¡Hola a todas/os!

Aquí os dejo el siguiente capítulo. Ya veréis que se trata de algo rarísimo pero me ha gustado particularmente escribirlo. Se trata de un lapso de tiempo del que no se habla absolutamente nada en la serie, ni en el manga. El tiempo que Trunks estuvo muerto.

¡Que lo disfrutéis!

PD: en el texto se nombran unas prendas de ropa, el kimono y el haori. Aquí están exactamente las que me inspiraron para escribir sobre ellas:

Kimono:

http : / i23 . photobucket . com /albums/b397/XOXOYou_And_I_CollideXOXO/Anime% (sin espacios)

Haori:

http : / www . otokonokimono . com /gentei/img/haori_ (sin espacios)


Silencio. Un enorme vacío le rodeaba. No había luz, ni viento, ni sonidos. No había ningún rastro de vida. Sentía que flotaba en aquella inmensa oscuridad y la sensación era parecida a permanecer sumergido en el agua.

Estaba completamente solo, y sin embargo, no tenía ningún temor. Sentía una paz inmensa que se había aposentado en su cabeza y su corazón y no había ningún pensamiento, ni ningún recuerdo que le atormentara.

No sabía cómo había llegado allá, pero ahí estaba, rodeado de una oscuridad insondable. El único recuerdo que le venía a la mente era una luz cegadora. Un rayo de luz amarilla acercándose peligrosamente sin que él pudiera hacer nada. Luego, un intenso dolor en su abdomen, y poco después… nada. Silencio.

¿Dónde estaba? Y lo más importante… ¿Quién era él?

Aquel ser comenzó a recuperar la consciencia de sí mismo y trató de mirar a su alrededor. No conseguía ver nada, como tampoco conseguía ver sus propias manos, ni sus pies. Aquella oscuridad iba más allá de su entorno y penetraba en lo más profundo de su ser.

Giró varias veces en el aire y todos los ángulos eran iguales. Sólo con pensarlo comenzó a avanzar, sin rumbo, sin destino aparente. No sabía qué buscaba, no sabía qué había pasado anteriormente, ni siquiera estaba seguro de si había habido algún pasado, algún tiempo anterior. Tenía la sensación de acabar de nacer, pero de algún modo, sabía que no era así. El ser sabía que había sido alguien, y sabía que había tenido un pasado. Pero no lo recordaba.

De pronto, justo delante de él comenzó a vislumbrar una luz. Se trataba de un minúsculo punto blanco que nació de la nada. Poco a poco, aquella pequeña luz creció, y se convirtió en dos esferas luminosas que adquirían a cada momento que pasaba unas dimensiones mayores. Los bordes de aquellas esferas se difuminaban con la oscuridad pero su centro brillaba intensamente.

No sabía cuánto tiempo había pasado, pero las pequeñas esferas ya tenían el tamaño de una persona, y de repente, en el centro de cada una empezó a apreciarse una silueta. El ser que antes había estado solo, sintió en algún punto de su esencia una especie de descarga que le invadió de una nostalgia inexplicable. Trató de fijarse bien en las figuras que se vislumbraban en la luz, y éstas comenzaron a adquirir forma humana. En seguida, unos brazos y unas piernas se hicieron fácilmente reconocibles. Una era una silueta femenina con el cabello largo y ondulado cayendo en cascada sobre su espalda y sus hombros, y su rostro poseía una belleza extrema. La otra era una forma masculina, más alta, con el cabello oscuro. El cuerpo de la primera figura, menudo y grácil, estaba cubierto por un kimono de una tela muy delicada y del mismo color que la luz que lo envolvía, con bordados en rojo, azul y rosa, la silueta masculina vestía con un haori gris con cinturón blanco.

El solitario ser no sabía quienes podían ser, aunque intuía que ya había visto aquellos rostros. Las brillantes figuras se hicieron visibles del todo, y, aunque permanecían con los ojos cerrados, comenzaron a moverse, lentamente.

- ¿No nos recuerdas? – dijo la mujer. Su voz reverberaba en aquel espacio vacío de todo, pero era cálida y suave. El ser etéreo, se sintió reconfortado al oírla, pero aún la miraba extrañado. - ¿No te acuerdas de mí? – Repitió la triste mujer. – Entonces… ya está todo perdido – Continuó, con tristeza en la voz.

El ser intangible trató de hablar, pero no logró emitir ningún sonido. Se acercó más a aquel rostro que le resultaba tan familiar, y comenzó a experimentar en su propia esencia la tristeza que invadía a la bella mujer.

- Hemos pasado tantas cosas juntos… - dijo ella – ahora estás aquí, lejos del mundo que conocimos, y… Me prometiste que volverías sano y salvo – El ser continuó acercándose a la bella muchacha. El dolor que experimentaba la mujer invadía su propia esencia como miles de cuchillos clavándose en él. El cabello, castaño claro, flotaba a su alrededor como la suave hierba ondea por el efecto del viento. La segunda figura permanecía inmóvil en el mismo lugar donde había aparecido y le miraba. Aquellos ojos negros, aquel rostro sereno… Los conocía, estaba seguro de que los conocía. Pero ¿de qué? Él parecía muy fuerte, y ella se veía tan frágil… Quizás en ellos estaba la respuesta al porqué él estaba allí.

- Intenta recordar – Le animó el hombre. Su voz estaba llena de tranquilidad y paciencia, y el ser, tenía la impresión de haberla escuchado antes muchas veces, hablándole, enseñándole… Sin darse cuenta, había flotado tan cerca de la mujer que se encontraba justo delante de su rostro, por el cual resbalaban las lágrimas que nacían de sus ojos cerrados. Y de pronto los abrió.

- Prometiste volver.

Cuando el etéreo ser vio sus ojos, aquella invisible e inexplicable barrera que le separaba de sus recuerdos se rompió en mil pedazos, y sintió calor brotando en cada punto de su esencia. Sintió de nuevo su cuerpo, experimentó aquel último dolor sentido, y al hacerlo, su garganta estalló finalmente en un grito ensordecedor que le hizo perder de nuevo el aliento, como lo había perdido antes de llegar a aquel extraño lugar. Por fin, sintió sus manos, sus piernas, su rostro, las lágrimas resbalando por sus mejillas y aquella punzada en el costado que le impedía respirar. Tras recuperar poco a poco el aliento, miró hacia abajo, iluminados por la luz que emitían las dos figuras, vio por fin sus piernas, sus brazos, su cuerpo. Nervioso, se palpó la cara, la cabeza, los hombros, volvía a tener un cuerpo tangible, y… reparó en la herida que tenía en el costado. Pese a la armadura que llevaba, un agujero le atravesaba el cuerpo por completo y la sangre resbalaba hacia sus piernas. Pero de repente, aquella punzada cesó, y no sintió más el dolor pese a aquella horrible visión de su propio cuerpo destrozado. No sintió el daño que aquella herida debía estar ocasionándole.

Sorprendido, el ser volvió a observar los ojos de aquella muchacha. La visión de aquellos ojos provocó una reacción demoledora en él que le hizo recuperar su maltrecho cuerpo, el cuerpo que había tenido antes de llegar a aquel oscuro lugar. La muchacha le miraba triste, y sus ojos verde turquesa estaban provocando en el ser sensaciones inexplicables.

Él observó al hombre moreno que se hallaba a su lado. Seguía sonriéndole y la expresión de su rostro le resultaba demasiado familiar. El ser miró a la muchacha interrogativamente. Se acercó más a ella y la miró fijamente. Levantó una de sus manos y sus dedos se entrelazaron en su cabello, que se deslizaba como si se tratara de pura seda.

- … Os conozco – le dijo a la muchacha en un susurro. Ella sonrió levemente. La muchacha acarició el rostro del ser con el dorso de sus dedos, sonriendo.

- Dilo. – Le rogó ella, entre susurros. – Di nuestros nombres.

De pronto, una lucidez desconocida hasta aquel momento invadió su mente, y pudo discernir con claridad la identidad de aquellas misteriosas personas.

- Arien… y Gohan - Susurró él. Y como por arte de magia, el viento se levantó con violencia alrededor de las dos figuras, y éstas sonrieron, felices, permitiendo a la brisa apoderarse de sus cabellos y sacudir su ropa, alejándolas repentinamente de él.

Y la oscuridad cesó. En su lugar el azul del cielo más puro inundó todo a su alrededor, iluminándole a él, cegando brevemente sus ojos azules y haciendo brillar su cabello lavanda. Y como un mazazo, la verdad entró en su cabeza volviendo a ser consciente de sí mismo, de quién era, y de cómo había llegado allí. Y la verdad era tan demoledora y tan triste, que si él hubiera tenido los pies en el suelo, habría caído de rodillas, sin fuerzas para sostenerse en pie.

- Estoy… muerto - Se decía él mismo – …muerto. Cell, me ha matado. – Trunks, miró a la chica una vez más y estiró las manos, tratando de alcanzarla.

- Yo te habría esperado siempre. – Se lamentó ella – Habríamos vivido tantas cosas juntos. Lo único que anhelaba era pasar la vida junto a ti. Y ahora ya no te veré nunca más.

- Yo… lo siento… ¡Gohan! – Gritaba él, estirando sus brazos cada vez más. Pero Arien y Gohan se alejaban y no podía alcanzarlos. – Por favor, ¡no os vayáis!

- No temas. Ahora que nos has recordado, permaneceremos siempre en tu interior – Le dijo Gohan, mientras también se alejaba de Trunks, siguiendo a Arien en aquel vuelo etéreo.

- Siempre estaré junto a ti. – Le dijo Arien, suavemente, comenzando a desaparecer - Aunque no me veas. Siempre estaré contigo.

Eran las mismas palabras que pronunció en la grabación que guardaba de ella. Y tras aquellas palabras, la luz volvió a brillar con fuerza alrededor de ella y de Gohan, haciendo desaparecer sus cuerpos y dejando a Trunks de nuevo sólo en aquella inmensidad.

Trunks se quedó un rato en silencio, mirando a su alrededor, buscando a sus queridos amigos. Sentía una congoja enorme, en su corazón. ¿Cómo pudo permitir que Cell le tocara de muerte? No debió bajar la guardia.

De pronto la corriente de aire se levantó de nuevo a su alrededor, formando un remolino cada vez más potente. Trunks cerró los ojos, aquel potente viento le molestaba, y notó que comenzaba a arrastrarle dentro del remolino. En seguida, se halló en el interior del tornado girando frenéticamente, y sin poder hacer nada por detenerse o por escapar de allí, una fuerza misteriosa le mantenía atrapado en el ojo de aquel huracán y no podía luchar contra ella. No supo cuanto tiempo estuvo girando en el aire pero, de repente, cayó al suelo estrepitosamente.

Trunks abrió los ojos y lo que vio le dejó aún más extrañado de lo que ya estaba. Se encontraba en una habitación en la que unas extrañas personas con la piel morada iban y venían, bulliciosas, cargando cajas y papeles. Parecía una oficina, y ante él, un enorme escritorio se levantaba, majestuoso. Algo flotaba sobre su cabeza y Trunks miró arriba para ver de qué se trataba. Llevaba sobre su cabeza una aureola dorada. Del otro lado del escritorio se escuchó una voz grave diciendo:

- Número 2.897.450. Trunks Briefs… Un momento… "Muerto en manos de Cell mientras luchaba por proteger la tierra" – Se oyó un estrepitoso sonido, provocado por las patas de una gigantesca silla al arrastrar en el suelo, unos pasos dieron la vuelta al escritorio, y ante Trunks apareció la persona que había estado sentada en el escritorio. Era un ogro horripilante y gigantesco, con barba oscura y la piel de un tono rojizo. Vestía formalmente, con un traje azul y una corbata roja. En la cabeza llevaba una especie de casco vikingo con cuernos.

- Hola… Soy Trunks. – Se presentó El joven haciendo una reverencia ante el elegante ogro.

- Hacía mucho tiempo que no pasaba nadie por aquí con un informe de vida como el tuyo. Dice que has sido una persona valiente, buena, y dispuesta a sacrificarse por la vida de los que te rodeaban. Perdiste la vida luchando para defender a la humanidad. No cabe duda de cual será tu destino a partir de ahora. Pero, dime ¿cómo está la situación allá abajo? – Le preguntó el ogro, interesado. Trunks no sabía quién era aquel personaje pero por alguna extraña razón le inspiraba mucho respeto.

- Pues, no puedo explicarle mucho, señor. Lo único que sé es que Goku se sacrificó para eliminar a Cell, y éste, finalmente volvió a aparecer frente a nosotros. El sacrificio de Goku no sirvió de mucho.

- ¡¿Goku ha muerto? – Se sorprendió el ogro – ¡Eso es horrible! Pero, ¿Cómo es que no ha pasado por aquí?

A su alrededor, los hombres celestes se detuvieron en sus quehaceres y observaron la preocupación de la enorme figura. Algunos comenzaron a susurrar entre ellos, y varios comentarios llegaron sin querer a los oídos de Trunks: "¿habéis oído? ¡Goku ha muerto!", "Enma-Daioh está muy preocupado", "Sin Son Goku protegiendo la Tierra, ¡puede que hayan más víctimas!"

- ¡Silencio! – Gritó Enma Daioh mirando a su alrededor, provocando que los hombrecillos volvieran apresuradamente a sus tareas.

- No hace falta que te preocupes tanto Enma. – dijo una voz desconocida para Trunks - Ya ha pasado todo.

En el aire, apareció una enorme bola de cristal y sobre ella se mantenía sentada una anciana diminuta, que los observaba con los ojos entrecerrados.

- ¡Uranai Baba! – Exclamó Enma Daio al verla.

- ¡Esa soy yo! – dijo la bruja Baba como respuesta. – Goku no ha pasado por aquí porque él tiene ya acceso directo al cielo, Enma. Además ya está con Kaioh Sama… Cell también se lo llevó por delante a él.

- No… - negó Enma Daio, retrocediendo un paso y agitando la cabeza de lado a lado, con frustración. – Kaioh Sama, muerto. Esa noticia sí que no me la esperaba.

- Es una gran pérdida, efectivamente. Pero no debemos olvidar que, vivo o muerto, Kaioh sigue siendo el rey de la galaxia norte y seguirá ejerciendo como tal, aunque sus capacidades y poderes se verán menguados.- Aclaró la bruja. Y, dirigiéndose de nuevo al muchacho, Uranai siguió hablando – Pero no todo son malas noticias. El hijo de Goku, el pequeño Gohan, ha acabado con aquel monstruo y ha devuelto la paz a la Tierra.

- ¿Gohan ha matado a Cell? – Exclamó Trunks, sonriendo – ¡Finalmente lo ha conseguido! – dijo, entusiasmado.

- Sí, con una pequeña ayudita de su padre desde el otro mundo (de lo cual tendré que hablar con Goku luego), pero el peligro ya ha terminado. – Explicó la bruja. Tras un momento de silencio, reparó en Trunks y dijo - Ahora que pienso, si tú formas parte del grupo de amigos de Goku, probablemente te resuciten gracias a las bolas de dragón, y si es así, tus amigos deben estar a punto de invocar a Shenron. Así que, no creo que sea necesario que entres al cielo ahora, si Enma está de acuerdo, te acompañaré a la estancia intermedia, para que esperes el momento de volver a la Tierra. – El ogro asintió una vez con la cabeza y se dirigió nuevamente a su escritorio.

- Señora… tengo una pregunta - Trunks se sentía bastante perdido con aquellos personajes y en aquel desconocido lugar. Uranai se giró para mirarle y descendió hasta quedar a la altura de los azules ojos del muchacho. - Entonces, ¿estoy en el cielo?

- En el reino de los muertos, para ser exactos. Esto, no es el cielo. Para acceder a él, debes pasar el juicio previo en el que se valoran tus acciones y propósitos buenos con respecto a los malos. Si tu parte buena supera la mala, accedes al cielo, pero si no es así… Pasarías el resto de la eternidad en un lugar no tan agradable. – Explicó Uranai.

- Uranai – Dijo Enma Daioh, con expresión seria- Si no te importa, explícale al muchacho lo que quiera saber mientras le acompañas a la sala intermedia. Acabo de recibir el siguiente informe, se acerca el número 2.897.451. Es mejor que Trunks se vaya de aquí, ahora. – Y dicho esto, Enma se levantó de su silla y se sacó la chaqueta, realizando varios estiramientos de brazos y piernas.

- ¡Oh no! – exclamó Uranai, alarmada – Hijito, sígueme – dijo dirigiéndose a Trunks – Por aquí, deprisa.

- De acuerdo – Accedió Trunks extrañado. Y ambos comenzaron a desplazarse rápidamente a través de los hombrecillos celestes.

Cuando llegaron a la sala intermedia, Baba ya le había explicado quién era Enma Daioh y qué hacía allá. Así que a Trunks sólo le quedaba preguntar una cosa.

- Uranai, antes de llegar al despacho de Enma Daioh, estuve en un lugar muy extraño. Al principio no tenía cuerpo ni recordaba quién era, pero luego recuperé mi cuerpo y mis recuerdos, y en aquel lugar estaban también dos de mis amigos más queridos. ¿Qué lugar era ese?

- Me temo, jovencito que no puedo ayudarte demasiado. – contestó la bruja – Ese lugar se halla en tu propio subconsciente, cuando tu alma está cruzando la frontera entre la vida y la muerte, pero no conozco demasiado acerca de él. En el mundo de los vivos, muchos lo llaman El Limbo, y lo único que sé es que en él, las almas se enfrentan a sus deseos y sentimientos más profundos y fuertes, y algunas también con sus propios miedos. – Respondió Uranai, pensativa. – Supongo que esos amigos que viste son las personas que más quieres, o las que ya no están contigo. Y el hecho de no recordar tu propio pasado muestra un secreto temor a quedarte solo, y no ser recordado por nadie. – Uranai, guardó silencio entonces y Trunks no habló más. Aquello que la vidente le dijo le dejó profundamente consternado. ¿Miedo a quedarse sólo?... Nunca se había planteado algo así. – Vaya, presiento que ya ha llegado la hora. En cualquier momento tu alma será convocada por Shenron, así que será mejor que vuelva con Enma, necesitará toda la ayuda posible para controlar al número 2.897.451. Ese Cell puede resultar un problema…

Trunks se volvió súbitamente hacia Uranai con los ojos muy abiertos, sorprendido por lo que le acababa de decir. La bruja seguía hablando pero Trunks percibió algo que le impedía seguir escuchándola. Un golpe sordo. Y luego otro, y otro más. Aquel ritmo de golpes graves crecía mientras su visión se volvía borrosa. Trunks creyó notar algo en su interior. Posó una mano sobre su pecho y vio que aquellos golpes provenían de allí. Era su corazón, latiendo de nuevo.

De pronto, sintió que el suelo se desvanecía bajo sus pies, y comenzó a caer en picado sin poder controlar su caída. No veía nada a su alrededor, y una sensación de ahogo comenzó a invadirle. Cerró los ojos, y tras caer durante un tiempo indeterminado, chocó de espaldas contra una superficie. De la impresión, abrió los ojos y se incorporó.

Cuando consiguió enfocar su visión, vio a su alrededor a Yamcha, Son Gohan, Krilin… Todos sus amigos estaban allá, mirándole entusiasmados, felices de que hubiera vuelto con ellos de nuevo. Trunks había resucitado, y estaba en el palacio de Kami Sama. Le costó un momento volver a ser consciente de que estaba vivo, miró su costado y a través del agujero de la armadura manchada de su propia sangre vio su piel, sin rastro de heridas. Había vuelto, y allí estaban todos sus amigos, y lo mejor era que el monstruo Cell había desaparecido para siempre de aquel mundo.


¿Qué os ha parecido el capi? ¡Espero que os haya gustado!

En el siguiente capítulo Trunks se preparará para volver a su mundo, destruir a los androides, y reencontrarse con su madre y con su amor. n.n

¿Sucederá todo así de fácil y rápido? Algo me dice que Arien no estará esperando en casa tranquilamente... ¡Esta chica es un nervio! ¬¬'

Amo vuestros comentarios, así que porfavor, ¡regaladme algunos de ellos! :P