Disclaimer: League of Legends y sus personajes no me pertenece. Terminando este capítulo me di cuenta que este fic es algo como… ahora odio a Syndra, ahora quiero a Syndra, ahora la odio, ahora la quiero, ahora la odio… y no, no hablo de M.F. xD
Capítulo 11
Era un mundo demasiado grande
La escena era frustrantemente familiar para ella.
Nuevamente se encontraba en su cuarto preguntándose por la única persona que ocupaba su cabeza desde hace un tiempo, preocupada.
Pese a que era una noche fría, la tiradora había dejado la ventana abierta, paseándose por el reducido cuarto sin poder estar quieta, mirando había afuera cada tanto, esperando por alguien que temía no iba a aparecer.
"¿Pero qué otra cosa se supone que pueda hacer?"
Sentía la impotencia atravesar su cuerpo tan pesadamente que en varias ocasiones había agarrado su cabello con fuerza, al borde de un colapso nervioso, justo como lo hacía ahora.
"—Ni lo pienses, apenas logramos salir de allí— advirtió Ahri, una vez odas se encontraron reunidas en las afueras de la caverna.
De la oscura entrada se podía escuchar el chillar de las bestias y solo tomo unos segundos más para que la apertura cediera, desmoronándose.
—La energía empeoró, ni siquiera las paredes de la caverna la resistieron— comentó Soraka también al ver lo mismo que todos allí.
— ¿Syndra?
—No lo sé… no puedo sentirla… perdón."
"No puedo sentirla" siguió recordando "¿Y qué demonios se supone que significa eso?"
Podía sentir los pasos de Ahri al otro lado de su puerta. Había mantenido su habitación a oscuras así que la sombra de su pies se dejaba ver por la luz que entraba en la parte inferior de esta, pero su líder se alejó sin siquiera llamar. Poco segundos más tarde pudo escuchar la puerta de entrada del apartamento y luego el silencio total.
Los días pasaban lentamente y ninguna de las guardianas, pese a sus esfuerzos, podía contactar con Syndra. Menos aún encontrar una nueva entrada a la zona profunda de la antigua caverna, donde la energía negativa allí era suficiente para que cualquier guardiana se sintiera descompuesta solo acercarse.
— ¿Qué tengo que hacer?— se preguntó con sus esperanzas desapareciendo cada vez que miraba por la ventana y nada pasaba— ¿Qué se supone que debo hacer ahora?
Se alejó de la ventana y miró hacia su escritorio. La flor lila con sus adornos. Debía admitir que ahora era menos elegante de cuando Syndra se la regalo, pero extrañamente seguía animándola, consolándola, distrayéndola.
Las sombras de las cortinas sobre donde tenía su vista, moviéndose, la hizo voltearse rápidamente.
Examino con cuidado el marco y afuera, acercándose de inmediato, pero nuevamente no encontró nada. Aun mirando hacia afuera, donde las luces de la ciudad iluminaban las proximidades, no encontró a nadie.
Apoyó su mano sobre el borde de una de las alas, pensando en cerrarla al recibir una leve ráfaga de viento helado sobre su cara, pero terminó dejándola.
Aun desanimada, aun creyendo que no volvería, sin querer pensar todavía en el "nunca", prefería soportar un poco de frio y dejar la ventana abierta.
Se dio vuelta y, apenas abrir sus ojos, estos captaron en la oscuridad algo que no estaba allí antes, una figura al lado de la puerta, en el rincón con menos luz de la habitación, una figura esbelta, una persona a la que solo se le podía apreciar un ojo de un color destellante violáceo, mirándola.
Los pies de Miss Fortune reaccionaron antes de que pudiera pensarlo, acercándose unos pasos cuando la otra chica habló.
—No te acerques— le advirtió Syndra, haciendo que la pelirroja se detuviera en su lugar.
Ambas se miraron por un tiempo corto, en el que la tiradora trataba de inspeccionar mejor a la ex miembro de su equipo. Aun en penumbras podía ver qué sectores de su cuerpo eran irregulares a como recordaba, mayormente en su lado izquierdo.
— ¿Estas bie-?
—No hables— volvió a ordenar, interrumpiéndola, y la pelirroja pudo ver como la mirada hacia ella se endurecía.
Lo sabía. Miss Fortune cargaba con la culpa de lo que pasó en la caverna. Los errores de ese dia, todos ellos tenían su nombre.
Ahri y las demás no le recriminaron nada, inclusive Lux y Soraka que desde un principio conocían su plan, ninguna fue capaz de cuestionarle.
Pero Syndra.
Ella ya había expresado, con fuerte palabras, lo que creía sobre ella y su forma de actuar.
Si ahora quería terminar de sentenciarla con sus palabras o lo que tenga en mente, guiada por su enojo y desaprobación, podía hacerlo.
—No he venido a esto— comentó luego de lanzar un pesado suspiro— no pongas esa expresión, no vine hasta aquí a…— se interrumpió a ella misma, no encontrando las palabras. Se dio un tiempo buscándolas, pero al no encontrar que decir simplemente cambio la mirada acusatorio para la menor por una más relajada.
Termino por dar un par de pasos, acercándose a la otra chica, dejando que la luz que entraba por la ventana terminara por revelarla.
La totalidad de su brazo izquierdo estaba cubierto por una especie de material oscuro, un brillo oscuro, purpura, palpitaba opacamente como venas, del sector del codo y hombro salían unas puntas que parecían de roca oscura, la misma que cubría su ojo, antes oculto con un parche que ahora no estaba.
La tiradora no podía ver sus piernas por el pantalón que cubría a la maga, pero al juzgar por los rasgados de algunos sectores, donde el material se exponía, y lo extraño de los movimientos al tratar de caminar, podía adivinar que las extremidades inferiores también estaban infectadas.
— ¿Tan mal se ve?— preguntó, dándole una sonrisa de lado, al notar como almas chica la miraba de arriba hacia abajo mientras su expresión detonaba cada segundo mas preocupación.
Miss Fortune no dijo nada, solo volvió su vista al rostro, donde, aunque le distraía el material alrededor del cuello de la maga, el cual parecía quererla ahorcar, trató de concentrarse en su mirada.
—Aunque me gusta un poco los colores, ya sabes, uno de mis favoritos… no me gusta mucho el aspecto que tiene— siguió comentando con ironía mientras se miraba su palma izquierda. No quedaban rastros de piel en esa zona, solo el material maligno palpitando— será mejor que me acostumbre… bueno… de hecho no deberé acostumbrarme a nada. Esta cosa me consumirá tan rápido que dentro de poco no quedara ni el más remoto recuerdo en mí de que cosas me gustan o disgustan.
Apretó su puño, sintiendo la fuerza luchando en su carne, lo que aun podía sentir de su mano, casi nada.
—Es un increíble poder, de verdad que si— volvió a decir, pero en su voz no había ironía esta vez, sino una profunda aceptación— hubiera estado encantada de poseerlo, adquirirlo… ahora el me consumirá a mi… es gracioso como a veces terminan las cosas. Por más que uno se esfuerce con su vida, puede que no consiga lo que quiere.
— ¡Dijiste que si lo que las guardianas querían era matarte…!— comenzó de repente la tiradora— ¡Que yo lo había logrado si era así! ¡Yo nunca busque hacerte daño! ¡Lo que yo quería…! ¡Lo que yo quería era derrotar a esa estúpida esfera! ¡Si la destruía, tú ibas a regresar con nosotros! ¡Iba a demostrarte que las guardianas estelares eran más fuertes! ¡Más poderosas que cualquier otro poder que conozcas! ¡Eso es lo que siempre te importó! ¡¿Verdad?!
Syndra sonreía sin ganas mientras dejaba que la más chica hablara, su frustración era casi palpable y la expresión que llevaba su rostro era tan contrariada que esperaba verla llorar en cualquier momento.
Le causaba gracia.
— ¡Te demostraría el error que cometiste al traicionarnos y volverías a ser una guardiana estelar! ¡Porque somos más fuerte que eso, lo que sea que era eso… lo que sea! ¡Te sentirías una estúpida por dejarnos de lado como si fuéramos la poca cosa!... porque eso eres… ¡Eres una gran estúpida!
—Ya veo…— comentó con calma, aun manteniendo la débil sonrisa— así que ese era el plan que ideo esa "brillante cabeza"… ah… pero que bien se escuchaba.
— ¡¿Verdad que si?!— Contestó sin contenerse, sin importarle que se le estuviera hablando con sarcasmo— ¡Iba a funcionar! ¡De verdad que iba a funcionar! ¡Yo quería…! ¡Yo quería…!
Syndra pudo ver como la pelirroja se encogía encorvando su espalda, tenía los puños firmemente cerrados y temblaba.
—Que patético ser eres— comentó la mayor con algo de aburrimiento—No… ¿Quién soy yo para admirarme?
Se dirigió a un lado, inspeccionando el escritorio de la habitación, revolviendo las cosas en el mientras le daba cierta privacidad a la menor para limpiarse el rostro.
— ¿Cómo puedo llamar a mis acciones, que no sea otra cosa más que "estúpidas"?— se preguntó mientras hojeaba un cuaderno— estudiar con tanta dedicación una nueva fuerza, desvelarse noches enteras tratando de moldearla, reconociendo lo peligrosa que es y midiendo como proceder con cautela para dominarla… para ver como una incauta niña se mete en medio de un vortex de poder desenfrenado… y entrar a buscarla sin siquiera pensarlo en un "muy estúpido intento" de salvarla… tirando todo ese esfuerzo a la basura y causando mi propia muerte… ah… no soy quien para llamarte patética.
Cerró el cuaderno y volvió a dirigir su mirada a la anfitriona.
—Aun me pregunto— siguió hablando mientras se acercaba— ¿Por qué hice algo tan estúpido?
Apoyo su mano sana sobre la cabeza de la pelirroja, sus cabellos amortiguaban el tacto, y le pareció tan suave que sus dedos se movían, acariciando la zona, sin siquiera pensarlo.
—Cuando estábamos adentro de la esfera, te tire toda la culpa de lo que estaba pasando, y dije otras cosas también— comenzó a hablar aun con la mano acariciando su cabeza— es injusto que te quedes con la idea de que esto es tu responsabilidad… así que pon atención porque voy a decir esto una sola vez.
Miss Fortune no despegaba su vista del estómago de la mayor, incapaz de levantar la mirada hacia ella, pero aun así escuchando cada palabra.
—Todo lo que me pasa, y lo que va a pasarme, todo… es mi culpa. Si he de morir y desaparecer, solo ha sido por las decisiones que tome que me han llevado a eso— dijo de forma pausada y con claridad— Odiaría que anduvieras por ahí creyendo que eres las causante de mis desgracias.
La tiradora levanto su vista de inmediato, sorprendida, haciendo que la mayor dejara de tocar su cabeza. Sonrió ante el rostro desconcertado que tenía en frente.
— ¿Qué?— preguntó con gracia— ¿Acaso creías que iba a dejar que el mérito de derrotarme sea para ti? "Ser inferior" no me hagas reír.
Aun así largo una leve risa grave y volvió a extender su mano para tocarle la mejilla, sintiendo como su palma se humedecía al tacto.
—Curioso…— comentó contemplando esos ojos que con el tiempo había aprendido a admirar— aun viendo como el tiempo se me acababa, aceptando de a poco que sería consumida y que nada podría hacer, sabiendo que como último recurso debía buscar algún medio para salvarme y evitar quedar en el olvido mismo… frente a todo el horrible pronostico que se me presentaba… termine dirigiéndome hacia aquí… el único lugar donde quería estar. Y aunque sea consciente de que no tienes ninguna utilidad… por alguna razón que no soy capaz de entender… solo quería verte.
Retiró su mano y con un pesado suspiró volvió al lado del escritorio, apoyado su cadera en él, descansando.
—He hecho cosas terribles ¿No es así?— divagó mirando a un costado a la flor que bien conocía— aun así quiero quedarme un rato más aquí, así que considera el robarte más tiempo una de mis últimas acciones egoísta… después de todo, dentro de poco no importara más…
— ¡Tienes razón!— la interrumpió de repente, no cayendo en lo monótono que comenzaba a ser la voz de la mayor— ¡Hiciste cosas terribles! ¡Cosas estúpidas e hirientes! ¡Traicionaste a las personas que te querían! ¡Usaste a los chicos y a mí para avanzar en tus propios asuntos! ¡Nos mentiste! ¡Nos atacaste! ¡Estabas dispuesta a matarnos si interferíamos en tu camino! ¡Fuiste horrible con todos nosotros!... ¡Pero sigues viva! ¡¿No es así?!
— ¿Eh? ¿No me estas poniendo atención? Te estoy diciendo que…
— ¡Que la jodiste! ¡¿No es así?! Pensaste que saldrías ganando pero lo arruinaste y ahora estas en problemas ¡¿Verdad?! ¡Entonces es muy fácil! ¡Solo resuélvelo!
— ¿"Resuélvelo" dices?— preguntó con gracia— ¿Así nada más? ¿Y que se suponga que debo hacer? ¿Ir a suplicarle que no me consuman? ¿Matarlo de alguna milagrosa manera sola con mis poderes que casi ya no siento?
— ¡No!— la detuvo aun con convicción— sola no, lucharemos, con todas las guardianas estelares, podemos hacerlo si…
La tiradora se vio interrumpida al escuchar la no tan disimulada risa de ironía de la mayor.
— ¿Las guardianas estelares? ¿Ayudarme?— preguntó en burla, no ocultando el obvio problema con esa forma de pensar, pero dejo de reírse al ver la determinación que aun poseía la otra chica— ¿Y por qué me ayudarían las guardianas estelares?
— ¡Porque tú también eres una guardiana estelar!
— ¡Deje de serlo cuando las traicione, idiota!
— ¡No! ¡Solo cometiste un estúpido error! ¡Un terrible, egoísta y desafortunado error! ¡A todos nos pasas! ¡Te equivocaste! ¡Lo arruinaste! Ahora… se una chica grade… y arréglalo, pide perdón o lo que tengas que hacer, y si no puedes arreglarlo sola, pide ayuda… te ayudaremos.
—Pero que hermosa e infantil forma de ver las cosas tienes…
—¡Te vas a morir! ¡¿Verdad?!— Volvió a decir con enojo y las palabras le hicieron daño al pronunciarlas, pero no desistió— si no lo arreglas, desaparecerás ¿No es así? Puede que sea idiota, puede que no entienda nada de lo que esa esfera sea, ni su poder, pero tu si, sé que sí. Encontrar la solución de eso es lo único que te salvara, y una vez que la encuentres ¡Nosotros vamos a ayudarte! ¡No te dejare morir! ¡Definitivamente! ¡No te dejaremos morir!
— ¿Quieres que pida perdón a las guardianas estelares y suplique mientras agonizo por su ayuda?— preguntó aun sonriendo con algo de ironía.
Miss Fortune se la quedo viendo, pero solo endureció la mirada antes de contestar.
— ¡Si!
—Eso no me salvara…
— ¡Eres más terca de lo que pensé! ¡¿No me estas escuchando?! ¡No tienes otra opción! ¡¿Tan soberbia eres que prefieres morir antes que pedir nuestra ayuda?! ¡Idiota!
—No es una cuestión de soberbia…— confesó y su sonrisa se debilito— no van a perdonarme…
— ¡Si lo harán! ¡Y vamos a ayudarte!
—No quiero tener que…
— ¡Vamos! ¡No es tan difícil ¿Sabes?!— Insistió viendo con enojo la nueva postura apagada que traía la mayor— solo tienes que decir "Perdón, la jodí…. Horriblemente"
—No creo que eso…
— ¡Solo repite conmigo! "Lo siento, me equivoque"— insistió, dándole tiempo a la mayor de que la siguiera, pero esta solo le dio una penosa sonrisa— vamos "Me equivoque… lo lamento" ¡Puedes hacerlo!
Vio como la maga parecía apretar sus labios y abrirlos, pero nada salió de ella.
— ¡¿De verdad no puedes hacerlo?! ¡No importa! ¡Lo diré por ti!— sentencio dando unos pasos hacia la puerta— ¡Encontraremos una solución! ¡Primero iré por Ahri y…!
—Oye…
La tiradora detuvo sus pasos y miró a quien le hablaba, por más que Syndra parecía luchar por sostenerle la mirada, termino perfilándose a la pared que tenía en frente.
—Yo… yo lo arruine todo— terminó admitiendo, sus labios tiritaban un poco— perdón.
Aunque hubiera preferido seguir viendo ese punto imaginario en la pared, pronto este desapareció y fue remplazado por el pecho de la pelirroja, obligándola a ver hacia arriba.
Estaba cansada y no era capaz de seguir con su postura sarcástica y dura, menos aun viendo la expresión herida y llena de miedo que traía la menor. Como si su dolor no se comparara al que ella sentía.
Le parecía injusto, inclusive si ella era la que agonizaba no entendía porque la persona en frente sufría tanto por sus errores.
—Lo lamento…— dijo apretando los dientes y negando con la cabeza, sintiéndose confundida, no logrando entender la situación— perdóname…
Incluso cuando sintió los labios de la pelirroja presionando torpemente los suyos, el sabor amargo que invadió su boca la obligó a alejarla.
Ni siquiera sentía su mano izquierda tocando el hombro de Miss Fortune y eso la llenó momentáneamente de frustración, temiendo apretar con una fuerza que no controlaba y lastimarla.
Quiso ayudarse con su otra mano, la que descansaba en el escritorio, pero la tiradora había insistido con su cuerpo y dependía de ese apoyó para no caer.
Apoyó su frente contra la de la menor, como último recurso para que esta no volviera a besarla.
No quería, se sentía mal, "Incorrecto"
Su frente empezó a presionar fuertemente, pero nada pudo hacer cuando las manos de la tiradora envolvieron su rostro, tomándola por las mejillas.
Ahora lo único que evitaba el beso era el solo decidir de la menor, y esta la miraba intensamente, sin lastima ni pena, sin ninguna duda de lo que quería en ese momento.
A ella.
Y la besó, haciendo que el amargo pesar que sentía en su boca y garganta desapareciera, dejando que el contacto lo derritiera para contagiarse de su calidez.
Nota del autor:
"Era un mundo muy, muy grande, pero pensábamos que nosotros lo éramos más"
Lukas Graham - 7 Years
