Capitulo 10

Se despidieron los dos de Kaede, mientras Inuyasha guiaba a Kagome hacia el pesebre de los caballos. Dentro, Kagome se maravilló por tanta belleza y por la cantidad de caballos que albergaba el lugar.

Ella amaba los caballos; siempre le habían fascinado cuando pequeña, y todavía sentía esa admiración por ellos.

Llegó hasta un caballo negro, el cual se encontraba en los últimos lugares de la estancia, y sacó su mano para acariciarlo, pero al momento Inuyasha la quitó.

— ¿Porqué hizo eso? — Preguntó Kagome, ceñuda.

— Porque Colmillo es un semental salvaje, y la podría morder si se le acercara mucho, como lo hizo recién. ¿Sabía que el caballo ya ha mordido a tres de mis hombres cuando éstos le llevaron la comida?

Al escuchar esto, Kagome lo miró ceñuda y volteó a ver al caballo. Parecía indomable, con su pelaje brillante y esplendoroso, pero a la vez tierno y amigable.

No podía creer lo que le decía Inuyasha sobre el animal, ya que cuando veía en los ojos del caballo no veía maldad, sino ternura y una inmensa soledad. Volteó a ver a Inuyasha, quien abría la puerta del caballo negro y lo sacaba, mientras le ponía la montura sobre el lomo.

Cuando hubo terminado, le dirigió a Kagome una sonrisa y le ofreció su mano para que pudiera subir.

Ella aceptó, vacilante, y fue subida al caballo por Inuyasha. Inmediatamente subió él, y tiró de las riendas del caballo para que éste comenzara a correr por la senda de piedras.

Cuando llegaron al pueblo ya eran las 3 de la tarde. Localizaron a la notaria en solo un momento, y desmontaron del caballo lo más rápido que pudieron.

Al entrar al salón, se hallaron rodeados por un gentío de gente.

Ahí estaba Kouga, el capitán del ejército, su madre, Tsubaki, y 5 personas que parecían ser ejecutivos o empresarios muy importantes, ya que vestían de traje y en sus rostros se leía claramente la palabra: Lujo.

Caminaron hacia donde se encontraban ellos. Todos parecían impacientes. Todos, excepto Inuyasha y Kagome, quienes se daban miradas furtivas a cada momento, tratando de que el otro no supiera que lo estaban observando, lo cual no resultaba muy productivo para Kagome, pero sí para Inuyasha.

Cada vez que Kagome volteaba para ver a Inuyasha desde el rabillo de su ojo, veía que éste se encontraba sonriéndole pícaramente, como si supiera que causaba múltiples sensaciones en su ser, lo que causaba que ésta se sonrojara efusivamente, apartando la mirada rápidamente; solo para encontrar la dulce y penetrante mirada del Capitán del ejército enfocada en ella.

Esperaron unos 5 minutos antes de que una mujer de cabello cano y de baja estatura llamara a todos los presentes para entrar a la sala en donde se leería el testamento.

Cuando le último hombre entró y se sentó en la larga mesa hecha de avellano, un hombre alto y fornido, con un bigote café, les habló a todos con una voz grave y clara.

— Caballeros, damas — e hizo un ademán como saludo

— Como ustedes sabrán, estamos aquí para leer el testamento que dejó nuestro difunto general, que descanse en paz dicho sea de paso. Así que pido acomódense y no hacer ruido en la sala mientras se lee el testamento.

El hombre se aclaró la garganta y se removió un poco en su asiento antes de empezar la lectura.

Para todos los aquí presentes he redactado este testamento.

Seguramente unos ya lo esperaban con ansias desde hace muchos años, pero esto ya no ha de importar. Cuando lean esto, yo estaré a 3 metros bajo tierra, y para mí fortuna, a mis oídos muertos no podrán llegar sus quejas y chillidos desafinados — al oír esto, el hombre dio un resoplido, mientras que todos los demás reían por las palabras del difunto.

Con un carraspeo, el hombre retomó la lectura.

Esta es mi voluntad si muero o quedo severamente incapacitado, la que será cumplida por todos quienes me aprecien y respeten.
Este documento está firmado digitalmente y por lo tanto pueden comprobar que lo escribí yo. Esta es mi última voluntad:

A mi cuñada Tsubaki, le dejo la casa en donde vive, ya que fue el último deseo de mi hermano muerto, junto con ochocientos pesos de mi herencia.

Y a mi esposa Kagome, le dejo la hacienda, así como todas mis propiedades y todo lo que se encuentre dentro de ella. También le dejo todo el dinero depositado en el banco de la capital, pero solo con una condición — en ese instante Kagome dejó de respirar. Se le había helado la sangre y la piel erizado por completo.

Que no podrá vender nada de lo que he dictaminado, y que tendrá que habitar la hacienda por diez años si quiere obtener la herencia. Si deja el pueblo antes de que los diez años hayan transcurrido, entonces automáticamente todo lo anteriormente dicho será puesto a nombre de mi cuñada y mi sobrino.

Espero que todos acepten lo ya predicho y no maldigan mi persona después de haber escuchado mi testamento.

Sinceramente espero que se cumplan mis deseos; les deseo a todos: salud, dinero y sobre todo amor, lo que yo no pude alcanzar, sino hasta mi lecho de muerte.

Al pronunciar las últimas palabras del testamento, todas las miradas se enfocaron en Kagome.

Al sentirse tan observada, y ser el centro de atención, ésta desvió la mirada, sonrojándose, pero no por causa de la curiosa mirada de las personas, sino por una en especial. La de Inuyasha Taisho.

Al girar el rostro, sus ojos ambarinos la asaltaron. En ese instante se sintió desnuda bajo la penetrante mirada de aquél hombre. Algo tenía Inuyasha Taisho que no poseían los demás.

No sabía qué era, pero cualquier cosa que fuese, la hacía sentir diminuta ante él, desvalida. Lo que por cierto, no le gustaba en absoluto.

El hombre que anteriormente hubo leído el testamento, ahora se levantaba, y se despedía de todos los allí presentes. Al minuto todos estuvieron levantados, y proseguían para salir de la habitación.

Cuando llegó el turno de Kagome para cruzar la puerta, un brazo la retuvo y la hizo volverse bruscamente.

Miró con sorpresa que la persona que la había hecho volverse era nada menos que Tsubaki, la madre de Kouga.

Al reconocerla, Kagome cambió su semblante por uno más hosco, y la miró con el ceño fruncido.

— ¿Me quiere soltar, por favor? Me está clavando sus uñas, señora.

Con una mueca totalmente arisca, soltó el brazo de Kagome, el cual tenía marcas rojas por la fuerza utilizada en el agarre.

Se sobó la parte afectada de su brazo, y miró a la madre de Kouga con una mueca de expectación.

— No creas que te vas a salir con la tuya zorra. No se que le hiciste a Kotaro, pero no vas a obtener su fortuna. ¿Jamás, me oíste? Primero muerta y enterrada a tres mil pies bajo tierra. Toda esa fortuna le pertenece a mi hijo. Él lleva la sangre del general. Él tuvo que heredar la herencia. ¡No tú! Pero ya veremos quién es la que se queda con la fortuna, tú, o yo. Pero por mientras, mantente alejada de la vida de mí hijo y de la mía. De solo pensar que legalmente somos de la misma rama política familiar me da asco y ganas de vomitar y dicho esto le dio un empujón a Kagome, y se fue, dejando a Kagome totalmente anonada y con un dolor de cabeza gigante.


Hola a todos!

Perdón por la tardanza, lo que pasa es que he estado algo ocupada estos ultimos días y no he tenido tiempo de actualizar xD

Pero bueno, aqui está el cap. Ya se que está muy, pero muy fomecito xD ... pero les prometo que se va a poner interesante en los proximo capitulos, se los aseguro ;)

Asi que sigan leyendoo! Y ponganme reviews, yup? 33

Bueno, me despido amigos porque ya es muy tarde y tengo muchas cositas que hacer.

Adiu! Besitos y abrazos :3