Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
11/40
¡Hola a todos! Acá esta el capítulo 11, que de verdad espero que les guste. Bueno, primero que nada quería decirles que de verdad me siento muy feliz por todos los reviews que me dejaron. Enserio estoy muy contenta y agradecida. Ya se que suena reiterativo pero pienso que es importante darle las gracias por dejarme comentarios y leer mi historia. Sobre todo porque es algo que ustedes hacen desde su propia voluntad y consumiendo parte de su tiempo para gastarlo en mi historia. Entenderan por eso que siempre que les digo ¡Gracias! Es porque de verdad estoy muy feliz de saber que de alguna forma mi historia interesa. Y más de saber su opinión, que espero nunca dejen de hacerme saber lo que piensan. Por eso y a todos ¡Gracias! Espero que el capítulo les guste... Nos vemos y besitos.
Sentimientos viajantes
XI
"Peleando contra el pasado"
Habían pasado largas horas ya, se acercaba el horario del almuerzo y sin embargo Shikamaru se había rehusado a moverse del estadio. Ambos jóvenes se encontraban ahora refugiados del frío y cruel exterior en uno de los pasillos internos del edificio. Allí la lluvia no los alcanzaba y el ambiente era cálido y silencioso, quizá demasiado. Al menos para Ino.
Ya no lo soportaba más, estaba aburrida, hambrienta y además tenía una duda que la estaba atosigando. Shikamaru, junto a ella, descansaba recostado en el piso con las manos detrás de la cabeza y los ojos cerrados.
—¡Shikamaru! —lo llamó de repente, con un gritito que hizo que el moreno se incorporara de golpe.
—¿Qué? Ino, no grites así. Pensé que había venido alguien —ella negó con la cabeza.
—Quiero hacerte una pregunta —él arqueó una ceja ¿Y ahora que? Se preguntaba, temía que por los tontos comentario de Temari, Ino hubiera captado algo del mensaje subliminal que la muchacha de la arena le había enviado—. ¿Esas no son las armas de Asuma-sensei? —al parecer no, respiró aliviado.
—Sí, lo son —dijo retomando su expresión seria, algo dentro de él se quebraba cada vez que hablaba de su antiguo sensei.
—¿Cómo las conseguiste? No sabía que las supieras usar…
—Me las dio Kurenai —repuso él mirando fijo el techo, afuera se podía oír el susurro de la tormenta—, cuando estaba guardando las cosas de Asuma las encontró. Y no, no sabía usarlas pero aprendí.
—Para alguien impopular como tú… debo admitir que lo hiciste bien —el moreno ni siquiera la miró.
—Gracias, supongo… —exclamó cansino.
—¡Shikamaru, estoy aburrida! ¡Y además tengo hambre! —gritó de repente la rubia inclinándose sobre el cuerpo recostado de su amigo, para verlo mejor. Shikamaru abrió los ojos y se sorprendió de la cercanía pero disimuló su expresión.
—Alcánzame la mochila —dijo él señalando el objeto que se encontraba junto a ella, apoyado contra la pared. Ino obedeció y al tenerla entre sus manos el moreno la abrió y empezó a revolver entre las cosas. Finalmente sacó unas bolas de arroz que se encontraban guardadas en un pequeño recipiente cerrado herméticamente.
—¡¿Trajiste comida?! —gritó feliz, sintiendo una vez más su estómago retorcerse exigiendo clemencia.
—Si, supuse que hoy no podríamos darnos el lujo de parar. Ten —y extendiendo la mano le entregó una a la muchacha. La cual lo miró con infinita desconfianza—. ¿Qué sucede?
—¿Lo cocinaste tú? —aún escudriñaba el alimento como si se tratara de algo asqueroso y repugnante, el chico dejó escapar un suspiro. Ino era demasiado absurda.
—¡Claro que no! Mi mamá las hizo…
Entonces la mirada azul de la chica pareció iluminarse y sin siquiera dudarlo llevó la pequeña bola de arroz a su boca. El sabor se derritió en su paladar, estaba simplemente exquisita.
—¡Esta deliciosa! —exclamó feliz, tomando otra del recipiente.
Shikamaru simplemente la contemplaba en silencio, pensando aún en las palabras de Temari. Resonaba en su cabeza, como insistente eco la voz de Chouji también. Todas las ideas absurdas se arremolinaban en su cabeza, las imágenes de su sueño se condensaban ante sus ojos y al verla a Ino, su mirada rápidamente se desvió. Aquello no podía ser, simplemente era imposible. Ya hablaría con su amigo y aclararía las cosas, así los sueños podrían desaparecer y todo volvería a la normalidad.
—¿Shika? —murmuró de repente la rubia, sacándolo de sus pensamientos—. Creo que oí a alguien afuera.
El moreno se asomó y efectivamente se encontró con dos personas deambulando por el campo de batalla en busca de algo, o alguien. Quizá Temari les hubiera informado que ellos se encontraban allí, o tal vez solo los habrían seguido. Fuera cual fuera el caso sabían que debían pelear, ya no huirían (por más que Shikamaru lo prefiriera, sabía que no resultaría efectivo).
—Vamos Ino… —dijo, la joven se puso de pie y acercándose al moreno ambos descendieron hasta la arena donde dos muchachas los estaban esperando. Al parecer, por los cristales que tenían, una pertenecía al rango jounin y la otra era chunin, como Ino.
—Aquí estaban… —repuso una de ellas, tenía largo cabello castaño claro (quizá más largo que el de Ino) recogido en una cola alta. Entonces Ino la miró con curiosidad y de repente la reconoció.
—¡Haruko! —ambas kunoichi la miraron extrañadas y de repente también observaron el familiar parecido.
—¿Ino? —preguntó la otra muchacha, ésta era algo más baja que la anterior y su cabello era largo, lacio y negro. No tan largo, en comparación a Ino y Haruko, y con los ojos de un intenso color café.
—Satomi… No te reconocí —entonces ambas muchachas se voltearon a ver al moreno, quien miraba entre aburrido y perezoso la conversación y exclamaron al unísono.
—¿Shikamaru? —el chico arqueó una ceja y se giró rápidamente a Ino formulándole una pregunta en casi susurros.
—¿Quiénes son? —la rubia lo miró indignada.
—¡¿No las recuerdas?! Iban con nosotros a la academia, a ellas también les gustaba Sasuke —debió imaginárselo.
—Y a quien no… —murmuró con sarcasmo, las tres chicas rieron.
—No me sorprende que no nos recuerdes si te la pasabas durmiendo en todas las clases —comentó Satomi riendo, Shikamaru la miró indignado. Con razón se había olvidado de ellas: no eran de su agrado.
Finalmente y tras la breve introducción los cuatro se ubicaron en posición de batalla, y el combate comenzó. Una vez más la lluvia les opacaba la vista, el viento volvía a sentirse helado y la tierra húmeda empezaba a fastidiar, haciendo que se resbalaran. No debían prolongar el combate demasiado, sino sería contraproducente para ellos.
—¡Qué problemático! ¡¿Por qué es a mí a quien siempre le toca pelear con mujeres?! —exclamó fastidiado esquivando un golpe de una de las muchachas—. No puedo golpear a una mujer…
—¡Shikamaru no es momento para tonterías! —le gritó Ino evadiendo una serie de shuriken. Él en respuesta sólo sonrió.
—Pero tampoco puedo dejar que una mujer me gane —dicho esto hizo una serie de sellos con sus manos y rápidamente su sombra comenzó a estirarse en busca de las de sus oponentes. Cuando las alcanzó se entrelazó con ellas y ambas jóvenes quedaron inmovilizadas.
—¡Qué sucede! —exclamó Satomi.
—Posesión de sombras, cierto la técnica del clan Nara —recordó súbitamente Haruko, pero ya era tarde. Ambas estaban atrapadas y Shikamaru no pensaba soltarlas hasta que tuvieran el cristal
—¡Ino!
—¡Sí! —gritó segura, ubicándose junto a su amigo— ¡Shinranshin no Jutsu! —sus dedos índice y pulgar, de ambas manos, formaron un cuadrado e inmediatamente ambas muchachas empezaron a atacarse mutuamente.
Shikamaru se movía forzándose a mantener el jutsu mientras Ino jugaba a manipular la mente de sus oponentes, forzándolas a derrotarse entre ella. Pasaron largo rato así hasta que finalmente ambas cayeron totalmente vencidas. Se acercaron, Ino se agachó hasta tomar el colgante del bolsillo de una de ella y se marcharon.
Ya no tenía sentido que siguieran allí; tenían 6 cristales, y además parecía ser de conocimiento de todos que se encontraban en el estadio. Si permanecían sólo se verían rodeados por todo aquel que quisiera atacarlos.
Además, no quedaba demasiado tiempo del torneo. El reloj marcaba ya las 19:15hs. Pronto se oiría la campanada final y habrían ganado. Sólo tenían que llegar con cristales de regreso al punto de partida, sólo eso y habrían ganado.
—Shika —él la miró—. ¿Extrañas a Asuma?
El moreno no dijo nada, ni siquiera pudo mirarla a los ojos. Le dolía, muy dentro le punzaba la sensación de remordimiento. El saber que falló, que no pudo salvarlo. Que cuando él lo necesitó él no fue suficiente.
—Shika —esta vez esquivó su mirada azul—. Te pregunté si lo extrañabas…
—Ino —suspiró—, basta.
—¿Qué? ¡No! ¿Por qué no hablas de eso? Actúas como si fueras un mártir, te guardas todo el dolor adentro. Sé que lo extrañas tanto como yo, me molesta que no quieras hablarlo conmigo.
—¿Por qué lo hablaría contigo? —exclamó molesto en una maniobra defensiva para evitar la conversación, sólo que hirió a Ino. Y eso lo supo al instante.
—¿Sabes qué? ¡Tienes razón! No tienes porque… olvida que te pregunté eso.
—Ino, lo siento —pero ella lo calló con la mano.
—No me importa Shikamaru.
Entonces pasaron por una de las calles y allí vieron a Sai y Sakura compitiendo contra Neji y Tenten. Al parecer las cosas no iban bien para la pelirrosa y el moreno. Aún así no se detuvieron y siguieron caminando, Ino se rehusaba a hablarle a Shikamaru. Realmente la había herido, ella lo consideraba un amigo.
—Ino, perdóname —insistió una vez más pero la muchacha parecía no querer siquiera mirarlo. Suspiró y no dijo más nada, porque no había nada más que decir. Eventualmente lo perdonaría, se le pasaría y volvería a dirigirle la palabra. Algún día, es decir, no podía estar enfadada con él para siempre. Si ganaban seguro que se le pasaría el enfado, y la meta no estaba muy lejos. Lo lograrían.
Caminaron un par de calles más, las gotas resonaban con fuerza al morir contra el pavimento rompiendo el silencio que ambos jóvenes sostenían. La noche había empezado a caer y con ella la oscuridad que ahora cubría sus cabezas. Aún así ni una sola estrella se veía en el firmamento.
Estaba cansado, de caminar, de luchar y competir. Simplemente quería dormir, o al menos que su amiga volviera a dirigirle la palabra.
—Ino… —murmuró. Pero entonces la rubia se detuvo de golpe, con la mirada fija al frente. Aferraba con fuerza los colgantes de cristal contra su pecho.
Shikamaru levantó la mirada y allí los vio. Bajo la lluvia, expectantes a su llegar ¿Cómo era posible que hubieran llegado a ellos tan rápido? Simplemente aquel shinobi era sobrenatural. Y ahora tenían que combatir contra ellos, si querían llegar a la meta tendrían que hacerlo. Maldijo su mala suerte, sólo estaban a un par de calles del punto de llegada.
Entonces notó la cantidad de colgantes que ella levaba en su cuello, los contó cuidadosamente: 11 en total.
Definitivamente, estaban en problemas…
