La Oferta
—Me da gusto saber que todavía me recuerda, señorita Claire — me contestó Derek C. Simmons, el consejero de seguridad nacional.
A mí no me alegraba recordarlo.
—¿Le molesta si tomo asiento? — me preguntó, señalando el sofá detrás de mí. Le señalé que tenía el camino libre para hacerlo, pero yo no pensaba sentarle junto a él, de modo que caminé lentamente hacia mi cama y me senté en el borde.
Simmons tomó asiento, cruzó las piernas y colocó un brazo en el respaldo del inmueble. Como si estuviera en su casa. Me miró fijamente.
Sentí escalofríos.
— ¿Cómo se encuentra de salud, señorita Redfield? — cuestionó, a mi parecer, con interés forzado. Aun así era desconcertante.
—He mejorado desde que recuperé la consciencia. Ayer tuve un gran avance en mi rehabilitación, como pudo observar, ya puedo sostenerme por mí misma —no me agradaba en lo más mínimo tener que hablarle a ese hombre sobre mí, pero era mejor no desagradarle ni tenerlo como enemigo.
—Es bueno saber eso. Supongo que pronto le darán de alta, ¿o me equivoco? —alzó una ceja. Me daba muy mala espina cuando hacía eso.
—Si continúo con estos avances, posiblemente en menos de una semana esté fuera —le comenté.
—Ya veo —dijo a secas. ¿A qué vino este hombre? Debía preguntarle de la manera más cordial que pudiera.
—Disculpe señor Simmons —comencé—, ¿a qué debo su visita? Es decir, no es común que el consejero de seguridad nacional visite a una paciente internada en un hospital.
—Tiene usted razón señorita, pero resulta que es usted una paciente muy especial —me dijo—. Es la única sobreviviente de aquel lamentable incidente a los cuarteles generales de TerraSave.
—¿Entonces es una visita diplomática? —quise saber, tratando de no sonar sarcástica.
—En parte lo es. El presidente es quien suele visitar a las víctimas de ataques terroristas, pero él está arreglando unos asuntos que harán que se retrase un par de días. Así que quise venir yo primero.
—Y-…¿cuál es la otra razón? —comenzaba a impacientarme, no quería que su visita durara más de lo que planeaba.
Vi que Simmons se acomodó mejor en su sitio, cruzándose de brazos.
—El día de ayer recibimos una sugerencia del agente Kennedy sobre no revelar ciertos detalles al público, pues sin pruebas contundentes podríamos ser juzgados por llegar a conclusiones sin evidencia. Es de considerarse el desorden que eso podía provocar en la población —esto último lo dijo como si le diera asco la idea—.He venido a comunicarle nuestra decisión al respecto, en primera instancia.
— ¿Qué han decidido hacer, señor Simmons? —pregunté, tratando de ocultar mi temor a una respuesta negativa.
—Dado que TerraSave es una organización muy respetada y aceptada por ciudadanos de todo el mundo, el caos que podría generar una noticia como la que sabemos, sería irremediable. Ya antes pasó un mal momento con aquel incidente en Harvardville, y la gente se molestó al enterarse de que fue erróneamente acusada de algo en lo que no tuvo nada que ver. Esto causó la renuncia del presidente en ese entonces. Aunque confiamos en su testimonio señorita Claire, no podemos arriesgarnos a otro escándalo de esa magnitud.
—Eso quiere decir que…—empecé.
—No revelaremos detalles importantes al público, hasta no tener la evidencia suficiente que lo compruebe —sentenció.
Solté un suspiro profundo, como si me hubiera contenido la respiración desde que Simmons entró en mi habitación. Nunca imaginé que este hombre pudiera darme una verdadera agradable noticia —la liberación de Sherry fue algo agridulce, pues a cambio ella tendría que ser agente bajo sus órdenes—.
—Creo que ha sido una decisión correcta, señor Simmons. De esta manera, TerraSave podrá hacer lo posible por aminorar el impacto que la verdad pudiera ocasionar cuando se haga pública. A diferencia de Harvardville, esta vez sí está implicada, aunque en contra de su voluntad, al menos la voluntad de los que trabajamos ahí.
—En eso mismo pensó el presidente Benford —dijo.
Leon se merecía otro agradecimiento de mi parte, cada decisión que ha tomado ha sido de gran ayuda para mí.
"…en primera instancia."
Aquello significaba que no sólo vino a informarme de la decisión que han tomado, había otra razón más detrás de su visita.
—Usted dijo que su visita era para comunicarme sobre esta decisión, en primera instancia. ¿Existe otro asunto del que quiera hablar conmigo, señor Simmons?
—Es correcto, señorita Redfield. El presidente y yo también discutimos sobre su…situación.
—¿A qué situación se refiere, exactamente? —la manera en que lo dijo me pareció sospechosa.
—Usted fue secuestrada, junto con otros de sus colegas, para ser parte de un experimento bioterrorista. Cuando fue rescatada y traída de vuelta, nuestro equipo de investigación se dio a la tarea de analizar ese brazalete que llevaba, y que también menciona en su reporte. Nos fue complicado poder extraer información de dicho dispositivo, pero tuvimos éxito. El virus que le fue inyectado reacciona a la adrenalina y noradrenalina, es decir, un virus que reacciona con el miedo del portador. De acuerdo con los registros obtenidos del dispositivo, usted estuvo al borde de alcanzar los niveles necesarios para activar el virus en un par de ocasiones.
Ya sospechaba de eso desde que estuve en la isla, pero pude mantenerme con los pies en la tierra para no terminar como Pedro. No entendía a dónde quería llegar Simmons con eso.
—Mi punto es que usted sigue siendo portadora de ese extraño virus. Lo descubrimos cuando analizamos algunas muestras de sangre mientras usted estaba inconsciente —dijo.
Dios. Hasta ese momento no me había puesto a pensar en eso. Estaba tan enfocada en los asuntos de TerraSave que olvidé por completo preguntar si habían hecho algo con el virus que me inyectaron.
—¿Y eso qué quiere decir? — esperaba que no me dijera lo que temía escuchar.
—Que tanto usted como nosotros, desconocemos si todavía existe el riesgo de que ese virus se active dentro de su cuerpo.
Mierda. Justo lo que no quería saber.
Comenzaba a ponerme nerviosa, pero tenía que calmarle. Si lo que Simmons decía era verdad, cualquier desliz en mis emociones podría convertirse en una amenaza. Apreté los puños.
—Como habrá deducido, cualquier situación que le provoque emociones fuertes podría convertirse en una amenaza para usted, y por ende, para la población.
—Entonces, ¿qué es lo que proponen usted y el presidente? —quise saber, pues si estaba aquí el consejero de seguridad nacional por este asunto, es porque ya tenían una propuesta para el caso.
Simmons se quedó en silencio unos segundos, luego respiró profundo antes de retomar la conversación.
—Queremos que venga con nosotros a Washington, a nuestras instalaciones, para realizarle estudios y poder crear una vacuna que neutralice por completo el efecto del virus.
Fruncí el ceño, esa oferta me era muy familiar: instalaciones, estudios. ¿Acaso me estaba diciendo que el gobierno quiere tenerme en custodia para realizarme quién sabe qué clase de experimentos y estudiar el virus que llevo? ¿Igual que lo hicieron con Sherry?
—¿Quiere que me someta a experimentos como lo hicieron con Sherry Birkin? —cuestioné, tratando de mantener la calma, me enojaba de sólo pensar que me quisieran como conejillo de indias. Como si fuera fácil olvidar la frustración de Sherry todos esos años en custodia del gobierno.
Simmons arqueó una ceja.
—Entiendo que usted no haya estado de acuerdo en la manera en cómo se llevó el caso de la señorita Birkin, pero me gustaría que entendiera que en aquél entonces nos enfrentábamos a algo totalmente desconocido, era nuestra primera vez lidiando con un problema de esta clase. Por ello es que con la señorita Birkin se llevaron a cabo muchos estudios, sin cesar. Ahora tenemos más experiencia, por favor, no piense que pasará por lo mismo. Hemos aprendido, y creemos que somos capaces de crear una vacuna en mucho menos tiempo.
En parte tenía razón, todos esos años de experimentos debieron dejar un antecedente para poder enfrentar con mayor eficiencia las amenazas bioterroristas. Aun así, no tenía mucha confianza en cómo fueran a realizar los estudios, además, TerraSave me necesitaba, yo era la única persona con la que contaban para seguir con la investigación, no podía —ni quería— dejarlos a la deriva. Si no era yo, ¿quién más iba a poner orden en la organización que se quedó sin CEO?
Pero lo que decía Simmons era verdad, no sabía si el virus que llevaba dentro todavía podía activarse, tampoco me gustaría vivir el resto de mis días tratando de controlar mis emociones para no sucumbir y mutar en una cosa horrible.
—Yo…no estoy segura, señor Simmons. Tengo mucho que hacer aquí en Nueva York. Quiero ser parte de la investigación del caso, soy la única persona clave con la que puede contar TerraSave. Todavía falta encontrar esa isla y a los restantes sobrevivientes. ¿Es necesario que yo viaje hasta Washington? ¿No podrían realizar todo esto con personal asentado aquí? — quería que hubiera otra opción.
—Todo el equipo especializado lo tenemos en Washington, no nos es posible trasladarlo a otro lugar. Además, es recomendable que la tengamos en observación lo más que se pueda, señorita Redfield —hubo una breve pausa, en la que no quise intervenir, no encontraba más que decir—. Supongo que es difícil tomar una decisión, pero piense en esto: si encontramos el lugar y rescatamos a las posibles sobrevivientes que usted menciona, cuando estén de regreso en Estados Unidos ya tendremos un tratamiento para ellas.
Moira…
Ciertamente tampoco quería que Moira viviera el resto de su vida tratando de controlarse, lo cual ya era complicado de por sí. Y esa pobre niña, todavía tenía mucho que vivir y muchas situaciones por las que pasar, aunque tal vez ninguna como el Pánico de Terragigia.
—Si lo que le preocupa es la investigación del caso, como consejero de seguridad nacional le ofreceré todas las facilidades para que pueda estar al tanto de los avances. Incluso, podemos darle un pago por sus servicios, por así decirlo, ya que no sabemos cuánto tiempo la tendríamos alejada de su trabajo.
Pago por servicios. Ahora resulta que ser conejillo de indias tiene una recompensa. Lo mejor que pudieron darle a Sherry fue pagarle una educación, donde pocas veces —si no es que ninguna— pudo convivir con niños de su edad.
Aun si pudiera trabajar desde allá, ¿qué pasará con TerraSave? ¿Se quedará sin dirigente? Si no se reorganizan no podrán continuar con la investigación ni con su trabajo de manera ordenada…
—Comprendo que no sea una decisión que deba ser tomada en el momento, señorita Claire. ¿Qué le parece si lo piensa con más calma? No tiene que decírmelo en estos momentos.
Simmons se levantó de su asiento y fue directo hacia la puerta. ¿Se iba así como así? ¿Dejándome en el dilema más importante de mi vida, hasta ahora? Vi que se volvió para decirme algo más.
—El presidente Benford vendrá a visitarla en un par de días. Comuníquele su respuesta, la cual esperamos sea favorable.
—¿Dos días? ¿Tan pronto? — no entendía cómo es que esperaba que pensara con calma teniendo sólo dos días.
—Entre más pronto comencemos a trabajar, con mayor probabilidad podremos dar con esa isla, y podremos crear una vacuna para neutralizar el virus. El tiempo es oro, señorita Claire. Como consejero de seguridad nacional, es mi trabajo prevenir cualquier amenaza bioterrorista. Ninguno de nosotros quiere ver a nuestro país bajo otro gran ataque, ¿o me equivoco? —me tanteó.
Solté un profundo suspiro.
—Está en lo cierto, señor Simmons —afirmé.
—Entonces me retiro, le informaré al presidente de nuestro encuentro. Si tiene alguna petición que hacer en relación a lo que hablamos hoy, siéntase libre de informarla al mandatario, estoy seguro que lo tomará en cuenta —giró la perilla de la puerta —. Hasta pronto, señorita Redfield. Un placer verla de nuevo — y abandonó la habitación.
Lástima que para mí no fuera tan placentero verlo, era demasiado irreal que un hombre que me causa tanta mala espina viniera sólo a darme una buena noticia. Me sentía entre la espada y la pared, como cuando me dijeron que Sherry sería liberada con la condición de que se convirtiera en agente para el gobierno.
Aunque, pensándolo bien, en realidad yo no tenía opción. Aunque dijera que me negara a ir con ellos, seguramente el gobierno encontraría la manera de obligarme, o lo haría a la fuerza —como han hecho en otras ocasiones—. Sólo me estaban preguntando, y ofreciéndome "privilegios", para que todo se viera de manera cortés.
Mierda.
Alcé una rodilla y apoyé mi cabeza en ella. ¿Sabía Leon sobre esto?
No…él ya me hubiera dicho algo al respecto.
Parece ser que esta fue decisión de un día para otro, a Leon probablemente estén por avisarle. Simmons simplemente se adelantó a todo.
Tenía claro que debía ir, si quería que Moira tuviera un tratamiento inmediato cuando la encontráramos; y si yo quería estar segura de que no pasaré el resto de mi vida tratando de controlar mis emociones. Sólo temía por TerraSave, por sus asuntos internos, ¿cómo podía asegurarme de que ellos podrían seguir funcionando sin mí? A eso no le encontraba solución.
Y tan sólo tenía dos días para hacerlo, antes de que el presidente viniera a decirme que apenas saliera del hospital me llevarían directo a Washington.
Leon…Chris…¿qué puedo hacer?
o-o-o-o-o
—¿Listo, señor? —me preguntó mi guardaespaldas que me esperaba a un costado de nuestro blindado Mercedes Benz.
—He terminado, podemos retirarnos —le contesté, el tipo asintió y me abrió la puerta del asiento trasero. Abordé el vehículo y el guarura se apresuró a tomar su lugar al volante.
—¿A dónde lo llevo ahora?
—Al aeropuerto JFK, me espera el jet privado para regresar a Washington — le dije y mi interlocutor asintió. Arrancó el motor y dio reversa para salir del cajón en el que estaba estacionado.
Condujo hasta la salida de estacionamiento, pagó la tarifa correspondiente y se introdujo de lleno en el tráfico neoyorquino.
Mi visita había durado menos de lo que esperaba. Pensé que Claire Redfield iba a poner más resistencia, puesto que sabía muy bien que yo no le era de su agrado, lo supe desde la primera vez que nos vimos frente a frente. Y no era algo que me quitara el sueño, en realidad.
Supongo que mis habilidades persuasivas mejoran cada vez más.
No me importaba mucho una organización como TerraSave, pero dado los acontecimientos de hace unos años en Harvardville, que le costó el puesto al presidente de ese entonces, no podía arriesgarme a que le pasara lo mismo a Adam. No cuando finalmente tenía a alguien cercano en el poder, alguien a quien pudiera manipular fácilmente para mantener el control en el país.
Como tampoco podía arriesgarme a que un virus extraño interfiriera en mis planes. Por ello es que decidí mantener a Claire Redfield cerca, hasta no asegurarme de que el virus que llevaba no era una amenaza para mí. Estaba realizando investigaciones secretas con una nueva cepa que pensaba utilizar de ser necesario, en caso de que el orden en este país esté en peligro. Mi perfecta Ada era todo un genio, sólo comparable con mi propia inteligencia. No iba a permitir que rivales extraños nos quitaran esta gloria.
Por lo que Claire Redfield describió en su reporte, creía tener una idea de quién era la mente maestra detrás de todo ese escándalo. La descripción del lugar coincide con un reporte hallado por la B.S.A.A. en la otra mansión de Oswald E. Spencer, y de ser correctas mis sospechas, con más razón debía borrar todo rastro de esos experimentos.
Albert Wesker fue un completo idiota que quiso traer orden a este mundo de la manera más absurda que pudo encontrar. Tener a otro en el radar nos llevaría a la misma batalla de hace años. Suficiente tuvimos con uno solo.
La mujer Redfield menciona que la vio dispararse en la cabeza. Aun así, debía asegurarme de que no hubiera ningún rastro más de su existencia. Ninguno.
Porque la única familia que debe controlar este mundo, es Mi Familia.
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¡Buenas, gente!
Antes que nada, quiero darles un anuncio de parte de una muy querida amiga y querida autora por varios de nosotros, Neiara28.
Ella estaba escribiendo un fanfic llamado Antinatural (que nos tenía enganchados), pero un error administrativo de la página hizo que se borrara la historia y todos los archivos. Alguien denunció otro de ella fic, y por gilipolleces le borraron Antinatural. Al final, TODO fue una equivocación. Por lo tanto, ha decidido hacer hiatus indefinido, en lo que ella replantea algunas cosas de su historia. Les pide de favor que la comprendan, y que si antes no pudo actualizar es porque estaba ocupada con una enorme comisión, y luego una situación familiar muy importante.
En lo personal, les pido que cuando vuelva a subir la historia, la inundemos con reviews, para que vea que nos sigue importando lo que ella tenga para nosotros :D
Bueno, luego de este anuncio parroquial, ahora sí: ¡volví en menos de lo que canta un gallo! Quería darles un regalo pre-San Valentín, aunque disculpen si el capítulo no tuvo nada de romántico xD, pero era necesario para seguir con la trama.
¿Notaron que cambié la portada del fic? Es una creación de StacyAdler específicamente para esta historia *_*, y se vienen más, no olviden revisar su página en Devian Art (Neiara28 también me hizo un honor 3). La portada tiene algunos spoilers, que quizá revele en el siguiente capítulo. ¿Alguien puede adivinar de qué se trata? Jejejeje.
En fin, ya saben que si les gusta la historia, denle follow y favoritos, pero sobre todo, dejen un review, eso me ayudaría mucho para continuar (la respuesta del capítulo anterior fue baja :(, y eso que muchos ya estaban desesperados por una actualización xD).
Pues nada, ¡hasta el siguiente capítulo!
