Mi cabeza dolía con fuerza, como si quisiera sacar algo de mis pensamientos. Mis manos estaban sobre mis cejas, dándole masajes para relajar los músculos. Mi garganta ardía por vomitar tanto en el baño. Mi estómago estaba cerrado y mis labios secos, pero todos esos dolores de repente desvanecieron al notar a una rubia de ojos azules mirándome con cautela.

Quise correr, salir, escapar, gritar, llorar. Pero no me moví. No hice ningún gesto. Nada. Ni ella lo hizo. Solo nos quedamos mirándonos, mostrando signos de vida al respirar.

Recuerdos de la noche anterior vienen a mi cabeza como una película, y por un instante mi mirada se centra en la herida de mis rodillas. Ahora solo hay una gaza y unas curitas cubriendo la zona lastimada. Sonrío ante tal gesto, porque sé lo difícil que tuvo que haber sido para Brittany curarme. La sangre nunca le ha fascinado.

Intenté abrir mis labios, emitir algún sonido, quejarme, reclamarle, preguntarle el por qué había estado en ese lugar, en aquel momento y sola. Pero mis palabras al parecer se evaporaban en el aire.

-¿Quieres café? – Pregunta con una sonrisa, la primera que consigo robarle en una semana. Irónico. Pienso, y sonrío para mí misma.

-Sí, por favor.-

-Negro con 3 cucharadas de azúcar, ¿verdad?-

-Brittany, mis gustos no han cambiado desde que dejaste de hablarme.-

-Solo confirmaba.-

Escucho el chillido de la puerta al cerrares. Estoy sola en su cuarto. Las preguntas poco a poco se van acomodando en mi cabeza.

Los segundos pasan, acumulándose, y convirtiéndose en minutos. ¿Qué le habrá pasado a Brittany?

Con paso ligero llego hasta la puerta. Tomo la manija de la puerta e intento hacer el menor ruido posible. Claro que como en la mayoría de los casos, solo logro hacer más alboroto. Mis pies suenan sobre la madera de la casa, y envidio por un momento a las casas hechas de cristal. Intento ir en puntillas, y esto parece disminuir un poco los sonidos. Cuando al fin toco piso firme, me voy sin vacilar hacia la cocina. La oscuridad tan poco característica en la casa de los Pierce no me impide llegar con rapidez. Me sé cada espacio de memoria. Al acercarme escucho sollozos, un sonido capaz de romperle el corazón a cualquiera.

-Britt, ¿qué pasa?- Le pregunto lo más suave que puedo, casi susurrándolo. Me arrodillo enfrente de ella, tratando de hacer que me mire, porque estoy aterrada. Tengo miedo de sus palabras. Pero cuando logro mirarla a los ojos, me doy cuenta de que ella también siente miedo.

-Me engañaron. Creí en la persona incorrecta.-

-¿Él? – Mierda, ni siquiera soy capaz de burlarme en este momento.

-Sí. Me dijo muchas cosas sobre ti, mentiras. No lo sé.-

-¿Qué fue lo que te dijo?- Alzo mi mano hasta la altura de sus hombros, extendiendo mi palma, pidiendo permiso para tomar la suya, y cuando lo hace, siento las pulsaciones de mi corazón en los oídos, como si hubiese corrido durante mucho tiempo.

-Me dijo que tú romperías mi corazón.- Mi mirada llega hasta sus ojos, y veo cómo se van acercando cada vez más a las lágrimas. No me gusta verla así. Es demasiado cruel. Él no es un humanos. Confirmado.

-Pero yo sería incapaz de lastimarte.- Es lo único que logro decir en mi desesperado intento por entender todo.

-Lo sé. Lo siento. Soy una estúpida.

-¿Por qué estabas ayer en ese bar?- Pregunté sin pensar demasiado en mis palabras.

-Salí a buscarte. Cuando llegué a tu casa tu mamá me dijo que estabas en la casa de Rachel. Yo solo quería hablar contigo. Estaba enojada, y sabes lo que hago cuando no estoy de humor.-

-Bailas o caminas sin rumbo.-

-Sí. Y en eso estaba, cuando te vi cruzar la calle. Pensé en aparecer de repente, pero tus pasos parecían demasiado perdidos. Así que decidí perderme contigo, solo que tú no sabías.

-¿Por qué hiciste eso?-

-No lo sé. Solo quería sentirte cerca. Aunque no entiendo por qué le hablaste a ese hombre.-

-Él invitó, yo tomé.-

-Entonces… si yo invito, ¿tomarías conmigo?- Esa pregunta vino acompañada con una sonrisa. Van dos. Es un avance.

-Probablemente.-

-San, ¿volverías a ser mi amiga?-

-¿Volverás a decirme que me aleje?-

-No.-

-¿Volverás a ser novia de ese chico-auto?

-¡No!-

-Entonces creo que sí, Britt-Britt-

-¿Sabes?, creo que ahora estoy mejor.-

-¿Antes estabas peor?-

-Digamos que… me di cuenta de que tú eres mi amuleto de la suerte. Cuando te pierdo me pasan cosas malas. Sin contar los dolores de cabeza.

-Supongo que la solución es que me quede contigo, ¿no es así?-

-Sí. Eso es así de fácil.-

Sonrío de nuevo, y cuando intento poner mis dos manos sobre el cuello, me doy cuenta de que una de ellas aún seguía sobre la de Brittany. La dejo ahí, sin moverla, sintiendo el tacto de su piel sobre la mía.

"Dance like nobody's watching. Love like you've never been hurt. Sing like nobody's listening. Live like it's heaven on earth." - Mark Twain