*redoble de tambores*
XI
終わらない夜に願いはひとつ "星のない空に輝く光を"
Una simple sonrisa transformada en palabras, y ya corre él, y ya corre Hina-chan a su lado.
Corren hacia la colina, corren entre la gente, corren entre las disculpas y las reverencias a la pareja real, corren hasta el puente y más allá, hasta el bosque y hasta los árboles y hasta el silencio.
Hasta el tronco caído que es mejor que cualquier trono, hasta que están sentados, dos personas juntas, y las estrellas y los destellos de los fuegos artificiales son todo lo que ven por encima de las hojas.
Hasta que todo lo que siente es el cuerpo ajeno relajado contra el suyo, el resplandor de las estrellas más brillantes reflejándose en su rostro calmo, en su rostro infantil e inocente, y todo lo que importa es su sonrisa en aquel momento.
Oikawa solo puede preguntarse si, desde algún lugar entre las estrellas, Iwaizumi puede verlo. Si puede verlo al lado de su Hina-chan, y reír por lo ciego que ha sido su mejor amigo, por lo caprichoso y tonto y torpe que ha sido hasta hace apenas unos minutos, y porque en algún momento entre callada devoción y reverencias, entre llanto e ira por un amor hecho polvo, se ha visto a sí mismo hilando más suspiros que palabras para una persona que ha llegado a su vida de la manera más ridícula.
No, esto no tiene la predestinación de una amistad imperecedera, ni su amarga libertad. Esto es un hueso roto y roído, una vasija de agua hecha añicos y cubierta de tierra seca a través de la cual han brotado raíces de una flor de nombre desconocido.
Y cuando ve a este dulce ser, a este fuego corpóreo, desea ser él quien junte los pedazos; desea ser él quien reconstruya su vida segada y lo tome de las manos cuando sus pasos apenas dejan huellas en la arena.
Desea darle un nombre a esto, bautizar este descubrimiento con su propio nombre escrito en respiraciones.
―Ey, Hina-chan.
Haciendo casi un esfuerzo por separar la vista del espectáculo nocturno, la cabecita se gira hacia él, se levanta para buscar sus ojos.
―¿Sí, Tooru-san?
Oikawa sabe que, si quiere ganar, debe primero perder algunas cosas. Entre ellas, ese manto oscuro con el que siempre disfraza sus intenciones de simple travesura, aunque esto haga temblar nuevamente la voz que apenas ha aprendido a llamarlo sin interrupciones causadas por el miedo.
Porque la persona con la que pasará el resto de su vida no se merece mentiras ni artificios.
Se merece toda la verdad, y la responsabilidad que esta conlleva.
Y la verdad es que hay una sola cosa que Oikawa desea en este momento.
―Voy a hacer que te enamores de mí.
Y si algo sabe Oikawa Tooru con certeza es que, desde que era niño, todo aquello que desea, ha de dársele.
j3. j3J3J3J3JJ3 Oikawa sos un puto.
Reviews? c:
-Pequeña.
