¡Pensé que no lo lograba! xdd Tenía la inspiración por los suelos así que lo siento si este capítulo apesta.
-o-o-o-
Capítulo 10: Cumpliendo todos tus deseos.
Hikaru's pov.
"No sé qué hacer para que me crea, tienes que ayudarme, Haruhi." Andaba por los pasillos junto a ella, los dos cargábamos con un montón de libros que la profesora le había pedido a la chica que llevase a una sala. Viendo que no podría llevar tantos de una vez me ofrecí para ayudarla y, de paso, aprovechar para pedirle consejo.
Después de que hiciésemos las paces –más o menos– mi gemelo y yo, todo había vuelto a la normalidad; aunque las cosas estaban aún un poco tensas con los demás del club.
"Hikaru, ya te lo he dicho." Contestó cansada. "Tiene que salir de ti."
Y concluyendo nuestra conversación entró en la sala y dejó los libros en una de las mesas. Soltó un suspiro de alivio por librarse de todo ese peso y se frotó un poco los hombros tratando de recuperarse del sobrepeso.
"¡Pero no se me ocurre nada! ¡Por favor, lo necesito, lo quiero mucho y él no me cree!" Estaba siendo totalmente sincero y yo no era alguien que iba demostrando lo que sentía por ahí, incluso cuando salí con ella apenas le decía 'te quiero'.
Viendo lo cabezón que podía llegar a ser, la andrógina decidió no contestar a ninguna más de mis suplicas y regresar al aula ignorándome totalmente.
"Eres su gemelo, Hikaru, tienes que saber lo que le haría ilusión, ¿no?" Concluyó cuándo nos encontrábamos en la puerta de la sala, mirándome fijamente. Se notaba que había consumido por completo su paciencia.
…
Las clases pasaron y yo seguía dándole vueltas al mismo tema. ¿Qué podía hacer para que me creyese? En cierto modo era demasiada presión y Kaoru sabía que yo no era muy detallista –por no decir nada detallista. Sin embargo, él había pronunciado aquel 'demuéstralo' con sus ojos clavados en mí, reflejando una incontenible expectación por ver de que era capaz. No podía decepcionarle, ¿verdad?
"Kaoru-kun hoy pareces estar de muy buen humor." Destacó una de las chicas del club. Después de unas cuantas actuaciones las chicas habían empezado una ronda de preguntas sobre como estábamos de nuevo juntos, si habíamos solucionado todo… En fin, hablar un rato. En realidad, yo también me había dado cuenta de lo feliz que estaba hoy mi gemelo. Era fácil de ver teniendo en cuenta lo decaído que había estado, era un contraste muy destacable.
El pelirrojo sonrió.
"Sip, es que nuestra madre me prometió traerme un pastel de Arabia Saudí que me encanta y teóricamente llegará hoy." Exclamó feliz con su uke-sonrisa, cautivando a todas las chicas y provocando una ronda de suspiros y desmayos.
Por mi parte, su dulce sonrisa hizo que apareciese un leve sonrojo en mis mejillas. Era adorable. Era como una cualidad suya que aunque fuésemos idénticos era imposible de copiarle, yo no podía ser así de mono ni en broma.
"¡Kyaa! ¡Hikaru-kun se ha sonrojado!" Me delató una de las chicas haciendo que adquiriese un rubor más notable aun por la vergüenza de que me hubiesen pillado.
"N-No es verdad." Protesté girando la cara para que nadie más viese que estaba sonrojado.
"¡Kyaaaa! ¡Ahora lo está aún más!"
"¡Es la reacción de un seme al ver a su uke!"
"¡Moeeeee~!"
Ahora había aparecido incluso Renge –con micrófono incluido– que dirigía a todas las fans y que formaba un escándalo aun mayor y más insoportable.
Hacía mucho que no aparecía la peli roja con su plataforma giratoria, Kyouya-sempai nos había explicado hace ya que había vuelto a Paris un tiempo para visitar a su padre. Pero según parecía la otaku loca que se pasaba el día gritando 'Moe' había vuelto ya.
"¿De verdad te has sonrojado?" Dijo mi gemelo, burlándose un poco. Ahora las clientas estaban preguntándole a Renge a cerca de su viaje así que supongo que podíamos tomarnos un mini-descanso.
"No." Me hice el tonto, inflando mis mejillas infantilmente y mirando a otro lado. Escuché la risita de mi hermano por lo bajo y después sentí como me daba un beso en la mejilla acompañado de un leve tirón de esta y un 'que mono'.
…
Llegamos a casa exhaustos, desde que volvíamos a estar juntos teníamos un montón de clientas cada día y era agotador. Aun así, la sonrisa de entusiasmo de Kaoru no desapareció.
En cuanto pusimos un pie en la mansión, nada más abrirnos la puerta principal, ya había una criada con el teléfono en la mano e indicándole a Kaoru que se pusiese –a veces acertaban de casualidad con los nombres.
"¿Hola?" Preguntó pegándose el teléfono a la oreja. "¡Ah, hola, mamá!" Contestó felizmente al saber de quien se trataba. Yo me quedé a su lado observando como hablaba. "¿Eh? ¿Por qué?" Ahora su tono de voz se notaba triste y la sonrisa permanente que tenía hace unos segundos se había borrado por completo. "Sí… Vale… Lo entiendo…" Y colgó.
En cuanto otra chica se llevó el teléfono a su sitio me acerqué más a ver qué pasaba, aunque conociendo a nuestros padres –y, sobretodo, conociendo a Kaoru– podía imaginármelo.
"¿Qué ha pasado?" Cuestioné apoyando mi barbilla en su hombro y abrazándolo por detrás.
Él suspiró y me miró de reojo.
"Mamá dice que no puede enviarme el pastel. Ya sabes, por eso de la avería del avión y todo eso."
"Lo que imaginaba." Me dije a mi mismo.
Me sabía mal por él, sabía lo mucho que le gustaba ese pastel y se había pasado todo el día comentando las ganas que tenia de llegar a casa y probarlo.
"Bueno, no importa. Me voy a mi habitación." Murmuró decaído.
Se separó lentamente de mí y se encaminó, escaleras arriba, a su cuarto.
Y entonces se me ocurrió. Aquello de lo que hablaba Haruhi; algo que realmente le hiciese ilusión.
Kaoru's pov.
Subí a mi habitación desanimado, ese pastel me encantaba y me había hecho ilusiones que ahora se desvanecían. Aunque esta no era la primera vez que pasaba algo así, como cuando nuestros padres no estuvieron en nuestra fiesta de cumpleaños y, en vez de eso, enviaron a nuestra insoportable tía. Pero lo distinto era que ahora no estaba mi gemelo o, al menos, no estábamos tan unidos.
Mi mente se desvió entonces a otro asunto. Hikaru últimamente estaba más nervioso, llevaba así desde que le dije que me demostrara que me quería, lo que me llevaba a cuestionarme si se lo estaría tomando en serio.
Con esos pensamientos confusos me tiré encima de la cama y me dispuse a dormir un rato hasta que fuese la hora de la cena. El club recientemente era mucho más agotador, al final, hasta me acababa doliendo la cabeza por oír tantos gritos; era admirable que Hikaru no hubiese perdido ya los estribos.
Mis parpados se cerraron pesadamente y me acomodé mejor encima de las suaves y finas telas de seda.
…
Desperté sintiendo unos labios sobre los míos, unos que, pese a solo haber probado una vez, era como si conociese cada milímetro de ellos. Abrí los ojos y me encontré con los orbes ámbar de Hikaru, mirándome intensamente. Me separé de él de un salto en cuanto reaccioné y lo miré notando mis mejillas arder.
"¿Q-Q-Que haces?" Tartamudeé cubriéndome la boca y mirándolo con ojos nerviosos.
Él se rió un poco de mi reacción antes de contestar.
"Besarte, ¿es que no lo ves?" Respondió con una sonrisa de oreja a oreja.
"N-No me refería a eso. Me refería a porque me besas así de repente." Fruncí mi ceño un poco, con mis mejillas infladas y aun rojas.
"Porque te quiero." Dijo simplemente. Su mirada estaba fija en mí, mirándome intensamente a los ojos. Abrí la boca para protestar pero me detuvo el dedo de mi hermano. "Antes de que vuelvas a quejarte, vengo a demostrarte lo mucho que me importas."
Quitó su dedo de mis labios y se separó un poco de mí. Fue hacía la mesita que había al lado de la cama. Mis ojos se abrieron de par en par al ver lo que había allí encima. Allí estaba ese pastel que tanto adoraba, recubierto de chocolate y crema y con algunas fresas encima.
Se sentó a mi lado en la cama, con aquel delicioso postre en sus manos.
"¿¡Mamá lo ha podido enviar al final!?" Pregunté emocionado con mis ojos clavados en el delicioso pastel.
Él negó con la cabeza sonriendo.
"Me sorprende que no recuerdes que cuando mamá dice algo es eso y punto." Me contestó. Le miré confuso. Entonces, ¿de dónde había salido? "Lo he hecho yo."
Y si antes estaba sorprendido, ahora no podía ni definir como me sentía. ¡Hikaru no se molestaba tanto por nadie!
"¿L-Lo has hecho tú?" Balbuceé sin salir de mi asombro.
Él asintió.
Me abalancé sobre él para abrazarlo, casi cargándome el pastel y notando como lágrimas de emoción resbalaban por mis mejillas. Hikaru me rodeó con sus brazos y correspondió a mi abrazo acariciándome la espalda.
"Puede que no sepa tan bien como el que hubiese traído mamá pero…"
Hikaru's pov.
Antes de que pudiese acabar la frase pude sentir los labios de Kaoru sobre los míos. El gusto salado de sus lágrimas se mezclaba con el sabor dulce de sus labios. Correspondí a su beso y luché porque mi lengua fuese la que dominase aquel beso.
"¿Significa eso que me crees ahora?" Cuestioné con una sonrisa de superioridad mientras secaba sus lágrimas con mi pulgar.
"Claro, tendría que ser muy cruel para no hacerlo."
Me sonrió de esa manera que tanto adoraba y le aparté unos mechones peli rojos de la cara antes de volver a besarle.
"¿Puedo comerme ya el pastel?" Preguntó tímidamente cuando nos separamos de nuevo.
"Claro." Dije riéndome.
Cogió una de las cucharitas que había en el enorme plato y cogió un trocito. Observé como se lo llevaba a la boca muriéndome de nervios. ¿Y si sabía fatal? Después de todo a mí no se me daba demasiado bien cocinar. Para ser sinceros, solo habíamos cocinado alguna vez con Haruhi y no es como si hubiésemos dado la impresión de ser chefs profesionales.
"Está muy bueno." Suspiré aliviado ante sus palabras y el peli rojo se rió por ello.
Seguí mirando como comía con sus mejillas enrojecidas.
"En vez de mirarme tanto podrías ayudarme," Murmuró desviando la mirada y con sus mejillas aun rojas, cohibido. "no soy como Honey-sempai y es imposible que me acabe todo esto yo solo."
Me reí por el comentario, Honey era capaz de no solo comerse un pastel entero; sino varios. Cogí una de las fresas y chupé con la lengua los restos de nata y chocolate que aún quedaba en ella. El rostro de mi hermanito iba adquiriendo un rojo cada vez más intenso mientras me miraba fijamente con su cuchara en la boca.
"¿Qué? ¿Prefieres que te chupe a ti, Kao?" Comenté divertido, comiéndome la fresa de un bocado y acercándome más a él.
"N-N-No." Tartamudeó con su cara roja a más no poder.
Me abalancé encima de él y lo aprisioné debajo de mi cuerpo. Besé y chupé su cuello, haciendo que soltase suspiros de placer. Tiró su cabeza hacía atrás con los ojos cerrados y sus mejillas teñidas de su habitual tono rojizo.
"H-Hikaru…"
Lamí todo su cuello, de arriba abajo, subiendo por su barbilla hasta sus labios. El beso se intensificó, lleno del dulce sabor del chocolate y las fresas; un beso dulce y pasional.
"Te quiero." Susurré a escasos centímetros de su boca, notando como su aliento chocaba contra mis labios y el mío contra los suyos.
"Y yo a ti." Contestó sonriéndome.
Sus brillantes orbes dorados se volvieron a cerrar mientras la distancia que separaba nuestros labios de tocarse desaparecía. Mientras nuestras lenguas recorrían cada parte de nuestras bocas mis manos bajaron a ciegas hasta su camisa blanca tratando de desabrochar los botones del uniforme. Cuando por fin lo conseguí acaricié su torso desnudo notando como los gemidos eran ahogados entre besos.
Me separé de su boca para pasar a lamer todo su torso mientras mi gemelo se mordía el labio inferior tratando de no gemir.
"Hikaru…"
Dos leves golpes en la puerta hicieron que saliésemos de un sopetón de todo aquel paraíso de deseo.
"Hikaru-bocchan, Kaoru-bochan, la cena está lista." Nos informó una de las sirvientas desde el otro lado de la puerta.
Resoplé cabreado porque nos hubiesen interrumpido y contesté.
"Vale, ahora bajamos."
Mi hermano pequeño se tapó la boca tratando de que no se escuchasen mucho sus risas hasta que escuchamos los pasos de la chica alejarse.
La risa de mi gemelo ahora resonaba por toda la habitación.
"No sé qué te hace tanta gracia." Protesté con un puchero y algo ruborizado, mirando a otro lado.
"¡Tu reacción!" Siguió riéndose. "¡Siempre tienes tan poca paciencia! ¡Es muy fácil hacer que pierdas los nervios!"
Observé como su cuerpo se sacudía mientras se reía aguantándose la barriga y con los ojos cerrados con fuerza.
"Calla ya." Dije cogiendo una fresa y metiéndosela en la boca.
Dejó de reírse y cogió la fresa para comérsela a mordisquitos.
"Deberíamos ir bajando." Dijo cuando acabó, chupando los retos de crema y chocolate de sus dedos de una forma inocentemente muy provocativa.
Se levantó de la cama pero antes de que se alejase lo cogí de la cintura y lo volví a tirar en el colchón.
"¡Hikaru!" Protestó.
"¿A dónde vas tan deprisa?" Dije poniéndole un poco de nata en la nariz.
"¡Oye!"
Kaoru's pov.
Cogí un poco de nata yo también y se la esparcí por la cara.
"¡Kaoru! ¡Yo no te he puesto tanta, traidor!" Se rió.
Puso sus manos en mis costados y empezó a hacerme cosquillas sin parar.
"¡H-Hikaru!" Decía entre risas, sabía perfectamente que ahí tenía muchas cosquillas. "¡P-Para!"
"Nop."
Seguí riéndome a carcajadas un buen rato hasta tal punto que se me saltaban las lágrimas incluso.
"Vale, mejor paro ya que aún morirás asfixiado." Se separó un poco y se volvió a sentar en la cama.
"¿Y de quién es la culpa, baka?" Me quejé inflando mis mejillas y reincorporándome también.
Cogí su cara entre mis manos, manchándomelas de pastel, y volví a besarlo.
Era increíble estar así con él después de todo por lo que habíamos pasado y no podía estar más feliz por ello. Había echado muchísimo de menos a este tonto y, al final, parece que hasta las cosas más imposibles pueden salir bien. Y pensar que hace apeas una semana esta situación parecía inimaginable…
"Oye, aún tengo toda la cara llena de pastel." Me reí un poco de él mientras que Hikaru, por su parte, frunció el ceño, molesto.
"Va, no te enfades, Hika." Pasé mi mano por su cara para quitarle los restos de crema y nata que todavía quedaban en ella.
Cuando iba a llevarme la mano a la boca la mano de mi hermano mayor me detuvo cogiéndome de la muñeca. Lo miré y ahí estaba de nuevo esa mirada llena de deseo. Acercó más mi mano a su boca y comenzó a lamer lentamente mis dedos, sin apartar la vista de mis ojos. Mis mejillas ardían a más no poder y la mirada penetrante de Hikaru hacia que todo se removiese dentro de mí.
"Bueno, deberíamos irnos." Comentó al cabo de un rato, devolviéndome a la realidad.
Me dio un beso en la nariz y se levantó de mi cama.
"¿Vamos?" Me tendió una mano y bajamos al comedor.
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