11. Infancia

Ed revolvió los cajones de Roy buscando algo que ponerse. El primero contenía solamente la ropa interior y calcetines, mientras que el segundo camisas y el tercero pantalones.

Debajo de todas las camisas de vestir encontró unas cuantas chombas y sudaderas, mientras que todos los pantalones del tercer cajón eran o jeans o de hacer ejercicio.

Dio unos cuantos pasos hacia la derecha y abrió otros cajones, los cuales contenían la ropa de Riza.

Sin pensarlo por más tiempo tomó una camiseta de mangas cortas y un pantalón que llegaba hasta debajo de la rodilla. Su ropa sucia la dejó tirada, hecha un lío, en un rincón. Se sacó los zapatos y los calcetines y los dejó cerca de las otras prendas.

Ahora estaba mucho más cómodo, y salió de la habitación atándose el cabello en una trenza, ya que la cola estaba empezando a aflojarse.

Se encontró a Winry leyendo una revista sobre el sofá, con las piernas cruzadas. Al notar la presencia del chico la rubia levantó la vista y le sonrió.

- Te queda bastante bien – dijo ella.

- No sé de qué te sorprendes, si hace mucho que dejé de ser bajito.

Winry notó el mosqueo del rubio y decidió seguir clavando el dedo en la llaga.

- Sí, bueno, es que todavía no me acostumbro, y creo que con los tacones soy un poquito más alta que tú.

- ¡¿Ah, sí?! ¡Póntelos ahora mismo y lo comprobemos! – Winry soltó una risita divertida.

- Muy bien…

Se calzó las sandalias que estaban en el suelo y se acercó hasta Ed, parándose a su lado. El rubio elevó una mano sobre su cabeza y la llevó lentamente hasta la de Winry.

- ¿Ves? Soy más alto – era cierto.

- Claro, haciendo trampa, sí.

- ¡¿Cómo que trampa?!

- Bajaste la mano.

- ¡No lo hice!

- Sí, claro…

- ¡Winry!

La rubia no lo aguantó más y soltó una enorme carcajada.

- ¿Qué es lo gracioso ahora?

- Ay, Ed, eres igual a como eras cuándo éramos niños.

- ¿A-A qué te refieres? – Ed no entendía nada.

- Nada, nada…

- Tú mejor que nadie sabes que crecí… Y mucho.

- Sí, así es… - dijo ella, tranquilizándose después de las carcajadas.

Ambos se quedaron en silencio durante unos segundos, cada uno abstraído en su propio mundo. Gracias a la mención de su infancia, ahora Ed podía poner en marcha su plan sin más preámbulos.

- Oye, Win, ¿recuerdas cuándo éramos muy pequeños, cuando Al y yo solíamos ir a jugar a tu casa?

- Claro que sí. ¿Por qué?

Ed soltó una risita.

- ¿Recuerdas todas las travesuras que hacíamos?

Los ojos de Winry brillaron al recordar lo que el chico decía.

- Cómo no recordarlas – Ed rió enérgicamente.

- ¿Recuerdas aquella ocasión en la que nos pusimos a jugar con la ropa de la abuela Pinako?

- Sí, el moretón del golpe que dio la abuela te duró casi una semana – respondió, riendo.

- Sí… vieja arpía. Recuerdo que ese día nos disfrazamos enteros y nos pusimos a bailar en el salón. Como a mí no me salían los pasos y a Al sí, le tiré un almohadón y así comenzamos una batalla campal…

- ¡Es cierto! Dejamos el suelo cubierto de plumas y luego las amontonamos y nos tiramos encima, armando una carpa con una sábana.

- Así es. Y nos pusimos a dibujar. Y recuerdo que fue ahí cuando Al y yo nos pusimos a discutir quién se casaría contigo.

Silencio incómodo. Ed la miraba fijamente y Winry tenía los ojos clavados en sus pies, sumamente colorada.

- Por supuesto que luego entró la vieja esa y nos arruinó toda la diversión.

- Bueno, prácticamente deshicimos la casa.

- Mmm… puede ser.

Otra vez se quedaron en silencio, sólo que ahora Ed miraba nostálgico por la ventana.

- ¿En qué piensas? – le preguntó ella, un tanto temerosa por la respuesta que podía llegar a producirse.

- Que me gustaría revivir aquella tarde.

Ed se levantó y se dirigió a la cocina, con Winry siguiéndole los pasos con una expresión de incomprensión en la cara.

- ¿A qué te refieres?

- A eso – Ed sacó del refrigerador un poco de queso, un par de tomates, jamón y dos hojas de lechuga. Luego se dirigió hasta donde se guardaba el pan y sacó dos – Sería divertido hacer eso una vez más.

- Pero Ed… - mientras ella hablaba, él preparaba dos emparedados – Esta casa no es nuestra y… tampoco son nuestras cosas…

- Bueno, Roy nos encerró aquí, ¿no? Que se atenga a las consecuencias.

Puso un emparedado en cada plato y le tendió uno a Winry. Ella lo aceptó, agradeciéndole.

- No sé… no me parece…

- ¿Qué cosa? ¿Correcto? ¡Al diablo con eso! ¡Vamos a actuar como un par de niños y divertirnos sanamente un poco!

Mientras terminaban su comida Ed siguió diciendo cosas del mismo estilo. Winry sólo lo miraba, sin terminar de convencerse. Además, por otra parte, la rubia no quería que Ed la viera como una niña… Ya no.

- Listo. ¿Vamos?

Ed comenzó a caminar hacia fuera de la cocina, pero ella no se movió.

- ¿Qué estás esperando?

- Yo…

- Ven aquí – la tomó de un brazo y prácticamente la arrastró hasta el dormitorio de los recién casados – Muy bien, nuestro principal objetivo es encontrar la vestimenta vergonzosa. Todo el mundo tiene ropa que prefiere mantener escondida, ya que no puede deshacerse de ella porque son algún regalo de una abuela o tía.

- Ed…

- Vamos, tú busca en la parte de Riza y yo en la de Roy, ¿sí? – y enérgicamente se dirigió hasta el armario y comenzó a revolver las cosas.

Winry, arrastrando los pies, hizo lo mismo. Abrió las puertas del armario de Riza y se encontró con todas las cosas ordenadas y limpias. Pero, mirando bien, divisó una caja de color verde oscuro en el fondo. Ahora le estaba entrando curiosidad. Se estiró un poco para alcanzarla y la acercó hasta sí. La abrió y vio un vestido dentro.

Era de un color entre verde oscuro y negro, y la tela era bastante rara. Frunciendo el ceño, asentó la caja sobre la cama y tomó el vestido por los hombros. Lentamente lo fue levantando, y cuando lo sacó por completo, no sabía si reír o llorar.

"Maldición", pensó la chica. "Ed tenía razón".

Frente a ella se encontraba la prenda más ridícula que había visto en su vida. El vestido estaba lleno de volados, puntillas y moños; era digno de alguna dama pomposa de hacía dos siglos atrás. Al parecer era de la talla de Riza, y al estar guardado en su armario no le cabía ninguna duda al respecto.

- Vaya, así que ya encontraste algo – dijo Ed. Cuando miró bien lo que Winry tenía en las manos, y al ver la expresión de la chica, se puso a reír como si nunca lo hubiera hecho - ¿Lo ves? ¡Te lo dije! Oh, no puedo creer esto… ¡Sigamos buscando! – y se puso a revolver con más afán las cosas de Roy.

A Winry aquello pareció motivarla, puesto que dejó el horrendo vestido sobre la cama y se lanzó una vez más al armario.

- ¡Oye, mira esto! – dijo Edward, extrayendo algo de la parte de Roy. Era un pantalón de vestir con cuadritos, digno de un payaso – Parece que el futuro Führer tiene una salida laboral pensada por si lo echan del ejército.

Ambos soltaron una carcajada.

Y así siguieron buscando, hasta que por fin hallaron todas las cosas: además del vestido y el pantalón, encontraron una camisa de Riza que al parecer era de su bisabuela y una corbata de Roy de muy mal gusto.

Dejaron todas las cosas sobre la cama y se quedaron viéndolas, en silencio.

- Oye… - dijo Winry, jalándole la manga - ¿Y si nos probamos eso?

Edward la miró con una sonrisa divertida.

- De acuerdo, pero no vale sacar ninguna foto.

Winry tomó rápidamente el vestido y se dirigió al baño de la habitación mientras que Ed, cuando la chica ya hubo cerrado la puerta, se sacó el pantalón que tenía puesto para probarse aquel.

Un par de minutos después, Ed llamó:

- Oye, Win, ¿no necesitas ayuda? Quizás una grúa sea conveniente para ayudarte a ponerte eso.

La chica soltó una carcajada.

- Podría ser, pero… sólo necesito que le subas el cierre a esta cosa.

Ed casi se quedó petrificado.

Winry salió del baño con aquella cosa horrible puesta.

- ¿Me ayudas?

Y dio media vuelta, sujetándose el cabello. Ed, con algo de torpeza, llevó sus manos hasta la base del cierre y lentamente comenzó a subirlo. Mientras lo hacía, sus ojos seguían la línea de la espalda de la joven… El recuerdo de aquella piel lo volvía loco.

- Listo – dijo apenas, cuando hubo terminado.

- Gracias – dijo ella, con una sonrisa - ¿Y bien? ¿Cómo me veo?

Ed notó el sarcasmo.

- ¿De veras quieres una respuesta?

Ella lo golpeó en el brazo, bromeando.

- Mejor no digas nada, payasito Ed.

El rubio se miró y se rió.

- Pobres… No quiero ni pensar de dónde sacaron estas cosas.

Ambos comenzaron a reír enérgicamente.

- Win… Winry… Te ves… Como María Antonieta… - dijo Ed, entre carcajadas.

- Y tú… tú te ves… como un paisano del siglo diecinueve…

A ambos ya les dolía la panza de reírse tanto.

- Muy bien… entonces… - Ed se puso pie y levantó a Winry, tomándola de la mano - ¡Bailemos!

Y se pusieron a dar vueltas por toda la habitación. Mientras lo hacían chocaron contra una mesita, dos paredes, tiraron un cuadro al suelo y casi se caen ellos.

- De lejos… lo menos parecido a un baile en mi vida – dijo ella riendo.

- No te quejes, por lo menos no te pisé…

- ¿Qué?... Ed, ¿no sabes bailar? – ella estaba atónita.

- Bueno… dime tu definición de "bailar" y quizás…

- ¡Oh, no puedo creerlo! ¡Pero si en la boda estuviste bailando un rato largo con Riza!

- Bueno, las cosas no son lo que parecen… Eh… ella… Yo…

- Explícate.

- Bueno, ella me guiaba – admitió él, poniendo los ojos en blanco.

- Vaya, vaya… así que el gran alquimista de metal no sabe mover los pies.

- ¡Oye!..

- Ven, vamos.

- ¿A dónde?

- A bailar, por supuesto. Te voy a enseñar.

- ¿Pero qué…?

- No hagas reproches y levántate, ¿quieres?

Ed obedeció ante la mirada asesina de Winry.

Ella se dirigió hasta el aparato de la música y una melodía ni muy movida ni muy lenta inundó el aire.

- Vamos a comenzar con algo simple – dijo ella, situándose frente a Ed – Balancéate al ritmo – y comenzó a moverse.

Ed trató de imitarla, aunque sin mucha gracia.

- Vamos, no es tan difícil – lo animó ella.

- Claro, eso lo dices tú, que no tuvo una pierna de metal durante diez años.

- Deja de quejarte y mira bien – señaló sus pies – Uno… dos… Uno… dos…

- Ah, olvídalo, es imposible.

- ¡NO! Mira, sujétate de mi cintura. Te voy a guiar SÓLO unos segundos, para que captes el ritmo.

La rubia guió las manos del joven hasta su cuerpo y comenzó a moverse. Como ella estaba atenta a los pies del rubio, no pudo ver el sonrojo que se le subió a éste a la cara.

Ahora a Ed le costaba mucho más trabajo concentrarse, y no estaba realmente conciente de lo que hacía.

- No, Ed, así no. Mira, sólo muévete de un lado al otro como si…

Pero Ed nunca llegó a enterarse de cómo tenía que moverse, ya que sus pies se enredaron con los de la rubia. Aquello hizo que ambos perdieran el equilibrio, y, por lo tanto, cayeran estrepitosamente al suelo.

Ed aterrizó lo más suavemente que pudo, ya que si se dejaba caer aplastaría a la rubia, que en aquellos momentos yacía debajo de él. Sus rostros se acercaron inconscientemente, y tanto Winry como Ed se fundieron en la mirada del otro, tratando de ver más allá… Conectando sus almas.

Ed, a pesar de estar medio indeciso al respecto, estiró una mano y apartó de la cara de la rubia un mechón de cabello. Era hermosa… Aquellos ojos azules, su nariz fina, esos dulces labios… Todo en ella lo descontrolaba.

Pero no iba a besarla. Aunque le costara demasiado, no iba a hacerlo en aquel momento. ¿Por qué? Porque sino su plan de seguro se vendría abajo.

- Oye, mira quién es la persona que no sabe mover los pies al final – dijo, levantándose de golpe, y remarcando la frase para parecer que se estaba burlando de ella.

- ¿Qué fue lo que dijiste, Edward Elric? – ella también se había puesto en pie, y lo enfrentaba. Estaba enojada. Y esto sólo lo sabía ella, pero en realidad le había molestado que él no la besara.

- Sí, hiciste que me cayera al suelo.

- ¡Oye, eso fue exclusivamente por tu culpa!

- Sí, sí… Seguro.

Ed se dio la vuelta para abandonar la habitación, pero un golpe un poco más arriba de su nuca lo detuvo. Miró hacia el suelo y vio un almohadón.

Se giró y vio a Winry con una sonrisa burlona.

- Y eso porque no tengo una llave, que sino…

- Oh, es tu fin Winry Rockbell…

Y así comenzó una guerra de almohadas. Aunque Ed trataba de no golpearla muy fuerte luego comenzó a querer olvidarse de que esa persona era una chica y el amor de su vida, ya que la rubia no tenía ningún tipo de compasión con él.

Aquel juego duró cerca de dos horas. Estaban exhaustos y no habían parado de reír.

Después de unos minutos de decirse palabras sin sentido, se pusieron de acuerdo para hacer otra cosa y así terminar el día. Ya estaba anocheciendo, así que sacaron las sábanas de todas las habitaciones y, junto con otros elementos, armaron una especie de tienda en el salón.

La luz de una linterna iluminaba el pequeño espacio y los rubios se miraban, con una media sonrisa.

- No sé si te diste cuenta, Win, pero hoy… Al final sí nos comportamos como cuando éramos niños – dijo Ed.

- Bueno… A veces es bueno recordar esos momentos.

- La pasamos muy bien, ¿no?

- Sí… Tú y Al tenían cada ocurrencia…

- No me refería a cuando éramos niños… me refería a hoy.

- Ah, bueno… - Winry se sonrojó.

- ¿Sabes cuál sería el final perfecto del día?

Ella lo miró, con la expresión de duda claramente relejada en el rostro.

- Este – dijo Ed, y cerró la distancia que había entre sus labios.

Mientras se besaban (algo que los dos habían esperado y ansiado) Ed sonreía mentalmente. Tenía a su Winry allí, en esa carpa, sólo para el. Dormirían juntos, abrazados y se despertarían con una sonrisa.

Toda había salido como él lo había planeado.


Bueno amigos, aquí está. La verdad no me terminó de convencer mucho, pero bueno... por lo menos en este capítulo el ambiente se amenizó un poco, ¿no creem? Al final no escribí lemon... No sé, no me pareció necesario que sucediera ^^.

Espero que dejen R-E-V-E-W-S!!!!! Por favor, se los ruego, aunque se un simple "me gustó" o un "no me gustó"... Lo que sea, pero díganme su opinión, si?? Si me dicen lo que no les pareció bueno, MEJOR!! Así es como uno crece.

Bueno, saludos y... hasta el capítulo 12!!! En él Roy los dejará salir de la casa y... ajustarán cuentas con el novio de Winry!!! .

Besos,

hikaru!