Nota: Onceava y última parte.
oOo
Esa temporada del año
Por: Galdor Ciryatan
11
Sasuke regresó a Konoha por la tarde. Estaba sano y salvo, la misión fue cumplida con éxito y en el proceso pudo abstenerse de matar a uno de sus compañeros con máscara de zorro. Estaba orgulloso de sí mismo. No obstante, al llegar a casa no encontró a nadie con quien compartir esas buenas sensaciones. Comió, se duchó y se recostó un momento en su cama. La casa estaba silenciosa y sola, cuestión que siempre le recordaba a su niñez. Itachi no era muy ruidoso, pero cuando se hallaba ahí su presencia era palpable; por otro lado estaba Kisame, quien aportaba un ruido ambiental que al inicio fue extraño para Sasuke y al cual terminó por habituarse.
Después de descansar un rato se levantó y se dirigió al café. Aquel par seguro se encontraría ahí, lo apostaría. Por alguna extraña razón le pasó por la mente que, a fin de hacerse acompañar por alguien, también podría buscar a Sakura; entonces pensó que eso lo haría lucir desesperado y descartó la idea. Itachi y Kisame serían pues.
El Sol empezaba a bajar y había un par de clientes en Heiwa. Sasuke entró, paseó la mirada por el rostro de la gente y sus ojos se quedaron enganchados en la mano de Kisame. De entre todos los detalles del cuadro, éste le zarandeó el corazón. Ya no le importó la identidad de los clientes o el pintoresco vaho de las bebidas danzando en el espacio. Salvó con sus ojos la distancia y los obstáculos hasta la mano de Kisame y en ella clavó el negro de sus irises.
"Lo mataré" fue lo primero que pensó el joven ANBU.
Los dedos de Hoshigaki se posaban en ese momento sobre una figura de guitarra, aquella mano se recargaba con todo el derecho del mundo en una femenina curva, entre los confines de la cadera y la cintura. Sasuke alcanzó a ver incluso las arrugas que ese tacto producía en la tela, cómo el pantalón oscuro de ella mostraba unas diminutas arrugas y el pulgar de Kisame se posaba despreocupado en el borde de una playera blanca. Para contribuir a la cólera de Uchiha, ese pulgar y esos otros dedos igual de culpables se removieron, acariciaron con indiscreción a la mujer en un imperceptible círculo. Las arrugas cambiaron de posición, las sombras se recompusieron y algo hirvió dentro de Sasuke.
Ellos no le habían visto, estaban de espaldas a la puerta. Tal vez fueran conscientes de que alguien acababa de entrar, mas no de que era Sasuke; o a lo mejor estaban tan absortos en sí mismos que ni notaron la campanilla del lugar al sonar.
Fue un segundo nada más, una caricia en el borde de una cadera que se empezaba a hacer familiar, pero eso provocó una ancha sonrisa en el tiburón. Tomó de las manos de la mujer los café que ella acababa de preparar y fue a ponerlos en la mesa correspondiente. El instinto natural al ver a Sasuke fue saludarlo, sin embargo, el joven se lo impidió.
El menor de los Uchiha acortó la distancia entre ambos, unas zancadas y ya estaba bloqueándole el paso a Kisame. Le estampó una mano en el pecho y lo amenazó entre mandíbulas apretadas y ojos de odio. ¿Cómo se atrevía a tocar en público a alguien que no fuera Itachi? ¿Creyó que nadie lo notaría? ¿Pensó que ese fugaz roce pasaría desapercibido, que su boba sonrisa no lo iba a delatar? ¿Y qué derecho tenía aquella mujer para estar ahí? Sasuke sabía que Itachi amaba a este tonto y no podía dejar pasar algo así. Desconocía a la mujer y por qué se encontraba ahí, pero no tenía reparos en mostrarle a Hoshigaki su indignación.
"Después de todo lo que Itachi hizo por él" pensó Sasuke entre taciturno y lleno de coraje.
Cerró su mano en un puño que atrapó la ropa de Kisame y lo jaloneó.
—¡Bastardo!
El shinobi de Kiri equilibró las tazas que llevaba en las manos y evitó que su contenido se derramara. Con cada jalón que le daba Sasuke, él movía las tazas para estabilizar el café caliente. Una básica habilidad del ninja (y un aspecto muy importante para un espadachín) era el equilibrio. Kisame no tuvo problemas al evitar que el piso adquiriera una decoración en forma de dos manchas oscuras, no obstante, eso significaba que tenía las manos ocupadas y no podía defenderse de Sasuke sin soltar el café.
—Sasuke-kun, ¿qué…?
El joven lo interrumpió, lo jaloneó de nuevo y elevó un puño. Se preguntó si sería muy grave molerlo a golpes ahí mismo; es que no tenía paciencia para sacarlo afuera a resolver el asunto. Los clientes le miraban con aprensión. Kisame empezó a arrugar el ceño.
—¡Sasuke! —le reprendió una voz que, en lugar de enfado, mostraba preocupación.
Con los brazos cruzados sobre el pecho, la mujer le miraba y por alguna razón reprobaba lo que estaba haciendo. Al tenerla de frente y poder estudiar su rostro, Sasuke sintió que el alma se le caía a los pies.
—¿Mam..? —Se interrumpió a sí mismo. No era posible. Mikoto estaba muerta, llevaba años muerta.
Oh, pero esta mujer se le parecía tanto. Sus facciones le recordaban mucho a su madre y lo único que arruinaba la semejanza eran las ojeras y el color del cabello que, en lugar de ser un azul oscurísimo, era negro.
—Basta. ¿Por qué peleas con Kisame? —le preguntó ella.
Sasuke parpadeó con fuerza, no obstante, la mujer se rehusó a esfumarse. Ella continuaba ahí con esa expresión de desasosiego, con la blusa blanca de poco escote y con dos rostros fundidos en el suyo. Además de las similitudes con Mikoto, se parecía enormidades a Itachi. Algo debió cambiar en sus propias facciones, pensó Sasuke, porque la mujer se tornó indulgente y le habló con voz dulce.
—Ven. Hablemos atrás.
El joven soltó a Kisame de forma ausente.
—Tsk —profirió el tiburón con una media sonrisa. No culpaba al muchacho, él también tuvo su sobresalto al ver a Itachi en este estado tan peculiar.
Ya en la trastienda, la comadreja se sentó, no con las piernas cruzadas y las manos apaciblemente unidas sobre el regazo, sino como usualmente se sentaría. Espalda recta, piernas extendidas y tobillos cruzados. Dejó que Sasuke se lo bebiera con los ojos, le permitió incluso esa nota de reproche que le apareció en las cejas por un instante.
—¿Qué te sucedió? ¿Quién eres? —preguntó el menor.
—Siéntate —lo invitó.
Pero el muchacho no hizo caso.
—Soy Itachi, sólo se trata de un henge. Siéntate —insistió.
En lugar de buscar una silla se sentó en el borde de una mesa que tenía detrás. Itachi le iba a reprochar (ése no era lugar para sentarse), no obstante, se contuvo; otras cosas eran más importantes en este momento.
—Creí que eras alguien más —dijo Sasuke.
—¿Por eso querías pelear con Kisame? —preguntó Itachi. Su hermano asintió y él suspiró; ahí iba una disculpa silenciosa.
—¿Por qué estás así? ¿Por qué no deshaces el henge? —le cuestionó Sasuke. No creía que éste fuese algún fetiche de Kisame al cual la comadreja hubiera accedido, no pensaba que fuera la nueva preferencia de su hermano y no veía necesidad en hablar con este rostro de mujer en lugar de con Itachi. ¿Por qué no se transformaba? —. ¿Sucedió algo?
—Estoy bien. Se trata de un henge y un sello, sé cómo deshacerlo, pero me quedaré así por un tiempo.
—¿Cuánto tiempo? ¿Y por qué? —le incordió Sasuke arrugando las cejas.
—Más de 9 meses. Y supongo que con eso te puedes hacer una idea del por qué —respondió el mayor. Se sonrojó un poco y ese color en sus mejillas trasteó con la mente de Sasuke.
Era una mujer hermosa.
Era Itachi.
El más joven se mordió el labio y trató de poner sus pensamientos en orden. Quería saber si su hermano lo hacía por su manía de continuar con el clan, si estaba bromeando, por qué no le dijo nada antes, desde cuándo estaba así, cómo se le ocurrió esta descabellada idea, si Kisame era parte del plan, si la demás gente de la aldea sabía, cómo pensaba sacar esto adelante. Tenía muchas dudas, algunas rayaban con exclamaciones y otras con reclamos, unas se respondían por la obviedad y otras requerirían explicaciones gráficas que él no deseaba. Entre todo ese caos de ideas, lo que pudo rasgar el velo y asomar la cabeza fue una declaración apagada.
—Te pareces mucho a mamá —murmuró Sasuke.
—¿Eso crees?
Itachi volvió a sonreírle y él tuvo que apartar la mirada. Encarar el suelo de la trastienda era más fácil. Si en verdad la comadreja era seria y pasaría varios meses en ese cuerpo, él tendría que enfrentarse a ese rostro dulce cada día. Eso lo azoraba. Miraba a Itachi y encontraba en él retazos perdidos de su madre, la que muchas veces echó de menos, por la que lloró, ésa cuya imagen se desvaía con los años. De hecho, cabía la posibilidad de que ni siquiera se asemejara tanto a la mujer en cuestión pero la mente de Sasuke le dijera que sí.
El mayor de los Uchiha buscó los ojos de su hermano, inclinó el rostro buscándolos y el cabello suelto se mantuvo en línea con la gravedad.
—¿Sasuke? —le llamó.
Su voz era suave, placentera de oír. Si la miraba, encontraría unas facciones igual de suaves y agradables.
No podía mirarla.
De hacerlo por demasiado tiempo acabaría con lágrimas en los ojos o al menos vergüenza incrustada en el corazón. Mikoto murió muchos años atrás, ¿por qué tendría que seguirle doliendo a estas alturas? Esa mujer no era ella, ni siquiera era una mujer.
—Te veré en casa —dijo atropelladamente y se puso de pie con intenciones de salir.
Itachi lo atrapó en un abrazo. No lo dejaría ir mientras tuviera era expresión azorada, le partía el alma verlo así.
Sasuke se puso rígido en los brazos del otro. Esto le recordaba a su niñez, cuando su madre lo abrazaba para reconfortarlo aunque las causas de su pesar no fuesen graves. Una caída y una rodilla lastimada, un objeto demasiado alto en una repisa, una paleta que se cayó en la tierra. Su madre no dudaba en alzarlo y sonreírle, así como Itachi no había titubeado en rodearlo con sus brazos.
Muy a su pesar, las lágrimas empezaron a acumularse en sus ojos.
—¿Por qué te pareces tanto a ella? —reclamó Sasuke cuando la primera lágrima cayó. Ahora tendría que aguantar verla a diario, anhelar otra vez sus tontos deseos infantiles y saborear las amarguras de su solitaria niñez.
El mayor lo estrechó. Se sentía culpable y con motivo: él mismo atravesó una katana por el cuerpo de Mikoto años atrás. Esta coincidencia en sus imágenes corporales servía para decirles que los fantasmas nunca mueren; sólo la gente lo hace.
Meses después, Sasuke pensaría que la imagen de ambos fundida sirvió para revivir la memoria de su madre en él y le agradecería a Itachi que, aun sin ser su intención, le hubiese devuelto un pedazo de Mikoto y le hubiese permitido mirar su rostro cálido.
oOo El año siguiente: Marzo oOo
Empezaba a crecerle el estómago. Las nauseas y las ganas de vomitar habían desaparecido. Pronto sabrían el sexo del bebé. Con el Sharingan podía ver esa pequeña masa de chakra dentro de su vientre; tenía el tamaño de una naranja.
—¿Has pensado el algún nombre? —le dijo Kisame.
Itachi respondió desde el baño mientras se cambiaba: —Sí, me gustaría "Shisui" si es niño. —Su voz tranquila no dejaba ver el desasosiego que lo azotaba en ese momento.
—"Mizuko" es un bonito nombre de niña —comentó Kisame de forma casual. Estaba sentado en el borde de la cama y tenía una sonrisa pícara en los labios. Se moría de ganas por que Itachi saliera del baño, no obstante, se refrenaba en el impulso de reír o apresurarlo, no fuese a ser que lo espantara y el joven decidiera echar su promesa por la borda.
Por motivo de su cumpleaños número 35, Kisame le había pedido una insensatez. Por la misma causa y tras suficientes súplicas, Itachi accedió. Un día nada más, había presionado la comadreja. Un día entero y que sea un día en que el café esté abierto, había añadido el espadachín.
Uchiha se recogió el cabello en la usual coleta, suspiró en resignación y salió del cuarto de baño. Era de mañana y le quedaba un largo día por delante.
Hasta esas alturas del henge, Itachi no había usado muchas prendas que fueran consideradas exclusivamente femeninas (qué decir de un vestido). Solía usar pantalones, las sandalias de rigor y blusas sin demasiado escote o las playeras que ya tenía. Su figura sinuosa delataba lo que las ropas no hacían evidente, sin embargo, la gente seguía refiriéndose a él en masculino; fue una cosa que la comadreja pidió. De hecho, temió que este regalo para el tiburón cambiara ese último hecho y le recalcó a Hoshigaki que lo tratara de él. Kisame accedió, no necesitaba decirle que se veía hermosa, le bastaba con decirle que era guapo tanto en su usual cuerpo como en éste.
—Te ves muy bien, Itachi-san. Como mujer y como hombre, creo que te ves bien—declaró el mayor.
—Lo dices sólo para apaciguarme. Todavía no sé cómo me convenciste —se quejó Itachi alisando la tela hacia abajo. Le parecía excesivamente corto aunque le llegaba a la rodilla.
Era un vestido blanco con mangas cortas y escote cuadrado. Un poco abajo del busto tenía un listón rojo que lo ceñía y, a partir de ahí, caía suelto hasta las rodillas. El estómago abultado de Itachi no era muy notorio y él agradecía que la tela no se ajustara a cada curva de su cuerpo. Ya era suficiente con estar usando un vestido; ahora bien, usar uno sugerente y durante el embarazo… No quería ni pensar en ello. En el borde inferior nacía el dibujo de unas flores, los tallos eran negros, los pétalos rojos y en algunos lugares había diminutos moños de los mismos colores. Unos sencillos zapatos de piso complementaban el atuendo.
Kisame se acercó y lo abrazó por la cintura, le permitió esconder la superficial vergüenza en su pecho.
—Te dejaste convencer —dijo el mayor para luego darle un beso en la coronilla, breve, tierno.
Era verdad. Una parte de él se había dejado endulzar por la petición de Kisame y el resto de su ser presentó débiles protestas. Sólo se trataba de un vestido a fin de cuentas, un inofensivo pedazo de tela con un determinado corte y bordados; no era una cosa mortal. O al menos eso quiso creer.
oOo
Ese día, Itachi recibió más cumplidos de los que creía merecer. Los primeros movieron un poco el suelo bajo sus pies, luego se sintió halagado y, finalmente, llegó a creer que la gente exageraba. ¿Realmente se veía tan lindo? Incluso Kakashi le comentó que lucía bien. Cada que alguien le hacía un comentario sobre su atuendo inusual (y casi todos eran positivos) Kisame le echaba una mirada y una sonrisa de complicidad.
Ambos se hicieron cargo de Heiwa ese día. Sasuke estaba en la aldea pero no le pidieron ayuda, con ellos dos era suficiente. Itachi se dedicó a preparar las bebidas y bocadillos, a recibir halagos y a sonrojarse de cuando en cuando; Kisame, a llevar los pedidos y entretenerse a costillas de Uchiha.
—Vuelvan pronto —dijeron cuando los últimos clientes se marcharon.
Itachi empezó a recoger. Quería darse prisa y regresar a casa para quitarse esa ropa. Verdad que no era demasiado incómoda, pero tampoco muy confortable, tal vez porque no estaba acostumbrado a usar esas cosas. Además, creyó que había cumplido cabalmente con su acuerdo de usar el vestido por un día entero y se creía con el derecho de zanjar el asunto. Pasó el día sin quejarse, recibió los cumplidos con amables agradecimientos, trabajó como normalmente lo haría y ya era hora de volver a ponerse su usual vestimenta. Dicho sea de paso, acababa de adquirir un renovado amor hacia los pantalones y su practicidad.
Kisame hizo el atinado comentario de que, si en verdad quería quitarse el vestido, podía hacerlo ahí mismo, a él no le molestaba. El joven le miró con reproche.
Por un apacible momento se pusieron a recoger en silencio, no obstante, algo se había metido en la mente del tiburón y le insistía con voz de sirena. Kisame se decidió a forzar, no por primera vez en la vida, los límites de su relación. Era algo que ocurría infrecuentemente. Este episodio del vestido era una de esas ocasiones y tal vez hasta ahí se hubiera podido quedar, de no ser porque el cuerpo de Kisame lo empujó más allá. Desde que se confirmó lo del embarazo habían tenido nula actividad en la cama, en parte porque Itachi estaba indispuesto y constantemente tenía nauseas. Pero ese periodo había quedado atrás, había dejado de vomitar y tenía un mejor humor, cuestión por la que Hoshigaki se arriesgó a pedirle lo del vestido. Ahora quería más.
Después de haber recogido, Itachi entró al baño. Salió y se estaba lavando las manos en el pequeño lavabo cuando Kisame lo acorraló por detrás. No era una posición favorable para nadie, no era algo que un shinobi experto hubiera dejado suceder, sin embargo, la comadreja no le temía al tiburón. Le dio permiso de atraparlo entre el lavabo y su cuerpo porque sabía que estaba bajo su dominio.
Hoshigaki le besó el cuello, ante lo cual el otro se mantuvo impasible. Acabó de lavarse y cerró la llave del agua, se secó las manos como si no tuviera en su espalda al Monstruo de la niebla.
—No falta mucho tiempo para la estación de este año —declaró Kisame para después morder el lóbulo de una deliciosa oreja.
Itachi ignoró el comentario y dijo: —Espera a que lleguemos a casa. Aquí no es lugar para esto.
Obviamente el café era zona terminantemente prohibida para lo que Kisame insinuaba… Y por el día de hoy no le importó mucho. Acunó los pechos de menor entre sus manos y le dio un mordisco en el cuello. Presionó su cuerpo contra él, le dio un ligero empujón con la pelvis.
—Kisame, basta —habló Uchiha con tono calmado. Se encorvó en un intento por escapar y, al ver que no resultaba, apoyó las manos en el lavabo y esperó resignado a que el otro terminara. Luego de un segundo le haría caso y se separaría de él, sólo quería hostigarlo un poco, pensó el menor.
Era todo culpa del vestido.
En shinobi de Kiri le acarició el busto, esas redondeadas figuras que el vestido hacía resaltar. Sus labios recorrieron la piel del cuello de Itachi, no en besos o mordidas, sino en un roce suave que erizó la piel de la comadreja. Algunas declaraciones pocos caballerosas flotaron en el aire, cosas que Kisame únicamente decía cuando estaban a solas, propuestas por demás indecorosas que le provocaron un hormigueo a Uchiha y un leve sonrojo.
—Kisame —le regañó él un tanto ofuscado.
Para el joven fue claro que su compañero no iba a soltarlo de buenas a primeras. De haber planeado unas cuantas insinuaciones para después dejarle en paz, ya lo habría hecho. Cuando Kisame obedecía, era casi desde el inicio.
—¿No lo quieres hacer? —insistió Hoshigaki luego de besarle el hombro a través de la tela blanca.
Uchiha estuvo a un ápice de aplicar la respuesta automática: "Ahora no, espera hasta que lleguemos a casa". Sin embargo, alcanzó a cuestionarse con escrúpulo. ¿Quería? El calor entre sus piernas no estaba ahí hacía un momento, eso lo había provocado el tiburón con su tacto y sus besos, quizás hasta con sus propuestas escandalosas.
Hoshigaki le susurró al oído otro par de cosas interesantes que podrían hacer en ese momento e Itachi pasó del ofuscamiento a la franca excitación. Su cuerpo estaba reaccionando de una manera que no estaba planeada, cuestión que tenía sin cuidado al mencionado cuerpo. Le gustaban las caricias del mayor, su tacto amoroso, el escalofrío que le provocaban sus íntimas palabras junto al oído.
A su pesar, estaba más excitado de lo que quería reconocer. Llevaba varias semanas sin ser tocado de esta manera. Las especiales atenciones de Kisame, el morboso hecho de estar usando un vestido y cierta sensibilidad natural en esa etapa del embarazo planearon malvadas tramas en su contra. Sentía un hormigueo cálido en la entrepierna y estaba casi seguro de que tenía los pezones duros. Se mordió el labio…pero muy tarde. El suspiro anhelante ya estaba fuera de su boca.
La comadreja subió la rodilla izquierda al borde del lavabo y bufó. El zapato se le cayó al suelo.
El mayor trazó una sonrisa triunfal en su boca. Este tipo de inesperadas victorias eran lo que le hacía empujar a Itachi de vez en cuando. Usualmente no tenía mucha fe en la táctica de forzarlo, había descubierto que la mayoría de sus avances terminaban en fracaso, sin embargo, no renegaba de estos esporádicos éxitos.
Levantó las faldas de aquel vestido.
Itachi reconoció el impulso del sexo en cuanto sus muslos quedaron descubiertos. Tenía ganas de hacer esto, era sólo que el café no le parecía un lugar adecuado. Desde el fondo de su mente salió una protesta, pero la posición en que se encontraba no le confirió ninguna seriedad.
—Está mal hacerlo en el café —dijo con voz apagada.
—Prometo que no ensuciaremos mucho y vendré mañana temprano a limpiar. Sólo será por esta ocasión, Itachi-san —le reconfortó. Sabía que debía apaciguar los escrúpulos del joven, calmar esa parte quisquillosa de su ser a fin de que se le entregara totalmente.
—Promételo —insistió la resistencia de Itachi a pesar de que el mayor ya lo había hecho.
—Lo prometo. Yo limpiaré. Ahora déjame atenderte —dijo al tiempo que le acariciaba la cara interna de los muslos.
El joven agachó la cabeza. El cuerpo de Kisame tras el suyo le encantaba, se le antojaba omnipresente, fuerte. A él le confiaba su espalda no importando que a veces le traicionada de esta apetecible manera. Le gustaba sentirlo detrás de él, tenerlo ahí y reconfortarse con su presencia. Le volvía loco por el calor que le proporcionaba.
Las manos de Itachi se agarraron con obstinación al lavabo. Su pierna izquierda se flexionó un poco más y los dedos de sus pies se encogieron, una marca empezaba a gestarse en la rodilla que se posaba en el lavabo. Estiró la pierna derecha y se apoyó sólo en la punta de aquel pie pequeño y blanco; el zapato de piso, de color negro opaco, se quedó reconfortando sus dedos pero debió despedirse de su talón, el cual quedó en el aire. Ciertamente el zapato se sintió confundido, ¿sería abandonado igual que su compañero izquierdo? ¿Retornaría ese renegado talón a apoyarse en él? ¿Se quedaría así por lo que durara el instante, sirviendo sólo de apoyo a los dedos tensos de Itachi y deseando envolver su redondeado talón sin poder hacerlo?
Ese zapatito delicado fue testigo del calor de Uchiha.
—Rápido —ordenó el joven.
Hoshigaki le sobó el cuerpo, acarició su piel y tanteó los pliegues de su cuerpo. Los bóxers blancos y humedecidos por un fluido resbaladizo fueron rasgados, ante lo cual Itachi respingó; no era temporada para que Kisame le rompiera la ropa, no obstante, se abstuvo de quejarse pues el daño ya estaba hecho. Además, que le mintiera a algún otro con miradas inocentes. La verdad es que le gustaba que el tiburón le rasgara la ropa interior, le provocaba un escalofrío de miedo y excitación. Alguna vez fue virgen y recatado, luego eso se fue erosionando con el pasar de las noches furtivas; en algún momento mostró vergüenza al querer a Kisame en público, pero eso también se fue con el viento; después estuvo su timidez inicial al encontrarse en ese cuerpo femenino, estado que, a la fecha, también había quedado en el olvido. Itachi era la misma criatura de siempre (al menos por dentro) y conservaba ese calor apasionado que amaba Kisame, además, por supuesto, de la arraigada renuencia a hacerlo en lugares inadecuados.
El shinobi de Kiri conservaba el gusto por doblegar a Itachi.
Una mano cariñosa fue a posarse en el vientre abultado de Uchiha mientras unos dedos toscos desabrocharon el pantalón del espadachín. Kisame se frotó contra el menor, se deleitó en las curvas de su cuerpo y acogió en sus oídos los familiares suspiros de placer.
En algún punto una comadreja se dio vuelta para sentarse en la orilla del lavabo y cierto tiburón presentó su miembro rígido ante unos pliegues húmedos que lo juzgaron deseable. Lo que sucedió a partir de ahí fue historia bien conocida. Itachi demandó cierto ritmo, Kisame cumplió, los dos se dejaron envolver en un rincón del mundo y en el sonido de sus propias voces.
El zapato del pie derecho continuaba aferrado a los dedos de Itachi, colgaba de la punta del pie del joven y se balanceaba en el ritmo con que Kisame embestía.
Un beso especialmente fiero le enrojeció los labios a Uchiha y le hizo proferir una pequeña exclamación. Después, Hoshigaki le besó con increíble delicadeza, disculpándose con aquella boca por su trato rudo. Mientras, las manos del menor se metían entre la playera del Monstruo de la niebla, buscaban el par de oscuros pezones que se ocultaban bajo la tela y amenazaban con palpar e incluso apretar. Kisame gruñó ante el primer pellizco pero no cambió el vaivén de sus caderas, el segundo y el tercero los recibió con agrado.
—Más lento —musitó Itachi y luego acomodó las caderas. El zapato colgante se cayó en ese momento; al golpear el suelo hizo un ruido que fue ignorado.
Hoshigaki penetró al joven en movimientos suaves y fluidos. Le acarició los pechos con una mano, la espalda baja con la otra y sus labios con la lengua. Itachi sentía que la entrepierna le palpitaba enloquecida y que su corazón había abandonado su pecho. En el orgasmo de Kisame, éste le mordió el cuello y el joven se acarició el clítoris al ritmo de las últimas embestidas del mayor.
El gemido de una voz femenina pero profunda retumbó entre las paredes del lugar e Itachi cobró consciencia de lo que acababan de hacer: Tener relaciones en el lavabo del café.
Ya había otra razón más para amar Heiwa.
Se percibió arrastrado a la adolescencia descontrolada que nunca tuvo. Supuso que este tipo de cosas son las que hacen los muchachos hormonales y calientes con sus parejas.
Al recuperar la respiración, Uchiha habló: —Ésta es una de las cosas más morbosas a las que me has inducido.
Kisame no renegó. El pequeño comentario al final del sexo para recuperar el control y la dignidad eran pauta común en la comadreja. No obstante, una idea todavía más morbosa le cruzó la mente: Itachi regresaría a casa, andando, sin ropa interior (a menos que quisiera intentar vestirse ese harapo que algún día fue bóxer). Ese pensamiento lo hizo sonreír. Ya de camino a casa, le generaría muchas frustraciones.
Luego de asearse y recomponerse lo que quedaba de vestiduras, salieron del café. Kisame le pasó una mano por la cintura al otro desde el momento en que cerraba con llave la puerta del local. No se le despegó en todo el camino de vuelta. En algún momento intentó deslizar su mano por la deseable curvatura y sobarle los glúteos, pero esta vez la comadreja se mostró inflexible.
—Basta. Espera a que lleguemos.
Y sólo para hacerle las cosas difíciles a su compañero, sólo porque tenía el poder y sólo por el deleite que le provocaba calentarlo, agregó en voz baja:
—Siento que tu semen me resbala por los muslos. —Espetó eso con toda la dignidad de la que era capaz un Uchiha, sin un solo atisbo de remordimiento o recriminación.
Kisame le miró extrañado. ¿Era verdad eso que decía o era un juego cruel para tentarlo? Tal vez se trataba de ambas, pero la comprobable sólo era la primera. Su mano apenas se movió un milímetro en dirección a la entrepierna de Itachi, cuando éste lo cortó de tajo.
—No —sentenció el joven con voz firme. No importaba que fuese de noche y no hubiera nadie en la calle por donde pasaban, no dejaría que le metiera la mano entre los muslos para comprobar la veracidad de su afirmación—. Espera.
—Eres malvado conmigo, Itachi-san —bufó Kisame realmente decepcionado.
—Te compensaré cuando lleguemos a casa.
Así como Kisame le incitó a tener sexo en el café con la promesa de que limpiaría al día siguiente, así Itachi lo frustraba para luego prometerle ganancias mayores si se mostraba paciente.
—Lo haremos en la posición que quieras —dijo la comadreja.
El Monstruo de la niebla parpadeó. Eso implicaba que harían el amor otra vez al llegar a casa y, por agregado, él escogería la posición. ¿Había otro trato en el que unos minutos de paciencia generaran tan gratos beneficios? Kisame pensó en la postura que sería de su elección y se hizo muchas ideas en la cabeza, sin embargo, recordó que debía ser una en la que no hubiese presión sobre el vientre de Itachi y reconsideró. Nada más de estar pensando en ello la sangre se le redistribuyó en el cuerpo e intuyó que el viaje a casa se haría largo esa noche. Cuando Uchiha dio un rodeo, esa impresión se le confirmó.
—¿Qué haces? ¿Por dónde vamos? —se quejó el tiburón.
—No quiero pasar por donde hay gente. ¿Qué tal si nos encontramos con algún Inuzuka y percibe mi olor?
Bueno, en eso tenía razón. Hoshigaki gruñó.
—Y bien, ¿qué posición será? ¿Lo has decidido? —insistió el menor, transparentes eran sus intenciones de turbar la mente del otro y torturarlo. Era un ángel malvado.
Kisame la apretó la cintura e, igualmente, apretó el paso.
—Te quiero arriba, quiero que me montes —respondió. Le encantaban sus pechos bamboleándose de arriba abajo.
Luego de la eternidad de caminata, Kisame fue recompensado con lo prometido e incluso recibió creces. Itachi se portó complaciente luego de la pequeña tortura, se dejó el vestido puesto y sólo descubrió su busto para que se bamboleara ante la mirada del mayor. Hubo dientes que mordieron labios enrojecidos y gritos que se degradaron al nivel de suspiros desesperados para que el ruido no atravesara las paredes. Lo hicieron fuerte y rápido, desesperados, ahogados en calor.
Itachi podía comportarse malvado y cruel si lo deseaba, era tan bueno en ello como en mostrar su natural cariño y ternura, y era una delicia en cualquiera de esas facetas.
oOo Algunos meses después oOo
Shisui nació en septiembre. Despertó a sus padres a mitad de la noche y les hizo apresurarse hasta el hospital de Konoha. El evento ya era algo sonado, buena parte de la aldea sabía que los Uchiha tendrían un nuevo miembro, lo que marcaría en verdad la reconstrucción de tan atormentado clan. Más de una enfermera prestó ojos curiosos a la llegada del tiburón y la comadreja, más de un médico sonrió ante el milagro.
Luego de una eternidad de parto (o al menos así lo percibió Itachi), tenía en sus brazos a una criatura sonrosada que era mitad él y mitad Kisame, una vida que inició de dos personas. En qué extraño mundo, se preguntó Uchiha, dos personas suman una. No lo sabía. O a lo mejor su mente de genio estaba todavía aturdida por el parto.
Pensó en los últimos meses con algo de nostalgia. La esperada confirmación de que estaba encinta, las terribles nauseas que le hicieron la vida difícil por un tiempo, el vestido blanco, la estación de celo y los sellos en las manos de Hoshigaki, kilos y kilos de peso, las patadas de Shisui, la voz de Kisame hablando sobre su vientre para relatar historias de shinobi, el cohibido agradecimiento de Sasuke por ser tan parecido a Mikoto, los dolores en la espalda y en las piernas, la súbita consciencia a medianoche de que era hora, el miedo y la felicidad.
Después de todo eso obtenía una cuna que ya no estaba vacía y un tiburón abrazándolo por detrás.
Itachi estaba recargado hacia atrás, apoyado en el pecho de Kisame, pero sus ojos se lanzaban hacia adelante y caían en un suave arco hasta la criatura que ocupaba la cuna. Tenía el cabello azul oscuro del espadachín, unas simpáticas branquias apenas sugeridas sobre sus hombros y, al crecer, mostraría las facciones masculinas y la fuerte mandíbula de Kisame; sus ojos eran oscuros y grandes, unas mejillas sonrosadas se encendían sobre su piel blanca y algún día tendría la voz profunda de Itachi.
Uchiha no se cansaba de mirarlo. Podría la vida írsele en estar parado ante la cuna, sonriendo y contemplando. Un beso cariñoso se posó en su cabeza.
—Yo sé que es muy pronto —dijo Kisame en voz baja con tal de no despertar a Shisui—, pero, ¿has pensado en tener más? Sé que deseas que el clan continúe y que querías tener hijos, sólo que nunca hemos hablado de cuántos.
En verdad a Hoshigaki no le gustaban mucho los niños, pero éste en particular le encantaba. ¿Era porque se trataba de su hijo? A los demás bebés y pequeños los veía con algo de indiferencia, pero Shisui era suyo, le gustaba cargarlo y sentir su pequeña manita fuertemente aferrada de su pulgar. No estaba seguro de si él deseaba más y creía que gran parte de la decisión le correspondía a Uchiha; el joven fue quien transformó su cuerpo, fue quien soportó los dolores del parto y quien volvería a hacerlo si decidían extender más la familia.
Itachi apretó los labios en una línea y se giró. Al quedar de frente a Kisame le puso las manos en el pecho y se dispuso a responder. No obstante, Kisame notó algo extraño en su rostro y creyó que lo había presionado, por lo cual lo interrumpió y se disculpó.
—Perdona, no quería forzar el tema. Sólo era curiosidad. No tienes que contestarme ahora.
—Pero es que no quiero más —espetó la comadreja. Estaba decidido.
Kisame lo miró intrigado. Él, que tanto alegaba sobre la reconstrucción del clan y que fue tan lejos para concebir a este niño, ¿le decía con seguridad que no quería otros?
—Había pensado que quizás tú querrías más, por eso pregunté —habló Kisame.
—No, sólo a Shisui. Sólo uno. Lamento no habértelo dicho antes.
—¿Tienes alguna razón para eso? —le preguntó el mayor. Por su expresión, estaba casi seguro de que existía un motivo.
Itachi le dijo: —Si tuviera dos hijos, de cualquier manera acabaría amándolos diferente. Y eso es algo que no me atrevería a hacerle a mis hijos, a ninguno. No quisiera amar a Shisui sobre su hermano o a su hermano sobre él. ¿Entiendes?
Los niños siempre tienen favoritos, aunque a veces no lo admitan; los padres también. Eso le parecía una injusticia a Itachi, a un tiempo que algo inevitable. Pero si tenían un único hijo todo el amor sería para él, no existiría favorito que opacara al otro hermano.
El Sharingan no le preocupaba, era un Kekkei Genkai bastante dominante y sería difícil que se perdiera en los caprichos de los genes. Y aunque desapareciera de su línea, no importaba mucho. Las aldeas estaban en paz y su hijo no era ninguna incubadora de habilidades.
—Entonces, sólo Shisui —convino el espadachín de Kiri
oOo Principios de marzo oOo
Se estaba chupando el pie. Kisame creía que era la cosa más chula que un bebé podía hacer. Se rió del pequeño Shisui y entonces escuchó la puerta abrirse.
Itachi cruzó el umbral pero se quedó parado cerca de la entrada. Sus brazos estaban cruzados, su labio era reprendido por dientes ansiosos. Por un rato ningún comentario salió de la boca de Hoshigaki. Lo dejó estar ahí plantado un momento, acompañado nada más de su ansiedad. Él se puso a hacerle gestos a Shisui y a escuchar sus balbuceos incomprensibles.
Uchiha los miró interactuar y juzgó que lo hacían de la forma normal. Pero él… ¿Qué pasaría ahora con él? Se apretó el pecho plano con los brazos. Tenía miedo de aproximarse, incluso de hablar y que su voz le resultara extraña al bebé.
"Seré un desconocido para Shisui" se dijo el joven.
Acababa de deshacer el henge no jutsu. Después de nueve meses de embarazo y varios más de amamantar, otra vez regresaba a lo que era.
Por fin Hoshigaki se decidió a hablar, pero no para decir "Anda, cárgalo de una vez. Acércate, ¡no tengas miedo!", sino: —¿Quieres que salgamos a caminar?
Itachi asintió. Ya habían discutido sus dudas y no por ello se evitó la pena de sentirlas. Temía que su hijo lo desconociera ahora que su cuerpo era el de un varón.
Kisame rodeó a Shisui con una manta y lo cargó. Los tres juntos salieron de la casa. En fechas recientes, Itachi había adquirido una predilección por salir con Shisui, le gustaba que sus ojos vivaces se quedaran prendados en el mundo, ver su cabeza girarse ante los sonidos extraños de la aldea. Hoy hicieron más o menos lo mismo, sólo que el padre que lo cargaba era Kisame. El tiburón jamás le pidió a Itachi que lo tomara en brazos, lo dejó a su ritmo.
Llegaron a un parque y Uchiha dejó a un lado la bolsa que había estado cargando, esa necesarísima bolsa que toda madre tiene y que guarda la multitud de enseres relacionados con los niños pequeños. Suspiró.
—¿Echarás de menos algo, Itachi-san?
—¿Algo de qué? —preguntó la comadreja en voz baja. Shisui apenas se inmutó.
—De estos últimos meses, de ser mujer —habló Kisame al tiempo que sentaba al niño en su regazo.
Shisui miró fascinado el parque, los colores, las sombras, los niños balanceándose en los columpios atrajeron en especial su atención. Itachi miró al pequeño, vio que no le concedía ni una mirada y pensó en la pregunta del espadachín. ¿Echar de menos algo?
"El reconocimiento de mi hijo" pensó una taciturna comadreja.
—Extrañaré verte con vestido —comentó Kisame. No quería que la conversación muriera sin haber iniciado y que Itachi se sumiera en la tristeza.
—Tonto —le reprendió Uchiha. El vestido blanco, rojo y negro se lo había puesto en varias ocasiones, principalmente a petición del mayor.
Hubo una laguna de diálogo que Kisame estuvo a punto de llenar, pero en ese momento Itachi abrió la boca.
—Echaré de menos los orgasmos —confesó Uchiha con algo de timidez. Nadie estaba cerca de ellos, pero igual era vergonzoso declarar eso en un lugar público.
—Yo también extrañaré eso — le dijo el otro. La última temporada de celo había sido especialmente satisfactoria para ambos. Itachi selló la habilidad de Kisame para absorber chakra y no tuvieron que dedicarle un solo pensamiento a esa cuestión. El embarazo no estaba tan avanzado, tenía pocos malestares, se excitaba con gran facilidad y la capacidad de tener varios orgasmos lo puso a la par del tiburón en celo. Por el espacio de esa semana Sasuke se mudó con Naruto (así de ruidosos eran).
—Extrañaré prescindir del lubricante —agregó Itachi ya entrado en el juego. Ése era un aspecto que de verdad extrañaría: Un cuerpo que se lubricaba solo.
—Tu estómago durante el embarazo —le dijo Kisame. No era secreto que le gustaba su figura sinuosa.
—Tener vacaciones de la Academia.
—Contar historias cerca de tu vientre.
—Sentir las patadas.
—Verte comer las cosas más extrañas.
—Que me dejen pasar en las filas largas.
—Tus pechos.
—Los cumplidos.
Shisui escuchaba el extraño diálogo sin comprender. En algún punto quiso incluirse con un inconexo balbuceo y ese joven extraño le miró a los ojos. Tenía el cabello de su madre y los ojos dulces de ésta. De hecho, era sospechosamente parecido a ella. Estiró los brazos pidiendo que lo cargara. Su padre se lo entregó al joven y éste se lo sentó en las piernas y lo abrazó. Tenía un olor muy parecido al de su madre, una voz similar que pronunciaba su nombre con el mismo amor.
—Shisui. —Le besó la cabeza poblada de cabello azul.
El pequeño buscó con sus ojos negros el rostro del familiar desconocido y halló el Sharingan. Al verlo, se agitó contento y balbuceó alguna declaración de alegría. Esos ojos lo amaban y no era cosa de genjutsu, su madre era la única que lo miraba con esas pupilas carmesí; Sasuke nunca le había mostrado su Sharingan y no existía otra persona en el mundo que poseyera ojos así.
Tal vez sí sería una barbaridad dejar que ese Kekkei Genkai se perdiera, reflexionó Itachi. No sólo servía para las artes de los shinobi. Al parecer, también amansaba a las criaturas pequeñas.
oOo Seis años después oOo
—Shisui, ven. Tienes que cambiarte —le llamó Itachi desde la puerta.
El pequeño no se movió de su sitio. Estaba plantado en medio del jardín mirando al cielo.
—¡Mira, papá! —exclamo señalando un punto entre el cenit y el horizonte.
Uchiha aguzó la vista y vio un punto móvil contra el cielo azul. Arrugó las cejas.
—Shisui, ven acá.
El niño obedeció a regañadientes. No obstante, al llegar al porche al lado de su padre, éste no le obligó a entrar para cambiarse de ropa. Ambos se quedaron mirando el cielo hasta que el punto móvil adquirió la nítida forma de un tiburón. Itachi tenía las manos sobre los hombros del pequeño.
—¿Qué es? —preguntó el niño, curioso.
—Ya lo verás.
El jutsu en forma de escualo se estrelló en el jardín. Agua salpicó por todas partes, el ocupante de la técnica se irguió en su 1.95 de altura e Itachi suspiró de alivio. Por un momento había creído que Kisame no llegaría a tiempo a Konoha.
—¡Papá! —gritó Shisui y corrió a que Kisame lo subiera en sus hombros. El mundo era mucho más interesante desde esa altura.
Dicho sea de paso, en las últimas dos semanas Shisui había echado mucho de menos al tiburón. Era infrecuente que saliera en misiones y ésta se le antojó eterna. Hoshigaki le dio un abrazo al niño para luego subírselo en los hombros. Así, el tiburón y su pequeña rémora se aproximaron a Itachi. La comadreja le dio un beso en la mejilla.
—¿Se complicó la misión? Pensé que no llegarías a tiempo —habló Uchiha.
—Sólo un poco, pero todo está bien. Además, no me iba a perder este día por nada. Tardó tanto en decidirse.
—Anda, o se hará tarde para la ceremonia —dijo Itachi y tomó a Shisui de la cintura.
Kisame se duchó rápidamente y empezó a vestirse. Shisui fue enfundado en un kimono casi tan simpático como él. Itachi también se vistió de manera adecuada. Sería una ceremonia tradicional así que los tres llevaban kimonos tradicionales.
Sasuke iba a casarse. Luego de varios años tonteando el uno con el otro, de un rompimiento que duró algunos meses y de una reconciliación, ese par por fin iba a casarse.
Uchiha trató de hacer algo decente con el cabello de su hijo, pero éste poseía una tendencia natural a desarreglarse y al niño le gustaba llevarlo en una cresta como su padre. Pasaron algunos minutos antes de que las tres partes llegaran a un acuerdo. Dicho sea de paso, que desde el inicio llevaba las de perder contra ese cabello azul y ese niño de ojos oscuros.
—¿Cuándo se casaron ustedes? —espetó Shisui.
Kisame iba saliendo del baño, ya por completo arreglado, y al escucharlo soltó una risilla.
Itachi suspiró, aceptó su derrota en cuanto al cabello de Shisui se refería y le respondió al niño.
—Nunca nos casamos. Sólo comenzamos a vivir juntos. Pero igual somos familia.
Shisui reflexionó un momento. La boda de su tío era el primer acontecimiento relevante del que tenía memoria (luego de su reciente entrada a la Academia) y era un evento bastante interesante. Según tenía entendido, las dos personas que se casaban se hacían familia, pero su padre acababa de decir que ellos lo eran sin necesidad de una boda.
—A veces es importante casarse, es por la ceremonia, por el significado —explicó Kisame.
—¿Por qué no se casan? —inquirió el pequeño. Le gustaban los preparativos, escuchar hablar de fechas y planes, averiguar un poco más del mundo, acompañar a los adultos en las preparaciones y aprender cosas.
Kisame e Itachi se miraron. Una boda nunca fue su meta. La comadreja se encogió de hombros.
—Después de tantos años quizás sería trivial casarnos —respondió.
—¿Qué es trivial? —le interrumpió su hijo.
—Intrascendente.
—Ah…
Kisame soltó una risa. Le explicó a Shisui que "trivial" e "intrascendente" eran palabras para hablar de cosas que no tenían mucha importancia.
—En nuestro caso casarnos sería trivial porque ya somos una familia. En el caso de Sasuke, es importante que lo haga.
—¿Por qué?
—Porque le tomó años decidirse... Supongo que tenía miedo.
Shisui no cuestionó el por qué de eso. Hasta un niño de su edad entendía la razón de ese miedo.
—Andando —les apresuró Itachi cuando todos estuvieron listos. Sería imperdonable que llegara tarde. A falta de su padre, él tendría que entregar a Sasuke.
"Lo he cuidado, tal como me pediste" pensó la comadreja.
Sobra decir que la ceremonia tradicional fue hermosa y que la pareja ostentaba incomparables rostros de felicidad. Luego tuvo lugar la celebración más informal. Rokudaime Hokage hizo mucho ruido y muchas bromas, nada nuevo bajo el Sol. Kisame bebió hasta que el piso se movió bajo sus pies, lo cual es decir bastante. La hija de Hinata se durmió en sus brazos a pesar del ruido. Kakashi y Gai jugaron alguna estúpida competencia que terminó en una mesa volcada. A través de todo eso, Sasuke sonreía.
"No somos tan irremediables, después de todo" pensó la comadreja. Con sus ojos vigiló lo que estaba haciendo Shisui (jugar con una chiquilla de cabello oscuro) y con su mano le retiró la botella a Kisame.
—Basta, ya has bebido suficiente —sentenció Itachi.
Hoshigaki refunfuñó, se acercó a su oído para rememorar aquella lejana vez en que Uchiha se emborrachó y le propuso actividades sugerentes para después. Itachi sonrió; esta vez no se haría el dormido.
oOo Diez años después oOo
Éste era el día de campo más extraño al que Akane había asistido, no sólo por la extensión de la familia que lo auspiciaba sino por las características de cada uno de sus personajes. La joven no tenía una familia grande, sólo eran ella y su madre, y a ésta última la consideraba más bien normal.
Mientras recogían ramas secas para una fogata, ella comentó:
—Nunca te lo he dicho, pero tus padres me parecen de lo más extraño… Lo digo en el buen sentido, Shisui-kun.
—¿A qué te refieres? —preguntó él sin sentirse ofendido. Con Akane tenía gran paciencia. Además, era verdad que Kisame era un hombre de remarcable apariencia e Itachi tenía una dulzura rara de encontrar entre los adultos, de eso estaba consciente.
—Yo no sé cómo será tener dos padres, mamá nunca ha tenido intenciones de casarse, así que tal vez por eso creo que los tuyos son…extraños. Los veo y creo que se aman, ¿entiendes? Pienso así desde que tengo memoria de ellos. No me hace falta preguntarles o conocerlos bien. Veo que se aman en cada cosa que hacen.
Shisui nunca lo había considerado así. Los gestos que tenían sus padres entre ellos le resultaban normales. Escuchar a Kisame decir cosas bobas, verlos perdonarse sus errores, encontrarlos en el porche de la casa al llegar por la noche, abrazados y enredados en una manta, oír a Itachi hablar de sus años juntos… Eran cosas corrientes.
—Siempre han sido así. Tienen muchos años juntos, ¿sabes? Creo que es tarde para que cambien —dijo Shisui al tiempo que recogía una vara, la juzgaba demasiado delgada y la arrojaba a un lado. Era un muchacho alto y con músculos que se estaban desarrollando rápidamente. Tenía 16 años. Su cabello seguía siendo un indómito mar azul que Itachi jamás pudo someter.
—Los recuerdo desde que era una niña pequeña y mamá solía llevarme con ella al café. Ella se sentaba a escribir reportes e Itachi-san me daba algún dulce o jugaba conmigo. Después tú eras con el que jugaba, ¿lo recuerdas?
Shisui sintió un escalofrío al pensar en Heiwa. En la Academia fue donde notó por primera vez a Akane (por sus habilidades como shinobi), pero en el café se conocieron y empezaron a jugar juntos. Ella era un poco mayor, pero Shisui siempre había estado un paso delante de su edad. Después crecieron, ella dejó de ir al café y perdieron el contacto casi por completo; Shisui se olvidó de Akane hasta el año pasado, cuando la vio y apenas reconoció a la niña de sus juegos infantiles, ahora una muchacha más que guapa. El joven Uchiha se había armado de valor para invitarla salir apenas unos meses atrás. Desde niños fueron amigos, se conocían, incluso habían hechos algunas misiones juntos y, un día, Shisui se dio cuenta de que le gustaba.
"A veces las personas que amamos están muy cerca de nosotros, tanto que no nos damos cuenta" le había dicho en una ocasión Itachi.
Akane recogió otra rama seca y continuaron caminando lentamente, oteando el suelo y, de cuando en cuando, a la demás gente que se hallaba sobre la arena. El Sol brillaba impetuoso y el mar esparcía su olor a sal sobre el mundo.
Itachi tenía en brazos a su sobrino más pequeño. Kisame estaba enseñándole unos movimientos de taijutsu a la niña más grande, aunque la diferencia de tamaños entre ellos dos era monstruosa y parecía más una broma que cualquier otra cosa. No importaba, la primogénita de Sasuke y Sakura, que por entonces tenía unos 9 años, ponía todo su empeño. Kisame se arrodilló y puso las palmas de sus manos frente a la chiquilla, le indicó que lo golpeara con el movimiento que acababa de enseñarle. La pequeña no vaciló. El golpe de ese diminuto puño hizo que el tiburón se echara para atrás unos centímetros.
—Tendrá la fuerza de su madre —comentó Hoshigaki.
Orgulloso, Sasuke sonrió.
Al verlos, Akane sintió una fuerte curiosidad respecto al pasado de la comadreja, Sasuke y el tiburón.
—¿Es verdad que fueron renegados? Los veo y no me lo puedo imaginar. Mi madre me dijo que una vez peleó contra Itachi-san, hace muchos años, cuando era un renegado clase S. Casi me fui de espaldas cuando me lo dijo. Son gente tan agradable.
Para Shisui también fue bastante chocante enterarse del pasado de sus padres. Comprender lo mucho que les costó ser perdonados fue una revelación. Tal vez por eso consideraba el perdón como una de las virtudes más nobles del shinobi.
—Mi tío fue renegado durante menos tiempo, pero mis padres vivieron muchos años así. Fue como se conocieron. Dicen que eran tiempos difíciles, que no había paz entre los shinobi.
"Y que lo digas" pensó la muchacha al recordar a su padre. Ese viejo y hostil mundo shinobi le había quitado a Asuma.
Recogieron suficiente leña y regresaron junto a los demás. Akane se sentía halagada por ser invitada, aun por breves momentos, dentro de esta extraña y amplia familia. Le fascinaba poder formar vínculos con ellos. Itachi siempre era amable con ella, la conocía desde pequeña y la veía con cariño, por eso le dijo a Shisui que podía invitarla al día del campo en la playa. Sakura era una médico a la cual admiraba mucho, tenía gran fama y Akane la miraba hacia arriba. Kisame era un hombre extraño con un trato afable, sus 5 décadas apenas se notaban en su físico bien conservado y los dientes afilados escondían detrás de ellos frases amables. Sasuke era de esos jounin alabados, cuestión por la cual ella se sentía privilegiada de conocerlo en la vida diaria. Los primos de Shisui eran simplemente encantadores.
Por otro lado, a Akane también le gustaba contemplar los vínculos ya existentes entre los miembros de esa familia. La relación entre Sasuke y Sakura estaba llena de energía. El tiburón y los niños hacían un cuadro increíble. Itachi cargando a alguien en brazos era una oda al cariño. La forma en que los primos de Shisui lo admiraban era envidiable. La comadreja y su hermano pequeño interactuaban de manera coordinada, como verdaderas cabezas de familia. Qué decir del amor entre Itachi y Kisame. Akane los envidió y, por un fugaz segundo, pensó en Shisui.
Se sentaron en círculo y una bola de arroz fue a dar a las manos de cada quien. Los hijos de Sakura se reían por alguna incomprensible razón que sólo las criaturas pequeñas entienden y su madre les miraba con gesto dulce. Los hermanos Uchiha comían con el decoro que era propio de ellos. La joven pareja que próximamente engrosaría las filas del clan empezó a comer. Kisame miraba su bola de arroz como si ésta se hallara a punto de revelarle algún secreto universal.
—¿Necesitas algo? —le preguntó Itachi al tiburón. ¿Algo de tomar? ¿Otro platillo? ¿La Luna y el Sol?
Hoshigaki suspiró. Al igual que Akane, en algún tiempo se sintió ajeno a la extraña familia conformada por los remanentes del clan Uchiha. El amor hacia Itachi fue lo que le hizo meter un pie dentro de la casa y el pequeño bebé que ahora era un joven fue el sello irrefutable de que pertenecía a ese lugar. Añadiendo a Sakura y a sus dos pequeños, incluso tal vez a Akane, aquella era su familia, la única que había tenido.
Kisame no guardaba demasiadas ni muy gratas memorias de sus padres, no tuvo hermanos y nunca recibió el regalo de algún gran amigo al que considerara su familia. No supo lo que significaba esa curiosa palabra de siete letras hasta que estuvo dentro del clan Uchiha. Que si necesitaba algo más, decía Itachi…
—Sólo a Samehada.
oOo Concluye con epílogo… oOo
Notas finales: ¿Qué pensaron? "Éste va a dejar a Itachi como mujer por el resto de sus días". Pues con la novedad de que no. Me encanta Itachi en su gloriosa masculinidad, era sólo que quería convertirlo en mamá aunque fuese por un rato.
Los dejo con el fabuloso epílogo. Alisten un pañuelo (a mí me hizo llorar).
