Los que fuimos nosotros
Capítulo 11
El timbre del recreo sonó. InuYasha se desperezó y a cambio del desperezo recibió un borrador en la cara.
- Taisho, mejor que estudie para el examen – Le dijo Bankotsu mirándolo seriamente.
- Keh, va a ver qué bien me va en su examen– Anticipó con un tono engreído el plateado y se retiró del aula.
InuYasha se dirigió lo más disimuladamente posible hasta la sala de proyecciones. Al llegar a ésta, cerró la puerta con suma delicadeza y debido a que estaba algo oscura se tropezó con una silla. Entonces, escuchó una risita. La reconoció y en sus labios se le dibujo una sonrisa.
- ¿Dónde estás? ¿Vamos a jugar a las escondidas? – Preguntó el colegial incitantemente.
- Puede ser… - Respondió la voz que no le pertenecía a otra que a Kagome - ¿Dónde estoy? – Y ella pasó rápidamente por atrás de él.
Cuando el joven sintió una presencia por sus espaldas, se dio vuelta bruscamente, pero con sus manos estiradas no pudo agarrar nada. Luego, pudo ver como algo que parecía una sombra se movía a pocos metros de él. Entonces se fue acercando y la figura se fue alejando, sin embargo no llegó lejos debido a que se tropezó y cayó al piso. InuYasha aprovechó para tirarse encima.
- ¡Kyaa, InuYasha me haces cosquillas! – Se reía Kagome al sentir los dedos del muchacho sobre su abdomen. Cuando paró de hacerlo notó que él buscaba su boca, pero no la encontraba y por esa razón le daba besos en sus mejillas o en su frente - ¿Te pone mal no poder verme?
- La verdad preferiría ver a la hermosa chica que tengo abajo mío, pero puedo sentirte – A decir aquello tomó un seno que estaba tapado por el uniforme que traía la negriazulina. Ella gimió - Hoy, me voy a conformar con sentirte – Y con otra mano tomó el otro seno y la chica volvió a gemir.
- Dame un beso – Exigió Kagome buscando la boca de su amante y al encontrarla los dos comenzaron a besarse mientras InuYasha seguía masajeando los pechos de la joven – Mejor paremos porque estamos en el colegio.
- Sí. No tengo ganas de ser expulsado en mi último año de Preparatoria – Respondió InuYasha soltando los senos y apoyando su rostro contra un hombro de su amante. La escuchó suspirar preocupadamente - ¿Qué pasa?
- Nada, es que me quedé pensando en lo que vimos hace dos semanas. A Bankotsu-sensei y a Lin bastante cercanos – Contestó ella con los ojos cerrados y acariciando el cabello del muchacho encima de ella.
- Sí. Yo también. ¿Será esa la razón por la que Lin andaba tan perdida? Y todavía sigue igual. ¿Tú piensas que están saliendo?
- No sé. Esperemos unos días más y veamos si notamos algo raro entre ellos dos – Habló la negriazulina abriendo sus ojos a la oscuridad del cuarto.
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Lin se encontraba tirada en la cama de su novio boca abajo con los muñequitos que se habían comprado el día anterior en la feria. Ella estaba jugando con ellos, parecía una niña de cinco años. Encima, cada tanto reía de una forma contagiosa, al igual que los niños. Cuando Sesshomaru llegó a la habitación se la quedó observando con su rostro frío, pero sus ojos cargaban un poco de ternura.
- ¿Volviste a la infancia? – Preguntó el joven mientras se sentaba en la cama.
- Puede que sí. Lo que pasa es que son tan lindos estos muñequitos – Decía la adolescente mientras hacía que los muñecos se diesen pequeños piquitos - ¿Cómo va a el negocio? ¿Muchas chicas?
- Sí – Respondió secamente.
- Mejor vuelve con ellas porque si no te van a buscar desesperadamente – Comentó Lin dándose vuelta para poder ver a su hombre. Éste no respondió y luego giró su rostro para encontrarse con el de ella - ¿Quieres un beso? – Él asintió. Ella se acercó hacia los labios de Sesshomaru y los besó con mucha pasión y éste no se quedó atrás cuando profundizó aún más el beso.
- Ahora sí tengo que seguir trabajando – Se levantó sin volver a verle el rostro a su novia y volvió al trabajo.
- Al final Sesshomaru no es tan frío como pensé – Reflexionaba la pelinegra mirando el muñequito del joven que sin duda fue una de las demostraciones más tiernas que tuvo con ella en esas cuatro semanas que llevaban saliendo.
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Pasó una semana y Lin iba después del colegio a la florería a ver a su amado Sesshomaru. Siempre tenían breves conversaciones y luego se besaban, se abrazaban y se quedaban dormidos en el cuarto del plateado.
Sesshomaru cada vez que despertaba y veía a Lin entre sus brazos durmiendo plácidamente, suspiraba y acercaba lo más que podía el cuerpo de la muchacha al de él. El joven tenía ganas de que pasara algo más que besos y caricias, pero por ella esperaría. Él la amaba. Él volvió a confiar gracias a ella. Ya que a Lin le tenía toda la confianza del mundo y sabía que no lo iba a abandonar como lo hizo aquella mujer. El amor que él sintió por esa mujer no era el mismo que el que sentía por Lin, pero era un tipo de amor.
Si InuYasha y Kagome la hubieran seguido todos los días que fue a la florería se hubiesen enterado de que ella estaba con el medio hermano mayor de InuYasha, pero no. Ellos la tuvieron que seguir, el lunes siguiente, uno en que la muchacha de cabellos negros se dirigía a otro lugar.
- Espero que le guste este regalo a Jako-chan. La verdad muy bueno el sensei al invitarme al cumpleaños de Jako-chan– Pensaba Lin dirigiéndose a la casa de Bankotsu con una bolsa en una de sus manos y con la mochila colgando de su espalda.
- ¡Mizuki! – Exclamó el profesor al verla de lejos – Menos mal que la alcancé. Sino iba a llegar a mi casa y no iba a ver nadie.
- ¿De dónde viene sensei?
- De comprar algunas bebidas y también compré gaseosa porque me dijiste que no tomabas alcohol – Sonrió el hombre. Ella le asintió riéndose.
A pocos metros de distancia, detrás de ellos y a un paso muy disimulado, estaban InuYasha y Kagome siguiéndolos.
- En verdad están juntos – Murmuró la negriazulina algo exaltada a su compañero.
- No lo puedo creer – Habló InuYasha con sus dos ojos muy abiertos de lo sorprendido que estaba.
En cierto momento, el profesor y la alumna pararon en un negocio de tortas, se adentraron en éste y los dos estudiantes que los seguían se quedaron afuera del local con sus cuerpos pegados contra una pared.
- ¿Qué hace aquí un idiota como tú? – Preguntó una voz sin emoción.
- ¡Sesshomaru! ¿Qué haces tú aquí? – Cuestionó el muchacho. Como era de esperárselo no le respondió – Keh, tan idiota como siempre. Vete que tengo que seguir viendo algo.
- ¿Viendo algo? ¿Están espiando a alguien? – Trató de indagar el joven levantando una ceja.
- Así es. Lo que pasa es que con tu hermano creemos que Lin sale con un profesor del Shikon Gakuen. Recién estaban juntos y acaban de entrar a este negocio – Explicó Kagome con suma tranquilidad.
- ¿Qué Lin qué? No, debe ser mentira. Ella jamás haría eso. Ella con su ideología del amor eterno nunca me engañaría – Pensaba Sesshomaru preocupado por el comentario que había hecho aquella jovencita.
- ¡Ya quiero llegar a tu casa y brindar! – Exclamó Lin muy entusiasmada.
- ¿Tan ansiosa estás? Estoy seguro que nos vamos a divertir mucho – Habló Bankotsu sonriéndole tiernamente y pasándole una mano por la cabeza.
Cuando Sesshomaru vio esa imagen, sus dos ojos dorados se abrieron bruscamente. Se quedó parado en el lugar tan sólo unos segundos, pero para él fueron eternos. Un viento hizo que sus cabellos danzarán en el aire. Nuevamente lo habían engañado, le habían mentido.
Lin le había dicho que jamás tuvo un novio debido a que tenía miedo a que la lastimarán, lo mismo le ocurría a él. Pero, en ese momento, él la vio con otro hombre tan feliz y encima no le mencionó nada de que salía con algún amigo. Pero un profesor no era un amigo. Ella lo estaba engañando. ¡¿Cómo pudo confiar de vuelta? Era un estúpido. Lo habían vuelto a traicionar.
- Sesshomaru, ¿Qué te pasa? – Preguntó el medio hermano menor al ver que el mayor estaba perdido.
El hombre de cabellos plateado no respondió, sólo se retiró del lugar yendo hacia el lado contrario al que iban su supuesta novia y su "amante".
- Estaba raro tu hermano – Mencionó Kagome con un dedo sobre sus labios.
- Siempre fue raro – Dijo InuYasha pasando sus brazos por los hombros de la negriazulina y la acercó a él.
- ¡Lin, tú no te vas a salir con la tuya! – Pensaba el joven con un rostro que cambió de uno frío a uno lleno de expresión. Pero no era una alegre, sino que era una expresión de furia – ¡Ya vas a ver! ¡Yo te amo y tú te vas con otro! ¡Yo soy el estúpido que se dejó llevar por una cualquiera como tú!
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Ya eran las once de la noche y en la casa de Bankotsu no quedaban invitados. Sólo él, Lin y el cumpleañero. La adolescente limpiaba la mesa donde habían comido, mientas que el profesor acomodaba parte del living que había sido desordenado por sus amigos.
- Mi primer cumpleaños rodeada de gays – Pensaba sonriendo la pelinegra.
- Es una lástima que hayas venido directo del colegio al cumple – Comentó Jakotsu a la chica – Yo quería que te pusieras algunas de mis prendas. ¡Espero que el día en que me vaya te pongas alguna!
- ¡Por supuesto Jako-chan! – Río Lin.
- ¡Mi terroncito de azúcar, muchas gracias por la fiesta que me preparaste! – Exclamó el afeminado mientras abrazaba con fuerza a su novio - Dame un beso - Y así los dos se besaron, pero no se dieron aquellos apasionados debido a que estaban cerca de Lin.
- Bueno, creo que me tengo que ir – Habló Lin.
- ¡Yo también, mañana tengo un examen de dibujo! – Dijo Jakotsu con su voz extrañamente aguda - ¡Muchas gracias de vuelta mi amor! - Y se despidió de Bankotsu.
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En el camino hacia su hogar, Lin sacó una carta que le había escrito con muchísimo amor a Sesshomaru.
- ¿Para quién es la carta? – Preguntó el hombre con una expresión pícara.
- Para mí novio. Lo que pasa es que dentro de veinte minutos cumplimos un mes – Sonrió la pelinegra.
- ¡Kyaa! ¡Qué ternura! - Exclamó Jakotsu - Haber, déjame verla – La muchacha se la dio y éste comenzó a leerla.
Lin estaba tan distraída pensando en si Sesshomaru se acordaría o no de su primer mes que se pasó de su destino que era la florería.
- ¡Jako-chan, te dejo! – Se despidió volviendo para atrás. Sin duda estaba muy distraída ya que se le olvidó que e había dado la carta a Jakotsu. Éste también estaba tan asimismazo en su mundo que ni se percato que llevaba algo en las manos.
Lin tocó el timbre de la florería e inmediatamente Sesshomaru le abrió la puerta. Era como si la estuviese esperando. Ella entró a la tienda y quiso darle un beso su novio, pero él le corrió los labios. La adolescente se sorprendió y más cuando sintió como el joven la tomaba de la mano y la llevaba a su cuarto. Pero esa vez, la mano de Sesshomaru no era tan delicada.
Llegaron a la habitación y él cerró la puerta y comenzó a desabotonarse la camisa de mangas cortas blancas que llevaba puesta.
- ¿Qué haces? – Preguntó Lin inocentemente, pero algo preocupada.
El joven hombre no le respondió, se quitó la camisa y dejó al descubierto su pecho desnudo.
- Acuéstate – Habló el plateado y señaló la cama. Ella negó con la cabeza – Por favor, acuéstate– Volvió a negar.
Sesshomaru tomó bruscamente de las muñecas a Lin y la tiró en la cama. Ella gritó del dolor que sintió cuando el aprisionó sus muñecas.
- ¡Te dije que te acostaras! – Exclamó el joven mirándola con furia a los ojos.
- Sesshomaru, ¿Qué te pasa? – Preguntó la pelinegra muy asustada y con lágrimas en los ojos.
- ¿Qué me pasa? ¡A ti qué te pasa, puta! – Gritó y le pegó una cachetada - ¡Ahora estás con tu profesor! – Le seguía gritando mientras sostenía las muñecas que estaban pegadas a la cama, al igual que la indefensa chica – Yo te amo y tú me engañas… ¡Eres una puta! ¡Me mentiste al igual que ella! – Gruño volviéndole a pegar una cachetada.
- ¡Para por favor! - Volvió a recibir otra cachetada. Lin ya estaba llorando. Además esa era la primera vez que el muchacho le decía que la amaba. Pero lamentablemente no fue en la situación más romántica.
Sesshomaru soltó las muñecas de Lin y sus manos se dirigieron a sus senos. Los estrujó con fuerza e hizo que ella gimiera, pero del dolor. Luego arrancó la playera del uniforme dejándola únicamente con el corpiño. La chica de tristes ojos chocolates se quiso tapar, pero él corrió sus brazos para los costados y le arrancó el corpiño.
- ¡Para! ¡No quiero! ¡No quiero! – Gritaba desesperada la muchacha. Por esa razón recibió otra cachetada.
Lin comenzó a cansarse de gritar y patalear. Sus brazos se quedaron a cada lado de sus caderas y en ese momento Sesshomaru comenzó a sobarle los senos, luego se agachó para poder saborearlos en su boca.
- No, por favor – Murmuraba Lin aún llorando. El joven no le hizo caso y comenzó a saborear uno mientras que con una mano masajeaba al otro. Los pezones de Lin estaban duros por el estimulo que le brindaba por un lado la lengua del plateado y por el toro las manos de éste.
Sesshomaru estaba sumamente excitado y subió un poco más su cuerpo para que sus pelvis quedaran a la misma altura que la de Lin. Cuando quedaron, el subió la falda que tenía ella, le separó tan sólo un poco las piernas para así poder introducirse entre ellas.
- ¿Sientes esto? ¿Lo sientes? ¿También te lo hizo sentir ese profesor tuyo? – Preguntaba el muchacho de cabellera plateada mientras hacía presión contra ella y luego subía y bajaba para que la chica de cabellos negros sintiera la dureza que se refregaba en su sexo tapado por su ropa interior.
- Por favor, no me hagas esto… No, por favor – Lloraba desconsoladamente Rin.
Sesshomaru seguía refregando su dureza sobre la intimidad de ella, y cuando quiso hacerlo más rápido, decidió bajarse los jeans que tenía puestos dejándolo en boxers y siguió sobando con su sexo, el sexo de la indefensa chica.
Cuando Sesshomaru quiso quitarle la prenda intima, Lin pegó un grito y justo en ese momento entró alguien a la habitación.
- ¡Jakotsu, Jakostu! – Lloriqueaba Lin casi sin fuerzas.
- ¡Déjala animal! – Exclamó el hombre que acaba de entrar. Sesshomaru inmediatamente se separó de Lin. Jakotsu se quitó su camisa fucsia y se la colocó sobre el desnudo y tembloroso pecho de Lin – Vamos Lin. ¡Y tu pedazo de infeliz, toma la carta que te escribió! ¡No sé por qué hiciste esto, pero lo único que sé es que eres una basura! – Exclamó Jakotsu yéndose con una destrozada muchacha.
Sesshomaru abrió la carta y la comenzó a leer.
Sesshomaru:
No sé con qué palabras expresar lo feliz que soy. Sí, sí, ¡Soy muy, pero muy, pero muy feliz! Conocerte a ti fue una de las mejores cosas que me pudo pasar. Eres una persona verdaderamente especial y los vas a seguir siendo toda mi vida. Fuiste el que me dio mi primer beso y sin duda eres mi primer amor. Perdón si esta carta suena muy cursi, pero no sé cómo explicar mis sentimientos, ¡Gomen!
Por cierto, si te preguntas por qué hoy no fui al local después del colegio, lo que pasa es que con un amigo íbamos a prepararle una fiesta a Jakotsu, mi vecino. Igual dudo que preguntes. ¡Tienes que empezar a hablar más seguido! Jaja. Bueno, ya me fui por las ramas…
Sin saber que más decir, excepto que te amo, me despido.
Muchos besos en tus labios, Lin.
Sesshomaru comprendió todo y una terrible angustia lo invadió.
Continuará…
