Hola: desde el capi anterior a este sin duda ha pasado tiempo (nota personal: no volver a decir actualizaré pronto u.u). No se si lo sepan pero los caballeros de plata tienen como ascendiente constelaciones del zodiaco, pensé que cada caballero dorado debería tener como compañero al caballero de plata de su signo pero es imposible, rarezasde Kurumada casi todos son de Piscis¿?. En fin. Espero les guste. Retomando la historia de Mu y los geminianos...


MALDICIÓN PASADA Y MALDICIÓN PRESENTE


El 25 de Junio, Aldebarán, regente de los reinos de Elnath se encontró por primera vez con aquellos extraños jovencitos. Su aspecto de pordioseros no permitía darles credibilidad; descalzos, con la ropa hecha harapos y sumamente sucios no parecían miembros de la orden, no había en ellos ninguna similitud con los jóvenes que se entrenaban en la Academia real, aspirantes a la armadura dorada de géminis, verdaderos servidores de la diosa. Fueron las marcas lemurianas, bindis, que el más joven de ellos portaba las que les abrieron paso hasta el regente, dijeron que tenían un mensaje importante; fue así que supieron que los xandos marchaban sobre ellos, cuantos eran, quienes los comandaban y cuánto más tardarían en atacar. Aldebarán dio alojo a los tres jóvenes y ordenó su ingreso en la Academia. Sin embargo desde la primera lección el joven lemuriano dejó muy en claro que su educación respecto a la orden aventajaba por mucho inclusive a los maestros, por ello le dejaron tomar las riendas de su entrenamiento y de los gemelos que lo acompañaban.


Para Mu fue sorpresivo encontrar que ese país adoraba a la diosa y se apegaba a las viejas tradiciones, inquirió al rey los motivos por los cuales no se comunicaron con el santuario, la respuesta que obtuvo fue simple, sus antepasados habían jurado al Patriarca no volver a ese lugar maldito más que en caso de extrema necesidad. Para Saga y Kanon el giro de la situación fue agradable, en la Academia no eran parias, al contrario los demás jóvenes se dirigían a ellos con admiración, porqué habían combatido con el mismísimo Dagnir, y respeto por la forma en que controlaban su cosmos; cuando marcharon a Elnath con Mu nunca imaginaron que el significado de sus vidas se decidiría en ese lugar.

– Maestro Mu – saludó un joven al pasar rumbo al aula magna, el lemuriano frunció el ceño, Saga no pudo dejar de notarlo

– ¿te molesta que te llamen así? – Mu asintió – ¿por qué? – inquirió Saga, el menor hizo un alto y se plantó frente a él para que pudiera leer sus labios

– Shion – leyó Saga – maestro Shion

– es simple – dijo la voz de Kanon tras ellos alcanzándolos – él no es un caballero por lo que no puedes darle el título de maestro y todo cuánto nos enseña es por Shion, el cual a través de su voz se convierte en nuestro maestro también – Mu asintió complacido, el gemelo menor sonrió y siguieron su camino. Las últimas noticias indicaban que los xandos ya habían alcanzado las fronteras del reino, la guerra había comenzado pero parecía lejana, porque Elnath no era un solo país, sino varios territorios unidos por una alianza y dirigidos por un regente elegido entre todos los gobernantes. Saga y Kanon se ofrecieron a combatir bajo las órdenes de Aldebarán pero aunque era bien sabido que necesitarían emplear todas las fuerzas con que contaran el caballero se negó sin dar ninguna explicación.

Mu desplegó su cosmos y formó el muro de cristal en medio del coliseo donde se entrenaban, Kanon y Saga se dispusieron a atacarlo, los demás los contemplaban, se rumoraba que uno de ellos tres conquistaría la armadura de Géminis pues no tenían rival entre los alumnos de la Academia. Dominar sus comos les resultaba muy sencillo y aunque Mu no podía enseñarles ninguna de sus técnicas los ataques de los gemelos adquirían poco a poco un matiz característico. Kanon fue el primero en golpear el muro, su ataque fue devuelto pero como eso ya no le era sorpresivo pudo burlar su propia cosmo energía, Saga intentó también, el muro se cimbró y pareció agrietarse por un momento, porque incluso desde esa corta edad los poderes de Saga superaban a los de Kanon y siempre sería así; Mu retiró el muro y contraatacó, desapareció a la vista de todos y reapareció por encima de Kanon enviándolo al suelo de una certera patada, el menor de los gemelos se incorporó de inmediato pero antes de que pudiera asestar un sólo golpe se vio atrapado en una telaraña de los mismos tonos que el muro de cristal, hubo un murmullo de sorpresa entre los presentes

– ¿qué es esto, Mu – el lemuriano se volvió contra Saga el cual no estaba dispuesto a dejarse abatir, atacó para impedirle a su contrincante hacer ningún movimiento, Mu lo burló empleando la teletransportación pero no conseguía acercarse lo suficiente, la situación se tornaba tediosa. La mente de Saga buscaba una solución, había experimentado la teletransportación de Mu en Mesharthim, sabía en que consistía y sabía como debía ejecutarse, pero él no tenía poderes mentales que pudieran anularla; Mu se cansó de esquivarle, se materializó frente a él y lo atacó. Saga no supo bien a bien lo que pasó después de eso, había levantado las manos para contraatacar el golpe de Mu pero toda su concentración estaba puesta en la teletransportación y en lo que había sentido al desvanecerse en el campamento xando, vio una expresión de preocupación en el rostro de Mu antes de que desapareciera y de pronto Saga estaba en otro lugar, un espacio oscuro tapizado de destellos que simulaban estrellas, sólo fue un instante, después estaba tirado sobre la arena del coliseo mirando el infinito azul del cielo sobre su cabeza

– ¡Saga! – escuchó que lo llamaba Kanon, su hermano se acercó para ayudarlo a incorporarse, a un par de metros Mu se levantaba también, la cabeza le daba vueltas a Saga y sentía que sus piernas no aguantaban bien su peso

– ¿qué pasó? – quiso saber, Kanon se encogió de hombros

– los dos desaparecieron

– ¿teletransportación?

– no, de la nada surgió una especie de hoyo negro y se los tragó – Mu se inclinó y escribió en la arena

– otra dimensión –.


Tras darse un baño, Saga se dirigió a su salón favorito de la Academia, llevaba pocos días en ese lugar pero desde el primer momento aquella aula llamó su atención, se trataba del salón de arte, donde se reunían varias piezas hechas por estudiantes y maestros, principalmente esculturas. Se paseó a través del salón circular dejando que su mirada vagara, a pesar de la devoción de Elnath por la diosa no había arte alguno que la representara en el reino, Saga llevaba grabada con claridad la deidad de mármol de Mesharthim, le hubiera gustado ser un hábil artesano y artífice, como Mu, para poder plasmar con sus manos la serena belleza que representaba a su diosa y mostrársela a todos en aquella ciudad. De pronto sus ojos se posaron en los trabajos a medias que se encontraban al fondo del salón, en ese lugar se valoraba el honor, el valor, el intelecto y la belleza; y eso era algo que se percibía incluso en la manera de actuar de las personas, había escuchado que el más hábil de los escultores en la academia trabajaba a marchas forzadas en algo que llamaba "andrógineidad", se acercó, trozos de mármol sin tallar aún, figuras de todos los tamaños y un lienzo fue todo lo que halló, quizá el escultor trabajaba en otro lugar, se giró dispuesto a irse y se topó de frente con Mu, o al menos eso pensó en un principio, estaba contemplando a Mu cincelado en mármol, sus ojos vacíos, más blanco que nunca; esa era la andrógineidad que buscaba, estaba muy impresionado, retrocedió un poco para apreciar mejor

– Saga – lo llamaron, se trataba de Kanon – ¿comes con nosotros? – su hermano llegó a su lado, Saga lo escuchó contener el aliento sorprendido – muy artístico sin duda – esbozó una sonrisa socarrona – aunque no creo que Mu tenga todas esas curvas en realidad – ese comentario era lo que Saga menos esperaba

– es la andrógineidad – dijo distraídamente mientras repasaba la silueta de la estatua, el artista le había dado el rostro de Mu pero un cuerpo hecho de acuerdo a su propia concepción estética.


Aldebarán no era el único caballero en Elnath, los caballeros de plata Argol de Perseo, Misty de Lagarto, Tremy de la Flecha y Babel de Centauro también protegían el reino, este último era la mano derecha del regente. Babel se presentó en el palacio de Tauro tres días después de la llegada del lemuriano y los gemelos, había acudido al frente de la batalla donde el ejército del oriente contenía el avance de Dagnir y sus fuerzas

– la situación pinta muy mal, en el sur tu antiguo enemigo Orión ha comenzado a movilizarse también y envió unos quinientos hombres a reforzar a Dagnir, es necesario que hagamos algo – Aldebarán estuvo de acuerdo

– el ejército del centro está listo para partir, tendremos que dividirlo para atacar tanto a Orión como a Dagnir, no podemos permitir que los xandos y los sapuris se encuentren y unan fuerzas

– ¿puedo hablarte de otro asunto que me preocupa? – inquirió Babel

– habla

– estuve en la Academia examinando a los nuevos guerreros, tanto los maestros como los alumnos no hablan más que de tres extranjeros

– vienen del santuario, son discípulos del primero entre los iguales – Babel asintió

– los vi luchar en el coliseo, hablé con ellos y me enteré – la voz del caballero de plata se elevó – que uno es un lemuriano, un artífice y herrero¿por qué, en nombre de todo cuanto es sagrado, no usamos a ese chico en nuestro beneficio? – Babel tomó un respiro y siguió – y los otros dos¡son hijos de Castor! – casi gritó

– ¿cómo lo supiste? – inquirió Aldebarán ignorando el exabrupto de su compañero, Babel tenía veinte años era apenas un niño cuando Castor había acudido a Elnath hacía dieciséis

– me lo dijo un maestro con el que hablé, conoció a Castor y asegura que los gemelos son su viva imagen

– es tal como dices

– mi señor¿acaso no puedes ver qué esos tres son un obsequio del cielo, si no usamos su fuerza en esta guerra nos arrepentiremos – Aldebarán negó

– los asuntos de la orden son prioritarios, no podemos llevar a los hijos de Castor y al último lemuriano al campo de batalla aunque ellos así lo quieran, no expondré sus vidas – Babel movió la cabeza reprobatoriamente – les enviare a cumplir la misión que su padre no pudo terminar.


Mu clavó los ojos en el cielo nocturno, dejó que su cosmos fluyera hacía las alturas, se concentró en las estrellas y en la tonada que cantaban, que diferente se le antojaba el mundo en aquellos momentos, como si su vida en el santuario junto a Shion y su hermana hubiera ocurrido en otro tiempo, como si el fuera una persona diferente. Los recuerdos de Carim seguían sellados en su interior hacía tiempo que no los contemplaba así que amparado en la paz que gozaba en Elnath junto a Saga y Kanon se permitió traerla para él, verla y escucharla

– ¿cuándo volverás a hablar? – se cuestionó a si mismo en nombre de su hermana, la verdad es que no lo sabía.

Saga, Kanon y Mu siguieron al joven aprendiz que los escoltaba a los aposentos de Aldebarán, el regente había enviado por ellos para tratar un asunto urgente, el chico los dejó frente a una enorme puerta y se alejó, el trío entró sin anunciarse

– saludos – dijo el moreno y alto señor de Elnath, les indicó que tomarán asiento, lo cual ellos hicieron de inmediato. Aldebarán empezó explicándoles la situación del reino en la guerra, les comunicó las mismas noticias que Babel le dijera esa mañana, Kanon hizo ademán de interrumpirlo cuando habló de los sapuris y los xandos pero Aldebarán lo atajó, una vez puestos al corriente les anunció algo sorpresivo

– se irán de este lugar mañana a primera hora – los gemelos lo miraron desconcertados, no dijeron nada pues aquello los había tomado completamente por sorpresa – mientras hablamos sus provisiones y monturas están siendo preparadas, marcharan rumbo a una montaña al noroeste de aquí llamada Iola, será una viaje de unos tres días

– ¿y qué se supone que haremos en ese lugar?– inquirió Kanon

– más aún¿por qué has tomado está decisión¿por qué ahora que el enemigo te acecha? – quiso saber Saga

– porque esa fue la última voluntad de su padre – fue la enigmática respuesta – veo que no esperaban eso

– ¡nuestro padre! – balbuceó Kanon, Saga ni siquiera hizo eso

– su nombre era Castor y yo lo acompañé en la travesía que le costó la vida –.

Aldebarán procedió a hablarles de Castor, cuya descripción encajaba perfectamente con la de los gemelos, lo había conocido hacía dieciséis años cuando había acudido hasta esa capital para pedir autorización al regente de esas tierras, que por aquel entonces no era Aldebarán, para visitar la montaña Iola, dejando inclusive a su esposa embarazada. Dicho lugar se consideraba sagrado para los habitantes de esas tierras, un clan de salvajes vivían al pie de ella y no permitían a nadie acercarse a menos que llevara consigo un permiso del regente. Castor obtuvo la autorización y se puso en marcha acompañado de una persona, un miembro de la Academia que estaba a punto de conquistar la armadura dorada de Tauro, en ese entonces apenas un niño, Aldebarán. Cerca de la cima de la montaña existía una serie de cuevas, dentro de una de ellas se encontraba la armadura dorada de Géminis; Castor era descendiente indirecto de Ifitos, el anterior portador, sin embargo su comos no logró dominar la armadura

– murió durante la prueba – terminó Aldebarán – porqué la armadura lo juzgó indigno debido al demonio que albergaba en su sangre

– demonio – murmuró Saga, casi se había olvidado de ello, aquella vieja historia que ahora los perseguía incluso a kilómetros de Alhena

– Ifitos luchó en la anterior guerra sagrada y fue maldecido por ello, los dioses condenaron a sus descendientes a llevar en su sangre un demonio el cual resucita cuando entran al campo de batalla

– mentira – interrumpió Kanon – Saga y yo hemos luchado antes y ninguna maldición se ha apoderado de nosotros – Aldebarán sonrió pacientemente

– Castor portaba ese demonio y al morir, la esencia de ese ser debió pasar a ustedes que son dos – hubo una pausa durante la cual Kanon lanzó una mirada desafiante a Aldebarán – medité esto por mucho tiempo y la conclusión a la que llegué es que el poder del demonio está equilibrado y dividido entre ambos por eso no ha podido manifestarse

– Aldebarán – dijo Saga – ¿tú viste a nuestro padre poseído por ese demonio?

– sólo un instante durante la prueba de la armadura, su aspecto cambió y comenzó a vociferar y a maldecir a la diosa – Tauro se estremeció al recordar – la armadura debió percibirlo como a un sapuri y lo eliminó cuando intentó tocarla – Mu se levantó y fue hacía Kanon que era quien lo entendía con mayor facilidad

– si el demonio está dividido¿qué sucedería si alguno de los dos fuera destruido? – dijo Kanon por él

– no lo sé – admitió Aldebarán – creo que se manifestaría en el cuerpo del que quedara con vida, aún así, deben marchar a Iola y uno de los dos debe obtener la armadura, ese es su destino como miembros de la orden.


Tras esa reunión Saga se encontraba solo en una de las aulas de la Academia, sostenida por fuertes columnas, la entrada no era más que una cortina, el gemelo mayor meditaba las palabras dichas por Aldebarán, de ser un huérfano, escoria entre su gente había pasado a convertirse en un miembro de una orden respetada y quizá, pronto podría subir el escalafón que lo colocaría como caballero

– caballero – se dijo, y no cualquier caballero – caballero dorado de Géminis – Mu les había explicado la jerarquización de la orden la cual era para muchos más importante que cualquier otra, si lo lograba estaría en pide de igualdad con Aldebarán el cual era regente del territorio más grande de la tierra; y sin embargo una gran incertidumbre hacía presa de él, su padre no había encontrado sino la muerte, no podía evitar sentir desasosiego por Kanon y por él. Sus cavilaciones fueron interrumpidas por Mu, el cual se deslizó silencioso como sólo él podía serlo hasta el lugar donde Saga yacía sentado, se miraron un instante, Saga estaba tan habituado a su callada compañía, lamentaría mucho dejarlo en ese lugar, parecía que Mu le leía la mente pues le tendió un trozo de papel en el que había escrito

– iré contigo a Iola – aquella sencilla frase contenía implicaciones tremendas para Saga, Mu no decía "con ustedes" sino "contigo", iría hasta un peligroso y lejano lugar sólo por Saga y a pesar de lo que el lemuriano le había explicado al dejar Alhena, Saga aún no comprendía aquella actitud del todo

– ¿por qué? – Mu extrajo tinta y una pluma

– porque es mi destino – escribió, lo mismo que dijo en Alhena

– ¿cómo puedes estar tan seguro?

– mi hermana lo profetizó – Saga se sintió ofuscado, en su interior bullía una tormenta, en Mu sólo habitaba la paz que brinda la certeza

– no comprendo lo que quieres decir, ni mucho menos lo que esperas de mí, no puedo hacerme responsable de ti – Saga calló, lo reprendía como si se tratara de un niño

– no necesito que comprendas, no espero nada porque lo que deba ser será lo esperemos o no y no te pido nada salvo que me permitas estar donde tú estés – leyó Saga; Mu debió percibir la confusión del gemelo, de súbito extendió los brazos hacía él y lentamente lo envolvió en un abrazo; Saga nunca había recibido una caricia como esa, la única persona que le brindara afecto era Kanon pero su trato con él era más bien brusco. Lo dudó un instante pero luego levantó los brazos y estrechó a Mu, puso la barbilla en la curvatura del hombro, una cortina de cabellos lilas ocupaban toda su visión y un suave olor que no pudo describir pero que le parecía fresco y reconfortante llenó sus sentidos, percibía a Mu frágil aunque sabía de sobra que el lemuriano no era así, no del todo, dejó que lo calmara sintiendo el suave subir y bajar de su pecho al respirar.

Kanon no esperaba hallar a ambos en tan íntima actitud, sus pensamientos se tornaron nudos pero prevaleció la idea de que acababa de ver algo que no debía, retrocedió lentamente. Mu, era Mu el que cambiaba a su hermano, el que los había guiado hasta ese lugar dónde hallaron su pasado y su lugar en el mundo, era Mu, el lemuriano, blanco, misterioso, fuerte, si Saga quería abrazarlo de aquella manera Kanon no podía hacer nada, dio la vuelta y se marchó.


La noche estaba muy avanzada pero Mu no tenía sueño, decidió ocupar su tiempo en una tarea útil antes de marcharse, había pedido autorización a Aldebarán para resanar las pocas imperfecciones de su armadura, Tauro no sólo se mostró complacido con aquella petición sino que le pidió reparara las armaduras de sus capitanes y la armadura de plata de Babel; el lemuriano se reprendió a si mismo por no haber emprendido aquella tarea antes, al día siguiente se marcharía con los gemelos y aunque esperaba estar de vuelta a lo sumo en un par de semanas no quería dejar a Aldebarán sin revelarle lo que había hecho por Dagnir. Mientras sus manos y su cosmos daban brillo al Toro dorado el dueño de la armadura interrumpió

– espléndido – dijo, Mu terminó lo que estaba haciendo y se volvió, su rostro iluminado por una lámpara por lo que estaba seguro Aldebarán podría leer sus labios

– debo confesarte una cosa – el regente se tomó su tiempo para decir algo, esa forma de comunicarse con Mu se le dificultaba

– ¿qué podría ser¿quizá la razón por la que te irás mañana? – Mu negó, sus razones eran suyas y no le apetecía revelar su profecía a nadie más

– he cometido un gran pecado

– ¿de qué hablas¿qué podrías haber hecho mal?

– Aldebarán, ten cuidado con los xandos, sus armas pueden herirte – el regente desdeñó esa probabilidad

– nunca han sido peligrosos para nosotros¿por qué habría de preocuparme por mi seguridad ahora?

– porque yo mejoré sus armas con el arte de lemuria, las hice equiparables a las sapuris – Mu esperaba que Aldebarán se molestara y le gritara, incluso que lo echara de su reino y le negara ayuda pero aunque el semblante de Tauro se tornó muy serio no había enfado en él

– supuse que algo así había pasado, Babel me contó acerca del gran poder que ahora tienen las armaduras y armas de los xandos, aunque admito que no imaginé que fuera obra tuya

– lo lamento mucho, el código de la orden establece que mi castigo…

– no hables de castigos, sólo el patriarca juzga a los caballeros dorados, ó todos los caballeros dorados en pleno y yo no represento ni una cosa ni otra, no sé porqué lo hiciste pero asumo que no fue por tu propia voluntad – Mu negó con énfasis – ya hallarás el modo de reparar el error.


Continuará