¡Un año sin actualizar! ¡UN AÑO! Dios, no las culpo si quieren matarme. Lo lamento taaaaanto :'( Espero poder recuperar la regularidad al escribir que tenía antes... En fin, no me odien.

Espero que la historia no haya perdido su chispa... Disfruten el capítulo, es de corazón :)


La vida es así.
#11
"Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo."

—Mhh... veamos... L: luciérnaga —dijo Shippô, después de pensarlo un rato.

—M: mucriélago —respondió Kagome.

—N: nutria.

Era de noche en el Sengoku Jidai. La tercer noche desde el regreso de Kagome, concretamente, y no era como si hubiesen tenido grandes progresos en cuanto a lo de la perla se refería: ninguna energía espiritual especialmente fuerte se sentía en los alrededores, nada de monstruos ni criaturas con fragmentos. A decir verdad, ni siquiera Naraku los había molestado, y eso era decir demasiado.

En resumen, la embarazada comenzaba a pensar que había regresado en vano.

—O: ornitorrinco.

La temperatura era agradable, ni muy fría ni muy caliente, y corría un aire que jugueteaba con los cabellos de los aventureros y brindaba olor a tierra húmeda, ya que recientemente había llovido, por lo que las muchachas, junto con el demonio zorrito, aprovecharon para irse a bañar al río. Pero ese momento, que tendría que haber sido un de relajación, resultó ser pura tensión y miradas intensas entre las dos mujeres, que no intercambiaron más que una conversación de temas triviales como que Sango la pusiera al tanto de todo lo que se había perdido, sobre todo por Shippô, para que no se sintiera incómodo.

—P: perro.

InuYasha, que se encontraba recostado en una rama de un árbol, rara vez decía algo, y desde su... ¿confesión? Bueno, desde su anterior encuentro con Kagome en el que le había dejado en claro que no la odiaba, no intercambiaron más palabra. Ni siquiera miradas. Eran dos desconocidos.

Es como si fuera la canción de Goyte, pensó con ironía la muchacha y no pudo evitar sonreír.

Miroku, por su parte, parecía inexistente. Se mantenía totalmente a raya de todo, y ni siquiera se veía esa actitud de coqueteo que antaño demostraba al estar cerca de la exterminadora. Quizá mi llegada haya influido en eso, ¿estarán distanciados porque regresé? Se cuestionaba la sacerdotisa. Espero que no sea así, con lo que se quieren... O querían...

—Q: quetzal.

—¿Quetzal? —cuestionó el chico.

—Es un animal más que nada de Mesoamérica —explicó ella—, es un pajarito, con una cola larga, que generalmente tiene los colores verde, blanco y rojo, aunque a veces tiene también azul.

—Ah, vale.

Unos días atrás, Kagome había sentido una esencia extraña, como de un demonio lobo. Y eso la había emocionado sobre manera. ¡Es Kôga! Pensó alegre, hasta que se dio cuenta que, en realidad, era un niño demonio-lobo que estaba de caza. Su decepción fue palpable a leguas.

—No hemos sabido nada de Kôga desde hace dos años —le comentó Miroku. Y eso la entristeció.

—R: ratón.

Shippô y Kagome voltearon a ver a la persona dueña de dicha voz. Sango solo le sonrió al chico, que le regresó la sonrisa antes de volverse, y a Kagome la miró de una forma que ella no supo descifrar.

—S: serpiente —continuó él.

—T: tibu...

—Fhe, si tenemos que esperar a que lleguen a la zeta, no dormiremos jamás —les interrumpió el hanyô—, así que cállense, duérmanse y continúen con su jueguito mañana cuando partamos.

Los tres bufaron al mismo tiempo.

—Aguafiestas —soltó la castaña. Él ni la miró—. Hasta mañana —y se acomodó para dormir.

Shippô saltó a los brazos de Kagome y esta se acostó dándole la espalda a todos ellos.

Morfeo, siendo piadoso con todos, les regaló una noche tranquila y sin sueños.

...

A la mañana siguiente, el primero en desperezarse fue Miroku. Al abrir los ojos su visión inicial fue Sango, recostada de cara a él, pero a varios pies. No pudo evitar sonreír, ¿por qué habían dejado de tener ese pegue? Es decir, eran una especie de pareja semi-oficial desde hacía unos cuantos meses, cuando él la había besado, cómo no, en medio de una discusión.

—¡Eres un maldito pervertido! —le gritó ella— ¡No puedes controlarte!, ¿verdad? No tienes remedio, ¡mujeriego!

—Pero, Sanguito...

—¡Sanguito un huevo! ¿Me oyes? UN HUEVO. No quiero saber nada de ti, eres un... ¡me largo! —la chica había dado media vuelta, pero él la agarró del brazo, jalándola hacia sí—. ¿Pero qué...? —se vio acallada por sus labios.

Ella, que nunca en su vida había besado a nadie, se sintió turbada. ¿Qué debía hacer? Si Miroku solo hubiese aplastado sus labios contra los de ella, bueno, pero los estaba moviendo, ¡los estaba moviendo! Maldición, ¿qué tenía que hacer? En su ataque de desesperación, lo separó con un brusco empujón. Él, al ver su cara de shock, pensó que la había cagado olímpicamente.

—Sango, yo... —y ahora, la que lo había callado era ella.

Sonrió aún más y suspiró.

Cuando Kagome había regresado, o más bien desde que todo ese asunto estaba siendo planteado —una semana aproximadamente— ella había estado distante. Es normal, es... ella. Pensó, pero en cierta forma estaba preocupado por su chica, ¿cómo podía reaccionar? ¿En qué estaba pensando? Con lo de la cachetada en la cabaña, supo exactamente todas las respuestas que necesitaba: estaba indignada. La seguía queriendo, eso sí, pero estaba indignada. Y él tenía que arreglar ese asunto, como amigo de las dos, no podía permitir que esos sentimientos tan lindos se vinieran abajo por una idiotez.

Sango comenzó a moverse y eso lo distrajo de sus pensamientos. Cuando la chica abrió los ojos y encontró a Miroku mirándola, no pudo más que sonreír.

—Buenos días —le saludó.

—Mhh... —Sango se estiró— Buenos días.

—¿Cómo durmió usted, bella dama? —Shippo se removió y eso los alertó— Creo que deberíamos... —señaló con la cabeza el río, que estaba algunos metros más abajo de la colina donde habían dormido.

—Sí, platicar en otra parte —coincidió ella.

Se levantaron y comenzaron a caminar en dirección al río.

Cuando llegaron, se dejaron caer en el fresco césped. Sango cerró los ojos, agradecida de tener un minuto de paz a solas con el monje, después de tantas emociones entremezcladas esos días. Miroku, por su parte, se dedicó a inspeccionar cada fracción del rostro de la mujer, fascinado con su belleza y pensando que no podía ser más afortunado.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó él.

—¿Respecto a qué? —inquirió la exterminadora. Miroku arqueó una ceja y señaló con la cabeza al campamento. Ella suspiró—. Incómoda. Muy incómoda, ¿y tú?

—¿Incómoda por qué? —cuestionó, ignorando la pregunta.

Sango suspiró.

—No sé, InuYasha y Kagome me ponen tensa al estar tan... ¿distanciados? —Miroku asintió—. Tampoco me siento cómoda con Kagome, nuestra relación no es lo mismo.

—Bueno, no puedes esperar que sea lo mismo después de haberle dado vuelta la cara con una cachetada —puntualizó. Sango lo fulminó con la mirada—. Aunque ayer a la noche —prosiguió sin inmutarse lo más mínimo— pude apreciar un poco de esa relación de amistad de antaño.

La chica sonrió.

—Sí, fue muy lindo el sentimiento. —Bajó la mirada y arrancó una hojita de césped que se puso a deshacer entre sus dedos.

A lo lejos escucharon cómo los demás comenzaban a despertar y vieron la luz reflejada en los plateados cabellos de InuYasha cuando éste bajó del árbol en el que había dormido. Se miraron y entendieron de inmediato la idea que atravesaba la mente del otro: si los dejaban solos, corrían el riesgo que estallara una guerra.

Se levantaron dispuestos a dirigirse al campamento, pero Miroku tuvo una última intervención antes de que empezaran a caminar.

—Sanguito, si la extrañas, deberías buscar la manera de que vuelvan a ser amigas —ella abrió la boca para decir algo, pero Miroku se acercó y la calló con un beso. Ante la evidente sorpresa de la chica, él sonrió—. Tenía muchas ganas de volver a hacer eso.

Ella se sonrojó hasta la médula.

—Si quieres resultados distintos, amor, no puedes siempre hacer lo mismo.

Y comenzaron a caminar, sin cruzar palabra.

Al llegar al campamento, vieron a Kagome cocinando el desayuno con ayuda de Shippô y a InuYasha con la mirada clavada en un cerro que, si bien no estaba muy lejos, tampoco podían llegar con tres pasitos.

—¿Qué ocurre? —preguntó el monje. Sango se fue a sentar al lado de Kirara.

—Kagome dice que sintió energía espiritual muy fuerte venir de ese lugar —respondió Shippô.

—Debemos movilizarnos, podría ser un fragmento —apuntó el hanyô.

—Después de desayunar, ya te lo dije —dijo la embarazada, firme. InuYasha bufó sonoramente y Kagome aspiró, a la vez que rodaba los ojos—. Yo no me moveré a ningún lado sin haber desayunado: estoy embarazada y eso puede hacerme mal, además...

—Sí, sí, sí, como quieras, desayuna y vámonos —le interrumpió él.

—Como quisiera poder sentarte... —el medio-demonio sonrió altaneramente.

Miroku suspiró y Sango, para sorpresa de todos, intervino a favor de la futura madre.

—Estoy de acuerdo con Kagome: está embarazada y por el bien de ella y de su niño necesita comer. Así que si no te parece, InuYasha, puedes ir moviéndote al cerro tú solito y después te alcanzamos. O no —sentenció—. Y al que le guste, bien, y al que no, también. —Y cerró los ojos.

Silencio absoluto.

—Bien, pero desayuna rápido.

La ex-sacerdotisa sonrió. Tenía tantas ganas de agradecerle a Sango... ¿De qué vino ese comentario defendiéndola? Hasta donde recordaba por su actitud y podía deducir gracias a la cachetada, la exterminadora la odiaba. O al menos actuaba excelentemente bien.

Aunque pensándolo bien, tampoco es que irse fuera su culpa. Sango no podía pretender que se quedase después del semejante desastre que se había armado. Y no tenía derecho de cahetearla tan groseramente por aquella acción. Frunció el ceño. De repente se le habían quitado las ganas de agradecerle cualquier cosa y lo único que quería, era ahorcarla.

—Señorita Kagome, se le va a quemar la sopa —le avisó Miroku.

—Oh, gracias —estiró la mano y retiró la comida—. ¿Alguien quiere? —todos negaron—. Bueno. —Se dejó caer y, mientras desayunaba, se permitió examinar detenidamente a sus compañeros de viaje, cosa que no había tenido tiempo de hacer.

Miroku estaba más alto, si es que eso era posible. Tenía el cabello considerablemente más largo y brilloso, pero su rostro presentaba, ya, algunas marcas de la edad tales como ojeras y pómulos no tan fuertes. Seguía llevando la mano con el rosario y el báculo con la otra. En sí, no había cambiado demasiado.

Sango, por su parte, estaba prácticamente igual. La única diferencia realmente notable era su expresión facial, con las cejas apretadas y los labios en una línea perfecta, cosa que no había cambiado desde su regreso. Eso y su expresión corporal, de completa tensión. Incluso recostada en Kirara y con los ojos cerrados, esos detalles le quitaban toda la belleza que pudiese tener. O eso pensaba Kagome. Se percató, también, de un ligero tic en el ojo, cosa que Eri le había asociado, en alguna ocasión en medio de pláticas aleatorias, con preocupación. ¿Kohaku? Seguramente.

Shippo no había cambiado en nada físicamente, pero casi no hablaba con nadie que no fuera ella y, realmente, estaba más ausente que de costumbre. A veces incluso con ella. Eso era lo que más le dolía, pues sentía que había perdido a un pequeño hijo, situación que le causaba un duelo interno. ¿Pasaría lo mismo con el bebé en camino? ¿Sería buena madre o él también resentiría abandono por su parte? Sus más grandes temores.

Sacudió la cabeza, alejando esas ideas.

Con recelo, mucha cautela y aguantando la respiración, volteó a ver al único integrante del grupo que le falta analizar. Lo encontró con los ojos cerrados y una expresión de calma alucinante, por lo que se permitió soltar el aire relajada. Sigue siendo un adonis tontuelón, pensó la muchacha.

InuYasha... ¿qué podía decir de él? Tenía el cabello más largo, las fracciones más marcadas y los brazos, quizá, un poco más fuertes. Su expresión era la misma: en paz pero difícil de descifrar. ¿Estará pensando en Kikyo? Se cuestionó ella. Aunque no era como si le importase tampoco.

Él movió una de sus orejas y Kagome no pudo evitar sonreír por los buenos recuerdos que le traía.

El carraspeo de algún individuo la regresó a la realidad.

—Ya he terminado —anunció.

—¡Bien! —Sango se levantó enérgica—, eso quiere decir que podemos partir ya. —Le dio unos suaves golpecitos a Kirara, la cual se levantó y fue hasta donde estaba Kagome.

Los demás miembros del grupo se desperezaron y entonces comenzaron a andar.

...

Era más bien tarde cuando llegaron al cerro, y para ese entonces, la presencia era mil veces más fuerte que en un principio.

—Estén atentos —advirtió InuYasha—, es una presencia muy fuerte, y apesta a demonio.

Todos se colocaron en posición de batalla.

Sango, al lado de Kirara y sosteniendo fuertemente su Hiraikotsu, con expresión amenazadora y el cabello recogido en su coleta de exterminadora. Si el monstruo atacaba, no iba a dudar. Nunca lo había hecho.

Miroku, junto a Sango, con la mano buena prácticamente estaba arrancándose el rosario de la maldita —no era evidente para todos, pero estaba más pendiente de Sango que de cualquier otro ser allí presente; y la chica, la revés—. No tenía miedo, y quería terminar con todo ese asunto de una vez.

InuYasha, por su parte, estaba agazapado y con la mano en la empuñadura de su espada, moviendo sus orejas en todas direcciones, a la espera de captar algo.

Shippo, quien se había negado rotundamente a abandonarlos y buscar un lugar seguro, estaba preparando unos hechizos que consideraba útiles.

Kagome, tenía el arco tensado y sudor frío en su espalda.

La naturaleza, podría decirse, no estaba de todo a su favor: el sol ya se había ocultado, cosa que les comprometía bastante la visión, y además, hacía un calor infernal, a diferencia de cualquier otra noche feudal. Sumándola a eso que las aves no cantaban como de costumbre, cosa que los ponía en extremo nerviosos, y que era su primera pelea juntos desde hacía un tiempo considerable, no se sentían nada, nada cómodos.

Esperaron, en silencio y prácticamente sin respirar.

De repente, todo pasó con extrema rapidez.

Una sombra los rodeó y comenzó a acatarlos, repartiendo rasguños, mordidas y algunos golpes bajos, pero nada que representara un verdadero riesgo. Kagome, que divisó el brillo de uno de los fragmentos, cargó una flecha de energía espiritual y la lanzó, directo al monstruo. Éste rugió y la volteó a ver con una expresión tan aterradora que se paralizó.

—Vas a morir —rugió y se lanzó directo a la embarazada, que cerró los ojos de puro terror, a la espera de un impacto que nunca llegó.

Kagome abrió los ojos despacio y lo primero que vio, fue la espalda de InuYasha, que estaba conteniendo el ataque del monstruo con su espada. A su lado estaba Sango, lanzando un ataque con su Hiraikotsu, directo a la cabeza del bicho, que murió instantáneamente y se deshizo hasta dejar solamente el fragmento contaminado.

Ella, presa del shock, ni de movió.

—¿Cuál es tu problema? ¿Qué no ves que lo tenía controlado? —le rugió la exterminadora al medio demonio.

—Khe, a mí no me lo parecía, porque mientras tú estabas de lo más campante tratando de cortarle la cabeza, él se hubiese cenado a Kagome —refutó.

—Créeme que sin tu intervención el resultado no hubiese sido mucho más diferente.

—Como digas —se dio media vuelta y comenzó a caminar, a saber a dónde.

—Imbécil. —Se detuvo.

—¿Cómo me llamaste?

—Por tu segundo nombre, idiota. Y ahora, ates de que preguntes, por tu apellido. —El medio demonio cerró las manos en puños. Sango, ni lenta ni perezosa, sacó cu boomerang.

—Eres una... —Se dio media vuelta y colocó su cuerpo en posición de ataque.

Miroku, rápidamente, se colocó a un lado de Sango, protectoramente. Shippô se alejó del lugar y Kagome tensó su arco, pero sin saber a qué dirección apuntar y cambiando de objetivo —primero InuYasha, después Sango y después, regresó a InuYasha, para repetir el proceso—.

—No te metas en lo que no es tu asunto —le advirtió el hanyô.

—No los entiendo —puntualizó ella—. A mí me bastan y sobran razones para odiar a InuYasha, pero a ti, Sango, no comprendo que te orilla a hacerlo, y no quiero comprenderlo, porque no es mi asunto hacerlo —se apresuró a declarar al ver cómo la mujer le miraba con cara de no preguntes—. Pero que amenaces a mi amiga, InuYasha, eso sí es mi asunto, y no voy a permitir que lo hagas —y volvió a tensar su arco, esta vez con el objetivo fijo y la mirada segura.

Sango relajó su cuerpo y guardó el Hiraikotsu, se soltó el cabello y claramente, abandonó todo indicio de batalla.

—Te agradezco la actitud, Kagome, pero él tiene razón: no es asunto tuyo —volteó a ver a InuYasha amenazadoramente—. Quiero que te sepas que si quiero, puedo hacerte garras* —puntualizó—. Y para que conste en el acta —y miró a Kagome—, tú y yo ya no somos amigas.

Se dio media vuelta y comenzó a caminar cerro abajo, dejándolos a todos helados.

InuYasha se encogió de hombros y se perdió entre los árboles dando saltos. Kagome, más shockeada que nunca, extendió la mano para recoger el fragmento y purificarlo. Después de eso, Miroku se le acercó.

—Pasaron muchas cosas durante su ausencia, señorita Kagome —le comentó—. Le recomiendo que no haga muchas preguntas y sea paciente, sobre todo con Sango, para quien no ha sido fácil todo esto.

Ella suspiró.

—Para mí tampoco ha sido fácil, Miroku.

—No digo que lo haya sido, pero estoy seguro que para ella fue peor. —Sin decir nada más, comenzó a caminar.

Había gato encerrado, de eso estaba segura.

Lo único que la consolaba en ese momento era saber que, al parecer, no había regresado en vano.

Miró el fragmento y suspiró, ¿cuántos más faltarían?, ¿dónde estarían? La cosa, simplemente, se estaba complicando y solo esperaba que no fuera para largo.

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Dios, seguro ni recuerdan de qué iba la historia. ¡Lo siento tanto! Ojalá puedan perdonarme. Les prometo que haré lo posible para retomarla ahora que estoy un poco más libre de tiempo y tengo unas cuantas ideas (aunque no sé cuánto me dure esta libertad). En compensación, este capítulo es largo, y quise que se viera un poco más de los otros personajes, no tanto Kagome-centric, sino algo más global :B

Una pequeña aclaración: ¿se acuerdan que el capítulo "Entre que sí, entre que no" estaba repetido por un error de la página? Me sacudí el miedo de que me eliminara la historia y lo quité (y salí ganona, que no me borró nada :hero: ), así que este capítulo probablemente les aparezca como que ya dejaron review.

Si no les da flojera, pueden dejarlo anónimo (con su nick, si prefieren). Se los agradecería mucho. Igual si les de flojera, pues no lo dejen (?) XD

Otra pequeña aclaración: edité los capítulos anteriores, poniéndoles más narración, menos diálogos, más ambientación y cositas así, también porque hay varias ideas que expresé mal en un principio, como relaciones entre los personajes, acciones y demás, por lo que, quien guste, puede leerlos nuevamente (se los recomiendo, también para que retomen el hilo de la historia).

Kisillos, ¡y pásense por mi nueva locura (The Nightmare...)! Tendrá drama (¡hurra, mi género ¡MI BEBÉ!), humor (¡hurra, otro género que me gusta [aunque este no se me da mucho]!) y romance (¡hu...! Bah, InuKag y ya se saben lo que sigue XD).

Ahora sí, eso es todo.

Siempre suya,
Smilinga :)

PD: *Hacer garras es como darle duro o "acabar" con alguien o algo, ya sea una cosa o una persona. Espero que se entienda :)