AlexisArtemiss esto va para ti, y para todos aquellos que lo pensaron: ¡mi lindo y precioso Percy no está relacionado ni por asomo con Christian Grey! (hace berrinche de niña chiquita)… Y si, entre otras respuestas que puedo darte una de tus teorías sobre cierto personaje es acertada pero, ¿cuál será? Hazte una cuenta y deja reviews de esa forma así te saco todas las dudas por PM (¡y esto también va para todos los que aún no tienen cuenta!)
Entre otras cosillas, les aviso que modifique en los capítulos anteriores el nombre del General (o sea el padre de Reyna). La razón: simple, Rick nos lo dijo en "La sangre del Olimpo". Les informo esto para que en el futuro, cuando vuelva a nombrarlo, no se sorprendan por el cambio.
La aclaración de los asteriscos (*) que hay en este capítulo se especifican al final. Pero no las lean hasta llegar a esas partes, o arruinaran la sorpresa.
Hasta que llegaste tú
-Conozco un excelente restaurante de comida italiana aquí en Brooklyn, ¿qué te parece si le digo a Grover que nos lleve allí?- dijo Percy en un leve susurro, para luego depositar una seguidilla de cortos besos en la base de su cuello -O mejor aún, ¿por qué no pedimos que nos den todo para llevar y lo comemos en mi apartamento?-
-Tentador, pero debemos ir a la fiesta- sentenció Annabeth al instante, y antes de que aquel truco barato de los besos lograra flanquear su auto-control alejó un poco su cuello para luego voltear su rostro y dedicarle un gesto reprobatorio acompañado de una sonrisa. -No me mires así, ya te prometí que dormiría allí así que da lo mismo ir ahora o más tarde-
En ese momento ambos se hallaban atravesando el río East con rumbo hacia el distrito de Brooklyn. El motivo: la fiesta de cumpleaños de una de las principales modelos de Olympus, Gwendolyn Harrison. No es que Annabeth tuviese mucho entusiasmo en asistir a dicho evento, porque sabía de antemano que aquello seria la típica fiesta neoyorquina en donde no faltarían las mujeres frívolas y los solteros presumidos, pero su amistad y lazos de trabajo para con la muchacha le impedían escaquearse... Aunque lamentablemente Percy no pensaba del mismo modo. Desde temprano venia insistiendo en que no asistiesen, y todo indicaba que estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de conseguirlo.
-Te equivocas, ¿sabes la de veces que soñé contigo durmiendo en mi cama? Voy a volverme loco de ansiedad en esa fiesta- soltó sin más el hombre de ojos verdes, logrando así que, por unos momentos, su novia bajase la guardia y se volteara para estudiar su rostro. Grave error. No pasaron ni dos segundos antes de que él usara su truco infalible, que no era otro que esa mueca triste de perrito apaleado que nadie podía resistir... Sin dudas, el haber recuperado su penthouse esa misma mañana tras la partida de su madre y Paul lo tenía muy ansioso. -Imagínate todo el tiempo que tendríamos si nos regresamos ahora-
-Por favor no lo hagas más difícil- replicó Annabeth en un suspiro de abatimiento, para luego taparse el rostro con las manos e impedir así que se estableciera contacto visual entre ellos... Esa maldita expresión era su debilidad, pero no pensaba ceder. Por supuesto que no. Ya había soportado bastante como para tirar la toalla estando tan solo a unas calles de distancia de la fiesta. Con aquella nueva determinación encontrada, destapó su rostro nuevamente y miró con gesto ceñudo a su novio. -Percy prometimos que esta relación no afectaría nuestro trabajo, y asistir a la fiesta de Gwen es parte de eso- a pesar de que intentaba mantenerse firma en su postura, la expresión de decepción en el rostro del aludido no estaba ayudándola demasiado así que, para animarlo un poco, agrego en un tono más dulce -Solo estaremos allí por un par de horas-
-De acuerdo, pero que quede claro que no aceptare ninguna clase de excusa- amenazó el pelinegro, quien ya parecía haberse recuperado de su inminente derrota, sin poder evitar esbozar esa sonrisa picaresca suya marca Jackson que, desde hacía años, era la kriptonita de Annabeth -Harás lo que yo diga- sin esperar siquiera algún tipo de respuesta atrapó los labio de la rubia en un acalorado y fogoso beso, al tiempo que sujetaba con firmeza su rostro con una de sus manos y arrinconaba su cuerpo contra el asiento del Maybach Laundalet. Pero apenas pasaron unos cuantos segundos antes de que ella se hiciese con el control de la situación y, aprovechando el aturdimiento de su novio, cortara el contacto de sus bocas y se posicionara, con un salto, a horcajadas sobre él.
-Te equivocas, esta noche yo pondré las reglas- tras decir aquello en un sensual y lento susurro junto a su oído, procedió a acariciar con el dorso de su mano el estupefacto rostro de su novio. Sin poder evitarlo, no pudo más que sonreír triunfal... Dioses, ahora entendía porque a Percy le gustaba tener el control. La sensación de éxtasis que se extendía por su cuerpo en esos momentos era demasiado placentera como para renunciar a ella.
De todas maneras, y para mala suerte de Annabeth, Percy no permaneció atontado por mucho tiempo y, cuando al fin logro salir de su estado de estupor, hizo algo que sinceramente no se esperaba. En un abrir y cerrar de ojos, tomó firme pero delicadamente su cintura, obligándola a recostarse sobre el tapizado de cuero, y luego le impidió levantarse posicionando ambas manos al lado de su cabeza e inclinando su pecho contra el suyo... Era una suerte que hubiese escogido para esa noche un vestido de falda corta pero abierta, porque de lo contrario la tela no hubiese resistido la posición que mantenía en esos momentos; es decir, con ambas piernas abiertas y flexionadas por entre las cuales se hallaba el torso de Percy.
Sin darle lugar a replicas o a contradecirlo volvió a atrapar sus labios en otro acalorado beso, al cual la mujer de ojos grises no pudo, ni quiso, negarse... ¿Y cómo hacerlo? Esa boca, por increíble que pareciera, era su perdición. Bastaba un simple roce para que alterara todos sus sentidos, así que algo más apasionado la ponía a volar a la estratosfera. Nunca había probado drogas o algo por el estilo, pero seguramente el famoso "subidón" al que todos los usuarios se referían se parecía a esto. Después de todo, ya consideraba a Percy su droga personal y exclusiva.
No supo muy bien cómo, pero cuando fue consciente descubrió que ya se encontraba desprendiendo el tercer botón de la camisa blanca que su novio vestía esa noche. De todos modos, y antes de que aquello llegase hasta un punto sin retorno, fue él quien poco a poco fue disminuyendo la intensidad del beso para luego cortar el contacto de sus labios y quitarse de encima, permitiendo así que Annabeth fuese libre para levantarse del asiento.
-No voy a comenzar algo que después no podamos terminar, y además antes de llegar a la fiesta me gustaría darte algo- dijo el hombre de ojos verdes bastante agitado, aunque sin poder borrar la sonrisa de su rostro. Tras esto, ella procedió a recuperar su posición anterior aunque no dejaba de observarlo con el ceño fruncido en clara señal de que no entendía a qué se refería. La respuesta no tardó en llegar puesto que, en ese instante, Percy extrajo una caja del compartimento delantero de la limusina y luego la deposito entre sus manos -Ten, feliz cumpleaños-
-Te dije que no quería ningún regalo- replicó la rubia en un tono mordaz, extendiendo nuevamente la caja hacia él con el propósito de regresarla... Había sido muy explícita con las reglas este año en lo que a su cumpleaños se refería, pero parecía que a nadie le había importado. Primero Thalia con su fiesta sorpresa, y ahora Percy con su obsequio, y no cualquier obsequio porque la caja de Tiffany hablaba por si sola.
A decir verdad, ya había pasado más de una semana desde la fecha de su cumpleaños. Debido al viaje de negocios por la costa oeste, ese año la celebración consistió en una cena junto a su familia en un restaurante del barrio chino de San Francisco y tras eso dio órdenes explicitas a sus amigos de que no se molestaran en organizar fiestas o buscar algún presente. Ya se sentía bastante dichosa de poseer su incondicional amistad, de manera que encontraba innecesario que gastasen su dinero en cosas materiales. Thalia, como siempre, no aceptó la negativa, y había organizado una fiesta sorpresa hacia unos días mintiendo que el propósito de la reunión era festejar su regreso de Londres. Tras aquello Annabeth pensó que nadie más quebrantaría las reglas, pero parecía que su novio no quería quedarse atrás.
-Lo sé, pero lo compré antes de tus advertencias y no puedo regresarlo- respondió el hombre de ojos verdes con diversión y negándose a recibir el paquete de nuevo, provocando así que ella suspirase derrotada pero esbozara también una sonrisa... Estaba claro que mentía, pero ahora eso mucho no le importaba. -No te lo di antes porque me pareció que necesitaba unas cuantas mejoras...- se apresuró a explicar Percy un tanto nervioso, mientras se rascaba la cabeza y bajaba un poco la mirada, conmoviéndola así por completo y sacándole una risita. – ¿Pero qué esperas? ¡Ábrelo!-
-Percy es precioso...- tras quitar el pequeño listón que envolvía la caja color coral y abrirla, Annabeth no pudo decir otra cosa aunque tras pensarlo mejor supo que aquel adjetivo se quedaba demasiado corto para describir al brazalete (*)... Era, sin dudas, la pieza más hermosa de Tiffany, después del "Corazón de Invierno" claro, que hubiese visto. En sí su diseño era simple, ya que tenía intrincado alrededor unos números romanos en sobre-relieve y en el centro tres pequeños diamantes, pero lo que la hacía especial era el material principal del que estaba hecha: solido oro rosa- No debiste...-
-Oh si, por supuesto que debía- la cortó Percy al instante, luciendo una radiante sonrisa al ver el estado de estupor en el que aún se encontraba su acompañante -Lee la inscripción interna-
-Till there was you... (**)- pronunció en voz alta, luego de retirar la pieza del estuche y examinarla bajo las luces de Brooklyn que ingresaban desde el exterior. Tardó unos segundos en procesar aquella frase, y cuando al fin creyó entender su significado le dedicó una sonrisa a Percy y se atrevió a preguntar -¿Es por la canción?-
-Recuerdo que cada vez que te recogía para ir al instituto insistías en que la escucháramos en mi auto, y nunca pude entender su significado... Bueno, no hasta ahora- explicó él luego de asentir con la cabeza ante la pregunta; acto seguido tomó el brazalete entre sus manos y con mucha delicadeza procedió a colocarlo en la muñeca de su nueva dueña -Desde que estoy contigo me siento el hombre más feliz del mundo, y creo que eso hace que vea todo desde otra perspectiva- tras aquellas palabras, Annabeth no pudo más que acariciar enternecida su rostro -Sé que solíamos escuchar mejores baladas pero...-
-Es perfecta- le interrumpió ella al instante, al tiempo que una lagrima rodaba por su mejilla derecha. Ni lento ni perezoso, él se apresuró a limpiarla con el dorso de su mano y, aprovechando el momento, continúo acariciando su rostro. -Muchas gracias-
Lentamente, y sin dejar de intercambiar una mirada cómplice, Percy comenzó a acercarse hasta su boca pero, justo cuando ambas estaban a tan solo milímetros de distancia, la limusina detuvo su marcha. No hizo otra cosa que maldecir, puesto que ya habían llegado a su destino y eso significaba dejar de nuevo las cosas a medio terminar, mas, para que no se quedara con las ganas, ella le robo un rápido beso. Esto mejoro notablemente su humor y, una vez que ambos constataron que tenían un aspecto decente, abandonaron el vehículo.
Como lo supuso Annabeth, la entrada estaba atestada de paparazzis y reporteros que fotografiaban e intentaban entrevistar a cuanta persona famosa intentara ingresar al club nocturno elegido por Gwen para llevar a cabo su fiesta. Por supuesto que Percy no fue la excepción, ya que ni bien lo vieron llegar del brazo de su "mejor amiga" fue rodeado por un puñado de esos buitres, pero por suerte una rápida intervención de los hombres de seguridad que resguardaban la puerta principal logro evitarles el mal trago. Una vez dentro del recinto, intercambiaron una rápida sonrisa y comenzaron a abrirse paso entre la gran cantidad de invitados.
Aunque por fuera la discreta entrada del Fancy Club diese la impresión que era un pequeño recoveco de Williamsburg, en su interior todo era completamente diferente. Luego de pasar un vestíbulo tenuemente iluminado y descender por unas amplias escaleras, se llegaba hasta la pista principal donde un disc-jockey, ubicado discretamente en un rincón del lugar, hacia vibrar a todos con los últimos éxitos del verano. Desde allí, escalinatas situadas a los laterales del salón permitían ascender hasta la pista superior y la azotea. En la parte posterior otras escaleras ascendían hasta un pared de cristal junto a una puerta del mismo material dejaban al descubierto un sector de reservados junto a diversas mesas, que constantemente eran abastecidas por camareros; todo indicaba que allí no se oía la estrambótica música de la pista principal, puesto que los invitados charlaban y lucían más calmados. Por último, y desperdigados en varios sectores del club, los barmans servían a los invitados diversos tragos en las barras del club.
La baja luz azulada que iluminaba toda la pista principal impedía apreciar con detalle la decoración básica del lugar, pero, gracias a luces blancas de iluminación constante, podían verse diversas fotos de Gwen en varios de los muros; en la mayoría de ellas lucia diversos trajes de baño, más aun así todas tenían una temática diferente.
Aprovechando la cantidad de gente que abarrotaba la pista y la poca iluminación, Percy sujetó firme pero delicadamente la mano de Annabeth, para así guiarla entre la multitud en dirección hacia los reservados. Pero, justo antes de que pudiesen ingresar a dicho sector, alguien se aferró fuertemente al brazo del pelinegro y comenzó a jalar de él en sentido opuesto, como si quisiera llevarlo de nuevo al centro de la pista. Al instante, y antes de que cualquiera lo notase, dejo libre la mano de su novia y se volteó para enfrentar a dicha persona.
-¡Al fin llegas cariño! Me moría de ganas por bailar contigo- anunció Drew Tanaka con picardía, dedicándole a Percy una mirada seductora y una de esas sonrisas suyas que siempre indicaban problemas. En el acto, él intento desesperadamente y con todas sus fuerzas desprenderse de aquel agarre pero, sin éxito, pronto se vio arrastrado en compañía de la mujer hacia el centro de la pista. Antes de perderse entre la multitud, le dedicó un gesto de disculpa junto a una sonrisa forzada.
Todo sucedió tan rápido que la mente de Annabeth demoró unos cuantos segundos en procesar la situación. Percy, quien por cierto era SU novio, se había marchado con Drew. Con Drew, aquella maldita modelo a la que no soportaba ver siquiera fotos por el simple hecho de que no perdía oportunidad para coquetear con el hombre que amaba; aquella arpía desalmada que infinidad de veces logró colmarle la paciencia con sus caprichos y exigencias; aquella bruja que, seguramente, era hija del mismísimo demonio... En fin. El asunto era que, con sus malditas garras, esa mujer había conseguido llevarse a Percy. Y, para variar, él tampoco hizo algo para detenerla. Aquel descubrimiento provocó que la ira se apoderase de su cuerpo. No iba a dejar que esa mujerzuela ganara de nuevo, y le importaba muy poco lo que su novio pensase al respecto. Drew Tanaka se enteraría con quien se estaba metiendo.
Lamentablemente, antes de que pudiese encaminarse al centro de la pista, alguien tiró de su brazo obligándola a ascender por las escaleras hacia la puerta de cristal que comunicaba con el salón posterior. Al principio intento negarse, mas al ver que la persona en cuestión tenía una peculiar y conocida mata de cabello pelirrojo dejó de poner resistencia.
-¿Me parece a mí o casi te vas encima de Drew?- comentó Rachel en un tono burlón y sin dejar de sonreír, cuando ambas estuvieron alejadas de aquella ruidosa y sofocante multitud que bailaba al ritmo de la música en el sector principal del Fancy Club.
-Cuando la encuentre juro que no pienso contenerme- replicó la rubia, aun bastante molesta, mientras aprovechaba la altura a la que se hallaban para buscar así alguna señal de la susodicha o bien de Percy… De seguro que, con la cantidad de personas apiñadas allí abajo, no podían estar muy lejos, aunque aquello también era una desventaja puesto que impedían la visión y además las luces bajas tampoco eran de gran ayuda.
-Cariño yo más que nadie amaría ver como alguien la pone en su lugar, pero de preferencia desearía que ese alguien no fueras tú- tras aquella afirmación Annabeth giró para observarla dedicándole una mueca de confusión e incertidumbre, a lo cual la pelirroja correspondió con una sonrisa; acto seguido, procedió a acomodarle algunos mechones rebeldes de su rubio cabello tras de su oreja -Vales mucho más que esa prostituta, así que ya quédate tranquila porque te aseguro que ni con todas sus tretas conseguirá que Percy le siga su jueguito- de repente, sintió que toda su ira se desvanecía y, sin darse cuenta, comenzaba a esbozar una sonrisa… Era por este tipo de cosas que quería a su mejor amiga. Rachel Elizabeth Dare siempre sabía que decir o hacer para que se sintiera mejor, y era una de las pocas personas que no temía combatir contra su mal humor. -Ahora vamos que necesito presentarte a un amigo mío-
-¿Amigo? Pero si ya no es necesario- replicó la mujer de ojos grises confundida, al tiempo de que la pelirroja sujetaba su muñeca derecha y la obligaba a avanzar hacia las mesas laterales.
-Me dijiste que van a mantener todo en secreto, así que es buena idea que la gente los vea con otras personas- aunque el plan no le gustara demasiado, Annabeth tenía que aceptar que aquello sonaba bastante lógico… Últimamente, tras lo sucedido durante la subasta solidaria, algunos reporteros habían comenzado a especular sobre la "cercana" relación que Percy mantenía con ella, y si a alguno de ellos se le ocurría ahondar más en el asunto puede que terminase descubriendo la verdad. En este contexto, la idea de Rachel no sonaba tan descabellada. Al menos así, lograrían desviar un poco la atención -Además Percy necesita una probadita de su propia medicina- agregó luego, con un tono malicioso y una pícara sonrisa.
-De acuerdo, pero primero vamos por un trago- aceptó la rubia, quien de repente había encontrado bastante interesante aquel último argumento, mas, antes de poder dar un paso, fue obligada a detenerse por Rachel, quien examinaba detenidamente su muñeca.
-Whoa, ¿no me dijiste que te mantendrías alejada de Tiffany por un tiempo?- comentó la pelirroja confundida, sin dejar de observar minuciosamente el brazalete de oro rosa que Percy le había regalado minutos antes. Ante aquella pregunta, Annabeth únicamente atinó a dedicarle un guiño y una radiante sonrisa… Pues sí, ella misma había afirmado que, tras obtener "El corazón de invierno", no se acercaría a aquella casa de joyería por una buena temporada, pero eso no significaba negarse a aceptar regalos de allí.
-No fui yo quien la eligió- respondió de forma enigmática, logrando que el rostro de su mejor amia se contrajera aún más. Pasaron los segundos, y cuando al fin logró salir de su estado de aturdimiento y comprendió a que se refería, tapó su boca con una mano de la sorpresa.-Y eso que aún no viste la inscripción interna-
-Me lo contaras todo en la barra, ¡ahora!- soltó Rachel emocionada, y sin perder un segundo más la obligó a encaminarse a dicho lugar. Annabeth solo se limitó a seguirla, al tiempo que soltaba un suspiro y sonreía para sus adentros… Definitivamente esta sería una larga noche.
¿Desde cuándo el polvo las había invadido? Esta era una de las preguntas que retumbaba por la mente de Piper mientras pulía, ya por tercera vez, el buró lateral en el que se hallaban depositadas fotos suyas y de su mejor amiga. Pareciera que, aunque utilizara el mejor producto de limpieza que había conseguido, la suciedad no dejaría ese viejo mueble de segunda mano. Y no solo se trataba del buró, ya que tenía la sensación de que todos los rincones del departamento aún continuaban sucios pese a que se había pasado la tarde entera limpiando junto a Silena.
Al tiempo que Michael Bublé empezaba a interpretar uno de sus nuevos éxitos por el equipo de música, Piper soltó un largo suspiro de resignación y arrojó sobre el suelo la franela que estaba usando… De seguro los nervios ya estaban jugándole una mala pasada y veía polvo donde no lo había. Era prácticamente imposible que, después una limpieza "estilo McLean" como solía llamarle, el apartamento continuase sucio. La tarde anterior hizo un viaje hasta un hipermercado de Lower East Side y llenó su carrito con la más variada cantidad de productos de limpieza, los cuales luego empleó casi por completo durante el día. En teoría tendría que haber limpiado exhaustivamente sólo la sala, pero su sentido del orden, o quizás su nerviosismo, la llevó a pulir cada rincón de su reciente hogar.
El motivo de tanto alboroto no podía ser otro que la misma razón por la que ya llevaba varios días sin conciliar el sueño: Jason Grace. Tras todas las citas a las que él mismo la invitó durante la semana, el día anterior ella había decidido dar el siguiente paso e invitarlo a una cena preparada por ella misma en su departamento. Por supuesto que Jason aceptó la invitación encantado, y su aparición en el lugar estaba programada para las ocho de la noche… para lo cual tan sólo faltaban unos cuantos minutos.
Mentiría si dijera que no se hallaba ansiosa, o más bien, nerviosa por la llegada del rubio. En estos días había llegado a conocerlo en mayor profundidad, y con eso tan sólo había reformado su teoría de que era un hombre muy particular, en el buen sentido de la palabra claro. La mayoría del tiempo se mostraba algo tímido, cosa que encontraba de lo más adorable, pero de a momentos salía a relucir un lado seductor y decidido que despertaba en ella un deseo que hasta entonces había desconocido poseer. A eso había que sumarle que era atento, caballeroso, un tanto divertido y, por sobre todas las cosas, sincero. Esta era quizás la característica que más le importaba, y estaba muy feliz de que se aplicara a Jason… Había esperado mucho tiempo el poder conocer a un hombre así, que le devolviera la confianza en el sexo opuesto.
Regresó a la realidad, cuando, de repente, el ruido de algo estampándose contra el suelo se escuchó por encima de la música, a lo que siguió una maldición de Silena con respecto a su alhajero. Tras aquello, Piper no hizo más que soltar una risita y negar con la cabeza… De seguro su amiga dejaría el cuarto patas arriba. Y es que, siempre que tenía que alistarse para salir, dejaba el sitio hecho un desastre. Sabiendo que el ver aquel lio la pondría de los nervios, la castaña opto por recoger nuevamente la franela y buscar algo para pulir… de nuevo.
-Ya relájate McLean, este lugar no puede quedar más limpio de lo que está...- comentó Silena de repente, apareciendo desde el pasillo que conectaba la sala con las habitaciones, al tiempo que se colocaba unos pendientes plateados en sus orejas.
-No continúo limpiando por esa razón- replicó Piper dedicándole una mirada severa junto a una sonrisa, esta vez puliendo una de las piezas del antiguo juego de té que reposaba sobre el aparador principal de la sala.
Si no fuese porque tenía la cabeza en otros asuntos, se habría quedado estupefacta al ver a su mejor amiga. Podía andar en pijama y aun verse bien, pero esa noche Silena lucia bellísima. El vestido negro que portaba no tenía algún detalle o diseño significativo, pero al ser ajustado y algo corto, aunque no vulgar, resaltaba a la perfección cada una de sus curvas. A eso se sumaban sus sandalias negras de tacón aguja, que en realidad había tomado prestadas de Piper, su maquillaje y aquel peinado que se había hecho. Seguramente el tal Charles, o Charlie como su amiga lo llamaba, se volvería loco con tan solo verla. Aun no lo conocía, pero debía de gustarle demasiado a Silena como para que ella se tomara tantas molestias en arreglarse y escoger que ponerse; de seguro tanto como a ella le gustaba…
-Prométeme que lo trataras bien- soltó de repente la más joven, arrojando sobre el aparador la franela y dedicándole una mirada de ansiedad a la chica de ojos azules. Este, sin dudas, era uno de los temas que más le preocupaban: la presentación entre Jason y Silena.
-¡Hey, me ofendes! ¿Acaso no fui un encanto con todos los pretendientes que te buscaban en nuestro dormitorio de Stanford?- rebatió al instante la modelo, con cierto dramatismo aunque también con un ápice de broma, mientras le dedicaba una sonrisa de lo más angelical que cualquiera pensaría que era una santa… menos su mejor amiga, claro está.
-Si por encanto se entiende a que les arrojabas las flores que me traían a la cara o los mandabas a volar, pues sí: eras la amabilidad personificada- esta era una forma muy resumida, y leve, de recordar todo lo acontecido durante su vida universitaria. Silena les había hecho pasar las mil y una a varios de sus pretendientes, sobre todo al momento de conocerlos.
-Que conste que hice eso solo una vez, porque sabía de antemano que Taylor Keegan solo buscaba acostarse contigo- argumentó la chica de ojos azules con decisión, mientras se dejaba caer sobre el sofá de la sala, recibiendo así una mirada irónica de Piper por lo que agregó -Al igual que Michael Fields, y Austin Pierce... y Andrew Clark, aunque luego lo pensé mejor y puede que Andrew si tuviese buenas intenciones- al tiempo que Silena se perdia entre sus divagaciones y teorías, con la mención de aquellos nombres su mejor amiga recordó su época de novata universitaria y la melancolía intento invadirla nuevamente… sin duda, había cosas que prefería no recordar. -Pero ya, el punto es hice eso solo para protegerte-
-Ya lo sé, y de verdad aprecio mucho que me cuidaras tanto durante esos dos años, pero por favor no cometas ninguna tontería esta noche- rogó la hija de Tristan McLean uniéndose a ella en el sofá, mientras una sonrisa nerviosa y el rubor invadía sus mejillas. -Jason me gusta demasiado, y además conociéndote estoy segura de que vas a aprobarlo- a decir verdad, estaba aterrada por la idea de que ella no lo aprobara… Silena era lo más parecido que tenía a una hermana mayor, y le importaba demasiado su opinión. Además, cuando de los pretendientes de Piper se trataba, ella siempre lograba emitir un juicio imparcial y objetivo que rara vez era equivoco.
-No te adelantes a los hechos, McLean- respondió enigmáticamente, logrando así que el rostro de la susodicha palideciera al instante. A modo de réplica, la chica de ojos azules soltó una carcajada, en señal de que aquello tan solo era una broma, antes de agregar -En serio, relájate porque sé que esto es importante para ti así que prometo comportarme- tras aquello entrelazó su dedo meñique con el de su mejor amiga sellando así su promesa, como antaño solían hacerlo en Stanford cuando se trataba de algo verdaderamente importante. -Aunque si noto algo raro no dudare en decírtelo- agregó luego con un guiño, a lo cual Piper no hizo otra cosa que asentir e intercambiar una sonrisa. En ese momento, alguien llamó a la puerta. -Muy bien, que empiece el show-
Mientras Silena frotaba sus manos y lucia en su rostro una sonrisa problemática que no podía presagiar algo bueno, la castaña dejó el sofá de un salto y se dirigió a la puerta principal del apartamento. Justo cuando se disponía a abrir, su mejor amiga le arrojo la franela pero, antes de que ella se quejara, vio que señalaba a su cintura. En el acto, Piper bajó la vista y entendió a que se refería: de tan distraída que estaba olvido quitarse el delantal de cocina que llevaba con el propósito de no manchar su vestido mientras limpiaba. Rápidamente lo desamarró y se lo arrojó a Silena junto con la franela para que se encargara de ellos, a lo cual luego procedió, por fin, a abrir la puerta.
Allí estaba él, bajo la tenue luz del pasillo principal, luciendo un tanto nervioso y un poquitín ruborizado, seguramente por la reticente mirada que el portero del edificio le dedicaba a pesar de haberlo dejado entrar. Con un asentimiento, Piper le indico al hombre que no había problema a lo cual este regreso a sus ocupaciones y ella a sus asuntos.
-Jason- dijo en un susurro a modo de saludo, dedicándole luego una radiante y amplia sonrisa… No podía evitarlo. Últimamente solo bastaba verlo para que hiciera eso.
-Hola Piper- respondió el al instante, contagiándose de su mueca y dedicándole el mismo gesto. Estuvieron así, intercambiando sonrisas por unos segundos hasta que Jason despertó confundido de su estado de aturdimiento y estiró ambas manos con el propósito de darle el paquete que traía. -E-es para ti- agregó nervioso, mientras se rascaba la cabeza y le dedicaba una tímida sonrisa ¿podía ser más adorable? Si no fuera porque le encantaba verlo así, Piper ya se habría arrojado encima suyo y le abría robado un beso; de modo que solo se conformó con aceptar el presente. -No sabía si preferías los chocolates o los dulces así que le pedí a la encargada de la tienda que pusiera un poco de ambos en la caja-
-Eres un encanto, pero de verdad no tendrías que haberte molestado- aseveró ella con franqueza y un poco de timidez, mientras jugueteaba con el listón rojo que cerraba la caja de Sweet on America y centraba su vista en el suelo. Fue entonces, cuando Jason se acercó un poco y tomo su mentón con mucha delicadeza obligándola así a mirarlo.
-No fue nada- sin proponérselo ambos retomaron ese juego de intercambiar sonrisas, aunque esta vez la corta distancia que los separaba los animo a acercarse aún más y buscar unir sus labios en un beso… Pero, antes de conseguirlo, fueron extraídos de su burbuja por una risita que provino del interior.
-¡Pero que modales los míos!, pasa por favor – dijo Piper de repente, cuando aquel gesto de su mejor amiga le hizo recordar a donde y porque estaban allí. Con las mejillas algo ruborizadas por tal descuido, se hizo a un lado y le permitió la entrada al rubio.
Mientras él se quitaba la chaqueta para dejarla colgada sobre el perchero situado junto a la puerta, la castaña se volteó hasta el buró y deposito allí la caja de dulces. Aunque con los nervios que sentía, sinceramente prefería continuar jugueteando con el listón de la misma… La hora de la verdad había llegado. Estaba a punto de presentar a su casi hermana con el neoyorquino que había logrado conquistarla. En ese momento, y más que nunca, rogó que las cosas resultasen bien, puesto que sino temía que él terminase con la caja de Sweet on America estampada en la cabeza.
-Jason, quisiera presentarte a mi mejor amiga y compañera de piso...- inició Piper con una nerviosa sonrisa, justo cuando el aludido se volteaba tras dejar su abrigo, aunque no alcanzó a terminar puesto que, como si aquella fuese la señal que había estado esperando, su mejor amiga se adelantó extendiendo su mano hacia el recién llegado.
-Silena Beauregard- soltó la chica de ojos azules, luciendo una sonrisa y mirado con curiosidad el rostro de Jason. Puede que cualquiera pensase que tan solo estaba presentándose, pero Piper sabía que bajo esa fachada de inocencia y amabilidad ella estaba estudiando atentamente cada uno de sus movimientos.
-Es un placer, soy Jason Grace- tras aquello, él estrecho su mano y le dedico, lo que la chica de ojos miel pensaba, una sonrisa… Y es que lucía nervioso. Observándolo con detenimiento, podía afirmar que Jason se veía más nervioso y preocupado por la presentación que ella. Seguro eso se debía a que, en el transcurso de la semana, había mencionado varias veces lo sobreprotectora que Silena podía llegar a ser cuando se trataba de ella. Aunque, también claro, podía deberse al hecho de que su mejor amiga no dejaba de observarlo descaradamente. -Piper me ha hablado mucho de ti-
-Quiero creer que fueron cosas buenas- comentó ella amenazante más sin borrar la sonrisa de su rostro, aunque antes de que alguno de los dos pudiese responder algo el claxon de un auto fuera del apartamento interrumpió la charla.-Bueno, no es que me guste dejar conversaciones a medias pero ya tengo que irme- bajo la mirada de la pareja, se acercó hasta la mesa principal de la sala y recogió de allí una diminuta cartera negra que tenía estampado el logo de Gucci y su juego de llaves. -Confió en que podrán comportarse mientras no estoy, ¿correcto?-
-Silena...- lo sabía. Había intuido que, tarde o temprano, su amiga lanzaría uno de esos comentarios con doble sentido a fin de incomodarla y divertirse a su costa. Porque así era ella: en un momento esa hermana sobreprotectora que toda chica desearía tener, y al otro esa hermana que disfrutaba incordiarte frente al chico que te gustaba.
-Ya McLean, solo estaba bromeando- respondió divertida dedicándole a la susodicha un guiño, al tiempo ésta la miraba con reproche indicándole que no era el momento ni el lugar para esa clase de bromas. Aun así, esto no detuvo a la modelo puesto que, antes de abrir la puerta principal para salir, se volteó y agregó-Tienen mi completa autorización para hacer lo que quieran y donde quieran, aunque si quieren mi opinión personal les recomiendo el sofá de la sala porque...-
-¡Adiós Silena!- la cortó Piper al instante, sintiendo su rostro arder por la cantidad de sangre que estaba acumulándose en sus mejillas. Con una rápida miradita lateral pudo comprobar que Jason se hallaba igual, aunque además él no quitaba la vista del suelo.
-¡Te ves tan tierna así de sonrojada, McLean- quería a su mejor amiga, pero en estos momentos lo único que deseaba era que desapareciera por esa puerta y los dejara cenar en paz. Sabía que los comentarios no eran malintencionados, y a decir verdad supo de antemano que tendría que enfrentarse a ellos tarde o temprano, pero aun desconocía que postura tomaría el recién llegado al respecto. -Que pasen buena noche tortolitos- se despidió, por fin, Silena antes de perderse por la puerta de madera y cerrarla tras su paso, dejando a la pareja en un incómodo silencio.
-Discúlpala, a veces dice cada cosa...- empezó la chica apenada, sintiendo como el rubor se negaba a abandonar su rostro, mientras se volteaba en dirección al rubio.
-Descuida, Leo es peor... mucho peor- acotó Jason en un suspiro, como si diera a entender que estaba acostumbrado a esta clase de situaciones, para luego dedicarle una sonrisa. -Por cierto, te ves preciosa con ese vestido-
-Gracias, aunque la verdad no es gran cosa- a diferencia de Silena, y por la sencillez que tendría la cita de esa noche, Piper había optado por un vestido veraniego blanco que tenía flores en diversos colores estampadas. El modelo no resaltaba demasiado, puesto que era ajustado hasta poco más arriba de la cintura y luego se abría en una falta suelta, más en la parte posterior dejaba al descubierto gran parte de su espalda. Su pelo caía libre como siempre, apenas se había aplicado maquillaje y las sandalias blancas que traía puestas no era la gran cosa… A decir verdad, ahora que lo pensaba era la primera vez que no se esmeraba tanto en arreglarse para una cita con Jason. Ese día, la mayor de sus preocupaciones había sido dejar el apartamento limpio.
-Cuando sonríes de esa forma no puedo evitar el querer...-comentó de repente, observando embelesado la sonrisa que, sin proponérselo, ella había esbozado.
La castaña buscó su mirada, mas no logro encontrarla puesto que esta se hallaba posada fijamente en, lo que ella creía, sus labios… Jason parecía hipnotizado. En unos cuantos segundos acortó la distancia que lo separaba y sujetó su cintura con firmeza pero de forma delicada. Ella, haciendo lo propio, entrecruzó sus manos por detrás de su cuello y, lentamente, acarició aquella zona junto a su corto cabello. Sabía lo que vendría a continuación, y sería una tremenda mentira el decir que no lo deseaba. Desde que lo vio allí parado en entrada quería besarlo.
Lentamente, y como si de repente él fuese consciente de lo que estaba haciendo, el rubio buscó su mirada, como si esa fuera su manera de pedirle permiso para lo que tenía planeado. Piper atino a pararse en puntas de pie y juntar su frente con la suya, sin borrar aquella sonrisa de chica enamorada que últimamente vivía dedicándole cada vez que estaban a solas. Como si aquella fuese la señal que había estado esperando, Jason no tardó en inclinar un poco su rostro a fin de unir sus labios con los de ella… aunque antes de que pudiera hacerlo, algo los interrumpió otra vez.
-La cena esta lista- comentó la castaña divertida, haciendo alusión a que aquel sonido que provenía de la cocina y que los había interrumpido no era otra cosa que el timer que controlaba el tiempo de cocción de la cena. El abogado únicamente atinó a suspirar vencido y cerrar los ojos, aunque no por eso pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa… De seguro, y al ser ya el segundo intento, el pobre de Jason pensaba que algo siempre los interrumpiría durante la velada. Para demostrarle que aquello no era así, Piper se apresuró a robarle un rápido beso antes de agregar. -Siéntate, enseguida regreso-
Así, dejándolo en un estado de aturdimiento que ella encontraba de lo más divertido, se dirigió a la cocina para retirar del fuego la comida. Esa noche, había optado por preparar un plato tradicional dentro de su familia y que esperaba fuese del agrado de su invitado. Se apresuró a servir todo en los platos de porcelana que Silena guardaba para ocasiones especiales, y, antes de tomarlos a fin de volver a la sala, comprobó que el postre para más tarde ya hubiese adquirido la consistencia necesaria.
-¡Voila! He aquí mi famoso risotto con gambas del que tanto te he hablado- comentó Piper a su regreso, mientras depositaba frente al rubio una porción de su platillo. Él ya se había sentado en la cabecera de la mesa, y hasta intuyendo el propósito de las velas junto a unos cerillos, que descansaban en el candelero cerca de la botella de vino, las había encendido para luego apagar la luz principal de la sala. Así el resplandor proveniente del pasillo principal y la música de fondo, que aún continuaba sonando por el equipo de música, le daban un toque romántico al lugar .
-Pues tiene una pinta estupenda, y también un aroma delicioso- respondió Jason impresionado, justo al tiempo que ella dejaba esta vez su plato sobre la mesa y se disponía a sentarse junto a él. Como si de un rayo se tratase, su invitado rápidamente se levantó y le ayudo a sentarse acomodando su silla, gesto al cual ella correspondió con una sonrisa. Una vez que ambos estuvieron ubicados, la cena dio inicio. -¡Piper esto está sensacional! Mis papilas gustativas se sienten en los Campos Elíseos-
-Menos mal que te gustó, porque es un plato típico de los McLean y no te hubiese perdonado que los rechazaras- aunque aquello sonó como una amenaza, la sonrisa picaresca de su rostro delataba sus verdaderas intenciones y claro está que él logro captarlas.
-No podría aunque quisiera, después de todo lo hiciste tú- dijo con sinceridad, dedicándole a su anfitriona una mirada que logro ruborizarla por completo e hizo que bajara la vista un tanto apenada. Para que se relajara nuevamente, el hombre de ojos azules agregó. -Diseñas, coses, cantas, bailas y hasta cocinas de maravillas, ¿hay algo en lo que no seas buena?-
-Creo que la repostería es mi punto débil, así que le pedí a Silena que se encargara de eso- confesó Piper a modo de disculpa, luciendo una sonrisa inocente que no tardó en sacar una pequeña risa a Jason.
-Bueno, al menos así ya no me siento tan inútil- esta vez, fue el turno de ella de reír aunque sabía que él solo estaba siendo modesto con sus habilidades. Con sus encuentros y conversaciones anteriores le había bastad para saber que no era alguien inútil, y que además conseguía todo aquello que se propusiese.
La cena transcurrió, como cada vez que salían juntos, entre risas, conversaciones y algún que otro comentario seductor por parte de ambos. Piper encontraba increíble que, a pesar de que llevaban los últimos días viéndose a diario, aun tuviesen cosas de las cuales charlar. Siempre quedaba alguna anécdota por contar, o se enfrascaban en alguna discusión sobre un tema actual y terminaba hablando de ello por un largo tiempo hasta que alguno de los dos se quedaba sin argumento y cedía al victoria al otro. Generalmente era ella la ganadora, aunque tenía la sensación de que Jason la dejaba ganar a propósito.
Sin darse cuenta ambos terminaron con el risotto y casi toda la botella de vino, por lo que pronto degustaron el postre: un mousse de chocolate servido en copas individuales y decorado con fresas, menta y un poco de crema batida. No es necesario decir que acabaron aquel manjar en pocos minutos.
-Felicita a Silena de mi parte cuando regrese, ese mousse estaba delicioso- comentó Jason con satisfacción y sonriente, al tiempo que dejaba a un lado la copa del postre vacía.
-Descuida, lo haré- aseveró Piper devolviéndole la sonrisa, y en vistas de que aún quedaban varios recipientes con mousse dentro del refrigerador se aventuró a preguntar. -¿Quieres un poco más?- pensando que quizás la respuesta seria un sí intento levantarse de la mesa para dirigirse a la cocina, más el rubio la detuvo sosteniendo su mano por encima de la mesa.
-No, de seguir comiendo ya no podría moverme y eso sería un problema- dijo enigmáticamente, sin dejar de acariciar uno a uno sus dedos, logrando así que una mueca de confusión se instalase en el rostro de su anfitriona. -Desde la gala benéfica tengo ganas de bailar contigo otra vez, y creo que ahora es una buena oportunidad- aquella confesión la tomó por sorpresa, aunque tampoco tuvo mucho tiempo para analizarla puesto que al instante Jason se puso de pie a su lado y le tendió una de sus manos -¿Me harías el honor de acompañarme en esta pieza, Piper?-
-Seria todo un placer- era como vivir un sueño; un sueño del que nunca quería despertar. Estos últimos días junto a él parecían salidos de una novela rosa. Cuando pensaba que ya nada podía sorprenderla o hacerla más feliz ¡zas!, Jason hacia o decía algo completamente inesperado.
Al ritmo de Wonderful Tonight, uno de los clásicos de Eric Clapton, comenzaron a mecerse lentamente por espacio dispuesto entre la mesa y el sofá de la sala. Esta vez, a diferencia de cuando bailaron juntos en el evento de Olympus, la distancia entre sus cuerpos era mínima. Él, así de respetuoso como era, abrazaba con mucha delicadeza su cintura sin atreverse a poner sus manos más debajo de esa zona; ella, manteniendo una sonrisa que su compañero no veía, se abrazó a su espalda y depositó su cabeza en su pecho.
-¿Te he dicho ya que eres preciosa?- soltó Jason de repente junto a su oído, provocando así que saliera de su estado de letargo y alzara la vista hacia su rostro.
-Sí, creo que un par de veces esta semana- replicó ella con un poco de altanería y picardía, logrando así que el rubio alzara una ceja en pero esbozara una seductora sonrisa… Sin dudas, no se había esperado aquella respuesta.
-Pues voy a repetirlo: eres preciosa Piper McLean- dijo aquello sin más, esta vez con completa seriedad y sin dejar de mirarla con esos ojos azules que lograban quitarle el aliento… Eran hipnóticos. Cuando el enfocaba su vista de esa forma le era muy difícil concentrarse en otra cosa, por lo que hizo un gran esfuerzo en escuchar lo que le decía. -Y no solo eso, también inteligente, simpática y divertida. Creo que eso te convierte en la mujer perfecta-
-Pero que cosas dices, Jason...- en el acto sintió sus mejillas arder, e inconscientemente enfocó su mirada en el suelo. Definitivamente no se había esperado esta respuesta.
-La verdad- la cortó el al instante, dejando de repente de mecerse al ritmo de la música y soltando la cintura de la castaña. Acto seguido elevó su rostro con su mano derecha obligándola así a mirarlo de frente, mientras que con la izquierda entrelazo sus dedos con los de ella. -Llevamos poco tiempo de conocernos, pero aun así creo que es tiempo suficiente para saber que...-
No pudo terminar la frase. Quizás por los nervios, que salían a relucir por la forma en que sudaba y el leve rubor en su cara; o quizás por temor a que aquello arruinara el momento. Piper sinceramente no sabía que esperar de todo ello, pero para infundirle un poco de valor acarició lentamente sus dedos entrelazados y le dedicó una tranquilizadora sonrisa. Estaba ansiosa por escuchar el resto, a tal punto que su corazón había empezado a latir rápidamente, pero no quería presionarlo.
-Para saber que tú me gustas, y me gustas demasiado- confesó a los pocos segundos en un suspiro, como si al fin se hubiese librado de un gran peso que venía oprimiendo su pecho.
Al oír esto, Piper sintió ganas de salir… Salir y gritarle a todo Manhattan, o mejor dicho a toda New York, que era la mujer más feliz del mundo. Que al fin había encontrado a un hombre en el cual confiar y que valiese la pena. Que a pesar de lo difícil que pudiese parecer, el amor existía y se podía encontrar en los lugares menos esperados… ¡Dioses! Quería decir tantas cosas que le tomaría un tiempo enumerarlas todas. Pero, por sobre todas las cosas, quería expresarle a Jason sus sentimientos, tal cual él lo estaba haciendo en esos momentos. Aun así, sabía que debía dejarlo continuar y esperar a que fuese su turno para hacerlo.
Para que no tomase su silencio como un desaire o una negativa, elevó una de sus manos y acaricio con mucha lentitud su rostro, haciendo especial énfasis en esa marca que la grapadora le dejó junto al labio cuando apenas era un niño.
-No sé si- empezó Jason nuevamente, esa vez con mucha determinación y, pareciera ser, dispuesto a decir todo lo que tenía planeado aunque, justo en ese preciso momento, su móvil empezó a emitir una melodía ensordecedora. El rubio emitió un suspiro vencido, y dedicándole una mirada de arrepentimiento a la chica de ojos miel procedió a extraer el aparato de su bolsillo.-Disculpa pero tengo que atender esa llamada, es del móvil que uso para el trabajo- ella asintió con una sonrisa tímida ante la explicación, y fue entonces cuando Jason aprovechó para robarle un rápido beso antes de agregar. -Dame solo un minuto-
Luego de aquello, Piper fue testigo de cómo el semblante del ojiazul cambiaba drásticamente hasta convertirse en una mueca de completa seriedad. Internamente, le gustaba saber que él solo se mostraba así de tierno y dulce tan solo cuando estaban juntos.
-Buenas noches, aquí Jason Grace- dijo tras aceptar la llamada, antes de dirigirse al exterior del apartamento a fin de tener un poco de privacidad en la comunicación.
Piper no era de la clase de personas que odiaba a otras, pero si conociera a la que había osado interrumpirlos ya lo habría apuntado en su lista negra. ¿Por qué, precisamente, tenía que hacerlo en ese momento? Al pobre de Jason le había tomado mucho tiempo el armarse de valor para confesarle sus sentimientos, y justo cuando las cosas empezaban a tomar su rumbo alguien interfería. Esperaba que esto no le impidiese seguir más tarde, porque ahí sí que se sentiría frustrada.
Lamentablemente, cuando oyó desde el pasillo los términos "desacato", "detenido" y "testificar" intuyó que tendría que dejar el asunto para otro momento. La cara de Jason al entrar no hizo más que confirmar su teoría.
-¿Y bien?- preguntó aun esperanzada, negándose a aceptar que todo tendría que concluir de ese modo por ahora.
-Tendrás que disculparme pero tengo que marcharme en este momento- aseveró el desanimado, antes de soltar un largo y profundo suspiro. -Unos de mis clientes está detenido en Queens y tengo que encargarme de eso- tras aquella explicación él se acercó hasta ella acaricio con suma parsimonia su rostro, para luego unir su frente a la de ella y cerrar los ojos.-De verdad lo siento, Piper-
-Descuida, entiendo la situación- contestó la aludida intentando esbozar una sonrisa, en vistas de que Jason se veía más afectado por toda esta situación que ella. Para animarlo un poco, junto sus labios en un tierno beso y le propicio una caricia en la mejilla derecha. Él correspondió a aquellos gestos al instantes y, solo cuando Piper notó que su humor ya había mejorado, se separó un poco.-Vamos, te acompaño hasta el pórtico-
Le ayudó a colocarse la chaqueta que descansaba sobre el perchero, y luego ambos salieron del apartamento caminando lentamente, como intentando así prolongar aquel inevitable momento. Para su desgracia, la entrada principal del edificio estaba a tan solo unos pasos.
-Por favor no olvides lo que dije antes- pidió Jason en una súplica, cuando ya ambos estuvieron fuera de la fachada.
-No pensaba hacerlo- respondió ella sonriente, logrando así que el rubio se contagiara de aquel gesto y lo intercambiasen nuevamente, tal y como había sucedido a su llegada.
-En cuanto se presente la oportunidad continuaremos hablando de ello- afirmó él decidido, antes de acortar la poca distancia que los separaba y sellar aquella promesa con un beso. Piper respondió al instante, mas solo se limitó a acariciarle el rostro despacio para no profundizar el gesto… Después de todo, si aquello sucedía, tan solo lo retrasaría. -Que descanses- agregó, tras separarse, y acto seguido se dirigió hasta el Mercedes, aparcado a tan solo unos metros del edificio.
-Y tú procura conducir con cuidado- a modo de respuesta Jason atinó a girar el rostro y dedicarle un guiño, deteniendo así por unos segundos su respiración… Era perfecto. Simple y sencillamente perfecto.
A sus casi treinta años, Percy Jackson podía afirmar que nunca fue un amante de los clubes nocturnos. Eso de la música estrambótica, personas apiñadas y un ambiente de lo más sofocante no iban con él. Puede que en sus años de preparatoria y universidad encontrase un ápice de diversión en aquello, pero ahora que ya era un adulto podía afirmar con seguridad de que, en cierto modo, lo detestaba. Lo suyo eran las canciones del siglo pasado, una velada más tranquila y la compañía de Annabeth…
Annabeth.
De solo pensar en ella su impaciencia aumento aún más… ¡Y es que ya llevaba horas recorriendo este maldito club y no podía encontrarla! Reconocería su cabello o su silueta donde fuere, pero a multitud y la baja iluminación del lugar dificultaban demasiado aquello. Ya había revisado la pista superior, la terraza y esta era su tercera vuelta por la pista principal pero aun así no tenía señales de ella. Además, tampoco respondía a su BlackBerry. Si se hallaba bailando lo más lógico sería que no lo oyera puesto que la música estaba tan alta que opacaría cualquier otro sonido, pero las alarmas en la mente de Percy sinceramente creían que se trataba de otra cosa…¿ y si le había sucedido algo? El lugar estaba atestado de una variopinta cantidad de personas, y sobre todo de tipos extraños. Si alguno de ellos se había atrevido a ponerle una mano encima a Annabeth…
-¡Rachel!- gritó a todo pulmón, y por suerte logró ganarle a los decibeles de la música porque al instante la pelirroja se volteó en su dirección.
Agradecía a los dioses el haber virado en esa dirección justo cuando su mejor amiga pasaba por allí, puesto que estaba totalmente seguro que ella sabía dónde encontrarla. Se precipitó como un bólido hacia allí, abriéndose paso con muy poca delicadeza entre aquellos que se interponían en su camino, puesto que, pensándolo mejor, su novia hasta se hallaba junto a ella. Lamentablemente, al acercarse, comprobó que Rachel estaba sola.
-Veo que al fin te deshiciste de Drew- comentó la pelirroja bastante molesta a modo de saludo, justo cuando el logro aproximarse. Tras aquella frase, Percy atinó a lanzar un suspiro y cerrar los ojos con pesadumbre. … Pues sí, al fin había logrado librarse de ella. No había sido nada fácil, y demoró muchísimo más de lo que pensaba, pero gracias a la intervención de unas amigas de Drew, que "necesitaban urgentemente su ayuda", se vio libre de su compañía- Si buscas a Annabeth está en el reservado posterior, y yo que tú me apresuraría a encontrarla porque la vi con "muy buena compañía"-
Aquella frase, el tono malicioso y la sonrisa picaresca de Rachel lo descolocaron por completo, mas no pudo preguntar a que se refería porque la chica volvió a perderse entre la multitud y porque, además, ya sabía el paradero de su novia. El reservado posterior… ¡Maldición! ¿Cómo diablos no se le ocurrió antes? Ese era el único sitio que olvidó revisar anteriormente, y todo por culpa de las tantas escaleras y salidas que el club tenía.
Esta vez, con un objetivo fijo, se dirigió lo más rápido que pudo hacia las escaleras del sector trasero. Llegar no le fue fácil, puesto que en el camino se cruzó a demasiados conocidos que insistieron en saludarlo y hasta que se tomaran una fotografía juntos (esto último vino de parte de algunas modelos de Olympus, bastante ebrias cabía aclarar). Quería, aunque sabía que no podía, negarse, así que, para cuando logró llegar a la entrada del reservado, se dijo así mismo que ya nada se interpondría entre él y su meta.
Por suerte el ambiente allí era total y completamente diferente al caos que se desataba abajo. Música tenue y lenta, personas charlando animadamente alrededor de unas mesas, alguna que otra pareja meciéndose al compás de una canción de jazz… Esto, definitivamente, no parecía parte del Fancy club. De haberlo sabido antes habría venido a este sitio horas atrás. De igual modo, dejó de lado aquellos pensamientos cuando, junto a la barra principal, localizo aquella rubia cabellera que llevaba tiempo buscando.
Inconscientemente, y como cada vez que ella se hallaba en su campo visual, una sonrisa se extendió por su rostro… Era preciosa. Aún seguía recriminándose el hecho de haber sido un completo ciego y tonto todos estos años. ¿Cómo pudo no percatarse de lo que sentía? Parecía que todo el mundo lo había notado; bueno, todos excepto él. Era el tipo de mujer que todo hombre soñaba con encontrar, y la tuvo frente a su nariz por demasiado tiempo. Por suerte, llego a percatarse de sus sentimientos en buena hora porque jamás se habría perdonado el perderla.
Continuo embelesado observándola en la distancia… Lucia tan bella con ese vestido corto. Resaltaba a la perfección cada una de sus curvas (y vaya que si las tenía…). Estos últimos días había llegado a la conclusión de que cualquier cosa le sentaba bien, inclusive esa playera raída de la UCLA que se negaba a botar a la basura. Es más, si le pedían su opinión Annabeth lucia mejor desnuda que con algo puesto. Aunque claro, esta teoría no sería comprobada por nadie más que por sí mismo.
Cuando la vio sonreír tan radiante, el deseo de besarla allí mismo se apoderó de su cuerpo. Claro que no podía hacerlo, al menos hasta que dejaran la fiesta, pero eso le recordó que se había quedado como un tonto observándola y estaba desperdiciando valioso tiempo que ya podría haber empleado otra cosa. Ya, sin más dilaciones y con la seguridad de que ella sonreía al haberse percatado de su presencia, se dirigió hacia la barra… pero sencillamente sucedió algo que no se esperaba.
Un sujeto.
Un sujeto, vaya a saber quién, acababa de tocar el antebrazo derecho de Annabeth, y ella no hizo nada para impedírselo. Sino todo lo contrario: amplio su sonrisa. Aquello provocó que Percy se quedara estático en pleno camino.
Rápidamente su cabeza buscó alguna explicación lógica para aquello que veía con sus ojos… De seguro se conocían. Quizás era un amigo suyo de la universidad o alguno de los tantos conocidos que tenía por la gran manzana. De inmediato, su atención paso a centrarse en aquel hombre. Era castaño, vestía como un profesor universitario y lucía una barba sin bigote de varios días. No tenía buena memoria para los rostro y eso, pero podía afirmar con seguridad que era la primera vez que lo veía. Pero lo que más le llamo la atención de aquel sujeto fue su mirada, o mejor dicho la forma con que miraba a su novia. Lo hacía con… deseo. Muy similar a como lo hicieron la bola de babosos en la subasta.
Aquello fue demasiado para su sistema nervioso.
No supo que le dio más coraje, si el hecho de que este tipejo se tomase el atrevimiento de ver a su novia de esa forma o el que ella no hiciera nada por evitarlo y hasta le sonriera así. Furioso, no lo pensó dos veces y se acercó hasta ellos.
-Annabeth, Rachel se siente mal y necesita que la llevemos a casa- soltó lacónico e inexpresivo, intentando contener las ganas de irse encima del desconocido. Para ello concentro su mirada únicamente en su novia, quien ante aquella afirmación asintió con la cabeza y se apresuró a ponerse de pie.
-Parece que ya debo irme, André- dijo ella, dirigiéndose hacia el hombre que le hacía compañía… ¡¿André?! ¡¿Por qué mierda lo llamaba por su nombre de pila y le daba tantas explicaciones?! ¡¿Es que acaso no era consciente de las intenciones de este imbécil?!
-Quédate un poco más, y luego yo puedo llevarte a casa- le respondió el con una sonrisa, y eso fue demasiado para Percy. Le demostraría a este tipo que estaba muy equivocado si pensaba que podía tomarse tales atrevimientos con su novia… ¡SU NOVIA!
-Me encantaría, pero no puedo dejar a una amiga cuando me necesita- de no ser porque Annabeth se adelantó diciendo aquello y se aferró de su brazo, el tal André ya tendría la nariz y unas cuantas costillas rotas.
-Entonces ten mi tarjeta, y por favor llámame un día de estos así terminamos nuestra conversación con una cena- se lamentó él, para luego tenderle un pequeño pedazo de papel extraído de su chaqueta que ella guardo en su bolso… Esto ya era el colmo. Una cosa era que el baboso este le coqueteara, y otra muy distinta que su novia no le marcara un límite. -Au revoir, Annabeth-
-Au revoir- no quiso estar más un segundo cerca de ese tipejo, por lo que de inmediato se puso en marcha encaminándose a la escalera. Casi arrolla a una pareja a por ello, pero la verdad no le habría importado. Lo único que quería era salir de ese maldito club y tener una seria conversación con Annabeth.
¿A que estaba jugando? Hacia unas horas lo besaba apasionadamente en el asiento trasero de su limusina, y ahora aceptaba una cita con vaya a saber que imbécil justo enfrente suyo. Y no solo eso, sino que además le dedicaba su sonrisa. Aquella que pensó que solo tenía reservada para él.
-¿Donde esta Rachel? No la veo por aqu- preguntó de repente su novia junto a su oído, debido a lo alto que sonaba la música, cuando ya se hallaban atravesando la mitad la pista principal.
-¿Quién era ese?- retrucó Percy al instante, no soportando las ganas de desconocer la identidad de ese tipo que, por lo visto, tenía ascendencia francesa… Eso claro si aquel acento no era más que un truco para ligar mujeres.
-André Moreau, un artista plástico amigo de Rachel- ¡ahí estaba! Esa era la maldita explicación a todos sus problemas: Rachel Elizabeth Dare. Ahora comprendía a la perfección la frasecita y el tono maquiavélico con el que le habló la última vez que se vieron. Sin dudas, todo esto era obra de esa pelirroja. Lo que no entendía era porque mando a Annabeth a las garras de ese tipo. O quizás…-En serio Percy, no puedo verla y si seguimos avanzando tan rápido n-
-¿Y de dónde lo conoces?- pregunto rápidamente, mientras su mente maquinaba tras posibilidades: ¿Qué tal si esta no era la primera vez que Annabeth lo veía? ¿Y si eran conocidos desde hace tiempo? ¿Y si… No. No, no y no. Ella jamás le haría algo como eso. Borrando aquel maldito pensamiento de su mente se obligó a oírla.
-Ella me lo presento cuando llegamos- ahí estaba, la confirmación que tanto había deseado oír. Era la primera vez que lo veía. Claro que, eso no explicaba porque había guardado su tarjeta dentro de su bolso-¡Ya deja de actuar así y responde! ¿Dónde está Rachel?- explotó ella deteniendo su marcha, cuando ambos estuvieron fuera del Fancy club. A estas alturas, no quedaban rastro de los papparazis; tan solo dos encargados de seguridad cuidaban el ingreso y egreso de invitados.
-Pues debe estar allí dentro, la verdad que ahora eso no me importa- quería a su mejor amiga, pero después del chistecito del francés lo que menos necesitaba era verla. Sin perder un segundo más, extrajo su teléfono móvil del bolsillo y llamó a su chofer. –Grover, recógenos en la intersección de la calle Keap con la avenida Marcy- tras aquella orden, guardó su teléfono nuevamente y se encaminó hacia la esquina, es decir la dirección que acababa de nombrar durante su llamada.
-Espera un momento, ¿me mentiste de ese modo solo para sacarme de la fiesta?- preguntó Annabeth con incredulidad, como si se negara a creer que Percy hubiese sido capaz de aquello, aunque no por eso dejo de seguirlo.
-Pensaba que ese tipo estaba molestándote así que supuse que necesitabas ayuda- replicó él a modo de excusa, puesto que fue lo único que se le ocurrió en el momento… Es decir, ahora que lo pensaba no sabía de donde salió aquella tonta historia de Rachel. Por lo visto, su mente volaba ideando planes bajo presión.
-No tenías por qué engañarme de ese modo...- esa fue la gota que derramo el vaso, o más bien la frase que colmo la poca paciencia que el hombre de ojos verdes tenia… ¡¿E-en serio Annabeth se atrevía a molestarse por una nimiedad como esa cuando ella, ELLA, había aceptado propuestas de un cualquiera?!
-¡Pues si tanto quieres estar con ese imbécil regresa allí dentro!- explotó Percy de repente, mientras se volteaba para enfrentarla con el rostro contraído de la furia.
-¿Acaso estas celoso?- preguntó ella de repente en tono enigmático, luego de haber estudiado su rostro con detenimiento por unos segundos, empezando a esbozar una sonrisa.
-¿De un panoli como ese? Por favor, no me hagas reír- ese, sin dudas había sido el chiste del año ¿Cómo podía creer que él, Percy Jackson, estaría celoso de un patético artista plástico que se las daba de francés? Claro que no. Más allá de que aún tenían pendiente el problema de la cita, su enojo inicial tenía otro origen -Lo que me molesta es que dijiste que solo permaneceríamos aquí un par de horas, pero al parecer tu charla con el palurdo ese era tan interesante que lo olvidaste-
-¡Me puse a charlar con ese "palurdo" como tú lo llamas porque ni bien llegamos te desapareciste con la zorra de Drew Tanaka!- gritó ella enfurecida, ya sin algún indicio de aquella sonrisa que intento esbozar en sus labios, logrando así que él detuviera la marcha y agitara los brazos exasperado.
-¡¿Y que se suponía que hiciera?! Me sujeto tan fuerte del brazo que no tuve más opción que seguirla- ¿es que acaso nadie podía entender sus razones? Por experiencia propia sabía muy bien que esa modelo no toleraba las negativas ni aceptaba excusas. Tenía una tenacidad que nada ni nadie podía detener. Y él, que a veces a duras penas podía soportarla, lo hacía todo por Annabeth. Todo con tal de mantener su relación en secreto tanto para los de la oficina como para la prensa. Todo porque ella así lo quería.
-Entonces regresa con ella, yo me voy a casa- respondió lacónica, mientras le dedicaba una mirada glacial con aquellos preciosos ojos grises que tenía, para luego continuar su marcha hasta la avenida Marcy y elevar su mano derecha en dirección a la calle.
-Annabeth déjate de payasadas y vuelve aquí- era inútil. La aludida no lo tenía siquiera en cuenta y aún continuaba haciéndole señas a los autos amarillos que pasaban a toda velocidad por allí, seguramente porque ya iban ocupados. -No puedes regresar a estas horas sola en un taxi- técnicamente no era medianoche todavía, pero eso no importaba. Para Percy Jackson una mujer no podía circular sola durante la noche en un taxi, no importaba que se tratase de una ciudad en donde esto era de lo más normal como New York.
-¿Eso crees? ¡Mírame!- lo desafío ella, y esta vez, para mala suerte del hombre de ojos verdes un maldito auto amarillo se detuvo a pocos metros de la posición en la que Annabeth estaba.
No soportando más su terquedad, y negándose a aceptar la idea de que se marchara sola, atravesó con grandes y decididas zancadas la distancia que los separaba… Al diablo con los modales. En un rápido movimiento, y antes de que ella lograra abrir la puerta del taxi, la cargó sobre su hombro derecho como si de un costal de patatas se tratase. El conductor del vehículo de alquiler empezó a farfullar algo sobre que dejara a la señorita en paz y vaya a saber qué cosas más, pero basto una gélida mirada del dueño de Olympus para que se callara y, asustado, dejase el lugar lo más rápido posible.
-Percy ¡¿qué diablos te crees que haces?! ¡Suéltame!- por suerte la avenida Marcy estaba casi desierta a esa hora, y al parecer ese sector de Williamsburg no era una zona residencial, porque nadie se alarmó con los gritos de Annabeth. Rápidamente, y con el propósito de alejarla de la calle para que no intentara otra locura, el pelinegro se encamino hacia un callejón situado muy cerca de su actual posición. Ahora sí que tendrían una seria conversación.
El lugar, como casi la mayoría de los que había por toda la ciudad, parecía ser la salida trasera de una tienda de comestibles. Por estas horas, claro, esta se hallaba cerrada, más aun permanecía encendida un pequeña luz sobre la puerta de madera que permitía el ingreso a ella. Aquel débil resplandor era el único que iluminaba el angosto pasadizo, el cual terminaba en una valla alambrada al final. Además de la puerta, alrededor habían desperdigados botes de basura vacíos y cajas de contenido desconocido.
-Me importa muy poco que estés molesta, prometiste que dormirías esta noche en mi casa- empezó Percy, una vez que la hubo dejado en el suelo, y, para evitar que se escabullera, aprisionó su cuerpo contra un muro de ladrillos y sostuvo sus muñecas por arriba de su cabeza empleando sus manos -Ya te dije que espere demasiado tiempo este momento, así que no permitiré que faltes a tu palabra-
Con todo lo que había hecho, y conociendo la clase de reacciones que Annabeth solía tener, se había esperado una patada, un golpe, que intentara liberarse, un empujón… Cualquier reacción de tipo violenta, menos esa. Y es que, de improviso, ella atrapóo sus labios en un furioso y acalorado beso.
Tenía que admitirlo: la furia volvía todo esto mejor. De por si disfrutaba de todos y cada uno de los contactos que su boca tuviese con la de su novia, sin importar la duración o la intensidad, pero así, enojado y molesto, sentía que su corazón latía al doble de la velocidad normal y que de un momento a otro su sistema nervioso colapsaría. Además, claro, sentía deseo… Desde que vio a Annabeth salir de su apartamento luciendo aquel vestido lo sentía, pero ahora parecía haberse incrementado considerablemente.
No dudó en responder a aquel gesto con la misma, o quizás mayor, intensidad, y para que ella estuviese más cómoda dejo libre sus muñecas para sujetar su cintura. Grave error: teniendo las manos libres, ella se aferró a su cuello y no tardó luego en enterrarlas en su cabello… Aquello fue demasiado. A sabiendas de que aún estaban en un lugar público, y de que si no detenía esto ahora luego podría ser muy tarde, Percy poco a poco fue disminuyendo la intensidad de aquel beso hasta separarse. Aun así, y mientras recuperaba el aire que había perdido, mantuvo su frente unida a la de ella.
-Me encanta verte así de celoso- comentó Annabeth agitada, dedicándole una pícara sonrisa, antes de morderse el labio con sensualidad… Dioses. Nunca podía resistirse a aquel gesto. Inconscientemente, él se apresuró a robarle otro beso.
-Te dije que no estoy celoso- replicó con terquedad, negándose a admitir aquella estupidez. Claro que, al ver la ceja alzada de su novia, intuyo que si seguía con ese plan de no admitir la verdad pronto se desataría una nueva discusión entre ellos. -De acuerdo, puede que esté un poquito celoso pero ¿cómo no estarlo al verte sonriendo con lo que ese tipejo te decía?- ya está. Acababa de admitirlo. Él, Percy Jackson, estaba celoso de un tonto artista plástico que tenía un patético nombre como lo era "André".
-Si hubieses prestado un poco más de atención habrías notado que solo sonreía por cortesía-explicó ella con paciencia, acariciando con suma lentitud la mejilla izquierda del pelinegro. Aun así, el monstruo de los celos o la ira o lo que fuera que lo tenía dominado se mostraba reticente a aceptar aquella idea. Últimamente esa sonrisa era su debilidad, y ver cómo iba dirigida a alguien más llegó a afectarle demasiado. -Percy no tienes por qué preocuparte por eso... Sabes de sobra que te quiero demasiado como para engañarte-
-No es que dude de ti, solo que me enfureció la forma con que te miraba- sencillamente, de solo imaginar lo que ese infeliz había estado pensando mientras miraba a su novia con esa expresión tenía ganas de arrojarlo del piso más alto del Empire State. -Desde lo de la subasta no soporto que alguien se atreva a mirarte como a un trozo de carne- confesó en un susurro, recordando la impotencia y la furia que llego a sentir cuando, tras todo el espectáculo de Annabeth con el dichoso collar de Tiffany, ese mugroso accionista casi se la arrebata de sus manos.
-Me gusta que te preocupes por mí, pero no puedes molestarte cada vez que esto suceda porque es inevitable...- le explicó ella con una incipiente mirada, aunque sin borrar una pequeña sonrisa de su rostro ni dejar de acaricia su rostro. Ella esperaba una respuesta, aunque la verdad pedía demasiado. Irremediablemente sabía que terminaría molestándose cuando esto sucedería nuevamente en el futuro, pero a sabiendas de que le era imposible negarle algo optó por ceder a su petición.
-De acuerdo, pero prométeme que no saldrás con ese francés- era una tontería, y lo sabía. La mirada de incredulidad de Annabeth no hizo más que confirmarle esto. Pero aun así necesitaba oírlo. Ese lado suyo vulnerable, que hasta esta noche no llegó a descubrir, necesitaba saber que ella no volvería a ver a ese tipo.-Por favor-
-Yo Annabeth Chase prometo no salir con ese o algún otro francés, ¿contento?- prometió ella finalmente, logrando así que Percy sonriera feliz y asintiera.
-Y no sabes cuánto...- no resistió más aquella vocecita en su cabeza que le decía que la besara, así que decidió al fin obedecerle y atrapó su boca con un rápido movimiento. De igual modo, y antes de que pudiera profundizar aquel contacto las luces de un coche y un claxon, provenientes de la avenida Marcy, provoco que se separara. -Allí esta Grover, y en buena hora que llega porque ya no aguanto las ganas de quitarte ese vestido-
Aclaraciones:
(*) ¡Puedo leer sus mentes y sé que quieren ver ese brazalete! Busquen el link al final de mi perfil (el maldito sistema de Fanfiction no me deja publicarlo aquí u.u)
(**) "Hasta que llegaste tú…"(no es la traducción literal, pero así me gusta más)
Notas: ¡Volví! Y en tiempo record, ¿no les parece? Para todas aquellas personas que pensaron que volvería a mi exilio voluntario, lamento informarles que no será así.
¿Qué puedo decir? Estuve inspirada, y bastante diría yo (más de 12.000 palabras, ¡yay!), y todo se lo debo a ustedes. No tengo palabras para agradecerles los reviews, y más aún el hecho de que continúen apoyándome después de tanto tiempo. Sinceramente, ¡gracias!
Curiosamente, lo que me trajo algunos problemas esta vez fue el punto de vista de Annabeth... ¡Y es que no quede conforme con esto! Tenía la escena en mi cabeza, y los diálogos escritos, desde hace muuuuuucho tiempo, pero siento que no logre plasmar todo como quería. Esta vez, tengo que admitir que la que me gusto fue la de Piper y Jason (¡ojo! Hablo en el sentido de escribir, porque amo la escena del brazalete)
Este capítulo tuvo de todo: una escena Percabeth de lo más romántica, un momento Jasiper muy tierno, muchos celos por parte de Percy, odio hacia la zorra de Drew... En fin. Creo que son demasiadas cosas juntas para hablar de ellas, así que preferiría leer sus opiniones al respecto en reviews.
Sinceramente, el cumpleaños de Annabeth se me olvido. Para cuando fui consciente de que el día de la subastas coincidía con esa fecha, yo ya había publicado los capítulos cinco y seis. No tenía ganas, ni mucho menos quería, reescribir todo eso así que opte por cambiar la fecha por unos días (soy tan minuciosa en cuanto a detalles que tengo un esquemas con los días en los que transcurren las escenas y eso). No sé qué gano con aclararlo, pero bueno decidí hacerlo.
Lo admito: esa canción de The Beatles es mi debilidad (técnicamente ellos hicieron un cover, pero aun así su versión es la escuche primero así que la amo desde entonces)... No me pregunten porque la escogí. Estaba tentada a usar otras, pero algo me dijo que esta era la indicada. Por si no lo notaron, además la puse como título del capítulo. Si aún no la oyeron, ¡ya entran a YouTube y le dan play a algún video! Es una orden (?. Y bueno, de la de Eric Clapton tampoco puede decirse mucho: es un clásico que seguro todos conocen.
Muchas gracias a: Wiseprincesspink97, Luu12, MajoPatashify, kAREN23xD, SIdney-blue, Lagrimas de Dolor, klam, Connie1, secreto, Violet O'Hara, Annie W-29, violet, AlexaArtemiss, linca357 , Camila, jimyc2001, Leovely Me, Giannavale , vanessaPJ, ELI.J2 , natinatinatilla13 , gabii98, Tefi Black y JasperManda por los reviews de los capítulos 9 y 10. También gracias a los que se sumaron al seguimiento de la historia o la agregaron a favoritos.
Fecha de la próxima actualización: Marzo. Tengo dos exámenes finales el próximo mes, y aun no estudie nada. Así que, por favor, ténganme un poquitín de paciencia. Les prometo volver lo antes posible con el siguiente capítulo.
Nos leemos pronto.
Atte. Anitikis.
