Bueno... como en el foro me pidieron un epilogo para este fic y me parecio buena idea, pues lo hice y aqui lo pongo!

Aviso de escenas subidas de tono y muchas chorradas varias...

Besos y gracias a los que dejasteis reviews!!! ^^

Epilogo

- Tio, en serio… lo tuyo con los caballos es muy grave…

- Oh, pierdete. – Dean rio alegre. Su risa hizo cosquillas en el cuello a Sam, que iba sentado delante suyo en el caballo.

La cosa habia sido muy simple. Los Winchester aceptaron un caso en el rancho vecino al de Jeff, cinco meses después del trabajo del Cancerbero. El viejo ranchero habia comentado con su vecino Erik la ayuda que les presto los cazadores con su problemita y este le confeso que tenia uno igual de extraño en su propiedad. Asi que Jeff le paso el telefono de Dean y Erik les llamo para que averiguaran que ocurria en su granero que a veces volaban las cosas.

Los chicos acabaron con el polstergueist del granero en menos de una semana, pero ambos recibieron algunas heridas leves, por lo que Erik les dejo una cabañita de cazadores que estaba cerca de su propiedad para que descansaran y asi agradecerles la ayuda. Incluso les ofrecio sus caballos por si algun dia querian dar un paseo por la propiedad. A Sam la idea no le hizo maldita la gracia. Dean estuvo encantado de la vida, por supuesto.

Era el segundo dia después de la caceria, las heridas de ambos ya estaban casi curadas y Dean quiso salir a cabalgar. Sam no, pero no quiso que el mayor fuera solo, asi que lo acompaño. Y ahí fue cuando una maldita ardilla se cruzo en el camino de Sam y su caballo y este se encabrito y lo tiro al suelo para, acto seguido, salir al galope como si en vez de una ardilla hubiera visto a Lucifer en persona.

- Estupidos caballos que se asustan de una tonta ardilla… - Dean se volvio a reir con la boca pegada al cuello de su hermano. A Sam le recorrio un escalfrio cuando se lo beso.

- Los caballos son animales muy asustadizos, Sam. Y si el que los lleva va acojonado, pues peor que peor…

- ¡Yo no iba acojonado!

- Noooo, que va…

- ¡Estupido! – gruño el pequeño, enfurruñandose.

- Nenaza. – susurro Dean, pegandose mas a el y acariciandole la entrepierna. Sam trago en seco.

- Nos vas a tirar al suelo, tarado. Quedate quieto. – casi gimio. El otro rio.

- No me da la gana, perra… - Dean le desabrocho los vaqueros y metio como pudo la mano dentro de la ropa interior de su hermano.

- No, en serio, Dean. No eres mas difícil porque no entrenas. – rio, girandose como pudo para besarle. El mayor le devolvió el beso con ganas.

- No soy difícil. No puedes esperar que tenga tu culo entre mis piernas y no haga nada.

- Dean. Cabaña. Espera a llegar a la cabaña, joder. – gruño cuando Dean empezo a acelerar el ritmo. Pero el mayor no paro, sino que encima le mordio el cuello.

- Cabaña, no. Que esta muy lejos. Aquí. – Sam se separo un poco y le miro con incredulidad.

- ¿En el caballo? ¡Tu estas majara!

- No, gili. Ahí en ese claro. Baja del caballo. Ahora. – le ordeno Dean, desmontando de un salto.

- Pe… pero… ¡Dean! ¡Joder con tus salidas extrañas! ¿Aquí? Tu ves demasiado porno, en serio. ¿Y si viene alguien?

- Tranquilo. Si viene alguien le cobraremos por el espectaculo. – Sam estaba que bufaba. Si no fuera porque iba con una ereccion del veinte por culpa de Dean, le habria mandado a la porra de buen grado. Pero… ¡ey! El era, a pesar de lo que su hermano llevaba diciendole mas de veinticinco años, un tio y ahora mismo no pensaba con la cabeza de arriba. Y alguien tenia que bajarle eso y ya.

Dean sonrio, tumbado en la hierba y le hizo un gesto para que se acercara. Sam lo hizo, hasta que estuvo lo bastante cerca como para que tirara de el hacia el suelo. Se acomodo entre las piernas del mayor a la vez que lo besaba. Dean empezo a desabrocharle la camisa y a meter las manos bajo la camiseta buscando piel que acariciar.

Sam se peleaba con los vaqueros del mayor. Cuando le dio el primer mordisco en el cuello y Dean temblo, al pequeño se le calento la sangre y su cerebro solo podia procesar "Pantalones malos. Fuera. ¡Ya!" y consiguio salir victorioso de su batalla particular con el cierre de los pantalones de Dean y los mando bien lejos, no sabia a donde exactamente.

- Joder, tio… - empezo a protestar Dean, pero fue interrumpido por Sam que le volvio a lamer la garganta, obligandole a morderse los labios para no gemir. Porque el es un Winchester y es un tio y ellos no gimen. Punto. – Como me pierdas los vaqueros y tenga que volver en calzoncillos, te capo. – Sam rio y le siguio atacando el cuello sin piedad a la vez que le empezo a acariciar el miembro desnudo, porque le estaba viendo aguantarse los gemidos. Y si hay algo que a Sam le encante y le vuelva loco son los gemidos que Dean no quiere dejar escapar porque los considera de chica y esa voz ronca que pone cuando le pide que le deje el cuello en paz de una puñetera vez.

- Nunca. – le dice cuando el mayor protesto, besandole en la boca para callarlo. A esas alturas la ropa estaba en todas partes menos en su sitio y los dos cuerpos se frotaban buscando algo de alivio.

- Oye, enano, que esta vez me tocaba a mi… - gruño, sintiendo dos dedos de Sam entrando despacio en su cuerpo.

- De eso nada. – Sam empezo a mover los dedos en circulos, lenta y tortuosamente, consiguiendo uno de esos ansiados gemidos del mayor. – Hoy me toca a mi.

- ¡Y una mierda! – protesto. – Tu lo hiciste la ultima vez. Esta me tocaba a mi. – no es que no lo este disfrutando. Al contrario. Pero molestar y discutir con Sam esta entre las diez cosas que mas le gustan. Entre esto y los donuts glaseados. Sam se rie. Sam siempre se rie cuando estan haciendolo y Dean aun no le encuentra el chiste al asunto, pero, oye, si a el le hace gracia…

- La ultima me la debias. – susurro Sam, con la cara hundida en su cuello y sustituyendo los dedos por su miembro. Dean hizo una mueca, pero no rechista. – Hagamos un trato. En la proxima tu me haces lo que te de la gana.

- Esta me la pagas, niñato… - ahora si. Ahora si gime. Sam estaba embistiendo dentro de el y Dean seguia pensando que es lo segundo mejor que ha sentido jamas. – La proxima vez te voy a dejar tan hecho polvo que no te van a quedar fuerzas ni para replicarme.

- Promesas, promesas… pero dime, Dean, dime que es lo que me vas a hacer, anda… por curiosidad. – el mayor solto una risa mezclada con un gemido. Sam esta en modo torturador on y le estaba matando con esas embestidas lentas y profundas. Lo hacia a proposito, el muy cabron.

- Eres un salido hijo de perra, ¿lo sabias? – Sam paro de moverse, fingiendo un mohin disgustado.

- ¡Tio! ¡Retira eso!

- ¡Ni de coña! ¡Es la verdad!

- Vale, pues ahora te quedas a medias. – le espeto aguantando la risa y cruzandose de brazos. Dean parpadeo incredulo.

- Estaras de guasa, ¿no?

- No. Para nada. – cuando el pequeño hizo amago de separarse, Dean le rodeo la cintura con las piernas, aprisionandole.

- Te juro por la carroceria del Impala, que como no te muevas, te mato, enano. – Sam tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no soltar una carcajada a pesar de que la voz amenazadora de su hermano le puso los vellos de punta. Dean se habia incorporado hasta quedar casi sentado, asi que Sam se inclino un poco hacia el para besarlo.

- Luego diras que soy yo el que no tiene sentido del humor, Dean.

- Hay tres cosas con las que no se bromea, Sammy. La caza, el coche y el sexo. – Sam rio de nuevo y volvio a embestir, esta vez a un ritmo distinto, mas rapido e intenso, porque ya estaba que reventaba. Llevo su mano a la entrepierna de Dean y empezo a masturbarle o si no acabaria antes y eso si que no. Para ellos todo era una competición, incluso el sexo. Y el que acababa el ultimo, ganaba y escogia el proximo postre. Era una chorrada, pero a ellos les gustaba.

Sam consiguió su objetivo : que Dean se corriera primero y casi gritando su nombre. Aunque el le siguió medio minuto después y de igual manera.

Se dejo caer a su lado, rendido y tratando de recuperar el aliento, sin ningunas ganas de moverse de ahí. Se estaba bien, tumbado en la hierba, oliendo las flores y…

- ¡Joder! ¡Que peste!

- ¡La ostia! ¡Me cago en…! ¡Sam! ¿Has sido tu? ¡Tio, estas podrido!

- ¡Yo no he sido, capullo! Habra sido una mofeta.

- ¡Oh, sus desnudas Winchestezas! ¡Que alegria encontrarles al fin! – los dos chicos se sentaron de golpe para encontrarse frente a ellos a Nessbiros, el demonio azulado que se llevo al cancerbero al Infierno. Decir que se quedaron de piedra era quedarse corto.

- ¡El pitufo! – Sam aun tuvo tiempo de hacer una mueca a su hermano antes de volver la vista hacia el demonio.

- ¿Nessbiros? ¿Qué coño haces tu aquí? – le pregunto, tratando de ponerse los calzoncillos a la pata coja.

- Buscandoles, obviamente, sus Winchesteridades. Aunque no esperaba encontrarmelos… asi. Llevo un buen rato esperando a que terminaran. No queria interrumpir. – a ambos chicos se les subieron los colores.

- ¡Tu! ¡Demonio pervertido de pacotilla! ¿Qué cojones hacias espiandonos? – bramo Dean, ya con los pantalones puestos y peleandose con la camiseta. Nessbiros tambien se sonrojo. O sea, todo lo que se puede sonrojar alguien con la piel azul, claro.

- ¡Yo no estaba espiando! Aunque la señorita Valefor queria que les grabara… ¡pero no lo hice! Yo venia a… pedirles ayuda. – los chicos se quedaron congelados, a medio vestir.

- ¿Estas de guasa?

- ¿Qué clase de ayuda? – pregunto Sam, ignorando a su hermano.

- ¡Sam! ¡Es un demonio!

- ¡Dean! No pasa nada por preguntar, ¿sabes? – el mayor gruño, pero cedio. Sam se volvio otra vez hacia el demonio. - ¿Qué clase de ayuda, Nessbiros?

- Er… veran, sus ya vestidas Winchestezas… es que mi señora Astaroth y la señorita Valefor estuvieron jugando con Pelusa y…

- ¿Pelusa?

- El cachorro de mi señor Lucifer… ya saben… es que atraparon la otra vez. – Dean estallo en carcajadas nada mas oirle.

- ¡Espera, espera! ¿El perro de Lucifer se llama Pelusa? ¡No me jodas! – Nessbiros se enfurruño al ver al cazador partiendose de la risa. Sam tuvo que morderse la lengua para no hacer lo mismo que su hermano pero aun asi no pudo contener una sonrisa.

- Si. Fue un regalo de mi señora y de Valefor. A ellas les parecio muy divertido ponerle ese nombre.

- ¡El perro de Lucifer se llama Pelusa! – Dean seguia a lo suyo, casi rodando por el suelo de la risa. Sam puso los ojos en blanco y paso de el.

- Eso es fascinante, pero no aclara que haces aquí.

- Es que, después de jugar con ella un rato e irse, se dejaron la puerta de la perrera abierta y alguien dejo una grieta abierta tambien… y Pelusa, pues… se ha escapado. – eso si consiguió que Dean dejara de descojonarse de la risa.

- ¿Cómo que se ha escapado? ¿A dónde? – casi rugio. Nessbiros se encogio un poco ante el tono.

- Aquí. Al mundo de los vivos.

- No me jodas… ¿otra vez?

- Por eso vine a buscarles. La ultima vez la encontraron enseguida. – Dean termino de vestirse y fue a por el caballo.

- Vamos, Sammy. Tenemos trabajo que hacer.

Ahora, si, Fin!!!!!!