!ADVERTENCIA! este fic tiene LEMON EXPLICITO, muuuuuuuuuuuuuuuuuuuyyyyyyyyyyyyyy EXPLICITO y palabras obscenas, leanlo bajo su propio riesgo(?) :3... sin mas digo, que los personajes de Naruto no me pertenecen ni la historia..
Gracias a todos por sus reviews… yo también ame la historia y por eso se las traje para que la disfruten, no solo por el sexo, si no también por el romance y el humor. Me alegra que lo disfruten, pero les recuerdo que esta historia no me pertenece es de BARBARA ELSBORG, yo solo la adapta a los increíbles personajes de Kishi y espero que la sigan disfrutando.
Les dire que en este cap, odio a Hanabi. Si mi hermana me hace eso minimo se lo reclamo. Digo es mi hermana y la amo mucho… pero hay un limite y detestaría que se tomara atribuciones que no debe ¬¬. En fin ya verán o leerán…
Enjoy ~
Capítulo 11
Kiba vio a Hanabi coger dos tazas del armario de Hinata. Ojalá no tuviera un culo tan gordo, aunque al menos tenía un sitio de donde agarrarse y después de todo, un polvo era un polvo. Se acercó furtivamente detrás de ella, enterró la cara en su cuello y le rodeó los pechos con las manos. Hanabi tenía unas tetas bonitas, jugosos melones. Kiba gimió y presionó su erección contra su trasero.
—Hora de un polvito rápido —susurró.
Hanabi se puso rígida.
Mierda. Siempre se olvidaba de que hablarle así siempre la apagaba.
—Te deseo, nena —dijo él.
—Hinata volverá pronto.
—No durante otros quince minutos. Mira el reloj. Son sólo las seis.
Bueno, lo eran ahora que Kiba lo había retrasado.
—¿Acaso no sientes lo que me haces? —se restregó más duro contra ella. Hanabi se retorció en sus brazos.
—¿No puedes esperar?
—No. Ropa fuera. Ahora.- Kiba se sorprendió cuando Hanabi accedió. Había esperado tener que persuadirla de quedarse en la cocina. Para cuando estuvo desnuda, su polla y pelotas dolían. Quería atascarse en el coño mojado de Hanabi y frotarse hasta el olvido, pero tenía que hacerlo durar. Kiba se desabrochó los pantalones y sacó su polla. Vio ensancharse los ojos de Hanabi mientras se acariciaba su dura polla y él sonrió.
—¿Tienes preservativo? —preguntó ella.
—¿Necesito uno, caramelito? —la engatusó Kiba—. Creo que estás con la píldora y ahora estamos prometidos.
Él tenía una goma en el bolsillo pero no quería usarla. Kiba se sentía dividido entre el deseo de pegar un tirito y derramarse en el coñito de Hanabi o de rociarlo sobre la mesa de cocina de Hinata.
—¿Te saldrás? —Hanabi preguntó mientras pasaba sus manos a lo largo de su polla.
—Si es lo que quieres —en realidad, Kiba haría lo que él quisiera pero el tiempo hacía tictac y tenía que estar ya casi acabando para cuando Hinata llegara a casa. Él giró a Hanabi de los hombros y la empujó boca abajo sobre la mesa.
—No aquí —dijo Hanabi—. ¿No podemos ir a un dormitorio?
—No.
—Por favor.
—No, aquí o en ninguna parte.- Kiba la movió hasta que estuvo en buena posición para él, su coño bien abierto, pero su apretado ano era más atractivo. Era tentador, pero no la podía asustar, no, si quería que este juego durara. Le dio un golpecito en su abertura y Hanabi gimió. Kiba rió en silencio.
—¿Qué? —Hanabi preguntó.
—Me gusta cuando haces todos esos ruidos.- En cierto modo era verdad, aunque Hanabi era el polvo más ruidoso que se hubiera echado alguna vez. Iban a volver loca a Hinata.
Presionó más hacia adentro y se introdujo en la caliente hendidura de Hanabi. Kiba gimió y sintió la risa de Hanabi bajo él. La puta idiota.
Hinata se aseguró de salir del trabajo a tiempo, corrió hasta la estación para asegurarse de coger el tren cuanto antes y volver a su apartamento como prometió. Por lo menos ya no le dolía el trasero.
Miró desde abajo a su ventana y se preguntó cómo se las había arreglado para dejarse encendida la luz. No era algo que ella olvidara, ya que pagaba las facturas. Había intentado llamar un par de veces a Hanabi, para decirle a qué hora llegaría a casa, pero tenía su teléfono apagado.
Hinata abrió la puerta con llave, la empujó y dejó caer el bolso en el pasillo.
Entonces se congeló. Podía oír a Hanabi y sonaba trastornada. Dividida entre la rabia porque Hanabi hubiera entrado ya en su apartamento y preocupada de que algo fuera mal, Hinata se precipitó a la cocina.
—Joder —jadeó.
Hanabi estaba desnuda sobre la mesa de la cocina, la cabeza vuelta hacia ella, sus manos agarrándose de la parte superior de las patas mientras Kiba la bombeaba desde atrás.
—Hinata —Hanabi jadeó.
Hinata intentó moverse pero sus zapatos se habían convertido en botas de hormigón. Kiba le miraba directamente, sus caderas como pistones machacando a su hermana. Sus ojos se estrecharon, su aliento a tirones y luego salió y roció su semen en la parte de atrás de Hanabi. Cuando le guiñó un ojo a Hinata, ésta escapó.
Se quedó de pie temblando, preguntándose cómo unos segundos podían parecer horas. No se había quedado de pie mirándolos, ¿verdad? ¿Estaban en su mesa de cocina? Kiba salió de la cocina llevando dos copas de vino. Hinata tomó una sin pensar.
—¿Te ha gustado el espectáculo? —susurró—. Sé que te gusta mirar.
—¿Qué coño estás haciendo aquí? —le espetó Hinata. Kiba puso una expresión inocente en su cara.
—Ayudar a Hanabi, ¿qué si no?
—¿Por qué creo que es mentira?
—Tenía curiosidad por saber si era aquella mesa o tú lo que me tuvo tan caliente aquella noche.
—Creo que te follarías cualquier cosa, Kiba —dijo Hinata con una risita corta—. De hecho, ¿por qué no te follaste solo la mesa?
—Pues prácticamente es lo que he hecho. Tu hermana es tan gruesa como un tablón.
El vino tinto lo golpeó de lleno en la cara. Él jadeó y miró la mancha sobre su camisa blanca.
—Eso fue un error —le espetó.
Hanabi sacó su cabeza por la puerta de la cocina.
—¿Sor-pué...? —llegó a toda prisa, alisándose la falda—. ¿Qué infiernos ha pasado?
—Hinata, mostrando su naturaleza celosa otra vez —dijo Kiba.
Los hombros de Hinata cayeron. Quería que los últimos cinco minutos nunca hubieran pasado.
—Quítate la camisa para que la pueda lavar —dijo Hanabi, manteniendo los ojos apartados de Hinata.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Hinata preguntó.
—Kiba me ayudó a trasladar mis cosas. Bueno, todo lo que no estaba mojado.
El corazón de Hinata martilleaba mientras seguía a Hanabi y la camisa a la cocina.
—He estado llamándote para decirte cuándo estaría en casa. ¿Cómo entraste?- Hanabi sacó su teléfono del bolso y lo miró.
—Ah, pensé que estaba conectado. Debo haberlo apagado. Lo siento. Mamá me dio la llave. No pensé que te importaría.
Hinata no quería enfrentarse a Hanabi sobre lo que había estado haciendo en su mesa de cocina, pero no podía ignorarlo.
—Te dije a qué hora estaría en casa.
—Pero es temprano —Hanabi echó un vistazo al reloj de cocina. Hinata miró su reloj. Ah, Kiba era inteligente, tenía que concedérselo. Él lo había planeado, así ella se habría topado con ellos.
—Déjame ponerle a Hinata una copa de vino —dijo Kiba—. Parece como si necesitara una.
Hinata volvió a la entrada para colgar su abrigo y poner sus zapatos sobre el trozo de alfombra extra que tenía junto a la puerta para no dejar entrar suciedad en el apartamento. Se mordió las mejillas cuando entró en la estancia principal y vio que una bomba llamada Hanabi había explotado. Ordenada y pulida no eran palabras que pudieran ser unidas al concepto de su hermana ni en un millón de años. Hanabi y Kiba la siguieron dentro.
—¿Cómo es que te has traído tanto? —preguntó Hinata—. Pensé que esto era sólo durante unos días.
¿En serio Hanabi necesitaba traerse cada muñeco de peluche que tenía? El sofá estaba ahogado entre animales. Cajas de CDS y DVDS estaban sin desembalar junto a la tele. Trasportines de plástico con las últimas obsesiones de manualidades de Hanabi habían sido amontonados sobre la pila de libros con los bordes de las páginas doblados.
—Papá dice que la compañía de seguros pagará para que se arregle y enyese el techo pero que va a llevar tiempo conseguir que vayan y hagan presupuestos y luego esperar a que hagan el trabajo. Habrá un montón de polvo.
Hinata estaba haciendo un cálculo rápido, pasando de días a semanas a malditos meses.
—Espero que no te sepa mal, pero puse mis ropas en tu habitación. Tú tienes muchas menos que yo, así que pensé que te podrías apañar con un vestidor más pequeño y... bueno —Hanabi se ruborizó.
Oh-oh, Hinata pensó, sintiéndose como si un tanque bi-plaza le hubiera pasado por encima. No se necesitaba preguntarse quién lo conducía.
Kiba puso su brazo sobre el hombro de Hanabi. Hinata mantuvo sus ojos apartados de su pecho desnudo.
—No pensamos que te importara que nos quedáramos con la cama de dos plazas mientras tú duermes en la de una plaza. Será sólo durante una o dos semanas —dijo Hanabi.
La cabeza de Hinata palpitó. Le costaba recordar un momento en el que hubiera estado más enfadada.
—Kiba no se va a quedar aquí también.
—Desde luego que no —dijo él—. Tengo mi propio apartamento. Le ofrecí a Hanabi quedarse conmigo pero vivo muy lejos de su escuela y esto pareció una oportunidad ideal para reuniros las dos, reconstruir vuestra amistad y hablar de la boda.
Hinata no podía creérselo. Quería reírse, gritar, llorar. Quería chocar los talones y desear volver a Kansas. Primero, quería darle con un garrote a Kiba.
—¿Está bien si me quedo tu cuarto, Hinata? Si no, puedo volver a trasladar mis cosas.
No, joder, no está bien. Hinata se había quedado temporalmente muda. Su frenético cerebro intentó calcular las implicaciones de tener a Hanabi allí, de tener a Kiba allí. No importaba desde qué ángulo lo mirara, eran malas noticias. Kiba y Hanabi en su cama. Hanabi y Kiba sobre su mesa de cocina. Ambos en su cuarto de baño.
—Podrías haber esperado —dijo Hinata—. ¿Cómo te sentirías si yo hubiera aterrizado sobre ti y hubiera cogido tu cuarto?
—Bueno, desde luego yo te habría dejado tenerlo.- Hinata apretó los dientes. El hecho que Hanabi lo pensara, y Hinata sabía que verdaderamente lo pensaba, echó dudas sobre sus sospechas de que fuera Kiba el que hubiera manipulado la situación. Hinata abrió la boca para sugerirle a Hanabi que le pidiera a su compañía de seguros que le alquilara un sitio y entonces Kiba lanzó a Hanabi a sus brazos.
—Dale un abrazo a Hinata. Esto es muy amable por su parte. Vuestros padres van a estar emocionados al ver que hacéis las paces.
Mientras Hanabi la rodeaba con los brazos, Kiba miró fijamente a los ojos de Hinata. Él sacaba y metía la lengua como una serpiente, con inequívoca implicación sexual.
—No sabes cuánto significa esto para mí —dijo Hanabi y se retiró del flojo abrazo de Hinata para volverse al abrazo de Kiba.
—Como gesto de gratitud, os voy a comprar la cena, chicas. ¿Qué os apetece? ¿Indio? ¿Tailandés? ¿Pizza? —preguntó Kiba.
—Me da igual —dijo Hinata y se escapó a lo que era su nuevo dormitorio.
Cerró la puerta y se apoyó contra ella. Toda su ropa había sido echada sobre la cama. Hanabi no se había molestado en colgarlas. Hinata se vino abajo. Esto no iba a ir bien. No quería a Hanabi viviendo con ella, pero si Kiba pensaba que podía quedarse a dormir también, era algo totalmente inaceptable. ¿Pero qué podía hacer? ¿Echar a Hanabi? ¿Empaquetar y encontrase un hotel barato? Si existiera un hotel barato en Londres Hinata se lo plantearía, pero ¿por qué tenían que echarla de su casa? Pon una fecha límite, pensó Hinata.
Dos semanas, no más. Y Kiba no se quedaría a pasar la noche. Los fines de semana Hanabi podía irse a casa de Kiba. Podría sobrevivir dos semanas, ¿no?
Una hora más tarde, Hinata se preguntaba si podría sobrevivir otros dos minutos. Kiba y Hanabi estaban estirados uno sobre el otro en su sofá, los muñequitos tirados por el suelo, viendo lo que les apetecía en su televisión, bebiéndose su vino. De acuerdo, Kiba había pagado la pizza, pero el bastardo pidió pepperoni en una y anchoas en la otra, y ninguna de las dos cosas le gustaba a Hinata. Tal vez podía crearse su propia inundación.
Aquel pensamiento la dejó congelada. El apartamento de Hanabi inundado ¿era un accidente o lo había planeado Kiba? Hinata se golpeó la cabeza con la mano. Date un respiro. Estaba empezando a asustarse a sí misma. ¿Cuán paranoica se iba a volver? Aún y así...
Hanabi había dicho que el tipo de arriba ni siquiera se había dado un baño esta mañana y Kiba se las había apañado para entrar en el apartamento de Hinata aquella vez. Asumiendo que Hinata no se estaba volviendo loca y que Kiba lo había orquestado de alguna manera, ¿qué motivo podría tener para que Hanabi estuviera en su apartamento? ¿O era él el que quería estar en su apartamento? Hinata empujó una cómoda delante de la puerta. Mejor segura que lamentarlo.
Sasuke se sentó en su coche mirando el apartamento de Hinata. Había calculado qué ventanas eran las suyas y la luz estaba encendida, pero no se movió. ¿Qué le iba a decir? ¿Cómo explicar cómo sabía dónde vivía sin sonar como el acosador del que ella ya se había quejado? Probablemente se asustaría en cuanto abriera la puerta. Pero Sasuke esperaba que no tuviera que decir nada. Esperaba que ella lo mirara, y le diera la oportunidad de soltarle que no estaba casado, que no era su casa si no la de su hermana y entonces ella se arrojaría a sus brazos. Lo siguiente era estar desnudos en una cama.
Recuperando un ramo de flores del asiento de pasajeros, Sasuke salió del coche. Se coló en el vestíbulo detrás de otro residente y subió las escaleras de dos en dos. Su corazón revoloteaba de entusiasmo con la idea de verla otra vez. Si no había comido, la llevaría a comer. Si lo había hecho, bueno, se le ocurría algo que a él le gustaría que ella comiera. Y él también. Se sonrió. A Sasuke se le hacía la boca agua con la idea de enterrar su cara entre sus piernas, lamiéndola y chupándola hasta que se corriera en su cara. Se le revolvió la polla en los pantalones.
Llamó dos veces a la puerta.
—¿Sí?
Sasuke era rápido como un relámpago, preguntas y respuestas volando por su cabeza. ¿Apartamento incorrecto? No. ¿Era este tipo el novio de Hinata? ¿Ella había mentido? ¿O Sasuke estaba llegando a una conclusión equivocada como le había pasado a ella? ¿Su hermano?
Aunque ella no había mencionado a ninguno. No había ninguna razón para echarse atrás ahora.
—Busco a Hinata Hyuga.
—Piérdete.
Le cerró la puerta en la cara. Sasuke se quedó de pie mirándola por un momento, preguntándose si valía la pena volver a llamar. ¿Y que le dieran un puñetazo en la cara? Soltó una risa corta y bajó de nuevo las escaleras.
Naruto era un experto en quedarse en las sombras. Había pasado demasiadas horas de su vida profesional mirando y esperando a que pasara algo, sólo para descubrir que nunca sucedió nada. Ojalá esta vez no lo hiciera. Sasuke había aparcado en la calle del apartamento de Hinata, y se sentó en el coche durante tanto tiempo que Naruto se preguntaba qué coño le estaba pasando por la cabeza. ¿Intentando pensar lo que iba a decir? ¿Preguntándose si debía arrancar el coche y volver a casa con Naruto? Cuando Sasuke salió del coche sostenía flores.
Naruto suspiró y siguió esperando. Había cosas que quería saber, que tenía que saber. Qué aspecto tenía Hinata, qué era lo que tenía a Sasuke tan cautivado y cuánto tiempo iba a pasar Sasuke allí.
Sus preguntas fueron contestadas pero no de la manera que Naruto esperaba. Sasuke surgió un poco después de que hubiera entrado. Echó las flores en el jardín delantero del apartamento, se subió a su coche, y lo puso en marcha. Jodidamente deprisa, el idiota. ¿Qué había pasado dentro? ¿Se lo contaría Sasuke? Incluso mientras Naruto cruzaba la calle y llamaba al timbre de Hinata, se iba diciendo que no lo debía hacer. Sería fácil inventarse un nombre y pretender que no había estado nunca aquí. Pero la necesidad de hacer lo correcto estaba inculcado en Naruto, incluso si en el proceso él acababa dolido. Si Hinata no le había dado a Sasuke la oportunidad de explicarle que no estaba casado, tal vez se la daría a un amigo.
Naruto apretó otra vez el timbre.
—¿Sí?
La voz de un hombre, y tal vez eso le dijo a Naruto todo lo que tenía que saber. Cambió de táctica.
—Inspector de policía Uzumaki para hablar con Hinata Hyuga— Joder, le iban a pillar por hacer esto.
Sonó la puerta abriéndose y Naruto empujó. Cuando llegó al piso había un tío con pantalones oscuros y una camiseta azul ceñida apoyado contra el marco de la puerta. Era alto, con cabello corto y oscuro echado hacia atrás y una boca que sonreía cuando sus ojos no lo hacían. Cuando Naruto llegó, una morena de pelo rizado se puso a su lado. Hinata. Naruto estaba sorprendido. No era el tipo que pensaba que le gustaría a Sasuke. Era guapa, pero baja y ligeramente regordeta.
—Esta es la señorita Hyuga—dijo el tipo—. Soy Kiba Aburame, su prometido.
Ah, joder.
—¿Podemos ver su identificación? —preguntó el tipo. Naruto abrió su cartera. El tipo la miró atentamente. Demasiado atentamente, joder.
—¿Esto es por el robo cerca de la fiesta a la que fuimos el sábado? —preguntó.
—¿Quién le dijo que fue un robo? —Naruto no había dicho robo, pero supuso que era una conjetura razonable.
—Llamé para ver a los Hatake un poco después de que usted los hubo visitado —Kiba se giró hacia a Hinata—. Llevé a Kurenai algunas flores como gesto de gratitud. Olvidé decírtelo.
—Eres un completo encanto —dijo la mujer. Naruto quería desaparecer. Su voz era chillona. ¿Qué podía ver Sasuke que él no pudiera?
—Me dijeron que un policía había pedido los detalles de cada uno de la fiesta. Estoy sorprendido de que no nos haya venido a ver hasta ahora.
Naruto estaba en arenas movedizas y lo estaban atrapando a gran velocidad. Cuanto antes saliera de allí, mejor. Olvídate de pedir entrar, quería largarse por las escaleras.
—¿Vio a alguien actuando sospechosamente? —preguntó Naruto diligentemente.
—Sólo el baile de Shino—dijo Hinata con una risa tonta. El sonido atravesó a Naruto directamente.
—¿En cuanto a usted? —preguntó a Kiba.
—No, nada.
—Correcto, les agradezco su tiempo. Se dio vuelta para irse.
—¿Quiere darme su tarjeta en caso de que me viniera algo a la memora? —preguntó el tipo. No, joder, Naruto no quería. Se llevó la mano al bolsillo como si buscara y sacudió su cabeza.
—Ah, di la última esta tarde. No se preocupe. Si entonces no vio nada no necesitaré contactarle de nuevo.
Mientras Naruto conducía su corazón se aligeraba más y más. Hinata estaba comprometida. No quería a Sasuke. Sasuke no la tendría incluso si ella lo quería. Ella había echado la última canita al aire y había atrapado a Sasuke en su red. Aunque Naruto se preguntaba cómo Sasuke había podido contactarla teniendo un novio en la reserva. Tal vez se había peleado con él en la fiesta y por eso se subió a la cerca. No importaba. Nada importaba porque Hinata Hyuga era historia.
Naruto no fue directamente a casa. Le había dicho a Sasuke que estaba de vigilancia así que tuvo que hacerlo realista. Se fue a la oficina, una productiva hora de trabajo administrativo, y volvió al apartamento.
Sasuke estaba echado sobre el sofá. Había una botella medio vacía de tequila junto a un cartón de zumo de naranja sobre la mesita de café.
—¿Estás borracho? —preguntó Naruto.
—No, completamente sobrio... completamente sobrio... Mierda.
Naruto se mordió el labio, tanto divertido como alarmado. En todo el tiempo que lo conocía, nunca antes había visto a Sasuke borracho. El tipo ya tenía suficiente cuerda sin tener que beber alcohol.
—Pensaba que estabas clavando estacas —masculló Sasuke. Naruto se rió.
—De vigilancia. Vi lo que necesitaba ver. Conclusión satisfactoria.- Sasuke estiró una temblorosa mano hacia la botella. Naruto la puso fuera de su alcance.
—Creo que ya tuviste bastante, amigo.- Sasuke parecía como si se lo fuera a discutir y luego cambió de idea. Naruto apartó las piernas de Sasuke y se sentó en el sofá junto a él.
—¿Qué te pasa?- Sasuke alzó la vista, mirándolo con sus ojos grandes, oscuros.
—Ya sabes qué coño pasa.
A Naruto se le encogió el estómago. No era posible que Sasuke supiera que lo había estado vigilando. ¿O sí?
—¿Hinata? —preguntó Naruto. Sasuke asintió.
—Fuiste a su apartamento —el corazón de Naruto palpitaba. En realidad no lo había formulado en forma de pregunta.
Sasuke asintió.
—¿Qué pasó?
—Un tipo abrió la puerta.
—Ah —tenía que ser el prometido que Naruto había visto. Sasuke echó otra vez la cabeza hacia el borde del sofá y gimió.
—Mierda, pensaba que... Joder, Ojalá la hubieras conocido, Naruto. Es tan mona. Es toda piernas y brazos y algo en ella me recuerda a mí. De hecho, joder, es clavadita a mí, solo que no. Te encantaría. Tanto cabello desordenado, pechos que se te deshacen en la boca, labios tan suaves y dulces, querrías comértelos. Estaba tan dispuesta, tan gentil.
—Tal vez no era lo que tenía que ser —dijo Naruto, pensando que eso tenía que ser lo más patético que había dicho en su vida. Sasuke se echó el brazo sobre los ojos.
—Ella era exactamente la adecuada.- ¿Qué? ¿Bajita y un poco rechoncha con una voz que podría rallar el queso? Naruto siempre pensó que le iban las altas de huesos pequeños, una mujer delicada.
—Alta y guapísima. De cabello largo y lacio, joder, era clavadita a mí. Jesús.- Naruto se obligó a seguir acariciando el muslo de Sasuke
—¿Tiene el pelo lacio?
—Como el mío pero un poco más zarrapastroso.- ¿Cómo el de Sasuke?
—¿Esto es posible?- Sasuke apartó el brazo para mirarlo. El pulso de Naruto brincaba. Algo no iba bien.
—¿El pelo de qué color?
—Como… como el mío.
—¿Negro?- Sasuke resopló. Naruto sumó dos más dos muy rápido. De acuerdo, tal vez le dieron cinco, pero tenía la sensación de que había sumado algo. Kiba Aburame había presentado a la mujer como señorita Hyuga. Naruto había asumido que era Hinata pero parecía probable que fuera su hermana, Hanabi. ¿Entonces el empleo de "señorita" había sido Para confundirlo a propósito? Si era así, ¿por qué? Y joder, ¿qué iba a hacer Naruto? Si le decía la verdad a Sasuke, se estaría metiendo de lleno en la mierda. Otra vez. Naruto miró al hombre que amaba. No tenía elección.
—El tipo que viste ¿era alto, de constitución parecida a la mía, pelo oscuro, camiseta azul, pantalones de traje? ¿Con leve acento del sur de Londres?
Sasuke se puso todo derecho. No dijo nada, solamente miró fijamente a Naruto y parpadeó.
Naruto suspiró.
—Su nombre es Kiba Aburame. Quise saber cómo era Hinata. Te vi ir a su apartamento, vi cómo te ibas poco después y tiraste las flores. Subí y pedí hablar con Hinata. Aburame contestó a la puerta y me presentó a su prometida.- Sasuke se puso rígido.
—Bonita mujer pero no hay modo de llamarla alta. Curvilínea y largo cabello rizado. Me imagino que era Hanabi Hyuga.
—Joder.
Naruto inspiró profundamente.
—Kiba. El bastardo de mierda —siseó Sasuke—. La puta conspiradora. Yo asumí que... oh, joder.
Naruto esperó a que Sasuke diera el siguiente paso. A pesar del exceso de alcohol, no le llevó mucho tiempo.
—¿Eres mi guardián? —preguntó Sasuke, sin un solo rastro de embriaguez.
—Yo... —Naruto quería decir que lo había hecho porque lo amaba pero no podía encontrar las palabras, no quería pronunciarlas sabiendo que Sasuke no le diría lo mismo.
—¿Pensaste que me lo guardaría para mí? ¿Qué te apartaría de mi vida?
Sí.
—No sé, Sasuke.
—Ella me habló de ese tipo. Él intenta joderle la vida. Es un acosador. Nunca salió con él, pero él finge que sí. Ahora está con su hermana e intenta darle celos a Hinata. Cuando lo vi, asumí que... Pero ¿su hermana está allí?
—Sí.
Sasuke se levantó.
—Quiero ver a Hinata.
—No esta noche. Es tarde. Estás bebido.- Sasuke se dejó caer otra vez en el sofá.
—De acuerdo. Mañana. ¿Puedes averiguar dónde trabaja?
—Probablemente.
—¿Lo harás? ¿Por favor? ¿Me llamarás?
La mandíbula de Naruto se apretó pero asintió.
—Ven aquí —dijo Sasuke. Naruto se colocó entre sus brazos. —Somos una pareja, Naruto. Nada hará cambiar eso.
Ojalá Naruto pudiera creérselo.
Chan, chan, chan, chaaaaaaaaaan. He aqui los cap... espero los disfrutara, no se preocupen que falta poco para lo bueno *risa maniatica*
