N. A: Antes que nada quiero disculparme por la extrema tardanza para actualizar. Primero, porque no me decidía a escribir este capitulo; y cuando al fin me decidí, no podía estar más de cinco minutos seguidos ante la computadora porque ya llegaba alguien a quitármela. Fue un triunfo terminarlo, pero al fin esta listo. En lo particular me gusta cómo ha quedado, pero me encantaría conocer su valiosa opinión al respecto, así que NO se olviden de escribirme un review (por cierto, agradezco muchísimo a todos y cada uno de ustedes por los comentarios que me han dejado, en especial a Clau Black, jejeje... disculpa la demora). Ahora sí, sin más que añadir, espero que disfruten la lectura.

Siempre Puro.

Capítulo 11.

La noche estaba cayendo sobre Londres. Una densa neblina comenzaba a invadir cada rincón de la ciudad, y lo que empezó siendo una débil brizna se había convertido en una lluvia de gruesos goterones que golpeaban con fuerza la ventana de la pequeña y acogedora habitación alquilada a nombre de Remus J. Lupin en el Caldero Chorreante.

El dueño del lugar, un hombre de estatura media y ademanes apresurados, caminaba de aquí para allá cerrando las cortinas y encendiendo el fuego de la pequeña chimenea sin dejar de mirar a Remus con aire preocupado.

-¿Estás seguro de que te encuentras bien, chico? -preguntó el hombre por enésima vez.

-Sí, no se preocupe por mí, por favor. Solo estoy algo cansado y aturdido por el viaje con los polvos flu, Aún no logro acostumbrarme a viajar así, ¿sabe?... -dijo Remus con voz de circunstancias.

Sirius pensó que su lobo mentía muy bien ya que Remus estaba más que habituado a viajar por ese medio. Entonces él añadió:

-Además, el frío nunca le ha sentado bien. Es posible que pesque un resfriado, así que me quedaré esta noche para cuidar de él.

El hombre fijó sus pequeños ojos en Sirius durante unos segundos para evaluarlo. Ante sus ojos, Sirius parecía un príncipe con ese porte aristocrático y aquella túnica tan elegante. Aún así, el hombre miró a Remus como si esperara que este aprobara las intenciones del joven de larga cabellera negra. Al ver que el chico asentía con una ligera sonrisa, el dueño del lugar solo dijo:

-De acuerdo. El calor de la chimenea y un poco de chocolate te ayudaran -dijo el dependiente del lugar mientras veía cómo Remus se acomodaba con disimulado cuidado en el sillón que se encontraba cerca de la ventana- Acompáñame, chico -añadió dirigiéndose a Sirius- Tú traerás el chocolate y te daré algunas mantas extras para tu amigo. Yo tengo otros clientes que atender…

El hombre salió de la habitación y Sirius lo siguió, no sin antes guiñarle un ojo a su chico.

El lugar era silencioso a pesar de que el pub que se encontraba en la planta baja del local estaba atestado de gente. Remus pensó que probablemente el dueño habría hecho un hechizo silenciador entre ambas plantas para evitar que el ruido generado por el pub molestara a quienes deseaban descansar en las habitaciones, pues lo único que se lograba escuchar era el golpeteo de la lluvia contra el tejado y las baldosas.

Remus suspiró y recostó la cabeza sobre el sillón sintiéndose adolorido pues los efectos de la maldición cruciatus aún aquejaban su cuerpo, y las heridas que la reciente luna llena le había dejado todavía ardían un poco. Quería cerrar los ojos para descansar pero, cuando intentó llevarse la mano al rostro para apartar un largo mechón de cabello que caía sobre sus ojos, sus dedos se enredaron entre los suaves pliegues del pañuelo de seda que Sirius le había puesto en el cuello. La deliciosa fragancia del chico de ojos grises que aún estaba impregnada en él se alborotó al instante, y al percibirla tan intensa, Remus sintió que un agradable cosquilleo lo recorría de pies a cabeza aminorando un poco el dolor y el cansancio que sentía en su cuerpo.

Con movimientos lentos comenzó a desatar la prenda de su cuello, pero al ver los rastros de sangre que la manchaban las palabras que Stella le había dicho a Sirius llegaron a su mente.

"¿Qué es lo que ves en él?... es solo un sangre sucia insignificante y estúpido…"

Esas palabras empezaron a resonar en su cerebro con fuerza. Remus se levantó despacio dejando la corbata de seda sobre el sillón mientras se preguntaba si en realidad era insignificante. Entonces se miró a sí mismo pensando en que esa hermosa túnica que llevaba puesta no le pertenecía, Lily la había empacado para él, pero no le pertenecía. Miró a su alrededor pensando en que esa habitación la alquiló con el dinero que James había puesto en aquel paquete porque él era un chico pobre que ni siquiera tenía una cuenta en Gringotts como todo el mundo. Fue entonces cuando pensó que Stella había tenido razón. Él no tenía nada que ofrecer. No tenía nada que pudiera considerarse valioso, y encima era un licántropo sin un futuro claro. En cambio Sirius… Sirius lo tenía todo como bien había dicho Stella. "Una inmensa fortuna, una posición encumbrada" ..., y lo había dejado todo por él, por alguien que no valía nada.

Al llegar a esa conclusión se sintió miserable. Sin más, empezó a desabotonarse la dorada túnica mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos.

-¿Cómo pude ser tan tonto? -decía para sí- ¿Cómo pude dejarme llevar por mis impulsos…?

Remus se quitó la hermosa túnica y la depositó junto a la corbata de seda. Se descalzó y se sentó en la cama vistiendo solamente una delgada camiseta blanca y los pantalones. Lloraba desconsoladamente cubriéndose el rostro con las manos cuando Sirius entró a la habitación llevando una manta color avellana bajo su brazo izquierdo y en la mano derecha una bandeja con un par de tazas humeantes cuyo contenido emanaba un delicioso aroma.

Al ver que Remus lloraba mientras musitaba palabras incomprensibles, Sirius se asustó y de inmediato dejó la bandeja sobre la mesilla que estaba junto a la cama. Extendiendo la manta, fue hacia él para envolverlo con ella.

-Moony, ¿qué te pasa?... ¿por qué lloras? -preguntó preocupado mientras lo abrazaba cobijándolo cuidadosamente- ¿Aún duele…?

Remus apartó las manos de su rostro mientras negaba con la cabeza. Miró a Sirius y, sin decir nada, comenzó a deslizar sus dedos sobre los bellos relieves dorados que adornaban la hermosa túnica azul turquí que Sirius vestía mientras este lo miraba confundido.

-Moony, ¿qué pasa?... Dime por qué…

-Son hermosos -interrumpió Remus sin apartar sus dedos de los finos bordados- Es una túnica magnífica. Preciosa. Debió costar una fortuna, ¿verdad?...

Sirius no comprendía por qué las lágrimas corrían por el bello rostro de su chico mientras hablaba del costo de su túnica, y de pronto se fijó en que la esplendida túnica que Remus había llevado estaba sobre el sillón.

-Podría decir que esa túnica fue un regalo de Lily -dijo Remus viendo que Sirius se había fijado en ella- Yo jamás podría comprar algo así…, y en cuanto a esta habitación..., diría que la he alquilado gracias a la generosidad de James porque yo no tengo…

-Pero, Moony -lo cortó Sirius tratando de encontrar su mirada-, ¿qué importa todo esto ahora?

-Importa, y mucho, Sirius -dijo Remus con un tono firme- Importa porque soy poca cosa para ti. Importa porque soy un hombre lobo que no tiene nada que dar. Importa porque solo soy un sangre sucia insignificante y estúpido…

-¡Por Merlin, Moony! -exclamó Sirius- ¡No puede ser que Stella te haya hecho tanto daño! … No solo te lastimó con la varita sino también con sus palabras…

-Stella no dijo nada que no fuera cierto, Sirius. Por culpa mía has dejado a tu familia, tu casa, tu fortuna, todo… Es posible que a estas horas tu madre te haya desconocido como su hijo y yo no lo valgo, Sirius. He sido un tonto al buscarte. Si tan solo me hubiera controlado un poco…, si hubiera controlado al lobo yo no habría salido corriendo tras de ti como un idiota enamorado…

-Es suficiente -interrumpió Sirius soltando al chico de cabellos castaños y poniéndose en pie, lo que provocó que la manta con la que lo había cobijado resbalara sobre los hombros de Remus- Esto es solo una túnica -dijo con voz firme pero suave mientras se la sacaba de encima- Es solo ropa elegante y nada mas... En cuanto a mi familia, el dinero y la posición social -siguió diciendo mientras se desabotonaba la chaquetilla dorada-, me da igual. Nada de eso vale para mí. En Grimmauld Place siempre fui un intruso, así que en realidad no he perdido nada…

Sirius volvió a sentarse junto a él llevando únicamente los pantalones y la blanca camisa de seda.

-… Respecto a que tú seas un mestizo..., sabes que eso nunca me ha importado, Remus -dijo mirándolo fijamente a los ojos mientras limpiaba las lagrimas del chico con su dedo pulgar- Y me da igual que no tengas dinero.

-Pero soy un licántropo…

-Lo sé, Remus, y no me importa que lo seas -aseguró Sirius con un tono sutil acariciando su mejilla y acercándose cada vez más a él- Si no hubiera sido porque el lobo te impulso a buscarme, tú y yo no estaríamos juntos ahora.

-Por favor, Sirius. Comprende que el lobo me domina cada luna llena y eso es algo que nunca podré cambiar...

-Sé que el lobo forma parte de ti. Sé que duele llevarlo dentro, y debe doler aún más si lo llevas solo. Por eso te pido que me dejes estar contigo… Déjame ayudarte a que deje de doler un poco.

Sirius se aferraba a él como si temiera que el chico pudiera escurrirse de sus dedos en cualquier momento. El silencio empezaba a caer entre ambos, pero Sirius no había cedido. Seguía mirándolo a la espera de una respuesta.

-Podrías arrepentirte, Sirius -respondió al fin Remus en un susurro bajo y débil- Podría pasar que…

-Jamás me arrepentiré -dijo Sirius completamente seguro- Nunca lo lamentaré porque tú eres un chico excepcional, Moony. Solo tienes que dejar atrás el pasado. Que no te importe si soy un Black o no, si mi madre me ha desheredado o no… ¡Olvidémonos de toda esa basura!… Olvídate de Stella, ignora sus palabras y déjame ayudarte a olvidar el dolor que te causo. ¡Por favor! -rogó Sirius con un tono vehemente sin dejar de acariciar el rostro del chico- Déjame intentarlo..., dejame demostrarte que puedo amarte como nadie lo hará jamás.

Sin apartar ni por un instante sus hermosos ojos grises, que se hallaban presos de un brillo intenso, de aquella mirada ámbar dorado, Sirius añadió:

-Moony, yo… estoy perdidamente enamorado de ti. Te quiero más de lo que puedas imaginar -afirmó tajante- Y sé que tú también me quieres…, me lo dijiste antes de aquel beso…, dijiste que me amabas, ¿lo recuerdas?

Remus asintió mirándolo fijamente a los ojos. Sirius sonrió y añadió:

-Y…, recuerdas ese beso, ¿verdad? -preguntó colocando su mano derecha en la nuca de Remus.

Sin esperar respuesta Sirius lo atrajó y lo besó despacio, muy despacio… casi como esperando la reacción del chico, quien correspondió de inmediato al sentir que la lengua caliente de Sirius comenzaba a deslizarse lentamente sobre su labio inferior. Sin embargo, antes de caer en ese abismo de sensaciones que Sirius despertaba en él cada vez que lo besaba, Remus apeló al último atisbo de razón que le quedaba para apartarse un poco de él y murmurar:

- ¿Estás… seguro de esto?

-Bastante seguro -respondió Sirius mirándolo con los ojos cargados de cariño- Todo lo que quiero eres tú. No sabes cómo te eché de menos cuando Stella nos separó… -Sirius hablaba mientras colaba su mano libre bajo la camiseta del chico de cabellos castaños- … Te necesito, Moony, y sé que tú también me necesitas.

Cuando la mano de Sirius entró en contacto con la piel de su espalda, Remus se estremeció y sin pensarlo más cedió por completo dejando que Sirius lo besara mientras él comenzaba a desabotonar su camisa de seda, misma que terminó en el suelo junto a las otras prendas. Al sentir que los largos dedos de Remus empezaban a serpentear sobre su torso desnudo, Sirius se apartó un poco y se apresuró a sacarle la camiseta con cuidado para luego tenderse sobre él sin dejar un solo palmo de distancia entre ellos.

Tendido sobre la cama y con el cuerpo de Sirius sobre el suyo, Remus había caído ya en aquel abismo de sensaciones. Un abismo que se hacía cada vez más profundo e interminable debido a que el chico de largos cabellos negros no cesaba de tocar ni de besar su piel de una forma tan tierna y a la vez tan apasionada que lo enloquecía. Sirius había dejado su boca y, bajando por su cuello, llegó hasta su pecho, y ahora recorría con su lengua aquella larga, reciente e hipersensible cicatriz que comenzaba cerca del hombro izquierdo y terminaba cerca del pezón derecho provocándole una sensación bastante placentera.

Mientras Sirius se entretenía lamiendo con suma delicadeza aquella marca, Remus desató la cinta que Sirius llevaba en el cabello. Al instante este se soltó liberando una exquisita fragancia que provocó un estremecimiento intenso en lo mas profundo de su ser. Aquel aroma lo había atormentado desde tercero, cuando Sirius se aproximaba demasiado; en quinto, cuando salía de la ducha después del quidditch… Ahora podía disfrutar de él mientras Sirius lo acariciaba lentamente y susurraba su nombre con un hilo de voz. Cautivado por la manera en la que Sirius pronunciaba su nombre, Remus tomó el rostro del chico entre sus manos y atrayéndolo lo besó con desesperación aferrandose a su espalda tal y como un moribundo que desea vivir se sostiene con todo de su último aliento.

Pero pronto besarlo ya no era suficiente y, sin detenerse a pensar, dejó de besar para comenzar a morder. Mordió aquí y allá, el cuello, los labios, los brazos… Mordía suavemente mientras sus manos corrían libres por el resto del cuerpo que siempre había ansiado, y Sirius se dejaba hacer pues su cerebro estaba totalmente intoxicado por la fragancia que Remus desprendía.

Electrizantes. Esa era la palabra que Sirius buscaba para describir las sensaciones que le producían los besos, las caricias y los mordiscos que Remus le daba. Sublime…, para explicar el efecto que el roce de la blanca piel le provocaba, y esperaba estar a la altura de tales sensaciones. Deseaba provocar en Remus el mismo efecto. Había besado su boca, su torso, sus manos así como la mayoría de las cicatrices del chico…, había recorrido cada centímetro de piel que estaba al descubierto para besar todas y cada una de ellas, desde las más antiguas hasta las más recientes, a estas ultimas dedicó un cuidado sumamente especial pues no quería dañarlo; y ahora estaba de vuelta en su boca, adentrándose en cada recoveco y devorando aquellos labios para memorizar su sabor.

De pronto, Sirius se apartó al sentir la mano de Remus dentro de sus pantalones. Lo miró sorprendido, y Remus susurró con voz entrecortada:

-Dime, Paddy ¿es que acaso no tienes… la intención de… ir más allá?

-¿Te refieres a…?

Remus asintió sin dejar de mirarlo. Sirius sintió que su sangre se prendía, pues eso era lo que había estado deseando desde que llegaron al Caldero Chorreante, sin embargo, sabía que la luna llena estaba muy reciente, y además estaba consciente de que Remus no se encontraba en condiciones debido a los efectos de la maldición cruciatus. Por ello se había conformado solo con besarlo, con tocarlo, con llenarse de su olor..., se conformaba con grabar en su mente el sabor de sus labios y de su piel, con sentir esa fricción que producía el roce de su cuerpo contra él. Todo con tal de no dañarlo.

Así que dijo:

-Moony, estar contigo de esta manera ha sido mi sueño desde que entendí lo que causas en mí, pero… podría lastimarte si lo intentamos. La luna llena acaba de pasar; y luego ese cruciatus... Tu cuerpo no...

-No me digas que no lo resistiré -lo cortó Remus completamente serio, como si le molestara la sola insinuación de fragilidad- Te sorprendería lo mucho que podría resistir, Black -añadió al final con una sonrisa.

Sirius también sonrió.

-Quiero intentarlo -sentenció el castaño- Por favor. -Mirando a Sirius a los ojos pidió- Quiero sentirte dentro de mí, Paddy.

Sirius deseaba complacerlo, pero temía hacerle daño. Al ver la duda en la mirada de Sirius, Remus lo atrajó despacio y musitó:

-Por favor -volvió a pedir, acompañando el ruego con un movimiento de caderas que envió deliciosas descargas de placer directo al cerebro de Sirius cuando la dura erección de Remus rozó la suya- Te lo he dicho, no soy tan frágil como piensas…, no me voy a romper, Paddy. Esta noche quiero ser tuyo, completamente tuyo. Además, sé que tú también lo deseas tanto como yo, así que, por favor… hazlo.

Sirius no pudo seguirse negando. Era verdad que lo deseaba como a nada en el mundo. Así que lo hizo.

Al poco tiempo, los suspiros y los gemidos de placer de ambos amantes se unían al ruido generado por las gotas de lluvia que golpeaban el tejado. Sirius se movía lentamente al principio imponiendo un ritmo acompasado y suave. El chico de cabellos castaños se hallaba en la cumbre del éxtasis, y preso de un delirio vehemente enlazó con fuerza entre sus piernas las caderas de Sirius y pidió:

-Más…, dame más, Paddy.

Al escucharlo, Sirius embistió con más fuerza contra las caderas del chico que ahora musitaba su nombre entre jadeos entrecortados.

El animago, estando al borde del clímax, se inclinó sobre él para mirarlo a los ojos y, al verse reflejado en aquellos iris dorados, murmuró:

-Te quiero, Moony.

Afuera, el frío y el aguacero causaban estragos entre los transeúntes, pero en aquella pequeña habitación los cuerpos completamente desnudos de ambos amantes ardían consumiéndose en pasión pura, enredándose uno en el otro, fundiéndose hasta volverse uno, y deshaciéndose de placer entre el sudor y el calor que cada uno de ellos emanaba al alcanzar el primer alucinante y maravilloso orgasmo de la noche.

Continuará…