Albert pide un deseo.
Capítulo 11
-Albert-
El día se me ha hecho tan largo que parece que las manecillas del reloj y los problemas se pusieron de acuerdo para hacerlo más difícil.
-Señor
La voz de Lupita me interrumpe.
-La llamada que me pidió por la línea uno.
-Gracias Lupita.
-Señor Andrew, a sus órdenes.
-Fernando, ¿Por qué salió a la luz lo del equipo del hospital y la negociación con los japoneses?
-Hakearon nuestro sistema de información
-¿Cómo fue eso posible?
-Lo hemos solucionado pero desafortunadamente esa información se ha hecho pública.
-Quiero un informe exhaustivo de la situación.
-Entendido señor Andrew.
Suspiro por todo esto que sucede, primero la publicación del donativo y la negociación y luego la llamada de los japoneses que no están muy contentos que se haya hecho público antes de la firma, lo único que me anima es saber que esta noche cenare con ella, imagino que a esta hora ya abra recibido el vestido que le hice llegar, me fijo en mi reloj de pulsera para ver la hora, las dos de la tarde, debo empezar a revisar la propuesta que tengo sobre el escritorio sobre la inversión de materiales compuestos para la industria aeronáutica, un negocio que será muy redituable y me hará tener la oportunidad de regresar a Escocia por un tiempo.
Los número son muy estimulantes e invertir en material compuesto es una gran apuesta porque dicho material es lo último para los aviones, los hace más ligeros, seguros y con mayor ahorro de combustible y quiero apostar por el.
Un toque en la puerta -Adelante.
-Señor, lo busca el señor Grandchester, no tiene cita con usted pero dice que es importante.
-Terry, dígale que pase por favor.
Me levanto y me dirijo a la entrada para saludarlo.
-Terry, me sorprende que me visites.
-Albert. -se acerca a mí y nos estrechamos las manos con un fuerte apretón.
-Que sorpresa tenerte aquí.
-Disculpa por venir sin previo aviso, necesito hablar con alguien.
-¿Qué sucede?
-Es Candy.
La sola mención de su nombre me decía que de verdad algo importante estaba sucediendo y me temía que por fin había intentado algo con ella.
Nos fuimos a sentar a un pequeño espacio con dos sofás.
-¿Le sucede algo?
-Le he propuesto que me acompañe de gira a Europa
-¿De gira?
-Sí, lo hemos hablado y prometió pensarlo pero a decir verdad yo pensé que aceptaría sin vacilación.
-No entiendo nada -le digo por la repentina información que me daba a conocer ¿Por qué quería irse con ella?
-Le he expuesto mis deseos y mis sentimientos.
-¿Por qué ahora? ¿Por qué haber esperado tanto tiempo?
Las preguntas fueron tan abruptas que me sorprendí a mi mismo con ese interrogatorio que le estaba haciendo.
-¿Por qué ahora?, porque ahora me siento capaz de ofrecerle mi corazón, mi afecto, ¿Por qué he esperado tanto tiempo?, porque yo se que ella me ama desde hace mucho y estoy seguro que me aceptara sin importar cuánto tiempo he esperado para decirle lo que siento.
Sus palabras fueron como un cubo de agua fría sobre mí, de verdad creía eso y peor aún, yo sabía que esa posibilidad existía.
-Pero hombre porque este interrogatorio, parece que te desagrada la idea, además Candy me hizo las mismas preguntas.
-¿Por qué mentiste en el teatro? Estas consiente que yo podría haber seguido tu consejo con respecto a ella.
-Fue estúpido de mi parte, pero estoy seguro que no lo harías, tú no eres él tipo de hombre que va enredándose con la mujer que le atrae solo físicamente.
-Por Candy hay más que una simple atracción física.
Debía decir lo que sucedía, él era mi amigo pero ella se estaba convirtiendo en alguien muy especial, las cosas debían ser siempre de frente.
-¿Qué has dicho?
-Disculpa, porque eres mi amigo y mi estima no es posible medir, pero debo ser honesto contigo, yo estoy con ella.
Su cara de indignación podía decir más que mil palabras cuando me traspaso con la mirada, la ira podía verse venir en sus ojos.
Sin más se lanzo contra mí, su puño alcanzo a golpear mi mandíbula y aun tambaleando logre no perder el equilibrio y me hice a un lado.
-¿Cómo fuiste capaz?, eres mi amigo.
-Jamás te engañe y tu afirmaste no estar interesado en ella.
Volvió nuevamente a lanzarme un puñetazo el cual logre esquivar por completo y el logro mantener su equilibrio, nuevamente lo intenta y en esta ocasión logro tomarlo por el brazo y detenerlo.
-Cálmate Terry, esto no es nada contra ti, sucedió y no me arrepiento y tampoco me retractare.
-¡Tú!, imbécil, cómo pudiste si quiera pensar en ella.
-Tú, no tienes derecho a recriminarme y menos después de la forma en la que renegaste de tus sentimientos hacia ella, ¿acaso piensas que debía saber lo que sientes? –le respondo con un cierto grado de ira por su actitud.
-Te creía mi amigo.
-Y lo soy, entre ella y tú no hay nada.
-Eso está por verse, porque a quien desea es a mí, lo entiendes.
Me quedo en silencio ante esas palabras y por una milésima de segundo me cruza por la mente si en verdad en algún momento de los que hemos compartido, ella ha pensado en él; mientras veía como se alejaba rumbo a la puerta me mira una última vez con esa furia contenida.
-¡Que gane el mejor!
-No, para mi ella jamás será una competencia y solo deseo que elija a quien realmente le puede dar lo que quiere y desea.
Con esas palabras la puerta se cerró con un estruendoso golpe, dejándome en mis pensamientos y porque no decirlo, en unos incontenibles celos que no había experimentado jamás, ¿Cómo contener lo que no conoces?
Saco el móvil del bolso de mi pantalón y marco a su número, el timbre suena dos veces hasta que ella responde.
-¿Por qué tardaste tanto Terry?
-Candy, espero que estés cómoda en casa.
-Albert -siento el tono de sorpresa en su voz y por la forma en que responde sé que a quien menos esperaba escuchar es a mí.
-Sí, gracias pero hubiera sido mejor que me despertaras antes de marcharte.
-¿Descansaste?
-Como un oso después de invernar, muchas gracias.
-Bueno, ese era el objetivo.
-Gracias por la ropa y por avisar a Paty.
-Todo con tal de encontrarte en casa cuando regrese, además tu amiga es muy divertida.
Puedo escuchar su leve sonrisa a través de la línea.
-Siéntete como en casa y hasta esta noche.
-Hasta esta noche – me responde.
Me quedo sumido en mis pensamientos nuevamente y muchas preguntas me bombardean, con un nudo en la garganta por la forma en que respondió mi llamada, eso significa que estaba esperando la llamada de él, eso significa que está pensando detenidamente la propuesta, pues claro que lo está pensado, si ha estado enamorada de él por no sé cuánto tiempo y aunque me resisto sé que mi deber es dejarla ir y no interferir en su decisión pero ¿Cómo lo hago?
El teléfono empieza a sonar y rodeo el escritorio para responder.
-Si Lupita.
-Señor, en la línea dos el señor Johnson.
-Gracias. –George ¿Qué sucede?
-William ¿viste las noticias?
-Sí, desafortunadamente salió a la luz información confidencial.
-Hable con los Japoneses y no los escuche muy contentos por lo de la firma.
-Sí, están molestos y esto pone en riesgo la firma, así que creo que vamos a tener que estar muy atentos.
-Mañana regresamos.
-Está bien, nos vemos mañana.
Este día transcurre más lento de lo normal y debo decir que no fue nada agradable, no recuerdo uno tan complicado en mucho tiempo y aunque muchas cosas estaban en peligro la que más me temía era lo de Candy, yo sabía que lo amaba desde el principio y aun así me permití involúcrame, creo que es mejor dejarla ir y que ella pueda tomar su decisión con calma, veo el reloj sobre el escritorio y me doy cuenta que estoy con el tiempo justo para la cita de hoy, así que con esos pensamientos tomo el saco del perchero y salgo de la oficina.
De regreso a casa me debato entre lo que quiero y lo que debo hacer, pero sobre todo sé que no debo mantenerla junto a mí mientras esa propuesta este latente, mientras ella no decida lo que quiere, conforme me acerco a mi destino un repentino nerviosismo mezclado con emoción hace girones mi estómago, cual adolescente en busca de su chica perfecta, no podía evitarlo y estas sensaciones parecían sobrepasarme por mucho, solo por hoy me permitiría estar con ella, saber más de ella en sus propias palabras y que ella conozca más de mí.
Presiono el botón para que se abra la reja y en ese instante puedo ver lo que el sol hace para ocultarse en el horizonte, la diferente gama de tonos con los que colorea el cielo a lo lejos, me gustaría poder estar en una tumbona abrazando a Candy y contemplar ese hermoso paisaje; me estaciono y bajo del auto rumbo a la pequeña cabaña de madera que tengo junto a los rosedales de Anthony, en este momento iré a prepararme para la cena y ver si todo está listo, enciendo la chimenea, y las luces le dan una iluminación tenue al lugar, frente a la chimenea ya esta dispuesta una pequeña mesa para dos y junto a ella una botella de vino y el menú que solicite, me habría gustado sorprenderla cocinando algo pero el tiempo ha sido limitado y más aún prefiero pasarlo con ella que en una cocina, me voy al baño y me alisto para ir por ella, una ducha y un traje limpio, me afeito, quiero que esta noche sea la mejor cita que pueda darle en la vida, porque ella con el simple hecho de haberla aceptado ya me está dando la mejor de mi vida, cuando termino de alistarme veo mi reloj de pulsera, diez minutos antes de la hora pactada.
Salgo de la cabaña y me dirijo a la casa, cuando abro la puerta la casa está en un completo silencio, solo unas luces iluminan el salón, imagino que está en mi habitación, este silencio se siente abrumador que por un momento me viene a la mente que quizás se marcho nuevamente sin decir nada, ni un adiós, apresuro el paso hasta detenerme frente a la puerta, doy un toque y no responde -calma, calma, -me digo a mi mismo.
Nuevamente toco y tampoco responde, a lo lejos creo escuchar que cantan casi en un susurro, me dirijo a la ventana en busca del sonido aunque sé que es imposible porque en difícil llegar aquí o simplemente entrar en la casa, regreso a la puerta pero esta vez ya no toco, giro lentamente el pomo y ahí de pie frente a un espejo de cuerpo completo esta ella, con ese vestido azul rey que contrasta con la blancura de su piel, amoldándose a ese cuerpo que parece que es mi perdición, su espalda desnuda y sus brazos alrededor de su cuello me hace ver que se está atando las cintas del vestido alrededor del cuello, me acerco poco a poco a ella mientras mantiene la mirada baja y escucho la melodía de hace un momento.
-Permíteme, le digo.
Ella da un salto en señal que la he asustado.
-¡Albert!, Dios me asustaste.
Mientras tomo las cintas en mis manos y empiezo a realizar el nudo siento su mirada a través del espejo.
-Me gusta mucho lo que veo, me dice con una sonrisa un poco tímida.
Le correspondo con otra sonrisa -Pero la imagen que yo tengo en este espejo y en este momento es mucho mejor aún.
-Muchas gracias por el vestido, es precioso –me sonríe de una forma tan sincera que la comisura de su boca casi llega a la de sus ojos.
-La acerco más a mí y la abrazo besando su coronilla –La belleza del vestido es solo un complemento para la verdadera belleza de quien lo está portando en este momento.
-Disculpa por no estar aún lista, no me di cuenta del tiempo.
-No tenemos prisa, está bien.
Se aleja de mí y va directo a ponerse las zapatillas, al igual que el vestido tienen cintas que se enredan a los tobillos, me acerco a ella y me pongo de rodillas para poder ayudarla en la tarea, coloco su pie sobre mi rodilla y subo su vestido para poder maniobrar mejor, hago tan parsimoniosamente la terea que me pierdo con el contacto de su piel y la suavidad de la misma tomándome más tiempo del necesario.
Cuando levanto la cara veo como sus ojos me están escrutando, no es absolutamente incomodo, al contrario disfruto mucho esa mirada que me está dedicando como si quisiera conocer no solo a la persona sino al alma que reside en esa persona, pero necesito sacarla de ese pequeño escaneo que está ejecutando sobre mí.
-¿Sucede algo?
Se sonroja por mi pregunta y niega con la cabeza.
-No, nada, disculpa.
Le doy un breve beso en los labios y la tomo de la mano para salir de la habitación.
Cuando llegamos a la entrada principal la siento un poco vacilante en su andar, no entiendo porqué
-¿A dónde vamos? Me pregunta en un tono de voz más bajo de lo que desearía.
-Es una sorpresa, espero no decepcionarte.
-No creo que eso sea posible –me sonríe y me deleito con esas palabras y esa manifestación de confianza que su sonrisa hace en mi.
Engancho su brazo al mío y caminamos por el sendero que esta cubierto de miles de pequeñas piedras blancas que tienen la función de hacer un camino hasta la cabaña, puedo ver la sorpresa en su rostro, pero sé que no es una desagradable, se maravilla de lo que ve, sus ojos viajan a través de las plantas que rodean la cabaña y la inmensa fuente de cantera que deja caer suaves chorros de agua como si fuese una cascada pero con menor intensidad.
-Es una hermosa cabaña.
Le sonrió y abro la puerta, me hago a un lado para que ella pueda pasar, con su mirada recorre cada rincón como intentando no perderse ningún detalle.
-Espero no haberte decepcionado, pero preferí tener toda tu atención esta noche así que creo que he sido un poco egoísta en no ir a otro lugar.
-Por supuesto que no, es una magnifica elección el estar aquí, creo que ningún lugar al que me hubieras llevado se compararía a esto, es muy personal e intimo.
Asiento ante sus palabras y me alegra mucho escucharlas, quiere decir que realmente desea saber más de mí, me acerco a la mesa y retiro la silla para que ella tome asiento, vierto vino en las copas y tomo asiento.
-¿Eres de aquí? -Me pregunta sin vacilación
-Mi cuerpo lo es pero mi sangre y espíritu es escocés.
Veo que mi respuesta le deja un ligero ceño y aclaro.
-Soy americano pero desciendo de un antiguo clan escocés así que me siento más escocés que americano.
-Valla, nunca he salido de América, ¿Cómo es Escocia?
-Es hermosa, verdes campos, montañas, naturaleza que te hace sentir libre en cuerpo y alma, un cielo azul radiante cuando el clima así lo permite, sería maravilloso que algún día me acompañaras.
-¿Hace mucho que vives en Nueva York?
-No, tiene unos meses, a decir verdad la jungla de asfalto me intimida un poco, prefiero un ambiente más natural.
-¿Entonces porque vives aquí?
Coloco mi mano sobre la de ella que descansa sobre la mesa. –Porque estoy en una importante misión que hace que valga la pena luchar contra mi pequeña aversión a la ciudad.
Se sonroja y baja la mirada hacia nuestras manos.
-Y tú ¿tienes mucho tiempo aquí?
-No, llevo tres años viviendo aquí a partir de que termine de estudiar enfermería y se presento la oportunidad de venir aunque solo esperaba estar un año ese tiempo se convirtió en tres años.
-Me alegro por ello, creo que eso merece un brindis.
Levanto mi copa y ella levanta la suya.
-Por la fortuna de que vinieras a Nueva York -ella responde a mis palabras -Por el placer de conocernos en el teatro.
Sonrió ante su brindis, quiere decir que le gusto haberme conocido, sorbe un poco de vino y veo que su expresión cambia, se ve indecisa.
-Puedo hacerte una pregunta muy personal.
-Por supuesto, creo que esta cena es para conocernos más.
Sonríe pero no de forma alegre, es más una sonrisa de cortesía.
-No soy casado, comprometido o divorciado –le digo de pronto porque sé que en el fondo ella desea saber eso, la forma en la que nos hemos conocido, sé que no sabe absolutamente nada de mí y para ser honesto toda mujer necesita esa información vital si surge algo tan repentino como lo que nosotros dos tenemos, aunque me encantaría decir que es mi novia pero no quiero utilizar esa palabra que puede incomodarla.
Me sonríe nuevamente y esta sonrisa si es de alegría.
-Hace unos años estuve con una persona a quien creí la indicada para compartir una vida y construir un hogar familiar para Anthony pero las cosas no siempre son lo que parecen y heme aquí siendo un papá soltero.
Ahora es ella quien aprieta mi mano suavemente y pienso que puede ser un apretón de consuelo pero honestamente no lo necesito, porque sé que fue lo mejor, porque Alayna y yo no creábamos la magia que Candy y yo hacemos.
-Creo que es mejor que cenemos –me dice ella.
-Por supuesto. –me levando y acerco los platillos que ya están dispuesto, primero la entrada que es una crema de champiñones, después de eso pasamos al plato fuerte que consiste en filete mignon acompañado de setas rusticas y adornado con un poco de perejil
Mientras hablamos de nuestra niñez, mi familia con la que no tengo mucho contacto desde la muerte de Rouse, le digo que ella era mi única hermana mientras ella me vuelve a decir que tiene un sinfín de hermanos y dos madres de quienes se expresa con amor, admiración y agradecimiento, se le ve alegre y esa chispa de vida en los ojos al hablar de su vida, de porque fue que decidió ser enfermera, de cuanto le gusta cuidar delos niños y como le parte el corazón ver algunos tan enfermos cuando le toca atender el área de pediatría, le platico un poco de mis negocios y el proyecto que tenemos con los Japoneses y que aún no se concreta hablamos de porque Anthony está conmigo y no con su padre quien murió un año antes que mi hermana en un accidente y del amor secreto que George siempre callo por mi hermana y que tal vez por eso ama tanto a Anthony porque se siente cerca de ella.
-Disculpa por mis palabras en el teatro, simplemente imagine que tú y Terry eran pareja así que no quise generar confusiones sobre la situación más sin embargo las genere con mis comentarios.
-Si puedo decir algo a tu favor, es que me sorprendió escucharlas.
Me siento miserable nuevamente con ese comentario aunque sabía que esa no era la intención de Candy.
-Me gustas Candy, me gustas demasiado diría yo.
-Albert, yo.. –parecía que mis palabras la han sorprendido más de lo que quería admitir.
-Porque no decirlo, es la verdad, me gusta tu sonrisa, tus ojos, tus pecas, tu alegría, acariciar tu cuerpo y poseerlo. –guardo silencio por un momento mientras veo que una tenue sonrisa se dibuja en su rostro y se ponía no solo rojo sino de todas las tonalidades que se podrían ver de rojo en un rostro en tan poco tiempo.
-Solo puedo decir que me gustas y espero no incomodarte por decirlo así.
Ella cierra los ojos y puedo ver como deja escapar un largo suspiro, nos quedamos en silencio por un incontable tiempo.
Ahora ya solo quedan sobre la mesa los platos vacios del postre y ella frente a mí, me hace sentir una renovada energía, alegría, emoción y deseo y creo que ella está igual que yo aunque tal vez porque hemos abusado un poco del vino pero yo sin duda estoy así por su mera presencia, esa que llena cada espacio vacío de mi corazón, que despierta mis emociones, que ha despertado un alma que creí que dormiría por siempre.
Viéndonos uno frente al otro me hace tener la necesidad de tenerla mucho más cerca, pensando que quizás esta sea la última noche en que pueda tenerla así, que pueda tocarla, abrazarla, besarla, amarla.
Me pongo de pie y le tiendo la mano – ¿Me permite este baile?, le sonrió y ella asiente con la cabeza mientras me da su mano en respuesta, la tomo y la llevo junto a la chimenea, envuelvo su pequeña cintura con una mano mientras con la otra sostengo su mano y ella se apoya en mi pecho.
Conforme vamos bailando al compas de la suave música que parece que nos hace flotar ella retira su cabeza de mi pecho y sus intensos ojos verdes atrapan mi mirada, apoya sus brazos sobre mis hombros y entrelaza sus manos por detrás de mi cuello, cierra los ojos y suavemente empuja mi cabeza como una clara invitación de que desea que la bese, por supuesto que yo no espero otra señal para poder ejecutar su invitación, mis labios se deslizan sobre los suyos de una forma tan suave como casi todos los besos que le he dado, ella entre abre sus labios y su invitación es mas intima, deslizo mi lengua entre ellos hasta tocar la punta de su lengua, se entrelazan, se saborean y se disfrutan lentamente, hasta sentir que nos hemos grabado el sabor del uno con el del otro, se aprieta contra mi cuerpo y yo la estrecho más entre mis brazos y deslizo mis manos por su espalda desnuda en asenso hasta llegar a la suave tela que hace un nudo de su vestido a la altura de su cuello, jalo de ella y la tela se enreda y viene entre mis dedos, sin romper el beso siento como el vestido se ha deslizado de su cuerpo en la parte superior, la calidez de su cuerpo contra el mío es exquisita y sé que si estuviéramos piel con piel seria aun mejor, rompo el beso y puedo ver la sorpresa en sus ojos, la tomo de la mano y mientras me siento en el suelo con las piernas cruzadas la invito a que me acompañe, ella se sienta en mi regazo y puedo ver el rubor en sus mejillas, intenta acomodarse el vestido pero se lo impido, tomo su barbilla y nuevamente nuestras miradas se enganchan y así ella se olvida de su tarea anterior y siento que pone toda su energía en este beso, la sostengo con una mano mientras la otra la coloco sobre uno de sus pechos, Dios es tan gratificante esta sensación de hormigueo, es como estar sosteniendo algo tan valioso como lo es una parte de su cuerpo, lo masajeo con suma delicadeza hasta ir poco a poco aumentando el ritmo de esta excitante tarea, ella gime en mis labios pero me bebo esos sonidos que ella emite así como ella se bebe los míos, siento que puedo estallar en cualquier momento con todo esto, aparto mi mano y busco lentamente debajo de su vestido y poder tener el contacto con otra parte de su cuerpo, me maravillo una vez más con lo suave de sus muslos mientras sigo mi camino de asenso hasta llegar a sus bragas, la separo de mi regazo y la recuesto sobre la alfombra con mis brazos como apoyo en cada lado de su cabeza, sus impresionantes ojos verdes clavados en los azules ojos míos me hace caer en la abrumadora pero excitante realidad, esta chica ha llegado de una forma tan impactante a mi alma que definitivamente me resisto a dejarla ir, aun en contra de lo que es correcto, de lo que dicta mi conciencia y honor, ese honor y conciencia que por una fracción de segundo me gustaría mandar al diablo, pues solo puedo pensar en este deseo irrefrenable de tenerla junto a mi siempre.
Me aparto y me quito lentamente el saco y nuevamente me inclino sobre ella, besándola pausadamente hasta que nuestro besos exige más de nuestros propios cuerpos, me separo y volvemos a esa lentitud, ella desabotona poco a poco mi camisa mientras yo paso mi mano bajo su vestido hasta llegar nuevamente a sus bragas y poco a poco nos desnudamos completamente, cuando ya no hay prenda que nos estorbe, me inclino una vez más y beso su frente, sus ojos, su nariz, su mejilla y bajo al hueco entre su clavícula y cuello, me deleito con ese olor a lavanda que siempre la envuelve y beso su cuello sintiendo el palpitar de su corazón que ahora esta frenético y con todas mis fuerzas deseo que solo yo sea el causante de ese efecto, bajo lentamente por su hombro, su brazo, uno de sus pechos, paso por sus costillas, su ombligo y de ahí me pierdo en la profundidad de su cuerpo y su deseo, venerando cada milímetro de el, me grabo cada peca de su piel, cada recoveco que fui capaz de besar, cada hebra de su dorado cabello, delineé su boca, me hipnotice y me sumergí en sus verdes ojos y ame su alma como no creo haberlo hecho en este tiempo desde que hemos compartido un lecho y tal vez de alguna forma este era el inicio de una despedida, porque al final yo siempre fui testigo de que su corazón pertenecía a otro hombre así que me hice de lo único que podía tener por un momento, su hermoso cuerpo; porque este probablemente sería uno de los recuerdos más hermosos con los que me marcharía.
+++++++Continuara+++++++
Gracias por seguirme en esta historia chicas, en gratificante recibir sus comentarios y saber que aun la recordaban.
