Las malas auto-correcciones del Word me superan. Perdonen las faltas ortográficas y la demora; había roto la compu jaja.
No estoy muy feliz con el lemmon, pero bueno, algo es algo. No me maten al final del fic pls.
KnB no me pertenece, you know.
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Kagami no podía creer lo que leyó en el último mensaje que le envió su bro. No podía ser verdad.
Kuroko era un muchacho muy joven y súper saludable, ya de por sí la idea de que algo así ocurriera era poco probable. Sin embargo, Kagami quedó en blanco, viendo con mirada vacía el mensaje que yacía en la pantalla de su móvil. Aomine llamó su atención mientras salía de una tienda cargando una cuna de color blanco, esperando que su acompañante lo ayudara y no se quedase tonteando con su móvil.
-Oi, Kagami, ¿vas a ayudarme?- Dijo el moreno mientras dejaba el mueble sobre una pared y luego echaba un suspiro llevando su cabello hacia atrás. Kagami salió de su impacto y rápidamente miró a su amigo, tomó un lado del mueble que yacía sobre la pared con apuro, y soltó:
-Rápido, carguemos esto y vayamos al Hospital Central.- Dijo, apresurado, sudando frío y con un temblor notable en la voz. Aomine tuvo un escalofrío.
-¿Pero qué es lo que pasó?- Le dijo, tomando el otro extremo de la cuna para ir hasta el estacionamiento y poder marcharse lo antes posible.
-Himuro dice que Kuroko está perdiendo al bebé.- Dijo seco. Lleno de temor. Aomine mantuvo una expresión de sorpresa sin dejar de moverse, estaba en la misma que Kagami, totalmente asustado.
Primero que nada: Kuroko era de sus mejores amigos, obviamente iba a preocuparse; lo que más quería era su felicidad. Segundo: comprendía el miedo de Kagami, Kise había pasado por lo mismo antes de que naciera Miki.
Yuka había insistido mucho con que quería un hermano cuando era pequeña; apenas era una bebé de un año y meses, pero siempre decía que quería jugar con alguien con las pocas palabras que sabía. Él y Kise le cumplirían el deseo a su pequeña, después de todo, ¿qué tenía de malo agrandar la familia? No hubo que buscarlo demasiado porque en menos de una semana de haber hablado el asunto, Kise ya había quedado con encargo; no fue una gran sorpresa a decir verdad. Sin embargo, a los dos meses pasados el rubio comenzó a sentirse mal, ambos pensaron que solamente eran síntomas normales del embarazo como la fatiga y los dolores en el abdomen. Estos "síntomas" a la pocas semanas fueron creciendo, casi llegando al tercer mes Kise había comenzado a tener pérdidas, esto los alarmó y para cuando fueron al médico ya era muy tarde.
El doctor les dijo que Kise estaba muy estresado, no necesariamente por trabajo, sino física y psicológicamente. Aomine se sintió culpable, desde antes y luego de que naciera Yuka habían discutido mucho y no era sobre un tema "pasable", puesto que les había llevado incluso años de pelea, se trataba de las infidelidades del moreno. Tanta discusión prolongada y continua estresaron de sobre manera al rubio.
¿Qué había pasado con todo esto? La historia no era muy compleja. Cuando Aomine y Kise comenzaron a salir en los últimos años de preparatoria, el menor era totalmente cuidadoso con su cuerpo. Esto significaba que NO sexo para el moreno. Aomine necesitaba descargarse con alguien ¿no? Tenía muchos amantes, tantos hombres como mujeres; la mayoría de ellos incluso conocía a Kise, eran compañeros de trabajo, amigos, amigos de familiares o lo que fuese. Una total vergüenza por parte de todos. ¿Podía Kise considerar un amigo a alguien que mantenía relaciones con su pareja? Lo peor de todo para el rubio era no saber que todas esas personas parecían reírse en su cara.
¿Y cómo se enteró Kise? Fácil, lo típico. Una llamada no deseada en el móvil de su pareja.
Aomine había salido hace unos diez minutos a hacer las compras para la cena, era invierno y estaban en vacaciones.
Ambos querían aprovechar el tiempo juntos antes de que el menor vaya a Europa con su familia por Navidad y Año Nuevo. Kise estaba algo emocionado y nervioso. Se iría por tres semanas y obviamente extrañaría mucho a su novio.
El tiempo que el moreno no estuvo afuera, Kise se dedicó a ordenar la cocina y el living para poder cocinar y luego cenar cómodos, además de que el rubio tenía planeado una "sorpresa" para su pareja. Luego de poco más de un año de relación se había preparado mentalmente lo suficiente como para poder dar un gran paso.
Nunca había hablado con el moreno sobre esto, ¿tal vez debería haberlo hecho? Le daba mucha vergüenza y miedo, miedo de que el mayor lo deje porque le pareciera absurdo su problema. No tenía ningún trauma pasado, nada malo; solamente no creía tener la suficiente madurez mental como para intimar con su pareja, más allá de la vergüenza que le influía tan sólo el hecho de mostrar su cuerpo.
Kise era modelo, deseado por muchos y muchas a a vez, pero no es lo mismo la mirada que posan en él las personas que lo aman por su trabajo a la mirada que tiene su novio de él. Esto lo tenía más que claro.
Además, la mayoría y por no decir todos, sus amigos ya habían tenido relaciones con sus respectivas parejas o quizá alguna anterior. De igual forma, no debía pensar tanto en eso. No estaba bien que se deje llevar solamente por lo que hacían sus amigos, pero incluso con un asunto así se sentía inmaduro. Kuroko y Midorima se lo decían constantemente, que era muy inmaduro e incluso tonto a veces. Kise prefería llamarlo ingenuidad y simpatía.
Pero a fin de cuentas, se había decidido. Quería expresarle su amor a su pareja de una forma en la que antes no lo había hecho. Y ese día era hoy.
Cuando Aomine volvió, se dedicaron a hacer la cena. Hacía mucho frío puesto que era comienzo de diciembre. Cocinaron entre los dos un estofado muy completo, con mucha carne y verdura, con una vieja receta de la abuela de Aomine.
Cenaron en paz, viendo una película en la televisión del living de la casa del rubio, comentando de vez en cuando cierta escena de ésta. Terminaron de cenar y esperaron a terminar la película, abrazados y bajo una manta. Una vez que terminó la película Kise realmente se sintió nervioso, ¿qué debía hacer ahora? ¿decirle al mayor quizás?
Se quedó en silencio mirando sus manos, ambas entrelazadas sobre sus piernas mientras sentía que el moreno se removía para tomar el control de la televisión y apagarla. A este le sorprendía la actitud callada de su novio, y cuando estuvo a punto de preguntarle qué le pasaba, Kise se abalanzó a sus brazos y lo besó.
Se sorprendió aún más por la acción, pero correspondió el beso y lo rodeó con sus brazos. Aomine ya se imaginaba algo así, sin embargo no se sintió mal por haberse descargado con varias personas antes. Estaba mal, lo sabía, pero no iba a forzar a Kise a hacer algo que no quisiera.
Pero... ¿Eso era una justificación? Si Aomine solamente buscaba sexo por parte de Kise, al saber que no lo tendría o por lo menos no lo tendría a la ligera, lo hubiera dejado por alguien que si le diera ese placer. ¿Realmente pasaba esto? No, Aomine realmente amaba a Kise, y sabía que si no controlaba sus impulsos iba a terminar haciéndole daño; era un adolescente con las hormonas a full después de todo.
Pero no. No estaba bien. No justificaba nada, porque eso no tenía excusa.
¿Si realmente amas a alguien para qué buscarías a otras personas, más allá de tu propio placer? Era un poco egoísta.
El beso se tornaba un poco fogoso y húmedo, cosa que a Kise lo asustó un poco; ese beso no era ni un cuarto de parecido a lo que harían y sabía que sería aún más intenso. Sin embargo, no se alejó y se aferro más a la espalda del mayor. Entre caricia y beso, Aomine empujó lentamente a Kise hasta que su espalda quedó descansando en los almohadones del sofá.
Subió las piernas del rubio y se acomodó entre ellas, pegando así sus cuerpos, fregrandose uno contra el otro con cada movimiento. Aomine se quitó la camiseta y bajó a besar el cuello del menor, dejándole algunas marcas y mordiendo con suavidad.
Sabía perfectamente que su novio era virgen, así que mantendría la cordura y lo trataría como una princesa; básicamente como lo hacía todo el tiempo.
Le quitó lentamente la camiseta del pijama que traía el rubio, éste se dejó mientras soltaba pequeños y ahogados suspiros, Aomine bajó dejando besos por todo su abdomen y se concentró en estimular sus pezones mientras acariciaba sobre el pantalón la entrepierna de su pareja. Kise extendió los brazos por sobre su cabeza mientras llevaba ésta hacia atrás. El moreno sentía como su novio arqueaba la espalda y apretaba sus piernas en su torso, a la vez que tiraba su cabeza para atrás y abría la boca.
Kise sintió como el mayor le quitaba el pantalón del pijama que llevaba, dejándolo solamente en bóxer; se sonrojó a más no poder, no se sentía molesto ni tan temeroso como antes, solamente estaba avergonzado de que su novio lo viera así.
Aomine llevó dos de sus dedos a la boca del rubio, que entendió rápidamente la señal y comenzó a chuparlos, mordiendo suave de vez en cuando. Por su parte, el mayor le quitó la última prenda mientras dejaba de atender su pecho y bajaba por su abdomen repartiendo castos pero húmedos besos hasta la cadera, y luego volver a subir lamiendo a lengua pura todo el tórax. Acarició los muslos desnudos de su novio, sintiendo como se le erizaba la piel pero a la vez estaba a punto de temblar de placer. Subió esa mano y comenzó a masturbarlo, lentamente, que parecía torturar al joven bajo su cuerpo.
El menor ahogaba pequeños gemidos a la vez que un par de lágrimas resbalaban por sus sonrojadas mejillas. Se sentía tan bien y quería más. Su cuerpo se tensaba por los espasmos pero no pudo evitar abrir un poco las piernas, dejando de apretar al mayor sobre él.
Al cabo de unos pocos minutos, Aomine retiró los dedos de la boca del menor y se acercó para besarlo con pasión y amor, mientras se acomodaba entre sus piernas, abriéndolas un poco más y llevaba sus dedos húmedos entre las nalgas de éste. Acarició superficialmente la entrada para luego meter lentamente un dedo, sintiendo como Kise se tensaba por la intromisión pero a la vez soltaba un agudo gemido. Lo movió un par de veces, sacándolo y volviéndolo a meter una y otra vez, simulando penetraciones. El menor jadeaba con fuerza, negándose a gemir mientras se mordía el labio inferior.
Sentía su interior apretar contra el dedo a la vez que este se adentraba y tocaba el punto endeble varias veces. Aomine metió el segundo dedo, y movió ambos como tijeras, ahora sí haciendo que el rubio suelte un gemido sonoro, que mantenía los ojos cerrados con fuerza.
Incapaz de poder aguantar más, el mayor se bajó apenas el pantalón junto con el bóxer; el líquido pre seminal ya brillaba en la punta de su miembro, el cual dirigió hasta la entrada del menor y empujó, embistiendo con fuerza hasta el fondo haciendo que Kise ahogue un grito mordiéndose el labio inferior.
Esperó un par de segundos a que el rubio se acostumbrara, pero como el placer era más grande que el dolor en su cuerpo, no tuvo que esperar mucho ya que Kise movió las caderas autopenetrándose.
Enseguida comenzó a embestir, primero lentamente hasta conseguir el ritmo y luego aumentar la velocidad. Saliendo y entrando, clavándose hasta el fondo y tocando la próstata, haciendo que Kise suelte jadeos y gemidos altos.
El rubio apretó la cadera de su novio con sus pálidas piernas mientras aferraba sus manos (que aún seguían sobre su cabeza) a la manta que momentos atrás los cubría a ambos.
Con el correr del tiempo, las embestidas se volvieron más fuertes, rápidas y profundas. Aomine se inclinó para besar el cuello del menor, lamiendo en donde había dejado marcas y luego subió hasta alcanzar sus labios. Kise se aferró a su espalda con fuerza, arrastró sus manos por ella, dejando marcas y arañasos. Sentía un cosquilleo en su abdomen que le indicaba que pronto se correría al igual que su pareja, que aunque parecía imposible aumentaba el ritmo de las embestidas, enterrándose cada vez más profundo hasta golpear con fuerza su pelvis con las nalgas del rubio.
Kise se corrió primero, entro ambos cuerpos, ahogando un gemido mientras curvaba su espalda brutalmente. Aomine se resistió un poco más, disfrutando el orgasmo del rubio pero enseguida acabó puesto que el estrecho interior se apretaba sobre su miembro, a la vez que daba una última estocada hasta el fondo. Se corrió dentro del menor, llenándolo de su caliente semilla.
Se tomaron unos minutos para regular sus agitadas respiraciones. Se miraron a los ojos, una muy delgada capa de sudor los cubría. Luego Aomine se acomodó la ropa, sin ponerse la camiseta, y ayudó a Kise a sentarse para luego cubrirlo con la manta y cargarlo en sus brazos. Lo llevó escaleras arriba, a la habitación del rubio que ya estaba dormitando en su pecho.
Lo recostó en la cama, abrió las sábanas y se acostó a su lado, tapando a ambos y abrazando al menor contra su pecho. Le dio un beso en la frente y luego cayó dormido.
En la mañana, Kise despertó al oír el ruido de la ducha. Se estiró en su cama, destapándose un poco y sonriendo como tonto al recordar la noche anterior. Le dolía un poco el cuerpo pero nada de que quejarse o arrepentirse. Se dio la vuelta, quedando boca abajo y ayudado de sus codos para apoyarse. Vio que las cortinas estaban abiertas y entraba un poco de luz de afuera, aunque estaba bastante nublado y nevaba levemente.
Escuchó sonar el móvil de su pareja, lo reconoció porque ese no era su típico tono de llamada. Lo buscó y estaba entre las sábanas. Era un número sin agendar, aunque tampoco figuraba este.
"Número Privado" era lo que figuraba en la pantalla del móvil azul, sobre el hermoso fondo de pantalla que era una foto de Aomine y Kise juntos. El rubio inflando los cachetes haciendo un puchero mientras el moreno le besaba una mejilla con una enorme sonrisa.
Kise no estaba muy seguro de atender, era de mala educación. Pero al estar sonando y no figurar el número tal vez era importante, ¿no? Deslizó el dedo por la pantalla del móvil y respondió.
-¿Si?- Dijo, algo dudoso y tratando de sonar amable.
-¿Por qué no me has llamada, cariño?- Dijo una voz femenina al otro lado de la línea. Kise se sorprendió, no entendía a que se refería la chica.
-¿Disculpe?- Le tembló la voz. La joven parecía no darse cuenta que esa no era la voz de la persona con la que realmente quería hablar.
-Hace días que no nos vemos, dijiste que me llamarías. ¿No te acuerdas de mí?- La chica apenas terminar esa pregunta, hizo silencio. Luego se dio cuenta que no debía decir más porque no estaba hablando precisamente con su "novio".
-¿Quién habla?- Preguntó Kise, su tono era normal, como el de cualquier persona pero su rostro estaba serio y detonaba tristeza, ya estaba dándose cuenta de las cosas.
-Soy la novia de Daiki, me llamo Jen, ¿quién eres tú?- Dijo la joven, ingenua. Kise se mordió la lengua y tragó seco. Luego fingió una sonrisa y continuó hablando.
-Soy su amigo, vine a buscarlo para entrenar.- Dijo, normal. La chica soltó un "oh", Kise escuchó como la corriente de agua de la ducha se detenía. - Le diré que te llame, ¿si? Ahora está en el baño.-
-Está bien.- Respondió con amabilidad.- Muchas gracias, perdón la molestia.- Soltó una risilla cómoda que Kise correspondió y cortó.
Kise tomó rápidamente un bóxer, un pantalón ceñido negro, una camiseta blanca y un chaleco negro ajustado a la cintura que combinaba con el pantalón. Se vistió rápidamente, se puso unas zapatillas Vans grises, y apenas terminó de atarse los cordones salió Aomine del baño, con un jean negro y una camiseta azul de mangas cortas. Éste estaba secándose el cabello cuando vio a al rubio sentado en la cama, con una cara no muy alegre y su móvil a un lado.
-¿Qué ocu- No pudo terminar la pregunta porque Kise alzó la vista, enojadísimo y empezó a hablar.
-¿Quién es Jen?- Dijo, sin rodeos. Estaba furioso y adolorido, pero mayor era su asco por lo que había hecho anoche. Se entregó a una persona que pensó que realmente lo amaba.
Aomine entendió el por qué su móvil al lado de Kise, y también el por qué de su rostro.
-Escucha, Kise. Puedo explicarte todo.- Dijo rápidamente mientras se acercaba al rubio. Kise lo alejó de un manotazo en cuanto intentó tomarle la mano. Se puso de pie con brusquedad y lo enfrentó.
-¿Qué piensas explicarme, ah? ¿Qué solamente te acostaste conmigo y ahora me dejarás por tu noviecita Jen? ¿Eh? ¿Es eso?- Dijo, alzando cada vez más la voz. Aomine frunció el ceño, intentando volver a tomarlo de los brazos pero nuevamente Kise se puso brusco y llevó sus manos al pecho del moreno, empujándolo hacia atrás. No lo quería ni cerca.
-¿Estás loco, Kise? ¡Ya ni siquiera salgo con ella!-
-Ah, claro. ¿Entonces antes sí, verdad? ¿Hace cuánto? ¿Hace cuánto no estás con ella, Daiki? Porque que yo sepa, llevamos un año y medio saliendo.-
-No, Kise. No estás entendiend-
-¡Claro!- Gritó.- ¡Yo soy el único que nunca entiende nada!- Dijo con ironía.- ¿Sabes qué? Me cansé de ti. Vaya yo a saber con cuántos más has estado.-
-Kise, basta. No es así.- Dijo Aomine, calmado en todo momento, no perdería la cabeza ahora, eso sólo alteraría al menor.
-No me importa. No quiero volver a verte.- Soltó con un hilillo de voz mientras agachaba la cabeza. Antes de que Aomine pudiera acercarse, Kise salió de la habitación, bajó las escaleras y tomó su abrigo para luego salir de la casa dando un portazo.
Y ésta había sido causa de sus discusiones por años. Aún recuerda que estuvo aterrando de haber quedado embarazado luego de eso, estaba tan nervioso que había olvidado usar protección. Era justamente lo único que le faltaba en ese tiempo. Pero por suerte no lo había hecho.
Lo que más irritaba a Kise de este tema era que Makoto se lo vivía recordando. Kise solamente se hacía el tonto, puesto que a la vista de todos su relación con el moreno era perfecta.
Pero no. Lo sabía perfectamente. Sabía e incluso de más lo que había hecho su esposo en la época de la estupidez total.
Lo único que le gustaría saber es como Makoto sabía todo eso. ¿Debería preguntarle a Himuro? El rubio tenía entendido que ellos salieron por un tiempo, antes de que Himuro se embobara con Atsushi.
Ya se las arreglaría. No dejaría que ese morocho lo siga jodiendo.
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Takao, Makoto y Himuro estaban sentados en el pasillo fuera de la habitación donde estaba Kuroko. Apenas llegaron, Kise se puso como loco y un par de enfermeras llegaron a atenderlo rápidamente y llevarlo a una habitación.
El rubio había ido al baño, se sentía mal con todo lo que ocurría en el momento. Himuro llamó a su esposo, preguntándole cómo estaba él y cómo estaban los niños; ya que le habían dejado a todos los pequeños tornados a Murasakibara. Éste le dijo que bien, preguntando qué le ocurría que se le oía alterado y el moreno solamente soltó todo. Atsushi intentó tranquilizarlo y dijo que piense en sus bebés que de fondo en el teléfono decían "mamá, te extraño".
Tenían mucho miedo por Kuroko. Los doctores ya le habían confirmado que estaba bien y se encontraba durmiendo, pero nadie dijo nada del bebé. Tampoco les permitían entrar a ver a su amigo; había pasado una situación dura y tenía que descansar.
Lo que menos querían era que le pase algo a ese bebé. Sobretodo porque su amigo lo había estado buscando por mucho tiempo, por no decir que fueron años. Kuroko se pondría muy mal.
Realmente mal, no cabía duda.
Kise salió del baño y volvió con los demás. Se sentó al lado de Himuro y recargó la cabeza en su hombro mientras largaba un suspiro exhaustivo. Se quedó en esa posición un rato y luego tomó su móvil para decirle a Akashi las noticias.
Makoto estaba recostado en el otro hombro de Himuro, mientras le hacía mimos a Takao que estaba sobre sus piernas, dormitando.
El ambiente era realmente triste y algo tenso, sobretodo para las recientes mamis. Una situación así no los aliviaba demasiado. Y ni que decir de Kise, que se mantuvo en silencio y prefirió no decir nada. Nadie sabía nada sobre lo que pasó y tampoco era el momento para contarlo; tal vez nunca sería el momento.
Takao suspiró y estiró los brazos, Makoto lo miró confuso y expresó sorpresa cuando el moreno menor lo tomó de la cabeza y lo hizo agachar a la altura de la suya, pegando ambas frentes. Takao soltó un gran suspiro, tenía los ojos cerrados y al parecer sólo quería un abrazo. Makoto se despegó de Himuro y se acomodó en su lugar sin apartarse de Takao, hasta encontrar una posición cómoda y poder abrazar al menor.
Himuro literalmente se resignó y apoyó su cabeza contra la de Kise, que ya había dejado de usar e móvil.
Nadie decía nada. Tal vez porque nadie tenía algo que decir. Nada que ninguno imaginase o supiera.
A los pocos minutos llegaron Aomine y Kagami, prácticamente corriendo. Himuro se levantó para recibir a su hermano.
Kise en esos momentos no quería ver a Aomine, solamente quería irse a casa. Se pasó al lugar de Himuro, y sin importarle nada, se recargó en el hombro de Makoto que ahora estaba sentado derecho y con la cabeza apoyada en la pared.
Takao había ido a tomar un café a la recepción con un amigo de la Universidad que cruzó por ahí; al parecer su amigo había venido a hacer el análisis de apto físico con el traumatólogo ya que le dolía la espalda.
Aomine se sentó al lado de Kise, pero el rubio lo ignoró totalmente. Y podía decir que por la cara que tenía su esposo, al llegar a casa se armaría una Guerra Civil, así que simplemente no lo molestó.
-Bro.- Dijo Kagami.- ¿Qué pasó?-
-No lo sé. Estábamos en tu casa, Kuroko estaba tranquilo guardando un par de cosas.- El moreno del lunar hablaba rápido y con cierto nerviosismo.- Y luego cuando subió al baño, se descompensó, y estaba sangrando y lo trajimos.-
Kagami lo abrazó contra su pecho, para que se tranquilizara. Himuro era muy sobre protector con su cuñado. A un par de segundos lo soltó y siguió hablando.
-¿Y qué dijeron los médicos?-
-Dijeron que Kuroko está bien, ahora está durmiendo.- Desvió la mirada a una de las ventanas que había en el pasillo, mirando como faltaba poco para que oscureciera totalmente.
-¿Nada más?- Dijo el pelirrojo, sorprendido. Himuro negó con la cabeza.- ¿Y el bebé?-
-No lo sé.- Al terminar la respuesta, miró de reojo hacia atrás, donde estaban los demás.- No sabemos. Nadie dijo nada.-
-Que desastre...- Murmuró Takao, que venía con una bandeja con varias tazas de café y algo para comer. Dejó la bandeja en la mesa y saludó a Kagami con una palmada en el hombro, y a Aomine le jaló un poco el cabello, haciéndolo quejarse.
Seguido de Takao, llegó un doctor. Y al ver más gente supuso que alguno debía ser la pareja del internado. Kagami dijo ser su pareja, y enseguida el doctor lo apartó para hablarle.
-¿Qué le pasó?- Preguntó el menor, temeroso.
-Su esposo está estable, despertó hace unos minutos y ya sabe acerca de la situación.- Respondió, no tanto como respuesta a su pregunta. Se asustó ante lo último dicho.
-¿... Y mi hijo?-
-Lo lamento.- Dijo el hombre mayor.- Su esposo perdió al bebé.-
Kagami cerró los ojos y tomó aire. No sabía como reaccionar. Soltó el aire como suspiro pesado y el doctor volvió a hablar.
-Estamos aún buscando la causa, puesto que parece natural su cuerpo estaba en condiciones de mantener al bebé, pero parece que algo afectó su sistema.- Se acomodó los anteojos y puso su mano en el hombro del menor, es un gesto de reconforte.- Ustedes no hicieron nada malo.- El menor esbozó una leve sonrisa, agachando la mirada.- Puede pasar a ver su pareja.- Terminó de hablar y se retiró.
Kagami quedó unos minutos parado en el mismo lugar, de espalda a los demás. Takao y Himuro lo miraban, expectantes; vieron que el pelirrojo volvió a suspirar mientras se pasaba una mano por el rostro hasta llevarse el cabello para atrás. Se dio la vuelta y sin decir nada, entró a la habitación de Kuroko directamente.
La habitación 406.
Kagami entró lentamente y cerró la puerta detrás de sí de la misma forma. Kuroko estaba sentado en la camilla, las mantas lo tapaban hasta la cadera y éste miraba fijamente sus manos, que estaban apoyadas en sus muslos, sin expresión alguna.
Las cortinas estaban abiertas y desde la ventana se mantenía una hermosa vista a la ciudad, que empezaba a deslumbrar con sus luces entre la oscuridad y la nieve. Frente a la ventana una mesita con una bandeja en la que había un té que ya estaba frío y un trozo de pastel, y al lado una lampara que alumbraba apenas el lugar.
Kagami se acercó a su esposo y se sentó a su lado, en el borde de la camilla. Kuroko ni siquiera se movió.
-¿Cómo estás?- Preguntó en voz baja mientras rodeaba los hombros del menor con un brazo, para encerrarlo en un cálido abrazo. Era una pregunta muy tonta, ¿no?
-¿Cómo crees que estoy?- Respondió el peliceleste, quitando el brazo de su esposo de sí.- Dime, Kagami. ¿Cómo te parece que puedo estar?- Alzó la vista para mirar al mayor, aún sosteniendo entre sus manos la que había apartado segundos atrás de su espalda.
El mayor no sabía que hacer ni que decir. No pudo evitar impactarse al ver a Kuroko así. Una vez que éste alzó la vista, se encontró con la mirada adolorida de su esposo.
Los labios de Kuroko temblaban y sus ojos brillaban, adornando las ojeras, mientras que por sus pálidas mejillas corrían finas lagrimas.
-Yo no...- El pelirrojo no tenía absolutamente nada para decir, ni siquiera sabía si existía una respuesta a la pregunta de su esposo.
-No.- Dijo Kuroko con cierta rabia en la voz.- No tienes idea de como me siento. Nadie tiene idea de como me siento ahora, ¿entiendes eso? ¿Sabes lo mucho que soñé con esto? ¿Sabes lo que se siente por fin tener algo que siempre quisiste y que en un segundo sólo desaparezca?- A medida que hablaba comenzó a tartamudear, las lágrimas eran más constantes y ya estaba hipando por el llanto. Kagami podía sentir el pequeño cuerpo pálido temblar.- Era mí bebé, Kagami. Era nuestro hijo.- Hizo un gesto de dolor, apretando los dientes y agachando la cabeza por un par de segundos. Luego volvió a mirarlo y a hablar.- Era mi mejor tesoro y ya no lo tengo. ¿Cómo debo sentirme por eso? Estoy destrozado. No voy a poder verlo crecer, ni enseñarle a hablar... Todo eso, ya no lo tengo.-
-Podemos volver a intentarlo, cariño.- Dijo, quitando su mano de entre las de su esposo y volviendo a pasarla entre sus hombro para así encerrarlo en un fuerte abrazo. Un par de lágrimas deslizaron por su rostro, pero no quería que el menor lo viera así.
-No es lo mismo. ¿Y si vuelve a pasar de nuevo? ¿Y si no puedo tener hijos?- Respondió, apegándose al fuerte pecho de su esposo.- Sabes que lo que más quiero es tener una familia contigo.-
-Y yo también.- Respondió.- Aunque no te lo demuestre, aunque parezca que no me importa, yo también quiero tener una familia contigo. Desde que te conocí supe que quería pasar mi vida contigo, me enamoré de ti sin siquiera conocerte y te volviste el amor de mi vida. Eres lo más importante que tengo, quiero hacerte feliz...- Paró, tomando aire. No quería llorar. Mientras tanto, Kuroko lo escuchaba atentamente, sin dejar de llorar.- Verte así me genera impotencia. No puedo aliviar tu dolor. Tienes razón, no sé como te sientes, pero comparto tu dolor. No puedo hacer que dejes de llorar, no puedo solucionar tus problemas; y todo eso me angustia. Lo que más quiero es que seas feliz.-
-Lo sé.- Respondió Kuroko. Ninguno dijo nada más y permanecieron abrazados hasta que el menor se durmió a los pocos minutos. Más por estrés y el suero que realmente por sueño.
Kagami se quedó toda la noche con él. Durmió en el sofá de la pequeña habitación y despertaba durante la noche a tomar un café de la máquina del pasillo y a velar el sueño de su esposo. Cerca de las cinco de la mañana, por fin pudo volver a conciliar el sueño pero a los pocos minutos su móvil empezó a sonar. Se levantó y atendió rápidamente mientras salía de la habitación para no despertar a Kuroko.
-¿Si?- Respondió. Era Midorima.- ¿Por qué me llamas a estas horas?-
-Tengo algo importante que decirte.- Respondió el peliverde. Aún estaba de guardia y extraña a su esposo y a su hijo. Kagami estaba por pedirle que lo llame después hasta que volvió a hablar.- Es sobre Kuroko. Tengo los análisis que le hicieron.-
-¿Qué dicen? ¿Tiene algo grave?- Se apresuró el pelirrojo, quería saber que tenía su esposo.- ¿Estás aquí?-
-Estoy en el laboratorio, perdón por decirte algo así por este medio.- Se disculpó y prosiguió mientras se acomodaba los lentes.- Creo que es el porqué Kuroko perdió al bebé.- Para Kagami esa última frase fue un puñal en el pecho, pero de igual forma continuó.
-¿Qué es?- Respondió con temor, esperando que el temblor en su voz no sea notorio.
-Kuroko tiene leucemia.-
–-
No me maten pls.
Prometo actualizar pronto!
