11 Asesino

El lobo no volvería a escuchar la voz del tópico de su comidilla hasta la puesta del sol. Estaría en un bar con sus amigos, celebrando el hallazgo.

Y entonces sonó el celular.

—Espero que tengas una razón preparada para que no te busque y te prive de vivir.

Koga tragó el vodka con fuerza.

—No esperaba un gracias, pero esto definitivamente tampoco.

—La caja está vacía, Koga —el homicida consagrado que Sesshomaru en realidad era se hizo sentir en su tono de voz y el lobo se preguntó si viviría otro día para ver el sol salir.

—Imposible —susurró.

Sin decoro ni protocolo emprendió la carrera hacia el departamento de Sesshomaru. Corrió hasta su límite. Afortunadamente se jactaba de sus rápidas piernas y en unos minutos estaba cruzando las puertas de cristal y avanzaba apresurado hacia el ascensor.

Su no tan voluntarioso anfitrión abrió la puerta un segundo antes que lo hiciera él y caminando hacia la cocina, dejó implícito que lo siguiera.

—¿Dónde está Jaken? —preguntó.

Cuando llegó al sitio en cuestión, allí tenía la respuesta a su pregunta. El desfachatado portaba una mirada impávida y un gesto de superioridad que Koga le habría borrado de una patada.

—Maldito kappa conductor —dijo entre dientes—. ¿Qué has hecho?

—Lo que me dijiste.

—Trátame con respeto. Pertenezco a un noble clan y tú no eres más que un simple chofer.

—Hice lo que me dijo, señor.

—Tratarme con sarcasmo no cuenta.

—Si no fuese porque ustedes fueron los últimos que vieron la espada —intervino el dueño del hogar con el mismo tono de asesino serial que ambos conocían a la perfección—, ya estarían muertos. Koga, explícate.

—Revisé el contenido de la caja, obviamente. Este inútil pasó a buscarla. Le dije que no hiciera paradas pero claramente me desobedeció.

—¿Jaken?

—Tuve que parar a cargar combustible, Lord Sesshomaru.

Koga lo miró como si aquella fuese a ser la última oportunidad de hacerlo. Jaken era embustero con él, le mentía cada vez que podía y desobedecía si la situación ameritaba. Siempre.

Pero a Sesshomaru le respondía lo que fuese.

—¿Esa es tu explicación?

—Sí, Lord.

El Lord cerró los ojos un momento y los demás dieron unos pasos hacia atrás en simultáneo, preparándose para el impacto.

—Jaken, desaparece de mi vista —cuando el aludido acató, se dirigió a Koga:—. Tú llamarás al monje. Sabes lo que hay que hacer.