Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.
Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.
Capítulo 11
Santa mierda, esto estaba pasando de verdad. Tenía a Chica Reed casi desnuda sobre mí en mi cama y sus labios se movían con fuerza y sensuales contra los míos. Bajé mis manos por su espalda y acuné su culo. Jódanme; no había nada bajo el jersey. Gemí y la jalé contra mí, embistiendo contra su coño. Tan cerca, estaba tan jodidamente cerca. Aparté mis labios de los suyos y me moví para besar su cuello. Echó la cabeza atrás, yo mordí y chupé su piel. Crucé los ojos cuando puso sus manos en mis hombros en busca de equilibro y presionó sus caderas contra las mías.
—Edward —jadeó cuando lamí la curva de su cuello.
—¿Sí, nena? —logré gruñir mientras su coño se movía contra mí. Carajo. Si no estaba dentro de ella pronto me iba a venir en mis pantalones. ¿Cuándo fue la última vez que tuve un faje con una chica? No tenía ni idea.
—¿De verdad haremos esto? —preguntó.
¿De qué estaba hablando?
—Se siente jodidamente verdadero para mí, Chica Reed —le dije al embestirla de nuevo. Estaba vergonzosamente cerca de rogarle que me dejara tenerla. Otra cosa que nunca antes había hecho en mi vida, pero que parecía estar más que dispuesto a hacer ahora que ella estaba aquí. ¿Qué demonios me pasaba?
Se rio y sonó jodidamente sexy.
—No esto. Me refiero a esto. —Se señaló a sí misma y luego a mí—. Tú y yo.
Pues duh.
—¿No te acabo de pedir que seas mi novia? —En serio, menos plática y más follada. Sabía que era mejor no decirle eso, pero maldición, necesitaba estar dentro de ella.
Se rio de nuevo.
—No, dijiste que creías que querías que fuera tu novia y creo que también hubo un quizás involucrado por ahí.
Maldición. Entonces lo definiremos. Liberé su sexy trasero y tomé su rostro en mis manos. Unos cálidos ojos cafés me estudiaron de cerca.
—Chica Reed, er, Bella, quiero que seas mi novia. ¿Lo serás?
Sonrió brillantemente antes de besarme con ganas. Demonios, si esa iba a ser su respuesta, podría pedirle que fuera mi novia cada pocos minutos.
—Sí —murmuró cuando nos separamos en busca de aire—. Seré tu novia.
—¿Eso significa que ya podemos tener sexo? —exigí saber antes de poder detenerme, pero en serio necesitaba saberlo. Parecía que si iba a tener una novia, más me valía obtener los beneficios de ellos y, por lo que sé, sexo es la razón número uno para estar en algún tipo de relación.
Chica Reed se rio y negó con la cabeza. Carajo. Debió ver la irritación en mi cara porque me besó de nuevo.
—No digo que no, digo que no en este momento. Hay algo que quiero hacer primero.
¿Como qué? ¿Chupar mi polla? No protestaría. ¿Dejarme comerle el coño? Joder, absolutamente. Podía tener todo el juego previo que quisiera siempre y cuando yo pudiera tocarla, probarla y follarla hasta hacerla gritar.
—¿Qué quieres hacer, Chica Reed? —pregunté, tocando su pierna desnuda y deslizando la mano debajo de mi jersey.
Se bajó de mi regazo y le fruncí el ceño.
—¿Qué estás haciendo?
Se mordió el labio y me miró.
—Esperaba que pudiéramos bajar por otra bebida.
Eso requeriría que ella se pusiera más ropa, lo cual sería una burla de proporciones épicas.
—Nena, puedo traerte algo si…
Chica Reed sacudió la cabeza.
—No creo que lo entiendas. Quiero bajar contigo y quiero que me vean en esto. —Hizo un gesto hacia mi jersey—. Probablemente es tonto, pero quiero mostrarles que no pueden ahuyentarme.
Quería marcarme como suyo. ¿Qué tan jodidamente caliente era eso? Demonios, yo lo había hecho hace rato, así que no podía culparla.
—De acuerdo, entiendo. —No pude contener mi sonrisa—. Aunque con una condición.
Alzó la ceja.
—¿Cuál condición?
—Puedes ponerte de nuevo la falda, pero quédate sin la ropa interior —le dije con una sonrisa.
Me sonrió.
—Trato. —La miré entrar al baño y agarrar su falda. Salió sin ella puesta y me sonrió al subírsela lentamente por debajo de mi jersey. El ver a una chica vestirse nunca antes había sido tan jodidamente caliente, pero ahora se trataba de Chica Reed y estaba usando mi jersey.
Intenté ignorar mi adolorida polla al ponerme de pie y ofrecerle mi mano. Entrelazó sus dedos con los míos y me sonrió.
—Gracias por dejarme ser infantil.
Me reí.
—Al carajo con eso, no estás siendo infantil. Le estás mostrando a una habitación llena de mujeres qué tan caliente es tu chico. ¿Quién podría culparte?
Chica Reed se rio y se paró de puntillas para besarme. Puede que aprovechara esa oportunidad para agarrar de nuevo su trasero.
—Debí confiar en que tendrías una interesante perspectiva respecto a esto —me dijo al apartarse.
—Es lo que es, Chica Reed. Si sucede que quieras montarme en el sofá de la sala, sólo para mostrarles lo mucho que te pertenezco, no pronunciaré ni una sola queja.
Sacudió la cabeza, sus ojos brillaban.
—Qué novio tan cariñoso.
Sonreí.
—Ese soy yo, nena. —Llegamos a mi puerta y me detuve—. Uh, subiremos aquí en poco tiempo, ¿verdad?
Chica Reed se rio.
—Síp. No estoy ni cerca de terminar contigo. —Demonios sí—. Pero no sé si ya vamos a tener sexo. —Demonios no—. Tendremos que ver si me haces desearlo.
¿Qué, cómo si eso fuera a ser muy difícil?
—Oh, me desearás, Chica Reed.
Se encogió de hombros y me jaló fuera de la habitación. Ya veríamos respecto a eso. Reto aceptado, Chica Reed. Te tendré rogando por mi polla antes de que la noche termine. Bajamos las escaleras y vi que la fiesta sólo se había hecho más grande en nuestra ausencia. Había gente de pared a pared y varios pares de ojos ya estaban en nosotros cuando llegamos a los últimos escalones.
Miré a Chica Reed cuando sentí su mano tensarse en la mía. Encuadró los hombros y alzó la cabeza, sus ojos brillaron con determinación. Era sexy, pero también algo triste el que ella sintiera que tenía que prepararse antes de enfrentarse a este montón de perdedores. No podía decir que lamentaba mi pasado, porque tuve jodidamente mucha diversión, pero lamentaba que la estuviera afectando a ella. Ella no merecía ese odio por tenerme a mí. Era increíble y me merecía. Ellos no. Si no podían aceptar eso, que se jodan.
—¡Hola Edward! —gritó una voz. Miré a mi derecha y vi a Heather Thompson de la preparatoria sonriéndome.
Le asentí y puse a Chica Reed frente a mí.
—Heather, esta es mi novia Bella. Bella, esta es Heather. Fuimos juntos a la preparatoria. —Casi agrego el hecho de que nunca la follé, pero supuse que eso sólo me metería en problemas.
—¡Hola! —gorjeó brillantemente a Chica Reed, quien sonrió y le regresó el saludo—. No puedo creer que Edward tenga novia. Nunca pensé que llegaría a ver el día.
Sonreí y puse mi mano en la cadera de Chica Reed. Ella se rio.
—Yo tampoco, pero aquí estoy.
—Así es. —Heather miró por la habitación—. Hay muchas chicas que matarían por estar en tu lugar. ¡Buena suerte! —Y se fue con un movimiento de mano. Chica Reed se giró para verme y negué con la cabeza.
—No, nunca me acosté con ella.
Se rio.
—Gracias por compartirlo, pero no me estaba preguntando eso.
—¿Entonces qué? —pregunté al llevarla hacia el licor.
—Te sabes su nombre.
Rodé los ojos.
—Por supuesto que me lo sé. Crecí con muchas de estas personas. Tiendes a aprenderte los nombres de las personas luego de doce años o más.
Se rio.
—La mayoría de la gente no tarda tanto.
Le mezclé un destornillador y se lo di.
—No soy como la mayoría de la gente.
—¿No lo sé yo? —Tomé su mano y la jalé de regreso a la sala. Newton estaba sentado en nuestro sofá enrollándose con una chica que afortunadamente yo no había visto antes.
—Newton —dije. Eso fue todo lo necesario para que se pusiera de pie y se llevara a su chica. Estudié el sofá y suspiré. Obviamente Aspiradora había intentado limpiar el cojín, pero lo hizo mal. Mamá iba a esta enojada, aunque eso se ganaba por tener un sofá blanco. Chica Reed estaba viendo el sofá y frunciendo el ceño, probablemente recordando cuando le echaron la bebida encima. Quité el cojín del sofá y lo lancé detrás de mí, haciéndola reír. Me senté y palmeé mi regazo con una sonrisa. Se rio entre dientes y se sentó en mí. Besé su cuello y se acurrucó conmigo.
—Gracias —murmuró.
—¿Por qué? —pregunté al poner mi mano en su rodilla desnuda, metiendo un par de dedos debajo de su falda para acariciar su sedosa piel.
—Por hacerme reír cuando menos lo espero. —Fue su respuesta. Bueno, demonios, podía seguir haciéndolo.
—No es problema, nena.
No sabía cuánto tiempo llevábamos sentados ahí, pero era agradable tenerla en mis brazos. Mucha gente se acercó a platicar con nosotros y a conocer a Chica Reed. Garrett, James, Marcus y su novia pasaron a saludar. Los chicos fueron agradables con ella y las chicas eran tolerables. Chica Reed estuvo encantadora y sexy como siempre y recibí más de una mirada celosa de mis compañeros de equipo. Así es, cabrones, es mía. Ella estaba usando mi nombre y todo. Era realmente caliente y me mantuve trazando las letras de mi nombre en su espalda. No es que estuviera pensando en matrimonio y esas mierdas como mi tonto hermano y el drogado, pero era como si estuviera marcando mi territorio. Nunca antes había querido hacer eso.
Eric y su estúpida novia se acercaron.
—Hola Cullen, qué buena fiesta —me dijo, balanceándose sobre sus pies. Estaba borracho y luché para no golpearlo en la cara por haber invitado a Aspiradora a mi casa.
—Sí —murmuré. La novia de Eric le dio una mirada de perra a Chica Reed. Ella no parecía estar molesta por eso, pero yo sí—. ¿Cuál es tu jodido problema? —le pregunté.
—Hiciste llorar a mi amiga —me dijo, pero mantuvo su mirada en mi chica.
—Tu amiga le echó su bebida a mi novia. Tiene suerte de que todo lo que hice fue obligarla a limpiarlo, de todas formas hizo un trabajo de mierda —respondí. Era maravilloso lo fácil que era decir la palabra novia ahora.
—¡Está enamorada de ti! ¡Lo menos que pudiste haber hecho era no restregarle tu nueva chica en la cara! —me dijo enojada.
¿De qué jodidos estaba hablando? ¿Amor? ¡Follamos una vez!
—Mira, quién quiera que seas, no sé qué decirte, pero tu amiga no era nada más que una… —me detuve cuando Chica Reed puso su mano en mi boca—. ¿Qué? —murmuré. Sacudió la cabeza.
—Él no me estaba restregando en su cara ya que ni siquiera sabía que ella estaría aquí. ¿Acaso la invitó? —La chica fulminó con la mirada a mi Chica Reed pero no respondió—. Lamento que tu amiga haya salido lastimada, pero la verdad es que ellos se acostaron una vez hace mucho tiempo y nada ha pasado desde entonces. Me parece que tu amiga está intentando aferrarse a algo que nunca tuvo. Si eres una verdadera amiga para ella, la ayudarás a seguir adelante en lugar de animarla a ir detrás de alguien que ha dejado bastante claro que no está interesado.
Carajo, era maravillosa. La maldita porrista abrió la boca, pero no tuvo respuesta. Hizo un sonido de enojo y se llevó a un Eric de apariencia apenada.
—¡Yorkie! —grité. Miró sobre su hombro y le lancé una mirada—. Hablaremos más tarde. —Palideció y asintió. No iba a patearle el culo, pero maldición, iba a asegurarme de que mantuviera a su mujer y a sus amigas lejos de mi chica.
Chica Reed me tocó la mejilla.
—¿Estás bien? No vas a golpearlo, ¿verdad?
Me reí y besé su palma.
—No, no voy a golpearlo. —Sus ojos se oscurecieron así que besé su palma de nuevo—. ¿Ya terminamos aquí? —pregunté con ansiedad. Había cumplido con mi tiempo, ¿no? Ya todas las chicas del lugar nos habían visto, a ella usando mi jersey y sentada en mi regazo. No había dejado de tocarla y besarla incluso cuando mis compañeros estaban hablando con nosotros. Probablemente me vi como un mandilón hijo de puta, pero siempre y cuando pudiera obtener el coño de Chica Reed, estaba bien con eso.
Sonrió.
—Sí, creo que ya. —Antes de que pudiera decir otra palabra, me paré con ella en mis brazos, asegurándome de tapar su culo para que nadie pudiera ver lo que era sólo para mis ojos. Se rio mientras la cargaba entre la multitud. La gente me veía como si tuviera dos cabezas o algo así, pero me importaba una mierda. Sólo vi su rostro sonriente y le regresé la sonrisa.
—¡Arrumacos! —escuché que gritaba una voz y suspiré cuando Jasper palmeó mi espalda y luego la cabeza de Chica Reed. Estaba sosteniendo al oso Bob y se veía que andaba tan arriba como un papalote.
—Más que arrumacos, espero —respondí. Chica Reed se rio cuando me la llevé lejos de él y hacia las escaleras.
—Estás haciendo mucho show —me dijo.
Entendí a qué se refería, pero la verdad esto ya no era un show. Una parte sí lo había sido, pero ya no. Sólo estaba jodidamente ansioso por estar a solas con ella.
—No es un show —le dije cuando llegamos al segundo piso.
Se mordió el labio.
—¿En serio?
—En serio —le aseguré al subir al último piso—. Sólo quiero estar a solas con mi novia por un rato, si eso está bien. —Una sonrisa iluminó su rostro, así que supuse que sí lo estaba. La cargué dentro de mi cuarto y la deposité en mi cama antes de cerrar y ponerle el seguro a la puerta. No necesitaba que mi hermano o alguien más interrumpiera mi tiempo a solas con Chica Reed. Con mi suerte, Jasper y su jodido oso vendrían por arrumacos si no le ponía el pestillo.
Me giré y Chica Reed estaba arrodillada en mi cama, viéndome. Esto era raro. Sentía que era algo trascendental o alguna mierda así cuando en realidad sólo se trataba de enrollarnos un poco y, con esperanza, sexo, ¿verdad? Sonrió y me hizo un gesto para que me acercara, así que por supuesto, lo hice rápidamente. Me incliné y puse mis brazos a cada lado de ella. Pasó sus dedos por mi mandíbula antes de besarme ligeramente y retroceder justo cuando yo estaba a punto de profundizarlo. Le fruncí el ceño y se mordió el labio.
—Esto es raro.
¿Raro? Eso era jodidamente insultante.
—¿Qué tiene de raro?
Se encogió de hombros.
—Era más fácil acostarme contigo cuando no te conocía. No estaba nerviosa en ese entonces.
Oh. Lo entendía. Quizá ella tenía el mismo sentimiento raro que yo tuve cuando la vi desde la puerta. Aunque no había nada por lo cual ponernos nerviosos. Yo era bueno en la parte física, de eso estaba seguro. No necesitábamos complicar esto.
—No tiene que ser raro. Sólo, ya sabes, hacer lo que hicimos antes.
El rostro de Chica Reed se iluminó.
—¿Así que deberíamos pelear porque rompiste mi lengüeta y tú me retarás para quitarme la ropa?
Sonreí y me incliné hacia enfrente hasta que ella se vio obligada a recostarse en la cama.
—Tú rompiste tu lengüeta. —Abrió la boca para protestar y la besé con fuerza. Estaba jadeando cuando rompí nuestro beso—. Y preferiría quitártela yo mismo. Me perdí de eso la última vez.
Unos ojos cafés me sonrieron cuando se lamió los labios.
—Bueno, no quisiera privarte de esta segunda oportunidad.
Me reí entre dientes.
—¿Ahora quién es la cariñosa? —Comencé a besarla antes de que pudiera responder y bajé mi cuerpo sobre el suyo. Se sentía bien tenerla debajo de mí, con sus manos en mi espalda, jalándome hacia ella al mismo tiempo que empujaba su cuerpo contra el mío. No podía quedarme con sólo besarla y joder, afortunadamente no tenía que limitarme a sólo eso. Moví mis manos a lo largo de sus perfectas curvas y nos rodé de costado para poder agarrar bien sus tetas.
Gimió y se arqueó contra mí cuando la toqué, y apreté esos firmes pechos sobre mi camiseta antes de deslizar mis manos hacia abajo y meterlas debajo de la tela para sentir una piel caliente, cálida y suave. Carajo, se sentía bien. Agarré de nuevo sus tetas y gemí al sentir lo duros que estaban sus pezones. Tenía que probarlos.
—Ch… Bella, carajo, necesito tocarte —logré decir. Probablemente no debería llamarle Chica Reed cuando estábamos en la cama. Bajó la mano y comenzó a quitarse mi camiseta, y mandé un silencioso agradecimiento a Dios o a quien quiera que estuviera permitiendo que esto pasara. Luego aparté sus dedos y lo hice yo mismo, viendo como cada pulgada de su cuerpo era revelada—. Te ves muy caliente en mi ropa, pero te ves mucho mejor sin ella —le dije. Se rio cuando levanté el jersey por su cabeza y lo lancé a un lado.
—Me gusta usar tu jersey. —A mí me gustaba su cuerpo medio desnudo acostado en mi cama. Carajo, ¿se había visto así de caliente la primera vez? Ahora no tenía duda de por qué no había podido sacarla de mi cabeza.
—Quédatelo. —Podía tener lo que quisiera siempre y cuando me dejara quitárselo al final del día.
Chica Reed sonrió.
—¿Sí?
—Mmmm hmmm —murmuré mientras mis labios se cerraban sobre su pezón izquierdo. Ya había terminado de hablar sobre ropa. La ropa estaba completamente sobrevalorada. Ella no debería usar nada cuando estuviera conmigo. Eso era todo lo que sabía. Chica Reed gimió y tiró de mi cabello mientras yo la mordía y chupaba. Tan jodidamente caliente. Bajé mi mano por su estómago y le acaricié el coño sobre la falda mientras ella se removía contra mí.
—Edward —jadeó cuando mis dedos jugaron con ella. Estaba tan caliente que podía sentirla a través de la tela. Ella estiró la mano por mi espalda y tiró de mi camiseta. Con reticencia dejé de tocarla y de chupar su pezón para ayudarla a quitármela. Sus dedos trazaron los contornos de mi pecho y se lamió los labios al verme. Amaba la forma en que me veía.
—¿Te gusta lo que ves, nena?
Se rio.
—Quizás un poco.
Sonreí al deslizar la mano debajo de su falda y, al fin, tocar su coño. Estaba tan jodidamente mojada.
—Tu cuerpo me dice que es más que sólo un poco, Bella. —Acaricié su clítoris y la miré morderse el labio para no gritar—. No tienes que ser callada, nena.
—Hay todo un montón de gente abajo, Edward —murmuró.
—Y nadie vendrá aquí si valoran sus vidas. Además el estéreo está encendido. Nadie puede oírnos. —Rodé su clítoris entre mis dedos y ella soltó un gritito flojo. Joder, eso me gustaba más. Mi polla necesitaba estar enterrada dentro de ella pronto. Le quité la falda y ahí estaba, al fin desnuda sobre mi cama, justo como estaba destinada a estar. Esta no era la cama donde había planeado tomarla, pero la tomaría en mi dormitorio cuando regresáramos a casa. Y en su cuarto. Y quizá en el campo. Carajo… me encantaría tomarla en la cara del Seminole. Dudaba que ella me dejara, pero definitivamente añadiría eso al banco de fantasías.
Me senté y miré su rostro al separarle más las piernas y comenzar a tocar de nuevo su coño, tocaba gentilmente su clítoris y lo acariciaba en forma de círculos. Presionó la cabeza contra mi almohada y se empujó contra mí así que aceleré mi paso. Bajé mis dedos por su entrada y metí uno. Demonios sí. Tan jodidamente caliente y apretado. Me incliné, mantuve los ojos en ella al pasar mi lengua sobre su clítoris.
—¡Carajo! —gritó y sonreí al chuparla y morderla mientras la follaba con uno de mis dedos. Era bueno en estas mierdas; por supuesto, me hice el propósito de aprender a complacer a una mujer, pero rara vez me tomaba el tiempo para hacerlo. Claramente me había perdido de mucho porque ver a Chica Reed revolverse en mi cama, probarla y sentirla era una de las cosas más calientes que había visto en mi vida.
Metí un segundo dedo en ella y giré su clítoris con mi lengua mientras metía y sacaba mis dedos. Intenté no concentrarme en lo jodidamente apretada que estaba porque, maldición, no me iba a correr en mis jodidos jeans; dentro o sobre Chica Reed eran las únicas opciones para eso. Rocé su clítoris con mis dientes y gritó mi nombre. Carajo, sí, podía acostumbrarme a ese sonido. Lo hice de nuevo y curvé los dedos dentro de ella, haciendo que sus caderas se alzaran de la cama al correrse, apretó mis dedos, poniéndose más mojada aun. Lamí y chupé mientras ella se convulsionaba contra mí. Tan jodidamente caliente. Había tenido razón, gritó esta noche justo como le dije que haría. Y eso fue sin mi polla embistiéndola. Cuando se calmó, subí por su cuerpo en un camino de besos, mordiendo su sexy estómago en mi camino. Se veía un poco deslumbrada, pero me respondió el beso cuando mis labios se encontraron con los suyos. Tuve que sonreír ante el efecto que causaba en ella.
La única cosa entre mi polla y su coño eran mis jeans y boxers. Embestí contra ella al besarla, su lengua se encontró con la mía a pesar del lugar donde acaba de estar mi lengua. Eso también era caliente. Todo sobre esta chica lo era.
Bajó sus manos por mi espalda y apretó mi trasero, lo cual sólo me hizo embestir con más fuerza.
—Joder, Bella —murmuré al besar mi camino por su mandíbula.
Se rio.
—Creí que a eso te estabas dirigiendo.
Mordí su cuello y la hice gritar y removerse, lo cual hizo que mi polla doliera aún más.
—Creo que me lo he ganado. —Miré su rostro lleno de diversión. Era jodidamente preciosa. ¿Cómo es que no la había visto antes?
—Te lo has ganado, ¿no? Sólo me he corrido una vez. —Carajo. ¿Cuántas veces tenía que hacerla correrse antes que yo? Mi cara debió haber decaído porque se disolvió en risitas y tocó mi rostro—. Sólo bromeo, Edward. Este ha sido un día bastante grande para ti. Lideraste el juego de campeonato nacional, solidificaste tu triunfo del Heisman, no te alteraste al ser visto besándome en televisión nacional, me pediste que fuera tu novia… ¿estás seguro de que puedes lidiar con más? No quiero que haya un corto circuito en tu cerebro.
Esta chica sería mi muerte. Le sonreí.
—Creo que puedo lidiar con cualquier cosa que me lances, Chica Reed.
Se rio y empujó mi pecho. Me di la vuelta y se subió sobre mí.
—¿Eso piensas, Cullen? —Se sentó y desabrochó el botón de mis jeans.
—Eso sé, Bella. —Embestí mis caderas hacia ella y miré como sus ojos se oscurecieron. Desabrochó mis jeans y me los quitó junto con los boxers. Había algo más que sexy en verla desvestirme. Sonrió al lanzar mi ropa al piso y se sentó sobre mí de nuevo. Su mano derecha se envolvió en mi polla y me pajeó. Estaba tan caliente que, joder, me retorcí en su mano.
—Apuesto a que puedo hacer que te corras sin tocarte —me dijo. Carajo. Eso era increíblemente caliente, pero no quería probar esa teoría hoy. Necesitaba que me tocara, que me probara, que me follara. Lo que sea que ella quisiera.
—Por favor, no lo hagas —rogué. Sí, no tenía jodida vergüenza cuando se trataba de esta chica. Estaba jodido, pero no me importaba siempre y cuando fuera jodido por ella.
—Bueno, ya que dijiste por favor. —La miré bajar por mis piernas e inclinarse. ¡Santa mierda! ¿Lo iba a hacer? Joder sí, esos hermosos labios suyos se envolvieron alrededor de mi polla y estuve en el paraíso. Su lengua acarició mi cabeza y me moví contra su boca. Se apartó y me sonrió.
—¿Tienes un condón?
Esa era una pregunta tonta. Estiré la mano hacia mi mesita de noche y la abrí mientras ella lamía la parte baja de mi polla. Cristo. Si no me apuraba me correría antes de tener la oportunidad de estar dentro de ella de nuevo. Mis dedos se cerraron alrededor de un condón, lo agarré y lo aventé sobre mi estómago. Ella se rio y besó mi cabeza antes de agarrarlo y abrirlo. Mantuvo sus ojos en los míos al ponerlo sobre mi longitud. Santa mierda. Piensa en cosas no sexys. Mi maestro de inglés en noveno grado que olía a polillas. La jefa de enfermería de papá que podría haber interpretado a una bruja en cualquier película de horror. Perfectos y capaces dedos bajando por mi polla y un coño apretado y mojado a pulgadas de mí. Carajo.
—¿Estás conmigo, Cullen? En verdad esperaba que me hicieras gritar.
—Ya lo hice —le dije, agarrando su cintura mientras se sostenía sobre mí.
—Eh, ese no fue mi mejor grito. —Me sonrió al bajarse lenta y tortuosamente sobre mi polla. Carajo, me apretaba a morir y tenía tantas ganas de correrme, pero de ninguna maldita manera iba a hacerlo antes de que ella se corriera de nuevo. Finalmente estuve por completo dentro de ella y se sintió como el jodido paraíso.
—A mí me parece que eres tú quien está en control aquí, así que si no te corres de nuevo, es tu culpa —logré decir. Se rio y lo sentí vibrar en mi polla. Maldición, era maravilloso.
—Oh, tengo toda la intención de correrme otra vez —me dijo al comenzar a montarme, movía lentamente sus caderas. Era tan jodidamente sexy, tocaba sus pechos al moverse sobre mí. Agarré con más fuerza su cintura y la jalé con más fiereza contra mí al embestir para encontrarme con ella. Jadeó y se lamió los labios—. Oh sí, eso se siente bien.
Maldición, sí que era cierto. Lo hice de nuevo y echó la cabeza atrás, comenzó a subir y bajar más rápido sobre mi polla. Santa mierda, era toda una visión. Estiró sus pezones al moverse arriba y abajo, nuestros cuerpos chocaban. Flexioné mis músculos al levantarme para embestir con ella.
Moví mi mano derecha a su coño, pellizqué su clítoris al mismo tiempo que ella hacía eso con sus pezones.
—¡Mierda! —gritó y comenzó a montarme más rápido. La cosa más sexy del mundo. Moví de un lado a otro su clítoris de manera rápida porque sabía que yo no iba a durar mucho más, no con la visión de su precioso cuerpo montándome. Lo pellizqué de nuevo y embestí hacia arriba, acomodándome un poco y, ahí estaba. Gritó mi nombre y se corrió. Estaba tan jodidamente apretada que pensé que me arrancaría la polla, en lugar de eso exploté dentro de ella, corriéndome más fuerte que en toda mi vida.
—Santa mierda —logré decir cuando colapsó sobre mí. Estaba bastante seguro de que me desmayé por uno o dos minutos. Ella estaba inmóvil sobre mí—. Chica Reed, ¿estás bien? —Medio asintió y besó mi pecho. Bajé mis manos por su espalda. Su piel, maldición, mi piel estaba resbalosa a causa del sudor. Este era el mejor entrenamiento de todos. Necesitaba hacerlo parte de mi régimen diario.
Eventualmente levantó la cabeza y se apartó de mí. Puede que lloriqueara cuando mi polla salió de ella. Aunque no pude evitarlo; era maravilloso estar dentro de ella. Se rio ligeramente al acostarse junto a mí. Deslicé un brazo a su alrededor y la jalé contra mí.
—Definitivamente gritaste más fuerte esta vez —le dije.
Se rio y recargó la cabeza en mi hombro.
—Es porque soy malditamente buena.
No pude discutirle eso.
—Sí que lo eres, Chica Reed. —Nos quedamos acostados por un par de minutos, pero luego el condón comenzó a sentirse asquerosos así que la solté y me senté, me lo quité y me dirigí al baño para limpiarme. Cuando salí, ella tenía puesto mi jersey y estaba buscando algo por el piso—. ¿Qué estás haciendo?
Agarró su falda y me miró.
—No sabía si querías que me fuera o… —dejó de hablar y se encogió de hombros.
Eso era estúpido.
—¿Qué carajo? ¿Crees que te voy a echar ahora que ya tuvimos sexo?
Alzó una ceja.
—¿No lo harías?
Bueno, claro, con otras chicas, pero no con ella.
—No a ti —respondí con sinceridad.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—¿Así que quieres que duerma contigo?
Caminé hacia ella y le quité la falda de las manos, lanzándola de regreso al piso.
—No sé qué tanto dormiremos, pero sí.
Se rio mientras la dirigía de regreso a la cama.
—¿Todavía no has tenido suficiente de mí?
Nos tumbé a ambos sobre el colchón.
—Apenas estoy comenzando contigo, Chica Reed. —Lo decía en más de un sentido. Era raro como el infierno, pero se sentía bien.
—Me alegra escuchar eso, Cullen. —La besé y comenzó a quitarse mi jersey, pero la detuve.
—Con el jersey puesto esta vez.
—Sexy —ronroneó, besándome de nuevo. Sí, ella lo era, especialmente al usar mi nombre y mi número.
—Te ves casi tan caliente como yo usándolo —le dije, lo cual la hizo reírse a carcajadas, justo lo que pretendía.
—Tienes un ego muy saludable.
—Estoy saludable en muchas maneras. Déjame demostrártelo.
Sonrió y me besó con fuerza.
—Supongo que te daré una oportunidad.
—Una es todo lo que necesito —le aseguré.
—Bueno, si es todo lo que puedes soportar… —dejó de hablar cuando la besé y froté mi polla ya endurecida contra su coño.
—Puedo soportar mucho, Chica Reed.
—Eso veo. —Estiró la mano entre nosotros y apretó mi polla.
—Jódeme —gemí.
Se rio.
—Acabo de hacerlo. Ahora es tu turno.
Ella era la mejor.
—Mío —le dije—. Justo como tú. —Ahora era mi chica e iba a hacer mi mejor maldito esfuerzo para mantenerla cerca. No había nadie como ella.
La sonrisa de Chica Reed cayó y sus ojos vieron dentro de los míos.
—Tuya.
Estaba equivocado. El declararse a sí misma como mía era la cosa más caliente que ella había dicho o hecho. La besé y estiré la mano por otro condón. Lo saqué y lo abrí, rompí nuestro beso para ponérmelo antes de deslizarme dentro de ella. Mis ojos miraron los suyos cuando comencé a entrar y salir lentamente de ella. Esta vez era diferente. No quería hacerla gritar y no era un reto o una carrera o algo así. Sólo quería mantener esa mirada, cualquiera que fuera, en su rostro. Era… importante.
Mis dedos terminaron entrelazados con los suyos, lo cual era otra primera vez. Nunca sostenía las manos de una chica mientras la follaba. Apreté ligeramente sus manos y ella respondió con su propio apretón. Suspiró y me besó suavemente mientras nuestras caderas se movían lentamente, juntas. Nuestros besos se hicieron más apasionados mientras nuestros cuerpos se movían más rápido.
Sus piernas se envolvieron en mi cintura, tomándome más profundamente. Ella hacía soniditos sexys mientras besaba sus mejillas, su cuello. Sus pulgares se movieron lentamente sobre los míos, eran toques ligeros como plumas que podía sentir por todo mi cuerpo. Mordí su oído.
—Eres tan jodidamente hermosa. —Las palabras estuvieron en mi cerebro y salieron de mis labios antes de que pudiera pensar en lo que iba a decir. Sus ojos volaron a los míos y sonrió justo antes de que mis labios capturaran los suyos de nuevo.
Nuestros movimientos se aceleraron, nuestras caderas chocaban con más rapidez, sus piernas apretaban mis caderas mientras embestía en ella. Podía sentir mis bolas apretándose y supe que no tardaría mucho.
—Me voy a correr pronto —le dije, girando las caderas.
Gimió.
—Yo también. Haz eso de nuevo. —Lo hice, luego me salí y la embestí con fuerza. Se mordió el labio así que lo hice de nuevo—. ¡Sí! —Una vez más y ella se corrió a mí alrededor, gracias a Dios.
Me dejé irme y fue su nombre el que dije al hacerlo.
—Bella. —Sus ojos se abrieron de golpe y se encontraron con los míos mientras ambos nos corríamos. Me sentí cálido y raro por dentro. No lo entendía pero nunca antes lo había sentido. Me salí de ella y la besé antes de apresurarme al baño. Me deshice del condón y me miré en el espejo. ¿Me veía diferente? No. Mismo chico caliente que siempre he sido. ¿Por qué me sentía así? ¿Qué era?
—¿Edward? —llamó desde la habitación. Cierto. Lo que fuera que fuera esto, lo resolvería más tarde. No quería que pensara de nuevo que quería que se fuera.
Salí del baño y me uní a ella en la cama, envolviéndola con mis brazos.
—¿Estás bien? —preguntó, mirándome.
—Sí, estoy bien, nena. —Besé su mejilla—. Sólo cansado o algo. Tenías razón. Fue un día grande para mí.
—Bien —dijo suavemente bajando la mirada.
Mierda. Alcé su cara para que me viera.
—Y esta es la mejor parte de todas.
Sonrió y sus ojos se iluminaron con ello. De verdad era maravillosa.
—¿En serio? ¿Incluso mejor que ganar el juego?
Sorprendentemente, o no, la respuesta era sí.
—Sí.
—¿Sexo antes que fútbol? —preguntó.
—Sexo contigo antes que fútbol —la corregí.
Se rio.
—Me siento halagada.
La besé e intenté ignorar ese maldito sentimiento raro que no se iba. Quizá me estaba enfermando de algo.
—Deberías. Nunca antes he dicho eso.
Sonrió brillantemente.
—Tampoco habías tenido una novia antes.
Eso era malditamente cierto.
—No. —Me froté el estómago y cerré los ojos. Sólo necesitaba dormir para quitarme la sensación—. Me gusta un poco. —Al menos eso creo. La cosa rara no lastimaba, sólo lo sentía como un aleteo.
—A mí también, Edward —respondió suavemente. Abrí los ojos y vi que los suyos estaban cerrados, su cabeza estaba sobre mi almohada. Le aparté un mechón de cabello de la mejilla y la acerqué más, ignorando el aleteo de mi estómago. Lo que sea que fuera, se iría en la mañana.
Ya vemos que Edward más terco de lo que parece, le costará un poco aceptar que Bella significa para él más de lo que piensa.
Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus comentarios, alertas y favoritos!
Nos leemos el siguiente domingo ;)
Nota del 20 de octubre: Se corrigió el capítulo, no se agregó ni se quitó nada, sólo se cambió una palabra.
