Hola chicas! Uff, lo conseguí, quería subir el capítulo antes de las fiestas y ya empezaba a dudar que lo consiguiera... Este cap. me ha costado mucho escribirlo, he tenido que consultar mapas, calcular rutas, mirar vuelos, cuadrar el tiempo con Crepúsculo y realmente luchar contra mis ganas de subir a Edward en una avión y mandarlo con Bella de una vez, en vez de tenerlo dando vueltas!
Como veréis es bastante largo, este capítulo embarca 4 de Crepúsculo... ¡ya estoy terminando! Solo quedan 2 capítulo de Crepúsculos... que no se en cuanto se traducirá en Mi sol de media noche... pero vaya, queda muy poco! Voy a abstenerme de ponerme sentimental ... me reservaré para el último capítulo...
IsHale. Gracias por tus comentarios, me encanta que te fascinara! :)
Isa-21. jejeje, muchas gracias a tí por acompañarme durante todo este tiempo! vuestros comentarios son super importantes para mí! u no me canso de dar las gracias por ellos!
emrb87. Me encanta que te haya gustado la despedida! intenté trasmitir la desesperación que él sentía en ese momento. Sí los celos de Rose los descubrimos al principio de Sol de Media noche... cuando leía el resto de los libros y se vi la complicidad que Emmett tiene con Bella, siempre pensé que eso debía volverla loca! jeje. Adoro que te enrolles como una persiana!
Caro-cullenmasen.¿Te emocioné? ¿de verdad? ¡gracias! y gracias por tu ánimos tu también me emocionas a mí con tus palabras!
nessiiee. Gracias! también te emocioné a tí? estoy super contenta! hubiera estado bien que Edward leyera la mente de Jasper, pero cuando él piensa eso de Bella Edward ya se ha marchado. Muchísimas gracias por tu paciencia! se que soy bastante tardona, jeje. Me alegra que pienses que vale la pena la espera.
Un abrazo enorme a todas! os adoro y hacéis que mi sueño de escribir sea muy especial!
Gracias también a todas las que habéis añadido mi historia a favoritos y seguimientos.
¡FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO A TODAS!
Deseo que os traigan muchos regalos, pero sobre todo que el año que viene vuestras vidas estén llenas de AMOR y ROMANTICISMO!
Espero que os guste:
xxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxx
22. TORMENTO
James nos seguía de cerca cobijado por la negrura del bosque. Sus pensamientos eran una tortura constante para mí, la imagen de Bella y mía en el prado era una pantalla constante en su mente y desquiciaba la mía, podía ver perfectamente en sus recuerdos mi propio rostro deformado por la ira, pero sobre todo, la cara desencajada de Bella, semi-escondida detrás de mí, con los ojos dilatados por el pánico clavados en él. En mi mente esa imagen se entremezclaba con mis propios recuerdos, él amenazándola, preparado para atacar. Un rugido feroz hizo retumbar los cristales del jeep sacándome de la tortura de mi visión, había salido de mi propia garganta.
- Edward… - susurró Emmett poniendo con precaución su mano sobre mi hombro.
- Lo siento – dije, enterrando mi cara en mis manos – no soporto ver sus pensamientos.
- Intenta no hacerlo hijo, procura pensar en otra cosa – dijo Carlisle, dirigiéndome una mirada cargada de compasión. Sus pensamientos reflejaban la impotencia que le causaba el no poder ayudarme.
- Pero tengo que estar seguro de que nos sigue – repliqué angustiado.
- Yo escucho sus pasos, mientras los captemos no tienes que preocuparte.
Asentí, a sabiendas de que lo mejor hubiera sido tenerlo controlado, por si cambiaba de idea. Pero yo no me veía capaz de soportar aquello sin acabar saliendo del coche y arrojarme contra él, y seguir con el plan era mucho más sensato.
Decirlo era mucho más fácil que hacerlo, de vez en cuando iba conectando con su mente, para una y otra vez, ver la misma imagen que me trastornaba.
Pensé en lo único que podía distraer mi atención del resto del mundo, evoqué el rostro de Bella, el brillo de sus ojos chocolate cuando se perdían en los míos, la calidez de sus labios en mis labios. Hacía cuatro horas que habíamos tomado caminos diferentes. Cuatro horas sin Bella…
Su ausencia me causaba un dolor físico insoportable, sabía que ese dolor persistiría mientras estuviera separado de ella, tendría que convivir con él hasta que ella volviera a estar entre mis brazos. Una vez que encontrabas la felicidad, la pieza que faltaba en la vida para sentirte completo ¿Cómo se podía volver a sobrevivir sin ella? Yo sabía, después de vivir incompleto más de cien años, que no era posible.
En la última incursión a la mente de James capte algo diferente.
- Se ha puesto en contacto con Victoria – les informé – ella le ha dicho que está siguiendo la furgoneta, pero que no está del todo segura que Bella esté dentro. Él cree que es más probable que esté aquí conmigo, piensa que yo no habré sido capaz de abandonarla.
No pude evitar que la voz se me quebrara: yo tampoco podía creer que hubiera sido capaz de hacerlo, y a cada minuto me parecía peor decisión, mi ansiedad iba en aumento a cada kilómetro que se interponía entre nosotros, todo mi cuerpo me gritaba que volviera con ella, abrazarla de nuevo era lo único que importaba. Pero sabía que mis instintos estaban marcados más por el corazón que por la razón y ese pensamiento era lo único que me mantenía ciñéndome al plan, soportando la tortura de su ausencia.
- ¿Tienen móviles? – preguntó Emmett sacándome de mis torturados pensamientos.
Yo asentí.
- Los robó Victoria antes de reunirse con él en nuestra casa.
Una hora más tarde Carlisle recibió una llamada de Esme.
- Ha dejado de seguirnos, estamos llegando a Forks, ella también ha regresado.
- Edward escucho que ellos habían hablado, él piensa que ella está con nosotros.
- Tener cuidado.
- Te quiero.
Nueve horas sin Bella.
Paramos en un área de servicio a repostar. James se mantenía cada vez más distante, solo recibía señales de sus pensamientos esporádicamente.
Mi desesperación iba aumentando, impaciente por que todo terminara.
- ¿A que estamos esperando?
- Si bajamos del coche y vamos hacia él sabrá que ella no está con nosotros y huirá, tenemos que esperar a que esté más cerca, tenemos que tener más paciencia que él, esperar que se nos acerque más para estar seguros de que no escapa – contestó Carlisle mientras emprendíamos la marcha.
Sabía que tenía razón, pero la espera se estaba haciendo interminable. Necesitaba atraparlo ya, las imágenes virulentas invadían mi mente, mi cuerpo temblaba con la urgencia, con la sed de violencia. Deseaba enfrentarme a él, hacerle pagar su osadía, despedazarlo con mis dientes mientras le miraba a los ojos.
Y al mismo tiempo no podía evitar verme reflejado en él, podía comprender su obsesión. Yo había estado en su misma situación unos meses atrás, si no hubiera luchado contra mi naturaleza desde hacía tanto tiempo ya, si fuera como él, yo la habría matado aquel día, y si alguien la hubiera intentado apartar de mí les habría perseguido por todo el mundo para poseerla…
Sacudí la cabeza, confuso. Me había relajado… convencido como estaba que el destino la quería para él tanto como yo, en los últimos días me había dejado deslumbrar por el entusiasmo de nuestra relación, me había dejado cegar por la ilusión del amor y había bajado la guardia. Ahora pagaba caro mi error, luchando contra alguien igual a mí, di gracias por tener a mi familia a mi lado.
Todos los reproches que había estado conteniendo cayeron sobre mí como una losa. Había sido tan irresponsable llevando a Bella al partido. Alice había visto que ellos nos buscarían, aunque en su visión ellos venían a casa, eso había sido antes de decidir jugar el partido. Había sido tan irresponsable… debería haber protegido a Bella mejor, no exponerla de esta manera. Y entonces un pensamiento horroroso vino a mi mente y fui incapaz de ignorarlo a tiempo.
Todo este tiempo había pensado que el destino perseguía a Bella para hacerle daño, empeñado en destruirla después de que yo hubiera alterado sus planes, pero ¿y si en realidad era a mí al que perseguía?¿al que quería hacer daño? No podría buscar ninguna manera mejor de hacerlo que a través de ella ¿y si la única manera de alejarla del peligro era que yo me alejara de ella?
La desolación me golpeo por dentro, haciendo que me retorciera de dolor en el coche, enterré el rostros entre mis manos y sacudí la cabeza desterrando esa espantosa teoría. Ni siquiera podía pensar en alejarme de ella, el dolor era tan grande, que iba en contra de mi instinto de supervivencia. Me apresuré a convencerme de que si me alejaba y estaba equivocado, no habría nadie para protegerla. Aunque una voz en mi interior me dijo que solo estaba intentando protegerme a mí mismo. La ignoré.
Nueve horas sin Bella.
Continuamos nuestro camino con James a la zaga. El sol empezó a aparecer perezoso entre las majestuosas montañas, extendiendo su manta de luz inexorable entre los árboles. Desde la parada no había sido capaz de escuchar los pensamientos de James, aunque captábamos su presencia de forma intermitente, él parecía tener cuidado para mantenerse a más distancia de nosotros.
¿Qué estará haciendo Bella?¿Habría conseguido dormir?¿Habría comido?¿Estaría pensando en mí tanto como yo en ella?¿Le dolería tanto la distancia como a mí?
Deseaba llamarla, pero no queríamos que él escuchara la llamada. De hecho temíamos que él hubiera escuchado la conversación con Esme y por eso se mantenía ahora más cauto.
Quince horas sin Bella.
- He dejado de sentirlo – dije alarmado Cuando el sol estaba en su punto más alto.
Ellos me miraron con desconcierto.
- Disminuiré la velocidad un poco.
Continuamos expectantes, esperando la más mínima señal, pero no detectamos nada.
- Para el coche en el arcén – le pedí a Carlisle.
Emmett y yo nos adentramos en el bosque, al cabo de unos minutos nos reunimos de nuevo.
- No hay rastro de él por los alrededores – gruñó Emmett.
Asentí con la cabeza, yo tampoco había encontrado nada.
- Retrocedamos hasta el último lugar donde los escuchamos.
Con un giro brusco Carlisle hizo girar el coche sobre sí mismo, y deshicimos un buen trecho del camino.
Cuando bajamos del coche de nuevo en el último lugar en el que lo habíamos detectado localizamos enseguida su rastro.
- Se ha desviado hacia el norte.
- Sigamos su rastro a pie. Carlisle, tu dirígete hacia el norte con el coche, cualquier cambio de dirección que captemos nos pondremos en contacto contigo.
- No me gusta la idea de separarnos. Pero no veo otra opción – Dijo Carlisle preocupado.
Emmett y yo nos precipitamos al bosque a toda velocidad. Correr siempre me había ayudado a relajarme, hasta en los peores momentos de mi vida, pero por primera vez en mi existencia, no encontré consuelo en mi carrara, todo estaba teñido por su ausencia. Me faltaba la presión cálida de su cuerpo en mi espalda, el latido de su corazón golpeándome, marcándome el paso, su cálido aliento en mi nuca…
¿Y si él conseguía encontrarla antes de que yo le encontrara a él? El pensamiento me golpeó en el estómago como un puño real y demoledor.
Jasper y Alice estaban con ella, me tranquilicé. Jasper era un luchador, un soldado, él más preparado de nosotros, y Alice podría ver lo que iba a suceder, y evitarlo. Bella no estaba en peligro, me repetía como un mantra mientras seguíamos corriendo a través del espeso bosque.
Pasamos la frontera invisible en las montañas de Canadá y poco a poco fuimos acercándonos a la zona habitada.
- Se nos ha escapado – dije sin poder disimular mi aflicción, cuando me di cuenta de a dónde nos dirigía su rastro.
Llegamos al aeropuerto de Vancouver, hasta las puertas de control de embarque. James había cogido un avión.
Emmett llamó a Carlisle para ponerle al corriente y que se reuniera con nosotros.
- Llegaré en media hora.
Mi hermano y yo nos sentamos en la terminal esperando a Carlisle. Yo apoyé los codos sobre mis piernas y me incliné para esconderme entre mis manos, agarrando mi pelo. Emmett no me dijo nada, solo apoyo su mano sobre mi espalda. Luchando por controlar los horribles pensamientos que venían a mi mente, que solo conseguirían sumirme más en mi tormento.
- Hola chicos – nos saludó Carlisle – He hablado con Esme, ha estado vigilando a Charlie. Victoria está en Forks, entró en la casa de Bella cuando su padre estaba en el trabajo. Rosalie la está vigilando, la ha hecho correr por todas partes.
- Intenta recopilar información – susurré.
- También la ha seguido hasta Seattle, cerca del aeropuerto. Creo que lo más posible es que James esté volando hacia allí para reunirse con ella y seguir con la búsqueda.
- Es lo más probable – coincidí.
- Volvamos a casa – dijo Emmett poniéndose de pie – no se nos puede volver a escapar, la próxima vez que detecte su rastro no pararé hasta encontrarlo, se acabaron las trampas, ahora será un ataque en toda regla – dijo Emmett.
- Voy a llamar a Alice– dijo Carlisle.
Mi cuerpo reaccionó emocionado, con tan solo pensar en hablar con Bella, en escuchar su voz…
Escuché impaciente como Alice le explicaba su extraña visión a Carlisle, no sabía que podía significar, ni como reconocer esa habitación en la que lo había visto, no tenía sentido. Cuando la conversación terminaba le hice un gesto a Carlisle para que me pasara el teléfono.
- Hola Alice ¿puedo hablar con Bella?
- Sí – contestó - ¿Bella? -. Escuché como la llamaba, y como unos pasos nerviosos corrían hacia el teléfono, no pude evitar sonreír.
— ¿Diga? —murmuró con voz temblorosa.
Una cálida oleada inundo mi interior, ella siempre traía calor a mi gélida vida, su voz fue como un bálsamo para el dolor que oprimía mi pecho desde que nos habíamos separado.
—Bella —dije con alivio.
— ¡Oh, Edward! Estaba muy preocupada – me dijo nerviosa.
—Bella. Te dije que no te preocuparas de nadie que no fueras tú misma – le regañé.
— ¿Dónde estás?
—En los alrededores de Vancouver. Lo siento, Bella, pero lo hemos perdido. Parecía sospechar de nosotros y ha tenido la precaución de permanecer lo bastante lejos para que no pudiera leerle el pensamiento. Se ha ido, parece que ha tomado un avión. Creemos que ha vuelto a Forks para empezar de nuevo la búsqueda.
—Lo sé. Alice vio que se había marchado.
—Pero no tienes de qué preocuparte, no podrá encontrar nada que le lleve hasta ti. Sólo tienes que permanecer ahí y esperar hasta que le encontremos otra vez –la tranquilicé.
—Me encuentro bien. ¿Está Esme con Charlie?
—Sí, la mujer ha estado en la ciudad. Entró en la casa mientras Charlie estaba en el trabajo. No temas, no se le ha acercado. Está a salvo, vigilado por Esme y Rosalie.
— ¿Qué hace ella ahora?
—Probablemente, intenta conseguir pistas. Ha merodeado por la ciudad toda la noche. Rosalie la ha seguido hasta las cercanías del aeropuerto, por todas las carreteras alrededor de la ciudad, en la escuela... Está rebuscando por todos lados, Bella, pero no va a encontrar nada.
— ¿Estás seguro de que Charlie está a salvo?
—Sí, Esme no le pierde de vista; y nosotros volveremos pronto. Si el rastreador se acerca a Forks, le atraparemos.
—Te echo de menos — dijo de pronto con un hilo de voz, parecía tan frágil.
—Ya lo sé, Bella. Créeme que lo sé. Es como si te hubieras llevado una mitad de mí contigo.
—Ven y recupérala, entonces — me suplicó.
—Pronto, en cuanto pueda, pero antes me aseguraré de que estás a salvo.
—Te quiero — susurró con ternura.
— ¿Me crees si te digo que, a pesar del trago que te estoy haciendo pasar, también te quiero?
—Desde luego que sí, claro que te creo.
—Me reuniré contigo enseguida.
—Te esperaré.
Al colgar el teléfono el frío volvió a inundarme de nuevo.
Esta vez volvimos a casa por la autopista, conducía Emmett, su frustración era más que evidente en su forma de conducir. Todos estábamos cansados y ansiosos porque esto terminara.
Llegamos a casa a las ocho de la tarde, Rosalie estaba allí, ella y Emmett se fundieron en un apasionado abrazo. No pude evitar sentir algo de envidia, anhelando mi propio reencuentro.
- Hemos perdido a Victoria – nos contó, girándose para mirarnos a Carlisle y a mí – su rastro se perdió en el mar, ha debido averiguar que la seguíamos. Esme continúa vigilando al padre de Bella por si vuelve a aparecer.
- Voy a buscar por el pueblo, a ver si encuentro alguna pista – dije, sintiéndome incapaz de no hacer nada.
- Te acompañaré – me dijo Emmett.
- No hace falta, si encuentro algo te llamaré.
- Si lo encuentras, no quiero que te diviertas tu solo hermano, voy contigo – Asentí al ver en su mente que no iba a poder convencerlo.
- Yo voy a relevar a Esme – dijo Carlisle.
Emmett se giró y besó a Rosalie con fervor, intercambiaron miradas llenas de lujuriosas promesas, que solo yo pude escuchar. Salí de casa para alejarme de ellos.
Dimos vueltas durante todo el día, registramos Forks y sus inmediaciones, llegando hasta Seattle. No encontramos nada. A las diez de la noche volvimos a casa.
Rose estaba trabajando en el garaje, cuando nos escuchó salió a nuestro encuentro, no tuvimos que decir nada, nuestras caras reflejaban la frustración que sentíamos.
- No habéis encontrado nada – afirmó.
- Nada – confirmó Emmett.
- Esperaremos a ver si aparece por la noche, si no mañana me marcharé a Phoenix – dije sumido en mi desesperación.
- Habla con Carlisle, seguro que querrá acompañarnos – me dijo Emmett, dejándome claro que me acompañaría de nuevo.
Capté un destello de frustración y resignación en la mente de Rosalie, que pronto se esfumó cuando miró a Emmett y pensó que tenía tiempo para despedirse… me marché para darles algo de intimidad, tampoco es que me viera capaz de quedarme en casa sin hacer nada.
Corrí hacia la casa de Bella. Encontré a Esme y Carlise entre los árboles de enfrente de su puerta. Por un momento me quede congelando, mirando la ventana que había trepado todas las noches desde que estaba con Bella, sentí como el dolor se intensificaba en mi interior. Charlie estaba viendo un partido, pero en su mente solo había una imagen, la misma que en la mía: Bella.
Mi imagen desolada se instaló en mi propia mente, proveniente de la mente de mis padres, que me miraban con tristeza. Suspiré y me volví hacia ellos.
- Los hemos perdido, esperaremos por si se acercan a casa por la noche, mañana por la mañana me iré a Phoenix con Emmett
- Yo también voy con vosotros – dijo Carlisle.
- Solo quiero llevármela de allí. Estar juntos…
- Podría llevarla a Brasil, a nuestra isla – dijo Esme mirando a Carlisle.
Un atisbo de esperanza floreció en mi interior, Bella y yo solos en Isla Esme… de repente me di cuenta que estando juntos todo sería más fácil. El tormento por estar separados me sumía en una neblina que me dificultaba pensar con claridad, luchaba constantemente por no hundirme en mi dolor, por no sucumbir a mis remordimientos, por no imaginar lo peor…
- Nosotros continuaremos con la búsqueda – dijo Carlisle.
- Lo decidiremos allí, cuando estemos todos juntos. Marcharos a casa, ya me quedo vigilando yo.
Me acerqué a Esme y deposité un beso en su frente. Mi padre me dio una palmada en el hombro, los dos desaparecieron en la oscuridad, cogidos de la mano.
Veintinueve horas sin Bella.
Estaba en mi habitación, sentado en mi sillón negro de cuero, con los pies sobre él manteniendo mis rodillas abrazadas. La música de Debussy inundaba la habitación. La espera se estaba haciendo interminable. Mi angustia empezaba a ser insoportable.
Rosalie había venido a sustituirme en la guardia a las once de la noche.
- Los demás han ido a cazar, deberías hacer lo mismo.
- Gracias Rose, por ayudar – le dije con sinceridad.
- De verdad siento lo que estás sufriendo – respondió con franqueza, aunque vi que sus sentimientos por Bella no habían cambiado.
- Iré a cazar – le dije, dándole un ligero beso en la mejilla.
Después de cazar me había refugiado en mi habitación, necesitaba estar solo. No quería que siguieran compadeciéndome por el estado en el que me encontraba.
El teléfono de Carlisle sonó en el salón, bajé corriendo a reunirme con él.
- ¿Qué pasa Alice?
- Carlisle, él está aquí – escuché que decía Alice a una velocidad de vértigo – he tenido una visión de él, Bella ha reconocido el lugar, va a casa de su madre.
El pánico me embargó por completo.
- Vamos para el aeropuerto, cogeremos el primer vuelo que salga para allí. Edward esconderá a Bella, y nosotros lo buscaremos.
Cogimos el Volvo y salimos hacia el aeropuerto.
Compramos el primer vuelo que salía hacia Phoenix, hora prevista a las cuatro y media, faltaba una hora.
La paciencia era una de las virtudes de un vampiro, los años te daban una perspectiva diferente del tiempo. O al menos había sido así hasta este momento de mi vida. No fui capaz de mantenerme sentado junto a mi hermano y mi padre más de cinco minutos y durante ese tiempo pasé mi mano por mi cabello exactamente sesenta y ocho veces. Cuando al fin me levanté, incapaz de permanecer quieto durante más tiempo, paseé de arriba abajo de la sala de espera de la puerta de embarque, mirando el reloj que colgaba de la pared, y comparándolo con el de la sala de más abajo por si se había parado.
Al fin abrieron el embarque, subimos los primeros y nos acomodamos para pasar las más de cuatro horas que duraba el vuelo. Bufé exasperado… más espera.
Cuarenta y ocho horas sin Bella… y apunto de reencontrarme con ella.
- En unos minutos aterrizaremos en Phoenix. Esperamos que hayan tenido un buen vuelo. Gracias por volar con American Airline.
Me erguí en mi asiento sintiendo como la euforia se extendía en mi pecho, Bella estaba en algún lugar del aeropuerto que podía ver desde mi ventana. Desde que había regresado a Forks (después de la precipitada huida provocada por aquel fatídico día en la que la vi por primera vez) no había pasado tanto tiempo separado de ella, el sentimiento de pérdida había oprimido mi pecho durante cada segundo que había permanecido alejado de ella, era la prueba irrefutable de lo que tiempo atrás me había dicho Alice, cuando me advirtió que no podría separarme de ella. En ese momento me juré que jamás volvería hacerlo.
En cuanto bajamos del avión empecé una búsqueda desesperada, intenté ver su rostro a través de la mente de todas y cada una de las personas que se hallaban en el aeropuerto, Alice nos había dicho que nos estarían esperando. A fín encontré a Alice, su cara reflejaba preocupación, estaba hablando con Jasper, que también estaba alterado. Bella no estaba con ellos. Sentí que la cabeza me daba vueltas.
Jasper se marchó y yo por fin reaccioné, abandoné la mente anónima que me mostraba lo que sucedía desde fuera y me introduje en la mente de Alice, mientras le hacía una señal a Carlisle y a Emmett para que aceleraran el paso, corrí lo más rápido – y humanamente posible - que pude, sorteando a las personas que nos rodeaban.
Bella había desaparecido.
Vi en los recuerdos de mi hermana una visión que había tenido apenas hace unas horas. James estaba en la misma habitación de la primera visión que había tenido, pero esta vez Bella estaba con él.
- ¡Edward! – gritó Alice cuando nos vio salir.
- Vamos – le dije secamente después de abrazarla apenas un segundo.
- Jasper ha salido apenas hace un segundo hacia el estudio de ballet – me dijo mientras todos seguíamos a la carrera.
- Cojamos un coche. – dije.
- Podéis contarnos que está pasando exactamente – dijo Emmett.
- Antes de salir hacia el aeropuerto a recogeros mi visión cambió. Vi a Bella en el estudio de ballet con James. No le dije nada porque no quería asustarla, había hablado con su madre y desde entonces estaba muy nerviosa, como ida. Jasper y yo estábamos alerta, temiendo que James hubiera tramado algún plan para llevársela. Cuando llegamos aquí estuvo mirando el reloj todo el rato, apenas veinte minutos antes de que aterrizarais dijo que quería ir a comer algo, le pidió a Jasper que la acompañara, ya que él le ayudaba a estar más tranquila. Jasper me dijo que pasó un par de cafeterías y le dijo que tenía que entrar al servicio. La estuvo esperando un rato, pero cuando vio que no salía se decidió a entrar ¡ya no estaba allí! Siguió su rastro hasta un autobús antes de volver. ¡Ella se marchó sola Edward! ¡Se escapó de nosotros!
Carlisle encontró un corvette con los cristales tintado en el mar de coches de aparcamiento y nos metimos dentro, condujo a toda velocidad siguiendo las instrucciones de Alice, el coche era rapidísimo, pronto alcanzamos a Jasper en el Mercedes.
Yo respiraba despacio, como si realmente me hiciera falta para seguir viviendo. Me esforzaba por mantener a raya el grito que quería escapar de mi garganta, el dolor que como una bola enorme de fuego palpitaba deseando expandirse.
Si no llegaba a tiempo…
Me sentía realmente cerca de la locura, mientras me mantenía quieto como una estatua, sentado en la parte trasera del coche en mi interior, mis ojos arrasaban con furia las calles bañadas por el sol, mis puños temblaban cerrados por la tensión.
Si no llegaba a tiempo, si la perdía para siempre, no podría soportarlo, el solo pensamiento me mataba por dentro. Si la perdía solo habría una salida que pudiera soportar, tendría que terminar con mi existencia. No con mi vida, mi vida terminaría en el mismo instante en el que la perdiera…
Fríamente empecé a planear la forma en que lo haría, sabía, por la experiencia de Carlisle que no podría suicidarme. Tampoco sería posible que mis hermanos me ayudaran a quitarme la vida. Me dolía saber que haría sufrir a mi familia, pero ellos, todos ellos convivían con el amor de sus vidas. Yo no podría sobrevivir a ese golpe, sabía que esa bola de fuego que contenía ahora, solo podía manejarla a base de esperanza… cuando el fuego me desbordara el dolor me volvería loco, sin nada que perder…
A mi mente vinieron a socorrerme los recuerdos de las historias que Jasper y Carlisle me habían contado sobre los Vulturis, si los provocaba no sería difícil conseguir mis objetivos…
De repente Alice se giró para mirarme, en sus recuerdos pude ver a Bella entregándole una carta.
- ¿Qué carta? – pregunté.
- Lo olvidé, dijo que era para su padre… - rebuscó en su bolso y me la entregó.
Abrí la carta y reconocí la letra de Bella, aunque estaba deformada, temblorosa. No era para su padre, estaba dirigida a mí:
Edward:
Te quiero. Lo siento muchísimo. Tiene a mi madre en su poder y he de intentarlo a pesar de saber que no funcionará. Lo siento mucho, muchísimo.
No te enfades con Alice y Jasper, si consigo escaparme de ellos será un milagro, dales las gracias de mi parte en especial a Alice por favor.
Y te lo suplico por favor no le sigas, creo que eso es precisamente lo que quiere. No podría soportar que alguien saliera herido por mi culpa, especialmente tú, por favor es lo único que te pido. Hazlo por mí.
Te quiero, perdóname
Bella
Un sollozo se escapó de mis labios, no pude contenerlo. Todos me miraban esperando a que dijera algo pero yo no podía, no encontraba mi voz. Le pasé la carta a Alice de nuevo, ella la leyó en silencio y después le explicó a los demás lo que decía. Hundí mi cabeza entre mis manos, tiré de mi cabello deseando poder hacerme daño, mis ojos reclamaban unas lágrimas que no iban a llegar.
Niña tonta e inconsciente…
- Ya llegamos.
Un sol deslumbrante se derramaba por la acera que precedía a la puerta de la escuela de Ballet, que estaba abierta, pero si había alguien en la calle no nos vio pasar, ya que entramos a todas velocidad.
Desde el vestíbulo el olor más dulce que había olido en mi vida me golpeó directamente en el estómago, no era la promesa del dulce olor que desprendía la piel de Bella, era mucho más fuerte, entendí con horror que la sangre estaba expuesta y derramada. No sentí tentación alguna en ese momento, solo el dolor desgarrador de la sospecha de que fuera demasiado tarde.
Entramos en el aula de donde procedía el olor, vi a James arrodillado en el fondo frente al cuerpo de Bella.
Un rugido salvaje inundó la habitación, la ira me embargó por completo, me abalancé sobre él arrancándolo del lado de mi amor y lo lancé al otro extremo de la habitación.
De repente toda mi ira desapareció, para dejar paso al dolor más intenso que había sentido jamás, ni siquiera era comparable con las llamas de la transformación, era la agonía en estado puro. Los sollozos salían de mi boca sin poder contenerlos, ella estaba allí, inerte y rota, tirada en el suelo.
Grité su nombre, partido por el dolor, pero no hubo respuesta. Mientras me derrumbaba de rodillas a su lado, no sabía cómo tocarla, que hacer… su cabeza descansaba en un charco de sangre.
- ¡ Oh no, Bella, no! – grité horrorizado.
Los ruidos a mi espalda me molestaban sobre manera, supe que se estaban encargando de James, pero no le presté atención, lo único que me importaba estaba ante mí ahora, desangrándose ante mis ojos, el único sonido que quería escuchar era el de su corazón, presté atención y escuché aliviado que todavía latía frenético en su pequeño cuerpo destrozado.
- Bella, por favor! ¡Bella, escúchame; por favor, por favor, Bella, por favor!
Entre lamentos conseguí llamar a Carlisle que estuvo a mi lado al momento, apoyo su mano durante un segundo en mi hombro.
"Tranquilo Edward, tranquilo hijo mío"
Pero yo no tenía consuelo, seguí llorando sin lágrimas ante la chica que lo era todo para mí, la razón de mi existencia.
Él empezó a examinarla con cuidado, cuando sus manos tocaron su pierna, Bella emitió un grito seco mientras su cuerpo se sacudía por el esfuerzo.
- ¡Bella! – la llamé.
—Ha perdido algo de sangre, pero la herida no es muy profunda. Echa una ojeada a su pierna, está rota.
Contuve el grito de furia que quería escapar de mi garganta, miré hacia atrás, donde mis hermanos habían prendido fuego al cuerpo de aquel maldito desalmado, él ya no podría hacerle daño. Emmett me hizo una señal, él y Jasper iban a esperar fuera, no soportaban el fuerte olor a sangre.
Me volví de nuevo hacia mi amor, aparté con cuidado un mechón de su cabello que cubría sus ojos, mi dulce y pobre Bella…
—Y me temo que también lo estén algunas costillas – continuó mi padre.
Bella emitió un leve sonido. Estaba recobrando la consciencia.
—Bella, te vas a poner bien. ¿Puedes oírme, Bella? Te amo.
—Edward – consiguió decir, no sin esfuerzo.
Mi nombre en sus labios fue como un bálsamo, empecé a entender que era posible, que no iba a perderla. Su expresión de dolor no me dejó celebrarlo.
—Sí, estoy aquí.
—Me duele —susurró.
—Lo sé, Bella, lo sé — dije desesperado —. ¿No puedes hacer nada? –le supliqué a Carlisle.
—Mi maletín, por favor... No respires, Alice, eso te ayudará — le aconsejó.
— ¿Alice? — llamó Bella.
—Está aquí, fue ella la que supo dónde podíamos encontrarte.
—Me duele la mano — susurró con esfuerzo.
—Lo sé, Bella, Carlisle te administrará algo que te calme el dolor.
— ¡Me arde la mano! —gritó de repente, con todas sus fuerzas, mientras abría sus ojos desenfocados por lo que parecía un dolor insoportable.
— ¿Bella?
— ¡Fuego! ¡Que alguien apague el fuego! —gritó desesperada.
Miré su mano y me horroricé cuando me di cuenta de lo que le pasaba, la marca de los dientes del maldito asesino estaban incrustados en sangre en su muñeca, lo que le quemaba era la ponzoña.
— ¡Carlisle! ¡La mano!
—La ha mordido – dijo mi padre horrorizado.
Deje de respirar. Mi cabeza empezó a dar vueltas, solo podía pensar: ella no, Bella no, no…
—Edward, tienes que hacerlo —dijo Alice, mientras se arrodillaba al lado de Bella y le enjuagaba las lágrimas, me mostró de nuevo su visión. Lo he visto.
— ¡No! — gruñí.
—Alice — gimió Bella.
—Hay otra posibilidad —intervino Carlisle.
— ¿Cuál? — dije, aferrándome a sus palabras.
—Intenta succionar la ponzoña, la herida es bastante limpia.
— ¿Funcionará? — preguntó Alice preocupada.
—No lo sé, pero hay que darse prisa – dijo Carlisle mirándome con interrogación.
—Carlisle, yo... No sé si voy a ser capaz de hacerlo – dije angustiado, la idea de beber la sangre de Bella me retorció el estómago, el olor empezó afectarme, y el hambre empezó rugir dentro de mí… si me atrevía a probar la sangre más deliciosa del mundo ¿sería capaz de parar?
—Sea lo que sea, es tu decisión, Edward. No puedo ayudarte. Debemos cortar la hemorragia si vas a sacarle sangre de la mano.
No podía, no sabía si sería capaz. Bella me miró a través de la visión de Alice, con sus ojos rojos e impenetrables. No quería eso para ella, no podía permitirlo.
— ¡Edward! — gritó Bella, con el dolor impregnado en su voz. Sabía muy bien lo que estaba sufriendo, la sensación de que ardías por dentro, de que no podría soportarlo, un dolor tan intenso que no tardaría en suplicar por su propia muerte.
Abrió sus ojos y los clavó en los míos, con la súplica dibujada en ellos. Su dolor me traspasó, mis dudas lo alargaban.
La amaba tanto, no creí que realmente fuera capaz de perderme en el éxtasis de su sangre, sería capaz de recordar mi amor por ella y el dolor que me causaría perderla.
—Alice, encuentra algo para que le entablille la pierna. Edward, has de hacerlo ya o será demasiado tarde.
Volví a mirarla a los ojos, lo iba a hacer, lo conseguiría.
Tomé su mano, y miré la herida abierta, con cuidado acerqué mis labios a ella, con la precaución de no rozarla con los dientes, cerré los ojos y acaricié con delicadeza su muñeca con mis labios.
El olor que me había vuelto loco desde que la conocí no hacía justicia al exquisito sabor que ahora inundaba mi lengua, con lo que ahora saboreaba. La sangre me calentó por dentro, haciéndome estallar de placer, un placer que jamás me habría atrevido a soñar que existiera.
Todo desapareció a mi alrededor, yo no estaba en ningún lugar, no había nadie allí, solo estaba el líquido cálido y delicioso que me hacía volar cada vez más alto en mi éxtasis.
Y cuando creía que podría entregarme a ese placer para siempre, cuando pensé que jamás había sentido nada mejor, un recuerdo golpeó mi mente, no era cierto, yo había sentido algo muchísimo mejor, algo que no tenía nada que ver con el deleite de los sentidos, sino con la felicidad de mi alma, el eco del recuerdo de tres palabras me devolvió a la realidad, la primera vez que escuché "Edward te amo", esas palabras siguieron resonando en mi cabeza, devolviéndome poco a poco al presente, inundándola de dulces recuerdos, su tacto, su entrega, sus labios…
Un regusto extraño tiñó el dulce sabor de la sangre, y volví a ser consciente de donde me hallaba, la habitación donde mi amor se estaba enfrentando a la muerte, ahora de mis propias manos.
- Edward – escuché que me llamaba.
- Está aquí a tu lado, Bella. – dijo alguien.
Quise separarme de la fuente que emanaba de su mano, y luché con la parte de mí que se resistía.
—Quédate, Edward, quédate conmigo...
Sus palabras me ayudaron a retirarme…
—Aquí estoy. – le dije agotado, confuso, pero aliviado por haber podido parar. La había salvado.
— ¿Has extraído toda la ponzoña? — me preguntó Carlisle.
—La sangre está limpia — dije más tranquilo —. Puedo sentir el sabor de la morfina.
Observé el rostro de Bella, su expresión había cambiado, del dolor a paz y agotamiento, tenía una suave sonrisa en sus labios.
— ¿Bella? — la llamó Carlisle.
— ¿Mmm? – contestó.
— ¿Ya no notas la quemazón?
—No —dijo con alivio—. Gracias, Edward.
—Te quiero. — le dije.
—Lo sé — dijo mientras suspiraba y volvía a hundirse en el sueño.
El alivio me embargó entonces, ella estaba bien, se quedaría conmigo, la había salvado. No pude evitar reír nervioso y feliz.
"Bien hecho hijo, lo has conseguido" pensó Carlisle.
— ¿Bella? — volvió a llamarla Carlisle de nuevo.
— ¿Qué?
— ¿Dónde está tu madre?
—En Florida. Me engañó, Edward. Vio nuestros vídeos. – dijo en un susurro.
Pero luego su expresión cambió, luchó por abrir los ojos.
—Alice. Alice, el vídeo... Él te conocía, conocía tu procedencia — volvió a caer en el sopor de su agotamiento, como si hablara en sueños dijo:
- Huelo gasolina.
—Es hora de llevársela —dijo Carlisle.
—No, quiero dormir —protestó.
—Duérmete, mi vida, yo te llevaré — le susurré al oído, mientras alzaba su liviano cuerpo entre mis brazos. —Duérmete ya, Bella.
