Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pero la historia si. Y que a nadie se le ocurra decir lo contrario. :P
Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de el/la protagonista.
Lo que está escrito en cursiva son conversaciones telefónicas o en la lejanía.
Los protagonistas son humanos.
La historia está escrita desde el punto de vista de Renesmee Cullen.
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11.
No habían pasado ni cinco minutos cuando la puerta de mi dormitorio se abrió y vi aparecer a Jacob. No se movió de al lado de la puerta, aunque no dejaba de mirarme. Y se le veía nervioso.
- Hola. - dije con timidez. No sabía como comportame. No sabía que podía esperar de él después de tantos días. - ¿Encontraste bien la llave?
- Si, aunque la cambiasteis de maceta. - dijo, dejando la llave sobre mi escritorio. - La verdad es que me ha costado cinco minutos encontrarla.
- Pero... Pero si hace cinco minutos que colgamos. - dije, sorprendida. - Como...
- Llevo dos horas sentado en tu porche. No me atrevía a entrar. No estaba muy seguro de que quisieras verme.
- ¿Por qué?
- Por lo que sucedió en el hospital. - vino hacia mí y se arrodilló a mi lado. - Por...
Me acerqué al borde de la cama y me senté, llevando mis manos a sus mejillas. Estaba temblando.
- Siempre he estado enamorada de ti. - dije, armándome de valor.
- ¿Qué?
- Te quiero. Y no es por lo ocurrido todos estos días, es por ti. - Jacob levantó la vista y me miró directamente a los ojos. Volvían a brillarle.
- Yo también te quiero.
Iba a hablar, pero no pude. Jacob se acercó y puso sus labios sobre los míos. Fue un beso corto pero muy intenso. Me había quedado paralizada y no había podido besarle como tanto deseaba hacer. Por suerte, Jacob volvió a besarme, y esta vez si que reaccioné.
Empezamos a mover nuestros labios al mismo ritmo, mientras que rodeaba su cuello con mis brazos. Poco a poco, me fui tumbando en la cama, con Jacob poniéndose con cuidado encima de mí. Acariciaba mi cintura con dulzura por encima de mi camisón. Estaba viviendo el mejor día de toda mi vida.
No sé cuanto tiempo estuvimos besándonos pero, cuando Jacob se tumbó a mi lado, me quedé, porque separó sus labios de los míos.
- Renesmee. - levantó mi camisón y empezó a recorrer mi tripa con un dedo.
- Jacob. - dije, en el mismo tono cantarín con el que él dijo mi nombre.
- Seguro que tus padres llegarán pronto.
- ¿Y?
- Que tengo que irme.
- No puedes venir aquí, decirme lo que me has dicho, besarme como lo has hecho, e irte como si nada. - dije, probocando que se pusiera a reír, aun sin dejar de acariciar mi tripa, esta vez con un dedo, haciéndo círculos alrededor de mi ombligo.
- Mañana me gustaría llevarte a un lugar muy especial para mí. - besó mi ombligo y volvió a hacer circulitos.
- Vale.
- Vendré a buscarte a las nueve. - dijo, cogiéndo mi móvil, que tenía en la cama y, por lo que vi, puso la alarma de mi móvil a las ocho y media. - Te prepararé el desayuno.
- Me parece un plan perfecto. - tomé su mano y besé el dorso de la misma.
- Duerme, mi pequeña Nessie. - besó mi frente y se levantó de la cama. Cogió la llave de encima de mi escritorio y se marchó.
Esa noche dormí como nunca y maldije la maldita alarma cuando mi móvil comenzó a sonar.
- Mamá! - grité, levantándome de la cama. Solo tenía media hora para arreglarme y no podía hacerlo sola. - MAMÁ!
- Ya estoy aquí. Ya estoy aquí. - mi madre entró corriendo en la habitación en el momento es que estaba en pie, intentando ir hacia el armario. - ¿Que pasa? ¿Te has caído? ¿Te duele la pierna?
- Jacob va a venir a buscarme en media hora y no voy a poder arreglarme sola. - cogí la única maleta que solía utilizar y fui hacia el armario. - ayúdame, por favor.
- Pero... Tu pierna...
- Por favor, mamá. Jacob nunca va a permitir que me haga daño. Deberías saberlo. - dije, volviéndome para mirarla. No se la veía nada convencida. - Va... Por favor... Solo vamos a ir a desayunar. Como hacíamos antes. - dije, poniendo ojitos. Sabía que nunca había podido resistirse.
- De acuerdo. - dijo, sonriendo devilmente.
Mi madre me ayudó a vestirme con un vestido azul, ancho, de tirante fino. Me recogió el pelo en una trenza y me maquilló un poco, aunque no mucho. A ella no le gustaba que me maquillara, pero es que yo quería estar guapa para Jacob.
Cuando dieron las nueve en punto, el timbre comenzó a sonar. Empecé a bajar las escaleras y bajé el último escalón de un salto. Casi me como la puerta, pero mi padre llegó y me sujetó a tiempo.
- Relájate, pequeña. - dijo mi padre, abriendo la puerta. - Buenos días, Jacob.
- Buenos días, señor Cullen.
- Creo que, después de lo que hemos pasado, puedes volver a llamarme Edward.
- De acuerdo. Buenos días, Edward. Buenos días, señora Cullen. - dijo Jacob. Él sabía que mi madre siempre se hacía llamar así.
- Hola.
- Esto es para ti. - sacó la mano que tenía escondida tras su espalda, en la que llevaba un precioso ramo de rosas. - Feliz cumpleaños.
Lo había olvidado por completo. Con todo lo que me había pasado, había olvidado que era mi cumpleaños y Jacob, con todo lo que había pasado, se había acordado. Como pude, me acerqué a él y le abracé.
- Muchas gracias, Jake.
- Es como si no te acordaras del día que es hoy.
- Es que no me acordaba. - admití. - ¿Que llevas en esa mochila? - dije, al ver que llevaba una mochila colgada en su espalda.
- Nuestro desayuno. ¿Nos vamos ya? ¿Ya estás lista?
- Si.
- Dame, cariño. Pondré las rosas en agua. - dijo mi padre, pero cogí el ramo y lo presioné contra mi pecho.
- No. Quiero llevármelas. - me quejé, como si fuera una niña pequeña.
- De acuerdo. Como quieras, cielo.
Nos despedimos de mis padres, Jacob me cogió en brazos y me llevó hacia una enorme y preciosa moto. Cuando Jacob me dejó en el suelo, me apoyé en ella y Jacob me puso un casco. "Joder. Para un día que me arreglo el pelo con espuma, va y viene en moto."
- ¿De donde has sacado la moto?
- Me la regalaron mis padres para ir a la universidad.
- ¿Y el coche?
- El coche es de mi padre. - volvió a cogerme en brazos y me montó en la moto.
Nos pusimos en marcha y, conforme íbamos avanzando, me iba dando cuenta de hacia donde íbamos. Al parecer, su lugar especial era el mismo que el mío. El río. El lugar en el que me enamoré de él.
Cuando Jacob detuvo la moto, me cogió en brazos y me llevó hacia la orilla del rio, donde colocó una manta. Me ayudó a sentarme sobre ella, se sentó a mi lado y, al fin, nos besamos.
- Aquí fue donde nos reencontramos. - dijo, acariciando mi mejilla.
Se quitó la mochila y sacó la comida de la mochila.
- Gracias por todo. - dije, oliendo el ramo de rosas, que aun tenia en la mano. - Hay muchas.
- Una por cada año de vida.
- ¿Por qué eres tan genial?
- Es un talento natural que, con los años y el amor que siento por ti, se ha agudizado. - cogió una de las rosas y empezó a recorrer mi brazo con ella.
- Amor. - murmuré.
- Si. Amor.
Acariciaba mi cintura, pero cogí su mano y, poco a poco, la fui metiendo por debajo de mi vestido y la dejé sobre mi tripa, aunque en realidad quería sentir su mano en otro lugar. "Contrólate, Renesmee."
Me fui tumbando en el suelo, aun con la mano de Jacob acariciando mi tripa y Jacob se fue poniendo encima de mí. Empezó besando mi cuello y, al momento, nuestros labios se encontraron, iniciando una serie de acontecimientos que... Dios mio! Fue lo mejor de mi vida.
- El corazón te late muy deprisa. - dije, sintiendo como me daba un beso en el pelo, cuando se tumbó a mi lado.
- Eso es porque estoy contigo. - dijo, acariciando mi tripa. - ¿Te ha dolido cuando...?
- Si, pero ha valido la pena. - dije. Siempre había querido que Jacob fuera el primero en hacerme el amor. Y lo había sido. - Jacob...
- Dime.
- ¿A que nos lleva esto?
- A que te amo y a que no quiero seguir estando alejado de ti. - pasó a acariciar mi espalda, haciendo pequeños circulitos. - Y me gustaría iniciar una relación contigo. Si tu estás de acuerdo, por supuesto.
- Pídemelo.
- Renesmee, ¿Quieres salir conmigo?
- Si. - dije, sonriendo como una boba. - Claro que quiero salir contigo.
- Entonces, ¿Estás preparada para nuestra primera cita?
- Si. - me tumbé encima de Jacob, le besé y nos sentamos en el suelo.
Jacob preparó el desayuno y desayunamos ahí, en nuestro lugar especial. (Que a partir de ese momento, se convirtió en un lugar mucho más especial. Nuestro lugar.
No hicieron falta palabras. Solo el estar él y yo juntos me causaba tan felicidad y emoción que sentía como si el corazón se me fuera a salir del pecho.
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Hola, hola.
Espero que os haya gustado.
Y me gustaría conocer vuestra opinión.
Besitos.
