Tabla Básica. #7: Celos (God has laid a hand~)
Brittany creía fuertemente en ciertas cosas muy específicas.
Estaba segura de que Atlantis existía, de que los ovnis nos visitaban como zoológico, que la escritora de Harry Potter era una bruja encubierta y de que cada humano estaba destinado para alguien. Nadie podía hacerla dudar de lo contrario en estos temas – "Nadie, excepto Santana". De repente la música que iba escuchando y que le daba ambiente a su caminata perdió momentáneamente su poder, sacándola de ritmo por un par de segundos.
Odiaba cuando su mente la traicionaba. Sacó su celular del bolsillo y vio la fecha que le anunciaba la pantalla. Dejó escapar un suspiro.
- Un nuevo record… - llevaba una semana y dos días sin pensar en ella. Su mente, por no decir su corazón, la traicionaba a la menor oportunidad.
Los hechos eran bien conocidos por todos con los que había compartido sus últimos años de escuela. Años atrás, por un momento, había conocido la felicidad junto a quien se suponía era su mejor amiga. Su alma gemela dirían algunos. Pero las cosas se habían complicado. Cada una había tomado diferentes caminos y no encontraron la manera de sortear las dificultades que se interpusieron entre ellas. Las dos todavía tenían mucho por experimentar y madurar; al final tuvieron que hacerlo cada una por su propia cuenta: Santana en New York como bailarina incipiente y Brittany en Massachusetts estudiando y trabajando en los laboratorios del MIT.
Algunas veces se preguntaba cuáles eran sus verdaderas intenciones para hacerlo y el por qué estaba construyendo aquella famosa máquina del tiempo de la que todos los académicos dudaban, después de todo era un riesgo entrometerse con el espacio-tiempo y con el avance natural de la historia. "Se supone que todo ocurre por algo, ¿no?" – o al menos eso era lo que le gustaba creer; la dejaba dormir algo más tranquila en esas noches en que su habitación se sentía especialmente amplia y desolada.
Todos esos años en McKinley la habían convencido de que Santana era la persona con la que pasaría el resto de su vida y cuando eso no ocurrió las dudas la invadieron.
Santana estaba hecha para mí, pero tal vez… yo no era la persona hecha para ella.
Le dio pausa a la canción que estaba por comenzar en su iPod y comenzó a buscar alguna que consiguiera subirle el ánimo. Estaba a punto de cruzar la calle cuando unos golpecitos en su hombro llamaron su atención.
- ¿Brittany? – Fue aquella voz grabada profundamente en su memoria la que la hizo voltearse de manera casi brusca - ¡Brittany! Dios, realmente eres tú.
- Santana – su nombre se sintió extraño en sus labios, más natural de lo que hubiera deseado. Hace años que no lo pronunciaba.
- Vaya, no lo puedo creer, ¿hace cuánto no nos vemos?
Brittany no responde, aunque sabe la respuesta. En uno meses se cumplirían 11 años. Y aunque los primeros tres intentaron mantener el contacto, con el paso del tiempo su relación había degenerado en la de simples amigas por Facebook que de vez en cuando le ponían me gusta a ciertos estados o fotos. Brittany había desistido ya de conectarse porque le dolía el pecho cada vez que una foto con el rostro de Santana en ella aparecía en su muro, le costaba concentrarse al ver un punto verde junto a su nombre y saber que estaba disponible en el chat, apenas pudo respirar cuando notó que el estado sentimental de Santana paso a ser el tan infame en una relación.
- Mami, el hombre verde del semáforo está parpadeando – su boca se secó.
- Cruzaremos en el próximo turno, cariño.
Brittany se había distraído tanto con sus propios pensamientos y con el increíble hecho de que tenía a Santana a menos de medio metro de distancia que no se había percatado de la pequeña que iba tomada de su mano y que la miraba entre temerosa y curiosa. Su pelo negro, la forma en que se ondulaba ligeramente y el tono de su piel, entre muchos otros detalles, le aseguraban a Brittany que aquella pequeña era la hija de Santana. Quiso correr al laboratorio y esconderse entre maquinaria y pizarrones llenos de números, dibujos y cálculos para nunca más salir, pero entendía que sería una descortesía hacerlo. En vez de eso les regaló su mejor sonrisa y se acuclilló ante la niña.
- Hola, mi nombre es Brittany Pierce, una vieja amiga de tu madre – extendió la mano para estrechar la de la pequeña y no pudo evitar notar el detalle de su color de ojos - ¿Cuál es tu nombre?
Aquellos ojos verdes eran la prueba de que Santana había encontrado a su persona destinada y que no había sido ella.
La niña miró a su madre sin saber muy bien si responder a la pregunta o no.
Santana le sonrió y Brittany creyó sentir el suelo temblar levemente bajo sus pies.
- Su nombre es María.
- Es un nombre hermoso – dicho esto el semáforo volvió a dar luz verde y automáticamente las tres cruzaron la calle, deteniéndose unos segundos al llegar a la esquina - ¿hacia dónde se dirigen? Yo voy hacia el parque...
- Nosotras también, ¿a que no es genial? Si no estás muy ocupada podríamos charlar un rato.
- Me encantaría – aunque en el fondo sabía que esto no le traería más que nuevos días de insomnio, era demasiado difícil para Brittany resistirse a aquella presencia. La extrañaba a su lado, la anhelaba como nada más en el mundo – "tíldenme de masoquista, poco me importa" – es increíble, ¿qué te trae a este rincón del país?
- Estoy de gira con la compañía de baile – en los ojos de Santana se reflejó el orgullo que sentía – en unos días nos presentamos en el teatro principal de la ciudad.
Brittany percibía que el corazón estaba por estallarle, aunque aún no podía determinar si de tristeza o dicha. En ese momento, mientras caminaba al lado derecho de Santana con sus manos a centímetros de rozarse, todo se volvía realmente confuso.
Cuando llegaron al parque ya se habían puesto al día en lo que se refiere a sus vidas profesionales y las cosas que cada una sabía sobre los antiguos miembros del coro. A Brittany le sorprendió saber que Puck se había marchado a Europa a buscar suerte en la escena musical underground y que había terminado por abrir una cadena de bares en Londres, pero no le produjo sorpresa alguna enterarse de que Kurt y Rachel triunfaban en Broadway, mientras Mercedes se desempeñaba como una exitosa productora musical. Santana se interesó mucho en el hecho de que Artie se había convertido en un conocido director independiente y que Tina perseguía una carrera como actriz bastante prometedora. Y así siguieron hasta que María señaló emocionada los patos y cisnes que nadaban en el lago y corrió hasta la parte más alta de un puente cercano, desde allí podía observarse con bastante claridad la gran extensión de aquella parte del parque.
- Ten cuidado, amor, recuerda no acercarte mucho a la orilla – Brittany se sonrojó, Santana se había transformado en la madre que siempre imaginó que sería. Una punzada le atacó en el pecho y la hizo tragar saliva – "¿qué diablos estoy haciendo con mi vida?".
Se detuvieron frente al lugar donde se hallaba María, en mitad del puente, y se apoyaron en la estructura de piedra para observarla y cuidar de que nada le ocurriera mientras disfrutaba del día y los animales.
- Es una niña preciosa, Santana, no tenía idea… es… me alegro por ti.
- Gracias, es lo que me da impulso cada mañana, es maravillosa.
Brittany vuelve a tragar saliva, pero es inútil. Su garganta está seca.
- ¿De quién es?
- Donante anónimo de un banco de esperma.
- Ah…
El primero de muchos silencios incómodos por parte de Brittany, comenzaba a pensar que tal vez esta era de las peores ideas que había tenido en mucho tiempo.
- ¿Y quién es la afortunada? Su otra madre, me refiero…
El viento sopla, llevándose con él pequeños grupos de hojas caídas y formando suaves remolinos sobre el pasto y el pavimento. Santana habla y de vez en cuando Brittany le responde. Le cuenta de una bailarina, unos años mayor que ella, que conoció mientras estudiaba y con la que comenzó a salir dos años después de instalarse en New York. Le relató cómo se mudó a su primer departamento y los meses que se demoró en hallar el valor de pedirle que se moviera con ella. Brittany no sabía qué decir más allá de las típicas respuestas estándar y monosílabas; se mordió el labio cuando con una pequeña risa Santana le habló de la accidentada proposición de matrimonio que le hicieran en Central Park. Pasan los minutos y la sonrisa se borra del rostro de Brittany, ya no puede sostener la fachada, cada palabra de Santana es un peso más que le oprime el pecho y le impide respirar con facilidad. Aunque sabe que no es más que una sensación, el aire sigue entrando a sus pulmones impidiéndole escapar de aquella tortura a la que ella misma había accedido. La peor parte es cuando Santana describe su matrimonio y la posterior decisión de tener a María.
Los celos la carcomen como nunca antes.
- ¿Cuántos años tiene María? – lo pregunta con un hilo de voz.
- En unos meses cumplirá los seis, ¿por…?
La voz de Santana se perdió entre sus pensamientos caóticos y la vista d Brittany se nubló – "rayos, no, no ahora…" -, nunca había sido una experta en ocultar sus emociones. Miró hacia otro lado, intentando disimular y con la manga de su chaqueta intentó limpiar sus lágrimas sin pasar a llevar su maquillaje.
- B – la mano de Santana tomó la suya y Brittany sonrió, a pesar de todo la hacía feliz volver a sentir la suavidad de aquella piel contra sus dedos - ¿sucede algo, Brittany? – no podía encontrar las palabras exactas y tampoco quería decir la verdad que había estado negando por años. La tentación era tremenda, pero ya era demasiado tarde – Puede que me haya dejado llevar, yo… - la mano de Santana se alejó y aunque no lo sintiera así, aunque sintiera todo lo contrario, Brittany pensó que era para mejor.
Con todas las fuerzas que le quedaban Brittany consiguió sacar de si la sonrisa más entusiasta que pudo y sin mirar en ningún momento a Santana comenzó a vomitar excusas.
- No pasa nada, nada de eso… es solo un poco de tierra que me entró a los ojos… – una mentira tras otra, Brittany podía notar como Santana no se tragaba nada de lo que decía – ya sabes, el viento… el viento es traicionero.
María se acercó, curiosa de la razón por la que la amiga de su madre hablaba más alto de lo normal. Brittany no podía con tantas emociones de una vez después de estar años intentando apaciguarlas.
- ¡Vaya, mira la hora! Mis colegas me deben estar esperando para seguir con el proyecto del que te hable, ya sabes… el avance científico no espera por nada – dio unos pasos hacia atrás y cuando Santana se disponía a seguirla agregó mirando el suelo -, sigan disfrutando por mí. Hoy sí que es un lindo día, no quisiera verlas desaprovechándolo… ¡me voy, un gusto haberme encontrado contigo, San!
- Brittany, espera un segundo…
- ¡Hablamos! – y comenzó un trote ligero en la dirección en que habían llegado.
- ¡Pero ni siquiera tenemos nuestros números actuales, B! – Santana alzó la voz, pero Brittany ya se encontraba varios metros más allá y dudó que la escuchara.
Su hija llegó junto a ella para tomarle la mano y apoyarse en ella. Santana suspiró y pasó sus dedos por entre los cabellos de la pequeña, a la vez que su sonrisa desaparecía.
- Mami, tía Brittany estaba llorando.
- Lo sé, amor, lo sé…
Santana era la chica hecha para mí, pero yo… diablos, yo… no estaba ni cerca de ser eso para ella.
Es casi media noche y Brittany no puede pensar en otra cosa que no sea Santana. Encerrada en la oscuridad de su habitación, con el televisor prendido en un canal de noticias locales cualquiera y varios dulces dispersos a su alrededor, intenta recomponerse.
Cuantas oportunidades perdidas. Ahora puede ver claramente cada una de ellas. Cuantas veces pudieron darse más tiempo para analizar por lo que pasaban e intentar que funcionara lo suyo. Santana quería intentarlo, lo pudo ver en sus ojos tantas veces y aun así ella sintió que ese no era el momento. Y luego el momento se le escapó entre las manos y alguien más lo aprovechó, y con justa razón – "San… ¿qué nos pasó?".
Su celular suena. Mira la pantalla, un número desconocido aparece en ella. Preferiría no responder, pero podría ser algo relacionado con el trabajo y eso no podía ignorarlo.
- Hola, habla Brittany S. Pierce, investigadora del MIT, ¿quién habla?
- Hola, perdona si es algo tarde y estabas ocupada, pero estoy preocupada por lo que pasó hoy en el parque, no sé… siento que no debí decir todo eso, B… - aquella voz, nuevamente internándose en ella hasta tocar su alma. Esa voz que con un dejo de pena se disculpa cuando realmente debería ser Brittany la que se disculpara por actuar así. Después de todo, habían pasado 11 años – Brittany, sé que ha pasado mucho en estos años y que puedo sonar hasta algo prepotente, pero… te conozco y sé que no estás bien. Así que, si no es mucho pedir, háblame…
Y Brittany habló. Ya no tenía nada que perder.
- Siempre pensé que en algún minuto, por alguna razón del destino… todo volvería a ser como antes, sabes, y mejor aún, mucho mejor que antes – sonreía a medias mientras observaba ausente como los lectores de noticias hablaban sobre un nuevo escándalo político - ¿puedes creerlo? Tenía una seguridad, quería creer, me siento tonta…
- Ya sabes lo que pienso sobre eso, no eres nada menos que un genio y lo demuestras cada día.
- San… el punto es que siempre creí que tendríamos una oportunidad, pero la verdad es que tú has rehecho tu vida mientras yo...
- Britt, te equivocas…
No la dejó acabar, por otro engorroso par de minutos Brittany siguió divagando sobre arrepentimientos que por años había silenciado con dificultad. No le gustaba sentirse así, odiaba que la tristeza la envolviera. Era pesado e hiriente, y nada fácil de erradicar. Quería librarse de esa verdad que ya parecía más pesada de lo que pudiera soportar.
- Siento que se me rompe el corazón, San.
Ninguna respuesta al otro lado de la línea. Por un segundo Brittany piensa en la posibilidad de que Santana hubiera cortado, pero un sutil sollozo le demuestra lo contrario. Se maldice mentalmente, lo menos que quería en ese momento era hacer llorar a Santana. Ella no tenía la culpa al fin y al cabo. Las dos permanecen en silencio un rato más, hasta que las noticias acaban y el canal reproduce un viejo episodio de la serie original de Star Trek. Ya más calmada, Brittany prosigue.
- Quiero que seas feliz, San, dónde sea y con quién sea – los sollozos se detienen y eso la alegra – Es lo que siempre deseé para nosotras y lo que aún deseo para ti… y para María. Es solo que, años atrás podía imaginarme el futuro y visualizaba perfectamente una situación parecida a la de hoy; uno de los chicos, normalmente Quinn o Sam, te preguntaba por tu vida y tú le contabas lo mismo que a mí, le hablabas con una sonrisa radiante sobre tu vida y tu familia, sobre nosotras, sobre mí… sobre mí, San.
Ninguna de las dos dice nada. Poco a poco los sonidos de la ciudad se apagan y la calma de la madrugada se hace presente.
Brittany creía fuertemente en ciertas cosas muy específicas.
Estaba segura de que Atlantis existía, de que los ovnis nos visitaban como zoológico, que la escritora de Harry Potter era una bruja encubierta y de que cada humano estaba destinado para alguien.
Tenía una certeza absoluta sobre las primeras tres, pero sobre la cuarta…
- Hace casi tres años que me separé, Brittany.
Corta de la pura impresión. Esta vez maldice en voz alta e inmediatamente siente un golpe en la pared, seguramente un estudiante molesto que intenta dormir o estudiar. No le da importancia. Llama al último número registrado y espera, no pasan más de 10 segundos cuando Santana contesta.
- San… puedes repetir…
- Hace casi tres años que me separé.
No sabe por qué comienza a reír, pero lo hace. Le nace desde lo profundo de su alma, como si las palabras de Santana consiguieran cerrar por un momento cada una de las grietas que posee en su interior y le permitiera respirar por primera vez en años. Su vecino golpea la pared con más insistencia, pero Brittany está sorda a todo lo que no sea la voz al otro lado de la línea. Santana también ríe y Brittany siente que puede imaginar perfectamente su sonrisa en esos momentos, sentirla contra su piel, tal cual lo hiciera años atrás.
- María irá mañana al cine con los hijos de otras compañeras, así que estaré libre después del ensayo, a eso de las dos de la tarde… no sé si quieras…
- ¿Te parece en un excelente café que conozco cerca del teatro? A eso de las tres, podría enviarte la dirección luego.
- Claro.
El tiempo no se detiene, su reloj marca la una de la madrugada y el mundo sigue girando, pero bajo una nueva perspectiva, Brittany está segura. Es Santana la que vuelve a hablar esta vez.
- ¿Qué significa esto? – puede notarse la inseguridad en su voz, Brittany también la siente. Es la misma que se manifiesta cuando uno se enfrenta a decisiones que sabe que son importantes - ¿Qué significa para nosotras?
Brittany se recuesta y cierra los ojos, disfrutando la voz de Santana en su oído, con palabras que son solo para ella.
- No lo sé, dejémoselo al destino.
- ¿Al destino?
- Sí, al destino.
Brittany creía fuertemente en ciertas cosas muy específicas.
Estaba segura de que Atlantis existía, de que los ovnis nos visitaban como zoológico, que la escritora de Harry Potter era una bruja encubierta y de que cada humano estaba destinado para alguien.
Santana estaba hecha para ella y puede, por cosas del destino, que ella estuviera hecha para Santana.
FIN
N. de A.: Ok, esto es lo primero que consigo escribir y terminar en mucho tiempo, por lo que puede que no sea lo que esperan idk. Entré a estudiar otra carrera (Medicina para los interesados) y me absorbió de manera completa. Así que me disculpo por mi ausencia, que es de muchísimo tiempo. Por ahora pienso escribir unos capítulos más de esto y proseguir con el termino de Let me tell you a story, para luego proseguir con Sombras y Arena, de este último fic los capítulos están estructurados, es cosa de escribirlos.
Gracias a los que me tienen paciencia, no es fácil volver a las andanzas~
