Este, hola, jeje, perdón por el retraso. Aquí dejo la conti ;3
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ANGELUS
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Cáp. 11: Lecciones de Vuelo
Caminaban por el bosque, esperando en cualquier momento encontrarse con los demás. Aún sentía su cuerpo pesado, adolorido y se tambaleaba a veces, pero a pesar de ello, intentaba caminar lo mejor posible. El hechizo o maldición de la espada, ya estaba cediendo, tal vez por sus nuevas extremidades, o quizá por sus poderes adquiridos. No lo sabía, pero de verdad lo agradecía. O eso pensaba de momento.
-¡InuYasha!-
La miraba, aún estaban algo alejados, pero distinguía su silueta entre los árboles. Cerró los ojos, concentrándose lo suficiente, desapareciendo el campo, permitiéndole a la miko entrar sin problemas. Lo abrazó con fuerza, notando cuan sudado estaba y que ya no poseía los vendajes.
-¿Qué pasó?—preguntó angustiada--¿¡Por qué te lo llevaste así, Sesshoumaru!?—pregunto notablemente furiosa, mirando de manera recriminatoria al gran tai-youkai,
-No es de tu incumbencia, humana—respondió fríamente.
-¡Sesshoumaru!—exclamó al borde de la histeria.
-Déjalo—decía mirando a su hermano--No pasó nada, no te estés molestando por tonterías—añadió el hanyou, intentando calmar a la joven mujer.
-Pero, pudo pasarte algo.
-Aquí estoy, sano y salvo, no te angusties por nada.
La abrazó, para así intentar darle un poco de seguridad. Cuando sintió la cabeza de ella, recargarse en su torso, supo que lo había conseguido. Suspiro, mirando el cielo donde algunas aves sobrevolaban en parejas. Frunció el ceño, ahogando un gruñido.
Volar, eso sería una de las cosas que más trabajo le iba a costar.
Ugh, pobre de su cuerpo, estaba todo entumido a pesar de todas las horas que había dormido. Abrió con lentitud los ojos¿Cuánto había dormido? Parpadeó un par de veces, antes de incorporarse y mirar a su alrededor. Todo estaba oscuro, al parecer era un poco después de media noche. Alrededor, estaban todos dormidos, a excepción de su hermano, que sólo dormitaba, cerrando los ojos pero muy atento a cualquier ruido extraño. Escuchó un gemido por parte de la mononoke, que ya estaba mirándolo de frente.
-Vuelve a dormir, Kirara…--decía recostándose nuevamente, sin poder dormir, se quedó viendo el cielo, y la Luna que estaba casi por desaparecer, en un día, sería Luna Nueva.
Como molestan, malditas aves¿por qué cantan a media noche? Maldición, esa luz le daba directo a los ojos¿Kagome había encendido su lámpara esa, o que? Fue abriendo sus ojos, topándose cara a cara con un resplandeciente Astro Rey, brillando en todo su esplendor, exactamente sobre él. Mala suerte, sí, tenía muy mala suerte.
-Ugh, no dormí bien…
-Si dormiste más de diez horas—respondió Sesshoumaru desde bajo la sombra de un árbol.
Oh, y para colmo la primera cosa que veía y escuchaba era a su testarudo y solitario hermano. Negó con la cabeza mientras miraba a su alrededor, buscando algún indicio se la joven miko o alguno de sus compañeros. No había ni rastro de ellos.
-¿Dónde…?—comenzaba a decir.
-Fueron en busca de comida, no han de tardar—decía cerrando los ojos—La mujer fue la más difícil de convencer—añadió gruñendo—No quería dejarte bajo mi cuidado, decía que era peligroso.
-Y lo es—dijo sonriente.
-Idiota.
-Sí, ya me acostumbre a que me digas así—respondió, antes de dejarse caer de espaldas, mirando el cielo como la noche pasada lo había hecho.
Y de nueva cuenta, más aves, revoloteando en las alturas. Disfrutando de esas alas que los Kamis les habían brindado con tanta amabilidad. Arrugó un poco la frente, poniendo su típica mirada arrogante y enojada. Eso de volar no iba a ser lo suyo, tenía de dos. O lo hacía a la primera o se mataba en el intento.
-¿Cómo está la comida, Inu?—preguntaba la miko, al ver la cara serena del chico, no llevaba ni la mitad del tazón.
Extrañeza, y mucha. Él jamás había dejado la comida, ni un solo día. Pero ahora, este era el tercer día que comía a medias, y mantenía esa cara tan seria y alejada de los demás. Dando a entender que algo le preocupaba, demasiado. Pero, a pesar de ello, era de suma importancia que se alimentara bien, acababa de recuperarse de quien sabe que cosa, causada por aquella extraña arma. Debía de estar fuerte y sano.
-Inu, come.
-Eh, sí, en un momento, Kag—decía saliendo de su ensoñación, mirando a la miko.
Miró el cielo, habían pasado unas cuantas horas, pero aún así, ya podía sentir el reclamo de sus alas, que deseaban ser desplegadas y estiradas. Probar que tan útiles eran. Sólo que, a pesar de lo intrépido que su dueño era, aún existía el temor de caer de bruces contra el suelo.
-Eres tan orgulloso, que cuando caigas, te levantarás y lo volverás a intentar—decía el espíritu dentro de él—Y así sucesivamente hasta que puedas planear y luego volar.
Frunció el ceño ante el comentario de su tutora. Pero debía de admitir, que existía mucha verdad en aquellas palabras. Él no se iba a rendir hasta volar, era un juramento.
-¿InuYasha, te sientes mal?-
O bueno, primero debía de librarse de sus compañeros para poder experimentar con sus nuevos "accesorios". Y mantenerlos bien alejados de él, por lo menos durante medio día. ¿Pero, cómo?
Khe, se había metido en un lío, de todas las locas ideas que había tenido, esta, definitivamente, había sido la peor. Miró hacia atrás, esperando no ver a la chica tras él, y para su fortuna, así fue. Suspiro mientras se detenía, posiblemente su hermano la había detenido o algo así, puesto que, le había explicado el por qué de su reciente escape. Un punzada en la espalda, relajó los músculos y poco a poco sus hermosas alas se hicieron visibles, resplandeciendo gracias a los pequeños ases de luz que atravesaban las ramas de los árboles que se encontraban a su alrededor.
-Ah, que bien se siente esto—decía estirándose lo mejor posible, haciendo tronar levemente algunos huesos.
Movió su cuello, intentando reacomodar algunas vértebras. Miró hacia atrás, cerciorándose de que nadie estuviera muy cerca. Sonrió, desplegando sus alas por completo, agitándolas levemente, sintiendo como unos torbellinos se formaban tras él, impulsándolo a volar.
-Vamos, no tenemos todo el día, tienes que aprender ya…
Kuzo, como detestaba cuando le exigían las cosas. Movió con un poco de fuerza sus alas, logrando elevarse un poco, centímetros. Agitó nuevamente, hasta que logró elevarse algunos metros. Era casando, debía de admitirlo, pero se tendría que acostumbrar, por las buenas o por las malas.
-Oh, es fácil.
-Ahora, vuela lo más alto que puedas, debes de acostumbrarte a la altitud.
Suspiro resignado, aleteando lo más posible, sintiendo como el aire golpeaba su rostro con velocidad. Cerró sus ojos, antes de atravesar una nube. Ahora, en medio de una gran cantidad nebulosa, miraba a su alrededor, el territorio japonés medieval, la aldea de Kaede, los ríos, lagos y barrancos y una joven que corría debajo de él. Un momento… ¿¡Una joven!?
Agudizó su vista lo mejor posible, era Kagome, no había duda, su uniforme verde la delataba. La vio detenerse debajo de él, y doblarse un poco, posiblemente había perdido el aliento. Se ocultó un poco tras las nubes y entonces notó un nuevo inconveniente. Todo a su alrededor era blanco, parecía un punto rojo señalándose a sí mismo en el cielo.
-Khe, pareciera como si quisiera que ella me viera, debo de cambiar mi atuendo.
-Eso es fácil de arreglar.
-¿Eh?—exclamó antes de ser cubierto por un leve resplandor plateado.
Levantó la mirada ante ese extraño brillo, no distinguía bien, las nubes estaban muy cerradas. Algo de un color brilloso desapareció. Se estaba volviendo demasiado obsesiva, no podía ser InuYasha¿Qué haría en el cielo, a más de cien metros de altura? Además, pudo ser cualquier cosa, roja.
Se levantó por completo, dándose por vencida. Pero cuando regresara, se arrepentiría por haberse ido a pesar de lo débil que aún se encontraba. Sí, lo iba a lamentar y de eso ella se encargaría.
Y así, escondido tras una nube, miró como ella se alejaba. Frunció el ceño, mirando su nuevo atuendo. No estaba mal, de hecho, era igual a su habitual ropaje, sólo que de diferente color, y unos cuantos arreglos en la espalda, para las alas.
-Ahora, entrena que tenemos muy poco tiempo y tú lo sabes.
Asintió, antes de desplegar sus alas y lanzarse en una cerrada picada, tomando por completo al espíritu. Se iba a matar, se iba a matar. Detenerlo, eso intentaba hacer, pero no podía, a pesar de ocupar una parte de su cuerpo, no tenía el poder necesario como para frenar su terrorífica carrera. El suelo, demasiado cerca para su gusto.
-¡Detente, detente!—exclamaba desesperadamente--¡Nos vamos a matar!-
Metros, se iba a estrellar de una manera tan estrepitosa que la humana volvería. Comenzó a orar y entonces, justo antes de que sintiera el colapso, el chico elevó vuelo, a menos de dos metros del suelo. Respiraba de una manera algo agitada, pero su arrogante sonrisa se mantenía en su rostro. Lo había logrado, ya no entendía de que se quejaba, volar era sencillo. Muy sencillo.
-¡Estás demente, te pudiste haber matado!-
-No pasó nada, ya has probado que domino muy bien estas cosas.
-¡Sí, pero no debes de cometer tales locuras, idiota!-
Ahora ella también le decía "idiota". Demonios, al ritmo que iba, ese sería su apodo durante el resto de su vida. Aterrizó suavemente en el piso, miro a su alrededor, y sonrió, era hora de entrenar su destreza al vuelo. Esquivar árboles a su máxima velocidad sonaba muy bien.
-Oh no…--susurró antes de ver como el chico elevaba su cuerpo, precipitándose a gran velocidad contra algunos árboles esquivándoles.
Definitivamente, si no estuviera muerta, ese chico la hubiera matado de un infarto.
El Sol desaparecía tras las montañas, todos se encontraban sentados fuera de la cabaña, esperando el regreso del Inu-hanyou. La joven miko no había dejado de mirar de entre los árboles, esperando ver algún indicio de que el chico venía en camino.
-Ya se ha tardado.
-Sí—respondió el bonzo mirando a su compañera.
Una sombra apareció entre los árboles, y automáticamente la chica se levantó, intentando distinguir de quien se trataba. Y ahí estaba, oh, como iba a disfrutar su venganza por haberla tenido al borde del desquicio, muy preocupada y ansiosa.
-¡InuYasha!—exclamó acercándose.
Abrió levemente los ojos, hay no, estaba exhausto y ahí venía ella, lista para darle una reprimenda. En cuanto la tuvo enfrente, cerró los ojos, derrotado, esperando a que ella empezara con el regaño.
-¿¡Dónde demonios estabas!?—Preguntaba a gritos--¡Estás muy débil no comes, te desapareces y nos tienes a todos al borde de la histeria!-
A todos o solamente a ella. Khe, exagerada como siempre.
-¡Contéstame!-
No tenía la necesidad, ella de todos modos no le iba a creer ni una sola palabra de lo que le dijera.
-¡Osuwari!—gritó frustrada al ver su negación.
-Pass-
Estaba derrotado y esa palabra le había servido para caer hasta el fondo. No tenía las fuerzas necesarias como para levantarse. Cerró los ojos y durmió. Escuchó como la chica lo llamaba, le explicaría cuando despertara, estaba demasiado cansado. Tal vez por la noche de Luna Nueva, quien sabe. Pero de momento, lo único que deseaba, era descansar...
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Continuará...
Listo, ahora, agradeceré a:...Serena Tsukino Chiba y KagomeKaoru por haber dejado un review en el capítulo pasado. Me despido.
atte: TanInu
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