"Sólo los ojos conservan su juventud."
Capítulo Décimo-Primero/ ¿Una Cullen más?
Primer día de Instituto. Fuera, en el estacionamiento, aguardaba junto a Edward dentro del Volvo. Él debía recobrar la compostura que había perdido hace un momento por culpa de Mike, quien después de dedicarme una larga y muy poco disimulada mirada ingresó en el edificio. Ya pocos estudiantes quedaban fuera, decidí que ya era suficiente, no esperaría más.
—Vamos Edward, ya es tiempo… —con una gran sonrisa palmeé su mano, que descansaba tensamente sobre la palanca de cambios, luego abrí la puerta y me dirigí hacía el húmedo exterior.
Pequeñas gotas caían desde las grandes nubes grises que a menudo decoraban el cerrado cielo de Forks y hoy no era la diferencia. Sentía cómo los pequeños conglomerados de líquido chocaban contra mi cuerpo, mojando mis cabellos y mi ropa, pero no me importaba. Tomando fuertemente mi bolso, comencé a avanzar, en mi primera hora tenía Lengua y Literatura.
Caminé lentamente por los pasillos de la pequeña escuela, trecientos treinta siete alumnos ciertamente no era una gran cantidad; pero podía asegurar que los trescientos treinta siete, se habían girado al menos una vez, en los últimos cinco minutos, para dedicarme su mirada curiosa. Era de esperarse, era la chica nueva, provenía de un lugar lejano y excéntrico, y además pertenecía a una familia también excéntrica. Un bicho raro y especial llegaba al Instituto, sólo que nadie imaginaba que tan especial era.
Siendo el centro de todas las miradas, entré en la pequeña aula. Las camperas y rompe-vientos mojados colgaban de un pequeño perchero junto a la puerta, arrugué la nariz. Apestaba a ropa húmeda ¡qué cosa más desagradable! Hacía calor en el interior lo cual provocaba que esa pestilencia aumentara, también el aroma dulce de la sangre. Di gracias internamente a los venados que matamos hace unas horas. Una pequeña ojeada hacia los alumnos, todos me miraban, uno en especial me observaba desde el fondo del salón donde estaba ubicado y hacía señas hacia el banco de junto, que al parecer había reservado para mí.
Oculté mi cara utilizando mi largo y abultado cabello como escudo, una sonrisita se escapó.
Caminé hacía el tal Sr. Masón para entregarle mi programa. El hombre estaba muy concentrado en los papeles que tenía sobre su escritorio. Carraspeé para llamar su atención.
—Hola… —el tipo primero me miró algo enfurruñado, para luego adquirir un semblante mucho menos rudo y hasta sorprendido diría— Soy Isabella, hoy es mi primer día aquí.
El pobre hombre tardó un poco en salir de su estado, cuando reaccionó buscó algo entre todos sus papeles. Finalmente encontró mi ficha.
— ¡Oh!, si. Cullen…
La audiencia respondió, con un gran "¡Oh!" y algunos murmullos bajos, que yo podía oír perfectamente bien. Al parecer los rumores eran; que un familiar de los Cullen vendría, pero nada había sido confirmado, hasta ahora, cuando todos escucharon de mis propios labios mi aparente apellido. De mi parte sólo hubo un asentimiento como respuesta, después de tanto bullicio no había más que agregar a la situación.
—Llegas tarde, que eso no vuelva a pasar. ¡Siéntate! — si llagaba tarde no era por mi culpa, si no porque tenía a un vampiro furioso encerrado en un pequeño auto queriendo matar a uno de los alumnos, pero no podía decirle eso al profesor, al menos no, si quería pasar por alguien cuerdo.
El Sr. Masón me indicó con una mano, que tomara asiento. Caminé por el pasillo hacía un Emmet muy sonriente. Tomé posición a su derecha, miré hacia la izquierda donde aguardaba un chico algo flacuchento, parecía un poco nervioso. Me pregunté si Emmet lo habría asustado para que me cediera el lugar. Me incliné un poco hacia mi hermano y susurré solo para nosotros, de forma baja y rápida.
— ¿Lo asustaste?
Una sonrisa divertida, formadora de lindos hoyuelos, se dibujó en su rostro; ahí tenía mi respuesta. Negué levemente, también con una sonrisa bailando en mis labios, luego bromee con él.
—Emmet, ¿Cómo su supone que tenga Literatura contigo? Nunca te he visto con un libro en la mano.
—La única que tendrá que estudiar aquí serás tú, primita. — Él se reía de mí y devolvía la jugada. — los demás ya hemos hecho esto más veces de lo que te imaginas. Déjame decirte que la enseñanza no ha cambiado demasiado, de hecho, antes era mejor.
Me acomodé en mi asiento y miré a Emmet aún pensativa. Era verdad, yo sería la única de la familia que tendría que estudiar, el grandote iba a reírse de mucho de mí. De pronto una idea me iluminó, todo no estaba perdido.
—Ambos tendremos que preparar tareas Emm, de eso no te escaparás.
Resopló.
—Uff, pan comido. Lo único complicado de eso es encontrar un papel y un buen lápiz, que no se rompa en mis manos al escribir.
La clase inició, acabando con nuestro juego. El profesor se pasó la hora hablando sobre el Romance, y sus orígenes juglares; para su desgracia, los alumnos en su mayoría le prestaron menos que atención, en su lugar se dedicaron a buscar cualquier excusa o hueco para poder girarse a verme. Cuando terminó, a modo de reprimenda dejó como tarea el análisis de un poema romántico. Debería investigar sobre eso, a decir verdad no tenía mucha idea.
Terminé de anotar todo cuidadosamente en uno de mis cuadernos. Emmet aguardaba impaciente a mi lado, moviendo su pierna de manera compulsiva y rítmica.
—Vamos, ya deja eso. ¿Sabes que no se te va a olvidar? Tenemos muy buena memoria. —Pensó por un breve momento y con una pequeña sonrisa torcida siguió—Nunca he conocido a un vampiro olvidadizo… pero uno nunca sabe. Quizás tú seas la excepción.
Giré lo ojos ante su ridiculez.
—Emm, no seas tonto. Además no tienes por qué esperarme, me toca clase de Historia.
Bufó.
— ¿…Y cómo se supone que vas a llegar ahí sabelotodo?
Sin poder resistirme a su provocación, saqué el mapa de mi cartera, se lo restregué por la cara y luego le saqué la lengua.
—Tengo un mapa. No te necesito.
Parecía una niña, lo sabía pero no pude evitarlo. Emmet estalló en risotadas ante mi reacción contagiándome.
—Vamos. No querrás llegar tarde también a Historia. A propósito… ¿Dónde está Edward? Quedamos en que cada uno te acompañaría en las clases y hoy por ser el primer día, te llevaríamos a los salones. Edward debía traerte hasta aquí.
Sabía que mis hermanos me querían y que hacían todo esto para ayudarme, pero no pude evitar enfadarme ante la declaración. Yo no era un paquete al que debían, llevar y traer, poner y sacar. No, era una criatura inteligente y podía ubicarme perfectamente bien en este pequeños Instituto.
Mi tono juguetón de antes cambió, se volvió seco y firme.
—Edward tuvo problemas, necesitó quedarse un minuto más en el auto—él entendería de que estaba hablándole —…Y Emmet, iré sola al próximo salón.
No me respondió, solo me evaluó con la mirada brevemente y asintió.
—Está bien.
Feliz por mi pequeño triunfo, me encaminé hacia Historia. Rápidamente llegué a la puerta del aula, verifiqué otra vez el mapa y el horario para cerciorarme que estuviese bien. Mientras lo hacía, una voz me distrajo.
—Esto es Historia. Estás bien, edificio seis, Jefferson. —Me giré. La voz pertenecía al mismo chico miedoso que antes había estado sentado junto a mí.
— ¿Cómo sabes lo que busco?
Se encogió de hombros
—Escuché lo que le dijiste a tu primo.
Asentí.
—Soy Eric. —con una sonrisa me ofreció su mano. La tomé, estaba sudada, sentí la inminente necesidad de pasar mi mano por mi pantalón para limpiarme pero eso no sería cortés.
— ¡Estas fría…! —Maldición, ¿Todos iban a tener la mima reacción?
No tenía deseos de responder, así que sólo le dediqué una mueca y tomé el picaporte para entrar. De nuevo las mismas reacciones, adolescentes hiperactivos y atentos; calor, pestilencia, humedad. Volví a presentarme ante el profesor y los pocos alumnos que había en el aula. Busqué un asiento vacío, segundos más tarde, entró un apresurado Jasper.
Ocupó un lugar cercano al mió pero en ubicación diagonal y hacia delante. Se sentó bruscamente y no se giró a mírame. Elevé una ceja, como signo de extrañeza.
— ¿Dónde estabas Jazz? —susurré, recostada en mi lugar con lo brazos cruzados sobre mi pecho y con voz tranquila e inquisitiva.
Tampoco giró ante mi llamado, solo veía el movimiento de su nuca en vaivén, en signo de negación.
Con el aula completa, el nuevo profesor inicio su clase, esta vez trataba sobre la Guerra de Secesión, sobre la cual Jasper era experto, hecho que llevó a que discutiera en mitad de la clase con el profesor que al parecer tenía varios datos mal en su manual. Se armó un debate muy interesante, donde Jasper dejó prácticamente en ridículo al pobre viejo, por supuesto todos los demás sólo mirábamos atónitos a los dos hombres al borde de la cólera, cada uno defendiendo puntos de vistas diferentes.
De esa manera transcurrió la mañana, las siguientes clases eran; Trigonometría donde era custodiada por Rose, era notable como los muchachos babeaban por ella, y Rose lo disfrutaba. Me preguntaba que opinaba Emmet de todo esto.
Llegó el turno de español junto con Alice.
—Al… Jasper llegó un poco alterado a Historia. ¿Sabes que le ocurrió? — me incliné, para susurrar a mi hermana que se sentaba en una banco delante mio.
Ella volteó.
—Sí, nos fugamos de la primera hora de clase y fuimos al bosque. Jasper se pone un poco histérico con las escapadas.
Hablábamos en murmullos.
— ¿Al bosque? ¿Por qué irían al bosque?
—Bella ¿Para qué crees?
Probablemente no para ir de caza, así que no tenía idea. Sólo me quedé mirándola y esperando su respuesta.
Alice rodó los ojos antes de explicarme.
—Para tener… sexo.
Me quedé petrificada observándola, Alice y Jasper teniendo sexo. Ciertamente no quería esa imagen en mi cabeza, pero eso me recordó algo. La noche anterior Edward me había estado explicando algo sobre el celo, cosa que no entendí muy bien. Es decir, en el tiempo que llevaba con la familia no había visto a las mujeres en celo y por otro lado, tampoco entendía su objetivo. En teoría, el celo ocurre para fomentar las relaciones y así aumentar la reproducción; y los vampiros no podíamos reproducirnos.
—Necesito que me expliques eso. Edward estuvo diciéndome algo anoche acerca del celo y no entendí muy bien.
Los ojos de Alice se salieron de sus cuencas.
—¡Edward estuvo hablando contigo sobre sexo! —ella elevó un poco su tono de voz.
—¡Shhh! No, no, no… no fue de esa manera. —Alice había interpretado mal las cosas. Comencé agitar mis manos en negativa. — Estábamos cazando, y él me gruñó… Comencé a interrogarlo sobre que pasaría si me cruzaba en su camino cuando no era de todo racional y él me explicó las opciones.
—Clase… —la áspera voz del profesor interrumpió nuestra conversación.
—Luego tendremos una charla de chicas entonces —Alice acabó giñándome un ojo y girando hacía delante para poder prestar atención.
La hora del almuerzo llegó, entramos en la amplia cafetería, atiborrada de gente distribuida en diferentes mesas, demarcando los diferentes grupitos, chicos, chicas y mixtos. Cuando hicimos nuestra esperada aparición todos se giraron a mirarnos, busqué rápidamente a mis hermanos, estaban reunidos en una mesa ubicada en una de las esquinas, alejada de los grandes ventanales, en caso de que el señor Sol decidiera salir espontáneamente, sus rayos no llegarían a ese lugar.
Pasamos rápidamente por la cola para buscar un almuerzo que no comeríamos, por lo que no importó mucho que metiéramos, un poco de esto, otro poco de aquello, era simple, algo líquido y algo sólido nada más.
Caminamos hacia la exclusiva mesa, Alice saltó a los brazos de Jasper, yo tomé una silla tranquilamente y me senté colocando mi bandeja delante.
—De hoy en adelante la mesa Cullen tendrá un nuevo miembro ¡Ellos se creen tan importantes y exclusivos! Nadie puede acercárseles, sólo aceptan miembros de la familia...
Los comentarios llegaban a nosotros, pero entre todos ellos, uno captó mi atención, giré para ver de donde provenía esa voz chillona y ponzoñosa. Cuando la encontré miré a la pequeña humana fijamente, trabó sus ojos con los míos sin poder quitarlos, eso me hizo sentir poderosa, una sonrisita maliciosa apareció en mi rostro. Era Jessica, la muchacha tomaba español con Alice y conmigo, se sentaba un poco más adelante.
—No hagas eso —la voz de mando de Jasper me distrajo. Quité mi vista de Jessica para mirarlo a él.
— ¿Por qué no?
—Vas a asustarla, y créeme no quieres a Stanley charloteando sobre ti y tu extraña mirada sobre las próximas dos semanas.
Me encogí de hombros.
—Está bien, no volveré a intimidarla.
—Si quieres observarla, sólo dedícale una mirada rápida y superflua. —agregó Rosalie.
—Bien, Eddie ¿Por qué no nos cuentas los rumores sobre Bellita?
— ¿Acaso no puedes escucharlos? — Edward seguía de mal humor. Me pregunté si aún no se le había pasado lo de esta mañana o si sería algo más.
—Claro que puedo, pero quiero saber que piensan. ¿Ya tiene algún enamorado? —dejó de mirar a Edward para hablarme a mí. —Rose y Alice rompieron muchos corazones el primer día Bell´s. Jasper y yo apostamos, él dice que serán quince, yo digo que unos veinte. —Volvió a mirar a Edward— ¿Cuántos?
—No lo sé Emmet, no voy a volverme loco metiéndome en las mentes de todos estos chicos sólo para que tu ganes una tonta apuesta. Si quieres saberlo, dile a Jazz que mida las emociones. — y con ese pequeño berrinche se retiró de la cafetería con pasos largos, y haciendo que varias chicas se giraran a verlo.
Emmet dio un gran silbido y Jasper se relajó en su asiento.
—Esto va a matarlo. —habló Alice. Por mi parte sólo me quedé observando la puerta por donde había salido.
—Bueno Jazz, no hagas trampas. ¿Cuántos nuevos enamorados tenemos el día de hoy?
—No lo sé Emmet, Edward tiene razón en eso. Es fastidioso meterse en los cuerpos de los demás. Lo único que puedo decirte es que los sentimientos de Mike y Eric son muy fuertes, en este momento ambos se sienten muy emocionados. Es insoportable sentirlos… —hizo una mueca — y sus pensamientos han de ser aún peores.
— ¡Bahh! son dos aburridos. ¿Qué tan complicado puede ser?
Jazz lo fulminó con la mirada.
—Te daré la apuesta por ganada, pero déjalo ya.
Volví a girar, esta vez para mirar con menos ímpetu a la mesa donde estaban Jessica, Mike, Erik y algunos estudiantes más. Al parecer sentimientos interesantes se proyectaban desde allí, envidia, recelo, pasión… al pensar en todo eso una gran idea vino a mi mente.
—Saben chicos, mañana me sentaré en la mesa de Jessica.
Todos se giraron para observarme como si fuera un bicho raro. Emmet fue el que reaccionó primero, estalló en risas. El grandote hizo que toda la cafetería resonara.
—Bella, esa es una gran idea. No se como no se me ocurrió antes.
—A ti te tendrían miedo idiota, saldrían corriendo antes que pudieras sentarte. — Rose lo reprendió.
—¿Estás segura Bella?
—Por supuesto, será una gran experiencia…
Una sonrisa feliz se dibujó en mi rostro.
El receso terminó. Restaban algunas clases, caminé hasta el salón de Biología, el edificio no quedaba muy lejos. Cuando llegué la puerta estaba abierta, me asomé. Sólo había dos personas dentro, Edward y un chico tirado en el último banco de la esquina, con sus brazos y cabeza sobre él, estaba dormido, escuchaba su respiración acompasada.
Entré en el salón y me detuve junto a Edward, aquí había mesadas dobles.
— ¿Está ocupado este lugar?
Negó. Tomé asiento junto a él, dejé los libros sobre la mesada. Él tenía la mirada perdida en el frente y su mano derecha en puño, descansaba rígida sobre la mesa. La tomé, mi contacto hizo que se relajara un poco. Giré todo mi cuerpo hacia él pero no se inmutó.
— ¿Vas a decirme que te pasa Edward? No me gusta que estés así. No quiero que vuelvas a ser el mismo vampiro idiota que conocí los primeros días, me gusta mucho más el Edward que toca el piano, el del claro, el que me regaló un hermoso auto, el que salió conmigo de caza anoche. Dime que ocurre.
Reaccionó ante mi declaración, abrió su puño para tomar mi mano. Giró hacia mí, encontró su arrepentida mirada con la mía.
—Perdóname, sé que estoy actuando como un imbécil, pero… todas esas miradas y pensamientos sobre ti, están volviéndome loco. No te quiero en la mente de esos niños babosos.
No pude evitar sonreír. Estaba celoso y era adorable. Subí la mano que tenía libre hasta su mejilla, el recostó su cabeza en ella. El gesto fue absolutamente tierno.
—Tranquilo, nada va a pasar. Solo van a quedarse con eso, con su imaginación. Pero debes relajarte, voy a estar aquí por un tiempo y no puedes dejar que ellos te afecten de esta manera. — volteé para observar al muchacho que seguía durmiendo, sería algo extraño que despertara y viera a los supuestos "primos" de la mano y acariciándose. Lo solté. —Edward estoy aquí para vivir experiencias, para formar los recuerdos que no tengo, para saber lo que es la vida humana, quizás de esa forma algo de mi pasado llegué a mi mente. También estoy aquí para divertirme y relacionarme. No quiero que sufras mientras hago todo eso, así que por favor, has el esfuerzo de sacarlos de tu mente y de divertirte también.
Los demás alumnos comenzaron a llegar, Edward asintió pensativo y finalizamos el tema por el momento. Diez minutos después, el salón estaba repleto, y el profesor llegó. Hizo un conteo visual de lo estudiantes y encontró que hoy había uno más. Clavó su mirada en mí, revisó su lista. Volvió a mirarme alzando una ceja.
— ¿Una Cullen más?
Edward contrajo los labios disimulando una sonrisa, me pregunté que estaría pensando el buen hombre.
—Soy Isabella…
—Bueno, Isabella, creo que será mejor para ti que compartas asiento con otra persona que no sea de tu familia, así comienzas a relacionarte con los demás alumnos. —probablemente creía que los Cullen era demasiado cerrados. ¿Él también creía que éramos exclusivos? — Lauren, por favor toma el lugar junto a Edward e Isabella siéntate en el lugar de Lauren.
Tomé mis libros, me puse de pie para que una demasiado feliz Lauren ocupara mi lugar. Estúpida… ¿Qué la ponía tan contenta? Si tanto quería estar junto Edward, por qué no ocupo el lugar, antes estaba vacío.
Con los celos carcomiéndome me senté en el viejo lugar de Lauren, estaba tan distraída que no reparé en la joven a mi lado.
—Hola, soy Ángela. — la chica junto a mí me saludó con una voy tímida y dulce. Le respondí.
—Hola, soy…
—Isabella, lo sé, de hecho toda la escuela lo sabe. Eres la sobrina del Dr. Cullen, estás aquí porque tus padres se fueron a Europa. — Ángela se encogió de hombros mientras me revelaba toda la información que tenía sobre mí.
No debía sorprenderme que las noticias corrieran rápido en el pueblo, pero lo hizo. Ángela me agradó, seguimos hablando de algunas trivialidades y descubrí que era una mucha bastante pacífica. La clase trató sobre fotosíntesis, tema aburrido a mi parecer. Cuando finalizó, aguardamos a que todos se retiraran. Edward se dio la vuelta, y me observó con una mirada traviesa.
—Es fácil decirlo, pero difícil hacerlo verdad, y eso que no puedes leer los pensamientos de Lauren.
Bufé. Era cierto, pero no iba a admitírselo.
Clase de Educación física. La última de día y la más fastidiosa de todas. Es realmente una tortura tener que fingir, correr al ritmo de los demás. Podía jugar contra todo un equipo sola y ganarles, malditas apariencias. Con esa pesada clase, di por terminado mi primer día de Instituto.
Todos lo estudiantes habían huido, ya pocos autos quedan en el estacionamiento, entre ellos el Volvo. Caminé a compasadamente, Edward esperaba apoyado sobre el carro.
— ¿Qué tal la clase de Educación física?
—No te rías— es justo lo que hizo, se escuchó una adorable risita.
Lo fulminé con la mirada.
—No te enfades, ¿Quieres conducir el Volvo?
La idea era tentadora, pero no podía.
—No, si Charlie me ve, pensará que estoy despreciando a Bethsy… y no quiero herirlo.
Edward rodó los ojos.
—Deberías devolverle esa cosa.
No contesté, no quería iniciar otra discusión absurda sobre Bethsy. Sólo me subí al Volvo, y me acomodé en el asiento delantero.
El regreso a casa fue tranquilo, le pregunté a Edward si sabía sobre las escapadas de Alice y Jasper, también hablamos sobre el fastidio que sintió el profesor de biología al verme. Al parecer creía que éramos demasiado inteligentes para estar en el Instituto. Edward aceleró para alcanzar a Rose, parecían niños jugando carreras, Edward ganó. Rose, chilló diciendo que su auto era más pesado, por llevar a los demás.
Entramos en la casa. Esme y Carlisle nos esperaban sentados en uno de los sillones.
—Hola a todos. ¿Cómo les fue? — Esme y su preocupación de madre. Desde luego, quería saber cómo me fue a mí en el Instituto.
Como buenos niños obedientes, no sentamos a relatarles nuestro día. La miradas curiosas, la envidia de Jessica, la furia de Edward, las risotadas de Emmet, la apuesta que nunca sería saldada por falta de una respuesta concreta. La discusión de Jazz con el profesor, estábamos hablando y comentado sobre eso cuando el teléfono de la casa comenzó a sonar.
Carlisle contestó. Edward, sentado a mi lado, se tensó al escuchar la voz del otro lado de la línea, Jasper también puso mala cara. Era una voz femenina, Carlisle parecía conocerla, habló con familiaridad y algo de cariño.
¿Quién era?
—Por supuesto, adiós Tanya. — Carlisle se despidió. Al parecer la mujer llamó para avisar que vendría a quedarse una temporada con nosotros.
— ¿Crees que sea conveniente que ella venga estando Bella aquí? — Jasper habló primero, interrogando a Carlisle.
El patriarca asintió.
—No creo que eso la afecte.
Jazz negó.
—El contacto de Tanya, puede acelerar el desarrollo de Bella, deberíamos esperar.
—Nada ocurrirá. Tranquilos.
—No lo entiendo… ¿De que manera puede afectarme la llegada de esa mujer? — no entendía nada.
—Tanya es una vampiresa, amiga de la familia. Es parte del clan Denali, aún no ha encontrado a un compañero, por lo que dos veces al año en sus periodos de celo, viene aquí para intentar atrapar a Edward. No ha tenido suerte hasta ahora.
—Ni la tendrá—Edward interrumpió.
Rose siguió hablando.
—Lo que Jasper temé, es que si estás en contacto con ella, aunque seas una recién nacida, tus instintos sexuales comiencen a despertar, y con él tus periodos de celo. — miró a Edward por un segundo.
—No lo entiendo, me refiero. ¿Qué pasa con todos ustedes? — pregunté señalando a los demás hombres de la familia.
—Nosotros ya tenemos a nuestras respectivas compañeras, por lo que el aroma de una vampiresa en celo no nos afecta. El único vulnerable por así decirlo es Edward, generalmente les es muy difícil a los machos libres resistirse, pero él ha sabido manejarlo muy bien. — Jasper respondió mi pregunta.
Entendía un poco más de la naturaleza de los vampiros, pero no me agradaba para nada que alguien viniera con intenciones de poner un lazo en el cuello de Edward. Esta vez Tanya iba a encontrar una sorpresa, a mí.
Los personajes utilizados en esta historia son propiedad de la Sra. Meyer, parte de la trama utilizada nace del "Twilight" original también de su pertenencia. El resto nace de mi imaginación...
Capítulo beteado por mi querida Vhica, gracias! :)
Chicas... creé un grupo "Neófita y otros cuentos" la que quiera esta invitada a unirse...
Gracias por leer...
Lamento decirles que el próximo capítulo será publicado el viernes 22/2, me voy de vacaciones y no tendré Internet!
Por otro lado, el Jueves 14/2 publicaré una Historia para el día de los enamorados; "En los juegos de Eros - Una triste historia para San Valentín"...la que quiera esta invitara a pasarse! :)
Besos, y hasta el próximo...
