NDA: Vale recordarles de nuevo que esta historia es N-17/R/MA y demás siglas que advierten que… bueno, si han llegado hasta aquí ya saben lo que viene. Por favor no continúen si no son mayores de edad o si las historias explicitas no les agradan.
-o-
c-11
Acerca de cómo ser fuerte, pasa por quererse primero a uno mismo
Hacía mucho calor.
Demasiado para salir de misión a Suna.
Y definitivamente demasiado para perder el tiempo buscando a su extremadamente flojo y exasperante ex - sensei.
Claro que no se podía ir sin verlo, pero tampoco estaba muy convencida de que hacerlo fuese una buena idea. Vamos, que el hombre podía irritarla en tiempo record y ganas de matarle no le faltaban para empezar.
Igual, en el punto en el que se encontraba no había forma de prepararse para lo que pudiera pasar. Bueno o malo prefería enfrentarlo a quedarse en la incertidumbre durante un año. Después de tantos cambios y tan profundos en tan pocos días, sólo le quedaba apretar los dientes y enfrentar la vida que había elegido, con cada una de las decisiones que había tomado. Como solía decir su padre: hacia atrás, ni para tomar impulso.
Tratando con todas sus fuerzas de no llenarse la cabeza con las posibilidades, Sakura emprendió el familiar camino hacia el apartamento de Kakashi. A diferencia de la última vez que había ido allí por obligación, corriendo con fastidio para buscar el pergamino de la misión supuestamente olvidado, ahora iba caminando a paso lento, disfrutando de las calles del viejo y acogedor vecindario.
Era un día claro y despejado que presagiaba buen viaje para ella. Un día para disfrutar de los colores de su amada Konoha y respirar la calidez de su aire hasta saturarse.
Un día hermoso para despedirse sin lágrimas en los ojos, y con una gran sonrisa en el rostro.
O con los puños llenos de sangre, que uno nunca sabe.
Riéndose de sus propias tonterías, Sakura apuró el paso. Igual no tenía sentido darle largas a la última despedida pendiente. Siendo realistas, encontrar al dueño de la caja en sus manos era muy poco factible, sino casi imposible, pero tenía al menos que intentar devolverla.
'…aún quedan otras cosas que yo podría enseñarte… si tú quisieras'
Frente a las puertas del viejo edificio al final de la calle ciega, Sakura se encontró pensando de nuevo en sus palabras y en las respuestas que ella deseaba darle.
Atreverse, era otro asunto.
Dándose una sacudida mental, se obligó a entrar en la vieja y mal iluminada edificación donde residía el infame copyninja. Subiendo los escalones de dos en dos ágilmente, enseguida estaba de pie ante la familiar puerta verde que de nuevo tuvo ganas de derribar a golpes.
Sin embargo, sus nudillos sólo hicieron contacto con la superficie con suavidad, un par de veces. Luego de nuevo con más fuerza. Y otra vez más ya sin muchas esperanzas, los ecos de sus golpes claramente sonando en un departamento vacío.
La decepción inevitablemente la desinfló un tanto. ¿Qué podía hacer ahora? La verdad podía entrar a su apartamento como la otra vez y dejarle allí la caja… ¿quizás podía esperarle adentro por un rato?
Su mano se detuvo a centímetros del pomo de la puerta. Por varios segundos nada más en el mundo existía que esa pequeña e insignificante esfera de metal que no se atrevía ni a tocar. Un gritillo de frustración hizo manifiesta su irritación consigo misma y con su indecisión.
"¿Qué rayos hago ahora?" se regañó a sí misma.
"Abrir la puerta estaría bien, yo tengo las manos ocupadas".
Con otro grito Sakura se aplastó contra la puerta del susto. La voz a sus espaldas dejó salir una risilla que la hizo volverse enseguida para encontrarse el rostro enmascaradamente sonriente de Kakashi.
"¡Yo!" saludó divertido.
"¡Casi me matas del susto!" reprochó enseguida, irritada por haber sido atrapada in fraganti. La ironía de tener de nuevo la caja entre sus manos, como aquella vez, hacía una semana, cuando él la sorprendió husmeando en su casa y en su closet, no se le escapó a la kunoichi. Por el contrario, la hizo sentirse terriblemente consciente de la situación en la que estaba.
"Kakashi-sens… mnn-" entonces todo lo que iba a decir se le atoró en la garganta con el honorífico tristemente abortado. "Kakashi, yo… yo venía a-".
"Estaba comprando algo de comida", la interrumpió haciendo un gesto con sus brazos, cargados con las bolsas de papel del mercadillo. "Espero que te guste el Okonomiyaki para desayunar".
"¡Sí, claro…!" contestó, muy sorprendida con la repentina invitación. Sin el hitae-ate, Sakura podía ver sus dos ojos por igual, curvados en una de sus más inofensivas y tontas sonrisas, la que claro, decía muy poco de lo que en verdad pasaba por la mente del famoso shinobi. Era casi imposible pasar a través de su hermetismo, pero la kunoichi se encontró analizando con todo detalle al hombre delante de ella y buscando cualquier indicio que le permitiera prepararse par…
"¿Sakura?"
"¿Si?"
"La puerta…"
¡Claro! Abrir la puerta y entrar era una buena idea. Quitarse de en medio y dejar de mirarlo con cara de pánfila embobada era otra. La kunoichi se sintió evidentemente avergonzada de su comportamiento por lo que se apresuró a quitarse del camino y de la vista del copyninja.
Adentro nada había cambiado, el recibidor frente al ventanal de un lado y la pequeña cocina del otro, todo apretado pero eficientemente distribuido en el reducido espacio. El apartamento seguía estando igual de pulcro e irritantemente ordenado, para su mayor frustración. ¡Este hombre no podía ser real!
Kakashi se movió con tranquilidad hacia el espacio de la cocina, dejando las bolsas sobre el mostrador y vaciando su contenido. De inmediato se puso en movimiento con agilidad, sacando utensilios diversos y preparando todo lo necesario para hacer el desayuno. Sakura tuvo que parpadear varias veces para tratar de conciliar la imagen del ninja asesino y generalmente flojo, con la del hombre ordinario que se movía con tanta destreza en la cocina.
¿Cómo es que era ella la que siempre cocinaba en las misiones?
"Te traje la caja que… 'olvidaste' en mi casa", declaró finalmente. Al mal paso darle prisa.
"Aa, gracias. Ponla donde gustes".
Acercándose a la pequeña mesa de té frente a la ventana, Sakura dejó la caja con cuidado y no sin algo de pena. Era casi como separarse de un amigo que empezaba a conocer en más de un sentido. Le quedaban tantas preguntas por contestar que por un momento entretuvo la idea de continuar con el intercambio de secretos vía correo. Al menos a las cartas con respuestas irritantes sí que las podía volver picadillo.
Sin nada verdaderamente útil que hacer o el valor para decir algo más, la kunoichi se quedó de pie en medio de la habitación, insegura de que hacer consigo misma, mientras el copyninja seguía ocupado en la cocina.
"Encontré a los chicos ayer por la tarde". Kakashi comentó casualmente, al parecer sintiendo algo de su incomodidad. "Buen trabajo, verlos caminar es como ir al circo de gratis".
"¡Se lo merecían!"
"No lo dudo…" concedió, agitando la cabeza con lástima por la estupidez de sus mocosos.
"Espero que esto les obligue a pensar un poco más antes de meter sus narices en mi vida de nuevo".
"Hm".
La respuesta estaba cargada de dudas y Sakura no podía estar más de acuerdo. En el fondo lo sabía: ese par de tontos incorregibles eran sus mejores amigos e iban a continuar metiéndose en todo, inevitablemente. Una sonrisa siguió al suspiro de resignación que se le escapó. Definitivamente no los cambiaría así los tuviese que moler a golpes cada semana.
Nuevamente, el silencio se extendió entre ellos, matizado sólo por sonido siseante de la parrilla en el fuego. Los pensamientos de la kunoichi volvieron al problema inmediato que tenía entre manos.
¿Cómo era posible que con tanto que quería decirle, nada saliera de su boca?
Enseguida se encontró con los ojos pegados al copyninja, hipnotizada de nuevo por sus movimientos perfectos, viéndolo asesinar vegetales con una destreza inigualable en el manejo del cuchillo de cocina. Así se quedó memorizando el ancho de su amplia espalda, la curva de su nuca cubierta parcialmente por el brillante cabello plateado, el descolorido tatuaje ANBU en su brazo izquierdo, la perfección de la musculatura visible y la forma sensual en que se contraía cuando aplicaba fuerza, y claro, ese increíble y bien proporcionado traser… ¡Con un demonio!
"¡Salgo en cuatro horas para Suna!"
"Lo sé…", contestó con suavidad, sin volverse a mirarla siquiera.
Era ahora o nunca.
"Yo, yo quería…".
"Espero que no estés pensando de nuevo en disculparte", interrumpió, sorprendiéndola mucho pues ese había sido su primer impulso. Disculparse con él por todo lo que había pasado, fuese o no su culpa. Simplemente no podía evitar sentirse un poco como una ladrona, luego de robar la fruta prohibida y condenarlos a todos a salir del paraíso.
Kakashi eligió ese momento para mirarla por encima de su hombro.
"Pensé que ya habíamos establecido que no tienes que sentirte mal por tomar lo que deseas".
Cierto. Desde ese punto de vista nada de lo que había pasado esa noche entre ellos estaba mal. Entonces, ¿de dónde venía esa inseguridad? El hecho de que Kakashi fuese un hombre mucho mayor que ella y considerablemente más experimentado añadía leña al asunto. Él siempre había sido una figura de autoridad en su vida por lo que ahora le resultaba muy difícil tratarlo como un igual. Pero su relación había cambiado, tal y como él le había advertido esa noche; y si ella quería dejar de verlo como un sensei, primero tenía que dejar de sentirse como la alumna culpable de una travesura.
"Pero, hay algo que quiero saber, Sakura", volviéndose un poco más para verla mejor, el copyninja continuó revolviendo vigorosamente algo que definitivamente comenzaba a oler muy bien.
"Hace una semana no entendías mi respuesta, ¿ahora?"
Enseguida, Sakura rememoró aquel día en el que, en lugar de entrenar juntos, hicieron el infame trato que los llevó a compartir todo tipo de secretos y a conocerse mejor. Con todo, ya casi se había olvidado por completo de su primera pregunta para él.
"¿Por qué… por qué me has estado usando?"
"Porque tú me lo permites".
Luego de la críptica respuesta, él le había señalado como tenía que reencontrarse a sí misma para entenderlo. Entonces, Sakura ni siquiera sabía que estaba perdida en primer lugar, mucho menos tenía la paciencia o el ánimo para comprenderlo. Simplemente había dejado de ver hacia adelante para ver sólo hacia atrás, quedándose paralizada, perdida en sí misma y en sus propios miedos.
Pero ahora, todo eso había cambiado. Sakura seguía siendo la misma persona, pero distinta de algún modo indefinible. ¿Era eso lo que llamaban madurar?
"Sí, lo entiendo" dijo finalmente, haciendo una pequeña reverencia con la cabeza. "¡Gracias!".
"Bien, entonces te diré la otra parte de la verdad".
"¿Qué? ¿A qué te refieres?"
Kakashi soltó los utensilios de cocina en sus manos y se acercó hasta ella. Un suspiró desganado que se parecía mucho a resignación, transformó su rostro en una máscara de seriedad profesional, con la que ella estaba más que familiarizada. Por alguna razón el corazón de Sakura se aceleró con ello, un susto atravesado en su pecho. De pie, con las manos en los bolsillos, el copyninja la miraba con atención, como evaluando la forma más apropiada de abordar el tema y sus posibles reacciones a lo que iba a decirle.
"Hacerte ir a Suna era mi misión, Sakura".
"¿Qué? ¿Qué quieres decir con…?"
"Tsunade estaba preocupada por ti y me pidió que interviniera".
Lo primero que se preguntó entonces la kunoichi fue a dónde se había ido el piso bajo sus pies. Había escuchado mal, sin duda.
"Mi plan era hacerte dudar de ti misma hasta el límite, presionarte para que reaccionaras".
Lo segundo que se preguntó fue si la amarga sensación que le subía por la garganta era el sabor que dejaba el sentirse traicionada.
"Pero la verdad…" continuó, poniendo el último clavo en el ataúd, "tú sola ya estabas haciendo tan buen trabajo que no fue muy difícil".
Lo tercero que se preguntó fue a qué especie de estúpida incurable pertenecía ella. Tenía que haberlo imaginado tratándose del copyninja, un hombre que no se movía un milímetro sin tener razones concretas y planes calculados hasta sus últimas consecuencias. Así que después de todo, lo que había pasado entre ellos durante la última semana no significaba nada más que otra misión exitosa en el libro de records perfectos de Hatake Kakashi.
Y dolía. ¡Dolía mucho! Allí adentro, justo en ese lugar sin nombre donde todo cobra sentido en la vida.
Al apretar los puños para controlar la rabia creciendo en su interior, la kunoichi se dio cuenta de que estaba temblando, una mezcla de frustración, impotencia, y un orgullo pisoteado, que circulaban como veneno ardiendo por sus venas. Sobre todo por venir de Kakashi, un hombre que, quisiera o no, era una referencia constante e importante a lo largo de toda su vida.
Quería… no. Necesitaba golpear algo ¡ya!
"No fue una misión convencional, claro", la voz le sonó distante con el eco de la rabia sonando en sus oídos, "aunque también fue divertido, supongo. Creo que mi parte favorita fue el traje de camarera en aquel bar…".
Y él tenía que abrir la boca de nuevo.
¡Sangre! Ahora quería sangre.
Sin saber muy bien como se controlaba, la kunoichi logró mirarlo directamente a la cara, conteniendo la rabia y transformándola en el fuego que estaba segura, ardía en sus ojos.
"Yo… ahora lo entiendo perfectamente". Una risa entre histérica y desesperada transformó su semblante y su ánimo por completo, dejándola casi sin energías por lo intenso de sus sentimientos. Mordiéndose el labio inferior, más para aguantar las lágrimas que la ira, se animó a seguir.
"Supongo que debo felicitarte por una misión exitosa", entonó con todo el sarcasmo que pudo lograr.
"Supongo que sí".
La respuesta, articulada con tanta tranquilidad e indiferencia, hizo que la fina hebra de la que pendía su magro autocontrol se rompiese con un latigazo. Sakura dio un par de pasos para sonarle una cachetada certera y llena de todas las ganas que le tenía. En seguida fue evidente que el infame ninja de reflejos rápidos como el relámpago, simplemente se dejó dar dicha cachetada, cosa que si posible, le irritó aun más. Algunas lágrimas traicioneras se le escaparon entonces, la palma de su mano ardiendo tanto como sus ojos.
Dando media vuelta, Sakura avanzó tan rápido como pudo hacia la salida. No podía seguir allí sin terminar de perder los estribos por completo. Abrió la puerta con fuerza, haciendo protestar los goznes con el movimiento forzado al máximo.
El pasillo desierto la esperaba silencioso.
"Lo hiciste todo… ¿sólo por la misión?" preguntó. Sencillamente tenía que saberlo, tenía que oírlo, antes de marcharse.
"La misión original era solo hablar contigo, y ayudarte a retomar el rumbo como kunoichi. Todo lo cual no requería de nuestro trato, Sakura. Eso fue porque me importas, y estaba preocupado por ti".
Agarrando con más fuerza el pomo de la puerta, Sakura la azotó con gusto, haciendo caer el friso de las paredes.
Tomando una bocanada de aire, volvió sobre sus pasos y se detuvo delante de él, enfrentándolo de nuevo con unas fuerzas renovadas por la necesidad de entender si se estaba volviendo loca, o si era posible que este hombre tremendamente confuso y misterioso, pudiese realmente preocuparse por ella más allá del deber como shinobi.
En el fondo de sus ojos bicolores podía ver brillando la sinceridad de todas sus palabras, en un semblante por lo demás vacío de emoción y que podía interpretarse de muchas formas: ¿Indiferencia? ¿Apatía? ¿Recelo? O tal vez su forma particular de no intervenir en los resultados de su decisión. El copyninja era muchas cosas, la mayoría de ellas de muy dudosa moral, cierto; pero él nunca haría nada que pudiese lastimar verdaderamente a sus compañeros de equipo. Antes preferiría morir y a estas alturas de sus vidas, cuando ya no eran unos mocosos de doce años cuyas vidas dependían de un sensei que los protegiera, eso sólo podía venir de alguna mínima medida de cariño, bien escondido bajo capas y capas de disciplina y auto-control.
Donde antes era tan difícil discernir entre el shinobi perfecto y el ser humano debajo de todo ello, Sakura se encontró reconociendo con total facilidad a la persona de carne y hueso que guardaba su corazón con tanto recelo, y cuya famosa indiferencia le hacían parecer una máquina sin sentimientos. La kunoichi se dio cuenta entonces de lo mucho que le había dicho Kakashi sin palabras, con sus gestos de confianza, con sus acciones preocupadas y con todas las pequeñas cosas que habían aprendido el uno del otro en tan solo un puñado de días. ¿Por qué si no, le había dado la caja llena de todos los recuerdos de su vida?
Lo que empezó como una misión se convirtió en una excusa para que ambos se acercaran más el uno al otro. Mucho más de lo que ninguno hubiese pensado.
¿Qué tanto más?
Entonces vio que Kakashi estaba a punto de decir algo.
"¡No digas nada…!" levantó una mano para detenerle, sobresaltándose al mismo tiempo por oír su propia voz como un hilillo rasgado. "No digas nada ahora o realmente tendré que matarte".
No estaba muy segura de qué la impulsó en ese momento, porque el lado menos racional y violento de su mente, sólo podía pensar en estrangularlo; pero en su lugar se encontró colocando los brazos alrededor del cuerpo del shinobi, aferrándose a él y ocultando el rostro en su pecho. Por un par segundos que se le hicieron tremendamente largos, parecía que no habría ninguna reacción por parte de Kakashi. Entonces sintió sus brazos envolviéndola también, su cuerpo reclinándose sobre el mostrador a sus espaldas, atrayéndola a ella consigo y abrazándola con fuerza.
Algunas lágrimas sueltas se le escapaban sin razón, sin llanto, mojando la camisa en la que podía inspirar la esencia que tanto la había reconfortado siempre. De pronto sintió el mentón de Kakashi apoyándose sobre su cabeza, como si él también necesitase algo de consuelo. Por un rato permanecieron así, en el silencio de sus respiraciones, tratando de procesar todo lo que había pasado y las consecuencias. No había mucho que se pudiera agregar entonces, cuando las palabras no podían superar a los pequeños gestos de entendimiento que pasaban entre ellos.
Sin embargo, sí que había una cosa importante que, en un momento así, no podía dejar de decirse, y Sakura con un suspiro profundo, la dejó salir.
"¡Eres un idiota!"
"Espero que no te hayas dado cuenta de eso hasta ahora".
"No. Es sólo que hay días en que se te nota más".
Una risa genuina retumbó en el pecho del copyninja y Sakura la sintió vibrar en todo su cuerpo, obligándola a sonreír un poco también. Kami sabía que nunca en su vida había conocido un hombre más mañoso y obstinado, insufriblemente cínico e insoportablemente apático. Definitivamente tenía que empezar a preocuparse por el errático patrón de personalidad de sus amigos más cercanos. ¿Cómo es que ella era la única cuerda en el grupo?
Se apartó un poco para verle, las manos aún aferradas a su camiseta. Al menos esta vez, no había mocos que lamentar.
"¿Por qué me lo cuentas todo? Pudiste haber dejado las cosas así y…"
"Tú mereces saber toda la verdad, Sakura".
Una emoción indefinible la sacudió desde dentro, mientras mantenía su mirada firmemente anclada en los ojos bicolores.
"Lo que yo deseo para ti es que siempre seas libre de decidir lo quieres de tu vida, sin remordimientos. Nada más".
Con una sonrisa inofensiva remató sus palabras y obligó a la kunoichi a tragar dolorosamente el nudo que se apretaba en su garganta antes de poder contestarle.
"Gracias, Kakashi, por toda tu ayuda", dijo sinceramente, luchando contra el nerviosismo creciente en su pecho. "Es sólo por eso que no te dejo los sesos pegados de la ventana, ¿sabes?" aclaró amenazante, por no perder la costumbre.
"¡Tan comprensiva!" suspiró el shinobi, "eso es lo que me gusta de ti".
"¿Sólo eso?"
Las palabras se le escaparon antes de siquiera pensarlas verdaderamente. Casi las podía ver dando vueltas entre ellos, mientras Kakashi se limitaba a regalarle una mirada lánguida llena de pequeñas sonrisas. Con cuidado, una mano se acercó a su rostro apartando los mechones de cabello rosa pegados a su frente y Sakura se sintió de vuelta al campo de entrenamientos, atrapada entre la fuerza de sus brazos y el misterio de su silencio. Sólo que, en esta ocasión, ella no se iba a quedar callada.
"Estará bien cuando yo sea jounin, ¿verdad?"
"¿Qué cosa?"
"Qué un ex - sensei y su ex - alumna salgan juntos, si los dos tienen el mismo rango".
"¿¡Me estás invitando a salir!?" preguntó muy ilusionado. No hacia falta verle el rostro para saber que una sonrisa maliciosa se ocultaba tras la perenne máscara.
"Sí. En un año"
"Hm, no lo sé…" dijo enseguida, rascando su mentón, pensativo. "Tengo que ver en mi agenda primero".
"¡PAF!"
"¡Ouf!" gimió adolorido. "Creo que sí estaré disponible, después de todo", contestó contrariado, sobando su abusado bíceps.
"¡Mucho mejor! Y tú pagas en la primera cita".
"Hmn…"
"¿Necesitas que te convenza?" Sakura vio como el copyninja levantó una ceja, medio sorprendido por la indirecta y medio retándola a hacer real la amenaza oculta en sus palabras.
Y ciertamente, ella no había llegado tan lejos para acobardarse ahora sobre sus propios deseos. Mordiéndose los labios se armó de valor para tomar de nuevo, lo que más quería en ese momento.
En un instante, sus manos estaban tirando de la odiosa tela que ocultaba sus facciones. Tomándolo por el cuello y alzándose de puntillas le besó nuevamente, un gemido de auténtico gusto escapándosele sin pudor ni remordimiento.
Enseguida, Kakashi la acercó más a su cuerpo, levantándola un tanto para compensar la diferencia de altura. El juego de labios pronto se intensificó, cuando ambas lenguas se encontraron en una lucha peligrosa que ninguno quería perder y que continuó por un rato hasta que él ganó la entrada a su boca, abusando de ella y saboreándola al máximo.
Sakura estaba completamente perdida y sin ticket de retorno. La situación era de por sí deliciosamente erótica, más aún si se le sumaba la intensidad del deseo reprimido de romper los tabú que les separaban.
No sin dificultades y con la airada protesta de una muy excitada kunoichi, el copyninja se detuvo; sus labios a milímetros de la mujer en sus brazos, intercalando pequeños besos entre las palabras.
"No voy a parar si esto continúa, Sakura".
"No quiero que pares…", suspiró entre sus besos.
"Tal vez no pienses lo mismo cuando estés camino a Suna, en unas horas" advirtió pacientemente.
Sakura parpadeó, saliendo un poco del trance. Era cierto. A partir de hoy iba a estar lejos de la aldea por lo menos un año.
¿Y en dónde rayos los dejaba eso?
Volviendo su mirada hacia Kakashi, encontró en sus ojos oscuros el reflejo de sus propios deseos, crudos y sin procesar.
'Si te acobardas ahora, ¡te asesino mientras duermes!'
Nunca en su vida había estado más de acuerdo con la Sakura interior.
"Esto es lo que quiero". Afirmó con seguridad.
Una sonrisa lenta y perezosa iluminó el atractivo rostro en respuesta, robándole el aliento.
"Eso pensé…".
Sin necesidad de mediar más palabras, ambos dejaron que sus instintos tomaran el mando de la situación. Entre besos y caricias, Kakashi comenzó a retroceder hacia la habitación, empujándola ligeramente con su cuerpo pero cuidando de sostenerla siempre entre sus brazos, para guiar sus pasos distraídos e inestables.
Y Sakura sencillamente se dejaba llevar, sin prestar atención, tan abstraída estaba en sacar el máximo provecho de esos labios que durante años, sólo fueron un frustrante contorno que apenas se adivinaba tras la oscura tela. Esos labios, carnosos y ávidos, ahora la abrumaban por completo, desbocando el pulso en sus venas y avivando con cada movimiento la llama de su pasión.
Ambos estaban ya tan calientes, que realmente parecía que algo se estaba quemando.
"¡Maldición!"
De repente los brazos de Kakashi ya no estaban para sostenerla y Sakura cayó al suelo de culo y sin ceremonia, mientras el copyninja corría a apagar lo que fuese que se le quemaba en la cocina.
¡Ella también se estaba quemando con un demonio!
Y sólo había una cosa que la podía apagar.
-o-
Era un día perfecto.
Tendido confortablemente sobre la grama fresca, en una ligera inclinación del terreno, podía ver el cielo azul y completamente despejado, brillando entre las verdes ramas que le daban cobijo. El río sonando alegremente a sus pies era una constante musical agradable que le ayudaba a relajarse en el ambiente tranquilo y seguro del bosque a su alrededor.
Se acomodó mejor, halando un poco la caña de pescar en sus manos y apoyándola contra el suelo para tener un mejor agarre. ¿Quién iba a imaginar que él, entre todas las personas, iba a desarrollar una afición semejante? Hasta a él mismo se le hacía extraño el encontrar tan agradable una actividad tan sencilla; en especial después de llevar una vida tan compleja y que casi lo deja incapacitado para apreciar y disfrutar de las cosas más comunes y hermosas de la vida.
Pero el pasado era mejor no revolverlo. El presente le regalaba un día perfecto y él solo quería disfrutarlo.
Y realmente lo haría a plenitud, a no ser por…
"¡Sasu-keee-e-e-e!"
El chillido agudo y horriblemente molesto interrumpió la paz como una nube gris que anuncia la tormenta venidera con sus truenos.
"¿Qué crees que deberíamos hacer respecto a Sakura-chan, eh?" La pregunta en sí y sus implicaciones eran mucho peor que la propia voz que la emitía, si eso fuese posible. ¿Qué no habían tenido ya suficientes problemas en una semana?
¿Y qué rayos quería decir con 'deberíamos'?
Resignado a tener que enfrentar la fuerza inevitablemente terca de su compañero, Sasuke se volvió a verle. Naruto estaba literalmente desparramado a su lado, su chaqueta sirviéndole de almohada improvisada y dejando su pecho lleno de cicatrices al desnudo. Muchas de ellas, las había puesto él mismo allí.
El alocado rubio tenía su propia caña de pescar entre las manos y la boca torcida en su habitual gesto de concentración que, de seguro, no le iba a ganar más peces al final del día, con todo el escándalo que estaba montando.
"Tendríamos que ir a vigilarla a Suna, ¿no?" continuó mosqueado, como si el tema fuese verdaderamente de vida o muerte para la kunoichi. Enseguida el Uchiha levantó una ceja, mirándolo de arriba abajo y evaluando la seriedad del asunto.
"Estás de broma, espero".
"¿¡Y qué tal si se enamora de otro patán bueno para nada mientras no estamos, eh!?" gimoteó preocupado.
Sasuke volteó los ojos irritado. ¡Claro que hablaba en serio! Era Naruto, después de todo.
"¿¡O si le pasa algo malo y no estamos allí para ayudarla!?"
Sasuke trató de concentrarse de nuevo en el cielo despejado, en el calor agradable de los rayos del sol que…
"¿¡O que tal si Gaara la secuestra y se la quiere quedar para él solo!? ¿Ya has visto cómo la mira?" afirmó, haciendo otra mala imitación del Kazekage.
En serio, ¿cómo podían ser amigos esos dos?
"Estás paranoico", contestó sin siquiera mirarle, con la mínima esperanza de terminar allí la conversación. "Sakura sabe cuidarse sola".
"¡Bah! igual que puede necesitarnos, ¿sabes? O tal vez… tal vez nos extrañe demasiado y se sienta sola".
Por el tono miserable de su voz, quedaba claro quién iba a extrañar más a quién.
Naruto se revolvió en su sitio, luchando por mantenerse quieto y no saltar enseguida al rescate de su amiga. "¡Definitivamente Sakura-chan necesita que alguien la vigile!" concluyó con seguridad.
"Yo no me preocuparía tanto si fuera tú, Naruto", la voz monótona del tercer ninja tendido sobre la grama, al otro lado del atolondrado kyuubi, interrumpió la conversación de los amigos. "Cuidar chicas es muy problemático, créeme".
"Sólo lo dices porque tú eres un flojo, Shikamaru".
"Sólo lo digo porque estoy seguro de que no es necesario", contestó con calma, aparentemente inmune a los insultos.
"¡Ja! Tú qué sabes".
Luego de dar una buena calada al cigarrillo en su mano, prosiguió como si no le hubieran interrumpido.
"Como dijo Sasuke, ella sabe cuidarse sola. Además, Kakashi-san la va a mantener vigilada, estoy seguro".
"¿EEEEHHH? ¿Kakashi-sensei? ¡¡JA-JA-JA-JA!!" Naruto soltó una carcajada que debió fulminar a todos los peces del río al instante, lo menos. ¡Adiós a la pesca del día!
"¡Él no sabe ni en que día de la semana vive! Seguro que ni se entera de que se ha marchado hasta dentro de un mes, ¡ya lo veras!" dijo con alegría, como si fuese una verdadera gracia digna de celebración el que su sensei anduviese de indiferente y despistado por la vida.
Por su parte, Sasuke evaluó las palabras del Nara con mucho más cuidado que su compañero, mientras le observaba haciendo sus famosas nubes de humo a placer. Shikamaru era un tipo de pocas palabras, problemático como consideraba el tener que hablar incluso. Precisamente por ello, todos sabían, nunca desperdiciaba ninguna en decir tonterías.
"Ya veo", afirmó al cabo rato, sacando sus propias conclusiones del asunto.
"¡Oi! ¿Qué quieres decir con eso?" Naruto le increpó enseguida. "¡No le creerás a este tonto!".
"Lo que creo es que es mejor para todos que te calles".
"¡Y yo creo que hay que actuar ya!" dijo apasionado, apretando un puño con decisión. "Sakura-chan se va hoy, ¿no? ¿Qué tal si la seguimos?"
"Tengo que recordarte" cortó enseguida el joven jonnin con voz cansina, "que yo estoy aquí en calidad de guardián de ustedes dos mientras dure la suspensión asignada por el Consejo".
"¡Oh vamos, Shikamaru!" trató de disuadirlo con una de sus mejores caras de travesura patentada "¡Va a ser divertido!"
"Tengo órdenes de mantenerlos vigilados y dentro del perímetro de seguridad hasta nuevo aviso", contestó con simplicidad.
"¡¿Ah siiiii?!" Naruto chilló entre irritado y verdaderamente confundido por la falta de entusiasmo ante sus maravillosos planes. "¿Y entonces qué hacemos aquí afuera, eh-eh-eh?" acusó, señalando los alrededores que, no sólo estaban fuera del mentado perímetro, estaban incluso fuera de la misma aldea.
Finalmente, Shikamaru se tomó la molestia de voltear a verle.
"Puedo emparejarte la otra pierna si quieres".
"Hm".
El humor inconfundible en el tono del estoico Uchiha hizo enfurecer aun más a Naruto, pero el doloroso recordatorio de lo que Sakura pensaba de su 'ayuda' lo aplacó lo suficiente para callarlo y hacerle abandonar la idea de seguirla –o al menos de momento, claro.
El rubio se revolvió en su sitio por un rato más, haciendo gestos obscenos y rumiando insultos infantiles entre dientes, mientras se sobaba inconcientemente la pierna lastimada.
Sasuke sonrió para sus adentros. Ahora podía continuar disfrutando, por otro rato, de su día casi perfecto.
-o-
"¡Ouch!"
"Lo siento".
"¿Estás seguro que eres un ninja?" se quejó, sobándose el chichón en su cabeza producto del golpe contra el marco superior de la puerta. Kakashi la llevaba cargada y considerando lo alto que él era, tuvo suerte de no haberse desnucado la verdad. Luego del desastre en la cocina, el copyninja había llegado a su lado a toda prisa, cargándola a modo de disculpa por haberla dejado caer en primer lugar.
"¿Un qué…?" preguntó, evidentemente distraído.
Y Sakura también se olvidó del golpe en su cabeza tan pronto el shinobi reanudó las atenciones a su cuello. Asegurando sus manos entre los cabellos plateados se acomodó lo mejor posible para darle fácil acceso, mientras Kakashi seguía caminando a ciegas, con ella a horcajadas sobre sus caderas.
Los latidos de su propio corazón era lo único que podía oír martillando en sus oídos. La verdad es que estaba más nerviosa de lo que era justificable, sobre todo considerando que ella no era en absoluto inocente a lo que iba a pasar a continuación. Más bien era la fuerza de su propio deseo y el morbo que le daba el estar a punto de tener sexo con su sensei lo que la estaban calentando como nunca.
Debería sentir algo de vergüenza, pero estaba muy a gusto para que el decoro y la decencia le importaran un pito.
Sakura volvió a la realidad con un sobresalto, cuando Kakashi se dejó caer sobre la cama, apoyándola de espaldas sobre en el gastado cobertor. Sosteniendo su peso con un brazo para no aplastarla del todo, el ninja se acomodó sin reparo entre sus piernas.
"Aún te puedes arrepentir…".
Apretando significativamente el agarre de sus muslos por respuesta, Sakura comenzó tirarle de la camiseta, tratando de quitar las odiosas barreras que quedaban entre ellos y que le impedían verle. Este hombre era sin lugar a dudas algo digno de contemplarse a detalle y la kunoichi quería atraparlo en su memoria y en todo su esplendor antes de marcharse.
El copyninja se irguió, llevando ambas manos a su espalda y quitándose en un solo y fluido movimiento la camiseta negra, rápidamente descartada a un lado. Realmente Sakura podría pasar todo el día viendo a este hombre moverse, tan fluidos y eficientes eran todos sus esfuerzos.
"¿Te gusta lo que ves?" preguntó con descaro, inclinándose sobre ella. El largo de sus brazos, apoyados a ambos lados de su cabeza, marcaba la distancia entre ambos.
¡Oh, definitivamente le gustaba! No había forma de explicar el placer que obtenía tan solo contemplando las formas perfectas y proporcionadas de su estilizada musculatura. La luz del sol entrando por la ventana también parecía acariciar cada centímetro de su piel expuesta con tanta avidez como ella deseaba.
"¡Mnnn!" fue su turno de suspirar por respuesta. Sus manos inquietas de inmediato comenzaron a subir por los contorneados brazos, recorriendo ese torso increíblemente masculino sin restricciones ni pudores innecesarios. Su pálida piel estaba marcada por las inevitables cicatrices que vienen con el deber ninja, pero eso sólo lo hacía más hermoso a los ojos de Sakura.
¿Cuántas de esas habían sido hechas para protegerla?
Se estaba tomando el tiempo de trazarlas una por una con sus dedos, admirando las reacciones que provocaba en él: un estremecimiento, un gesto de agrado, una sonrisa. Apenas comenzaba a deleitarse con sus abdominales de concurso, cuando la kunoichi sintió el mundo dar un vuelco violento.
¡Bang!
Ahora ella estaba arriba, sentada a horcajadas sobre sus caderas y con una muy buena idea de que tanto estaba disfrutando el copyninja de sus atenciones.
"Lo que es igual…" dijo el shinobi sugestivamente, mirando su blusa roja en referencia al segundo de sus infames tratos.
Una risa ahogada entre nervios y excitación fue lo único que pudo articular ante la intensidad demandante y profunda de sus ojos. Ahora sólo podía obedecer a sus deseos tal y como él hacía con los suyos. Sintiéndose torpe en comparación, luchó por un rato con su ropa tratando de quitársela con estilo y terminando con el cabello enredado en la cremallera. Un divertido Kakashi la ayudó a salir del atolladero, no sin sufrir un par de golpes por reírse más de la cuenta.
"¡Tonto!"
Su respuesta fue levantar una ceja significativamente, los ojos pegados a sus pechos que aún estaban escondidos tras las vendas con las que las kunoichis aseguraban sus senos cuando se encontraban de servicio.
Tragándose el nerviosismo, comenzó a desenvolverse lentamente, mientras el copyninja se ponía cómodo, los brazos cruzados detrás de la cabeza, disfrutando del espectáculo con un brillo malicioso en sus ojos. Sakura no podía evitar pensar en como el sharingan estaba registrándolo todo con minuciosidad absoluta.
Dando la última vuelta a las vendas, su torso quedó finalmente al descubierto. Entonces no supo bien que hacer consigo misma. Se sentía torpe y poco sexy mientras Kakashi se la devoraba con los ojos. ¿Le gustarían los pechos pequeños? Conociendo de sobra a la voluminosa inspiración de Jiraiya para Icha Icha, era poco probable la verdad.
Una mano saltó en su dirección asiéndola por el brazo y forzándola a reclinarse sobre él. De inmediato el toque de sus pieles fue como un corrientazo que le recordó mucho a la sensación de estar cerca de Kakashi cuando éste usaba el chidori a toda potencia. Completamente electrificada y deliciosamente perdida en un beso lánguido y profundo, todas las inseguridades que le restaban salieron volando por la ventana finalmente.
Era hora de entregarse al momento y nada más.
Kakashi la abrazó entonces, sus manos ásperas acariciando toda la extensión de su espalda, apretándola contra su cuerpo; a lo que ella respondió abriendo más la boca y frotándose sensualmente contra él. Cuando ambos se separaron para respirar, Sakura aprovechó la oportunidad para comenzar a explorar su piel. Usando sus labios y su lengua con experticia, dejó una hilera de besos húmedos desde el mentón, bajando por su cuello hasta su pecho, y de vuelta a la boca que le esperaba ansiosa por consumirla. Una de sus manos se lanzó a la exploración de los provocativos abdominales, jugando sensualmente con el elástico de sus pantalones.
¡Bang!
De nuevo el mundo giró, cambiando la situación drásticamente. Ahora ella estaba atrapada y asegurada bajo Kakashi, quien sostenía sus manos sobre su cabeza, su peso parcialmente apoyado sobre sus piernas, inmovilizándola.
Sakura estaba por maldecir su velocidad cuando él comenzó a devolverle el favor de explorar su cuerpo, con movimientos suaves, incitantes, y el calor de su lengua dejando fuego prendido sobre su piel. Muy lentamente, y para torturarla sin duda, un camino sinuoso de besos juguetones le llevó hasta sus pechos, deteniéndose tan solo a milímetros de tocarlos. Soplando sobre ellos fue capaz de arrancarle un suspiro, que le provocó deliciosos escalofríos de anticipación.
Una sonrisa picara en su dirección fue todo lo que la kunoichi pudo procesar antes de que capturase el pezón derecho con su boca y comenzara a aplicar el más delicioso tormento: una combinación perfecta entre besos, mordiscos y succión. Con su mano libre el copyninja atendía diligentemente el otro seno, acariciándolo con suavidad a ratos y a otros, apretándolo con fuerza. Enseguida, un dolor agudo entre sus piernas le demandó atención inmediata, pero Sakura no podía moverse lo suficiente bajo el peso del copyninja como para encontrar algún alivio.
Los gemidos comenzaron a salir de ella sin restricciones y su propia voz le sonó tan erótica que se sobresaltó. Nunca había sido del tipo de hacer mucho escándalo, pero ahora no habían ni empezado cuando ya se encontraba suspirando cada una de las caricias y clamando por más. Quería… no, necesitaba entregarse por completo, sentirse consumida por Kakashi hasta…
¡Bang!
De repente, él ya no estaba.
Abriendo los ojos desconcertada, pudo ver a Kakashi sentado en cuclillas entre sus piernas, dedicándole una de sus sonrisas más maliciosas. ¡¿Cómo podía ser tan increíblemente frustrante en un momento así?!
Haciéndole estirar su pierna derecha, las manos seguras del copyninja se ocuparon con agilidad de quitarle la enorme bota negra que cubría su pierna hasta las rodillas. Sólo él podía hacer de algo tan mundano, un acto increíblemente sexual que finalmente le hizo gemir, entre frustrada y excitada, llevando sin vergüenza ambas manos a sus pezones, para continuar ella misma con el abandonado castigo mientras le veía.
La segunda bota desapareció eventualmente junto con la primera. Luego, esas manos grandes y masculinas estaban desabrochando su cinturón utilitario y su falda de un solo tirón, dejándola tan solo en sus pantaloncillos cortos y súper ceñidos, que dejaban ver que tan excitada estaba en la mancha de humedad que ya teñía su entrepierna.
Enganchando los dedos en el elástico, Kakashi tiró de ellos y Sakura facilitó de buena gana el proceso, alzando las dos piernas y dejándose desnudar.
Cuando los pantaloncillos volaron con el resto de su ropa el copyninja se detuvo abruptamente. La miraba fijamente, con el ceño muy fruncido y una expresión de seria concentración que la descolocó por completo.
"¿Qué? ¿Qué pasa?" preguntó preocupada por su reacción, temiendo que algo estuviese mal.
"¿Qué pasó con esas tan sexys que tenías? ¿Las de encaje negro?" dijo evidentemente decepcionado de las aburridas pantis blancas que traía puestas.
"No te conviene saberlo…" la repentina oscuridad en su tono advertía que más referencias a las panti-kunai no serían toleradas. ¡El muy descarado!
El otro par de insultos que tenía en la punta de la lengua se le atragantaron cuando, con su infame velocidad como arma, el copyninja hundió el rostro entre sus piernas por sorpresa, besando el centro de su sexo a través de la delgada tela blanca. El calor de su aliento la terminó de enloquecer. Agitó las piernas tratando de poner distancia, sus manos empujando la maraña plateada en un intento fútil por recuperar algo de control sobre la situación, pero su fuerza no le permitía rebelión alguna. Le agarró ambas piernas firmemente por detrás de las rodillas, y comenzó a empujarlas hacia atrás, obligándola a exponerse aún más a sus caricias.
Arqueando la espalda y cerrando los ojos, Sakura se resignó a lo inevitable: el copyninja estaba jugando con ella, eso era obvio, y tan pronto la tuviese bien excitada la iba a dejar colgada justo cuand...
¡Bang!
"¡Aghhhhhhh!"
Sakura protestó irritada cuando Kakashi y la sensación de placer que la tenía al borde, desaparecieron de nuevo y en el peor de los momentos.
"¡Tan impaciente!" Su voz divertida llegó hasta sus oídos al tiempo que el inconfundible manipular de un kunai le hizo abrir los ojos, sobresaltada. Un par de movimientos demasiado rápidos para ser vistos y las confortables pantis blancas que usaba siempre para viajar eran sólo jirones de tela sobre el cobertor verde.
"¿¡Qué rayos crees que haces!?" exclamó indignada, "¿acaso quieres acabar con toda mi ropa interior?"
"Sólo con la inapropiada".
¿Inapropiada? Un momento… ¡Con razón sólo podía encontrar sus más diminutas tangas e hilos desde que se había ido de casa! ¡El muy degenerado las había botado todas! Ahora estaba claro que ese último par se había salvado hasta entonces sólo porque las llevaba puestas aquel día.
"¿¡Quién te crees para decidir que ropa interior debo usar!? Eres un pervertido, descarado… abusa-dor, a - tre - vi…" el resto de las protestas se fueron muriendo a medida que las manos callosas y masculinas bajaron por sus muslos, separándolos cada vez más y dejándola completamente expuesta al escrutinio implacable del sharingan.
Sakura se mordió los labios, tratando de contener tanto el impulso de cerrar las piernas, como el de gritar de frustración. Verlo concentrado, mirando su sexo húmedo a más no poder la estaba volviendo loca, por no decir que hacía mucho más agudo el dolor en su entrepierna, llevando su excitación al límite.
Entonces Kakashi se inclinó, mirándola a los ojos fijamente al tiempo que se acercaba imposiblemente lento, dejando besos repartidos por su muslo, su vientre, su cadera, y soplando su aliento cuando estuvo a milímetros de hacer contacto. Sakura gimoteó por lo bajo, su respiración agitándose tanto como su cuerpo. Era una tortura horrible, frustrante y tan erótica que la iba a hacer explotar.
Entonces la traviesa boca se cerró sobre el sexo palpitante, aplicando fuerza en unos besos que desenfocaron su mundo. Su lengua comenzó a juguetear entre sus pliegues, yendo y viniendo perezosa, pero con suficiente presión para hacerle ver estrellas cada vez que dibujaba un par de vueltas alrededor de su clítoris.
Kakashi seguía con los ojos pegados a su rostro, evaluando sus reacciones y haciéndola sentir cada vez más caliente, más húmeda, sometida al encanto de sus ojos bicolores, entrecerrados y cargados de erotismo en estado puro. ¡Un hombre no podía hacer nada más sensual que esto! Realmente la kunoichi se sentía deseada de una forma que no conocía antes, porque ciertamente el asunto no se trataba del propio placer sino de disfrutar del placer del otro; algo que ella hacía siempre con gusto, pero de lo cual nunca había sido objeto directo.
Repentinamente, su clítoris fue asaltado por la succión firme de una boca hambrienta y eso fue todo lo que necesitó para que su mundo se fuese de lado y en caída libre. Luces blancas explotaron tras sus parpados junto con la sacudida de todos los músculos de su cuerpo en absoluto éxtasis, su vagina protestando por la necesidad de apretar algo tangible en su interior.
Cuando Sakura finalmente volvió en sí, lo primero que sintió fue una sonrisa lasciva apretada contra su sexo, la cual se amplió notoriamente cuando sus ojos hicieron contacto con la mirada divertida de su dueño.
"¡Tan sensible!" susurró contra su piel, provocando más estremecimientos.
La kunoichi no tuvo tiempo de replicar al comentario cuando de nuevo estaba siendo devorada por un ávido copyninja, quien bebía de sus jugos como si fuesen la ambrosia de los mismos dioses. La penetración sorpresiva de su lengua le hizo revolverse y suplicar por más, sus manos enredadas en su cabellera tratando de empujarle más profundo. Necesitaba algo mucho más tangible y sólido llenándola, ¡pero ya!
La boca se separó finalmente para ser sustituida por un dedo, y luego otro, que rápidamente dieron con su entrada y la ayudaron a aliviar esa necesidad punzando desde su interior. Kakashi se colocó sobre ella sin abandonar sus atenciones, disfrutando sin duda del control absoluto que tenía ahora sobre su cuerpo y sus reacciones.
Y la increíble imagen de estar siendo masturbada de ese modo la puso enseguida a mil por hora, sus caderas moviéndose a ritmo con las embestidas, mientras Kakashi la forzaba a abrirse más, sus dedos moviéndose circularmente para intensificar el roce.
Esta vez, el orgasmo vino gradualmente y sin ser tan explosivo, pero resultando igual de intenso. Los gemidos que comenzaron a desgarrar su garganta quedaron enseguida ahogados en un beso en el que se saboreó a sí misma, lo cual sólo renovó los espasmos de placer que la sacudían, sus músculos cerrándose placenteramente sobre los largos dedos en su interior.
Sin dejarla recuperarse, Kakashi continuó marcando un ritmo suave, entrando y saliendo con movimientos precisos, frotando su pulgar contra el centro nervioso, ya demasiado sensible para hacer de sus atenciones otra cosa que un tormento dulce, pero doloroso. Era demasiado intenso para soportarlo. Enseguida, las manos de la kunoichi trataron de detenerlo sin éxito, tirando de su muñeca, tratando de salir de su agarre. Sin embargo, el shinobi permanecía inconmovible a su lado, erguido parcialmente sobre su codo y disfrutando de todos los gemidos e insultos de protesta y placer que salían de su víctima, su mano haciendo verdaderos estragos en la sensible kunoichi.
"¿Ka-kashi?"
"¿Mn?"
"Por fa-vor…"
"¿Ya no estas molesta?" preguntó con la curiosidad brillando en los ojos desiguales, "en serio que te ves mejor sin ellas".
"¿Realmente quieres morir ahora?" contestó repentinamente indignada, si seguía hablando del triste destino de su ropa interior, en verdad lo iba a estrangular.
"Eso sería muy contraproducente para los dos, dadas las circunstancias". Un par de penetraciones aplicando más fuerza fueron explicación suficiente. Sakura volteó los ojos en blanco y Kakashi se rió de buena gana.
"¡Ka-ka-shi…!" exclamó desesperada.
"¿Mn?" contestó con indiferencia.
Y claro, eso acabó con su siempre escasa paciencia.
"¡Si no mueves el trasero ahora mismo y me das lo que quiero te juro que vas a ser residente permanente del hospital hasta que yo regrese!"
"¡Tan violenta!" suspiró casi con reverencia, disfrutando del fuego en su mirada.
¡Bang!
En dos movimientos estaba fuera de ella y fuera de la cama. Llevando los dedos hasta su boca, se dedicó a limpiarlos de la esencia que los cubría con gusto y sin prisas, dándole un espectáculo que sabía, le iba a gustar. Y Sakura no podía más que verlo fascinada, su respiración agitándose aún más ante la sensual distracción. Ver su boca era toda una novedad de la que aún no se recuperaba, pero saber ahora lo que era capaz de hacer con ella era algo de lo que nunca se quería recuperar.
Cuando terminó de lamer hasta la última gota, el copyninja se volvió hacia el infame closet en donde la curiosidad desmedida de la kunoichi detonó el acercamiento que ahora los tenía compartiendo sus secretos en la cama. Entonces Kakashi abrió las puertas del armario y Sakura le detuvo, entendiendo enseguida sus intensiones.
"No hacen falta, yo me cuido, Kakashi".
El aludido se volteó a verla, medio erguida sobre sus codos; su desnudez sonrojada y sensual estirada sobre la colcha verde y negro contrastaban intensamente a la luz del sol que entraba por la ventana. La imagen hizo estragos en el shinobi, quien abandonó la búsqueda de condones de inmediato, terminando de desvestirse mientras avanzaba de vuelta hacia ella.
Y Sakura no perdió detalle de ello. Su pervertida interior disfrutando de cada nuevo centímetro de piel revelada y sobre todo, de la evidente erección que le hizo contener el aliento. Kakashi era un hombre alto y atlético, era de esperarse que estuviese bien dotado.
La Sakura interior hizo una piruleta. ¡Ahora sí que era su turno de sonreír con malicia y anticipación!
"Ven aquí, ahora" ordenó, palmeando la cama a su lado.
"¡Mnnn, tan exigente!" El copyninja obedeció enseguida, esta vez sin su habitual languidez, subiéndose a la cama en un movimiento rápido y fluido hasta quedar sobre ella. Dejándose caer entre sus ansiosas piernas, la besó apasionadamente y sin reservas, acariciando toda la piel disponible con un frenesí que revelaba que él también comenzaba a perder la batalla en contra del deseo de poseerla.
Ambos entraron entonces en el arrebato de su pasión compartida. Sakura se frotaba contra toda la extensión de la erección entre sus piernas, disfrutando del roce íntimo entre sus pliegues; mientras Kakashi besaba sus pechos alternativamente, tratando se saciar su necesidad de saturarse de ella con todos sus sentidos.
"¡Kaka-shi!" gimió con apremio.
Con un último medio beso, medio mordisco, que haló el endurecido pezón en su boca hasta el límite, el copyninja se acomodó mejor, listo para ceder finalmente a sus propias urgencias tanto como a las de ella. Apoyado en un brazo, guió con experticia la erección hasta la entrada húmeda y palpitante que le esperaba. Comenzó a empujar un poco, provocativamente, disfrutando de la visión del cuerpo menudo y cubierto de sudor que se revolvía bajo él. Las piernas alrededor de sus caderas se aferraron más, cruzándose tras su espalda e invitándolo sensualmente a entrar
Entonces Sakura solo atinó a contener la respiración, sus ojos atrapados entre gris y rojo esperando el momento de ser invadida por completo. En un movimiento rápido, su carne se separó violentamente haciéndole arquear la espalda y gritar su nombre con abandono.
Nada en su vida se había sentido tan bien como esto. ¿Por qué rayos habían tardado tanto en hacerlo?
Agarrándola firmemente por las caderas Kakashi comenzó a bombear un ritmo rápido y estable, saliendo de ella casi por completo y volviendo a hundirse en el apretado infierno que comenzaba a arder dentro de la pequeña kunoichi bajo su cuerpo. Y ella por su parte respondía maravillosamente, agitándose e igualando sus movimientos con unos propios, como tratando de acortar el tiempo insoportable en que él tardaba en llenarla de nuevo hasta el tope.
Con cada penetración Kakashi experimentaba, variando ligeramente el ángulo o la profundidad hasta que encontró ese punto que la hizo voltear los ojos en blanco y gemir con una fuerza inusitada.
"¿Te gusta así?" repitió el ultimo movimiento con más potencia, mandándola a las puertas del séptimo cielo.
"Ah, si… ah, ah…"
Kakashi susurró su nombre contra sus labios antes de besarla de nuevo, su lengua demandando entrada, bailando al mismo ritmo que golpeaba contra su sexo.
La kunoichi estaba por correrse y él no estaba por hacerse de rogar. Ahora se trataba de satisfacer una ansiedad que ambos estaban reprimiendo desde la primera vez en que cada uno de ellos pensó en la posibilidad de convertir su relación de amistad y compañerismo, en algo más.
Asegurando una de las contorneadas piernas sobre su hombro izquierdo y apretando el ritmo sobre ella en un ángulo más forzado, Kakashi se concentró en darle a la kunoichi el tiempo de suficiente para alcanzar el orgasmo, antes de perder él mismo, el poco control que le quedaba.
Acariciando su rostro y forzándola a mirarle le musitó sus deseos, su voz entrecortada por el esfuerzo.
"Déjame ver como te corres para mi, Sakura".
Si algo de conciencia existía aún tras los ojos verdes, esta quedó completamente anulada cuando se encontró con la mirada posesiva y demandante de Kakashi, a la que sólo pudo obedecer sin reservas. Entonces sintió que se partía en dos por la fuerza de las embestidas cada vez más violentas, que parecían querer clavarla para siempre contra la cama.
"¡AHHHH, SENSEI!!!"
El honorífico fue la perdición del copyninja. El ritmo de sus caderas se rompió con un gruñido ahogado entre sus propios espasmos. Así la kunoichi sintió el calor multiplicarse en su interior con el semen que la llenaba en varias descargas certeras que se fundieron con sus propios fluidos. Unas embestidas más y ambos se aferraron a las últimas olas de pasión que les sacudían, compartiendo una mirada, una sonrisa, perdidas luego dentro de un beso apasionado.
Entonces el copyninja se dejó caer exhausto sobre ella, mientras los dos luchaban por recuperarse de las intensas sensaciones que aún estremecían sus cuerpos alternativamente. Sus respiraciones agitadas se fueron igualando poco a poco, en el calor de un abrazo íntimo y lleno de los gestos cómplices que comparten los amantes.
Un inesperado beso en el espacio entre el cuello y el hombro le hizo muchas cosquillas a la kunoichi, pero ella aguantó la nueva tortura reteniéndole allí, con una mano en su nuca, peinando a placer los siempre desordenados cabellos plateados en castigo. Enseguida Kakashi hizo un ademán para levantarse pero ella no lo permitió, abrazándole con más fuerza.
"Solo un minuto más", le susurró al oído.
La nostalgia le estaba haciendo un nudo en la garganta y aún no se había ni marchado. Respirando profundo se concentró en grabar la sensación latiendo en su pecho y el momento recién compartido a fuego y sangre en su memoria. El mundo shinobi era demasiado cruel para dar por sentado que los dos estarían vivos tan pronto como al día siguiente. ¿Quién sabía dónde estarían en un año?
Armándose de valor, relajó su abrazo finalmente. Con ello Kakashi se alzó un poco sobre sus brazos, una mirada comprensiva en sus ojos que la hizo emocionar aún más. Acariciando el rostro recién descubierto con ambas manos Sakura no atinó a decirle nada y no hacía falta. Ambos estaban disfrutando del indescriptible placer de ver complacidos los deseos del otro.
Cuando algo caliente comenzó a gotear sobre su pecho, Sakura se sobresaltó. Sólo entonces notó las marcas de sus uñas en el hombro derecho del shinobi, un hilillo de sangre corriendo de la más profunda de ellas. ¡Ni siquiera recordaba haberlas hecho! Nunca antes le había pasado algo semejante.
"Oh, Kakashi lo siento mucho", dijo mortificada, tocando las heridas con cuidado. Estaba realmente avergonzada por haber perdido el control de sí misma hasta el punto de lastimarlo.
"Mnn ¡Tan salvaje!" suspiró.
El tono decididamente pervertido de su respuesta le hizo voltear los ojos al cielo, irritada.
"¡Eres insoportable!"
-o-
El agua helada no era suficiente.
Honestamente, se sentía todavía muy acalorada, como si recién hubiese salido de unas aguas termales; pero una ducha rápida era todo lo que el escaso tiempo le permitía.
Peinándose con los dedos improvisadamente, chequeó su reflejo en el pequeño espejo del diminuto baño, tratando pero fallando miserablemente en no sentirse tan súper-consciente de la falta de ropa interior bajo sus pantaloncillos. Iba a tener que encontrar la forma de cambiarse sin deshacer todo su equipaje ya embalado en el transporte.
Con un par de maldiciones mentales en contra de las manías retorcidas del copyninja, Sakura salió del baño para encontrárselo bien apertrechado en la ventana, vestido sólo con sus pantalones, mirando hacia afuera aparentemente distraído de su presencia. Pero Sakura sabía muy bien que con él, las apariencias eran sólo parte de la máscara.
Ahora, para ella, él estaba allí, despojado de todas las ilusiones bajo las que vivía oculto. Mostrándose más humano y real de lo que ella nunca hubiese podido soñar.
¿Quién rayos era este hombre, atractivo, descarado y divertido, que realmente era mucho más joven de lo que su cabello hacía pensar?
Ahora Sakura tenía que seguir reaprendiendo quien era el verdadero Hatake Kakashi para dejar definitivamente guardado en sus recuerdos a su viejo sensei.
¡Y Kami-sama la ayude, pero ella iba a terminar de descubrir todos sus secretos, hasta sus últimas consecuencias!
"Pasó una patrulla de la Hokage hace cinco minutos" la voz seria y urgente cortó sus reflexiones enseguida. "Al parecer Tsunade-sama está convencida de que te han secuestrado, considerando que vas tarde a tu propia despedida y nadie te ha visto desde hace horas".
¡Con un demonio! Sakura miró frenética el reloj de mesa. Tenía todavía cinco minutos antes de la hora de salida oficial, pero claro se había olvidado, como la tonta que era, de la promesa que había hecho a todos de estar media hora antes para despedirse.
Corriendo enloquecida por toda la habitación Sakura recuperó su falda, su cinturón y sus botas, terminando de vestirse a toda velocidad y maldiciendo por lo bajo su propia estupidez. ¡Tsunade-shishou seguro estaba furiosa!
¿Y cómo rayos iba a explicar su tardanza?
Sólo el pensar en las explicaciones que iba a tratar de sacarle Ino le hizo sonrojarse de la mortificación. Mentir no era su fuerte, desde luego, y menos a sus amigos.
"¿Por qué no me apuraste?" chilló frustrada cuando se dio cuenta de que estaba tratando de ponerse la bota derecha en el pie izquierdo. "Olvídalo, pregunta tonta" se contestó a sí misma enseguida. ¿Pedirle puntualidad al copyninja? Si más bien se le iban a contagiar sus mañas a este paso.
Para cuando terminó de vestirse, Kakashi estaba de pie frente a ella.
Inspirando profundamente Sakura se animó a decir adiós, como quería: sin lágrimas y con una sonrisa.
"Gracias por todo, Kakashi".
Dando un paso más, el copyninja se inclinó sobre ella plantando un sencillo beso de cariño sobre su frente. Sakura cerró los ojos disfrutando del gesto, los nervios renovados en su estómago llevándola por el camino ligero de decir tonterías.
"Aunque todavía estoy algo molesta contigo, no creas que te salvas porque me voy".
Una sonrisa divertida iluminó el rostro del shinobi y la kunoichi sintió sus rodillas convertirse en mantequilla fundida.
"Y no te olvides de nuestra cita" le regañó, tratando de parecer más serena de lo que se sentía en realidad.
"Claro que no, en un año. Tú pagas".
Sakura lo miró lo más feo que pudo. Cuenta con el copyninja para que trate de pasarte la cuenta con toda la anticipación posible. Sin embargo, no pudo contener por mucho la sonrisa que, invariablemente, él siempre sabía como arrancarle con sus peculiaridades.
Esto no era una despedida, después de todo. Sólo el inicio de lo que estaba por venir.
¡Y ella no podía esperar a llegar allí!
-o-
NDA:Cuántos de ustedes se dieron cuenta de que el inicio de este capítulo es igual al inicio del fic? Ninguno, si todos se quedaron con la mente atorada en la promesa de smut, canallas! xD
En fin… comenten, comenten, qué les pareció sin miedo ni censura, fufufu… Y sí, este es el último capítulo del fic. Lo que queda es un epilogo bastante especial que tengo planeado, ya lo verán.
Mil gracias a todos los que han acompañando esta aventura!
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Okonomiyaki: masa con varios ingredientes (vegetales y carnes) cocinados a la plancha, parecida a la tortilla francesa o a un panqueque.
