me está pasando?
Para tranquilizarse, decidió repasar mentalmente lo que haría ese fin de semana, así pudo vestirse y bajar a desayunar. Había resuelto que las escenas más fuertes no podían ser reales, su mente y el alcohol le habían jugado una mala pasada, pero prefería no pensar en el porqué las había soñado. Sin embargo, una aprte de ella no estaba del todo tranquila y pensó en llamar a su secretario. Después de darle unos bocados a la tostada con mermelada cogió su móvil y empezó a buscar en la agenda. Su pulgar estuvo a punto de teclear llamada, pero finalmente desistió.
"Pensará que soy una paranoica si lo llamo para preguntarle si pasó algo anoche… mejor se lo comento el lunes".
Ginevra Weasley miraba a su hermano con suspicacia. El pelirrojo le había dicho que tenía que contarle algo importante sobre Harry. Cuando terminó de hablar, Ginny se sentía indignada y sorprendida por igual.
―¿Y cómo no lo has detenido?
―Ginny… Harry es un hombre adulto, toma sus propias decisiones, es cosa suya.
―¿Acaso lo apruebas? ―preguntó horrorizada.
―¡Claro que no!, me parece fatal lo que está haciendo, pero…
―No te comprendo Ron, está engañando a esa pobre mujer de manera rastrera, es horrible ―exclamó afectada.
El pelirrojo no quiso continuar por ahí la conversación. Ginny ignoraba que Hermione Granger Malfoy era mucho más que trabajo para el moreno, pero decírselo tal vez sólo traería más problemas y consideraba que era algo que el propio Harry debía decirle si lo creía oportuno.
―Mira Ginny, él sabe que lo que hace está mal, pero es cosa suya, no te metas por favor.
―Y yo que pensaba que por fin estaba encarrilando su vida… ―musitó decepcionada.
―Las cosas no son tan sencillas como aparentan, él sabrá lo que hace.
Ron tenía la esperanza de que su amigo siguiera su consejo y se sincerase con su jefa, pero su hermana sólo podía ver a un Harry más egoísta que nunca.
"Quizá esto sirva para que lo olvides ―reflexionaba el pelirrojo―, lo siento mucho Ginny."
La pelirroja no pudo contenerse y llamó a Harry por la noche. El moreno apenas articuló palabra y cortó la llamada en cuanto pudo.
―¿Cómo puedes estar haciendo algo así Harry?
―Lo siento Ginny, estoy cansado…
―Me alegré tanto cuando supe que cambiaste de trabajo… y al final estás haciendo algo mucho peor que lo de antes ―acusaba sin miramientos. El moreno no soportaba escucharla, lo hacía sentirse miserable.
―Mira Ginny, no tengo ganas de hablar ahora, ya te llamaré.
―Harry espera… ―Le había colgado.
El moreno dejó caer el móvil en el sofá y se llevó las manos al cabello para peinárselo hacia atrás. La pequeña pecosa tenía razón, su comportamiento era totalmente reprochable, pero… no era capaz de sincerarse con Hermione. No podía hacerlo, temía dejarla a merced de su marido y sus maquiavélicos planes, y aún más temía perderla a ella para siempre, su egoísmo seguía ganando la partida.
El domingo por la mañana, Hermione quedó con Luna para salir a pasear por el centro de Londres, aprovechó para sacar a Scorpius, que ya estaba de nuevo en casa, después de pasar un par de días con los Malfoy.
La castaña llevaba de la mano a su pequeño hijo y Luna caminaba cogiéndole la otra. Scor conocía muy bien a la rubia amiga de su madre y le tenía gran afecto. Ellas conversaban relajadamente mientras el niño se distraía con cada cosa que veía, un perro, un juguete en un escaparate… Hermione dirigió su mirada hacia la calzada sin demasiado interés, la apartó y volvió a mirar repentinamente.
―No puede ser… juraría que ese hombre de ahí es Harry. ―Luna se volvió también para observar.
―¿Tu secretario, el del BMW descapotable? ―preguntó la rubia mientras Scor las miraba alternativamente sin entender. Hermione asintió― Eso es imposible, su sueldo no le puede dar para comprarse un cochazo como ése.
―No tiene sentido ¿verdad?
―Bueno… sí lo tiene ―La castaña se volvió hacia su amiga, intrigada―, es que no te puedes sacar a Harry Potter de la cabeza ―se burló entre sonrisas.
―No digas tonterías ―se quejó. Luna había acertado, pero no podía hablar sobre eso en presencia de Scor.
―Mami… Harry es tu secretario ¿verdad? ―dijo el pequeño mirándola con sus grendes ojos grises.
―Sí cariño.
―Le gusta el chocolate, como a mí ―afirmó riendo. Su madre le acarició el cabello rubio con ternura.
Harry miraba en la dirección contraria a la acera donde Hermione y Luna paseaban con el pequeño. Qué mala suerte haberse encontrado. Su jefa lo había mirado unos instantes, pero afortunadamente no lo había reconocido, las gafas de sol y su lujoso vehículo se lo debían haber impedido.
―Mierda… tendré que ser más cuidadoso cuando salga por ahí, y creo que ya es hora de cambiar de apartamento.
Hermione llegó a su despacho decidida a hablar con Harry sobre la noche del viernes. Lo había intentado, pero aquellas sugerentes y sensuales imágenes se apoderaban de su mente con excesiva frecuencia. Se había pasado el fin de semana pensando en su secretario y hasta Luna se había dado cuenta de que el moreno le robaba la calma.
Había llegado diez minutos antes que de costumbre, quería estar allí antes que él. Estaba sentada en su sillón, intentando poner orden en su mesa, cuando sonaron unos golpes en la puerta que le provocaron un respingo, tenía que ser Harry.
―Buenos días Hermione ―saludó educadamente su secretario mientras cruzaba el umbral.
―Hola Harry… ―replicó suavemente su jefa.
―Aquí tienes el café y el croissant reciente. ―Posó el vasito humeante y el plato sobre su mesa con cuidado.
―Gracias.
Hubo unos instantes de silencio. La castaña estaba buscando la mejor forma de sacar el tema del viernes sin parecer excesivamente preocupada por ello. El moreno, simplemente no podía dejar de sonreír mientras miraba a su jefa, recordando los momentos compartidos aquella noche. Le resultaba casi surrealista que después de la intimidad que compartieron, volvieran a estar en aquel despacho, como compañeros de trabajo. Ambos querían hablar de ello, pero fue Harry quien se lanzó a hacerlo primero.
―Hermione…
―¿Sí? ―Alzó de inmediato los ojos para mirarlo.
―¿Cómo despertaste el sábado?
―¿Eh?
―¿Mucha resaca? ―preguntó con una sonrisa amable. Ella agradeció que sacase el tema.
―Pues… la verdad es que me dolía mucho la cabeza ―confesó―, tuve que recurrir a las aspirinas.
El moreno amplió un poco su bonita sonrisa con aire comprensivo.
—Ya que hablamos de eso… Harry yo… ¿hice alguna tontería el viernes noche?
"¿Tonterías como bailar contra mi cuerpo como si fuéramos amantes? —pensaba el moreno mientras recreaba escenas en su mente— ¿Como besarme en tu cama y dejarme al borde de la locura?".
—No, tranquila, a menos que llames tontería a tropezar por la calle un par de veces.
―Qué vergüenza, es que se me subió mucho lo que bebimos, hacía mucho que no bebía… bueno, en realidad nunca he bebido tanto… por favor, no pienses que soy siempre así.
El moreno recreó una vez más los instantes en que devoraba los labios de Hermione.
"Qué lástima."
―Harry ¿me oyes?
―¿Eh? ―Volvió a aquel despacho―, sí claro.
Harry habría querido aprovechar esos avances pero si Hermione parecía no recordarlos era mejor no forzar las cosas, o la haría huir de él. Conociéndola, era muy probable que su propio comportamiento la escandalizara. Pero le encantaba saber que se había pasado dos días dándole vueltas a lo que pasó, además no había sido la única en hacerlo.
El martes por la mañana, Hermione tenía que hacer una visita de obra y su secretario la acompañó. Se encontraron temprano en el vestíbulo del Tower 42 y subieron al coche del moreno, así su jefa podría aprovechar el trayecto para repasar unos planos de estructura. Se trataba de las obras de un edificio de oficinas en el que trabajaba como colaboradora junto a arquitectos e ingenieros de otro estudio.
―¿Has desayunado? ―preguntó el moreno de repente.
―Pues… la verdad es que no. No me daba tiempo ―contestó sonriendo la castaña.
―Eso no puede ser Hermione, tienes que comer y cuidarte, el trabajo no puede ser lo primero ―la reprendió cariñosamente su secretario―, por suerte… he traído una bolsa de magdalenas.
―¿Cómo sabías que…?
―¿Que vendrías sin probar bocado? ―Le dedicó una sonrisa―, porque ya te voy conociendo Hermione ―Aquellas sencillas palabras le provocaron un vuelco en el pecho a la castaña―. Están en la guantera, cógete alguna.
―Gracias… ―musitó con cierta timidez. Después hizo a un lado los planos para no mancharlos, sacó la bolsa y se apoderó de una de aquellas apetitosas magdalenas― Está muy buena.
―Son de un horno cercano a mi casa, me alegra que te gusten.
Harry caminaba unos pasos detrás de su jefa. Hermione saludó a varios hombres y comentó con ellos algunas cosas, después se dirigió a pie de obra para revisar unos voladizos, los ingenieros querían saber si habían quedado como estaba previsto en el proyecto. Varios obreros la miraron, dedicándole saludos y sonrisas, se alegraban de verla, probablemente porque no veían muchas mujeres por allí, pensó Harry, pero también tenía que ver el hecho de que Hermione siempre trataba a todo el mundo con respeto y cercanía y eso suscitaba aprecio en los demás. El moreno la contemplaba dirigirse a los trabajadores y se enorgullecía de ella. Un hombre maduro se le acercó por detrás.
―¿Trabajas con la señora Malfoy?
―Sí, soy su secretario.
―Es una gran profesional… y una gran persona ―sentenció el hombre. Harry no podía estar más de acuerdo.
―Sí, yo también lo pienso ―dijo sin apartar sus ojos verdes de aquella mujer fascinante para él.
―Lo único que tiene de malo es que está casada ¿verdad chico? ―bromeó el albañil dándole con el codo en las costillas.
"Sí, ésa es su desgracia y también la mía", pensó el moreno mientras fingía una sonrisa.
Hermione bajaba por una escalera de mano apoyada en un pilar de hormigón armado, Harry se acercó hacia ella para recibirla. Los zapatos de la castaña no eran los más apropiados para este tipo de peldaños y uno de ellos le provocó un traspié. Perdió el equilibrio y no consiguió aferrarse con las manos a tiempo, de modo que cayó hacia atrás. Afortunadamente, el moreno ya estaba bajo la escalera, y había reaccionado rápidamente al verla caer. Atrapó la cintura de su jefa con firmeza, abrazándola por detrás y detuvo la caída. Se oyeron varios silbidos, risas y aplausos entre los obreros, pero la pareja era ajena a todo eso.
El corazón de Hermione se había desbocado, sentir a Harry pegado a su cuerpo la alteró y trajo de nuevo a su mente aquellas escenas apasionadas que creía fruto de sus sueños. El moreno, por su parte, se estaba empezando a excitar. Tener pegado a sus caderas el trasero de la castaña no le resultaba precisamente indiferente. Durante un instante, la situación y el tumulto que organizaron los presentes lo transportaron a los provocativos bailes del viernes noche, pero pronto supo que no estaba allí, sino trabajando con su jefa en medio de desconocidos. Liberó su fina cintura provocándole un suspiro y ella se volvió hacia él ligeramente sonrojada, apartándose un mechón de cabello castaño de la cara.
―Que resbalón más tonto ―exclamó avergonzada―, gracias por ayudarme Harry.
―¿Para qué están los secretarios sino para organizar agendas, preparar reuniones y evitar caídas de escaleras? ―bromeó haciéndola reír.
Había conseguido relajarla con sólo una frase. No podía dejar de pensar en la buena suerte que había tenido porque Harry apareciese en su vida, por varios motivos. Tenerlo cerca siempre la hacía sentirse protegida, tranquila, acompañada… y desde hacía un tiempo, también nerviosa, ruborizada, excitada. Pero por más que no fuera correcto, le encantaba sentir todas esas cosas, le encantaba sentirse viva.
Comieron juntos en un bar cercano a la obra porque se había hecho un poco tarde. Apenas salieron palabras de sus bocas, pero no hacía falta, sus miradas curiosas y sonrisas tímidas hablaban por sí solas. Era más que obvio que estaba pasando algo entre los dos y Harry quería hablar de ello, pero tenía miedo de que Hermione, asustada por sentir cosas impropias de una mujer casada, lo negase y se enfadase con él.
El miércoles, Hermione recibió a Cedric Diggory en su despacho. El castaño quería ver los bocetos de su nuevo centro comercial y de paso comentar con Tonks cosas de la campaña publicitaria de Navidad que había encargado a la agencia de publicidad que dirigía.
―Me gusta… ―dijo Cedric―. Me gusta el enfoque que le estás dando. Además es cierto, con ese recorrido obligaremos educadamente a los clientes a ver más productos.
Hermione sonrió en silencio, aquel detalle había sido sugerencia de Harry.
―Entonces continuaré por aquí ―Le ofreció la mano a Cedric y éste se la estrechó―. Querías ver también a Tonks ¿verdad?
―Sí, para ver cómo lleva la campaña. Me dijo por teléfono que tenía ya algunos carteles montados.
―Muy bien, pues nos veremos más adelante, cuando tenga las fachadas pensadas.
―Estupendo, hasta pronto.
Cedric cerró la puerta del despacho y saludó a Harry con la cabeza. Después se dirigió hacia la zona de trabajo de Tonks sin coger el ascensor, puesto que Malfoy Technics y la agencia de publicidad compartían la planta veintinueve del edificio. La castaña cruzó la puerta al cabo de media hora.
―¿Cómo fue? ―preguntó su secretario interesado.
―Muy bien, le han gustado los primeros planos, y también tu idea de distribución ―Le guiñó un ojo y el moreno sonrió encantado.
―¿Y a dónde ha ido?, no se fue por el vestíbulo.
―Tenía una cita con Tonks.
―¿Cedric Diggory sale con Tonks? ―exclamó sorprendido.
―No, no… ―se apresuró a aclarar― Una cita de negocios, Tonks le lleva una campaña de publicidad.
―Vaya, entonces sí sale con Remus… ―murmuró con gesto pensativo. Hermione se echó a reír.
―No sabía que eras tan cotilla ―afirmó riendo.
―Me gusta tener claras mis opciones con las mujeres ―se atrevió a decir para provocar a su jefa.
―¿Estabas interesado en Tonks? ―preguntó la castaña tratando de fingir indiferencia. Aunque resultaba obvio, por la expresión de su cara, que la frase de Harry le había sentado mal. Pero el moreno no la tuvo sufriendo mucho tiempo.
―En realidad no, Tonks no es mi tipo… "dímelo Hermione".
―¿Y cuál es tu tipo? ―Era arriesgado hacerle esa pregunta, pero el cielo sabía que no se podía contener. El moreno sonrió con satisfacción.
―Alguien más… como tú ―afirmó mientras la atravesaba con sus ojos verdes. La castaña sintió que le temblaban las rodillas. Los papeles que sostenían sus manos se deslizaron entre sus dedos quedando desparramados por el suelo.
Se agachó de inmediato para recogerlos y su secretario la imitó, quedando los dos ocultos tras la mesa. Hermione se apresuraba a reunir las hojas, se había puesto bastante nerviosa y evitaba su mirada. Harry las agrupaba con más calma, preguntándose si había sido buena idea ser tan explícito.
―Hermione yo… ―dijo mientras le ofrecía las hojas recogidas.
―Gracias Harry, suerte que sólo son hojas en sucio ―No le dio pie a hablar de nada más y el moreno se mordió la lengua resignado.
―¿Hermione? ―sonó una voz femenina sobre sus cabezas―, juraría que la había visto junto a esta mesa.
―¡Sí! ―replicó la castaña irguiéndose desde el suelo― ¡Ay!, maldita sea ―maldijo por lo bajo. Se había golpeado la cabeza con la mesa. Su secretario se levantó a su lado.
―¿Estás bien? ―preguntó Harry cogiéndola de un brazo.
―Sí, sí… ¿me buscabas Tonks? ―Su compañera de trabajo la rescataba de una situación de lo más incómoda.
―Pues sí, acabo de despedir a Diggory. ¿Qué le pasa a ese estirado? ―exclamó refiriéndose al castaño― No le gustan mis diseños, dice que busca otro aire… el que le falta a él supongo.
Hermione y Harry no pudieron contener la risa.
―No te lo tomes así… ―dijo Remus Lupin― Diggory es exigente pero buen cliente.
Se la había encontrado por el pasillo y la había acompañado a ver a Hermione. La abrazó por los hombros y su novia rodó los ojos.
―¿Por qué siempre eres tan diplomático?, Diggory es demasiado puntilloso, ¿a que sí Hermione?
―Mujer… hay que saber lo que le gusta, sólo eso.
―¿Insinúas que yo no lo sé? ―clamó indignada.
―Lo que pasa es que hay que darle muchas vueltas a las cosas, y enseñarle muchas opciones, para que al fin le guste alguna. Hermione ha dibujado cinco plantas diferentes.
Harry intervino para defender a su jefa, cosa que la castaña agradeció con una sonrisa.
―No te preocupes Tonks, seguro que llegarás a un diseño que le guste.
―Desde luego ―exclamó―, pero ahora lo que necesito es un buen café, ¿me acompañas Remus?
―Claro. ―Su novia lo besó en los labios, agradecida, provocándole un ligero respingo. Remus Lupin era un tanto apocado y todavía le costaba mostrar su relación con ella en público. La diferencia de edad y estilos entre ellos siempre lo había echado para atrás, pero finalmente Tonks había conseguido derribar sus barreras y conquistar su corazón.
―Ahora que los miro bien, hacen buena pareja ¿verdad? ―afirmó Harry de repente.
―Sí, estoy de acuerdo ―replicó Hermione.
―¿Qué le pasa a Tonks? ―La inconfundible voz de Malfoy invadió la atmósfera, torciéndole el gesto a Harry― Parecía realmente molesta.
―Diversidad de opiniones en la campaña de Diggory ―explicó su esposa.
―Ya veo… por cierto, ¿cómo va el concurso?
―Bien, estamos avanzando todo lo que podemos.
―Estupendo, entonces podremos presentar nuestra propuesta ―Hermione asintió―. También quería comentarte que este fin de semana tengo otro viaje de negocios, voy a ver a unos posibles clientes fuera de Londres.
―Ah, pues muy bien ―replicó sin ganas. Su secretario no perdía detalle de sus gestos.
―Saldré ya el viernes por la tarde, ¿te ocuparás de Scorpius?
―Claro, vete tranquilo "como siempre haces". ―Draco la besó en la frente mientras dirigía su mirada fría e insensible a Harry.
―Nos vemos, os dejo… trabajar. ―Dedicó una sonrisa socarrona al moreno cuando su mujer ya no lo miraba. Cada vez le costaba más contenerse al tenerlo cerca, el día menos pensado le partiría la boca a ese cretino platinado.
El móvil de Pansy vibró de nuevo. La morena miró la pantalla, un nuevo mensaje de Ron Weasley. Hacía unas horas que habían tenido una breve conversación telefónica en la que ella le había dejado muy claras las cosas.
—No vamos a vernos más Ron.
—¿Por qué?, no lo entiendo, te he pagado siempre ¿no?
—Te estás gastando todos tus ahorros por echar unos polvos conmigo.
—En qué gasto mi dinero es cosa mía.
—No lo entiendes, nunca podrás conquistarme Ron, por muchas veces que te acuestes conmigo, porque a mí ya me ha conquistado el dinero y no puedo renunciar a él, no sabría vivir con un chico como tú, lo siento…
―¿Cómo lo sabes?, ni siquiera lo has intentado.
―¡Ron, por favor!, no quiero intentarlo… No soy buena para ti… no puedo corresponderte aunque eres un chico estupendo y cualquier chica sería feliz contigo… soy incapaz de sentir amor, yo sólo amo el dinero, maldita sea, ¿no lo entiendes?
Pansy abrió el mensaje de texto y lo leyó asombrada.
"Hola Pansy. Está bien, me rindo, no volveré a llamarte ni a molestarte. A cambio sólo te pido una cosa, que pasemos una última noche juntos. Dime algo, por favor."
Al final el pelirrojo le hacía caso, había entrado en razón. Su petición podría ser perjudicial para los dos, pero la morena deseaba volver a verlo, y le parecía justo despedirse de él. Dos horas después de contestarle por móvil, Ron estaba en la puerta de su apartamento, era casi medianoche.
―Hola ―saludó escuetamente el pelirrojo.
―Hola Ron… ¿has cenado? ―preguntó ella invitándolo a entrar con un gesto.
―Sí.
―¿Quieres tomar una copa?
―Vale, gracias. ―El pelirrojo avanzaba hacia el interior de la vivienda con cierta cautela, se sentía un poco intimidado por el lujo de aquel apartamento. Sonrió con tristeza. Alguien como él nunca podría pagar una casa como ésa, Pansy tenía razón, nunca podría hacerla feliz.
Después de compartir un par de martinis en silencio, la morena dejó las copas sobre el mini bar.
―Ven, mi dormitorio está por ahí, sígueme. ―Lo cogió de la mano y tiró de él, pero el pelirrojo no se movió de allí. Soltó su mano repentinamente y abrazó su cintura con fuerza, pegándola a su cuerpo.
―Espera… ―susurró en su oído, alterando su cuerpo― Déjame hacerlo a mi modo esta noche, por favor… nada de dinero, ni de tiempo limitado.
Ron no quería que fuera como los demás encuentros. Necesitaba que fuera diferente, especial, algo que pudiera recordar siempre. Pansy, afectada por el arrebato de su acompañante, no pudo negarse a su petición.
―De acuerdo… ―musitó débilmente.
Sintió los labios de Ron besando y acariciando la piel blanca de su cuello y cerró los ojos llevada por el dulce placer. Entonces, la levantó en brazos y la miró fijamente a los ojos, con sus orbes celestes.
―Siempre serás mi diosa del amor y la belleza. ―Pansy, incapaz de responder a eso, escondió su rostro en el pecho del pelirrojo.
La posó cuidadosamente sobre la amplia cama. Se echó sobre ella y empezó a recorrer su cuerpo con suaves caricias y besos, por encima del fino camisón que la morena vestía. La estaba excitando y conmoviendo por igual. Ningún hombre la había tratado con tanta ternura y devoción jamás. Todos daban por hecho que ella era ardiente y que lo suyo era el sexo rápido y apasionado, y era cierto que eso le gustaba, pero como a toda mujer, también le gustaba que la mimaran, que la cuidasen, sentirse lo más importante para alguien, y Ron le estaba provocando ese sentimiento.
Cuando entró en su cuerpo, lentamente, buscó su mirada, entrelazó los dedos con los suyos y le sonrió con el gesto más triste que ella había visto nunca.
―Nunca podré olvidarte Pansy… ―murmuró contra su cuello.
Sintió la necesidad de consolarlo, ¿y de consolarse a sí misma? Unas lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Giró la cara para evitar ser descubierta. Estaba casi convencida de que el pelirrojo estaba confundiendo sus sentimientos hacia ella, pero no por eso sus palabras la afectaban menos. Ron continuó poseyéndola con sensualidad y dulzura, haciéndola sentir mil cosas a la vez. El corazón de la morena palpitaba desaforado, albergando sentimientos contradictorios. El corazón del pelirrojo estaba ya condenado a quererla para siempre.
Después de intimar durante horas, la pareja yacía desnuda sobre la cama. Estaban tumbados de lado, de manera que Pansy encajaba perfectamente delante del cuerpo de Ron. El pelirrojo le acariciaba la suave espalda pausadamente, para no despertarla, la creía dormida. La morena, por su parte, prefería mantenerlo en la mentira, no tenía fuerzas para encararlo. Por una vez, quería olvidarse de quienes eran ellos, quería pensar que aquellas maravillosas e intensas sensaciones podrían prolongarse indefinidamente.
La extraña fantasía se rompió cuando el reloj despertador sonó a las siete de la mañana.
―Bueno, tengo que irme a trabajar. ―Se apartó despacio de ella para incorporarse un poco.
―Lo sé. ―Ron le acarició la mejilla.
―Gracias Pansy, por esta noche. ―A la morena se le formó un nudo en la garganta que le impidió hablar. Le habría dado las gracias también, pero no habría sido adecuado, por eso lo hizo internamente.
"Gracias a ti Ron, maldita sea."
Abandonó la cama y se dio una ducha rápida. Después se vistió con presteza y se despidió de ella.
―Cuídate Pansy, adiós. ―Caminó abatido hacia la puerta y Pansy tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no correr a abrazarlo y pedirle que se quedase un poco más. Pero eso sólo les traería problemas a los dos, era mejor así. Con el tiempo, él comprendería que sólo se encaprichó de ella y ella… ella volvería a ser la princesa de hielo.
―Adiós Ron ―logró pronunciar con esfuerzo, mientras estrujaba las sábanas con los puños. Escuchó cerrarse la puerta de su apartamento.
Pansy miró el techo de su habitación, después dirigió un vistazo al despertador, ya eran casi las ocho. No tenía ganas de levantarse y emprender un nuevo día. No quería verse con ningún cliente. No podía abandonar aquella cama que olía a él.
Ron sentía que los pies le pesaban toneladas. Cada paso que daba alejándose de ella le dolía. Necesitaba ver a Harry, necesitaba el ánimo de su mejor amigo y un buen abrazo. Aquella hermosa mujer lo había dejado herido de por vida.
El jueves, todo el equipo a cargo de la ampliación del periódico de los Skeeter se reunió para tomar decisiones.
―Creo que la opción que señaló Seamus es más adecuada, lo siento chicos ―afirmó Hermione mirando a Harry y Lavender.
―Si lo ves así, yo te apoyo ―dijo su secretario―. Ya he concertado una cita con ellos para la semana que viene.
―Muy bien Harry. Serás el encargado de preparar la reunión. ―El moreno asintió.
―¿Tendréis preparadas las presentaciones para la semana que viene?
―¡Por supuesto! ―exclamó Seamus sorprendiendo a todos, incluida Lavender, que llevaba toda la semana prestándole especial atención. El problema era que el rubio lo había malinterpretado, pensando que sólo era lo lógico, al tener que trabajar codo con codo en el proyecto de Skeeter.
―¿Quién quiere un café? ―sugirió Dean de pronto. Seamus y Hermione lo acompañaron a la máquina de café. La rubia aprovechó para hablar con Harry.
―¿Cómo van las cosas con Hermione? ―El moreno bufó resignado.
―Bueno… es complicado ―Miró a Lavender a los ojos unos instantes y supo que podía ser sincero. Al fin y al cabo, era la única persona que sabía lo que estaba pasando entre su jefa y él. Draco no contaba, el muy imbécil pensaba que Harry sólo estaba fingiendo con su esposa para tenderle una trampa―. El viernes noche, cuando os fuisteis todos, nosotros salimos a cenar y…
―¿Y? ―La rubia alzó las cejas instándolo a continuar.
―Nos besamos, en su casa, un beso bastante intenso… ―confesaba el moreno con cierto rubor. ¿Desde cuando le costaba hablar de sus escarceos amorosos?, hasta en eso Hermione era diferente para él.
―¡En su propia casa, eso son palabras mayores!
―Lavender, por favor… baja la voz ―suplicó Harry sacudiendo los brazos cómicamente. La rubia se rió.
―Pues me alegro de corazón, y espero que lo vuestro siga adelante.
"No sabes lo que estás pidiendo ―pensó para sus adentros―. Eso podría traer nefastas consecuencias para todos… pero joder, es lo que más deseo en el mundo, estoy completamente loco."
―Gracias, pero me temo que Hermione se siente muy culpable.
―Ten paciencia Harry. Hermione es una buena persona, y por eso es tan respetuosa hacia un matrimonio que realmente dejó de ser tal hace mucho tiempo. Estoy segura de que al final se dejará llevar por lo que está sintiendo por ti.
―¿Y por qué estás tan segura?
―Porque al final, todos buscamos la felicidad, y desde luego con su marido no la encontrará. ―El moreno sonrió esperanzado.
―Toma Lavender, traje uno para ti ―dijo la castaña ofreciéndole un vasito.
―Muchas gracias.
―¿De qué hablábais tan serios? ―preguntó Seamus molesto.
―De… la búsqueda de la felicidad ―aseguró Lavender con una sonrisa en los labios.
Seamus estrechó los ojos y Hermione buscó instintivamente a Harry con la mirada, para descubrir que él también la estaba observando a ella.
―¡Ay, qué bien que me has llamado!, quería contarte algo ―chilló emocionada Luna Lovegood.
―¿Sí?, qué casualidad, yo también quería comentarte algo. Empieza tú ―dijo la castaña.
―¡Vale!, pues… que este sábado, ¡tengo una cita con lord Byron! ―exclamó. Hubo unos instantes de silencio― ¿Hermione?, ¿te has quedado muda del susto? ―bromeó.
―No, es sólo que… todavía me cuesta asimilarlo. ¿Estás segura Luna?
―Segura no, segurísima. Ya tengo ganas de que llegue el sábado, será una noche inolvidable.
―Pues nada, ya me contarás… ―dijo, más por educación que por verdadero interés.
―Sabía que querrías estar informada al respecto, en cuanto vuelva a casa te llamaré y te contaré todos los detalles ―afirmó entre carcajadas.
―Ay Luna, no tienes remedio ―manifestó con una sonrisa.
―Lo sé… bueno, dime lo que querías contarme.
―Verás… ¿recuerdas que el viernes salí a cenar con Harry?
―Claro que lo recuerdo, suéltalo ya ―dijo impaciente.
―Pues… empiezo a pensar que tal vez pasó algo con él, yo…
―¡¿Te acostaste con tu secretario?
―¡Luna por Dios!
―Dime que sí, serías mi heroína ―pronunció con voz divertida.
―No, no me acosté con él, eso lo tengo claro.
―Lástima…
―Luna…
―Vale, vale, pero entonces ¿qué demonios pasó con él?
―Ése es el problema, que no estoy segura… pero creo que bailamos bastante arrimados y que luego nos besamos.
―Ya ves, pensaba que era algo más grave ―afirmó despreocupada la rubia.
―Pero un beso profundo, en mi dormitorio Luna.
―Eso ya suena más interesante. ¿Y cuál es el problema?, tú le gustas y él te gusta ¿no?
―No es tan sencillo Luna, ¿has olvidado que es mi secretario y que yo soy una mujer casada?
―Infelizmente casada diría yo. ―La castaña prefirió ignorar el comentario de su mejor amiga.
―Me siento culpable, y lo peor es que no sé si hay razones reales para sentirme así o todo es fruto de mi mente enferma.
―Mira, al margen de que me parece estúpido tener remordimientos por unos besos, teniendo en cuenta lo que te ha hecho Draco a ti… si quieres aclarar lo que pasó, habla con Harry, así de simple.
―No creas que no lo he pensado, pero me da vergüenza. Además ya le pregunté el lunes si había hecho alguna tontería y él me dijo que no.
―¿No le crees?
―Es que… esas escenas me parecen tan vívidas, tan reales…
―Si tienes dudas al respecto, vuelve a hablar con él, no hay otra manera.
―Supongo que tienes razón.
―Ve pensando lo que le dices, yo me dedicaré a planificar mi noche perfecta con lord Byron ―confesó sin tapujos.
―Buenas noches Luna ―se despidió mientras sonreía. Siempre la animaba escuchar la voz de la extravagante rubia.
―¡Buenas noches Hermione!
Theodore Nott terminaba de hacerse el nudo de la corbata frente al espejo. Repasaba mentalmente los argumentos que utilizaría esa mañana para rebatir a sus contrincantes en el juicio. La voz de su novia lo interrumpió desde el baño.
―Al final sí quieren hacerme la prueba para ese catálogo que te comenté. ―Astoria apareció en la habitación recogiéndose el pelo mojado con una toalla. Theo la observó desde el espejo.
―Te has quitado el tinte rubio.
―Sí, me apetecía verme castaña otra vez. ¿Te gusta?
―Claro, así es como te conocí ―dijo él.
Ella se acercó mimosa y lo besó en los labios.
―Me ausentaré sólo dos días, el domingo por la tarde ya me tendrás aquí.
―Pues más vale que te den el trabajo, es mucho tiempo sin ti. ―la abrazó de la cintura y la levantó en el aire mientras besaba su boca.
―Haré todo lo que esté en mi mano, cariño ―aseguró con una sonrisa pícara.
Theodore Nott trabajaba como abogado para los Malfoy, tenía su despacho en la planta treinta del Tower 42. Era el responsable del bufete de abogados "Malfoy legal". Conocía a Draco y a Blaise desde la universidad, pero nunca había estrechado lazos amistosos con ellos, eran demasiado diferentes a él, demasiado mujeriegos, demasiado maquiavélicos. Compartía su apartamento con su novia, Astoria Greengrass, una bella modelo que lo tenía completamente enamorado. Siempre se preguntaba cómo una mujer tan hermosa y encantadora se había podido fijar en un hombre tan serio y normal como él. Pero su maravillosa novia no era tan perfecta como Theo pensaba, aunque tardaría un tiempo en descubrirlo.
―Ya se ha ido a trabajar ―anunció la castaña a su interlocutor.
―¿Se lo ha creído?
―Por supuesto, el pobre se cree todo lo que le digo, está loco por mí. ¿Tu esposa se creyó el viaje de negocios?
―Creo que sí, y si no lo ha hecho, lo ha disimulado bien. En cualquier caso me da igual… este fin de semana será para nosotros, preciosa.
―Te esperaré en el aeropuerto. Nunca he estado en París, Theo nunca me ha llevado.
―Para eso estoy yo Astoria, para darte todo lo que tu novio no te da. ―Ambos se rieron.
Cuando Draco Malfoy colgó la llamada se encontró con Harry en la puerta de su despacho.
―Hola Potter ―saludó con su falsa cordialidad.
―¿Qué quiere de mí señor Malfoy?
―Sólo informarte de que este fin de semana también estaré ausente.
―Eso ya lo sé, estaba delante cuando se lo dijo a su esposa ―replicó molesto.
―Obviamente no es un viaje de negocios, tengo asuntos más interesantes que atender, tú ya me entiendes ―El moreno sonrió asqueado―. Sólo quería que lo tuvieras en cuenta y trataras de aprovechar el tiempo con mi mujer. La cosa va muy lenta.
―Va como debe ir, si me anticipo, podría ahuyentarla para siempre, ¿quiere eso señor Malfoy? ―El rubio lo miró con altivez y desprecio.
―Confío en ti Potter, porque estoy viendo cambios en Hermione, pero mi paciencia tiene un límite, quiero divorciarme de ella antes de jubilarme.
―Entonces deje que siga haciendo mi trabajo, sé lo que hago. Buenas tardes señor Malfoy. ―Draco le apartó la mirada y el moreno abandonó aquel despacho.
"¿Cómo puedes sentirte culpable por haberme besado sintiendo algo sincero por mí ―pensaba Harry mientras miraba a su jefa hablando con Snape y Krum en el pasillo―, cuando tu marido te engaña continuamente por puro capricho?".
Se sentó en su mesa y devolvió toda su atención a la agenda de su jefa.
Al mediodía, Harry y Hermione conversaban tranquilamente en la entrada del despacho de la arquitecta, ajenos a los ojos marrones que no dejaban de mirarlos con atención.
"Qué gran actor eres Harry, nadie diría, por tu forma de mirarla, que esa mujer no te importa nada."
Cuando el moreno se dirigía al vestíbulo para hablar unas cosas con Katie Bell, alguien lo agarró del brazo. Al volverse se encontró con un rostro pecoso.
―¡Ginny!, ¿qué haces aquí?
―El otro día me colgaste el teléfono ―acusó muy molesta la pelirroja.
―Ginny… estaba muy cansado… ―Sus débiles argumentos no la convencían en absoluto.
―Realmente me repugna lo que le estás haciendo a esa pobre mujer. ¿Cómo te has convertido en esto?
―Basta Ginny, no podemos hablar aquí. ―Su tono de voz se recrudeció. Se la llevó hacia una esquina para que nadie los escuchara.
Draco Malfoy abandonaba el ascensor en aquellos momentos, iba a reunirse con los ingenieros. Pero sus ojos grises se vieron atrapados por la bella desconocida que hablaba acaloradamente con Harry.
―Katie…
―Sí, señor director.
―¿Quién es esa chica?
―Creo que una amiga de Harry.
"¿Amiga de Harry? ―reflexionó internamente―, ¿a caso esa preciosidad trabaja en lo mismo que él?". No pudo ocultar una sonrisa de medio lado.
―Señor Malfoy, hemos terminado los cálculos que nos pidió ―anunció Sirius Black llamando su atención.
―Muy bien, veámoslos entonces. ―Habría preferido quedarse en el vestíbulo, contemplando a la hermosa e impetuosa pelirroja, pero era un hombre de recursos, sabría cómo encontrarla más adelante.
―¿Por qué no podemos hablar aquí?, yo creo que es el lugar adecuado para hacerlo ―desafió la pelirroja―, donde está tu víctima. Porque eso es Hermione Malfoy, ¡tu víctima!
―Déjalo Ginny, por favor ―rogó el moreno.
―¿Dejarlo?, eso deberías hacer tú Harry, ¡dejar esta maldita trampa! ―Se sentía tan dolida e indignada por la ausencia de principios del chico que le gustaba, que no podía callarse. La rabia salía por su boca en forma de palabras.
―¡Cállate, no sabes nada, y deja de decirme lo que tengo que hacer, no eres mi madre ni nada mío! ―Nunca le había hablado de esa forma, pero la tensión que llevaba soportando semanas había explotado con la provocación de Ginny.
Aquellas palabras le rompieron el corazón a Ginevra Weasley. Eran amigos de toda la vida, de hecho, ella había sido su única amiga fuera del ámbito de su trabajo, ¿realmente no significaba nada en su vida?
La pelirroja, conteniendo las lágrimas como mejor podía, se dio cuenta de que Hermione los miraba en la distancia, con cara de no entender nada. Entonces una idea cruzó su mente. Volvió a mirar a Harry y de nuevo a la castaña. Él comprendió con horror lo que la pelirroja estaba pensando.
―Ginny no, por favor… ―suplicó.
―Si tú no tienes el valor para hacerlo, yo te ayudaré ―aseguró con firmeza mientras se alejaba de él en dirección hacia la castaña―. Hermione tiene que saberlo.
El moreno la siguió desesperado, implorándole entre susurros que se detuviera, que no lo hiciera. Se detuvo al lado de su jefa, mientras ésta observaba a Ginny frunciendo el ceño.
―Señora Malfoy, necesito hablar con usted.
Harry sentía los latidos de su corazón en las sienes. Lo que fuera que tenía con Hermione estaba a punto de terminar.
CONTINUARÁ…
