El capítulo de hoy va dedicado a iGissel por su cumpleaños :D Siéntete vieja nena. Menciono también a Zachy, que siempre deja sus bellos comentarios que me alegran el día. Gracias
_ ¡Ryuzaki! ¡Cariño, mira! ¿¡No es mona!?_ preguntó su esposa, tocando la verja de la jaula. Adentro, una boa se encontraba durmiendo, con sus ojos verdes cerrados. Su piel, escamosa y de color dorado, emitía un brillo extraño, producto de luz naranja del atardecer que sus escamas reflejaban. Estaba rellenita, por lo visto, había comido hacía relativamente poco. En toda su longitud, debía medir lo mismo que Misa.
Ella la estaba señalando con su dedo índice, aquel lejano día llevaba las uñas pintadas de morado. Su cabello estaba atado en dos colitas, eso sumado a su silueta curvilínea y su rostro sin mancha, le restaban cinco años de encima. Casi una niña. Levaba puesto un jean apretado y una escotada remera rosa, que atraía la mirada del cincuenta por ciento de los jóvenes (y grandes) que pasaban a su lado. Sus nuevas botas no dejaban de taconear el piso, como si estuviera zapateando. Sus anteojos de sol, estaban arriba en su frente, y su sedoso chal, envuelto en su cuello de muñeca.
El bebé al que estaba cargando jalaba de sus mechones azabachados, diciéndole sin palabras que quería ir a con su madre. El perfume a jabón de él, impregnaba sus ropas. El aroma de un bebé. Con su mano izquierda acarició su cabecita, sus rulos eran tan esponjosos, que parecía una bolita de algodón. Sus largas pestañas blancas le hacían cosquillas cuando rozaban su piel. Habría que cortarle el pelo, sino ¡Tendría una oveja en vez de hijo! Bueno, tal vez comprarle ropa blanca a un albino no había sido la mejor de las ideas.
Se arrimó con cautela hasta donde la rubia estaba, unos pasos los separaban. La serpiente se había despertado y estaba molesta con Misa. Siseó lo que dedujo que era una amenaza.
_Misa, aléjate un poco de la reja, no vaya a ser que te ataque_ le advirtió Ryuzaki. Bebé Near observaba al animal, abriendo sus ojitos grises como si fueran dos discos de los años sesenta. Alargó las manitas hacia la reja que los separaba del reptil. En el zoológico tenían precaución, si bien no eran dañinas con los humanos, eran muy irritables. Pero había menos del 1 por ciento de probabilidades de que pudiera pasar la celda en la que se encontraba recluida, por más espaciados que fuesen los barrotes.
_ ¿No ves que linda que es? Dime, amor, ¿Por qué todo el mundo las detesta? A mí me gustan las serpientes. Son animales de colores muy bonitos, ¿O no viste mis bolsos que imitan sus pieles? ¡Son preciosas!_ exclamó efusivamente.
L suspiró, exhausto. Lo había hecho dar vueltas por todos y cada uno de los sectores del parque animal, maravillándose y deteniéndose por diez minutos en cada bicho, para hablarle sobre las clases de animales y los motivos por lo que los amaba. Ella insistía en comprar un perro, sin embargo, él prefería los gatos. No se habían logrado convencer, pero Misa machacaba con un perro. Quería un Caniche Toy. El moreno le había dicho "Para qué quieres otra oveja, ¿No te basta con tu hijo?" Rompió en carcajadas la mujer, llamándolo idiota.
_Sí, sí, muy linda. ¿Vamos a la cafetería?, Muero por un pastel_ Near bostezó, captando la atención de su madre y la de los otros presentes. Lucía como una cría de conejo. L casi pudo escuchar un "Aw" general. Lo sabía, su pequeñuelo era la cosa más tierna del mundo.
Su mamá giró rostro, con sus manos tomando los barrotes de la celda y miró a su nene, derramando cubos de azúcar por los irises. O sea, con dulzura.
No supo precisamente cuántos segundos habrían permanecido así, no obstante, la magia se esfumó cuando vio a la boa a punto de cerrar su boca con dientes afilados sobre la extremidad de su esposa.
_ ¡Misa, cuidado!_ La reptil clavó sus colmillos con fiereza en la mano de la rubia, con el fin de arrancársela.
_ ¡AHHHHHHH!_ Esos alaridos provenientes de su faringe hicieron que se le erizaran los pelos del cuerpo. Como estaba a su par, se abalanzó sin soltar al crío en ningún momento, y tomando su brazo, comenzó a pelear contra el animal, que se no quería dejar a Amane. Podía verse la carne desgarrada de su mano, y la sangre de un profundo color bordó salpicaba sus prendas.
_ ¡AYUDA! ¡AYUDA! ¡AUXILIO!_ Gimoteaba, llorando de dolor. Su marido le dio un puñetazo a la boa en la nuca, queriendo en vano que se desprendiera de ella. Unos visitantes lo ayudaron, él no dejaba de sostener a su indefenso Near, quién no perdía de vista ese angustiante y sangriento cuadro. Entre cuatro trataron de la criatura soltara a Misa, sin éxito. Era muy fuerte.
Ella lloraba y chillaba, su diminuta mano sufría la mordedura atroz. Los gritos pasaron a ser casi aullidos, y sus llanto, una marea.
Finalmente, la boa la soltó, con trozos de carne y piel colgando de sus incisivos largos y gruesos. Retrocedió, apartándose del tumulto de personas. La rubia se tumbó en el suelo, sollozando e hipando, padeciendo espasmos. Al ver su mano, comprendió el daño que le había hecho: su piel no estaba, y su carne mostraba unas marcas parecidas a la de un rastrillo, de cinco centímetros en su palma. El fin de la bestia había sido despedazarle el músculo.
_ ¡Misa, cálmate! Por favor, ¡Llamen a una ambulancia! Tranquila, ¿Estás bien?_ Si hubiera un top de las preguntas más estúpidas, fijo que esa triunfaría sobre las otras. ¡Una serpiente le había descuartizado la mano! ¿¡Cómo diablos uno puede estar bien!?
_No, no estoy bien_ logró responder, antes de desmayarse, desfallecida por el sufrimiento y la impresión. Ryuzaki, con su brazo libre le rodeó el cogote, impidiendo que su cráneo chocara en la dura superficie. Sus venas expulsaban una cantidad abismal de glóbulos rojos. Su bebé no lloraba, sino que le tiraba de los pelos, asustado.
_ ¡Misa, despierta! ¡Misa! ¡MISA!_...
Eso había ocurrido dos semanas antes de su muerte.
O0O
_ ¡Eh, Ryuzaki! ¡Vuelve al mundo de los vivos, brother!_ dijo animadamente Matsuda, con su voz de pito impertinente y fastidiosa. L se despertó de su sueño lúcido, algo perdido. Volver al mundo real. Su patio, en su casa. Estaba en el jardín, era mediodía. La noche anterior los había atacado una serpiente, una boa.
Estaba apoyado contra la vara de su hogar, y se había perdido en la memoria. La boa de esa vez, y la de la velada pasaba había sido de la misma clase. Entre sus dedos se encontraba un caramelo sin comer. Se lo llevó a la lengua, permitiendo que sus papilas gustativas de deleitaran con su sabor a limón. La principal razón por la que comía dulces era que reactivaban las neuronas de su cerebro. No debía pasar mucho rato sin uno, podía ser catastrófico.
_ ¿En quién pensabas, enamorado? Ohh, me enteré de que fuiste con Misora a tomar un café, ¿Y qué onda? ¿No era que no te interesaban las mujeres?_ el joven le guiñó un ojo, cómplice. Mamerto. ¿Cómo podía ser policía una persona tan imbécil en casi todos los aspectos de la vida? El otro oficial, un hombre cuarentón más serio y amargado, se tocó las sienes, cansado. Aizawa le caía bien, excepto cuando le veían esos lapsos agresivos en los que no hacía nada más productivo que gritar y maldecir a los cuatro vientos.
_ Está todo bien, L, no hay víboras ni ninguna clase de bichos en toda la casa. Pero, ¿Por qué no llamaste a control animal en vez de a nosotros?_ replicó el mayor, con arrugas visibles en su frente y con patas de gallos muy marcadas.
_Por obviedad, no quiero que desconocidos entren en mi casa. Disculpen si es mucha molestia, confío más en ustedes que en los fumigadores u otro grupo de personas de control de plagas._ Aizawa gruñó, pero eso en su personalidad podía tomarse como una afirmación amigable.
_ ¡Hey, chico! ¿Qué estás haciendo?_ Matsuda se agachó hasta quedar a la altura de Near, quien sentado en su silla, balanceaba los peluches que había traído para el exterior, con los que se había entretenido durante la media hora en que los inspectores se habían tardado en corroborar la inexistencia de nidos de serpientes u otros reptiles.
Near tenía una gran habilidad para construir cosas, para crear ciertos juguetes. Por ejemplo, el peluche de Misa lo había fabricado él. Su facilidad para las manualidades lo asombraba.
_Se parece mucho a ti, Ryuzaki._ alegó el agente mayor. Eso era más que obvio. Tenía sus mismos ojos, la forma de su mentón era triangular como la suya, su delgadez. Ese hueco que se formaba en su clavícula, su manera de hablar. El padre estaba convencido de que, si no hubiera nacido albino, Near tendría su pelo negro. Lo único que no había sacado de él había sido la nariz. Era como la de un cerdito, gordita.
_Jugando._ contestó el chicuelo sin apartar su mirada de los peluches. Parecía que los estaba comparando. Desde la distancia de donde estaba él, se notaba que los muñecos eran dos chicas. Uno representaba fielmente a su madre, y el otro era una chica cualquiera, vestida completamente de negro. Los hilos en su cabeza eran cortos, imitaban una maraña rubia, cortada hasta el cuello.
_Ah, ¡Muñecas tan lindas! ¿Las hiciste vos?_
_Sí. Pero éste es chico, no una niña, señor Matsuda_ levantó el segundo chiche, para que pudiera verlo en detalle. Tenía botones azules por ojos, y una sonrisa cosida despareja con hilo rojo. Ok, ése debía ser el juguete de felpa más macabro de Inglaterra. Santa Virgen María.
_ ¡Oh! Disculpa lo que dije, pequeño, ¡Pero con ese corte de pelo parece mujer! Tu hijo es un artista muy particular, Ryuzaki_ El inmaduro sonrió._ ¿Y les pusiste nombres?_
No, por favor, no lo digas. No, Near no. Ni se te ocurra.
_Él es Mello. Y ella es mi mamá Misa_ Alzó en el aire la otra muñeca para que pudiesen apreciarle. Su colega alzó sus gruesas y pobladas cejas con sorpresa y pena. Lo conmovió el gesto del niño de usar a un peluche para no olvidar a su madre muerta. Pobrecito.
_Waa que adorable. ¡No puede ser tan cuchi!_ Le apretó la mejilla al albino, y se la estiró como si fuera goma. El albino con la mayor educación que pudo retiró la mano del otro, contrariado. No le gustaba que lo toquen. Nadie. Sus cachetes no eran de algodón, dolía cuando se los pellizcaban. ¿Qué no entienden los adultos que eso es feo, desagradable, exasperante, mortificante, etcétera? A ningún chaval le gustaba a ser pellizcado. A menos que sea un loquito masoquista.
_Matsuda, eres un idiota. Vamos._ Aizawa sintió vergüenza de su comportamiento estúpido. Estaba bien ser tarado, pero había un límite.
A su vez, L analizaba estupefacto a las dos marionetas, debido a que había reparado en un dato del que no era plenamente consciente al ver el dibujo de su hijo, semanas atrás. Con sólo ver los hilos amarillos que hacían de pelo debía ser suficiente para llegar a la siguiente conclusión:
Mello era muy similar a Misa. En demasía.
0o0
Bueno, creo que ya está más claro que el agua, así que no me dedicaré a proporcionarles más spoilers.
Una anécdota: la primera vez que vi a Near, en el episodio 27, yo estaba muy enojada. Me acaba de ver el 25 y el 26 y estaba furiosa. Quería que alguien vengara la muerte de mi pobre Ryuzaki. Lloré con la muerte de L T.T (NO TE PERDONO, PUTO YAGAMI MEGALÓMANO).
Bueno, el caso es que, yo estaba viendo, con las lágrimas saliéndome de los ojos y al ver al niñito pensé: Es re lindo Near. Se parece a L :')
Y con Mello me pasó lo mismo que a la mayoría de los fanes de DN: creí que era una chica hasta que habló. Y me di cuenta, tiempo después, de lo mucho que se parece a Misa, XD
Pd: las boas si tienen colmillos, no son venenosas, pero desgarran la carne de sus presas. Misa tonta.
Besos psicológico, SYTMMHC
