Advertencias: Los personajes de Shaman King no me pertenecen.

N/A: Por desgracia en los últimos capítulos que he estado actualizando he tenido la horrible sensación de nada más subirlo sentirme "aliviada" por poner otra vez a cero el contador del tiempo hasta la siguiente actualización. Comprendo porque leo (y mucho) lo jodido que es esperar a un nuevo capítulo y cada vez más defiendo que un autor tenga entre el 70-100 % de la historia escrita antes de comenzar a subirla. Pero ya advertí al inicio de esta aventura que principalmente la estoy escribiéndolo para mí, a mi ritmo, como un ejercicio de redacción e imaginación y, sobre todo, con la que me siento delante del ordenador cuando realmente tengo ganas y puedo disfrutar buscando cada palabra y desmenuzando cada situación. Agradezco de corazón a todos lo que lo leen y más cuando dejan un comentario y tienen paciencia para el siguiente capítulo, aunque también comprendan que nada de lo anterior va a cambiar porque yo también deseo disfrutar de esta historia. He escrito esto no por nada, sino para dejar claro por qué tardo tanto y sentirme tranquila.

Después de mi retahíla, os dejo el capítulo.

Agradecimientos: Anna Haruno, poketat, carmen15 y Festinnight . Gracias por todo y seguir ahí a pesar de lo que tardo :)

No pude responder a dos reviews antes, así que aprovecho:

Anna Haruno: Hola! Muchísimas gracias por todas tus palabras, y ¡YES! Vas muy bien encaminada con tus ideas XD Digamos que lo que busca Jun es algo muy concreto y para su hermano. Hao sí, es así. Y Horo solo tiene una respuesta que dar, la única que inicia todo pero eso, puede que aparezca más adelante o no, todo depende de la importancia que finalmente tenga. de nuevo muchas gracias por seguir ahí y soportarme.

Poketat : Muchas gracias! No, no entendiste nada mal ;-) Y ya que todo lo de Yoh y Anna está terminado, espero que sí, que pueda haber muchos más líos con estos dos hasta que se decidan de una vez! Muchísimas gracias por seguir ahí y tus palabras. Un abrazo.

Una vez más, espero que lo disfrutéis y hasta la próxima!


Capítulo 11.


Gran parte de su trabajo estaba ya terminado y entregado, y lo poco que faltaba, aquello que podía hacer por sí misma estaba a punto de acabarlo. Conocía todas las telas, sus entresijos, materiales, estampados y procedencias, los hilos, los botones y todos los aderezos que necesitaba: lentejuelas, vivos, cintas, tachuelas, pedrería, … Todo ese tiempo se hacía mantenido tan ocupada dejándose atrapar por el torbellino de los detalles, todo aquello para intentar olvidar las palabras que días atrás él le dijo una y otra vez. Y para su desgracia nada había conseguido escudarla de las palabras de Ren Tao.

No es que se hubiera enamorado de él. No, bueno, sus manos pararon inconscientemente mientras se mordía el labio inferior nerviosa.

—¡No, por supuesto que no!

Había tenido tiempo de hablar con Horo-Horo si hubiera querido, pero prefirió esconderse, al menos de sus propios pensamientos hasta que lograra encontrar la paz y ponerlos en orden. Ahora, el reloj contra el que ella luchaba no estaba marcado por Hao y sus bocetos, sino por Ren y el avión que significaba estar a su lado demasiado tiempo.

Pirika sabía que cuando se fue después de aquella visita, algo seguía rondando la cabeza del hombre, algo que seguía incumbiéndola más de lo que desearía. No es que no quisiera verse involucrada con un hombre tan guapo, pero no cuando era igualmente peligroso.

—Mierda —masculló mientras dejaba caer la cabeza pesada sobre la mesa de trabajo.

Él se lo tenía muy creído y por un segundo casi logra engañarla y hacerla caer en su juego. Pero no, Pirika, respiró pausadamente y cerró los ojos volviendo atrás en su hilo de pensamientos.

—Bueno, ¿y por qué da por sentado que me enamoraría de él, eh? Ni que estuviera loca. O no hubiera más hombres en el mundo, pero qué se cree ese rastrero, cabrón, maleducado,… Por muy hermano de Jun que sea.

Sonrió, sí, ese era el espíritu que debía mantener. Muy creído se lo tenía el chico si pensaba que él tenía, aunque fuera una mínima oportunidad de que ella, ella, cambiara de parecer sobre él y decidiera que no era un mal tío y se enamorara, por muy guapo que fuera, por muy misterioso que fuera, por muy…

—¡Nunca con esos ojos tan peligrosos! —volvió a dejar caer la cabeza sobre la mesa—. Pirika vas a tener que dejar las novelas rosa, lo digo muy en serio.

Pero… Pero… un leve sonrojo cruzó tímido sus mejillas, él tenía algo atractivo… Algo que la atraía...

—Mírate, niña, estás más delgada.

—¡Hao! —Como un resorte levantó la cabeza sintiéndose pillada en su río de pensamientos por la última persona que quería ver.

—Y ahora qué tripa se te ha roto.

—Yo… ¿A mí…? Pero qué…

—Ni intentes engañarme, Pirika Usui. —Una corta sonrisa cálida adornó los labios del hombre alertando de un posible peligro.

—Y tú estás muy diferente.

—No cambies de tema —murmuró borrándola.

—¿Qué se te ha olvidado ahora? ¿Torturarme? Ya te di tus vestiditos y estoy trabajando con el equipo en cada detalle…

—¿Torturarte? —Ahora su sonrisa sí era maliciosa, como las que acostumbraba, planteando a Pirika la dura decisión de no saber cuál podía ser peor—. No sabía que te gustara el sado-maso, pero por ti puedo hacer lo que sea.

Hao le guiñó un ojo mientas la echaba de la banqueta de trabajo para sentarse él.

Por primera vez desde días atrás, Pirika había conseguido olvidarse realmente de él, aunque jamás le daría a ese Asakura las gracias por ello. Se acercó a la mesita de té para poner a calentar agua, ese silencio fue agradable, y comenzó a plantearse la posibilidad de bombardear a Hao con todas las preguntas que Ren Tao despertó en su cabeza.

—En serio, ¿por qué has venido a molestarme?

—¿Por qué destruyes mi diversión? —le respondió con un suspiro.

—¿Qué diversión?

—Ya estaba imaginándote atada a mi cama y a punto de verter cera sobre tu piel…

—Lamento romper tu sueño húmedo, pero prefiero ser yo quien domine.

—Y aún te preguntas qué diversión me estropeas…

Hao se levantó y empujó a la chica hasta que se sentara sobre el diván, entonces se acercó al hervidor de agua y vertió el contenido sobre las dos tazas que ella antes había preparado. Cogió una de las tazas y se la entregó, luego cogió la otra y volvió al asiendo de la mesa de trabajo. Observó por un segundo los restos de bocetos esparcidos por la mesa y cogió uno para usarlo de posavasos.

Luego clavó sus ojos chocolates sobre la chica que suspiraba absorbida en el color oscuro del té. Como le había dicho, estaba más delgada, pero no eran las únicas marcas que esos últimos días encerrada habían dejado en ella, su piel no tenía el brillo que solía radiar, estaba seguro que el pelo recogido daba asco de lo sucio que estaría, las ojeras se le marcaban en contraste con sus mejillas pálidas y apostaba lo que fuera a que apenas probaba la comida que diariamente enviaba al atelier. A menos, era una suerte que le gustara coser y siempre tuviera retales a su disposición o se apostaba lo que fuera a que tampoco se habría cambiado de ropa.

—Tú, Yoh, Anna y yo nos largamos esta noche.

Ante el sonido de duda que emitió, Hao repitió la frase.

—Con todo el respeto que te tengo, estás loco, Hao. ¿A dónde quieres que vayamos Anna, Yoh, y yo? ¿A un onsen? ¿De fiesta? No me digas que quieres ir a un cementerio que—

—Pensaba más bien en una cena íntima con vista a la bahía —la cortó con una sonrisa, adoraba su cabecita loca más de lo que jamás se podría haber imaginado—, pero si quieres puedo arreglarlo para hacer todo lo que dices, estoy seguro que Yoh adorará la idea del cementerio, y a mi lo del onsen me encanta, siempre que sea mixto.

—Pervertido.

—No todo lo bueno se lo iba a llevar Yoh, ¿verdad?

—Afortunadamente…

—Volviendo al tema principal—

—Mira, será mejor que lo olvidemos —ahora fue ella la que le cortó a él—, no estoy con ganas de nada…

—No me des excusas para el sexo, que te he pedido cenar en familia.

—Estoy hablando en serio Hao, no tengo ganas de nada.

—¿Qué tripa se le rompió ahora al maldito chino? —Pirika le miró entre sorprendida y confusa al ser la primera vez que escuchaba llamar a alguien con desprecio, sin malicia, sin esconder ironía, solo desprecio—. Deja de hacerte la tonta, Tao estuvo aquí hablando contigo de cualquier gilipollez, maldita sea, joder, tiene graciaque eso sea lo único que consigue hacerte trabajar.

—Pues lo que pasa es que estoy harta. Y no, no es lo único que me pone a trabajar.

—¿Me lo cuentas, tengo que sonsacártelo o vas a esperar a estar con tu amigo del alma para soltarlo?

—No es nada serio. Solo le pregunté si tenía algo contra mi hermano, pero fue evasivo en la respuesta.

Hao dejó la taza vacía sobre el boceto ya manchado, preocupado que Ren Tao hubiera sido evasivo quiere decir que sí había algo más detrás de esa historia de una pelea pasada, pero ¿por qué ahora salía a la luz y metía en ello a Pirika? No, no era solo porque fuera el punto débil de Horo-Horo, había algo más…

Por un segundo los ojos de Hao brillaron de emoción, sorpresa y maldad. Si ambos habían sido tan buenos amigos, no sería de extrañar que Tao supiera de Pirika tiempo atrás. Mucho tiempo atrás.

Afortunadamente Pirika no se había dado cuenta de ese relámpago que no auguraba nada bueno en los ojos del hombre, de pronto se había sumido en su consciencia, seguramente rememorando palabras y gestos de esa última vez que se vieron, cuando él los dejó a solas para tener una charla con la hermana y maestra, respectivamente.

Jun Tao besaría el suelo que pisaba al final de toda aquella grandísima farsa comercial.

—Entiendo, pero ¿qué fue lo que te dijo exactamente?

—Que no me enamorara de él.

—¿Y eso venía a cuento de…?

—No eres mi psicólogo.

—Pero podría entre polvo y polvo —Le guiñó un ojo.

Pirika maldijo entre dientes el día que decidió confiar en el gemelo malvado, en el gemelo bueno y en la modelo de hielo más de lo que debería. Pero ahí estaba, y una vez metida dentro del torbellino que ellos creaban sabía que no tenía escapatoria posible.

¿Qué podía responderle a Hao? Decirle que le propuso hacer creer al mundo que eran pareja, que aquello simplemente parecía ser uno más de los berrinches de niño minado, que daba la impresión de ser una barrera de defensa contra algo que no entendía, que estaba de guasa. No, Ren Tao no parecía ser de los hombres que rieran a menudo.

Un punto menos a su favor por el que tampoco se enamoraría de él.

—Ni idea de qué quería decir.

A lo mejor era porque Ren Tao notaba la incomodidad que sentía cada vez que estaba cerca, ¿y si no era miedo lo que sentía en su estómago cada vez que notaba aquellos ojos de gato sobre ella?

—Y una mierda —masculló levantándose del diván—. Habías dicho algo de una cena, ¿no? Tengo tanta hambre que sería capaz de comerte con ropa y todo.

—Es un placer saber que uno sigue teniendo sex appel entre las jovencitas —Hao también se levantó de la silla y golpeó cariñosamente la cabeza de la chica—. Entonces nos vemos a las nueve en punto en el lobby del edificio, y por tu bien espero que estés presentable y limpia.

—Descuida. ¿Vendrás tú a recogerme, mi gemelo malvado azul?

—Puede… —Pero una idea comenzó a tomar forma en su mente —. O puede que no.

—¿Cómo lo reconoceré entonces?

—Nada que temer, a quien sea que mande lo reconocerás y no te secuestrará, te lo prometo.

—Vaya, has destrozado mi nueva fantasía «secuestrada por mi jefe pervertido» una verdadera lástima —Le dedicó una sonrisa mientras abría la puerta, pero una última pregunta cruzó su mente y Pirika no pudo evitarla— ¿Vendrá Jeanne?

—Lo dudo.

Ese «lo dudo» tuvo que haber despertado algún sensor de alarma en la mente de la joven, pero no lo hizo. Todo lo contrario, agradeció en silencio a Hao que le hubiera alegrado el ambiente y la hiciera salir para despejarse por completo de esa estúpida idea que rondaba su mente. Porque unos segundos más allí sola y hubiera admitido derrotada sin más que puede que sí estuviera ya enamorada del mayor gilipollas que había tenido la desgracia de conocer.

Agitó la cabeza, y miró el reloj, tenía tiempo de sobra para adueñarse de los baños del edificio, de quitarse kilos de inseguridad y clausura para después hacer algo que la hiciera ver como una persona más en el espejo. Sabía que la cena se pintaba como informal, pero eso era lo último que podía esperarse cuando sus nombres eran los de los organizadores, por muy privada que fuera. Era algo que Jun le había enseñado, a no ver la ocasión tal y como la invitación se formulaba, sino en función de los invitados en sí. Pero creía tener el vestido adecuado para ello.


Pirika miró impaciente el reloj por segunda vez mientras corría con los tacones por las escaleras, a la par que se aseguraba de no pisar la tela del chal que llevaba o que ningún mechón se le escapara del recogido que se había logrado hacerse. Todo porque justo ese día, a esa hora los dos únicos malditos ascensores que llegaban hasta la última planta se habían estropeado. Hao se las pagaría con creces en cuanto lo viera.

Corrió hasta los otros ascensores y después de quemar el botón, uno llegó hasta esa planta. Entró y comenzó a pulsar el de la planta baja con las mismas prisas. Pasaban diez minutos de la hora fijada, Hao la iba a matar. Muy lentamente.

Se miró en el espejo, y lanzó un suspiro de alivio, todo seguía en su sitio perfecto. Cerró los ojos y aspiró, tan solo le quedaba tranquilizar el corazón y bajar el sonrojo del esfuerzo físico. En el tiempo que el ascensor tardó en llegar a la planta baja, consiguió recomponerse, unos dos minutos que no había malgastado. Se despidió de las recepcionistas del turno de noche, era lo malo de ser una compañía que trabajaba a escala mundial que en cualquier momento podría ponerse todo en funcionamiento, no solo las oficinas. Y salió del edificio buscando con sus ojos alegres por primera vez un coche, momentos después sonó un claxon desde el paso de peatones que estaba en frente. El coche oscuro era de alta gama y le dio mala espina, sin querer, la idea del secuestro no se le antojó tan imposible ahora, pero era Hao. No esperaba menos por su parte.

—Ese maldito…

Dio unos últimos pasos rápidos hasta la puerta del copiloto, la abrió y entró deshaciéndose en excusas por la tardanza.

A ello, toda respuesta que recibió fueron unos fríos labios que colisionaron con su boca haciéndola callar. La sorpresa que recorrió sus ojos al enfrentarse a tan corta distancia con los dorados que más temía solo le dieron pista libre para profundizar el beso. Su lengua no esperó permiso para atacarla mientras con una mano aferraba su nuca impidiéndole que se alejara sin dejar de mirar aquellos ojos hechizantes. No recibía respuesta, pero no lo esperaba, hasta que pellizcó un poco su cintura, entonces ella hizo un único intento de alejarse, que él aprovechó para succionar lentamente el labio inferior y mordisquearlo. Aquel sabor a cerezas entre dulce y ácido comenzaba a ser demasiado adictivo y dudaba poder vivir sin él si volvía a probarlo una vez más.

Ni siquiera prestó atención a esa punzada de dolor de saber que estaba haciendo lo que más quería y aún así, todo no dejaba de ser una farsa rastrera. Ren Tao se había dejado caer muy bajo. Por una mujer.

—No digas ni una palabra, sonríe —masculló contra su oreja notando su fuerte respiración contra su mejilla.

Algunos flashes no sirvieron para despertarla del estupor que sentía. Pirika no iba a sonreír, porque aún estaba perdida en el sentimiento de vacío cálido que había dejado en su cuerpo aquella boca inexplicablemente.

Sin borrar una mueca maliciosa Ren metió la marcha y apretó el acelerador dando esquinazo a los periodistas que Hao había convocado para ese momento. El plan que más temía, el único que en cualquier otro momento no hubiera dejado comenzar, estaba dando sus primeros pasos y por primera vez no se arrepentía. Sería el ser más rastrero del mundo pero juraba por su honor que aprovecharía cada oportunidad que tuviera, y finalmente conseguiría lo que más quería.

A Pirika.

En silencio llegó hasta uno de los restaurantes más elitistas de la ciudad, cerca de la bahía de Tokio, el resto de invitados los esperaban en la planta, seguramente en una mesa junto al ventanal.

Bajó del coche, y entregó las llaves a un botones para que lo aparcara, Pirika le esperaba al otro lado, aún seguía ensimismada, y él no estaba dispuesto a perder la oportunidad. Pasó su mano por su espalda tocando aquella fina y blanca piel que el cuello largo dejaba al descubierto, y volvió a besar sus labios una vez más antes de empujarla con delicadeza en los primeros pasos hasta el interior. Entraron al ascensor aún sujetándola, y solo entonces pudo ver el primer signo de que estaba despertando: aquellos ojos se afilaron con un odio adorablemente inocente.

—Si vas a poner morritos solo conseguirás que vuelva a besarte —el susurro escapó sin darse cuenta de sus labios antes de darse cuenta.

—Menos mal que no eras tan rastrero, ¿no, Tao?

—Órdenes de arriba, mi querida Usui-chan.

—No creas que estoy de acuerdo, pero jugaré tu juego con mis condiciones —masculló mientras la puerta se abría y dio un paso al frente sin mirarle—. No vayas a enamorarte de mí.

Sus labios se curvaron inconscientemente mientras se arreglaba el nudo de la corbata negra y salía detrás de ella del ascensor, no esperaba que le devolviera sus mismas palabras, lástima que llegaran demasiado tarde.

Lástima que no jugaran en las mismas condiciones.


...


N/A: Si os apetece, no os olvidéis que podéis comentar, poner en favoritos/alert y todas esas cosas que me hacen sonrojar y que agradeceré hasta la eternidad.

También acepto amenazas, pero sólo si están recubiertas de chocolate :3

¡Muchísimas gracias por leer!

Hasta pronto.

PL.