CAPÍTULO 11

Se estiró en la cama, levantando uno de sus brazos completamente mientras se desperezaba, percatándose de que tocaba algo con él, o más bien, a alguien. Lo bajó rápidamente y miró a su izquierda, viendo a Clarke con su ceño ligeramente fruncido por el pequeño golpe, pero aún dormida. Se giró en el colchón para colocarse de lado y sonrió sin poder evitarlo al verla allí; podría acostumbrarse perfectamente a tenerla cada mañana en su cama.

Un momento… ¡Clarke estaba allí! Joder, iban a verla. Puso una de sus manos en el hombro de la rubia y la zarandeó suavemente mientras decía su nombre en distintos susurros. Sí que tenía sueño profundo su chica… De repente, se sonrojó con el pensamiento. "Su chica". Sonrió de nuevo mientras la veía de más cerca y besó suavemente sus labios, separándose ligeramente de ella para ver cómo abría los ojos, mirando a su alrededor confundida.

-Lex… -tapó su boca rápidamente, porque su voz sonó con su volumen normal, y no sabía si había gente en la habitación o no.

-¿Cómo viniste ayer? -susurró.

-Traje la capa -contestó una vez apartó la mano de sus labios.

-Voy a comprobar que no hay nadie en la habitación, me cambio y nos vamos, ¿vale? -se giró para colocarse las gafas, que estaban en la mesilla de noche que tenía junto a su cama.

-Estás increíblemente guapa por las mañanas -sonrió, y la morena le devolvió el gesto notando esa calidez tan agradable en las mejillas, dejando que tirase de la camiseta de su pijama para que cayese suavemente sobre su pecho-. Daría todo por poder ver tu cara todos los días nada más me despierto -acarició su pelo de forma distraída, y Lexa se terminó de inclinar sobre ella para besarla despacio, apoyando su mano sobre su hombro.

-Ojalá pudiera verte a todas horas conmigo… -miró su rostro entristecida, y dejó que sujetara su nuca para volver a besarla, esta vez más en profundidad, consiguiendo que tuviese que inspirar con fuerza porque perdió todo el aire que le quedaba en los pulmones. Entonces se percató de que acababa de levantarse, y se separó de ella rápidamente, notando su cara totalmente roja.

-¿Qué pasa? -se extrañó Clarke.

-Que... yo… -se puso nerviosa, y la rubia arqueó una ceja- Me acabo de levantar y…

La Slytherin soltó una carcajada y ella se lanzó otra vez sobre su cuerpo poniendo ambas manos sobre su boca, sonriendo al ver cómo su cuerpo se sacudía por la risa. Escuchó que murmuraba algo, y liberó sus labios para escucharla.

-Yo también me acabo de levantar -contestó.

-Me da vergüenza -confesó, y Clarke le regaló una sonrisa que podría derretirla completamente.

-Eres perfecta -besó la punta de su nariz, y Lexa sonrió tímida.

Se dieron un suave beso, y Clarke sonrió cuando la morena se apartó al querer profundizar de nuevo. Sí, se moría cuando sentía la lengua de la rubia contra la suya, pero no quería darle asco.

Se asomó y vio que había algunas camas ya hechas y otras aún con las cortinas echadas, así que ayudo a Clarke a colocarse la capa de invisibilidad y la dejó ir primera al baño a asearse antes de hacerlo ella. Empezó a vestirse cuando escuchó cómo cerraban la puerta de forma disimulada, y soltó un suspiro mientras se giraba divertida.

-Sé que estás aquí -dijo, y pronto se vio envuelta en su abrazo cuando dejó caer la capa.

-Tenía que probar suerte -rio, y sintió un escalofrío cuando la mano de Clarke viajó por su espalda y se coló bajo su camisa que aún no estaba bien colocada, deslizando los dedos por su piel.

Se miraron fijamente a los ojos desde la corta distancia que las separaba, y cogieron aire a la vez por el contacto íntimo. Bajó la vista a sus labios, y suspiró antes de besarla con ganas. No sabía cómo podía tener tan poco autocontrol cuando tenía a Clarke cerca. Al menos, ya se habían podido lavar los dientes.

Dejó que la pusiera contra la pared, jadeando las dos al mismo tiempo y observándose de cerca de nuevo con sus respiraciones agitadas, y sintió un nuevo escalofrío cuando vio ese azul oscurecido. Sus labios volvieron a estrellarse, y Lexa subió las manos hasta sus cabellos rubios, enredando sus dedos en ellos mientras ladeaba la cabeza hacia otro lado para coger un mejor ángulo para profundizar el beso.

Se separaron de nuevo y miró cómo Clarke llevaba sus manos a su camisa, concretamente hasta uno de sus botones. Sus ojos conectaron y pudo percibir cómo pedía permiso de manera silenciosa para seguir con lo que hacía. Lexa simplemente asintió, al mismo tiempo que intentaba controlar su respiración con todas sus fuerzas a medida que se iba descubriendo cachos de piel para los ojos azules de la Slytherin.

-Joder, Lexa… -murmuró observándola al abrir su camisa antes de conectar sus miradas y volver a unir sus labios con los suyos. Clarke pasó su mano extendida por su abdomen y notó cómo se arqueaba contra ella. Lexa no pudo evitar llevar las suyas al final de su jersey, levantándolo para deshacerse de él, tirándolo al suelo. Igualdad de condiciones, por favor-. Maldita Gryffindor… -gruñó antes de bajar a su cuello, besándoselo a la vez que agarraba una de sus piernas para subírsela a la cintura de un solo movimiento y pegar sus caderas completamente a ella.

-Clarke… -jadeó, y sujetó su nuca con fuerza, cerrando los ojos cuando los dientes de la chica se hincaron en su piel.

-Necesito tocarte…

Joder… Joder… El calor la envolvía desde hacía unos pocos minutos, pero nada comparado con lo que sintió cuando escuchó esa frase ronca salir de sus labios. Claro que quería que la tocase, sobre todo en ese mismo instante, pero en los baños de su habitación de Gryffindor no podían hacer nada, era demasiado peligroso. Además, ¿estaba preparada para dar el paso final? Casi se sentía aún una inexperta en todo eso.

-Lo siento -murmuró en un hilo de voz la rubia, y Lexa se quedó confundida por el cambio repentino en el tono-. Lo siento, de verdad -Clarke se echó hacia atrás, pasándose la mano por el pelo y dándose la vuelta-. No sé en qué estaba pensando -la morena se percató que apretaba sus puños.

-Clarke… -la llamó, pero la chica no levantó la mirada del suelo, ni siquiera se giró- Clarke… -lo intentó de nuevo, acercándose a ella, y estiró su brazo para agarrar su mano.

-Lo siento, Lexa -la miró por fin, y vio que tenía lágrimas en los ojos.

-¿Q-qué pasa? -se preocupó, poniéndose frente a ella y sujetando sus mejillas con las manos.

-No debería estar aprovechándome de ti de esta forma. No sé qué me pasa, no me puedo controlar y tú no te mereces que te traten así. No te mereces que abuse de esa forma de tu cuerpo -Lexa levantó una ceja, más confundida que antes.

-¿Abusar? -quiso aclarar el verbo que utilizó, y ella simplemente asintió- ¿Sientes que yo no quiero que sucedan estas cosas?

-No lo sé… No quiero meterme en tu mente, no quiero invadir más tu privacidad…

-Nunca has pedido permiso -sonrió, realmente nunca le importó que Clarke hubiese estado leyendo sus pensamientos. Quizás fue gracias a eso por lo que se acercó a ella las pasadas Navidades, y no podía estar más agradecida por el hecho-. No me importa que lo hagas, pero yo no soy legeremente, no todo el mundo lo es. No tienes que depender de leer mentes para saber si lo que haces está bien o no. Hay otras cosas que te hacen saber si me está gustando o no, ¿verdad?

-¿Y si te hago daño?

-Clarke, me pone muy nerviosa todo esto, no te lo voy a negar, pero en ningún momento he sentido que te hayas pasado ni que hayas hecho algo que no me ha gustado -quiso dejar claro, y levantó la cabeza de Clarke cuando volvió a agachar la mirada-. Clarke, me encanta cuando me besas y cuando me tocas… solo que es nuevo para mí, no sé bien cómo responder -quiso hacerle sentir bien-. Quiero hacerlo todo contigo, pero vayamos poco a poco, por favor -la rubia asintió-. Siempre que esté preparada para algo, te lo diré. Y si te pasas o haces algo que no me gusta, también te lo haré saber.

-Lo siento…

-Deja de sentirlo, por favor -pidió, y se quedaron unos segundos en silencio, simplemente observándose directamente a los ojos.

-Te deseo mucho, Lexa -confesó la chica sin aliento, y ella no pudo evitar besarla de nuevo en los labios.

-Y yo a ti, Clarke -susurró contra ellos, notando que sonreía levemente-. ¿Nos vemos esta noche?

-Siempre.

Tuvieron cuidado para que no las viese nadie y que no se notase que una persona más salía a través del retrato de la Dama Gorda, aunque fuese invisible, antes de que Lexa se dirigiera al Gran Comedor y Clarke a la Sala Común de Slytherin para dejar allí su capa de invisibilidad. Estaba desayunando tranquilamente mientras leía una carta que recibió de su padre como cada mañana cuando Raven se sentó a su lado extendiendo el diario El Profeta delante de las dos, alisándolo sobre la superficie de la mesa. Lexa frunció el ceño cuando leyó la noticia de nuevos ataques de magia negra registrados en la ciudad de Londres durante aquella madrugada.

-Dicen que han visto movimiento últimamente cerca de Hogwarts -comentó Raven, señalando justamente el párrafo donde venía escrito-. Mi padre -el progenitor de la castaña trabajaba en el Misterio de Magia, era compañero de su tía- me ha dicho que no han dicho nada para que no cunda el pánico en el castillo, probablemente Dumbledore y los demás profesores estarán informados; pero ha habido un ataque en Hogsmeade hace tres días.

-¿Crees que hay mortífagos planeando un ataque aquí? -susurró a la chica, inclinándose hacia ella para que nadie la escuchase, y la Ravenclaw la miró preocupada.

-Me da un poco de miedo… -admitió, volviendo a mirar el periódico y pasando las hojas hacia otra noticia.

-Bueno, estaremos para defendernos mutuamente, Rave -la Gyffindor estiró su brazo para agarrar su mano sobre el periódico, y Raven la miró de reojo, regalándole una pequeña sonrisa con un ligero asentimiento de cabeza, antes de que el Gran Comedor se inundase por el silencio debido a la repentina aparición de Dumbledore.

-Alumnos -habló con su peculiar voz-, he de comunicar que nos hemos visto en la obligación de reforzar las medidas de seguridad en el castillo por orden del Ministerio de Magia por la huida de Azkaban de cuatro peligrosos seguidores de Lord Voldemort -Lexa sintió que un escalofrío recorría su cuerpo al escuchar aquel nombre, y casi pudo percibir los de las demás personas que la rodeaban, incluida Raven que aún sujetaba su mano-. No vayáis solos por los alrededores del castillo, y protegeos los unos a los otros -hizo una pausa antes de continuar-. Habrá dementores merodeando por los jardines y en el bosque prohibido. Nuestra querida profesora de Defensas Contra las Artes Oscuras -la señaló-, os dará esta semana a cada curso una clase para poder conjurar con eficacia el hechizo Patronus. No queremos que ninguno de vosotros resulte dañado -tras coger aire, creando otra pausa dramática, sonrió ampliamente para despedirse-. Y, como despedida, unas palabras: caramelos de limón. Chimpón.

Lexa se quedó en silencio, y sintió cómo Raven apretaba su mano ligeramente: notó que realmente estaba asustada. De repente, sintió un escalofrío recorrerla, y levantó la mirada para ver a Clarke en su mesa de siempre mirando fijamente las manos unidas de la Ravenclaw y la suya. Estiró sus dedos para soltarla y coger con ella la cuchara para seguir desayunando.

Los ojos de la Slytherin subieron hasta los suyos, y esperó ver una mirada dolida o que, de repente, volasen los platos que había frente a ella en un nuevo ataque de celos. Aunque no podía llamarle "celos", porque sabía que, simplemente, Clarke quería estar así con ella. En vez de encontrar esas esferas azules con el dolor reflejo en ellos, se encontró con un celeste preocupado.

Sonrió ligeramente para asegurarle que estaba todo lo bien que podía estar, e incluso lo pensó, intentando tranquilizarla por si leía su mente. Sintió alivio cuando la vio asentir levemente antes de ponerse a desayunar de nuevo.

Le encantaba que Clarke Griffin ahora la quisiese proteger de todo y de todos.

X X X

La Sala de los Menesteres se había convertido en su lugar secreto, en su sitio favorito de todo Hogwarts, porque podía estar al lado de esa persona tan increíble. Allí podían estar juntas sin fingir odio o miedo, besarse, experimentar con la otra o simplemente estar agarradas de la mano mientras hablaban de lo que fuese; en definitiva, ese era su escondite.

En esos momentos estaban en la cama, que casi siempre estaba allí, y Lexa se encontraba sentada entre sus piernas y con la cabeza apoyada en su hombro mientras Clarke la abrazaba desde atrás con la espalda contra el cabecero. Pensó que se había quedado dormida, porque hacía unos minutos que ni hablaba ni se movía; cosa que le pareció adorable. Clarke insistió en estar en esa postura, porque Lexa dijo que quería terminar de estudiar un epígrafe que no le dio tiempo en la biblioteca, donde dejó a su amiga abandonada de nuevo para poder irse con la rubia. Pero es que las siete era su hora mágica.

Casi estaba terminando de leer el tema cuando notó que se movía, escondiendo el rostro en su cuello, haciéndole cosquillas con su cálida respiración. Entonces depositó un suave beso en su piel que la hizo estremecerse, y es que habían descubierto juntas que su cuello era un sitio muy sensible. No contenta con eso, sacó la lengua para poder delinear lentamente esa parte de su anatomía.

-Clarke… -advirtió, y ella respondió con un murmullo, besándola de nuevo- Clarke…

-Dime, preciosa.

Uff… ya estaba en modo galán conquistador. Y ella no podía controlarse, no era de piedra, era como un cubito de hielo y nada más Clarke la tocaba o la besaba, se derretía, era instantáneo. Últimamente, en sus encuentros, acababan las dos algo afectadas, porque las sesiones de besos cada vez eran más interesantes, ya que sus manos podían acariciar un poco más del cuerpo de la otra. Y, Dios, podía sonar como fuese, pero había descubierto que le encantaban los pechos de Clarke. Aún no los había visto sin nada, pero cuando abrió un día su camiseta casi sufrió un ataque cardíaco al ver lo grande que eran. Y poder pasar el pulgar por la zona que su sujetador no cubría mientras besaba sus labios y la notaba suspirar en su boca era increíble.

-Clarke, en serio, me queda poco.

-Sí, lo sé… No estoy haciendo nada, preciosa -contestó contra su oreja, mordiendo suavemente el lóbulo.

-Clarke… -se estremeció.

-Tienes un cuello jodidamente sexy, Woods -gruñó en su oído.

Soltó un suspiro cuando sus dientes se hincaron ahora en su cuello, y echó su cabeza de nuevo sobre el hombro de la chica. Fue instantáneo el sentir esa calidez recorrer su cuerpo, y no era momento de frenarla, porque ella misma necesitaba de Clarke. Decidido, terminaría el tema al llegar a su habitación antes de dormir.

Apoyó las manos sobre las suyas, que estaban en su vientre, cuando dejó el libro a un lado e hizo que se moviese por él, notando su sonrisa contra su piel antes de que volviese a besar su cuello, esta vez más insistente, pasando su lengua con firmeza por él y consiguiendo que ahogase un jadeo.

-Clarke… -esta vez no fue una advertencia, fue un "sigue" oculto que se reafirmó cuando movió sus manos hacia arriba para que acabase en sus pechos, apretándolos con ella. Necesitaba que la tocase casi las veinticuatro horas del día.

-Joder… -jadeó, y se asomó por su hombro para desabrochar su camisa botón a botón con su ayuda, quedándose con la prenda abierta, descubriendo su sujetador- Maldita Gryffindor…

Cuando lo decía de esa forma lograba paralizar todas las señales emisoras de su cerebro, apretó sus labios otra vez cuando vio sus manos apretándose en sus senos sobre el sujetador, y notó que se movía contra su espalda, pegándose un poco más a ella. Giró su rostro, buscando su boca mientras sujetaba sus piernas con las manos, apretando sus muslos desnudos con los dedos, al haberse subido su falda ligeramente con la postura.

-Necesito más de ti, Lex -murmuró, y la morena la miró agitada antes de estrellar sus labios con los suyos. Elevó su brazo para agarrar su nuca en esa posición, dejando que esa hábil lengua entrase en su boca y jugase con la suya.

Pasó su mano libre por su propia piel, hasta llegar al pecho que tocaba Clarke en esos instantes antes de coger aire, mirándola fijamente de nuevo y destapándolo lentamente. Notó que se paralizaba y que mantenía los ojos sobre los suyos, a pesar de que sabía que estaba luchando contra todo para mirar. Dios, que la mirase…

-Hazlo -murmuró, y la vio cerrar los ojos cogiendo aire antes de asomarse sobre su hombro. No apartó los ojos de su rostro, y se sintió jodidamente bien cuando vio su reacción, cómo le costaba cada vez más respirar.

-Mierda… -gimoteó- Eres perfecta…

Lexa giró su rostro con la mano que tenía en su nuca, pasándola a su mandíbula, y atrapó sus labios con la habilidad que había adquirido tras tantos besos compartidos. Clarke consiguió guiar el beso, como siempre, logrando que sonidos placenteros escapasen de su garganta, sobre todo cuando obligó a su mano a tocarla y sintió la palma de su mano estimulando su pezón; eso fue antes de que sus dedos lo pellizcara suavemente, logrando que arquease su espalda y mordiera su labio para aguantar un claro gemido que amenazó con escapar.

¿Hacía mucho calor allí o era ella?

-Ambas -contestó Clarke con su característica voz ronca.

-No me leas la mente en estos momentos -la miró seria, pero no pudo evitar sonreír cuando vio ese gesto pícaro en su rostro.

-Yo también tengo mucho calor, Lex -dijo antes de volver a besarla de forma lenta y apasionada.

Los besos se calentaron de nuevo y Lexa sujetó su nuca con fuerza, arqueando su espalda de nuevo cuando fue Clarke esa vez la que liberó su otro pecho con un gruñido, exponiendo su piel sin que a la morena le importase lo más mínimo. Se separó de su boca y jadeó viendo ahora ella sus dos manos masajeando sus senos. Echó la cabeza hacia atrás, mordiendo su propio labio, cuando escuchó que jadeaba contra su oreja y apretaba su pecho izquierdo con su mano derecha al mismo tiempo que la otra viajaba por su vientre, acariciándolo con firmeza.

-Clarke... -suspiró y agarró la mano que tenía sobre su abdomen.

-Si sigues diciendo mi nombre así, no voy a poder controlarme -confesó acariciando su oreja con los labios.

-N-Ne… Necesito… -joder, la necesitaba a ella. No había vuelta atrás, quería que la tocase, aunque fuese un poco…

Giró su rostro para mirar sus ojos, diciéndole sin palabras que quería que la escuchase, porque le daba mucha vergüenza decirlo en alto. Se sentía a punto de explotar con esas caricias tan bien construidas y esa boca volviéndola loca con lo que fuese que besara, y tenía su parte más íntima palpitante por una mínima atención, y esa atención solo se la podía dar ella. Cuando la vio tragar saliva supo que la había entendido.

-¿E-estás segura, Lex? -preguntó casi en un hilo de voz, y ella asintió como respuesta- ¿Sobre la ropa interior? -volvió a afirmarlo con un gesto breve de su cabeza, mordiéndose el labio antes de soltarlo para que la besase con intensidad.

Clarke se entretuvo en ese beso más tiempo del que esperó, y bajó ella misma su mano hacia su entrepierna, totalmente necesitada de ella, levantándose la falda con la otra. Clarke gimió sin cortase, ella, en cambio, lo ahogó porque se sentía algo cohibida por el momento. El gemido de la rubia le provocó escalofríos muy placenteros, sobre todo si lo unía a sus dedos apretándose en esa zona que estaba tan increíblemente sensible. Se separó de sus labios y miró hacia abajo: sus muslos desnudos, la falda subida levemente y la mano de Clarke colándose debajo de ella.

-Si quieres que pare, me lo dices -demandó, y ella volvió a asentir, asegurándole que lo había entendido, antes de echar la cabeza hacia atrás otra vez cuando movió sus dedos despacio. Joder, joder…-. Me vas a matar, Lexa… -volvió a besar su cuello, y comenzó con movimientos más firmes y circulares sobre su intimidad- Estás muy mojada... -dijo con voz ronca contra su oído- Puedo sentirte a través de la tela… -se deslizó ahora hacia arriba y hacia abajo- Maldita Gryffindor, joder… -su mano libre delineó su muslo hasta donde alcanzaba. Volvió a notar que se movía detrás de ella y aguantó otro gemido- Déjame escucharte, Lex… -sintió sus dedos ahora en los labios, separándolos y apretando con la otra mano en su intimidad, justo donde estaba su clítoris y consiguiendo que gimiese- Joder… -gruñó de forma ronca contra su oído, y giró su rostro de nuevo, besándola torpemente por el placer que la envolvía.

No esperó experimentar con tanta intensidad lo que estaba sucediendo, casi no podía procesar todas las sensaciones que la recorrían. Clarke sabía lo que estaba haciendo, se notaba por la forma de tocar, y la estaba dejando sin aire. Levantó las caderas de forma inconsciente y volvió a escucharla gruñir mientras mordía su labio inferior. ¿Qué era todo eso? ¿Qué estaba pasando? No podía más… Oh, Dios…

Lexa soltó un suave y largo gemido mientras tensaba todo su cuerpo.

-Te tengo, Lex, te tengo… Déjate llevar, déjame sentir cuánto me necesitabas... -sus movimientos siguieron firmes y cada vez un poco más rápidos. Aguantó el aliento, arqueándose sobre su cuerpo y sujetando su nuca con fuerza hasta que sintió una liberación muy relajante, cayendo derrotada sobre su cuerpo y respirando totalmente descompensada. Sintió que besaba su sien con cuidado mientras acariciaba sus muslos con ambas manos, relajándola y mandando aún escalofríos porque su piel estaba extremadamente sensible-. ¿Te ha gustado?

Miró unos segundos sus ojos, pero acabó tapándose el rostro con ambas manos tras bajar su falda, escuchando la risa de la rubia mientras la abrazaba con fuerza para que no se fuese de allí. Se tumbaron en la cama, y se colocó sobre ella, escondiendo el rostro en su cuello, muerta de vergüenza, sintiendo su mano acariciando su espalda despacio, y su brazo libre rodeando su cintura.

-Eres lo peor y lo mejor que me ha pasado nunca, Clarke -confesó en un susurro.

-Tú solo has sido lo mejor -sonrió al escucharla.

-Lo mío es más romántico -se apoyó en sus codos para observarla, y la vio levantar una ceja.

-Ah, ¿sí? -ella afirmó con un murmullo y asintiendo, antes de reír cuando empezó a hacerle cosquillas.

-Clarke -llamó cuando dejó de atacarla y le dio un suave beso-, ¿necesitas…? -se refirió a que la tocase también.

-No, no te preocupes, Lex. Cuando estés preparada -acarició su pelo, echándoselo hacia atrás-. Cuando estés preparada, preciosa.

Lexa mordió su labio, antes de volverse a acurrucar contra ella, aspirando su aroma. Se quedaría siempre así, junto a ese cuerpo cálido, con aquella persona que había cambiado su mundo completamente en poco más de un mes y que se había vuelto tan importante para ella. Y no iba a dejar que se fuese. La quería junto a ella para siempre.

-Moñas -la escuchó decir, y ella golpeó su cintura antes de sonreír con su siguiente frase-. Yo tampoco voy a dejarte ir.

X X X

Herbología. Esa era la asignatura que les tocaba aquel día a última hora y, por primera vez en probablemente todos los cursos que llevaba estudiando en Hogwarts, llevaba preparada la lección que darían. Obviamente, todo había sido por culpa de Lexa, o mejor dicho, gracias a ella. Las tardes encerradas en la Sala de los Menesteres se habían vuelto algo habitual y, como su chica era una alumna muy aplicada, le había dicho que seguirían viéndose si convertían aquel lugar en su momento de estudio (le había explicado que su rendimiento había bajado, y que no podía permitirse eso en sexto); y no se había opuesto, porque poder ver el rostro concentrado de Lexa, escondido tras esas gafas que le hacían ver aún más adorable, era algo que no podía perderse. Al final había acabado casi todas las tardes repasando con ella, y tenía que admitir que cuando la morena le explicaba las cosas, no resultaban tan aburridas. Eso sí, siempre tenían un tiempo para ellas dos sin libros de por medio. La cama siempre salía en aquella sala, quisieran conscientemente o no.

Entró en la clase, escuchando detrás de ella a los imbéciles de su casa hablando de cualquier gilipollez sin sentido como de costumbre. Siempre había tenido claro que eran escoria, pero desde aquel día en la sala común de Slytherin donde pudo meterse en sus mentes y ver de primera mano lo asquerosos que podían llegar a ser, se llenaba de rabia, aunque solo fuera con sus voces. Intentó ignorarles y se colocó en un lado de la larga mesa que había dentro del invernadero, esperando a que comenzase la clase, sonriendo internamente cuando vio que Lexa ya estaba allí dentro, con una postura muy formal y un gesto serio. Dios, qué increíble era…

Sus miradas se cruzaron, y Lexa sonrió ampliamente, provocando la misma reacción en ella. Joder, es que no podía evitarlo, esos ojos verdes le hacían feliz con el simple hecho de posarse sobre ella. La puerta del invernadero se abrió, dejando paso a la profesora Sprout, y ambas apartaron la mirada.

-Buenos días, alumnos y alumnas -saludó la profesora mientras tomaba su sitio en el aula-. Hoy hablaremos sobre la tentácula venenosa. ¿Alguien podría decirme qué es?

Joder, eso se lo sabía. Lo habían estado viendo Lexa y ella el día anterior mientras la cabeza de la morena estaba sobre sus piernas y ella le acariciaba el pelo escuchando cómo relataba las propiedades de aquella planta. ¿Qué hacía? ¿Levantaba la mano y lo decía? ¿Se meterían con ella por hacerlo? A la mierda. Levantó la mano, y vio el gesto sorprendido de la profesora, pero aun así le indicó con un pequeño movimiento de cabeza que podía proceder.

-La tentácula venenosa es una planta espinosa de color verde que tiene movilidad para atrapar a presas vivas -empezó a explicar, y se puso algo nerviosa por sentir todos los ojos puestos en ella-. Expulsa veneno de sus brotes y sus picos son mortales.

-¡Muy bien, señorita Griffin! -exclamó la profesora Sprout con un tono de orgullo y alegría en su voz- ¡Diez puntos para Slytherin!

Pudo escuchar a algunos de su casa vitorearla, excepto el grupo de Blake, Carrow y compañía, que comenzaron a cuchichear por lo bajo. No le importó lo más mínimo, porque la verdad era que aquellos diez puntos sentaban muy bien, y buscó con la mirada a Lexa, que la enfocaba con una sonrisa radiante dibujada en su rostro.

Esa es mi chica.

La calidez que se expandió por su cuerpo al escuchar ese pensamiento parece que se transmitió también a sus mejillas, porque enseguida empezó a notar cómo ardían, pero no le importaba lo más mínimo, porque por una vez en su vida se sentía útil, y aquellas clases parecían que servían de algo.

Fue la primera vez que prestó atención a una clase durante la hora completa, y lo cierto es que no se aburrió en absoluto. Además, de vez en cuando desviaba su mirada y aprovechaba para admirar la cara de Lexa mientras le prestaba su completa atención a la profesora, y sentía que se moría un poquito por dentro al pensar que aquella perfecta chica era suya.

La clase transcurrió con normalidad, y la verdad era que atender a toda aquella explicación sobre las tentáculas venenosas y cómo protegerse de su veneno había sido de lo más interesante. En cuanto los alumnos comenzaron a irse, ella fue directa a la sala común de Slytherin en las mazmorras. Lexa le había dicho que aquel día debía ponerse a estudiar en serio, y que iría a la biblioteca con Raven, así que ella había decidido ir a descansar un rato antes de bajar al Gran Comedor para la cena. No había empezado a bajar las escaleras que conducían a los cuartos cuando oyó la, cada vez más desagradable, voz de Octavia.

-Vaya, vaya, empollona Griffin se va a su cuarto a estudiar -dijo con sorna, y Clarke se volvió para observar a la morena con una mirada gélida.

-Vete a la mierda, Blake -espetó, y fue a darse la vuelta una vez más para desaparecer, pero alguien la cogió del brazo con fuerza, y giró el rostro para encontrarse a Carrow con un gesto divertido dibujado en su cara.

-¿No quieres pasar un rato con tus viejos amigos? -habló esta vez el chico.

-¿Qué pasa? ¿No sabéis divertiros sin mí? -contestó ella, intentando inútilmente zafarse del agarre de Carrow.

Pronto se vio presionada contra una de las paredes de la sala común de Slytherin y rodeada por todo aquel grupo que en algún momento había considerado sus amigos. Todos mostraban expresiones divertidas, pero en los ojos verdes de Octavia podía ver la rabia que la morena ocultaba.

-Con lo imbécil que te has vuelto últimamente, estamos mucho mejor sin ti -le dijo ahora Peverell, que se encontraba entre Octavia y Rosier, mientras Carrow seguía sujetándola por el brazo.

-Pues entonces dejadme ir, panda de inútiles.

-¿Qué mierda te pasa? -dijo Octavia, apartando a Carrow de un empujón y sujetando su túnica con fuerza con ambas manos- Te estás convirtiendo en una especie de Ravenclaw de pacotilla. ¿Qué coño ha sido eso de la clase de herbología?

-Oh, ¿os creéis muy guays por ir de malotes pasando de cada clase? -acercó su rostro al de Blake, que se mostraba impasible- Vais a acabar en la nada, al menos yo intento hacer algo con mi vida.

-Eres una vergüenza para tu familia, ¿lo sabías? -masculló la morena entre dientes, sujetándola con más fuerza, dejando que la furia que guardaba en su interior se mostrase-. Eres la escoria de esta casa.

-Prefiero ser eso a ser una de vosotros -le contestó apretando la mandíbula, y no tuvo tiempo de reaccionar ni de apartarse cuando el puño de Octavia se estrelló con fuerza en su rostro.

Se quedó unos segundos estática, escuchando los "bien hecho" que los demás Slytherin le decían a Octavia, pero no tardó mucho más en acercarse a ella y devolverle el mismo golpe con toda la fuerza que pudo. Casi se le escapó una pequeña sonrisa al ver cómo la chica se tocaba la cara con la boca abierta, pero se quedó seria de nuevo al ver cómo la volvía a enfocar y se acercaba a ella.

-Todos estos años yendo a por la mierda de Woods, y resulta que tú eres igual que ella, o peor.

No soportó esas palabras, sobre todo que nombrase a Lexa, no tenía ningún derecho a hacerlo, así que su cuerpo se abalanzó automáticamente sobre ella, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera hacia atrás. Dos de los chicos intentaron ayudarla para que se volviese a poner en pie, pero ella rechazó su ayuda, y Clarke aprovechó ese pequeño momento de ventaja para sacar su varita, extendiéndola frente a todos y sujetándola con firmeza.

-Ni un paso más -espetó-, o acabo con todos vosotros. Y como volváis a tocarle un pelo a Woods, os juro que no responderé de mis actos.

Tras decir esto, y al ver que ninguno de los allí presentes tenía intención de rebatirle nada, se hizo paso entre ellos, golpeando el hombro de Peverell a su paso y yendo con paso seguro a su habitación. Una vez estuvo en su dormitorio, se dejó caer en la cama, lamiéndose con cuidado el labio inferior, notándolo hinchado y sintiendo el sabor metálico de la sangre. Joder, la imbécil de Blake se lo había partido.

Cerró los ojos, llevándose las manos a la cara e intentando calmar la rabia que se había instalado en su interior. ¿Cómo era posible que aquellos hubieran sido sus amigos en un pasado? Odiaba pensar que hubo una época en la que ella era así. Con lo bien que sentaba no sentir todo ese odio que aquel grupo llevaba siempre encima…

Sus pensamientos la llevaron de un momento a otro a Lexa. ¿Estaría aún en la biblioteca o habría ido ya a la torre de Gryffindor? Joder, las ganas de verlas y de asegurarse de que estaba bien eran constantes a cada minuto, especialmente tras aquella vez que había podido oír los desagradables pensamientos de los de su casa. Pero sabía que era demasiado arriesgado el ir otra vez a sus dormitorios, no podía exponerse a que les pillasen y les castigaran. Al menos podría verla en la cena, aunque fuese de lejos.

Daría lo que fuera por poder ir con ella a todos lados, sin importarle absolutamente nada. Besarla donde quisiese y sentarse a su lado en cualquier clase o momento del día. Sintió que sus ojos empezaban a picar, porque la frustración que sentía por no poder disfrutar de su chica a cada momento cada vez era más fuerte.

Dios, odiaba ser una Slytherin.


Hola, Hola. Marinsey al habla.

Hoy soy yo otra vez: GINSEY. He vuelto a tomar el mando del capítulo. Gracias por los mensajes de amor para que me curase de mi "pachuchez".

¿Qué os ha parecido el undécimo capítulo de nuestro fic?

Qué buena mañana si amaneces al lado de tu chica, ¿verdad? Nuestras bebés Clexa mágicas lo han experimentado en este capítulo. Lexa sigue siendo una cuqui y Clarke sigue derritiéndose cada vez que lo es otra vez; pero quién puede resistirse. Besos matutinos y... ¿qué ha sido eso del baño? Eh... estas dos echan fuego, por mucho que Clarke quiera resistirse, pero... UFF *se abanica* Menudas adolescentes hormonadas. ¿Cuánto más va a poder resistirse Clarke? Aunque intenta con toda sus fuerzas controlarse, sobre todo porque no quiere ser como sus compañeros de casa, tras las cosas que vio... Normal. Pero, Clarke, deja que te digamos que no estás aprovechándote de Lexa para nada, nuestra Gryffindor cuqui tiene tantas ganas como tú.

Y hablando de resistirse... jejejejejejeje *explota* Lexa, Lexa... quién te ha visto y quién te ve. Nuestra chica de cabellos morenos tiene un despertar sensual de lo más interesante, y cuando menos se lo espera Clarke... TOMA, ahí la tienes, pidiéndote en silencio que la toques. Eso sí, por encima de las braguitas, poco a poco... pero... Clarke se ha muerto, y nosotras también. En fin, maldita Gryffindor.

No solo avanzan en sus intimidades estas dos cuando están a solas, nuestra Lexa es muy aplicada en sus estudios, y sabe cuándo debe dejar a un lado el placer para estudiar (qué afortunada, no muchas sabemos, me incluyo). Esto le ha venido bien, por una parte, a Clarke, que ha destacado en una clase, y se ha muerto de vergüencita con el "esa es mi chica" *fangirling*. Por otro lado, como no, tiene unos compañeros un tanto estúpidos (a mí me sigue dando miedo Octavia, no sé a vosotras), y la pelea que han tenido quizás traiga sus consecuencias... *música de misterio*

Teorías, comentarios, mensajes de amor, mensajes de odio... Todo es bienvenido.

Esperamos que os haya gustado mucho este capítulo.

¿Qué pasará a partir de ahora?

Decidnos teorías. Y muchas gracias por los comentarios.

Nos leemos el miércoles.

Un abrazo mágico de Marinsey