Nota: Muchísimas gracias a jessyriddle y kawaiigiirl, las únicas dos personas que me comentaron el capítulo pasado. Espero que este tenga un poco de mejor recepción :P
Parece que Scorpius está entrando en conflicto con sus sentimientos, como se habrán dado cuenta con el capítulo pasado. ¿Cuánto creen que tardará en darse cuenta lo que realmente le sucede? ¿Y le dirá en algún momento Albus lo que siente?
(Por cierto, no recuerdo cuándo suelen ser los primeros partidos de Quidditch, pero aquí es la primera semana de noviembre).
Once
—Soy un idiota, ¿verdad?
Albus iba enredado en una bufanda verde y plata que le cubría buena parte de la cara, así que entender lo que decía resultaba particularmente difícil, más que nada debido a todo el jaleo que había alrededor. Estaban a mitad del partido de Quidditch de Gryffindor contra Slytherin, que abría la temporada de Quidditch del colegio. La gente no paraba de gritar de emoción cuando un cazador se encontraba particularmente cerca de marcar un tanto, o de abuchear a los bateadores de Gryffindor que impedían a Scorpius, el buscador, acercarse demasiado a la Snitch.
Pese a todo eso, sin embargo, Rachel lo había oído perfectamente. Pero eso no impedía que dejara de prestarle atención al partido, mientras no paraba de llevarse ranas de chocolate a la boca. A Albus le sorprendía que aquella chica comiera tantas golosinas y aún así mantuviera un cuerpo esbelto. No era de extrañar que los chicos de su curso la encontraran atractiva. Que Scorpius la encontrara atractiva. Aunque su amigo ya le había aclarado que entre ellos dos no pasaba nada, claro…
—¡Eh, Wood! ¡¿Sabes dónde puedes meterte el bate?! —gritó Rachel, alzando el puño, cuando uno de los gemelos Wood lanzó una bludger que casi tira a uno de los cazadores de Slytherin de la escoba—. Sí, eres un idiota —le dijo entonces Rachel, volviéndose hacia él—. Pero igual te perdono —agregó, encogiéndose de hombros.
El tema era que pese a que Scorpius se había preocupado de aclararle que él no estaba saliendo con Rachel ni nada por el estilo (Albus lo había encontrado bastante extraño), al principio no le había creído. Por ende, había tratado a Rachel con bastante indiferencia durante un par de días, hasta que una mañana, después de una clase de Pociones doble, la chica se había cansado, se lo había llevado a un rincón y le había dicho que entendía que le gustara Scorpius, pero que a ella no, así que mejor la dejaba de tratar tan distante.
En aquel momento, Albus se había quedado de piedra. Rose ya le había dicho que resultaba bastante evidente que le gustaba su amigo y que no entendía como el propio Scorpius no había caído aún en la cuenta. Albus agradecía que así fuera. Estaba bastante seguro de que su amigo era completamente hetero y que, de enterarse lo que él sentía, su relación se tornaría aún más extraña de lo que ya era.
Después de lo que había sucedido (o mejor dicho, no había sucedido), entre Albus y Lysander en la fiesta de Halloween, Scorpius se había mostrado mucho más interesado en recuperar la amistad que parecían estar perdiendo. Albus había hecho de tripas corazón y había puesto lo mejor de sí para que eso sucediera, pese a que se seguía negando a revelarle sus sentimientos a su amigo. Ayudaba mucho el hecho de que Scorpius ya no estuviera saliendo con nadie más. Aunque lo de Rachel había estado cerca.
—¡SIIIIIÍ! —exclamó Rachel, mientras comenzaba a saltar, extasiada.
De repente, Albus se vio envuelto entre abrazos y vítores de triunfo. Cayó entonces en la cuenta de que Scorpius había atrapado la snitch, lo cual significaba la victoria para Slytherin. Y él se lo había perdido por haber estado tan sumido en sus pensamientos, ¡qué estúpido! Aún así, abandonó las gradas, con una sonrisa grande de felicidad, para ir a felicitar a su amigo a como de lugar.
Scorpius, que estaba siendo aclamado por sus compañeros de equipo, los abandonó en cuanto vio que Albus y Rachel se acercaban hacia él. Albus no pudo evitar pensar en lo sexy que se veía con el uniforme de Quidditch puesto, el cabello rubio alborotado por el viento y esa sonrisa tan perfecta que le adornaba el rostro. Lo vio correr hacia ellos y de repente se vio envuelto en un profundo abrazo que primero le cortó la respiración y luego provocó que sus mejillas se encendieran al rojo vivo. Si alguien le preguntaba, lo atribuiría al frío.
—¡Fe-felicitaciones! —sonrió, en cuanto Scorpius lo soltó.
—Gracias —le dijo él, todavía con su enorme y encantadora sonrisa.
A su lado, Rachel rodó los ojos.
Saludos
Alex.
