Capitulo 10. "Al Asecho"

El atardecer se materializó a sus espaldas mientras el silencio en sus bocas permanecía latente, Osomatsu quería creer que era mera coincidencia que se encontraran en tal estado camino a su hogar después de lo que dio lugar entre Ichimatsu y él no hace mucho, más específicamente el momento en que los pies de ambos salieran fuera del Pachinko y se encontraran con una escena que fue consecuencia de lo que el cuarto Matsuno cargaba con devoción entre sus brazos, abrazándolo a su pecho con total ternura, una delicadeza que Osomatsu jamás creyó llegar a presenciar en el menor. Y aunque parecía lo más normal en un individuo introvertido como lo era el chico de vestimentas lilas, resultaba en ser inquietante para el primer hermano por naturaleza también. Los sujetos que habían golpeado a aquel felino por enfermiza diversión seguro lo pensarían mil veces en volver a sentir placer a costa de un ser vivo de cuatro patas después de que se hubiesen visto obligados a enfrentarse a Ichimatsu quien entonces reflejó ser todo menos un humano en el momento que los tomó entre sus garras y cayeron fulminados por puñetazos que Osomatsu vio al principio como los propios cuando se apresuraron en defender al desafortunado minino cuya seguridad fue absoluta en el instante que Ichimatsu lo tomó con sus manos y acarició con genuino amor antes que este cayera desmayado a su merced protectora. Suspiró sintiendo a sus ideas revolverse. ¿En qué momento Ichimatsu se había vuelto lo suficiente fuerte para encargarse de tres agresores por sí solo? Y no sólo eso, sino de una manera tan aterradora como la recién ocurrida; aquellos ojos negros como entrañas del averno y aquellos filosos dientes ansiosos por destrozar habían conseguido paralizarlo incluso a él que se mantuvo lejos de la pelea debido a la sorpresa, sin mencionar la ejecución de numerosas ideas en los cuerpos de aquellos chicos que lucieron igual a conejos despellejados cuando la disputa terminó. Sin duda sus hermanos habían cambiado, muy a su pesar se desarrollaron sin necesitarle como pilar principal de sus acciones y saberlo lo deprimió de sobremanera pero procuró congelar su semblante relajado como protección extra pues no le causaría el menor placer que Ichimatsu se diera cuenta.

—Ichimatsu, ¿de verdad planeas hacerte cargo de ese gato?

—Si— respondió el otro escuetamente.

—Pero parece que no pasará de esta noche, ¿estas seguro de que quieres hacerlo?

—Sus heridas no son tan graves así que sólo lo cuidaré hasta que se recupere.

—Humm~ veo que no haz cambiado en este aspecto tampoco, antes solías cuidar de otros gatos callejeros cuando pasaban por situaciones similares a esta. Eso es muy lindo de tu parte, Ichimachu~

Ichimatsu se limitó entonces a corresponder a las palabras de Osomatsu con un sonido de afirmación en su garganta, distraído en el felino que sostenía como algo precioso e irreemplazable. Osomatsu supo entonces que su hermano no volvería a separar los labios para articular palabras pues debía considerarlo innecesario ahora que habían aclarado lo importante, por ello decidió guardar silencio también a partir de ese momento pues no importaba cuanto se esforzara en hacerlo hablar, ya no lo conseguiría.

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En poco tiempo estuvieron próximos a llegar ante las puertas de su hogar y -sin querer- se toparon frente a frente con las siluetas de dos de sus hermanos quienes también retornaban a casa luego de una larga jornada, caminando en dirección contraria a ellos que los identificaron enseguida pero no comentaron nada al respecto hasta que detuvieron sus pasos a sólo centímetros de distancia, justo delante de su casa.

—¡Que coincidencia! ¡Osomatsu-niisan e Ichimatsu-niisan llegamos al mismo tiempo!— exclamó Jyushimatsu lo evidente a simple vista y Osomatsu quiso burlarse de quien le evitó la mirada al instante pero se abstuvo a tiempo ya que en este suceso participaba un par de terceros que no necesitaban enterarse de lo que acontecía entre ambos mayores.

—Si que lo es— aceptó con simpleza dejando que los otros se reconocieran con la mirada, logrando que un incomodo silencio se extendiera entre los cuatro hermanos.

—¿Qué es lo que traes cargado, Ichimatsu?— cuestionó Choromatsu quebrando el anonimato que inconscientemente habían provocado con su falta de participación.

—Un gato— contestó mientras Jyushimatsu se acercaba a su silueta con el objetivo de observar al malherido felino cubierto por los brazos del cuarto Matsuno.

—Oh, es verdad, es un gato. Es muy bonito— enfatizó Jyushimatsu rellenando con su voz lo sorpresivamente denso del ambiente.

—¿Otro gato? ¿Qué sucedió esta vez?

—Unos sujetos cerca del Pachinko intentaron asesinarlo, por eso decidimos intervenir— explicó Ichimatsu gestando una mueca del más puro odio en sus facciones, una expresión que Osomatsu ya había visto anteriormente que no puso en palabras y que Choromatsu simplemente dejó pasar por alto para enfocar su atención en algo más importante dicho por su hermano pero esta vez se dio la libertad de dirigirse al primero en nacer de los seis.

—¿Fueron al Pachinko? ¿Otra vez, Osomatsu-niisan?

—Bien.— Osomatsu se frotó la nuca torpemente como a quien han descubierto en su más reciente travesura. —Digamos que estoy un poco indispuesto de dinero.

—Eso es porque, a diferencia de los demás, tú sigues siendo un irresponsable buenoparanada. Deberías comenzar a buscar un trabajo decente también, no puedes seguir dependiendo de los gastos de nuestro padre.

—¿¡Ah!? ¿Y esperas que abandone a nuestra madre en el estado en que se encuentra?

—Si de verdad te importara la salud de nuestra madre no estarías perdiendo el tiempo en el Pachinko y ni siquiera te atreverías a poner un pie fuera de casa.

Las palabras de Choromatsu consiguieron que el nulo autocontrol del mayor estallara en irritabilidad pues, si algo no soportaba, era que Choromatsu creyera que la situación en casa fuese fácil, mucho menos que se sintiera con derecho de reprocharle nada sobre los cuidados que él mismo administraba con su enferma madre pues no era ninguna clase de estúpido para pensar en abandonarla a su suerte; le había pedido a Todomatsu que la cuidara por él mientras salía un instante de casa, después de todo se había abstento de hacerlo desde que todos sus hermanos se habían marchado, abandonándolos a los dos.

—¡No hables como si supieras todo lo ha ocurrido en casa! ¡Para tu información yo he sido el único en cuidar de ella desde que tú te largaste lejos!— exclamó creándole un rastro frío a Choromatsu en la boca de su estomago ya que era complicado hacer que Osomatsu se molestara de esa forma, un semblante que incluso dejó inquietos a Ichimatsu y Jyushimatsu quienes hasta ese momento sólo habían sido espectadores. Sin embargo, tal fachada no duró demasiado ocupando lugar en el rostro del primer hermano, gestando cansancio en lugar de la grotesca furia que se había instalado en aquellos ojos opacados por el aburrimiento. —Bueno, aún así no te culpo por pensar de ese modo, Choromatsu. Quizás si fuese un poco más dedicado como tú o los otros mamá no sufriría tanto conmigo.

—Osomatsu-niisan...

Unos instantes la única conversación entre ellos fue el silencio hasta que la sonrisa despreocupada de Osomatsu indicó que no estaba enojado por la pequeña conversación y sugirió con misma tranquilidad que entraran a casa cuanto antes, el ambiente en las calles comenzaba a soplar un viento frío que prometía resfriarlos sino tenían cuidado.

Juntos, los cuatro hermanos cruzaron la entrada al recinto siendo Ichimatsu quien encabezaba la caminata en dirección a la sala para atender las necesidades primordiales del felino, Jyushimatsu no tardó en seguirle con velocidad mientras Osomatsu y Choromatsu se quedaban unos metros atrás cerca del umbral, observando las espaldas de sus hermanos con sumo interés. Osomatsu aún permitía a la curiosidad dominar sus impulsos así que dejó que su mirada se perdiera en el tercero quien ni siquiera lo tomó en cuenta para comenzar a caminar tras los menores y pronto les pisaran los talones en el sendero que habían formado con las plantas de sus pies descalzas, deslizándose sin cuidado contra el suelo de madera.

Sin brindar indicaciones o avisos, el cuarto hermano corrió la puerta de la sala no molestándose en ver a Todomatsu sentado en el sillón cuya atención se vio consumida por el recién llegado acompañado por la silueta de quien simuló su sombra cuando Ichimatsu se movió por el espacio juntando los artículos que necesitaba para mantener caliente al malherido animal cual presencia dislocó el entendimiento del sexto hermano mucho más.

—¿Qué pasa?

—Ichimatsu-niisan recogió un gato— respondió Jyushimatsu a su pregunta deteniéndose a un costado de Ichimatsu quien no pareció afectado por la figura de Jyushimatsu siguiéndole los pasos como si se tratara de su guardaespaldas.

—¿Un gato?— repitió Todomatsu aunque lo hizo más para si mismo que para los otros gestando una mueca de asco total, el cuarto hermano se percató de esta inconfundible expresión en el sexto pero no lo mencionó, distraído con su actividad. —¿Y se supone que se quedará con nosotros? Estas cosas no cambiarán nunca por lo que veo.

—Totty—. El aludido reaccionó al instante, molesto por escuchar aquel apodo en los labios de Ichimatsu. —Si no piensas ayudar al menos cierra la boca, eres molesto.

—Mira quien fue a hablar, ¿no deberías haberte largado ya de este mundo, Autodesprecio-san? Dijiste que te suicidarías, ¿no es así? ¿Por qué sigues aquí entonces?

—Si mi existencia te jode más que nada, es un placer continuar existiendo.

—¿¡Ah!? ¿¡Qué significa eso!? Eres tan despreciable...

—Una basura tóxica sin vida social que se cree superior no merece quejarse de otra basura tóxica sin vida social que sí es superior.

—¡Basura! ¡Basura!— canturreó Jyushimatsu realizando varios saltos en su lugar.

—Para tú información soy quien posee más vida social que cualquiera de ustedes. ¡Y tú no lo apoyes, Jyushimatsu-niisan! No necesito que te humilles a ser su mascota sólo para intentar agradarle al maldito Oscuromatsu.

Ichimatsu chasqueó la lengua con furia después de que el menor insinuara tales calumnias pues quizás en algún rincón de sus difusas emociones le enfurecía que Todomatsu se creyera el dueño directo de alguien como el quinto hermano, no iba a permitir que usara a una criatura de luz como Jyushimatsu porque Ichimatsu si procuraba cuidar de él de una forma más correcta, no como aquel degenerado que tenía por hermano a quien había terminado por tomarle un desprecio involuble. Y es que no podía evitar sentir una furia incontenible al pensar en cómo Todomatsu trataba a Jyushimatsu pero -sobre todo- era imposible que ignorara la actitud demandante del menor sobre su querida contraparte. No era por pertenencia, era por dignidad que no podía dejar que su amigo de toda la vida fuera títere de alguien como el sexto de los Matsuno. Era verdad que Ichimatsu le veía como un animal antes que como un ser humano pero por ello mismo era que le estimaba más. De ellos seis, sólo él valía la pena.

—Muerdete la lengua hasta que desangres, Totty— espetó ásperamente.

—¡Tú regresa al pozo negro del que escapaste!

—Monstruo desalmado.

—¡Escoria incombustible!

—Demonio de las tinieblas.

—¡Basura infernal!— recalcó el menor en su desesperación por silenciar al cuarto hermano cuales crudas respuestas no fueron frenadas aún cuando Jyushimatsu seguía presente y les miraba cada vez que alguno articulaba palabras sin saber qué hacer pero al final sintiéndose divertido por los insultos -cada vez más hirientes- que ambos Matsuno se dedicaban.

—Oigan, oigan, ¿qué pasa aquí?— cuestionó la voz de Choromatsu que ya cruzaba la puerta en compañía de Osomatsu, su fría mirada escudriñando a los tres presentes con obvia severidad. —Dejen de pelear, no querrán hacer que mamá se preocupe.

—Vamos, no seas pesado, Choromatsu— le cortó Osomatsu caminando hasta el único sillón decorando el lugar. —¿Por qué no los dejas hacer lo que quieran? ¿No dicen que las peleas ayudan a regenerar lazos familiares? Deberías permitir que se expresen.

—Por supuesto que no, ¿qué lógica tendría permitir que se dañen por una estupidez?— replicó con hastío, resolviéndose en dirigirse a los dos involucrados de la alegata, dispuesto a imponer respeto en la casa de sus padres ya que el primer hermano jamas haría algo al respecto. —Todomatsu, discúlpate con Ichimatsu ahora.

El cuarto hermano gestó una sonrisa victoriosa cuando vio al otro tensarse, victima de la frustración, por lo que tampoco se evitó mirarle de reojo con superioridad.

—¡Ichimatsu-niisan fue quien empezó a insultarme! ¡Que yo me disculpe primero es injusto!—; acto seguido sus ojos rodaron suplicantes en dirección al Matsuno de sudadera amarilla quien no había hecho siquiera el intento de involucrarse. —Ayúdame, Jyushimatsu-niisan. Tú viste por qué razón y por quién inició la pelea.

—No metas a Jyushimatsu en esto, además yo fui quien eligió que te disculparas primero, no porque crea que seas el causante sino porque eres el más orgulloso de los dos.

—¡Eso no tiene nada que ver!

Osomatsu no se negó el impulso de reírse ante la genuina rabieta que había montado Todomatsu al decir sus últimas palabras pero el ambiente que sugería tal escena, y que el primero comenzó a disfrutar, se vio interrumpido con la llegada de Karamatsu que casi a los pocos segundos de su entrada fue ignorado como si su presencia no cambiara nada en absoluto.

—Hacen mucho ruido. ¿Qué es todo este escándalo?— preguntó al aire sin tener un destinatario en concreto a sus dudas siendo Osomatsu quien tomó la interrogación.

—Ah, Ichimatsu y Totty se han puesto a pelear después de que Ichimatsu entrara a esta habitación con el objetivo de darle calor a un gato callejero que trajo a casa.

—¿Qué?—. Aunque no fueron tales sus intenciones, inevitablemente los músculos faciales del segundo se deformaron en una mueca de sorpresa, la cual sugería más de lo que parecía evidente en la atmósfera pues -cuando aquellos ojos decidieron posarse en la figura de Ichimatsu cargando entre brazos al animal- éste no dudó un segundo en perforarle la carne con sus pupilas flameando en ira, el rencor más potente que obligó a Karamatsu desviar la mirada mientras en sus manos se formaban puños. Luego simplemente sonrió con galantería, gesto alimentado por la necesidad de guardar apariencias. —Oh, Ichimatsu is so sweet. Ese gato es muy afortunado de recibir tu atención, my brother.

—Púdrete, Mierdamatsu— tajó Ichimatsu volteándole la cara, algo que a Karamatsu le hizo desechar su actuación al instante para dejar atrás una expresión preocupada y Osomatsu, que no había dejado de observar el comportamiento de los dos, le hizo sentir intriga por lo que se traían. Los había visto llevarse bien desde un principio, durante primaria así como también en secundaría y después en preparatoria simplemente vio desprecio en los ojos de Ichimatsu cuando Karamatsu se encontraba en su rango de visión mientras a Karamatsu le descubría gestando aquella mueca de absoluta desolación con cada desprecio que recibía del cuarto hermano. Se preguntaba el secreto que ambos podrían estar ocultando de él ya que el segundo nunca había hecho el intento al menos de decirlo en cualquier oportunidad que habían compartido a solas, ahora más que nunca le interesaba descubrirlo porque se trataba de Karamatsu; el hermano a quien más quería aunque pareciera que trataba negarse a si mismo el desconcertante amor que sentía hacia él.

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La noche terminó con cinco Matsuno marchando a la recamara que compartían. Choromatsu cerró la puerta a sus espaldas después que abandonaran a Ichimatsu en la sala encogido ante la cama que habían improvisado al felino hace sólo unos instantes.

—¿Dijo que se quedará aquí toda la noche?— cuestionó Todomatsu dubitativo.

—Dice que lo mantendrá vigilado ya que de esa manera sabrá si vivirá o morirá— respondió el tercer hermano con total normalidad.

—¿En serio? Ver a Ichimatsu-niisan comportarse así con un simple gato me da escalofríos.— Los hombros de Karamatsu se tensaron involuntariamente ante el comentario del sexto hermano llamando sin saber la atención del primer hermano hacia él. —¿No les parece raro? Es como si los viera como sus iguales, aunque nosotros estemos con él no duda en tratarlos de una forma muy peculiar. A veces pienso que él...

—Sea lo que sea nosotros no somos nadie para juzgarlo— le interrumpió Choromatsu, convencido de que continuar con semejante conversación sólo causaría más problemas, considerando que el mismo individuo que les trataba hacer ver el comportamiento de Ichimatsu era quien había provocado una pequeña disputa hace poco. —Si él quiere vigilar a ese gato debemos respetar su decisión, ¿entienden?

Aunque había hablado en plural, Todomatsu se dio cuenta que le hablaba especialmente a él por la mirada que le dirigió en los siguientes segundos así que se resignó a tragarse sus inquietudes una vez más pero, cuando Jyushimatsu había querido mencionar palabra, éstas fueron interrumpidas por la voz del hermano mayor.

—No sé ustedes, yo tengo bastante sueño— comentó Osomatsu después de dar un largo bostezo. —Opinaría que ya nos fuéramos a dormir.

—Es verdad, mañana hay trabajo por hacer— asintió Karamatsu un tanto nervioso.

—Si, yo también estoy cansado— apoyó Choromatsu al instante. —Vamos.

Cuando los tres mayores avanzaron por el silencioso pasillo, una vez más el quinto Matsuno trató articular palabra pero, siquiera mover su boca abierta, Todomatsu le tomó del hombro impulsándole andar sobre el sendero que ya habían trazado los pasos del resto.

—Andando, Jyushimatsu-niisan— replicó autoritariamente sin importarle el que la cabeza de su hermano se girara en dirección a la puerta de la sala, fijando la vista en aquella diminuta rendija donde podía apreciarse la espalda de Ichimatsu despidiendo un aura negra a su alrededor, causada por la inmovilidad del portador y la oscuridad propia del ambiente. Cada paso que daba más lejos de la visión de Ichimatsu, el quinto hermano sentía que daba un paso más cerca de abandonarle y no le gustaba sentir que una parte suya se descubriera muerta antes de que diera un nombre a este sentimiento de tristeza. Todos deberían quedarse junto a Ichimatsu para velar la salud del felino. ¿Por qué estaban dejándole solo cuando podían unirse a él? ¿No sería más divertido? Ichimatsu se aburriría sin ellos. Entonces algo más consiguió distraer a Jyushimatsu de sus preguntas internas y eso fue el contacto de cálidos dedos atravesando el orificio de sus largas mangas para alcanzar su mano derecha con excesiva posesividad, un abrazo poco discreto del menor hacia él.

—¿Totty?—. El quinto Matsuno se supo confundido por su melosa actitud.

—Cambiaré de lugar con Karamatsu-niisan, se lo pediré arriba, por eso quiero que ocupes el lugar de Ichimatsu-niisan. Tomemos esta oportunidad para dormir juntos, ¿de acuerdo?

—Entiendo— dijo moviendo la cabeza afirmativamente por nada más que inercia, no hacía más que complacer a su único hermano pequeño así que no le importaba negarse a ello pues era mucho mejor ver al sexto sonreír sin impedimentos y a Jyushimatsu le encantaba cuando sus hermanos sonreían, por eso no se molestó en devolverle el gesto con energía.

"Lindo. Totty es lindo"

"Queremos mucho a nuestros hermanos"

"Quisiera ver a Ichimatsu-niisan sonreír más"

"Sin uno no hay seis, sin seis no existe ninguno"

"Jajajaja"

"Todos deben morir"