11- La llegada sorpresa.
Narradora: Kari
Tai volvió con T.K cogido en brazos. Y detrás de estos Agumon llevaba a Patamon también inconsciente, me acerque a mi hermano.
- Tai, ¿estas bien? – Pregunte asustada - ¿y Erika?
- No va a volver – dijo sin ninguna expresión en su cara – ella esta… esta muerta. – Dijo con la mirada perdida y sin ninguna expresión en el rostro.
- ¡No! – grito Davis dándole un puñetazo a la pared que despertó a T.K - ¿Cómo has podido? – dijo mirando furioso a T.K
- No ha sido el – Dijo Tai frío con la mirada perdida – Yo fui quien la mato – Dicho esto Davis se lanzo a matar a mi traumatizado hermano mayor, pero Matt e Izzi le detuvieron y lo sujetaron. – Voy a… lavarme las manos – dijo mirando con miedo sus manos llenas de sangre.
- ¿Qué paso? – pregunte a T.K que parecía sorprendido de la noticia.
- Ella había logrado controlar la oscuridad – dijo dibujando una triste sonrisa en su rostro – pero no la creímos cuando nos lo dijo, porque tenia el aspecto de la emperatriz Digimon. – Davis lo fulmino con una mirada llena de odio – Entonces, mientras luchábamos, perdió el anillo, - todos nos sorprendimos de aquello – era un anillo que por lo visto le daba las fuerzas para tener sellada en su cabeza a la emperatriz. Al perderlo Erika se desconcentro y su mitad malvada la poseyó dejándome inconsciente. – me senté a su lado, le quite el gorro y le acaricie el pelo. "Tu no tienes la culpa, ni Tai tampoco" El alzo la vista. – Gracias, Kari. – me susurro y me beso en la mano.
- Después de eso – comenzó Tai, aun lavándose las manos con una toallita a pesar de tenerlas completamente limpias – fui a intentar salvar a T.K y salir de allí sin hacerle ningún daño pero… - se detuvo y miro hacia la terraza y a la ventana de la habitación donde hacia un par de horas la había besado – pero… esa "Arpía" de la emperatriz cogio dos espadas me lanzo una y me comenzó a atacar. Luchamos, yo esquivaba sus ataques pero ella no hacia otra cosa que atacarme. – dijo con una voz sin vida que me asusta solo de recordarla. – Pasado un tiempo comencé a contraatacar y justo cuando la herí de gravedad volvió a ser ella. – se acerco a mi me agarro de la mano, la suya estaba fría y temblaba incontroladamente – eso fue todo lo que paso. Ahora, Kari vamos a casa, mama se estará preocupando.
Nos marchamos, Tai no hablo ni durante el camino ni en casa. Al día siguiente a primera hora llamaron unos policías, querían preguntarnos si teníamos alguna idea de donde estaba Erika o si alguien quería hacerle daño, también dejaron a entrever que sospechaban que nosotros encubríamos a alguien, pero al ver la cara de sufrimiento de Tai decidieron que el no podía haberle hecho nada puesto parecía el más afectado de todos nosotros.
Mi madre estaba muy preocupada por Tai, no hablaba y eso en mi hermano es muy grabe, no comía y eso es aun más grabe, y sobretodo lo que la preocupaba era que por las tardes desaparecía sin decir nada y volvía todos los días al anochecer. Pasada una semana decidí seguirle y como no T.K muy preocupado por lo que pudiera hacer Tai y más si me podía afectar me acompaño.
Tai cogio el tren que le dejaba a un par de manzanas de la casa de los Ichijouji, ese día nos vio en el tren y desde entonces nos permitió acompañarle.
Narrador: Tai
Todos los días eran iguales desde que ella no estaba. A lo que yo hacia no se le podía llamar vida; dormía porque no tenia energías, no tenia energías porque no comía lo único que me mantenía vivo era la efímera posibilidad de haberme equivocado y que ella estuviera viva. Por eso iba todas las tardes a casa de los Ichijouji, con la excusa de que iba a buscar algo que le había prestado a Erika y que necesitaba. No se si se lo creían o simplemente les daba pena pero me dejaban entrar y hasta me dejaban solo en su cuarto. Empezó el curso y todos los días T.K y Kari me acompañaban a la casa de mi amiga, donde con una sonrisa triste me esperaba la tía de Erika.
- Hola Tai – decía tristemente - ¿Qué tal te fue en la escuela? – me preguntaba esperando una respuesta. Que nunca llegaba, no se como no me cerro la puerta en las narices, tal vez me comprendía ella había perdido a sus dos hijos uno en un accidente y el otro desaparecido a manos de su propia oscuridad interna. – Mañana vienen los padres de Erika a recoger sus cosas, si quieres buscar eso que le prestaste. – dijo esta vez. "mi corazón, eso es lo que vengo a buscar y nunca lo encuentro. ¿Dónde estas Erika?"
Entre en su habitación y lo busque, ese vestido blanco que se había puesto cuando nos quedamos encerrados en el baño. Estaba donde ella lo dejo sin lavar sobre su maleta, lo cogí y lo olí, se que suena a psicópata pero el olor de ese vestido me dio las fuerzas suficientes como para mirar unas fotos que estaban encima de la mesa desde que ella se había ido; hoy había algo distinto una de las fotos se había caído tal vez por que la ventana estaba abierta, me agache y la recogí del suelo. En la foto salía ella con un top azul celeste atado al cuello mirando a través de una alambrada, con Demikikamon en brazos y una dulce sonrisa, de fondo distinguí el campo de fútbol donde entrenábamos Davis y yo, pero en la foto solo estaba yo con el balón cerca de ella, "que buena fotógrafa eres Kari, esta foto me la voy a quedar porque ese día no la vi y estaba preciosa" Me la metí en la mochila junto con el vestido y me despedí de la habitación, justo cuando salía al pasillo llamaron a la puerta de la casa. "Deben ser Kari y T.K" Pero cuando la señora Ichijouji abrió la puerta no vi solo a Kari y a T.K ellos escoltaban felices a una chica de pelo negro con una herida casi curada del todo en el hombro.
- Hola tía – dijo con una de sus deslumbrantes sonrisas – Hola Tai – dijo antes de que se desmayara.
- Tai ven con nosotros en la ambulancia – Dijo la señora Ichijouji, con lágrimas de felicidad en los ojos. Le hice caso y me subí a la ambulancia.
- Kari, dile a mama que esta noche no iré a dormir a casa – le dije a Kari extrañado de oír mi propia voz, y más tan feliz. – y no le digas nada a Davis hasta mañana.
- esta bien – me sonrió con una felicidad inmensa en su rostro – te veo mañana. – la puerta de la ambulancia se cerro conmigo y la señora Ichijouji dentro junto a Erika.
La pusieron en planta y le asignaron una habitación con vistas a un parque precioso, su tía fue al pasillo a llamar a sus padres, a la policía y creo que hasta a la prensa porque en menos de diez minutos ya estaba en todas las cadenas la noticia de que la prima de Ken Ichijouji había aparecido, aunque no se podía decir que sana y salva.
Cuando llegaron los médicos para examinarle la herida me escabullí a la floristería que estaba en una plazoleta al lado del hospital.
- Hola – dije alegremente - ¿tienen Erikacias?
- Si, las tenemos en ramilletes y en ramo – dijo mostrándome un ramillete para la muñeca y un ramo precioso de unas pequeñas flores violetas, de un olor dulzon.
- Me llevo uno de cada – dije pagándole el importe con una tarjeta de crédito que tenia para emergencias – y ¿no sabrá donde puedo comprar un marco de fotos?
- aquí en la esquina, hay una tienda – dijo señalando hacia la izquierda – tiene un toldo verde. Gracias por comprar y espero que le gusten las flores a su novia. – al decir aquello me sonroje y salí corriendo a comprar un marco de fotos para poner aquella foto que había cogido de casa de su tía en su habitación.
- ¿perdone tiene algún marco de fotos de este tamaño? – Dije mostrando la foto - ¿a ser posible plateado y con motivos de soles y lunas? – dije pensando en "nuestros" anillos.
- Le gusta este, joven – dijo la señora mostrándome un marco de plata con dos soles y dos lunas uno en cada esquina.
- es perfecto – conteste entregándole la tarjeta de crédito.
- Toma, - me entrego el marco y otra cosa – son unos caramelos de miel de Erikacia y limón, he visto que llevas un ramo de estas flores y he pensado que a la persona que se lo regalas le gustaría poder degustar la exquisita miel de esa flor. – Le mire agradecido y le entregue la tarjeta de crédito para que me los cobrase – No joven, esto corre de mi cuenta, me encantan las parejas de enamorados. – dijo la anciana mientras yo salía de la tienda.
Subí corriendo a su habitación y coloque el ramo de flores al lado de la ventana y el ramillete en la muñeca en la que no tenía el gotero. Puse la foto en el marco y la coloque debajo de las flores. Su tía entro junto con una mujer y un hombre muy preocupados.
- Tai estos son los padres de Erika. Mi hermana Conchi y su marido Santiago. – incline la cabeza tal y como hacemos aquí en Japón y el padre de Erika me miro algo molesto – este es Tai uno de los mejores amigos de Erika aquí en Odaiba.
- Bien Tai, ¿Qué son esas flores? – pregunto molesto su padre.
- Son de todos nosotros, pero Tai vino a traerlas – dijo Matt desde la puerta donde estaban el, Sora, Kari, Izzi, Codi, T.K y Joe. – Tai aprecia mucho a su hija señor y nosotros también, debería sentirse orgulloso de tener una hija tan buena. – el hombre se sonrojo y me revolvió el pelo.
Matt se me acerco y puso su mano en mi hombro.
- Gracias – le susurre - ¿pero como habéis venido todos sin que Davis se entere?
- Me debes una – dijo sonriendo mientras yo que estaba sentado al lado de Erika le acariciaba la mano en la que tenia el ramillete, que daba la casualidad que era en la cual tenia la quemadura por la espiral oscura. - ¿Recuerdas a la hermana de Davis, esa chica que es fan de mi grupo? – dijo asustado solo de pensar en ella. - pues le he prometido una cita… pero será doble tu iras con Sora. – Le mire pensando "te fías de mi junto a sora" – Hey, y cuidadito que si te pasas con Sora se lo diré a Erika. – Se dio cuenta de que había cambiado mi expresión a una un poco más triste – Lo siento Tai. No estoy acostumbrado, normalmente me hubieras pegado en cambio ahora… es pero que la pequeñaza se recupere pronto así te podré incordiar a gusto. – dijo algo nervioso, a Matt nunca se le había dado bien hablar sobre sentimientos siempre le podía su orgullo y no terminaba de decir las cosas pero aquella vez fue un poco distinto.
- Gracias, por ser tan buenos amigos – Dijo una voz algo ronca desde la camilla – ¿Tai estas bien?, ¿Papa, Mama, Tía Tomoko, que hacéis aquí?
- A ver si ahora no puedo venir a ver a mi hija – dijo mi padre apartando a Matt de detrás de mí y cogiéndole de la mano que yo le había estado acariciando - ¿con que te has hecho esto? – Pregunto al ver la marca de la quemadura de la espiral - ¿no será un tatuaje de esos?
- No papa, a principios del verano me queme el brazo con una especie de pulsera de metal que resulto ser el invento de una estufa de Izzi – su padre se volvió iracundo hacia mi amigo – pero el no tiene la culpa me dijo que no tocase nada. – su padre le miro mal y se giro.
- ¿Dónde has estado cariño? – dijo por fin su madre.
- Cuando iba hacia mi fiesta de despedida me perdí y me caí por un terraplén – dijo imaginándoselo sobre la marcha – entonces me golpee la cabeza i no recordaba quien era, una chica vagabunda me ayudo y me curo la herida del brazo que me la hice al caerme sobre un pincho de metal muy afilado que me atravesó. – se paro al ver mi cara de diversión y me hizo una señal para que cambiase de cara si no quería que su padre me matara – entonces hace un par de semanas pasamos por delante de una tienda de electrodomésticos y vi que me buscaban así que antes de volver intente recuperar la memoria pero mi amiga la vagabunda murió atropellada y no pude volver hasta hoy – dijo fingiendo que lloraba. – Papa, quiero… quiero hablar con Tai a solas. – Dijo entre sollozos fingidos - ¿puedo? – el hombre asintió me sonrió poniéndome las manos sobre los hombros y todos se marcharon.
- Estas viva – pude decir – yo… yo… yo… - dije llorando.
- ¿Tai? – Pregunto - ¿estas llorando? – me gire mientras ella sonreía.
- No… solo esto… se me ha metido un elefante en el ojo – dije para oírla reír y funciono.
- ¿quieres que te cuente que paso después de que te fueras? – pregunto acariciándome el pelo. Me gustaba esa sensación pero me gire rápidamente y le cogí la mano. - ¿quieres o no? – volvió a preguntar, esta vez se libero de mis manos y me acaricio la cara.
- Por favor – dije acariciándole yo también su cara.
FLASHBACK
Narradora: Erika
Sentía aquel líquido rojo y calido salir de mi hombro, Tai se había marchado y yo no podía hacer nada por evitar la muerte. Sentía el gélido tacto del anillo en mi dedo corazón, pero no podía abrir los ojos para mirarlo o abrir la boca para pedir ayuda.
- Erika – dijo la voz de alguien conocido – Kikamon esta aquí ayúdame yo ya soy viejo para moverla solo. – era Gennai que me agarro de los brazos con sumo cuidado mientras Kikamon me agarraba de las piernas. – No debemos dejar que nadie la vea aun o Digimon emperador podría enterarse de que sigue viva y venir a por ella.
- ¿Tampoco podemos decírselo ni a Agumon ni a Veemon? – pregunto mi compañera con tono triste.
- No, ese par son unos bocazas – dijo Gennai molestando a Kikamon – es más no deben saber ellos tampoco que tu estas viva. – ella se callo pero me imagine que cara puso.
Pasados unos minutos sentí como me dejaban boca arriba sobre un lecho probablemente de hojas, Gennai me quito la sudadera y comenzó a limpiarme la herida. Me escocia y pude gritar.
- Tienes suerte – me dijo Gennai – La herida ha sido limpia y no ha dañado ningún órgano interno.
- ¿Dónde esta Tai? – Pregunte desesperada consiguiendo ver por fin donde estaba - ¿esta bien? ¿No lo herí, verdad?
- No, tranquila – dijo sonriendo mientras machacaba algo haciendo una pasta azul cobalto – pero el si te hirió, da gracias que no es muy buen estudiante y no se dio cuenta de que te estaba salvando la vida en vez de quitártela. – dijo presionando la masa contra mi herida lo cual me escoció muchísimo y grite con todas mis fuerzas.
- entonces – dije apretando los puños del dolor que sentía - ¿cree que estoy muerta? – pregunte intentando incorporarme.
- ¡estate quieta! – Me ordeno Kikamon algo irritada - ¡no ves que aun no estas curada! – sus ojos azules tenían miedo. – Agumon y Veemon también piensan que estoy muerta – dijo medio llorando – y yo no hago la estupidez de intentar irme.
- Kikamon… - dije tristemente – lo siento… pero ya conoces a Tai. – dije mirando al techo aun echada boca arriba.
- Creo que ambas tenéis una visión equivocada de Tai – dijo Gennai volviendo a machacar más hiervas. – El es fuerte, lo que viste cuando lo conociste no fue más que una confusión. – dijo mientras ponía las hierbas en una marmita sobre el fuego.
- Pero… - dije sin saber que decir lo único que quería era ver a Tai. – Esta vez es distinto, Gennai, Tai piensa que el me ha matado. – dije casi histérica. – ¿y si hace una locura?
- Tai siempre hace locuras – dijo con una sonrisa – Acaso no te acuerdas de todo lo que te conté sobre el.
- ¿y si intenta matar a Digimon emperador? – Dije con una mezcla de odio y desesperación – Tai piensa que el tiene la culpa de todo.
- Tranquila me he ocupado de eso – dijo con una sonrisa maliciosa. – Si conozco bien a Tai en lo que piense que estas muerta no se acercara al Digimundo. Y lo conozco muy bien. – dijo antes de que pudiera rebatirle.
Fuera de la cueva anochecía y Gennai comenzó a meter las dosis de ese mejunje en unas hojas y las coloco en un orden concreto. Le explico a Kikamon lo que debía hacer con las "bolsas" de medicina y cada cuanto debía ponérmela. Mientras yo planeaba como escaparme de la cueva sin que Kikamon se diera cuenta ir al mundo real a decirle a Tai que estaba viva y volver.
- Voy a salir a buscar más leña – dijo mi Digimon, "¿Cómo puede ser tan inocente?" pensé mientras ella se marchaba. – si te veo que te has movido te atare al suelo aunque aun no se como pero lo haré. – dijo en lo que intento que fuera una amenaza.
Estaba sola, en aquella cueva en la región más fría del Digimundo. Coloque mis manos una a cada lado de mi cuerpo y me impulse, pero la herida me dolía a horrores así que decidí impulsarme solamente con la mano y el brazo izquierdo. Conseguí sentarme, no sin esfuerzo pero por fin me levanté, mire en la cueva buscando un pañuelo o una venda pero lo más parecido era mi sudadera la cual necesitaba para no congelarme. La levanté y debajo de ella había una bufanda negra de terciopelo y un guante largo. Me hice un cabestrillo con la bufanda pero el guante me llamaba, era suave y calentito me lo puse en mi mano izquierda y tuve una especie de Flashback en el cual veía a mi otro yo con dos guantes como aquellos.
- Hola, Erika – oí una voz, mire por todos lados pero no había nadie. – Tal vez me veas en ese charco – dijo con malicia aquella voz. Mire al reflejo del charco pero solo estaba yo.
- ¿es una broma? – Pregunte muy enfadada – Erika te estas volviendo loca.
- No, mira bien – dijo casi riéndose aquella voz extrañamente familiar. Volví a mirar mi reflejo y esta vez había algo diferente, mis ojos, eran de un color rojo intenso y en mi cara había una mueca maliciosa de felicidad.
- Tu – le dije a la emperatriz, que estaba reflejada en el charco. – Déjame en paz. Creí que con la prueba de Osamu era suficiente para que desaparecieses. – dije pisando el charco y haciendo que mi reflejo desapareciera.
- Vamos, no seas así – dijo como si mi reacción le resultara divertida. – Solo estaba jugando con Tai, no me digas que no te gusto verlo preocupado por Ti. – dijo intentando engatusarme.
- A ti no te importa – dije muy enfadada. – Además la culpa de que este así es tuya.
- no, es "nuestra" – dijo algo más seria – Tai nos a intentado matar y tu me destierras de tu mente. Sabes que en el fondo lo odias por dejarnos allí solas sin comprobar si estábamos vivas o muertas. – me tenia hipnotizada.
- ¿nuestra? – Pregunte saliendo del trance – no hay un nuestra, y Tai nos… digo me intento matar por tu culpa. – dije muy enfadada. Como se podía atrever siquiera a nombrar a Tai.
- ¿estas segura de que es por mi culpa y no fue por celos? – Pregunto muy interesada. - ¿Tal vez sea que no quiere verte feliz y quiere ver sufrir a nuestro Davis?
- ¡Déjalos en paz! ¡Arpía, no los metas en esto! – conteste con dudas sobre si lo que decía ella era verdad. Oí algo fuera de la cueva pero me gire y no vi a nadie. - ¡no quiero oírte, márchate déjame en paz! – dije casi llorando con una mezcla de rabia, dudas y desesperación.
- Sabes perfectamente que nosotras somos la causa de su sufrimiento. – dijo haciendo que en mi mente apareciera la imagen de Davis muy preocupado. – Sabes que hemos estropeado su amistad – volvió a decir haciendo que al lado de Davis viese a Tai con una mirada llena de furia y celos.
- ¡Basta ya! – Dije cayendo de rodillas al suelo - ¡cállate! ¡Por favor, te lo suplico, déjame en paz! – dije llorando, entonces alguien se acerco a mi y me quito el guante.
- ¿Pero que demonios haces? – pregunto Kikamon – en este guante esta aun la energía oscura de la Emperatriz Digimon. – Dijo muy preocupada – será mejor que lo esconda muy lejos de aquí para que nunca lo encuentres. – dicho esto se marcho y con ella y el guante se fueron también las voces de mi cabeza.
Ya no estaba segura de si quería ir a decirle nada a Tai. Tal vez fuese mejor que no supiera que estaba viva. Tal vez la "Arpía" tuviera razón y yo fuera la causa del sufrimiento de Davis, ¿y si solo estaba jugando con los sentimientos de Tai y Davis? ¿Y si en realidad no amaba a ninguno de los dos? Pero entonces, ¿Qué era este sentimiento de hormigueo en el estomago, las sonrisas estupidas y la sensación de muerte al estar sin ellos? "Es mejor para todos que crean que estoy muerta"
"- Se que no vas a sobrevivir – dijo llorando – pero quiero que sepas que siempre te amare, tu eres la luz que me da valor. – dijo sujetándome la mano que comenzaba a enfriarse.
- Tai tu eres el valor que me da luz. – dije susurrando y perdí el conocimiento."
¿Por qué tenia que recordar sus palabras ahora? Tal vez eso me mantenía viva o algo por el estilo. Kikamon entro aun muy afectada y me ayudo a tumbarme.
- Podrías haber muerto – dijo tapándome con mi sudadera. – Eres una estupida – dijo con rabia.
- Lo siento, quería huir pero… - se giro hacia mi muy cabreada y me fulmino con la mirada. – No pienses eso.
- ¿Cómo? – dijo sorprendida. - ¿oíste lo que estaba pensando? – asentí y ella sonrió cariñosamente sus ojos azules me miraban juguetones. – sabes que eso significa que tenemos una conexión muy especial. – me abrazo y soltó una risita nerviosa.
- ¿Qué pasa? – pregunte algo molesta.
- Oí lo que pensaba Tai la primera vez que armodigievolucione en Takanmon, bueno en realidad oí todas las mentes que había allí incluida la de Ken. – dijo borrando la sonrisa. Le pedí con mis pensamientos que me dijera lo que Ken había pensado. – Bueno al principio solo había silencio pero cuando te vio la cara, cuando el te iba a matar Ken le ordeno a Digimon emperador que se detuviese. – Me miro algo más feliz - ¿Quieres saber que pensó Tai al verte?
- si venga si no me puedes contar algo más interesante – dije fingiendo indiferencia a lo que ella sonrió.
- Cuando te vio pegando a Digimon Emperador sintió ganas de saltar de Nefertimon a ayudarte por eso te llamo y distrajiste, entonces cuando Digimon emperador te golpeo… - sonrió muchísimo al recordarlo que Tai pensó. – Sus pensamientos exactos fueron: "Como la vuelva a golpear por mi culpa lo matare y me are una alfombra con su piel. No se volverá a tocar a mi Erika" – dijo Kikamon fingiendo la voz de Tai y recalcando ese mi. Me sonroje y me reí. Tai se había enfadado cuando Davis había dicho mi chica en la fiesta, solo porque el pensaba que yo era "su Erika" ¿Cómo podían ser tan… tan inmaduros? Pero eso era parte de lo que hacia que los ¿amase? No, yo no los amaba solo los hacia sufrir.
- Eso no es cierto – dijo Kikamon – Tu los amas si no yo no podría amar ni a Agumon ni a Veemon. – Me miro frustrada - ¿Cómo podemos amar así a dos seres a la vez?
- Yo tampoco lo se Kikamon – dije preparándome para dormir. – Buenas noches, que sueñes con los "Dragoncitos" – dije pensando en sus dos enamorados.
- Buenas noches – dijo algo molesta – y que sueñes con tus "Valientes" enamorados. – añadió abrazándose a mi brazo izquierdo.
Pasaron las semanas y yo recupere las fuerzas. Así que decidí que era hora de ir a avisar a Gennai, pero estaba el pequeño problema de que se suponía que seguía muerta, pensé en una solución que no implicase descubrir mi identidad ni destruir a todo digimon que encontrase por el camino y hallé una respuesta en un una calabaza que estaba ala entrada de la cueva.
- Kikamon, ya se como ir a la casa de Gennai sin que nos descubran – Kikamon me miro intrigada. – nos disfrazaremos de Pumpkinmon y Gotsumon, exactamente yo de Pumpkinmon y tu de Gotsumon – dije señalando la calabaza de la entrada de la cueva con una gran sonrisa. Kikamon salio sigilosamente de la cueva cogio la calabaza y volvió a entrar, repitió esta acción pero recogiendo otra clase de objetos como piedras afiladas hojas gigantescas e incluso la mande a por papel e hilo y lo más extraño es que lo encontró. Hice un traje perfecto de un Gotsumon y otro casi perfecto de un Pumpkinmon, a la mañana siguiente (antes de ayer) nos pusimos los trajes y fuimos con mucho cuidado a ver a Gennai.
- ¡Eh! Alto ahí – dijo la voz de Patamon, me gire con una de las manos en alto y la otra en el cabestrillo y busque con la mirada a T.K - ¿Adonde vais? – pregunto el pequeño digimon muy intrigado, mientras yo me volvía a girar dándole la espalda para responderle.
- Vamos a ver a Gennai, el nos dijo que le informásemos sobre las novedades en la parte norte del digimundo – dijo Kikamon imitando supuestamente la voz de Gotsumon.
- ¿Queréis que os acompañe? – Pregunto el pequeño digimon volador por encima de nuestras cabezas – es que desde que paso lo de Erika, Gennai procura que no vengan los niños elegidos y casi no veo a T.K.
- Lo siento – dije triste sin fingir la voz lo que hizo que Kikamon me diera una patada – Quiero decir… claro que puedes venir. – dije poniendo una voz muy rara, Kikamon me miro preocupada y yo le guiñe el ojo.
-"No es una buena idea que Patamon venga" – pensó Kikamon, desde que había descubierto mi conexión con ella casi no hablábamos había mejorado mucho ahora nos podíamos oír a mucha distancia, pero eso no era del todo bueno porque cada vez que queríamos pensar en nuestros "amigos" en mi caso Tai o Davis la otra tenia que desconectar y eso le costaba más a ella que a mi; bueno para que mentir yo dejaba mi mente en blanco para que creyera que no la oía pensar en Agumon ni en Veemon aunque a veces si que tenia que desconectar porque empezaba a repetirse y eso me aburría.
- Esta bien, chicos pero yo iré volando – dijo el pequeño digimon amarillo rebajando la tensión de mi compañera. – así vigilare de que no haya ningún enemigo cerca. – dentro del disfraz sonreí, se parecía a T.K tal vez por eso era su compañero.
Llegamos al lago donde estaba la casa sumergida de Gennai, ahora estaba protegido por una especie de campo de fuerza que no dejaba entrar las fuerzas malignas, así que antes de cruzar la barrera agarre con fuerza mi emblema con la mano del cabestrillo y entre de la mano de Kikamon. El lago se abrió como la vez anterior y llegamos a la casa de Gennai.
- Patamon te importa quedarte fuera del lago para vigilar – el Digimon algo curioso puso mala cara – Creo que Gatomon esta haciendo guardia con Veemon. – Patamon pareció enrojecer de celos y se marcho volando a gran velocidad por donde habíamos venido – Ay, el amor – dijo pensativo el hombre - ¿pero que me vais a contar vosotras no? Erika y Kikamon – dijo haciendo te de Frambuesa y sacando galletas de canela como la vez anterior – es que se que os gusta. – dijo ante nuestra mirada golosa.
- Gracias – dije antes de beber un buen trago de te - ¿pero… como nos… reconoció? – dije entre sorbos y galletas.
- Fácil, tu emblema aunque no lo parezca es muy poderoso. – dijo ofreciéndole más galletas a Kikamon. – Coge, que no llevan veneno. Al menos eso creo. – dijo haciendo que me atragantase con una galleta. – era una broma.
- Erika no se como puedes estar enamorada de Tai si no entiendes una broma – dijo Kikamon a mi espalda.
- No, sigas por hay Kikamon – dije muy nerviosa.
- A ese punto quería llegar – dijo pensativo Gennai – Creo que deberías volver ya. Izzi me ha contado como ha reaccionado Tai y… - le mire expectante, ¿qué demonios habría hecho Taichi Yagami ahora? Pensé muy enfadada, nadie esperaba esa reacción y mucho menos yo. – el esta muy afectado creo que deberías volver ya, antes de que lleguen tus padres a Japón.
- ¿Qué dices? – Pregunte muy confundida - ¿mis padres van a ir a Japón a buscarme? Eso es imposible están demasiado ocupados como para ni siquiera haberse dado cuenta de mi desaparición. – dije deprimida. Mis padres nunca estaban cuando los necesitaba. Mi madre trabajaba a todas horas y los días que estaba en casa solo estaba con mi hermano, y mi padre, mi padre trabajaba en la otra punta de España y casi no lo veía y cuando venia lo único que hacíamos era discutir. – Eso es una razón de peso para no volver. – dije muy enfadada.
- Pero, hermana he venido a buscarte. – dijo una voz que conocía muy bien, Tomas, mi enano mi hermanito. – Todos te buscan y yo te hecho de menos. – dijo dándome un fuerte abrazo, no me quería soltar y yo no quería hacerle daño soltándome.
- Enano. – Dije llorando – como has llegado hasta aquí. – dije acuclillándome a su altura, el tenia ocho años recién cumplidos. - ¿no te habrá traído este señor? - dije abrazándolo de forma muy protectora y fulminando a Gennai con una mirada asesina.
- No – dijo mi Nano – Me trajo Monymon – dijo señalando a un pequeño mono rojo con unos ojos azules idénticos a los de Ken solo que en vez de demostrar una bondad infinita daban a entender que tenia el deber de proteger a mi Nano hasta de su propia hermana si era necesario. El pelo de su coronilla se erizo igual que el de la coronilla de mi hermano pero el de su digimon se prendió de un fuego marrón. – Tranquilo Monymon es mi hermana no nos hará daño.
- Tomas yo… "Siempre hago daño a todo el mundo, porque soy malvada"- dije y pensé desanimada – no voy a volver.
- Erika, no pienses así – dijo Kikamon muy enfadada – además tienes que llevar a tu hermano de vuelta al mundo real.
- Pero… yo… no soy buena – dije muy nerviosa apartándome de mi Nano – Debería llevarlo Gennai, pero como mi Nano sufra un solo rasguño – golpee la mesa con el puño izquierdo haciendo que toda la mesa temblara – Te juro que lo peor que veréis de mi no será a la emperatriz Digimon. – mire a la mesa y vi mi reflejo en la bandeja de plata donde Gennai había servido las galletas, mis ojos tenían unas chispas de color rojo que a medida que me iba calmando desaparecían pero eso no fue lo único que estaba cambiado mi pelo estaba un poco más largo me llegaba por la mitad de la espalda. – veis no soy la misma - dije olvidándome por completo de la presencia de mi hermano.
- La oscuridad solo es una parte más del ser – dijo el hombre – si no tuvieras esa oscuridad y fueras solo luz; primero serias la portadora de la luz y segundo no serias una persona capacitada para llevar el emblema de la imaginación. – Dijo despertando mi interés – este emblema es neutral tiene un equilibrio imperfecto y a la vez perfecto del bien y el mal. Tus emociones están más a flor de piel ahora que estas asimilando la oscuridad pero mañana dejaras a tu hermano y a Monymon en tu casa y al día siguiente partirás a Japón. – dijo con voz tajante – y no es una sugerencia.
Dormimos allí, bueno más bien todos durmieron menos yo. Salí fuera de la casa y del lago a pensar, tome la precaución de ponerme una túnica con una capucha de Gennai. Me tumbe en la hierba fresca que rodeaba el lago y mire al cielo nocturno del digimundo durante horas hasta que oí ruidos cerca mío.
- Rápido Digimon emperador quiere ver al viejo muerto – me escondí para que no me vieran, cuando los Digimons llegaron al campo de fuerza no pudieron entrar y yo corrí sin importarme que me veían. Era una tonta, como no había caído en eso, Digimon emperador ya conocía el paradero de Gennai por eso el hombre quería que el Nano y yo nos fuéramos. Baje a la casa de Gennai y le vi en el salón con cara de culpabilidad.
- Debí explicarte el motivo por el cual quería que te fueras – dijo cabizbajo – no es ni por Tai o Davis o tus padres es porque Digimon emperador aun te busca y cree que yo te escondo. – Dijo recogiendo algunas cosas de su armario – debes irte con tu hermano ahora. Yo voy a ir al templo de Piximon allí no me buscara.
- pero, ¿Cómo demonios se supone que hemos de salir de aquí sin que nos vean? – dije pensando que también estaba mi hermano. Me mostró un televisor viejo y yo supe lo que debía hacer. – Nano, Kikamon, Monymon despertad tenemos que marcharnos ya – dije intentando despertar del todo a mi hermano pero el era muy pequeño. – lo llevare a la espalda, Gennai ya estamos. – dije cargada con mi hermano esperando frente al televisor junto con los dos digimons a mi lado. Saque a la señal de Gennai el D3 y aparecí en mi cuarto en España. Deje a mi hermano en su cama y vi que Monymon no había vuelto a su forma de bebe como Kikamon que ahora era Demikikamon. – Cuídalo. Si le pasara algo yo no se que haría.
- esta bien – dijo el pequeño mono acomodándose entre los brazos de mi hermano que lo abrazo con fuerza. – Demikikamon, quédate, - pidió el pequeño mono digimon – para que ir a Japón si dentro de tres días Erika estará otra vez aquí. – dijo convenciendo a mi amiga. Oí la puerta de la casa era mi madre que volvía de trabajar. Me metí en mi habitación y fui al mundo Digimon para volver a mirar a la pantalla y aparecer en la habitación de Ken sobre las cinco de la madrugada.
Dormí en el suelo solo con una manta y me escondí hasta que oí a mi tía esta tarde saludarte y salí por la ventana sujetándome solo con un brazo y saltando al balcón de la vecina de abajo y de ahí a la calle, cuando iba a entrar T.K me vio y Kari corrió cruzando la calle para subir conmigo. Entonces llamaron a la puerta y te vi saliendo de la habitación con cara de tristeza y desespero pero al verme tus ojos prendieron y vi la vida que de verdad tienen.
- Hola tía –dije sonriendo al ver tus ojos llenos de sorpresa y felicidad - Hola Tai – dije antes de que un pensamiento me quitara las fuerzas "El sufrió, sufre y sufrirá por tu culpa" y fue justo entonces cuando me desmayé.
