-¿Lelouch, que pasa?- apremió el japonés, pero entonces el joven de Britannia cayó de rodillas, sosteniéndose con otra mano el estómago. El joven de ojos verdes no sabía qué hacer.
-S-sawasaki hizo…- entendí al acercarme un poco más, pero eso fue todo. El príncipe se desplomó en los brazos del japonés, respirando dificultosamente. Su rostro rojo y una sudoración excesiva.
El hijo del primer ministro me miró al borde del pánico.
-Ayuda- musitó.
"Yes, your highness"
Stage 11: Estúpida Esperanza
Todou P.O.V.
Finalmente veíamos por Japón y el resto de sus habitantes. Yo no tenía nada en contra de nadie, solo era la manera en la que Genbu acomodaba sus prioridades dándole un espacio a todo lo que él consideraba importante. De haberse presentado esta situación años atrás, desde cuándo que estuviésemos pensando en Japón y lo mejor para el país, no en si Lelouch obedecía o no las órdenes acerca de quedarse en cama porque su estado de salud así lo dictaba.
Si alguien me hubiera dicho esto antes, me hubiera reído en su cara. Fuertemente.
Las cosas habían dado un gran giro y ahora, después de varias horas de haber pospuesto lo inevitable, nos veíamos frente al enemigo cara a cara. Hacía meses que no se había llevado a cabo un acto así.
-Primer Ministro, Schneizel El Britannia- saludó Genbu con una leve reverencia mirando la gran pantalla. El hombre rubio de ojos azules hizo lo mismo del otro lado.
-Primer Ministro Genbu Kururugi, es un honor llevar a cabo este encuentro a pesar de las circunstancias-
Yo permanecía en mi puesto, firme en la puerta de entrada. Siendo una reunión de esta magnitud de poderes, solo ciertos rangos podían estar presentes, la habitación casi vacía a excepción de un par de Ministros. Apenas y había logrado llegar cuando la conexión se formó entre ambas naciones
Entonces Genbu me había mirado un par de segundos con cara de pocos amigos al haber abandonado mi puesto en el hospital, pero si las sospechas de que Britannia estaba más que cerca del país en estos momentos, eran ciertas, debía estar más que presente para tomar decisiones inmediatas sobre nuestra seguridad.
En compañía del Primer Ministro de Defensa, claro. Pero debía haber portavoces.
-¿Cómo va todo, Todou?- preguntó el hombre, aprovechamos que Genbu no podía distraerse más para hablar entre nosotros.
-Tan bien como se puede por el momento, Yamagata…- contesté, pero no soné muy seguro. La expresión del Ministro de Defensa habló por sí sola –Los hijos de Genbu se encuentran en el hospital en este momento- expliqué.
El hombre se vio espantado ante la declaración.
-Creí que eran solo rumores- comentó de inmediato –Tenía entendido que estaban en el Templo Kururugi, que Lelouch estaba bien- musitó en un tono que se transformaba en culpa.
Algo atrasado de noticias. Asentí levemente.
-Hasta que un soldado de Britannia logró infiltrarse en el templo, obligándonos a llevarlo con Clovis- informé a grandes rasgos, tampoco era el momento de preocuparse por algo que ya había pasado. –Tomó a Lelouch de rehén sin saber quién era, y Genbu cumplió sus demandas. Ahora todos están en el hospital privado del centro, pero todo bajo control. No pasó nada grave-
Aunque el solo hecho de pensar que un Britannian había logrado llegar tan lejos, era de sorprenderse. Yamagata tenía un momento difícil procesando todo lo que le decía. Sonaba muy tonto sin mayor detalle, pero al mismo tiempo prestábamos atención a la videoconferencia con Britannia, no podíamos darnos el lujo de la distracción.
El hombre se rascó la cabeza algo contrariado por la falta de noticias en tiempo y forma, pero lo superó de inmediato con un suspiro, centrándose en lo actual, aunque no evitó un inteligente comentario.
-Debí imaginarlo cuando Genbu no se apareció aquí de inmediato-
Sí, el consejo de ministros y los políticos de Japón sabían que para Genbu, primero que nada, estaban los jóvenes Kururugi.
Yo consideraba eso como una debilidad expuesta. Cuando todo el mundo sabía en dónde te podía afectar más, era donde atacarían seguro. Por eso me había tratado de encargar de la seguridad de esos tres con lo mejor que tenía. Las cuatro espadas sagradas. Además de que en el extraño caso de que alguien lograra moverlos un centímetro de sus puestos, los Kururugi no eran tan inocentes como aparentaban. Hablando más en el caso específico de Lelouch.
Todo por el bien de Genbu, no porque yo me hubiese encariñado en lo más mínimo con ellos…
Me crucé de brazos escuchando más atentamente la conferencia.
-Entiendo que mi hermano menor, Clovis La Britannia ha sido herido en este gran malentendido- el rubio habló preocupado -¿Se encuentra bien? ¿Ha sido atendido? La prioridad del Imperio es esa por el momento-
Podía ver los puños de Genbu tensarse ante esas preguntas. No era para menos. En parte porque dicho príncipe se encontraba vivo y bastante informado del pequeño secreto de Japón. Por otro lado, podía adjudicarlo a que Genbu resentía el falso interés que parecía estársele dando a la vida de un príncipe que podía cuidarse solo, cuando dos pequeños príncipes habían sido desechados a su suerte. Siempre se remarcaba mucho ese hecho, como tratando de convencerse de que había sido algo malo, aunque él no tuvo nada que ver con eso desde el inicio.
Esperaba que se controlara, ese era otro gesto que lo delataba. Preocupación innecesaria.
Como si Lelouch fuera alguien de quien se podían deshacer tan fácil.
Sentí el bolsillo de mi pantalón vibrar. ¿Hm? Me tomó completamente desprevenido y después de unos segundos comenzó a timbrar fuertemente el infernal aparato. Siempre olvidaba que llevaba conmigo un celular, me sentía incómodo a la hora de utilizar estas tecnologías por este tipo de interrupciones. Pero por otro lado, me apresuré a alcanzarlo. Esta línea no era del conocimiento público y la utilizaba para ocasiones de absoluta emergencia. Mis cuatro espadas contaban con este número…
Y era una llamada de ellos.
Genbu miró sobre su hombro un momento para ver la fuente del escándalo, pero lo ignoré por completo llevando el celular a mi oreja y dando un par de pasos fuera de la habitación. El pensar en el tipo de noticia que recibiría hacía que mi estómago se encogiera dolorosamente.
-¿Todou-san?- preguntaron, quién más podía ser. Gruñí en confirmación.
-¿Senba, qué es lo que pasa?- les apresuré. Si Genbu sabía tan bien como yo que esta línea no sonaba a menos de que algo realmente malo estuviera aconteciendo, entonces no tardaría en venir tras de mí. No podía permitirlo mientras esa conexión con Britannia estuviera abierta. Era capaz de mandar todo por el caño.
Hubo un silencio incómodo del otro lado. Pero era tan claro que se podían escuchar susurros apresurados.
-¡Solo díselo, no hay tiempo!-
No pude evitar ponerme nervioso.
-¡Senba! Es una orden, ¿Qué pasa?-
Para entonces, Yamagata había llegado a mi lado con una mirada preocupada. Yo solo podía escuchar el otro lado del celular, con un nudo atorado en mi garganta.
-Es Lelouch-kun…- me mordí el labio inferior con fuerza–Está muriendo-
Genbu P.O.V.
Había solo un par de cosas importantes para la vida plena, o al menos mi vida plena. La primera ellas era aprovechar mi puesto como Primer Ministro de Japón, para hacer de este pequeño pedazo de tierra un lugar mejor para vivir, aunque fuese solo para mis hijos. Un lugar donde se sintieran seguros, donde no se tuvieran que preocupar por tantas cosas, esa era mi meta diaria. Convertir a Japón en algo parecido a un edén, pese al estado del resto del mundo.
Si queríamos avanzar, ver hacia atrás no era una opción.
Así que, llegado el momento en el que veía que mis hijos disfrutaban de la vida en esta isla, todo valía la pena.
Pero, había un punto delicado en este perfecto equilibrio.
¿Y si no tenía hijos que pudieran disfrutar lo que yo estaba logrando?
¿Entonces por qué hacía de Japón un lugar mejor, si no era para ellos?
-Genbu…-
Las palabras de Todou ni de nadie podrían cambiar la realidad. Tampoco me harían cambiar de parecer, porque con eso no arreglarían nada. De ser tan fácil, tener un mundo mejor sería cuestión de palabras y un joven me lo había dicho ya hace tiempo.
"El mundo no se puede cambiar con bellas palabras"
Siempre estuvo en lo cierto. Seguía estando en lo cierto.
Así que, primero debía asegurarme de que el motivo por el cual Japón era un hermoso país en mis manos, continuara en pié.
-¡Consigue un maldito auto!- y mi paciencia no estaba para ser tentada.
No me importaba dejar una reunión a medio trato, para eso se supone tenía gente de confianza a mi alrededor. Para eso se supone que ganaban tanto mes con mes, para tomar decisiones y hacerse responsable de las mismas. Yo solo era el común denominador en todos ellos y solo hasta después se las tendrían que ver conmigo.
Más no ahora.
No hoy, no quizás el resto de la semana.
No permití que Todou dijera una palabra más. No estaba para escuchar a nadie, no quería recibir palabras de condolencia, de apoyo, de falsa empatía. Porque la mayoría de ellos, solo pensaban que sería lo mejor para nuestro país. Que un Britannian más dejara de existir.
Pero ese Britannian era mi hijo y no era uno más.
Me abstenía de hacer comentarios que por el momento quedarían como vulgares. Pero solo porque los guardaba para el momento preciso.
Nunca un recorrido en auto se me había hecho tan largo. Nunca los colores negros del tapizado interior me habían dado tan rabia, nunca la compañía me pareció más cálida y reconfortante. Porque a pesar de lo que siempre dijo o hizo parecer, incluso de sus expresiones, Todou había llegado a la misma conclusión que yo, y en un sentido extraño pero divertido, éramos dos orgullosos padres.
Dejando de lado lo extraño de la oración.
Estaba sentado a escasos treinta centímetros y aún así, si había un rostro tan preocupado o desencajado como el mío, era el de Todou. Pero su mente un poco más fría de lo que yo admitía. Solo guardé silencio ante sus órdenes, desde dejar al consejo de Ministros a cargo de la relación con Britannia, hasta pedirle a Sayoko que llevara a Nunnally al hospital.
Era… eso solo era por el bien de Lelouch. No, no era para que Nunnally estuviera presente si…
Finalmente llegamos.
No esperé a que el auto se detuviera por completo para bajar, y tampoco Todou. Me abrí paso rápidamente entre tanto soldado y no permití que me detuvieran un solo segundo. Dos de las cuatro espadas de Todou me recibieron con una mirada espantada, y su rostro se convirtió en algo peor cuando divisaron a su líder tras mi espalda. Ninguno se atrevió a decir más y se hicieron a un lado de inmediato.
Dentro, las cosas comenzaron a pasar como en un sueño.
Pasillos largos y blancos, vacíos de personas. Con un aura de tensión abundante que hacía difícil respirar y que lograba que cada paso que diera resonara con un eco enorme en el azulejo. Sin indicaciones de hacia dónde ir, mi cuerpo se comenzó a mover solo como si fuera llamado en solo una dirección.
Entonces al adentrarme más en el edificio, uno que otro rostro comenzaba a aparecer.
Una enfermera que detendría su camino al toparse conmigo, otra que solo musitaría un "con permiso" para seguir corriendo en lo que presentía era nuestra dirección común. Y entre más se tensaba la base de mi nuca, sabía que llegar se estaba convirtiendo en una necesidad. Tanto como para empezar a correr tras la última enfermera que me había pasado.
Pero ya no estábamos tan lejos.
Solo era doblar la esquina y encontraría un caos que no era esperado.
Solo era doblar la esquina para darme cuenta de que no era un sueño pero sí una horrible pesadilla bizarra.
Suzaku pateando algo en el suelo, con una determinación a destruirlo. O quizás a asesinarlo.
-¡Kururugi Suzaku!-
Todou pasó corriendo por mi lado derecho para adelantarse a la escena. Solo cuando atrapó a Suzaku sosteniéndolo por el pecho y alejándolo del objeto de su tortura, noté por primera vez lo que era. Quien era.
Sawasaki…
Pero Suzaku continuó peleando contra el agarre de Todou con una ferocidad sobre-humana. Mi viejo amigo tenía un difícil momento sosteniéndolo en su lugar, pero mi hijo lanzaba patadas al aire con la esperanza de que alguna conectara de nuevo con el cuerpo inmóvil en el suelo.
No estaba seguro de que estuviera vivo todavía, pero lo cierto era que me sentía vacío. Que miraba todo con una naturalidad inhumana que me daba igual, sin procesar lo que pasaba en el grado que todo se merecía, pero solo estaba programado para una cosa en este momento, y era lo que se llevaba a cabo del otro lado del cristal a mi izquierda.
Terminé de llegar con un par de lentos pasos, y todo terminó de congelarse.
Todos esos médicos adentro, hablando cosas que mis oídos sordos no escuchaban. Gritando cosas entre sí que yo no captaba ni siquiera como un susurro. Apuntando, moviéndose, haciendo, deshaciendo, esperando y…
-Kururugi-sama-
Todo volviendo a su tiempo, color y sonido como un baldazo de agua fría en la cara. Los gritos de Suzaku con todo tipo de obscenidades, los regaños de Todou, el frío de la palma de mis manos y las órdenes médicas dándose dentro de aquella habitación.
-¿Cómo está él?- incluso el temblor en mis palabras podía escucharse con claridad.
Pero porque todos los demás se habían callado. Todou y Suzaku se congelaron en sus posiciones, escuchando atentamente.
-No puedo mentirle, su hijo está en un estado muy crítico- comenzó, las pupilas de Suzaku se dilataron –Al parecer, fue inyectado con Opio- mis puños se endurecieron dolorosamente –Una de las variedades más corrientes que puede haber en el mercado del Opio. Eso causó un fallo en el sistema respiratorio de su hijo, y no podemos usar grandes cantidades de medicamentos ya que como le había comentado antes, no tuvimos tiempo de analizar la herida en su cabeza. Luego todo empeoró con su fiebre y se aúnan los efectos de la droga-
Estaba teniendo un momento de idiotez monumental, porque no sabía a lo que se refería el hombre.
-¿A… a dónde quiere llegar, doctor?-
El hombre miró al suelo un par de segundos y luego se pasó una mano por su cabeza semi-calva. Al mirarme no me daba la menor de las esperanzas.
-Además de todo lo que hemos hecho hasta este punto, no podemos hacer más- el ambiente volvía ponerse frío –Seguir tratando de medicar el opio con sus contrarios, solo puede causar un envenenamiento con muerte segura. Eso y lo anteriormente suministrado por la fiebre, su hijo no podría soportarlo. Incluso nos estamos arriesgando a una posible falla cardiaca, pero todo queda fuera de nuestras manos. Solo podemos esperar-
Esperar.
-¿A qué?- murmuré, la racionalidad me había abandonado -¿A que mi hijo muera?-
-Primer Ministro, si le suministramos un medicamento más a Lelouch vamos a matarlo- el hombre habló tan claro como doloroso –Tenemos que esperar a que lo que hemos hecho surta algún tipo de efecto si esperamos tener una oportunidad, pero eso no será sino hasta dentro de doce horas-
Sentí algo rasposo pasar por mi garganta.
-Hasta entonces, debemos esperar que continúe estable. De lo contrario no podremos hacer nada- el viejo médico puso una mano en mi hombro y me dirigió una sonrisa de empatía –Hay que tenerle fe Kururugi-sama, de mis años de conocer a Lelouch, nunca se ha dado por vencido-
Yo esperaba que esto no fuera la excepción.
Después el resto de las explicaciones llegarían y no de la boca del culpable. Entonces, Sawasaki estaba siendo atendido por tres costillas rotas y una quijada desencajada. No lo quería cerca en ningún sentido, de hecho y si pudiera, no lo tendría en esta ciudad de ser preciso. Ahora comprendía la actitud de Suzaku y su empeño en desquitar ese coraje, aunque desde que vi lo que hacía, en ningún momento pensé que era injusto, porque muy en el interior siempre había sabido que todo partía de Sawasaki y nunca me había podido deshacer de él. No había tenido las cuestiones legales como ahora.
Pero también estaba la seguridad de mis hijos.
Sabía que si lo alejaba, era probable que entonces hablara con quien menos quería que se enterara de esto. Por eso me había apegado al razonamiento de "tener cerca a tu enemigo". Creí que mis hijos comprendían, al menos uno de ellos lo había hecho. Aprovechándose de la situación cuando podía.
Aún así, todo eso no quitaba el horrible sentimiento que me embargaba en mi interior. Tratar de buscar el lado positivo, humorístico, o humano de la situación me estaba siendo difícil. Quizás porque Lelouch era siempre el que salía con sus comentarios irónicos o sarcásticos que lograban arrancar una sonrisa sincera al principio para reprenderlo después.
Hoy las cosas no funcionaban así.
Y ver a Suzaku en ese estado, tampoco.
Lo importante que Lelouch era en su vida, ahora lo notaba. Porque nunca me había detenido a analizar el efecto que tenía este hijo sobre mi otro hijo. Además actuar como la consciencia, de ser la parte metódica, o la parte paciente. Lelouch era más que eso en Suzaku y era la compañía de la cual mi hijo no podía dejar de necesitar.
No era un visitante en su casa que entablaría lindas pláticas o anécdotas con Suzaku para desaparecer a los días o semanas. Habían pasado de eso los primeros meses. Lelouch se había convertido en una especie de ejemplo a seguir, por más malo o bueno que eso fuera, pero Suzaku lo veía como un compañero a su altura en el cual podía confiar infinidad de cosas y al mismo tiempo hacerlo partícipe de sus actos.
Creí que eran cosas de niños al principio, la manera en que Suzaku podía deprimirse si Lelouch realmente se enojaba con él, aunque Lelouch tuviera toda la razón para hacerlo. Pero era como si sintiera que lo había decepcionado, con eso le bastaba para sentirse decepcionado de sí mismo y caer en depresión, o algo parecido. Su adicción a las fresas se había derivado de esto.
Pero entonces me daba cuenta de que Lelouch no lo tomaba del todo en serio, porque cuando lo hacía, tratar de comprender a Suzaku, le daba más de un dolor de cabeza. Así que cedía dándole por su lado excepto en esas ocasiones que ameritaran su uso de la razón y consciencia. Aunque aún así no se sintiera cómodo tratando de corregir como era Suzaku, solamente lo dejaba ser y lo guiaba cuando se sentía confundido.
Eran un complemento.
Un bastante extraño que llegaba a funcionar con una efectividad perfecta.
Porque Lelouch necesitaba de igual manera en la inocencia y desfachatez de Suzaku. No podía ser tan frío y calculador todo el tiempo, en eso intervenía mi hijo siendo un experto en la materia. Sacándolo de sus casillas, haciéndolo romper sus propias reglas y metiéndolo en cada problema posible e imposible.
Aprendieron a combinar esas dos personalidades bastante bien, después de algunos altibajos. Pero ahora dependía mucho de la participación del otro para poder funcionar bien. Tanto, que no me gustaba imaginar que se llegaran a hacer falta hasta que tuvieran que tomar caminos separados según el destino lo dictara.
Porque este no debía ser el momento de separarlos, no lo soportarían.
Y yo no podía permitir que lo primero que estaba haciendo bien en mi vida fuera destruido de una manera tan tonta. Habiendo pasado de los límites de simples hijos adoptivos y padre adoptivo, así como Nunnally y sus inocentes encantos, Lelouch tenía un aura imposible de ignorar a la hora de hacerse presente en cualquier lugar y eso era lo que resultaba interesante. Sin mencionar su casi increíble transformación de "Bastardo pretencioso a ama de casa con delantal rosado cocinando un pay" según Suzaku. Lelouch era lo que el mundo quería que fuera.
Así de simple.
¿Por qué en este momento no podía convertirse en el bastardo pretencioso al menos?
Las imágenes contrastaban entre sí. Y quería pensar que solo era el color de la habitación.
Su piel enfermamente pálida a excepción de sus rojizas mejillas. Las gotas de sudor en su frente y sus laboriosas respiraciones. Junto con el infernal pitido que nos informaba que seguía vivo a un paso más acelerado de lo normal.
No podía soportarlo, el sufrimiento de mi familia.
La manera en la que Suzaku se aferraba a la mano izquierda de Lelouch. Apenas separado de la cama por el grosor de la silla en la que estaba sentado. No había dicho una sola palabra desde que nos vimos, si me enteré de lo que había causado Sawasaki era por Todou. Quien montaba su propia guardia fuera de la habitación. Pero por su mente parecían estar pasando todo tipo de pensamientos tanto pesimistas como memorias.
Él no se daba cuenta pero yo podía ver la leve sonrisa que se plasmaba en su cara unos segundos antes de ser borrada al regresar a la realidad. Después aparecería su expresión de frustración y odio, pasando por el bien de Lelouch a la cara de fe. Pero que el miedo no tardaba en borrar y entonces se obligaba a pensar en algo positivo, reiniciando todo el ciclo.
Era completamente ignorante a que yo lo notaba. La manera en que se mordía el labio inferior y que sus ojos se llenaban de lágrimas sin ser derramadas. Apretando la mano de Lelouch y respirando hondo para que todo se pasara.
No había precio que valiera el sufrimiento de mi familia y el peligro en el que se encontraba la vida de uno de ellos.
Entonces sabía que debía actuar como padre y resolver lo que se encontraba en mis manos.
Abrí la puerta de la habitación y pretendía dar el primer paso fuera cuando una mano se atravesó en mi camino. Todou sentado junto a la puerta no era una inteligente estrategia.
-Vuelve dentro, Genbu- dijo sin siquiera voltearme a ver –Sawasaki no irá a algún lado, Suzaku se encargó de eso- sonrió. –Además de que dejamos una reunión con Britannia a la mitad- entonces sí me miró de reojo –Actúa como si estuvieras haciendo algo más importante allá adentro o el resto de los ministros tendrá mi cabeza por apoyarte en esto-
Creo que Todou estaba practicando el sarcasmo de Lelouch.
-Si no pudimos luchar por salvar un país el día de hoy, al menos sabré que estamos luchando por salvar la vida de tu hijo-
Sus palabras tan ciertas como dolorosas, dentro de la habitación había una mayor lucha que fuera de ella. La noche estaba cayendo sobre Japón y las noticias no variaban, si acaso se mantenían estables en la inestabilidad. Tan irónico. Con el paso del tiempo y del silencio, Suzaku solo parecía estar procesando esto de la peor manera, y no se había querido mover de su lugar.
Aunque intenté aparentar que leía el periódico o un par de revistas de hace cuatro años que Todou había logrado conseguir en este hospital, yo tampoco podía distraerme en otra cosa, por lo cual no había intentado hacerlo con Suzaku. Él tenía todo el derecho a tomar como quisiera lo que ocurría, reprimir sus sentimientos sería peor.
Hasta este momento.
-Padre…-
De no ser porque no estaba haciendo nada más, no lo hubiera escuchado. Me levanté extrañado ante sus palabras, porque no veía su cabeza. Era que la tenía recargada en la cama, junta a la mano de Lelouch de la cual seguía aferrado.
Rodeé el espacio ocupado que nos separaba y me acuclillé frente a su silla. Levantó levemente la cabeza en reconocimiento.
-¿Cuánto tiempo ha pasado?- murmuró.
Miré el reloj incluso sabiendo que no sería mucho.
-Cuatro horas-dije, la eternidad de este momento se prolongaría aún más. Aunque Suzaku estaba contando exactamente con el tiempo que el doctor dio de plazo, no podía asegurarnos que fuera más o menos de lo que dijo. -¿Por qué no intentas dormir? Así al menos pasarán un par de horas más-
Tal y como esperaba, negó.
-Lelouch no durmió dos noches de las que tuve neumonía- alegó, me encontré riendo ante su declaración.
-Teniendo un libro en sus manos, por supuesto que no iba a dormir- estiré la mano desde mi posición en cuclillas, alcanzando los mechones de cabello de Suzaku y comencé a acariciarlos. -¿Por qué no descansas?-
Solo esperaba que mi gesto de contacto fuera tomado como algo tranquilizante, que poco a poco hiciera que Suzaku sucumbiera después de las últimas horas de alerta. Pero, resultó ser todo lo contrario. Incluso me encontré asustado ante su reacción. Porque no era algo que viera todos los días o que recordara.
Sus ojos se llenaron de lágrimas en un par de segundos y comenzó a llorar sin poder detenerse. Incluso soltó la mano de Lelouch para tratar de limpiar sus lágrimas pero la velocidad con la que salían era mayor a la absorción de su manga. Se desesperó incluso de no poder ocultarlo más y entonces dejó intentarlo, tratando de mirar en cualquier otra dirección.
-Suzaku…-
Ver a mi hijo así, y ver a mi otro hijo en aquella condición.
Giró la cara lo más lejos de mí posible, pero nada que no pudiera arreglar con tomarlo de la barbilla y halarlo lentamente para que me mirara. No estaba siendo del tipo sentimental, no del todo. Su cara carecía de emociones que no fueran preocupación y frustración, las lágrimas corrían solas siguiendo el trayecto que había marcado la primera gota, pero en ningún momento sollozaba.
Era como si tratara de comprender qué pasaba, por qué lloraba. ¿Por qué no se detenía?
Todo había pasado tan rápido y sin ser esperado que su mente y cuerpo hasta ahora lo comprendían.
"Podíamos perder a Lelouch"
No era mi pensamiento favorito por encima de todos.
Así que lo abracé. Porque no podíamos perder a Lelouch. No si nos empeñábamos en ello y si Lelouch era tan aferrado como siempre. Con solo la idea de darle la contraria al mundo le bastaba y si sabía lo que era mejor para él, mejor no nos dejaba con este alboroto en las manos. Porque se había convertido en parte importante de esto. Porque estaba haciendo llorar a Suzaku de una manera de la cual podría burlarse después, pero siendo él y habiéndolo superado con todos.
Él simplemente no podía dejar las cosas a medias. No podría retirarse sin hacer su gran venganza por la cual respiraba.
Suzaku temblaba de furia en el abrazo, seguí acariciando su cabello como extrañamente nunca lo había hecho. Pero entonces el celular en mi bolsillo comenzó a vibrar, y debía atenderlo con urgencia a pesar de todo. Para eso no me moví un solo centímetro, solo que con uno de mis brazos logré alcanzar el aparato, al mirarlo solo era un mensaje de texto.
Demonios.
-Suzaku- por más que no quisiera interrumpirlo, teníamos algo más que hacer y cuidar. Lo había olvidado por completo como un tonto–Suzaku, Sayoko acaba de llegar con Nunnally-
Y con una comicidad envidiable se separó de mi abrazo, desarrugó su ropa con las manos y después se talló la cara con más fuerza de la que yo consideraba necesaria.
-No menciones nada- argumentó limpiándose el resto de la humedad en su cara. Por el bien de Nunnally. Suspiré sabiendo que de todas maneras no podría hacer otra cosa y al parecer Nunnally había sido un pequeño freno en ese despliegue de desesperación.
-Yo no sería capaz- aseguré.
Suzaku P.O.V.
Creí que lo más difícil ya estaba pasando. Que ya me había preparado personalmente para lo peor y que ya nada podía superarlo, pero me probé equivocado cuando en ningún momento, Nunnally cruzó por mi mente. Algo extraño si me ponía a pensarlo detenidamente, pero me enfoqué tanto solo en lo que estaba pasando y en los que estaban presentes, que olvidé todo lo demás que intervenía en esto con una importancia mucho mayor.
Mis manos se pusieron frías como nunca, incluso dolía el tratar de flexionar los dedos. Pero cuando Sayoko abrió la puerta de la habitación, empujando la silla de Nunnally hacia dentro, sentía que nunca había tenido más miedo de decepcionarla como en este momento. Porque yo había tenido la culpa, si no hubiera dejado a Lelouch solo desde un principio, si no me hubiera dejado engañar.
-¿Suzaku-san?...-
Tragué con dificultad y mi pecho se comprimió dolorosamente. Nunnally estiró su mano en la nada, tratando de alcanzar algo lo mas remotamente familiar.
Tenía motivos para no tomar su mano, miles. Empezando porque no era una buena compañía en este momento, porque no sabía si acabaría bien, porque no estaba siendo optimista, porque era el estúpido culpable, porque le había fallado a Nunnally en la promesa más importante que le había hecho tantos años atrás.
-"Suzaku-san, Onii-sama me cuida y vela por mí día y noche. Pero como yo no puedo ver ni caminar, es muy fácil que Onii-sama me oculte cosas, pero a ti no. Tu puedes estar más al pendiente de él cuando está mal y yo puedo convencerlo de obedecer, así entre los dos podemos cuidarlo. Pero necesito que cuides de Onii-sama, Suzaku-san. ¿Puedes hacer eso por mí?"
Tan fácil de decir.
Tan difícil de cumplir siendo Lelouch.
Y tan doloroso al fallar.
Pero no podía dejar a Nunnally sola. No podía sumirme en mis pensamientos fatídicos de un lado, dejando caer lo que seguía apenas de pié. Y tanto como Lelouch no me lo perdonaría, yo tampoco. Así que con toda la vergüenza del mundo, acepté su mano para ayudarla a ver lo que ignoraba.
Su pequeña mano cálida, que se aferró a mis helados dedos.
Sayoko terminó de empujar su silla lo suficiente hasta que estaba junto a la cama, en ningún momento Nunnally soltó mi mano. Al contrario, esperaba que fuera yo quien la guiara el resto del camino, porque Sayoko-san entonces se retiraba con un ligero asentimiento y el permiso de mi padre.
Traté de concentrarme en lo que sea. Piso, paredes, el oxígeno invisible a nuestro alrededor. Pero al final no pude despegar mi vista de Nunnally, atestiguando exactamente el momento en que su expresión ya levemente preocupada se convertía en un terrible miedo a perder a su hermano. Me acuclillé de inmediato frente a su silla y tomé sus manos entre las mías, ni siquiera sabía en qué ayudaría, pero esto ya era lo suficientemente malo como para dejarla sola en esto.
Ella era el tesoro más preciado de Lelouch, y también se había convertido en lo mismo para mí.
No le haría pasar penas. No la defraudaría.
-Suzaku-san ¿Onii-sama va a estar bien?- apretó mis manos al preguntar, quería saber la verdad. Y si yo no se la decía, de todas maneras terminaría sabiendo.
-En estos momentos, Nunnally…- era difícil bajar el nudo en mi garganta –Está algo grave, pero si sigue todo tranquilo entonces estará bien. El doctor así lo dijo-
¿A quién trataba de convencer al final?
Sus pequeñas manos se aferraron aún más a las mías, podía sentir que temblaban. Al mirar más detenidamente su rostro, el miedo había tomado lo mejor de ella, mordiéndose el labio inferior y torciendo su boca un poco, al borde de las lágrimas. Yo no estaba hecho para esto. Yo no podría decirle palabras de aliento que no encontraba en mi interior.
-Ustedes dos, solo confíen-
Tampoco había notado cuando mi padre había llegado hasta nosotros. Lentamente poniendo su mano derecha en mi hombro y su izquierda sobre las manos de Nunnally.
-¿Cuántas veces los ha defraudado Lelouch para que no confíen en él?- intentó. Algún desconocido pensamiento sacó una leve sonrisa de Nunnally que se borró segundos después al abarrotarse de más sentimientos y dejando las primeras lágrimas salir. Mi padre entonces sonrió tristemente y se acercó más, soltando mi hombro, abrazando a Nunnally con delicadeza y eso era todo para ella.
Esa era la señal para dejar salir lo que sentía sin miedo a verse boba. Porque todos nos sentíamos igual.
Pero yo todavía no encontraba la manera de sacar tanto enojo y frustración de mi cuerpo. No tenía sentido ¡Golpear a Sawasaki no había servido de nada! Y ahora se aunaba la culpa de tener a Nunnally metida en esto por una equivocación mía.
Les había fallado a ambos. Había incumplido mi promesa de protegerlos.
De la peor manera posible.
¿Qué clase de amigo era? ¿Qué clase de hermano mayor?
¡¿Era un total fracaso en todo lo que hacía?!
¿Por qué lloraba si todo era cierto? ¿Qué derecho tenía a hacerlo?
Mi padre estiró un brazo sin soltar a Nunnally y me jaló en contra de lo que restaba de mi voluntad. Me jaló y nos unió a los tres en un gran y fuerte abrazo lleno de calidez. Nunnally se aferró a mí con un brazo y con el otro a mi padre, me encontré haciendo lo mismo al paso de los segundos. Se vería tonto, quizás. Pero esperaba que las decisiones de este tipo, por una vez en la vida, estuvieran en manos de alguien más viejo y con mayor experiencia.
Que la parte positiva y de las porras fuese alguien más, porque yo no podía hacerlo.
-Cálmense los dos…- no tenía idea de que mi padre pudiera hacer este tipo de cosas. –Pronto pasará-
Sentía que podía creerle. Que sus palabras tan sencillas y dichas con tanta confidencia serían verdad. Me hacían sentir extrañamente bien, y casi como si fuera algún tipo de milagro, podía creerle por completo. Cuando sus palabras fueron aseguradas.
-¿Por qué lloran ustedes dos?-
Sentí mis mejillas enrojecerse hasta límites extra-normales cuando lo escuché, pero no me importó. De un brinco me separé de mi padre y Nunnally para girarme a ver si era cierto.
-¡Onii-sama!-
Y lo era.
Lelouch nos miró a ambos con una leve sonrisa de reconocimiento y suspiró lentamente. Cuando Nunnally terminó de acercarse el tramo faltante, me permití desviar un segundo mi atención para ver la reacción de mi padre que era de completo alivio y dicha. Sentí mi interior volverse cálido de nuevo, podía respirar con facilidad.
-¡Onii-sama, estás bien!- celebró Nunnally tomando la mano de su hermano entre las suyas y llevándola a su mejilla.
Me quedé en silencio viendo detalladamente la interacción, notando como Lelouch solo sonreía ante las palabras de su hermana. Dejé que mi propia felicidad se detuviera un segundo, esto…
-No tienes por qué temer, Nunnally- respondió. Pero sus palabras se arrastraban con un cansancio inmenso y apenas eran audibles para los que estábamos cerca. –Suzaku puede cuidarte-
Nunnally siguió sonriendo felizmente pero yo me sentía incómodo.
-Sigo necesitando ciertas clases para ser un buen hermano- apoyé desde el fondo. Entonces la mirada de Lelouch se enfocó en mí con una mortal seriedad. Me sentí extraño, no me gustaba.
-Estás preparado- aseguró, y después sonrió con una de esas sonrisas de complicidad. Exactamente la sonrisa que usaba cuando estaba a punto de meterme en problemas, sin arrepentirse de nada.
-No hablas en serio- me acerqué exaltado. Nunnally se vio extrañada por mi movimiento pero no podía disimular en un momento así –Lelouch, deja de bromear-
Parecía causarle gracia, pero no en un sentido burlesco. Era lástima.
Sentí la mano de mi padre plantarse en mi hombro e inevitablemente me giré para verlo. Entonces ahí estaba la misma mirada de Lelouch, esa que se preparaba para algo más.
-¡NO!- insistí volviendo a Lelouch -¡No te atreverías!- reté, algo.
Lo que sea, ¡Pero no eso!
Nunnally entonces comenzaba a comprender lo que pasaba. Porque enfocó su atención en Lelouch y retomó sus manos con fuerzas.
-¿Onii-sama?-
Y él continuó sonriendo, algo que Nunnally no podía ver.
Incluso levantó su mano libre, en la que estaba conectado el IV. Acercándola lentamente por encima de todo, hasta posarla en la mejilla de Nunnally con cariño.
-No hay de qué preocuparse- musitó. Cada vez escuchándose menos.
¡¿No?!
¡¿Y esto qué se supone que era sino una desp…?!
-¡ONII-SAMA!- gritó Nunnally.
La mano de Lelouch resbaló de su mejilla.
La máquina comenzó a emitir un sonido largo e incesante.
-¡ONII-SAMA! ¡ONII-SAMA!-
Nunnally se giró hacia mí, con caudalosos ríos de lágrimas cayendo de sus dolidos ojos… ¿Azules?
¿Nunnally había abierto los ojos?
¿Y por qué Lelouch no los abría?
-Tú tienes un contrato conmigo, muchacho ¿A dónde crees que vas?-
Si llegaron hasta aquí, felicidades siguen vivos, pero quiero escuchar sus gritos de emoción/reclamo aquí en los comentarios :3
¿Review?
anySuzuki
