Capitulo once: A gift for Clarke

Dos meses después

A Lexa no se le daban bien esas cosas, pero estaba haciendo un gran esfuerzo porque quería que ese primer cumpleaños de Clarke a su lado fuera inolvidable, su rubia actriz cumplía veintiséis y le había dejado en claro en varias ocasiones que no quería una fiesta, se lo repitió añadiendo que ya "había tenido suficiente fiesta para el resto de su vida", sin embargo, la Comandante quería que fuera especial, quería devolverle a Clarke tan sólo un pedacito de todo lo que ella le daba a diario en esa relación en la que nada parecía ir mal.

A Lexa le costaba creerlo, porque a lo largo de su vida siempre hubo algún suceso dramático que arruinó su felicidad, la muerte de su madre y Costia la habían marcado, pero ahora…ahora por fin sentía que había dejado los dolores del pasado donde correspondían, que de la mano de Clarke había podido seguir adelante y comenzar a construir una vida.

No era tarde, le repetía la rubia, nunca era tarde para encontrar el camino hacia lo que se ama de verdad y aquella frase podía referirse no sólo a la búsqueda de su pasión laboral sino a ella, a la mujer que sentía amaba cada día un poco más.

Seguía caminando por los congestionados pasillos de aquel centro comercial, quería encontrar el regalo perfecto, entró a una cotizada joyería y miró con atención algunos objetos de la vitrina interior, una amable chica se acercó para preguntarle que necesitaba y sus tartamudeos evidenciaron su falta de experiencia en menesteres como ese.

Probó al extremo la paciencia de la vendedora que tuvo la mala suerte de atenderla y que incluso le regaló una sonrisa cuando salió de la tienda, seguramente de alivio porque ya se iba, esa mujer se merecía sólo por atender por esos largos minutos a Lexa que le aumentaran el sueldo. Pero lo importante es que por fin tenía el regalo y aunque no podía cargar al objeto de todos los sentimientos que tenía por Clarke esperaba que fuera lo suficientemente bueno.

Lexa le dio una sonrisa a su teléfono que comenzaba a sonar.

-Hey-.

-Estoy recostada en unas de las sillas al costado de la piscina en bikini ¿podrías venir a ponerme el bloqueador?-expresó Clarke con su voz más grave de lo normal- Si no puedes puedo llamar a alguien más-agregó con una sonrisa maliciosa-.

La Comandante suspiró pesado al pensar a su novia en bikini.

-Voy para allá-respondió de inmediato-.

-Apresúrate, está muy caluroso aquí…-

Clarke se quedó con una sonrisa grabada en el rostro después de cortar el teléfono, le encantaba como reaccionaba Lexa ante sus palabras, ni decir a sus besos o caricias que en esos dos meses habían terminado en más muchas veces, muchas, porque como una pareja en plena "luna de miel" no se cansaban de hacer el amor, de tenerse y contemplarse al despertar desnudas, una al lado de la otra.

Clarke sabía que quizás todo estaba yendo demasiado rápido, pero no tenía la fuerza ni las ganas de detener ese paso, quería a Lexa a su lado todo el tiempo y lo pasaba mal las noches que no dormía a su lado, se sentía sola y vacía, como si una parte de su propio cuerpo se encontrara lejos y ante ese grado de necesidad siempre buscaba momentos como esa para verla.

Cerró sus ojos y estiró su cuello, estaba como le dijo a Lexa, recostada en una de las sillas de playa que tenía en el costado de su piscina relajándose, pensó en los pocos días que faltaban para su cumpleaños y en lo feliz que la hacía poder compartir ese día con Lexa, los últimos años no lo había pasado bien, se iba de fiesta y bebía hasta perder la consciencia, porque se sentía demasiado miserable para poder sobrevivir sin anestesiarse de alguna manera, pero éste año sería diferente, muy diferente.

Espero con impaciencia que su Comandante bombón, como la llamaba Raven hiciera su triunfal aparición, no necesitaba estar pendiente de su llegada ya Lexa conocía los códigos de seguridad y podía entrar a su casa cuando quisiera.

Quizás media hora o tal vez cuarenta y cinco minutos después, Lexa por fin llegó a la mansión de Clarke, en esos meses había conseguido renovar su licencia de conducir y se dio el tiempo de hacerle las mantenciones a su abandonada Ducati 250 scrambler, sabía que no era la gran motocicleta, la había comprado con esfuerzo durante su segundo año de servicio después de salir de West Point, quizás por eso el cariño, porque le había costado mucho hacerse de ella.

Le había servido mucho para moverse por la ciudad y ni decir lo que provocó el Clarke la primera vez que la vio en chaqueta de cuerpo y bajándose de ella, sin duda que tenía mucho que agradecerle a su Ducati.

-¿Aún necesitas bloqueador?-preguntó haciendo notar su presencia-.

-Mmm…llegas tarde ya vino alguien más-respondió Clarke-.

Lexa le dio una media sonrisa pretenciosa, dejó su casco sobre una de las mesas y se acercó a paso firme.

-Estoy segura que ese alguien no tiene mi talento para untarte todo este cuerpo hermoso que tienes-expresó sentándose a su lado y pasando descaradamente su mano por la silueta de Clarke-.

-No estés tan segura, Comandante Woods- siguió jugando la rubia-.

-¿No? ¿Entonces debo preocuparme?-.

-Si no me besas ahora, si, vas a tener que comenzar a preocuparte-dijo-.

Lexa se quitó los lentes de sol y se acercó hasta sus labios, deteniéndose a milímetros de sus labios.

-Pídemelo otra vez-susurró sensual-.

-Bésame-.

Lexa dejó con suerte que terminara de decir esa palabra y atacó sus labios con una demanda que sólo se ve en las personas que están locamente enamoradas, justo así se sentía la Comandante, locamente enamorada de Clarke, totalmente entregada a ella y sus sentimientos.

-Joder…-balbuceo la actriz- ¿Me va a dejar de pasar esto algún día?-.

-¿Qué?-.

-Esta revolución que siento en mi cuerpo cada vez que me besas…-.

-Yo espero que no…-.

Clarke sonrió grande y le dejo otro beso, uno más calmo.

-Ve a cambiarte que quiero ver esos abs que tienes-le ordenó mordiéndose el labio inferior-.

Lexa la besó, porque nunca se cansaría de ello y entró a la casa para ir hasta la habitación, ya tenía algo de ropa y un par de bikinis en el closet de Clarke, como la rubia también tenía algunas de sus pertenencias en su casa.

Se cambió con rapidez porque ya no quería que su novia la siguiera esperando, eligió el negro y salió otra vez, Clarke ya no estaba en la silla, había ido a la cocina por unos refrescos pero no demoró en regresar.

-Ven aquí-le dijo Lexa invitándola a ponerse encima de ella en la silla de playa-.

Clarke dejó sobre la mesa la bandeja con refrescos y algunos bocadillos antes de acercarse a su novia y con calma recostarse encima.

-Me encantan…-dijo la rubia pasando sus dedos por el abdomen bien definido de la militar-.

Lexa se estaba relajando y excitando a puntos casi iguales aunque sonara poco creíble por lo contrapuesto de las sensaciones, amaba que Clarke la tocara, en sus brazos se sentía segura y relajada, pero cada caricia de la rubia también lograba ponerla con la facilidad.

-Y a mí me encantan tus…-dijo una Lexa sobrepasada por sus sensaciones, quien alcanzó a detenerse en el momento justo-.

-¿Mis?-inquirió Clarke que sabía a donde iba esa frase-.

-Tus…-.

Lexa abrió los ojos y se encontró con la expresión juguetona de la actriz.

-Mis tetas, Lexa, puedes decir tetas, no es una mala palabra-bromeo Clarke rompiendo en una carcajada por lo pudorosa que podía llegar a ser Lexa-.

Las mejillas de la militar se sonrojaron de inmediato.

-¿Te sonrojas cuando digo tetas pero no cuando me las tocas? ¿Qué voy hacer contigo eh?-.

-Amarme-respondió Lexa-.

-Ya te amo-.

-Lo sé, pero me gusta escuchártelo decir, lo hace real…-expresó la militar-.

-Es real, nosotras somos reales…muy reales, Lexa-.

-A veces creo que me dispararon y estoy en coma viviendo algún tipo de fantasía-expresó-

Clarke llevó una de las manos de Lexa a su pecho voluptuoso.

-Soy real y ellas también-.

Lexa soltó una pequeña risita.

-Quizás necesite tocar un poco más para comprobar, sólo para eso-le dijo-.

-Claro, estoy segura que es sólo por eso-contestó alzándole una ceja-.

-Ven aquí, no estás lo suficientemente cerca…-le pidió tomándola de la cintura para pegarla a ella, para literalmente no dejar ni un milímetro entre sus cuerpos-.

Clarke se dejó abrazar, nunca pensó que su lugar en el mundo había estado tanto tiempo lejos de casa, nunca creyó que iba a tener eso que tenía con Lexa, pero sucedió y ahora no le quedaba más que disfrutar y cuidar su relación.

Y lo iba hacer, iba a proteger su relación contra el mundo si era necesario, eso podría jurarlo.


Raven salía de la sala de edición totalmente agotada, había terminado por fin la postproducción de aquella película y ahora contaba con algunos días de vacaciones, ya tenía algunos proyectos en carpeta pero aún no se decidía en cual quería trabajar, sentía por primera vez en mucho tiempo que necesitaba un descanso, uno más largo de los escasos días que se había tomado entre una y otra película desde que había comenzado en los estudios.

Podría hacerlo, sin duda que podía, siempre había sido ordenada con su dinero y no gastaba en grandes lujos por lo que si decidía tomarse un par de meses podría seguir con su estándar de vida holgadamente, con esto recordó a su padre, quien le dijo en más de una ocasión que no lograría hacerse de dinero "con eso que quería hacer", que ella no era nadie importante y que todo ese mundo funcionada nada más que por contactos, sonrió, le tapó la boca a él y muchos más, porque desde que había salido de su casa con diecisiete años y una beca para la universidad que no volvió a pedirles dinero nunca, al contrario, porque esa familia había topado más en ella que Raven con ellos.

Un mensaje en su teléfono y uno de esos suspiros que Clarke había definido de "quinceañera enamorada", no había visto a Octavia en semanas y no es porque le faltaran ganas sino porque la Teniente había tenido que ir a Kentucky, estaba oficiando de instructora para un grupo de cadetes y le quedaban aún un par de semanas mínimo de estadía al otro lado de país.

Se quedó tan embobada viendo la fotografía que le había mandado Octavia de ella haciendo unos ejercicios en un campo de entrenamiento que no se fijó que su caminar despistado estaba a punto de colisionar con otra persona.

-Lo siento-dijo de inmediato cuando sintió el golpe- Oh….yo lo siento…realmente lo siento-repitió entre tartamudeos al darse cuenta a quien había estrellado-.

Titus la estaba mirando tan fijamente que Raven comenzó a pensar que ese hombre poderoso dentro de la industria del cine memorizaba su rostro para que no le volvieran a dar trabajo jamás, si, así de dramática podía llegar a ser y así de importante era ese premiado directo.

-Lo siento-dijo otra vez-.

-¿Te conozco?-inquirió, porque todos esos minutos no había hecho otra cosas que echar atrás en su memoria y recordar de donde conocía a esa chica-.

Tal vez no la conocía en absoluto, solía ser un muy buen fisonomista pero justo en ese momento perfectamente podría estar confundiéndola con alguien más, estaba fuera de su eje, se sentía sobrepasado, acababa de salir de una reunión con altos directivos de los estudios donde hubo más reproches para él que felicitaciones.

Titus Flame estaba acostumbrado al reconocimiento no a los retos, muy bien disfrazados, pero retos al fin, esos hombres de trajes carísimos le habían recriminado el retraso del proyecto, había demasiado dinero en juego y a ellos no les gustaba perder, los inversionistas que había comprometido para su película estaban presionando y a él se le estaban acabando las excusas.

Condenada, Clarke Griffin, maldijo en silencio, esa estúpida rubia lo había dejado con las manos vacías de un día a otro. Tenía todo, el guion, el dinero, incluso personas contratadas para la producción, pero no podía avanzar hasta que Lexa Woods firmara ese jodido permiso, había tanteado terreno, propuso con el grado justo de espontaneidad la idea de no usar su nombre, mantener su guion pero cambiar el nombre de su protagonista por uno de fantasía y tuvo su respuesta inmediata, había sido un rotundo no, la película no vendería lo mismo si se trataba de alguien de "fantasía", no lograrían llevar gente al cine, esa que se moría por saber más detalles de la vida de su heroína.

-Clarke, si, voy saliendo del estudio fue el último día...-dijo Raven al teléfono que había contestado al ver que ese hombre se perdió en sus pensamientos-.

Y ahí Titus hizo su conexión de hechos.

-¿Clarke Griffin?-inquirió interesado- ¿Eres amiga de Clarke Griffin?-.

Raven recordó que la última vez que estuvo en el mismo lugar que Clarke y Titus, tuvo que sujetar a su mejor amiga para que no se le fuera encima, así que no estaba segura si quería que el director más premiado de la última década recordara ese episodio y a ella en el.

-Si…-respondió insegura- Clarke ha cambiado, ya no esa…-Añadió intentando defenderla-.

-Lo sé-la interrumpió con una media sonrisa complaciente- Sé que ha cambiado, aunque sigue igual de talentosa ¿no? La verdad es que no la he visto en algún proyecto-agregó-.

-Ha tenido una mala racha, pero si, sigue igual de talentosa-.

Titus con la parsimonia que lo caracterizaba sacó su tarjeta.

-Dile a Clarke, que tengo una nueva propuesta para ella, una muy grande-expresó el hombre- Estaré esperando que me llame-.

Raven abrió los ojos muy grande y con su mano temblorosa le recibió la tarjeta, no podía esperar para decírselo a Clarke, está era la oportunidad que su amiga había estado esperando por años, por fin podría volver a grabar películas, podría dirigida por Titus Flame, volver a la palestra y las ceremonias de premios.

-Lo hará, te llamará, me encargaré de eso-le dijo Raven con completa emoción-.

-Entonces te deberé una-le dijo y comenzó a caminar hacia su auto-.

Le ofrecería a Clarke lo que quisiera, éste protagónico y los siguientes de sus películas, más dinero, lo fuera, todo lo que rubia deseara se lo daría con tal que hiciera a Lexa firmar ese jodido documento.


Lexa se movía acelerada por cada rincón de su casa, era el día, el del cumpleaños de Clarke y quería que todo fuera perfecto, más que perfecto, quería que fuera memorable, que su actriz lo recordara por siempre.

-Lexa, cariño… ¿podrías quedarte quieta un minuto?-le pidió Abby con su tono maternal- Me estás mareando un poco…-.

-Lo siento, es que…-.

-Está todo perfecto y estoy segura que a Clarke le encantará-dijo para tranquilizarla-.

-¿Y si no le gusta? ¿Si es demasiado sencillo para lo que está acostumbrada? ¿Y si el regalo que le compré no es suficiente? Yo…-.

-Lexa-la detuvo Abby- Clarke… ¿Te ha contado cual era nuestra tradición familiar el día de su cumpleaños cuando estaba su padre?-preguntó-.

Lexa negó con la cabeza, porque si bien solía hablar mucho evitaba forzarla a hablarle de su padre, sabía que para Clarke no estaba superado y le dolía cada vez que mencionaban a Jake, podía ver la tristeza tangible en sus ojos.

Abby le dio una media sonrisa nostálgica.

-Cuando era una niña, Jake la despertaba justo a la medianoche, nunca se pasó ni un minuto, iba con un pequeño muffin de chocolate con crema de mantequilla de maní, siempre ese y una vela, a veces olvidaba comprarla y nos veíamos en la obligación de buscar alguna de años anteriores, así que muchas veces Clarke apagó una vieja y gastada vela, pero nunca se fijó en eso…ella amaba cuando él le cantaba, se lo cantaba en inglés e italiano, a veces en español también…-Abby tuvo que tomar aire porque todos los recuerdos se estaban anudando en su pecho- Luego la subía en sus hombros y salían a dar vueltas por el vecindario, Jake iba gritando ¡es el día especial de Clarke! ¡Es el día especial de Clarke!... comprenderás que los vecinos no se ponían muy contentos con ello, pero a él no le importaba…-La doctora tragó el nudo en la garganta y se secó una lágrima que corrió por su mejilla- Lo único que le importaba era la risa de su hija mientras se afirmaba de él y lo trataba como su pony…- murmuró ya con la voz totalmente quebrada-.

-Abby no quise que…-intentó consolarla Lexa quien le puso su mano en la espalda-.

-Lo que quiero decir con esto es que Clarke disfruta de lo sencillo cuando es junto a las personas que ama y a ti, Lexa, ella te ama…-expresó mirándola a los ojos- Es feliz, es mi Clarke otra vez…-.

Lexa abrazó a la madre de la mujer que amaba y se tranquilizó, en el fondo lo sabía, sabía que Clarke era una persona sencilla, así se lo había mostrado durante esos meses, pero se había dejado de llevar por la ansiedad, por demostrarle lo mucho que la amaba.

-Lexa ¿dónde pongo esto?-preguntó Aden quien había pedido permiso ese fin de semana para viajar hasta la casa de su hermana-.

-Le dije a este chico que yo sé dónde ponerlo-expresó Raven apareciendo tras él y quitándole de las manos el adorno que tenía-.

Porque como Clarke le había pedido no organizó una fiesta, era una cena con la familia, algo tranquilo donde la rubia pudiera disfrutar de la compañía de las personas que apreciaba.

Aunque Lexa no se lo había dicho, le dijo que la llevaría a cenar a un restaurante, así que sería sorpresa.

Para las siete y treinta ya estaba todo preparado en casa de la Comandante, sólo faltaba la festejada que ya había avisado con un poco de molestia que estaba por pasar por ella. Y esa molestia se debía a que su novia había abandonado muy temprano su casa en vez de pasar todo el día con ella, lo que le había dolido un toque, aunque Lexa le haya inventado que fue por trabajo.

El timbre sonó y Lexa se pasó las manos sudadas por el pantalón negro que había elegido usar.

-Hola-saludó con una gran sonrisa la militar buscando de inmediato sus labios-.

-Hola-respondió y giró su rostro para que el beso le quedara en la mejilla-.

-¿Qué pasa?-preguntó tomándola por la cadera-.

-Nada-.

-¿Estás molesta conmigo?-preguntó- Por eso me castigas y no me dejas besar esos labios tan bonitos…-.

-Quizás un poco-reconoció- Yo sólo quería pasar éste día completo contigo, pero tú en vez de quedarte en la cama conmigo y seguir haciéndome eso que haces con tu…-.

Lexa puso una de sus manos sobre la boca de Clarke en una acción de clara sobrevivencia, no tenía intención que Abby escuchara lo que le hacía a su hija en la cama.

-Pero… ¡¿Qué te pasa?!-le reclamó Clarke pasando la lengua por sus labios recién tapados pasa sacarse la sensación de sequedad-.

-Ven conmigo…-le pidió Lexa ofreciéndole su mano-.

-No, vámonos ya, perderemos la reservación ¿no la hiciste para las ocho?-.

-Clarke…-insistió-.

-Que rara que andas hoy, si sigues así comenzaré a pensar que…-.

-¡Sorpresa!-exclamaron los tres invitados además de ellas que se habían posicionado en el salón y que claramente habían escuchado toda la conversación-.

Clarke miró a Lexa de inmediato.

-No es una fiesta, sólo una cena en familia-se defendió de inmediato-.

-Gracias…-susurró emocionada con los recuerdos a flor de piel-Gracias por hacer esto para mí-.

-Te amo-dijo Lexa y le dejó un beso en los labios-.

Clarke se acercó a su madre, se abrazaron por largos minutos, quizás amabas eran presa de los mismos recuerdos en ese momento, de esa misma nostalgia.

-Ven aquí, princesa-expresó Raven abrazándola con más fuerza de lo normal si es que aquello era posible-.

-Aden, me alegra volver a ver-dijo la rubia cuando logró que su amiga la soltara-.

-No me podía perder el cumpleaños de mi cuñada-expresó el chico-.

Lexa fue por una botella de champaña a la heladera, había primero algunos entremeses antes de la cena.

-¿Cuándo llegaste?-preguntó Clarke a su madre-.

-Hoy pasado el mediodía, Lexa fue por mí al aeropuerto, lamento que haya tenido que salir de cama donde querías que siguiera haciendo eso…-.

-¡Mamá!-le gritó Clarke avergonzada interrumpiéndola, ahora entendía porque Lexa le había puesto la mano en la boca-.

El timbre sonó una vez más y a Lexa le pareció extraño porque no tenía a nadie más considerado para esa cena, cuando abrió la puerta sonrió de inmediato.

-Octavia-dijo abrazándola- Pensé que aún estarías en Fort Campbell-.

-Pedí el fin de semana para estar en el cumpleaños de tu novia, me hablaste tanto de ello por teléfono que me dieron ganas venir-respondió- No me he pasado ni a casa-.

-Así veo-dijo Lexa-.

Ciertamente el cumpleaños de Clarke no había sido la razón principal por la que la Teniente Blake había pedido permiso, pero había servido de excusa ante los demás e incluso ante sí misma para no reconocer que estaba ahí porque extrañaba a cierta latina que gustaba de jugar con computadoras.

-Joder, Clarke, afírmame que creo que me voy a desmayar…-le pidió Raven-.

Clarke no supo que le pasaba a Raven hasta que giró su cabeza hasta donde estaba mirando y vio a Octavia.

Quiso creer que era la impresión donde no esperaba verla aún, pero estaba segura que aquello era sobrepasado, no era sólo verla, era como demonios la estaba viendo, porque Octavia vistiendo esos pantalones ajustados estilo cargo negros, una musculosa blanca ajustada que dejaba en evidencia su muy buen físico y esa boina negra que le daba autoridad se veía tan jodidamente bien que le estaba costando respirar.

-Hey-saludó la Teniente quitándose la boina para dejar su cabello libre-.

-Hey-respondió Raven aún medio impresionada por ella-.

-¿Todo bien?-preguntó con una media sonrisa divertida-.

Raven afirmó con la cabeza y bebió un trago largo de su cerveza.

-¿Me extrañaste?-preguntó Octavia y si no fuera porque la Teniente Blake nunca se intimidaba por nadie algunos podrían haber dicho que se tono evidenciaba vulnerabilidad-

Raven afirmó otra vez, pero ahora la miró directo a los ojos.

-Si-respondió segura- Tuve que terminar yo sola la parte de las explosiones-agregó con una media sonrisa-.

-Estoy segura que te quedaron perfectas-.

-Pensé que no regresarías hasta un par de semanas-.

-Tengo que volver el lunes por la mañana, sólo pedí estos dos días de permiso…-.

-Ya veo…-comentó con un toque de decepción-.

-Quizás…sí no estás ocupada…podríamos…tú y yo, quedar ¿mañana?-preguntó entre balbuceos la Teniente-.

Raven se iluminó ante esa pregunta media hecha, quizás, sólo quizás Octavia también la había extraño y por eso quería pasar el poco tiempo que estaría en la ciudad con ella.

-Eso me gustaría mucho-aceptó de inmediato-.

A una distancia prudente y no demasiado invasiva Clarke observaba a su amiga seguir comportándose como una quinceañera enamorada.

-Deja de mirarlas así-le dijo Lexa abrazándola por la espalda-.

-te juro que estoy a dos segundos de ir hasta ellas y gritarle que se besen de una vez-.

Lexa rio divertida.

-Cielo, no creo que se lo tomen muy bien si haces eso, sobretodo Octavia-.

-No le tengo miedo-afirmó y se volteó para encontrarse con una mirada incrédula de su novia- Quizá sólo un poco-añadió-.

-Ven aquí, quiero darte mi regalo-le dijo guiándola a su habitación para tener más privacidad-.

Clarke sentía que estaba volviendo a ser una niña, esa niña que contaba los días para que fuera su cumpleaños, amaba ese día incluso más que navidad porque su padre siempre había encontrado la manera de hacerlo especial.

-Feliz cumpleaños- le dijo nuevamente y le entregó la pequeña cajita-.

-Gracias, pero aunque suene cursi y cliché, el mejor regalo es tenerte conmigo-le dijo la rubia-.

-Pero algo extra no viene mal…-.

Clarke desenvolvió y abrió para encontrarse con una delicada cadera plateada de donde colgaba una estrella.

-Ahora seré yo quien diga algo cursi... eres mi estrella, Clarke y no quiero que lo olvides nunca, brillas y ellos se lo están perdiendo porque eres la persona más talentosa que….-.

Clarke acalló sus palabras con un apasionado beso, uno donde quería mostrarle todo lo que significaba para ella, todo lo que su presencia le regalaba en su vida.

Lexa le abrochó la cadena y se besaron lo suficiente para poder aguantarse esa noche que no pasarían juntas, se tomaron de la mano y volvieron al salón donde todos hablaban animadamente, riendo y disfrutando la de la noche.

La actriz al encontrarse con esa imagen pensó que por fin era parte de una familia otra vez.


Eran pasadas las once de la mañana cuando Clarke despertó, se había despedido con esfuerzo de su novia entrada la madrugada para volver a su casa con su madre. Disfrutó de cada minuto de ese cumpleaños tan especial que había vivido, de ese que con tanto amor le había organizado Lexa.

La sonrisa incluso antes de abrir los ojos estaba en su cara y tomó su celular para marcarle de inmediato a su Comandante, escuchar su voz por las mañana al despertar era una costumbre que ya había adquirido, sin embargo, el al ver el aparato vio cinco llamadas perdidas de Raven así que preocupada le marcó de inmediato.

-Raven ¿Qué pasa? ¿Estás bien?-dijo recomponiendo su posición en la cama hasta quedar sentada-.

-Clarke, soy una completa idiota despistada, me vas a odiar-le dijo la latina con voz de angustia-.

-Hey, tranquila ¿dime que pasa?-.

-Pasa que hace dos días choque con Titus Flame, literalmente choqué con él y me dio su tarjeta, textualmente me dijo que tenía una "nueva y gran propuesta para ti"-le dijo con velocidad y emoción-.

Clarke retiró unos centímetros el teléfono del su oído, se mordió el labio inferior y miró el techo, debió saber que no se iba a rendir, debió saberlo y ahora metía a su mejor amiga en medio.

-¡¿Me escuchaste princesa?! Titus Flame te quiere en su próxima película, es la oportunidad que has estado esperando-.

-Wooow-dijo Clarke fingiendo emoción- Lo llamaré entonces-agregó-.

-Perdóname, he andado con la cabeza en otra parte, estoy tan feliz por ti, Clarke, te mereces tanto esta oportunidad, te la has ganado, de verdad cambiaste y eres todo lo que un director importante como él puede querer-la alabó-.

"Claro que lo soy, soy la arpía manipuladora que le dará la firma de Lexa", pensó la rubia.

-Estoy escuchando los pasos de mamá, iré a desayunar con ella, ¿hablamos luego, dale?-excusó Clarke-.

-¡Quiero todos los detalles de lo que te diga Flame!-exclamó antes de cortar-.

A Clarke de pronto se le había cambiado el humor, pero hizo un esfuerzo y no permitió que ese hombre le arruinara el día, ese que pasaría con su mamá, Lexa y Aden, los había invitado para tener un día de piscina y relajo.

-Siempre madrugadora-comentó Clarke sentándose en el piso de la isla de su cocina-.

-Son pasadas las once, Clarke-le dijo con una media sonrisa que no alcanzó a llegar a sus ojos, su hija siempre había tenido un sentida la hora muy propio- Te hice tortitas para desayunar-agregó-.

-Mmm... amo tus tortitas- dijo ya saboreándose y unos segundos más tarde frunció el ceño-Mamá… ¿hay algo que debas decirme?-preguntó alertada-.

Abby le dio una mirada que agudizó la preocupación de la rubia actriz.

-Siempre que me haces tortitas es porque vas a decirme algo que no me va a gustar…-recordó-.

-Clarke… hay algo que debemos hablar y quise esperar que pasara tu fiesta de cumpleaños-dijo y se sentó junto a ella sirviéndole antes una taza de café que la rubia bebió demasiado rápido, tanto que se quemó la lengua-.

-¿Estás bien? ¿Te sucede algo? …-inquirió preocupada la actriz- Oh… ¿estás enferma?-.

-Clarke- La detuvo y tomó su mano- Estoy bien, no estoy enferma-.

La actriz soltó todo el aire angustioso que tenía en su pecho.

-¿Qué es entonces?-preguntó un poco más tranquila cortando un trozo de tortita con sirope de frutilla-.

-¿Te ha llamado, Duncan?-preguntó Abby-.

-Oh si, tenía un mensaje suyo en la contestadora el otro día pero olvide devolver la llamada-respondió recordando ese mensaje que escuchó del abogado de la firma que llevaba todos sus asuntos-.

-Como no le devolviste la llamada me llamó a mí…-.

-¿Y qué pasa? Pensé que ya estaba solucionado hace tiempo el problema de papá y no sé qué más podría ser…-.

Abby desvió la mirada, cuando Jake murió en ese inesperado y trágico accidente, no sólo estaba sumido en una depresión por ya no conseguir el éxito de antaño y verse relegado a papeles secundarios, sino que había caído en demasiados vicios, tantos que inclusive con todas las películas filmadas a lo largo de su carrera y los jugosos cheques que recibió por ellas, hubo más deudas que ganancias en el testamento.

Clarke se había hecho cargo de las deudas de su padre sin un sólo reclamo, firmó cheques y acabó con todo para nadie nunca pudiera decir que Jake Griffin le debía un dólar.

-Mamá…-la instó Clarke-.

-Te estás quedando sin dinero, Clarke-le dijo Abby intentando tener tacto- Las deudas de tu padre redujeron considerablemente tu patrimonio, no lo resentiste en el momento porque estabas generando dinero, pero…-.

-Pero hace años que no logro ganar dinero-completó la rubia y se levantó de la silla para comenzar a caminar en círculos- Pensé…yo pensé…-.

-Cariño no estás sola…-le dijo Abby deteniendo su caminar poniéndose justo al frente de ella con sus manos sobre los hombros de la actriz- Esto también es responsabilidad mía, yo debí verlo, Clarke, debí darme cuenta que Jake se gastó todo lo que tenía y lo que no en drogas y el juego… tu padre fue un hombre maravilloso, pero no sus últimos años, como su esposa debí asumir la responsabilidad y sus deudas, lo siento mucho, Clarke, siento haberte fallado de esa manera y hacerte asumir una obligación que no era tuya…-.

Abby tenía sus ojos cristalinos por esa mezcla de culpa y pesar.

-No es tú culpa ni tampoco me pediste que yo me hiciera cargo, yo podía por eso lo hice, era mucho dinero para ti…-le dijo-.

La doctora Griffin abrazó a su hija y se quedaron juntas por unos instantes, Clarke necesitaba digerir la información y pensar en una solución.

-No he gastado demasiado…-reflexionó casi para sí misma buscando otra taza de café-.

-Además de tus gastos personales, Duncan dijo que se te va mucho dinero en impuestos, esta mansión cuesta muchos dólares mantenerla-.

Clarke miró a su alrededor, podía estar segura de eso, su mansión, esa que había mandado a construir tal y como siempre soñó que sería el lugar donde quería vivir ahora le estaba comiendo el, al parecer, poco dinero que le quedaba.

-¿Cuánto tiempo?-preguntó Clarke-.

-Unos tres meses si sigues con el ritmo de vida que tienes y…-.

-¿Y?-.

-Y si sigues viviendo aquí-.

-¿Te aconsejó que vendiera mi casa?-inquirió con más reproche del que pensó que saldría-

-Sí, con el dinero que puedes pedir por ella tendrías fácilmente para vivir unos años muy bien si sigues sin trabajar-.

Clarke afirmó y se volteó apoyando ambas manos en el mesón cerca del horno, tenía dos opciones; vender su apreciada mansión o conseguir un papel lo suficientemente importante para que le dieran un cheque jugoso por el.

-Cariño, lo siento, puedo darte mis ahorros, creo que sería lo justo-le dijo Abby acercándose una vez más a ella-.

-Claro que no mamá, esto lo solucionaré yo-.

-Clarke…-.

-¿Podemos dejar esto entre las dos? No quiero que le digas una palabra a Lexa-.

Abby simplemente afirmó con la cabeza aceptando lo que su hija quería.

Para cuando Lexa llegó era casi la hora del almuerzo, Aden miraba impresionado a su alrededor nunca había estado en un lugar tan grande y elegante como la mansión de Clarke.

Las mujeres Griffin habían preparado aquella lasaña que hizo Clarke la primera vez que la invitó a cenar y Lexa la estaba disfrutado, si no fuera porque algo en los ojos de la actriz le decía que no estaba tan feliz como intentaba fingirlo.

-Hey ¿vamos a caminar por el borde de la playa?-la invitó Lexa-.

-Claro… ¿no les molesta que los dejemos solos unos minutos?-preguntó la rubia-.

-Por supuesto que no, vayan el par de enamoradas a darse sus mimos-dijo Abby quien sentía que Lexa podría ser capaz de sacarle la información a su hija y ayudarla a estar más tranquila-.

Caminaron silentes de la mano por el borde de la playa, ambas llevaban sus sandalias en la mano dejando que el mar les mojara los pies, viendo como las olas se impulsaban y recogían en una danza de la que no se cansaban jamás.

-¿Qué pasa?-preguntó con suavidad, Lexa-.

-Nada-.

-Sé que algo te pasa, te conozco…-.

-¿Me conoces?-inquirió-.

Lexa detuvo ese paseo y la miró de frente directo a los ojos.

-Sí, te conozco y esos ojos hermosos que tanto me gustan están tristes…-le dijo-.

-No es nada…-repitió desviándole la mirada llevando una mano a su rostro y poniéndola entre la nariz y la boca, estaba a punto de quebrarse-.

Y así lo leyó la Comandante que de inmediato la cubrió con sus brazos acunándola en su pecho.

-Habla conmigo, confía en mí, Clarke, lo que sea que pase lo arreglaremos, estoy contigo…-le dijo en el oído con angustia, haciéndole cariño en el cabello mientras sentía como sus lágrimas se deslizaban por su pecho-.

Clarke se separó unos centímetros y le tomó la mano otra vez caminando unos metros adelante en la arena seca donde se sentaron.

-Tengo un problema que viene de un problema más grande que debí solucionar hace unos años…-comenzó la rubia-.

Lexa no iba a interrumpir sus silencios, Clarke hablaría con todas las pausas que necesitara y tardaría todo el tiempo que fuera necesario, ella estaba ahí y no pensaba irse a ningún otro lugar.

-Papá…papá tenía algunos problemas, con el juego y las drogas…entró a rehabilitación algunas veces, pero los últimos año no hubo manera de mantenerlo limpio, con mamá lo intentamos pero…pero siempre encontró la manera de engañarnos-comenzó- Cuando murió, además de ir al doble de la velocidad permitida iba hasta arriba de cocaína, con su auto destrozó todo a su paso hasta que finalmente quedó…-.

-Clarke…-la detuvo Lexa- No son necesarios esos detalles doloroso…-agregó y recibió una afirmación de la rubia que agradeció la interrupción precisa-.

-Tuvo varias películas de éxito, pero en los años donde él triunfó los actores no ganaban tanto dinero como ahora y aunque pudo haber tenido una vida tranquila con ese dinero, él…bueno, él se gastó todo y más…así que cuando murió yo me hice cargo de todo, firmé cheques por los daños a la ciudad que causó en el accidente para que no investigaran, pague sobornos para que no filtrara su expediente forense e intereses descomunales y usureros a todos los que le debía, que eran muchos y no con los mejores antecedentes…yo… sólo borré todo con dinero…-.

Lexa entrelazó sus dedos y los llevó hasta su boca para besarlos, esa historia, esa triste historia Clarke nunca antes había estado preparada para contarla y quizás justo en ese momento tampoco lo estaba, veía el esfuerzo que estaba poniendo para que las palabras salieran.

-Yo hice todo eso para dejar limpio su nombre, para que la gente lo recordara como se merecía, como yo lo recuerdo, porque papá fue mucho más que sus últimos años, lo fue, Lexa, fue un padre maravilloso conmigo de niña…sólo que…-.

-No lo dudo, Clarke, no dudo del padre que fue para ti-le dijo ofreciéndole su pecho para que se refugiara-.

-Fue mucho dinero, ni siquiera sé cuánto exactamente sólo que fue una cantidad que una persona normal no ganaría aunque trabajara toda su vida…no me importó, en ese tiempo iba éxito tras éxito y pensé que siempre sería así, pero lo arruiné, yo y nadie más que yo lo arruinó y ahora pasa que…que el abogado dijo que ya no tenía dinero y que la solución es vender mi casa…y no me duele ¿sabes? No me duele la casa, ni el dinero, lo haría todo como lo hice otra vez por la memoria de papá, lo que me duele es que esto es porque decidí mandar mi vida a la mierda, porque caí casi tan bajo como papá aun sabiendo lo que pudo haberme pasado…soy…-.

-Eres una persona maravillosa, Clarke-.

Lexa la interrumpió en el punto justo porque no estaba dispuesta a escuchar a Clarke hablar mal de sí misma, no lo haría porque aunque pudo haberse equivocado en el pasado ahora era diferente, había encontrado el camino de regreso y eso era lo que valía, así que con seguridad tomó su rostro entre las manos para que la viera a los ojos y le creyera, le creyera lo maravillosa que era.

-Vamos a solucionar esto-le aseguró la militar-.

Y Clarke le creyó, porque con Lexa a su lado todo podría ser solucionable, todo, no le importaba vender su mansión o cambiar de estilo de vida, nada le importaba salvo mantenerse a su lado, dormir y despertar junto a ella.

Estar con Lexa, donde fuera, la seguiría haciendo feliz.

Unos minutos después hicieron el camino de regreso a la casa, Abby vio de inmediato que Clarke estaba mucho más tranquila, ya no tenía esa angustia palpable en sus ojos y agradeció al destino por poner a Lexa Woods en el camino de Clarke.

Lexa se excusó diciendo que debía ir al sanitario, entró al salón y tomó su teléfono antes de seguir avanzando buscando el lugar más alejado de la piscina exterior, buscó su número y le marcó.

-Comandante, que agradable sorpresa recibir su llamado-Dijo-.

-Sé que no has sabido de mí en un tiempo, pero…pero yo estoy dispuesta a cambiar de opinión, si tú…-.

-Lo que quieras, Comandante-se adelantó a decirle Titus-Lo que quieras lo conseguiré si firmas-.

-Quiero una gran oferta para Clarke-expresó con firmeza- Y hablo de que sea provechosa para su carrera y también…también para su economía-agregó sin darle entender del todo la situación de su actriz-.

-Claro, puedo ofrecerle a Clarke el contrato que toda actriz sueña, puedo incluso ofrecerle más allá de solo ésta película-.

Lexa sonrió satisfecha, si Clarke veía aquella oferta podría cambiar de opinión, de hecho se aseguraría que cambiara de opinión, porque no permitiría que su rubia se sumiera en un torbellino que la llevara de regreso al desastre, no permitía que algo como lo que le estaba pasando pudiera provocar que recayera en esa antigua vida, no permitiría que Clarke terminara como su padre, no se arriesgaría a perderla.

-Prepara la oferta y cuando la tengas llámame-.

-Puedo tenerla para mañana-expresó de inmediato, no permitiría que pasara el tiempo y pudiera cambiar de opinión-.

-Está bien- aceptó- Espero que sea todo lo que una actriz sueña como dijiste, porque si firma Clarke firmo yo-.

Lexa cortó la llamada, tenía veinticuatro horas para convencer a Clarke y lo haría.

Estaba segura de eso.