Gracias a todos por sus RRS!!! Wow, superamos los 30!! Y que mejor para festejar que con un capi nuevo?? ^^
MUCHISIMAS GRACIAS A TODOS LOS QUE LEEN ESTE FIC, SACAN CONCLUSIONES Y ME DEJAN SUS COMENTS!! ME PONEN MUY CONTENTA!!
Ok, ok, suficiente distracción...
Caso 11: "Al borde de la muerte, a un paso de una llamada…"
"Dios no cojea." – House "Cane and Able" 3 temporada –
Marcó el número una vez más y aguardó más de seis tonos. Nada, nadie contestaba. Colgó con histeria.
- ¿Y? ¿Nada aún? – Esa voz no pudo evitar asustarlo. Se dio vuelta
- Pensé que me habías dejado en paz –
- Ya te dije, House, que yo no estoy solo por tu adicción al Vicodin… - Se carcajeó Amber. – Eso ayudó bastante, si pero, ya me esta empezando a cansar que no te des cuenta de las cosas, por eso, te voy a molestar un poco más a ver si sacas algo –
- Cállate – Soltó el médico cojo y caminó por el pasillo totalmente blanco, rumbo al patio de aquél psiquiátrico de nombre Mayfield. - ¿Por qué no te vas a volar por ahí? – Ella se paró frente a él. House se detuvo y la miró con odio. Dio un paso al costado pero Amber lo imitó parándose frente a él nuevamente.
- Me encanta hacer esto – Sonrió – ¿Ves porqué no me voy de aquí? –
- ¿Qué quieres? – Soltó en susurros. No quería que ninguno de los que andaban pululando cerca se diera cuenta de que estaba hablando solo.
- Quiero que me prestes atención por una vez en tu vida para poder resolver este enigma –
- Ajam, continua – House dio un paso. A lo cual Amber retrocedió otro para mantener la distancia entre ella y él.
- Pues, veamos… - Se dio vuelta y siguió caminando hacia adelante, seguida por el médico cuyo bastón golpeaba con bronca el suelo brilloso de aquél sitio. – ¿Qué te dijo Wilson cuando hablaron por teléfono? –
- Bien deberías saberlo ¿No era que tenías pase gratis a mi cerebro? –
- Es para que te acuerdes, pesado – Ambos salieron fuera.
El aire golpeó a House en la cara, despabilándolo por completo. Hacía tiempo que no sentía esa brisa fresca. Hacía exactamente cuatro malditas semanas.
Sintió como si le quitara un peso de encima, aunque sabía perfectamente que esa sensación era totalmente pasajera.
Rumbeó a un banco de color blanco que estaba al bajar una pequeña colina color verde oscuro, cuando notó que su pierna maltrecha reclamaba descanso. La primera semana allí había sido terrible, la desintoxicación le había resultado una completa tortura. Muchísimo peor que la que pasó con la ilusión de Cuddy, si es que realmente se desintoxico en aquella ocasión. Ese era uno de sus temores, no poder distinguir que había sido eso. ¿Un mal sueño, o qué? Odiaba no poder racionalizar todo lo que hasta hacía unas cinco semanas había podido hacer con total naturalidad.
Se sentó y dejó el bastón a un lado, agachando la cabeza, sintiéndose derrotado. Condenado a aceptar su miseria.
- ¿Qué te pasa Gregory? – Notó que alguien se sentaba a su lado, pero ni siquiera movió la cabeza.
- Nada, Jack – Había optado por hablar de tú a tú con su médico – Solo que no me gusta estar perdiendo el tiempo aquí, sentado, sin hacer nada –
- Ambos sabemos porqué estas aquí – Soltó el hombre comprensivo.
- Ay, no me pongas ese tono de "loquito vas a estar bien" porqué… –
- Este es un tratamiento difícil – Continuó su doctor con una sonrisa, House lo miró con lentitud.
- Si, si, seguro… Para mí que no hace nada – Apareció Amber delante de House.
- Me di cuenta – Enfatizó sin prestarle atención a la pelirrubia.
- Parece que no pasa nada, pero lo que necesitas para ayudarte es un poco de confianza y abrirte más a todo lo demás… –
- ¿Qué? ¿Dejar de lado tu coraza impenetrable que has usado por años? Ni hablar – Protestó Amber cruzándose de brazos.
House soltó un suspiro. No estaba muy seguro de que decir, ni siquiera un comentario filoso como vidrio roto se le ocurrió al instante como solía pasarle siempre.
- O es eso o los anti sicóticos – Soltó sincerándose el médico quien miró hacia adelante.
- Y ya sabemos que, por ti, prefieres el dolor para toda tu vida – Añadió Amber sonriendo. – Cualquier cosa antes de dejar de ejercer la medicina – Se balanceó un poco, como si bailara una música inaudible para el médico cojo. – Aunque, estoy segura de que no podrás ejercerla después de todo – Rió.
- Esto… - Murmuró House, resignado.
- ¿Por qué eliges lo peor? – Preguntó el médico.
- ¿Y eso? –Se irguió Amber, curiosa.
- ¿A qué viene la pregunta? – Soltó el oji-azul, también mirando a lo lejos. Pacientes caminado solos o acompañados de familiares o médicos, otros jugando al baloncesto, y otros, simplemente sentados en bancos o en el suelo, charlando solos o con alguien más a su lado. La verdad es que no deseaba estar allí, quería irse a su casa a tocar el piano o la guitarra y beber un poco de Whisky, sabiendo que al día siguiente debía ir al trabajo, esperando encontrarse un acertijo médico para resolver. Esa era su vida, y quería que regresara.
- Hay algo que te motiva a torturarte a ti mismo – Ambos se miraron – Es… No sé, ¿Algo que te ha pasado? Porque… Quizás eso nos de una pista para poder llegar a la solución –
- No me ha pasado nada…. –
- ¿Estás seguro? –
House lo miró con advertencia.
- Dile que no, total, que le importa a él – Amber se encogió de hombros y se puso de cuclillas, para estar un poco más cerca de los dos.
House se odió a si mismo. Pero se había jurado llevarle la contraria a todo lo que dijera Amber, y esa no tenía que ser la excepción.
- Dos médicos a mi cargo murieron – No lo miró. Apretó los dientes y cerró los puños
- ¿Por qué has hecho eso? – Protestó la difunta novia de su mejor amigo - ¿Qué? ¿Ahora pretendes contarle los dilemas con tu padre? -
- Cállate, mi familia no tiene que ver con esto – Susurró el médico.
- ¿Se ha enojado? – Preguntó el médico de House, sobresaltándolo.
- No. Solo se dedica a molestarme – Resolvió el médico especializado en enfermedades infecciosas, con un tono de rabia palpable.
- No te molesto – Aclaró Amber sonriente – Solo te digo lo que realmente deberías decir, pero hay veces que me jode que me ignores –
- Siento mucho la perdida – Intentó continuar el otrro médico, como para distraerlo. House quiso seguirle la corriente.
- Ah… Bueno yo… - El otro lo miró, extrañado – Es… Difícil – Intentó huir. No quería ponerse melodramático. NO DEBÍA ponerse melodramático. – Pero, bueno… La gente muere todos los días – Soltó algo trabado.
- Parece que hay cosas que no te cierran –
- Juraría que es capaz de leerme el pensamiento. ¿Qué estoy pensando ahora? – Soltó cínico, intentando distraerle.
- No sirven tus evasivas – Soltó el aludido con seriedad – Algo no te cierra –
- Si… Dile, que Kutner se haya pegado un tiro en la cabeza te jode porque no lo viste venir – Soltó Amber, cínica – Si a mi me jode, significa que a ti también –
House bufó. Ignorar a Amber a la vez que intentaba que su médico dejara de interrogarle era algo bastante complicado si tenía en cuenta que ya no era el mismo de siempre. ¿Estaba comenzando a darse por vencido?
- Hay cosas que aún no entiendo – Soltó sin pensar.
- Nos molesta no entenderlas – Continuó Amber – No es racional -
- Piensa un poco, House – Insistió su médico - ¿Qué es? ¿Nunca haberte imaginado que uno de tus colegas moriría de un día para el otro o…Acaso no darte cuenta de que eso ocurriría? -
- Que genio, lo descubrió todo el solito – Soltó Amber con escepticismo.
- Ambas… - Susurró. - ¿Qué es eso? – Preguntó dándose cuenta de que el hombre llevaba una revista en las manos - ¿Una revista de modas? ¿Qué? ¿Se ha pasado para el otro lado? –
- No, para nada – Rió el médico tomándose el sarcasmo del oji-azul, como un chiste -
- Es que mañana es mi aniversario de casado y la verdad es que no se me ocurre que regalarle a mi mujer ¿Qué sugieres? –
House lo miró un momento, extrañado.
- No estoy casado. No tengo que andar lidiando con todos esos problemas del aniversario y reconquistar a la pareja… - Sonrió amargamente. Amber bufó – De echo, es una perdida de tiempo. Tarde o temprano, todo matrimonio termina en fracaso –
El otro médico lo miró.
- ¿Y que me dices de las parejas que viven más de cuarenta años de matrimonio? – Lo desafió.
- ¿Cuánto es eso? El 0,001% de la población actual… –
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- No puedes avisarle a House – Foreman miraba a Cuddy desde el otro lado del escritorio. – No esta bien. Lo único que harás es desesperarlo –
- ¿Y a quien más? – Inquirió la decana levantandose. – ¡No puedo confiar en Tayrmors, tampoco puedo echarlo sin pruebas! –
- Busca a alguien más… –
- ¡Su paciente se está muriendo y el se lo toma como si fuera un viva la pepa! – Protestó.
- Estamos trabajando en el caso… – Intentó hacerla entrar en razón.
- ¡Ambos sabemos que House lo hubiese resuelto en un periquete como lo hizo al diagnosticar telefónicamente a la esposa del mismo! – Lo interrumpió otra vez.
- ¡Cuddy, te estás obsesionando con él! – Levantó la voz Foreman. La mujer lo miró en silencio – Sé que es uno de los mejores médicos diagnostistas del mundo pero… Si esta en el Mayfield es por algo. – Cuddy asintió – Y ambos sabemos que ese algo es para su bien: la rehabilitación -
Cuddy intentó protestar pero sabía que era inútil.
- Bueno, esta bien – Suspiró consternada – ¡Pero conste que a la mínima que lo vea haciendo algo raro, te juro que lo echo! –
- Ambos sabemos que Wilson está mejor ahora –
- Si, pero estuvimos así… – Con ayuda de su mano derecha, haciendo uso de sus dedos gordo e índice le indicó una porción menor a dos milímetros – … De perderlo –
- Pero está vivo –
- Foreman, a veces me pregunto de qué lado estas realmente – Soltó Cuddy – Tú y Tayrmors son dos sospechosos potenciales de un casi asesinato ¿Y te dedicas a defenderlo? – Inquirió - ¿Qué te pasa? -
- Yo no lo he hecho, y bien lo sabes – Se defendió Foreman – Con Wilson me llevo bien, nunca le tuve celos o nada –
- Dile eso a los policías que nos caerán para investigar el caso – Bramó la decana negando con la cabeza a la vez que sus rulos volaban por el aire, embravecidos por un momento. – Me temo que el caso Wilson ha tomado lugar hasta en los medios – Soltó – Y sino se lo digo yo, tarde o temprano se va a enterar -
- No se lo dirás – Añadió con firmeza él.
- ¿Por qué? – Lo desafió Cuddy.
- Ambos sabemos que Gregory House es capaz de todo y eso implica también, la posibilidad de escaparse del psiquiátrico – Soltó - ¿Nunca se te ocurrió pensar en eso? –
A decir verdad, nunca creyó en aquella posibilidad.
Tras un momento de silencio, continuó.
- Vigila a Wilson – Decidió – Tú, Trece y Taub túrnense para mantener la guardia. No dejen que Tayrmors se acerque… - Reconsideró – Nadie, exceptuando a enfermeras y a agentes policiales –
- ¿Qué pasará con nuestro paciente? –
- Son tres, bien pueden arreglárselas como lo han hecho hasta ahora – Soltó – Y si necesitan de mi ayuda, aquí estoy -
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House volvió a entrar, ya eran pasas las seis y estaba oscureciendo rápidamente. Decidió que cenaría sentado en una de las mesas que había en esa suerte de comedor para enfermos no tan enfermos que tenía el psiquiátrico.
Se sentó en silencio para descansar su pierna una vez más. Amber lo miró parada en su sitio, esta vez en silencio.
- ¿Qué? ¿Ahora te quedas callada? –
- Ah ¿Quieres que hable? –
- No, no, solo te estaba poniendo a prueba – Desvió la vista hacia el televisor.
Arqueó las cejas de golpe al notar algo extraño.
- Estoy viendo lo que tú ves lo que significa que esto es en serio –
House se dio media vuelta para mirar hacia atrás sin levantarse de la silla y la gritó a una mujer de cara redonda y piel oscura que estaba pasando un trapo húmedo a la mesada.
- Eh ¿Podrías subirle el volumen? – La mujer ni lo miró, seguía haciendo lo mismo - ¡Qué le subas el volumen P-O-R F-A-V-O-R! – Levantó un poco más la voz. La mujer lo miró con desdeño y obedeció con desgano.
- …Se rumorea que el médico jefe del departamento de Oncología del hospital Princenton Plainsboro ha sufrido un envenenamiento y se encuentra en grave estado... -
- ¿Jefe de Oncología ha dicho? – Soltó Amber preocupada. House le chistó para que se callara.
- … Se desconoce cómo y la directora del hospital se ha negado a dar más información hasta estar seguros al cien por cien… - En eso aparece una imagen de Cuddy hablando por los medios sin sonido -
- Que me jodan, se ha pasado… - Murmuró y se levantó apurado.
- ¿Qué vas a hacer? –
- ¿Tú que crees? –
- Ay no. ¿En serio? – Comentó Amber al descubrir que era – Pensé que lo pensaste en broma. -
- Tú no piensas, yo lo hago por los dos – Se metió apurado en su habitación y revolvió entre sus cosas hasta encontrar un papel algo arrugado – Sabía que me serías de utilidad… - Sonrió
- House, House oye… - Amber lo siguió.
- Ahora no me jodas – Soltó el con seriedad – Dame cinco minutos y luego puedes seguir como lo estabas haciendo hasta recién –
Ella se quedó callada, con mala cara.
House puso unas monedas en el teléfono público tras descolgar el tubo, y marco el número grabado en esa dichosa tarjeta arrugada.
- Hola, ¿Te acuerdas de mí? – Mencionó confiado cuando obtuvo la respuesta.
