Holi.

¿Qué tal?

Tanto tiempo

DISCLAIMER: Mismo que el anterior, ah.


Luka fue al baño, donde se limpió el pequeño rastro de sangre y trató de cubrir el golpe. Para su alegría, funcionó. Se arregló el cabello y el uniforme y, sin más preámbulos, se encaminó a su salón con un semblante de tranquilidad. Ingresó al mismo y tanto su chica como su mejor amigo la miraron con preocupación. Ella solo sonrió, queriendo decirles que todo estaba bien. Por suerte, el pequeño corte que le hizo el mango de la pistola era cubierto por uno de los tantos flecos de su desastroso cabello.

Se sentó en su lugar y suspiró, pensando que Levkás se las vería negras al siguiente día. Y que ella debía dar largas explicaciones a la presidenta del curso.

A la hora del almuerzo, el primero en abordarla fue Kaito, que solo recibió una sonrisa sincera y un "está todo bien" como respuesta. Él sabía que su amiga no mencionaría nada más sobre su encuentro con el hombre que tanto daño le hizo, así que, se conformó con esa simple respuesta y se resignó a ir con sus amigos.

—Luka ¿estás bien? —preguntó Miku, a sus espaldas, tomando la manga de su saco.

—Sí, no te preocupes.

— ¿Ese hombre en verdad era tu padre?

—No, ese idiota es mi tutor —bufó—, no sé qué tiene en la cabeza para ir por la vida diciendo que es mi padre —finalizó, con clara molestia.

— ¿No me debes algunas explicaciones?

—Más de las que crees. Pero ven, vamos a almorzar a la azotea.

—Sí.

Luka se adelantó hasta el punto de encuentro. Poco después, Miku siguió sus pasos, llegando con algunos minutos de diferencia hasta la cima de su edificio.

Comieron en silencio. Miku estaba algo ansiosa mientras que la alemana mostraba un semblante tranquilo y pensativo. Ella estaba pensando cómo decirle a su enamorada sobre su pasado con Levkás, y su pasado antes de él. Rememoraba pequeños momentos con él, con sus soldados y su extinta familia. El dolor se asomaba por sus orbes azules, y la peliaqua notaba eso, sospechando que el causante de todo ese dolor era el hombre que tenía el título de "tutor". Suspiró suavemente, dándole un mordisco a su comida, parece ser que su enamorada amó a un hombre en el pasado, y no era cualquiera.

—Mira, Miku, la historia es larga y complicada —dijo, cuando finalizaron de comer.

—Tengo tiempo y entendimiento.

—Bien… Tendré que explicarte la historia de mi vida desde el punto en el que me quedé ayer ¿recuerdas? —Asintió—, te lo explicaré a grandes rasgos, otro día podemos entrar en detalles.

—Como tú lo prefieras.

—Mira… ¿Recuerdas lo último que te conté?

— ¿Sobre ella?

—No —frunció el ceño—, que nos mudamos a Ucrania.

—Pero eso no fue lo último que me contaste.

—Como sea —bufó—, el nuevo problema de mi vida comienza ahí, en Ucrania. Nosotros ya estábamos asentados en Kiev y nuestros problemas se habían esfumado. Pero tenemos tanta suerte que estos caen del cielo… O vienen de otro país —comentó, con desprecio—, sabes lo que ocurrió en Kiev con los rusos ¿no?

—Sí…

—Bueno, nos afectó a nosotros también. La guerra, aunque lo nieguen, fue una guerra, acabó con mi familia —dijo, desviando la mirada—, recuerdo que fue durante el primer mes después de las manifestaciones, cuando los militares rusos llegaron a la ciudad. Ellos empezaron a recorrer casas de familias adineradas, intentando hundir a la sociedad ucraniana. Nosotros no éramos nada, pero teníamos dinero y eso era motivo suficiente para matarnos y llevarse un gran botín. Una noche, entraron a nuestra casa y acabaron con mis padres. Mi hermano y yo pudimos escapar por la ventana, pero dejamos atrás a nuestros padres —agachó la cabeza, apretando los puños fuertemente.

—Luka…

—No digas nada —cortó, con dificultad—. Empezamos a recorrer las calles y vivimos en ellas por un tiempo, escondidos. Un mes más después, el asalto fue de parte de los ucranianos, enojando a los rusos por las bajas. Ellos recorrían las calles matando a discreción, algunos, eran ucranianos pro rusos, que querían anexarse a Rusia y tener la nacionalidad. En una de esas, nos atacaron. Hirieron de gravedad a mi hermano y, aunque logramos escapar, murió a las pocas horas. Tuve que dejarlo ahí.

Inspiró profundamente, recordando el cruel momento en que su hermano dio su último respiro, pero regalándole toda su determinación y valentía. Se lo agradecía profundamente, sabía que, él mismo la impulsó a abandonarlo, para que ella viva.

—Él… Fue el que me dio todo el valor necesario para seguir con mi vida a pesar de todo, él me susurró, desde el fondo de su alma, una simple palabra que revolucionó mi mundo y me ayudó a sobrevivir los tiempos de guerra.

— ¿Qué era?

—"Lucha"

—…

—Sí… Lucha. Y lo hice, luché por él, por mi madre y por mi padre. Luché por todos los ucranianos inocentes que perecieron por obra de los rusos. Luché por mí misma, luché por personas que no conozco, luché por las personas que amé y luché por personas que me hirieron. Por todos ellos di cada grito y disparé cada bala. Por cada persona que veía caer, me volvía mil veces más fuerte, solo para ir y vengar su muerte, vengar a su familia, vengar a todas las persona que amó y que amaron a esa persona que vi morir. Luché incluso contra las personas que alguna vez amé, amándolas en ese momento. Tuve que luchar contra el recuerdo de Yomi y luchar contra Levkás. Ahora, sigo luchando contra su existencia, lo hago por mí, porque librarme de ellos dos es vivir libre.

—… —Miku solo agachó la cabeza, dejando fluir las pesadas lágrimas que caían de sus ojos, como si el dolor de Luka, fuera suyo.

—Es extraño… En verdad es extraño —reflexionó, mirando al cielo—, con solo una mirada me entendía con personas que vi por primera vez en la vida. Todos estábamos conectados, teníamos el mismo objetivo y pasamos por grandes dolores. El destino de los ucranianos está escrito con sangre, la sangre de sus compatriotas… Con mi sangre.

Se sumieron en el silencio. Miku miraba el rostro triste de Luka, que le daba una mirada melancólica al cielo azul, ligeramente manchado por algunas nubes grises. Quiso acercarse y besarla suavemente, susurrarle que la amaba y que podía descansar en sus brazos, pero no le parecía el momento oportuno, no quería interrumpirla ni llevarla al quiebre total. Su chica estaba haciendo un esfuerzo impresionante para no caer.

—Los días pasaban —continuó— y, rápidamente, se convirtieron en meses. Me uní a un grupo de sobrevivientes y, gracias a mis habilidades con las armas de fuego, me convertí en líder rápidamente. Fuimos a Sebastopol en busca de compatriotas que necesiten ayuda o quieran unirse a nosotros. Tuvimos varios tiroteos contra los rusos y los asaltamos en varias ocasiones, era horrible y divertido, al mismo tiempo. Cada bala que acaba con la vida de una persona, mataba mi alma lentamente. Ahora mismo, creo que ya no poseo una, he matado tantas personas sin importarme quiénes sean que muchas veces siento que no merezco vivir.

—Luka, no digas eso, por el amor de dios —se apresuró a abrazarla por la cintura.

—Solo digo lo que pienso, acababa con ellos sin pensar que, quizás, tenían una familia que los esperaba, unos padres enfermos a los que cuidar, una pareja con la cual volver. No, no me ponía a pensar eso, solo quería matarlos y que desaparezcan.

—Solo querías protegerte, a ti misma y a tus compañeros. Está bien.

—Muchas veces nos vimos obligados a abandonar a algún que otro compañero, porque los soldados rusos eran demasiados y debíamos escapar. Nos partía todo lo que somos el hacer eso, pero debíamos correr para seguir con vida.

Inmediatamente, Miku recordó el pequeño episodio del gatito callejero, empezando a comprender todas y cada una de las palabras que alguna vez salieron de la boca de Luka. Sí, ella empezaba a entender, por qué su chica era así. Y eso no hacía más que conmoverla a un nivel infinito e incomprensible.

—Los rusos estaban cerca de apoderarse de Sebastopol, pero, para conseguirlo, debían asegurarse de algunas cosas con la OTAN y la UE. Ellos empezaron a hacer presión de forma cruel. Secuestraban personas y las torturaban, incluso, hasta la muerte. Lo hacían para apresurar la respuesta de las organizaciones y, entre más tarden, más éramos los que sufríamos las consecuencias.

—No me digas que… —no pudo acabar su frase, con un fuerte nudo en la garganta.

—Sí, yo estoy en algo que, en Ucrania, llaman "La lista de los malditos". Una noche, cuando estábamos durmiendo entre algunos escombros cerca del puerto, los rusos lanzaron un gas lacrimógeno en medio de nosotros. Nos alarmamos enseguida pero no veíamos nada. Así, lograron adormecernos a todos y llevarnos a Rusia, enfilados para ser parte de su macabro plan.

Luka apretó el agarre, besando el hombro de su amada, para luego reposar el mentón, intento ahuyentar los malos recuerdos con un poco de amor.

—Uno de los carceleros… Era Levkás, mi tutor.

— ¿Qué? —Luka se sorprendió, tensándose.

—Así es. Ahí nos hicieron muchas cosas y él se encargaba de escoltarnos, a un pequeño grupo, hasta las diferentes salas. También nos llevaba la comida y, a veces, paseaba por las noches y hablaba con los prisioneros que no podían dormir. Era relativamente amable. Empezamos una extraña relación, solo hablábamos durante la noche y nos conocíamos a fondo. A él no le gustaba lo que hacía, pero si traicionaba a su país, lo meterían a la cárcel. Él empezó a gustarme, era muy amable conmigo y siempre se reía de mí cuando escupía la comida y se la lanzaba. Recuerdo que, una noche, tuve una crisis y me puse a llorar como una niña pequeña. Algunos soldados entraron a mi celda con intenciones de golpearme para que me calle, vaya genios. Él intervino y los mandó mudar, diciendo que se encargaría de la situación. Yo pensé que me violaría o algo así, pero él me abrazó y empezó a susurrarme cosas cursis al oído. Me tranquilicé y me dormí en sus brazos. Creo que, en ese momento, nuestros sentimientos se encontraron. Empezamos una especie rara de romance, si se puede llamar así.

— ¿Ahí?

—Pues… Sí. Él siempre trataba de protegerme de los soldados y me consolaba. Siempre pasaba las noches en mi celda, dándome cariño y besándome, trataba de curar mis heridas con improvisados primeros auxilios y ahuyentar el dolor con amor. Era arriesgado, pero lo hacía.

Luka suspiró, nostálgica.

—Yendo a lo interesante, Levkás se estaba frustrando cada vez más porque debía tratarme mal en frente de los demás, ser brusco y hasta golpearme, y eso no le gustaba, por lo que, una vez, confabulado con su mejor amigo, planearon mi escape y el de algunos otros. Fue muy difícil y complicado, pero logramos escapar los tres prisioneros junto a Levkás y su amigo, Dmitriv. El complejo estaba en medio de un bosque que, por suerte, los dos rusos idiotas conocían bien, así que llegamos a un pueblo escondido en el valle. Ahí, nos tomamos el tiempo y nos recuperamos lo suficiente. Levkás y yo empezamos a ser novios oficialmente y, la verdad, me sentía relativamente feliz. Digo, todo lo feliz que puedes llegar a ser después de todo eso.

—Lo querías mucho ¿no?

—Amaba a esa bestia —suspiró.

— ¿Y ahora?

—Ahora ya no, quiero verlo muerto y a tres metros bajo tierra.

— ¿Por qué?

—Esa parte de la historia de la cuento otro día. En fin, cuando llegamos a Moscú, fuimos directamente a la embajada alemana. Usé el peso de mi apellido para conseguir un país en el que pueda refugiarme sin que nadie nos moleste y nos mandaron aquí. El embajador alemán se llama Praats y fue mi encargado ya que formo parte de la alta sociedad, en teoría. Praats desconfía mucho de Levkás, por lo que no quería dejarme a su cargo. Logré convencerlo alegando a nuestros mutuos sentimientos, pero él sigue bajo amenaza, si me llega a ocurrir algo, sea lo que sea, lo sacarán de su puesto en la embajada rusa y lo mandarán a su país, donde es buscado por traición. De eso vino a hablarme ayer, quiere que me ponga de su lado y lo defienda ante Praats.

— ¿Y era necesario que venga aquí a asustarnos?

—Bueno… Praats no sabe que no seguimos juntos y que terminamos de la peor de las maneras posibles, cree que seguimos viviendo felices bajo un mismo techo y que él es como mi ángel guardián. Pero, como hace unas semanas, mis notas bajaron radicalmente, Praats culpó a Levkás de haberme hecho algo o no cuidarme bien, por lo que lo había citado en mi compañía, pero como yo me borré de la vida de él, no sabía dónde buscarme que no sea en el colegio, así que vino hasta aquí a pedírmelo.

— ¿Debes hacerlo? Defenderlo. Si tanto lo odias no creo que deberías.

—…

—Si dices odiarlo ¿irás a defenderlo?

—…Sí, iré.

— ¡Pero lo odias, maldita sea! —exclamó, frustrada, separándose de ella.

— ¿Por qué te pones así?

—Es un hombre al que has amado en el pasado, veo en tus ojos lo importante que fue en tu vida y ahora debes ir con él ¿cómo crees que eso me hace sentir?

—Sé que no es agradable, pero no tengo alternativa.

— ¿Por qué?

—…

— ¡Dímelo, Luka!

—Él… Me tiene bajo amenaza, en parte es por eso.

— ¿Bajo amenaza?

—Primero eso. Segundo, si él me ha salvado una vez, le debo un favor, lo salvo esta vez y nunca más volverá a molestarme. A excepción que me meta en graves problemas.

— ¿Con qué rayos te amenaza?

—Mira… Prométeme que me escucharás y no te alterarás.

— ¿Tan malo es?

—Sí.

—Suéltalo.

—Bien… Nosotros éramos… Algo adictos al sexo —Miku arqueó una ceja, disgustada— y, en el calentón, se nos ocurrió grabarnos haciéndolo.

— ¿Qué? —ella abrió los ojos desmesuradamente.

—Sí, bueno, tenemos algunos vídeos prohibidos que están en su poder —se removió, incómoda—, y me dice que si no lo defiendo, los publicará en la red.

— ¿En qué rayos estabas pensando cuando aceptaste eso? —preguntó, despectiva.

— ¡Lo amaba, Miku! ¿¡Acaso crees que siquiera se me cruzó por la cabeza que algún día el, en ese entonces, atento y cariñoso Levkás, iba a usarlo en mi contra!? —exclamó, frustrada—. ¿¡Crees que siquiera se me cruzó por la mente la posibilidad de que nuestra relación termine!? ¡Por el amor de dios, él me salvó y sentía un amor tan profundo que hasta una familia quería que formemos, quería pasar el resto de mi vida a su lado! —Finalizó, con lágrimas en los ojos—, trata de comprenderme por favor, no sabes lo doloroso que es para mí hablar de esto —rogó, con la voz totalmente quebrada.

—Lo siento —susurró, dejando salir un par de lágrimas.

—Además, tiene razón al decirme que le debo mucho. Dios, ese hombre me salvó y me amó cuando más miserable me sentía. Me ayudó a reconstruir mi vida y me enseñó a soportarlo todo, me enseñó cómo actuar cuando él no esté, pero nunca lo interpreté como que en verdad se marcharía de mi vida —dijo, secando sus lágrimas, pero más seguían saliendo.

— ¿Y por qué lo odias?

— ¡Porque me abandonó! ¡Siempre me mintió, se reía de mis sentimientos y de mi ingenuidad! —Exclamó—, fui una estúpida al creer en sus palabras, él era un monstruo y yo no quería verlo. Pensaba que estaba bien que me grite cuando volvía del trabajo, frustrado porque las cosas en Ucrania no avanzaban. Creía que estaba bien que él desaparezca por días y luego vuelva más distante que antes, creía que era normal que a veces me insulte. Pero llegamos al límite cuando fue a una misión a Ucrania como soldado ruso, decían que eso lo ayudaría a limpiar su nombre.

Miku tomó su mano, tratando de darle tranquilidad a su amada.

—Él se fue a matar gente inocente, Miku. ¡Fue a hacer lo mismo que hacía cuando me encerraron! Solo que yo ya no estaba ahí para ponerle freno ¿¡Tienes idea de a cuántas personas hizo sufrir!? Y después, cuando volvió, estaba aún peor conmigo. Nuestra relación se volvió en puro sexo. Es cierto, lo disfrutaba, siempre disfruté que tengamos sexo, pero eso era todo. Él llegaba, se bañaba, yo le preparaba comida y después él me tomaba, casi no hablábamos, él empezó a verme como un objeto sexual. Él dejó de amarme y yo lo noté. Cuando le dije que nuestra relación terminaba, él se puso tan nervioso que empezamos a pelear a los puños, hasta que logré dormirlo y huí. La siguiente vez que nos vimos fue en el despacho de la directora, cuando él firmó el contrato de mi educación. Pero no mediamos palabras, ni siquiera nos saludamos. Yo temía que él me siga y descubra donde vivo, pero no lo hizo. Hasta ahora, no lo sabe.

—Luka, lo siento tanto, por dios, ven aquí —la atrajo a sus brazos, hundiendo su cabeza en su pecho, acariciándola.

—No lo entiendo Miku ¿por qué él dejó de amarme? ¿Acaso hice algo mal? Siempre trataba de demostrarle todo el estúpido amor que sentía y lo complacía de todas las maneras, pero igual, él me dejó. No lo entiendo —finalizó, llorando.

—Quizás él no era para ti.

—Era un idiota —sollozó.

—Mi amor, tú te mereces a alguien mucho mejor que él.

—No lo sé, Miku. Ni siquiera siento que merezca vivir. No te merezco a ti, amada mía, no, no te merezco para nada… No —su voz raspaba su garganta.

—No digas eso mi amor, no pienses así. Yo quiero estar contigo.

— ¿En verdad estarás conmigo?

—Claro que sí mi amor. Nunca te dejaré, pero, para eso, quiero que me dejes amarte. No te hagas más daño, ámame como tanto quieres amarme, corazón.

—Miku —sollozó, de vuelta—, estoy tan sola.

—Conmigo no lo estarás —susurró, unas lágrimas traicioneras cayeron de sus ojos.

Se acercó más, envolviendo a su amada chica en sus brazos, deseando cuidar de sus heridas y sanarlas todas. Besaba su cabeza repetidas veces mientras acariciaba su espalda. Inspiró profundamente y empezó a cantarle dulces canciones de amor. Rápidamente, la mujer logró tranquilizarse, pero Miku siguió cantando, dándole una paz inexplicable al corazón de su enamorada, que empezó a respirar acompasadamente mientras oía los fuertes latidos del corazón de su amada.

— ¿Recuerdas que me dijiste lo de tu padre? —preguntó, después de algunas canciones.

—Sí…

—Bueno, tú has hecho algo que mi madre solía hacer.

— ¿Ella te cantaba? —preguntó, sonriendo enternecida.

—Sí, me cantaba cuando lloraba y cuando tenía pesadillas. Solía ir a su cuarto diciéndole que tuve un sueño feo, entonces, me metía entre mis padres y mi madre me cantaba canciones para niños, a pesar de que ya tenía quince años.

—Pero qué ternura —Miku rió.

—Ella me seguía tratando como una niña a pesar de que hasta novia tenía, siempre me decía que era su niña pequeña aunque sea más alta que ella.

Ambas rieron, mirándose con amor.

Luka se arrastró por el piso, descansando su cabeza en el regazo de la peliaqua, que empezó a jugar con sus flecos, manteniendo una tenue sonrisa en el rostro. La alemana tomó la mano libre de Miku y empezó a jugar con sus dedos, sonriendo como una niña pequeña que estaba siendo mimada.

—Luka —la llamó, dulce.

—Dime, corazón.

—Te amo.

Luka se levantó abruptamente, mirándola con claro asombro. Aún estaba procesando lo que eso significaba cuando Miku se acercó a su rostro y le dio el beso más dulce y cálido de toda su vida. El perfecto roce de sus labios desató miles de sentimientos en su interior, eliminando toda culpa y todo remordimiento de su consciencia, que salían de ella en forma de lágrimas que resbalaban por sus mejillas. Como si temiera que se rompa, la alemana acercó su mano al suave rostro de su amada, tomándolo delicadamente.

Se separaron lentamente y cruzaron miradas. Ambas notaron que sus ojos lucían diferentes, tenían el brillo que tanto les faltaba y parecían sonreírse entre ellos. Un ligero toque de ternura mezclada con amor se asomaba en sus orbes y ellas solo atinaron a besarse nuevamente, riendo.

— ¿Qué te parece si vas a cenar a casa esta noche? —sugirió Miku.

—Me parece excelente.

—Te estaremos esperando, entonces.

Luka le dio una sonrisa inocente, de esas que más encantan a su amada chica. Ella volvió a reposar su cabeza en el regazo de la peliaqua, sonriente, cerrando los ojos, disfrutando de las caricias que su chica le daba por todo el rostro, acariciándolo, jugando con sus flecos mientras mantenían sus dedos entrelazados. Miku deseaba escuchar su voz de vuelta, en ese tono tan dulce y romántico que usaba solo con ella, pero quería mantener así el momento tan lindo que estaban viviendo, su voz la podía escuchar en todo momento. Suspiró, observándola atentamente, inspeccionando su rostro.

Notó los pequeños lunares que estaban por su rostro, apenas eran tres. Uno estaba al lado del ojo derecho, acercándose al centro de la sien. Otro lo tenía en el lado izquierdo de la barbilla, cerca del mentón y, luego, su favorito, un pequeño punto marrón cerca de la comisura izquierda de su labio. Sonrió con ternura, acariciando ese lunar, dándole cosquillas a su amada. Observó su amplia sonrisa y los hoyuelos que se marcaban en sus mejillas, alargados, sexys, dándole el toque perfecto a esa curvatura que dejaba a la vista sus blancos y alineados dientes.

Luka abrió los ojos, descubriendo a su chica infraganti, pero ésta no apartó la mirada, la sostuvo, a pesar del sonrojo que adornaba sus mejillas, dándole un aspecto sumamente tierno para la alemana. La pelirrosa se sentó, dejando su rostro a la altura de la menor, que le sonrió y luego mojó sus labios. Volvieron a besarse, masajeando sus labios lentamente, disfrutando cada segundo del contacto.

El timbre sonó, acabando con el momento romántico de las chicas. Luka solo hizo la misma expresión frustrada de siempre, que hacía reír a Miku. Ambas se levantaron y se dirigieron a su salón, rodeadas de un pacífico silencio.


El día pasó rápidamente y la noche empezó su reinado de doce horas. Una alemana vestida con su típico pantalón de mezclilla azul, su tenis gris y su remera deportiva negra, que tenía las tres rayas blancas en los brazos, tocaba el timbre de la casa Hatsune, tratando de contener la emoción que sentía. La puerta se abrió, dejando ver a la sonriente hija mayor de la familia, que llevaba un ligero vestido amarillo con tirantes blancos y algunos detalles del mismo color. Luka sonrió, sonrojada, deleitándose con la hermosa vista que tenía.

Miku abrió el portón, ligeramente avergonzada. Se sentía como si fuera la típica chica enamorada que recibe a su guapo novio en casa, para el que se ha vestido y perfumado. Su enamorada la rodeó con sus brazos, hundiendo su rostro en el cuello de la peliaqua, que rodeó su cuello con ambos brazos.

—Te ves hermosa —le susurró.

Ella solo atinó a reír, sonrojada. Es que, la alemana tenía toda la razón. Ese vestido amarillo marcaba su cintura, dejando ver sus ensanchadas caderas y apreciar sus pechos, que estaban firmes y levantados gracias al sostén que llevaba. Tuvo unas inmensas ganas de tocarlos, pero se contuvo. Se separaron y entraron a la casa, con grandes sonrisas en sus rostros.

Apenas cruzaron la puerta, Luka le plantó un profundo beso a su amada, que, ligeramente sorprendida, respondió con la misma intensidad, sonriendo en medio de la caricia. Se separaron rápidamente cuando escucharon pasos aproximarse a la sala.

—Hola, Luka-chan —saludó Miyako, con una sonrisa jovial.

—Buenas noches, señora Hatsune.

—Ya te dije que dejes de ser tan formal —rió.

—Lo siento, no puedo evitarlo —dijo, sonriente.

—Bien, la cena aún no está, así que pueden hacer lo que quieran mientras tanto.

—Vamos a quedarnos aquí, hablar un poco, lo de siempre —intervino Miku, sonriente.

—Está bien —miró atentamente a su hija— vuelvo a la cocina.

— ¿Quieres tomar algo? —preguntó la anfitriona, entrelazando sus dedos con los de ella.

—Solo si tienes…

—Puedo traer jugo de durazno.

—Está bien.

Antes de retirarse, volvió a besarla, masajeando sus labios con los suyos. Se sonrieron y Miku se dirigió a la cocina, sin lograr bajar las comisuras de sus labios.

— ¿Debería llamarte cuñada?

—Aún no, Mikuo.

Luka elevó la vista, encontrándose con los orbes aqua del chico, que le mostraba una sonrisa pícara desde la punta de la escalera. Bajó rápidamente, saludando a su amiga con un choque de puños, empezando una animada conversación.

Mientras tanto, Miku tomó un par de vasos, un poco de hielo y la jarra llena del jugo de durazno. Buscaba una bandeja mientras fantaseaba en su mente, manteniendo una tenue sonrisa y un casi imperceptible sonrojo. Claramente, su madre notó todo eso, mirándola atentamente. No tardó en sospechar que el "chico" con el que su hija estaba viéndose, era la alemana de ojos azules. Apretó los labios, no quería que su hija sea homosexual, pero debía controlarse.

Se veía demasiado feliz.

Suspiró, llamando la atención de su hija, que sacaba una bandeja de plástico del almacén. Ella borró la sonrisa y parpadeó un par de veces, ligeramente preocupada por el suspiro resignado que soltó su progenitora.

—Madre ¿ocurre algo? —preguntó, acercándose.

—No, nada, estaba pensando estupideces —dijo, mientras revolvía la salsa, sin mirarla.

—Pues… Deja de pensarlas —bromeó.

—Sí, debo hacer eso.

Su hija le dio una ligera palmada en la espalda y volvió a lo suyo, acomodando las cosas sobre la bandeja y volviendo a la sala, donde encontró a su hermano y su enamorada hablando animadamente. Sonrió ante la escena y, luego de bajar la bandeja sobre la mesa, se unió a la conversación.

—Vengo a intervenir.

— ¡Oh! Miku, justo estaba preguntando a esta idiota cuándo será mi cuñada.

—Mikuo, tarado —susurró la aludida.

—Bueno… —comenzó, sonrojada— creo que, cuando se decida —dijo, desviando la mirada.

— ¡Oh! Eso es interesante.

—Miku… ¿Qué quieres decir con eso? —preguntó, sin comprender.

—Lenta —dijo el chico.

—Por primera vez, concuerdo con mi hermano, lenta… Lenta idiota.

— ¿Eh?

Los hermanos rieron, sorprendiéndose de lo torpe que la alemana resultó ser para esas cosas, a pesar de tener una supuesta experiencia. Quizás, el compromiso estable era algo totalmente desconocido para ella. Miku sabía perfectamente que el amor que le ofrecía era algo que la revoltosa chica nunca había visto en su vida, así que, de cierta manera, la comprendía. No le importaría esperar por ella, lo haría, el tiempo que sea necesario. Parecía ser que, los papeles se invirtieron y toda la seguridad que la pelirrosa sintió en el pasado, se esfumó, dejando a la vista a quien es en verdad, una niña dulce y tierna que solo quiere amor. Y ella estaba dispuesta a dárselo.

Mikuo se retiró hacia la cocina, con intenciones de entretener a su madre mientras las chicas se daban algo de cariño. Ambas se sentaron en el sofá de cuero, abrazadas, dándose dulces besos. Tomaron el jugo mientras hablaban sobre sus actividades diarias. Luka se sentía totalmente entusiasmada con el campeonato que empezaba ese mismo sábado, tan solo faltaban dos días. Mientras que, Miku, le contaba con satisfacción sobre sus resultados en el club de natación y la organización del dichoso campamento de verano, que se había pospuesto para el siguiente fin de semana, ya durante las vacaciones.

—Ayer, Gakupo estaba comentando que quería hacer una fiesta en su casa, este sábado —dijo Luka, mientras reposaba su cabeza sobre el regazo de su chica.

— ¿Por el fin de clases?

— ¡Sí! Queremos organizar una gran fiesta con los compañeros ¿qué te parece?

—Excelente, asistiré por primera vez en la historia.

— ¿Irás conmigo?

—Claro que sí, querida.

Ella solo sonrió ampliamente, feliz por la buena predisposición de su amada. Siguieron conversando, rodeadas por una paz, dentro de su propia burbuja, con pequeñas bromas, cortas discusiones y palabras llenas de dulzura y cariño.

Mikuo apareció, interrumpiendo el momento. Recibió una sarta de insultos de parte de su hermana, que solo causó la gracia del chico. Los tres se dirigieron a la cocina, sentándose en sus respectivos lugares en la mesa mientras la comida era servida.

Los cuatro empezaron a convivir, hablando de distintos temas y comentando, principalmente, sobre sus actividades del instituto. Miku informó a su madre sobre el campamento de verano que fue pospuesto y la fiesta en la casa de Gakupo.

—Me sorprendes, hija, nunca había ido a las reuniones de tus compañeros —comentó.

—Sí, pero hay una primera vez para todo ¿no? —respondió, ligeramente nerviosa.

—Me parece bien, Luka-chan, cuida de mi hija, que no haga nada estúpido.

— ¡Por supuesto!

—Creo que yo terminaré cuidando de ella —comentó, con fingido pesar.

—Pero, Miku, yo soy una persona muy decente.

—Y muy alcohólica.

— ¡Esos pequeños detalles deben pasar desapercibidos!

—Ni una gota de alcohol.

— ¿¡Por qué!?

—Porque eres una alcohólica.

—Pues debes permitirme disfrutar de mi vicio.

—No.

—Sí.

—No me gusta que tomes mucho.

—Entonces tomaré poco —sentenció, con una sonrisa triunfal.

— ¡No! —exclamó, indignada.

Luka rió, pero Miku solo frunció el ceño y se cruzó de brazos, fingiendo enfado.

—Vamos, tonta, no te enojes —pidió, picándole una mejilla.

—Idiota —rió a causa de la cosquilla que le provocaba.

Miyako observó todo atentamente, viendo en evidencia los sentimientos de las dos chicas que tenía en frente. Pensó que, quizás, ellas solo se llevan muy bien. No podía aceptar que su hija haya elegido estar con una mujer. Quizás, solo se preocupaba por su amiga y ella estaba alucinando. Volvió a suspirar suavemente.

—Por cierto, los invito a mi torneo del sábado. Jugaremos contra algún club de por ahí, que no recuerdo el nombre. Como es la inauguración de campeonato, será a las cuatro de la tarde en nuestra cancha, el estadio Ajinomoto.

—Nos encantaría —aceptó Miyako, sonriente.

— ¡Vamos todos! —exclamó Miku, entusiasta.

—Ese es el espíritu —comentó Mikuo, sonriente.

— ¿Puedo invitar a mis amigos? —preguntó la peliaqua.

—Claro, de hecho, mi escuadrón de tarados irá.

—Todo un club de fans —comentó Mikuo.

— ¡Inscripciones gratuitas! —bromeó la alemana.

Los cuatro se pusieron a reír, empezando a comentar sobre la actividad de fin de semana mientras comían en un ambiente cálido y familiar.

Cerca de las nueve treinta de la noche, Luka empezó a despedirse de los Hatsune, agradeciendo por la comida. Olvidando la posibilidad de que esa chica haya enamorado a su hija, Miyako la apreciaba profundamente, siempre sintió una gran simpatía por la chica de ojos tristes que, si se fija ahora, tiene una mirada tranquila con un brillo especial. No tenía ningún tipo de rencor contra ella y, de hecho, aceptaría con mayor facilidad una relación entre ella y su hija, que con cualquier otra persona.

—Nos vemos mañana —dijo Luka, en el portón de la casa.

—Sí.

—Ha sido un día genial. La pasé muy bien.

—Yo también, Luka.

—Te amo —confesó, usando un tono dulce.

—Yo también te amo —contestó, en el mismo tono, sonrojada.

La mayor sonrió, acercándose a los labios de su enamorada. Los aprisionó suavemente, en una caricia delicada y, de a poco, fue subiendo de intensidad hasta convertirlo en un apasionado beso que despertaba el deseo en ambas. Buscaron sus lenguas y se encontraron, conociéndose cada vez más y empezando a formar una erótica coreografía que las hacía delirar. Luka rodeaba la cintura de Miku con sus brazos y sus manos reposaban a la altura de sus costillas, en la espalda, mientras que, la peliaqua, rodeaba el cuello de su amada, sosteniéndose de ella. Como era de noche, no había nadie por la calle ni curioseando desde las sombras, por lo que pudieron disfrutar del beso sin restricción alguna.

—Debo irme —susurró Luka, cuando se separaron unos centímetros.

—Sí —contestó, también en un susurro.

—Nos vemos mañana.

—Nos vemos —le dio un corto beso de despedida, separándose de ella.

Miku quedó en su lugar, apoyándose por el portón mientras le daba una dulce mirada a la alemana, que se montaba sobre su motocicleta. La mujer se puso el casco y arrancó el motor. Se volvió a despedir, agitando la mano que tenía cubierta con el guante negro sin dedos y aceleró, perdiéndose entre las calles.

Faltaban muy pocas piezas para que el rompecabezas quede terminado.


JEJEJEJEJEJE.

Odien a Levkás, yo por ejemplo le odio ah.

La verdad no tengo excusas para no haber publicado en todo este tiempo, nada más que la flojera crónica que tengo, que empeoró gracias a al universidad y el laburo ah.

Espero no tardar demasiado para el siguiente :v pero es una mera ilusión (?)

Me da DEMASIADA paja responder reviews ahora. Lo hago en el próximo capítulo.

Plz no me odien (?)

Bait.