Lo prometido! La segunda parte de la noche! Espero cumplir las expectativas y no defraudar precisamente en este tramo, que para mí es sin duda el más importante. El que va a permitir perdonar u odiar a Regina.
11. Así vendió al demonio su alma.
¿Malvada? Puede, pero también era adorable. Por su aspecto sabía que había pasado toda la noche en vela tratando de envolver su vida entre palabras, para que ella pudiera leerla una vez saliera el sol. Su particular manera de disculparse.
Tomó asiento en el sofá, sabiendo que disponía de un tiempo antes de tener que devolver su mente a la realidad. Henry había ido con Mary Margaret y David a hacer algunas diligencias.
Acarició la tapa del libro. Respiró lentamente y lo abrió. A lo largo de las páginas vio la letra estilizada de Regina, era la primera vez que la observaba y no pudo evitar pasar su mano sobre aquellas líneas.
"No se puede culpar a nadie más que a uno mismo del destino que hemos abrazado, porque sólo nosotros somos los responsables de nuestras malas acciones. Aunque el mundo que nos rodee sobreviva en una maldad imperante, está de nuestra parte el libre albedrío (si es que realmente existe). Yo tomé muy malas decisiones, las mismas que nuevamente me tienen aquí, sentada, sabiendo que he alejado de mi a lo que ha sido lo mejor que he hecho en mi vida.
Si pudiera elegir qué hacer con mi magia mi respuesta sería simple. Siempre, desde la primera vez que pude sentirla, ha sido una respuesta invariable: hacerla desaparecer. Pero no puedo. En algún lado alguien escribió que mi destino iría atado a un movimiento de mano que me permitiría crear un mundo de un deseo. En algún punto de mi cuerpo, que nunca he logrado ubicar, radica el lugar exacto del que emana mi magia, como parte natural de mi biología, como un reflejo, como un aliento necesario, y todos sabemos que nadie puede vivir sin respirar.
Por tanto, la invariabilidad de mi respuesta se ve anulada, porque una vez está dentro de mi, ya nada puede hacerse.
Supongo que debería desear cambiarla por una máquina del tiempo. Una pequeña opción, una nueva oportunidad. No para retroceder mi tiempo, porque ese ya no se puede salvar, sino para volver al prado donde corría una joven llena de ilusiones, llena de sueños y hermosos pensamientos sobre cómo debería ser la vida. Ser capaz de llegar a ella y salvar su esencia, su tiempo, porque ese aún estaba por venir.
Ella no creció siendo una reina, pero si nació siendo una princesa.
El avatar quiso que su familia cayera en desgracia, incluso antes de que ella pudiera caminar, y fueron despojados de los títulos de reyes y princesa, pero eso a ella nunca le importó. Su vida era mucho mejor que lucir cualquier corsé regio que remarcaba su cintura, pero aplastaba su libertad.
Tenía amor, aunque sólo proviniera de su padre, pero también tenía una madre que a ojos del mundo era malvada. ¿Qué si tendría alguna razón para ser así? Mejor que yo nadie podría entenderla, pero lo que la muchacha no sabía es que su madre se había arrancado el corazón para no sentir debilidades, que indudablemente hubiera sido ella.
Creció con un padre entregado y una madre ambiciosa. Luchando, diariamente, contra aquellos vestidos que le hacía llevar para aparentar lo que no era, lo que no quería ser.
La muchacha creció y con ella su deseo de libertad también se hizo mayor.
Temía a su madre, aunque nunca dejó de quererla. Temía cómo usaba la magia contra ella para hacerla entrar en razón, en su razón.
El único momento en que creía que el mundo era un horizonte maravilloso era cuando galopaba con su caballo, Rocinante, pero incluso eso estaba mal visto por su madre. Una mujer de la talla de la muchacha no debería permitirse la osadía de cabalgar sin silla y con pantalones. Ella era una mujer digna de tener a un pueblo a sus pies, no podía permitir ser vista en esas circunstancias. Lo que su madre quería ignorar era que lo único que ella deseaba tener bajo sus pies era la tierra.
Vivió por mucho tiempo en una nube de magia púrpura que ataba sus deseos. Una nube que ahogaba sus pulmones haciéndole respirar el único aire viciado que su madre le entregaba cada vez que su voz gritaba que era injusta. Vivió recluida en un miedo constante, pero con una mente llena de esperanzas.
Y en medio de todo ello llegó la única persona que hubiera logrado hacer realidad cada uno de esos sueños, alejando su desdicha, porque si ella lo amaba a él, él la amaba tanto o más a ella. Fue dichosa porque comprendió que hasta en las zonas abarrotadas de sombras también hay una fuente de luz, si no, ¿cómo sabrías lo que es realmente la oscuridad?
Compartió los momentos más hermosos, porque siempre lo son cuando no los vives solo. Las horas del té cada vez se acortaban más, para poder correr hasta su encuentro, y las horas de hípica se alargaban para poder estar en su presencia. Pero, ¿acaso el chico del establo iba a ser digno de la nieta de un molinero? Hubieran jurado que sí. Ella hubiera dado la vida por un sí. Pero el mundo no siempre tiene planeado lo que tú anhelas y una vez más su mundo era una esfera en manos de una bruja ambiciosa.
Lo primero que oyó fue el grito de pánico. Lo segundo: su corazón acelerarse. Sufría con el angustia de cualquier ser, cuanto más si era una niña. No lo pensó dos veces y corrió tras ella. La salvó de un caballo desbocado que podría haberla matado. Había temido por su vida y prometió nunca más subirse en un caballo, pero la muchacha le hizo comprender que los temores hay que enfrentarlos. ¡Qué irónica la vida cuando ella vive en temores perpetuos! Se presentó como Snow White, agradecida por haberla salvado, ella respondió con su sonrisa pensando qué hermoso nombre para una niña. El mundo había conspirado contra ellas, pero ninguna se había percatado.
La preocupación y atención de la muchacha hacia la niña provocó que su padre quisiera conocerla. Nada más y nada menos que un rey. ¡Qué vueltas da el mundo cuando el sueño de una madre se arrodilla ante su hija! Todo aquello por lo que la bruja había luchado, aquello que había ambicionado, había llegado y con un rotundo "sí" vendió el alma de Regina.
La boda no tardaría en celebrarse, pero ella no la quería. Apenas era aún una niña de 17 años y, además, sus sueños tenían aspecto de muchacho de establo.
Buscó con él una salida a lo ocurrido y juraron desposarse en secreto. Cuando sellaron su promesa con un beso se oyó el lamento de la niña. ¿La había engañado y no quería a su padre? ¿No la quería a ella? Corrió tras Snow para explicarle que el amor verdadero no puede obligarse. No está en una corona o en la promesa entre dos padres. Está en esos momentos que surgen sin quererlos y que una vez ocurren no quieres que te falten. La niña comprendió y prometió guardar silencio, pero las artes de la bruja rasgaban hasta el corazón más pequeño. Daba igual quienes fueran, lo importante era lograr su cometido. Finalmente, la pequeña contó lo ocurrido, pensando que ayudaba a su salvadora. La muchacha engañada por su madre, crédula pensó que ella había recapacitado, sólo era otro engaño. Cuando los descubrió tratando de huir fue en sus manos donde vio morir al ser que más había amado.
Ella se desposaría tal como se había acordado. Trató de escapar, con su única compañía, pero una vez más fue en vano. Las cadenas de la magia la tenían retenida.
Sin quererlo aquella niña había provocado un tormento en la muchacha. Cuando supo que había faltado a su palabra de guardar silencio creyó que el odio acabaría por inundarla.
Buscó una salida para tratar de huir, allí donde residía el origen de las artes de su madre. Quería que ella fuera una persona normal. Tomó su libro de hechizos y leyó un nombre que decían era de quien la había enseñado. Riéndose de ella por haberlo pronunciado mal, aquel ser oscuro hizo una reverencia y agregó: Rumpelstiltskin. Le prometió que todo iría bien, si permanecían juntos, con un pequeño regalo. Lo que la joven ignoraba es que a él sólo le gustaban los tratos.
Llegó el día de la boda y nada había cambiado. La joven no había sido capaz de hacer lo que el ser oscuro le había incitado. Desposada como estaba, en su recamara, ahogada por la vida que se plantaba ante ella sintió nuevamente las heridas de su madre. El ser oscuro le había regalado un espejo mágico, sólo tendría que empujarla dentro para que ella pudiera ser libre. No sufriría, sólo iría a un mundo lejos del Bosque Encantado. Dudó. En el fondo era su madre, ella su hija y por supuesto la quería, pero era su libertad. Toco acabó rápido. La vio desaparecer por el cristal. Se despidió en silencio, temiendo la sensación que dentro de ella se había instalado.
Corrió nuevamente con su caballo, deseando abandonar aquel castillo aunque le llevara la vida en ello, pero la esfera de su mundo no le pertenecía todavía, solamente había cambiado de manos. En su camino hacia su huida encontró a un conocido. Cuando ella juró no desear ver la magia nunca más, él se lamentó porque sabía que ella era magia en su interior. Ella negó, nuevamente, querer hacer magia nunca más y cuando él preguntó el motivo ella respondió: "porque me ha encantado". La emoción embargó a aquel ser, porque al fin la muchacha se había aceptado. Le juró que él podría enseñarla a hacer cuanto quisiera, pero ella se negó. No quería ser como su madre.
-"Pero no lo serás, querida. Serás mucho más grande"
- "¿Malvada?" – preguntó ella.
- "Eso dependerá de ti".
- "¿Qué sacarás tu a cambio?"
-"Enseñarte"
Vio el corazón de su amado en las manos de su madre y pensó que si la magia se lo había arrebatado, también la magia podría devolvérselo. Ella no era malvada. Si hiciera magia sería sólo para traerlo a él, pero lo que ignoraba era que Rumpelstiltskin no era conocido por enseñar una magia de hadas. Aceptó y con un "si" tan rotundo ella misma había vendido su alma.
Permaneció en el castillo. Entregada esposa y madrastra, pero el Rey, aquel hombre magnánimo, el mismo padre adorable que se preocupaba de su hija, desaparecía cuando de su esposa se trataba. No la consideraba digna de su reino, ni tan hermosa como su difunta esposa. Tampoco a ella le importaba porque al fin, gracias a su magia, podría recuperar a quien amaba. Pero las artes del ser oscuro son más mortíferas que las de su madre y poco a poco la iba envenenando, no es en vano lo merecido de su nombre. Cuando el deseo de hacer magia se había instalado en lo más profundo de su ser la muchacha descubrió que su esperanza no se llevaría nunca a cabo.
-"Oh, querida, pero, ¿no te había dicho qué los muertos hay que dejarlos en el pasado? No van a regresar." – Y la muchacha asume que su vida ha terminado, porque ahora seguirá encadenada a los designios de su madre, odiando el día que corrió tras ese caballo, sin poder recuperar a la única persona que hubiera hecho que su magia hubiera merecido la pena. Con esa realidad tan rotunda murió el alma de Regina.
Poco a poco la amargura se fue instalando en su interior y quien antaño despertaba cariño y ternura fue creando odios y antipatías. Su esposo no era realmente un esposo, ni siquiera un compañero. Y la niña que había salvado se convirtió en su mayor agonía. El recuerdo constante de lo que podía haber sido.
Olvidó lo que era amar y cómo hacerlo, porque su mente le hizo creer que nunca más volvería a sentir qué era aquello. Se desprendió de ese sentimiento y lo remplazó por la agonía de mantener cerca a las personas mediante un juego de poder, tal como le había enseñado su madre.
Era débil, no sabía cuánto, si necesitaba ampararse y esconderse tras la magia. Las palabras de su maestro hicieron el resto. El mundo no estaba dispuesto a amarla. Sólo le quedaba infundirles terror.
Para ello debía acabar con la única persona que sabía que de no haber ocurrido esta historia, hubiera sido una persona maravillosa la que estaría sosteniendo la corona. La única persona capaz de albergar esperanza por la reina, la única persona capaz de albergar esperanza por Regina.
La reina persiguió a la muchacha sin descanso, con Rumpelstiltskin colgado en su hombro, recordándole cuan débil era si creía que algún día el pueblo llegaría a quererla. Nadie en su sano juicio hubiera querido a una reina bruja, discípula del ser oscuro.
Persiguió a Snow White por donde quisiera que fuese deseando terminar con ella y enterrar con ella el pasado que tanto le pesaba. Era su fuga, su escape abortado hacía tantos años. Su chivo expiatorio, pero el pueblo la amaba y la reina no podía comprender que no la aceptaran a ella, pero, ¿podía culpar a su pueblo si ella misma había albergado amor por Snow White, si aún lo podía sentir dentro de sí misma? Y su odio hacia todos, incluida ella, fue implacable, su corazón ya estaba negro y no midió sus actos. Quiso conocer porque nadie la quería y pidió a Rumpelstiltskin que la convirtiera en una campesina. Por avatares del destino fue Snow White quien la salvó de morir a manos de su propia guardia real y le curó las heridas que ellos le habían infligido.
Tres días cuidó de ella sin saber que bajo la máscara de campesina se escondía una bruja y le contó la historia de una muchacha que le había hecho ver que el mundo era hermoso y merecía la pena luchar por él, que le había enseñado a salvar a las personas sin importar quiénes fueran, porque todos merecemos ser ayudados, que le había enseñado que a los miedos había que plantarles cara. Pensó que todo podía tener al fin una salida. Podría ser feliz con el único perdón de aquella niña que se había convertido en su mayor pesar. Se dejó llevar por la ilusión de pensar que aún alguien podía sentir algo de amor hacia esa reina despiadada y reconoció que era lo que más deseaba: redimirse, olvidar, comenzar. Sin embargo, una vez más, cuando el mundo de la ahora reina parecía que podía cambiar, se toparon con el horror que a su paso la bruja había creado. Cuando las máscaras cayeron y Snow supo que había estado con la Regina, la esperanza que había resurgido explotó en mil pedazos y desapareció, junto con la única persona que siempre había creído en ella.
Una vez más, las palabras de consuelo vinieron de la boca de Rumpelstiltskin, quien le recordó que el mundo nunca la aceptaría como Reina y que el mal que había hecho jamás sería perdonado, después de todo, ¿quién podría amar a una bruja malvada? Ella no era buena, era imposible pensar en brujas y creer que puedes ser la próxima Hermione Granger. La magia conllevaba un precio muy caro cuando no eres un hada madrina y ella había pagado con su alma.
Regina había muerto. La Reina había muerto. Era el tiempo de la Reina Malvada."
