Treinta Días
Disclaimer:
Los personajes de YYH no me pertenecen, yo solo los uso por que me hubiesen gustando más escenas insinuantes en la serie, si tuviese un Hiei de verdad con un Kuramita de verdad les haría pasar por muchas situaciones rosadas nOn.
Comentarios:
¿Perdón?, sé que se merecen más que esa frase tan cliché, pero honestamente no tenía inspiración para escribir nada por que estaba bajo de ánimo, y creí que no recuperaría tan pronto la inspiración, le doy las gracias a Rorona-chan, por que me reí tanto con sus ficks y sufrí de una manera con uno en especial llamado "el deseo de Hiei", imagínense, me estaba tirando el cabello por que Hiei y Kurama no hacían lo que mi mente quería, que al final me dije "¡yo quería que hagan esto!; Que lo tuve que incluir en mi fick, así que, este capitulo esta dedicado a ti, no sé si lees siquiera esta historia, da igual, si llegases a leer esto, espero que te guste.
¡Muchas gracias Rorona-chan!
Y gracias también a todos los que me comentaron en el capítulo anterior, me suben muchos los ánimos, no prometo actualizaciones muy seguidas, pero al menos trataré de ponerles un capitulo cada dos semana o por mes.
Dedicado a:
Rorona-chan, por devolverme la musa y a Nejito, por que con tus locos juegos logré terminar este capítulo.
Recordemos:
Como hace tanto que no pongo un capítulo, haré un brevísimo resumen, Durante las entregas anteriores Hiei y Kurama habían comenzado su apuesta terminando con lemon en un ascensor, Yusuke se va fue a dispararle a Karazu tras descubrir que fue este quien lastimo a Keiko, mientras Yukina llega a decirle a su hermano que será tío.
¡Gracias por leer!
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Capítulo XI
"Suke"
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-Habitación de Hiei Jaganshi y Kurama Minamino, 10:00 am-
Estiró sus piernas bajo las sábanas que cubrían su cuerpo, contemplando esas largas y gruesas pestañas que le gustaban, las que moviéndose de un momento a otro le indicaron que el dueño de estas despertaría pronto. Se dejó caer más abajo, y se quedo estático grabándose las líneas de la cara, la curvatura de los ojos, la punta del rostro pulcramente tallado…los labios mordibles y lamibles.
Poco a poco, uno de sus dedos empezó a jugar con un collar que ese cuello tersa y largo tenía puesto.
Una cadena larga de plata grabada con las iniciales de su nombre.
Experimentó como un sabor amargo y dulce al mismo tiempo le bajó por la garganta, ¿él jugando con una cadena?, ¿él dejándose como un verdadero idiota enamorado mientras sus labios pequeños y carnosos tomaban y botaban aire consecutivamente?
Admitámoslo, estaba…"enamorado" de ese baka kitsune, pero no lo diría a los cuatro vientos.
-¿Qué demonios me haces maldito baka kitsune?- quizás la frase hubiese sonado linda si no fuera por tantos insultos de por medio, pero era él, no un cualquiera.
Si no que se trataba de Hiei Jaganshi, quien jamás admitía lo que sentía en voz alta, a menos claro que supieran como sacarle las palabras.
-Te amo baka kitsune- recordó una de esas tantas que juro jamás decirle a alguien en su vida, recordó el sentimiento de pasión que se coló en su corazón una vez que pronunció esa frase; y es que cada letra le era difícil de decir. Más que difícil, era el hecho de admitir que sentía algo por alguien, que dentro de su alma habitaban esos sentimientos, por que desde hace más de seis años que no sentía nada más que vacío, y por ello, se había forzado a mantener la mente ocupada en los torneos o en los campeonatos, y si alguna vez les tuvo eran sentimientos baratos correspondidos por una noche.
Yusuke no había sido el primero en pisotearle el corazón, pero no venía al caso recordar quien si lo había hecho primero. ¿Para qué?, ¿si ahora tenía a quien quitárselo?
-Seré tuyo hasta que me muera-
La típica frase de amor perfecto…
Dejó que un suspiro se escapara de sus labios.
Bajó la mirada al oírle susurrar.
-No, de chocolate no-
-¿Qué tanto balbuceas eh?-
Otra vez se perdió en ese rostro, y es que escuchar como ese baka kitsune peleaba en sueños era muy divertido, ya le diría todas las cosas que había estado pronunciando desde hace más de seis horas.
Desde hace seis horas se encontraba en el mismo lugar, la misma posición contemplando como el cuerpo del baka kitsune se movía de un lado para el otro, peleando con su yo interno, mientras que de paso le quitaba la almohada, o lo corrían, o lo botaban de la cama o quien sabe que.
¡Claro!; como él no podía dormir se había quedado mirándole hipnotizado, hubiese sido mejor dar una vuelta, pero es que, si somos sinceros, una, afuera o hacia mucho frío, o dos, los brazos de Kurama lo retenían como su fiel osito de felpa.
-Me caigo….no, rojo, quiero rojo-
No sabía que tenía, no sabía que era, pero no podía quitarlo de su cabeza; ¿cómo olvidar esos labios que imploraban que le besara y le acariciara más rápido?
-Baka kitsune rosado, ¿sabías que esto me supera?- lo único que agradecía era el hecho de poder hablar en voz alta, pues, sabía que el otro no lo escucharía.
En esos momentos le era más fácil mostrarse, si no…no le diría más que insultos.
-Déjame ver la película Hiei-
-¿Sueñas conmigo?, hn, ya sabía yo que estas loco por mi-
Brazos fuertes y largos estaban ahora acariciando la cabellera rojiza que placidamente intentaba dormir, no podía describir los hechos de la noche anterior, no sabía como del restaurante habían llegado al cuarto de su departamento.
Lo único que recordaba era la excitación que había experimentado luego de eso, los besos, los gemidos, piel tocándose con piel.
El ascensor era lo último que recordaba, pero vamos, no es que le importara en lo absoluto, lo que le importaba era saber si aquello que le había dicho era verdad.
-Te doy mi corazón y mi alma-
Era demasiado sentimiento para él…
¿Y si habían sido pronunciadas por un mero deseo lujurioso y desenfrenado, de querer tener sexo por querer tener sexo?
No, ese sería él, no Kurama…
-Soy un idiota- si, era de idiotas estar dudando de los sentimientos del baka kitsune, ese rosado kitsune no tenía la cabeza hecha mierda; él la tenía.
Lentamente, comenzó a alejarse de la cama, suave, pasos sigilosos cual felino para no despertarle; cuando sintió que los brazos del kitsune ya no le aprisionaban se dio el lujo de estirar las piernas. Lo primero que izo fue buscar uno de sus conjuntos, esta tarde tenía una larga jornada de entrenamiento, y debía de recuperar el tiempo perdido luego de esa sesión de fotos.
Se quedo mirándolo unos minutos más, y se preguntó, en silencio, si en realidad se merecía una oportunidad con ese baka kitsune, si sería capaz de llevar una relación. Algo, en el interior de su alma le dijo que tenía miedo a aquello; ¿y si aún tenía sentimientos por Yusuke?
No quiso ni pensarlo.
Cerró la puerta adentrándose en el baño, quizás sería una buena idea contarle al kitsune un poco más de su vida privada, ¿después de todo las parejas no deberían de tener secretos o si?
-Hn, que graciosos se oye eso- Se dijo, "pareja" era un termino demasiado grande…aún, pues, no le había pedido noviazgo formal, sólo le había prometido darle su corazón. ¿Cómo darle el corazón a alguien, cuando esta tan lastimado?...
¿Cuando sientes que no le queda nada para darle a esa persona?...
-Supongo…que podría intentarlo- exclamó, antes de dejarse caer bajo las gotas del agua caliente.
Aunque en el fondo no estuvo tan seguro de ello.
-Habitación de Hiei Jaganshi y Kurama Minamino, diez minutos después-
Ya no sentía el mismo calor que hace unas horas, tampoco sentía la contextura de su juguete cerca de él. No, ¿y si todo era un sueño ideado por su ilusa mente?, ¿y si estaba exagerando?, ¿y quien dice si no había soñado conocer a un deportista de renombre y que más encima, siendo él como es, invalido, que no servía por si mismo, le había jurado que le amaba?
Si, estas cosas podían verse muy bonitas en las telenovelas venezolanas, pero ¿que le pasasen a él no era decir demasiado?
En su estado de inconciencia aún peleaba, se veía, disfrutando en medio de un ascensor, luego jugando quien sabe que cosa en un cine, y al final estaba discutiendo por unos tonos de ropa, mientras caminaba por medio de una pasarela.
Caminando….
Quizás eso era lo que lo tenía realmente mal, el hecho de que su cuerpo le recordase exactamente el día de cuando no pudo moverse otra vez. La presión dentro de su piel fue tal que empezó a doler, y experimentó como una bocanada de aire le estaba siendo arrebatada, ¿o era que le estaban apretando los labios a la fuerza?
Y el aroma que se coló por sus fosas nasales a tostadas ¿Qué era?...
-No, espera…-
Levantó los brazos para alejar aquello que estaba interrumpiéndole el sueño, cuando, sin quererlo, pudo descifrar como unas manos jugaban debajo de su camiseta, haciéndole cosquillas.
Entonces, una lengua bajo por su cuello, lamiéndole lentamente, de abajo hacia arriba y viceversa
Abrió los ojos de inmediato.
-¡Hiei!- la palabra salió automáticamente, y cuando aquellos carmines ojos se clavaron en medio de los suyos le fulminaron con una de sus mejores miradas. Oh si, esta decía "maldita sea, ¿Por qué demonios no seguiste durmiendo?", la tentación de reírse fue demasiado grande, y fue peor, al darse cuenta de que tenía una bandeja encima de la cama con el desayuno.
-¿Te sientes bien?- peguntó como si lo conociera de mucho tiempo, pues en la personalidad que tenía el pelinegro no le cabía el "yo hago el desayuno mi amor".
-Hn, ¿Por qué la pregunta?- desvió el rostro, un dato que grabaría para más tarde, "algo no esta bien", se dijo cuando notó como los dedos del Jaganshi jugaban inconcientemente con una de sus agujetas.
Se hizo un silencio incomodo, el pelirrojo se llevó a la boca una de las tostadas, saboreó el trozo de pan, incitándolo, al darse cuenta de que el otro no le quitaba la mirada de encima.
-¿Qué?, ¿no crees que me gasto cuando me miran mucho?-
-Yo miro lo que quiero-
-¿Y qué quiere?- siguió jugando con su trozo de pan, y de paso, creyó derretirse con la sola forma en que el pelinegro le quito la comida de un sólo mordisco.
-Hn, ¿te creías que te miraba a ti?-
Muy bien, al parecer Hiei se había fumado algo, o drogado, o quien sabe, pero estaba para comérselo a besos.
-No lo sé, quien me dice si no querías quitarme la boca-
-Baka kitsune rosado-
-¿No me quitaras ese sobrenombre verdad?-
-Hn-
Bien, cuando creía que podía hablar con él más de unas cuantas frases que no fuesen el "idiota", "kitsune" volvía otra vez a los monosílabos.
-Anda, ¿Qué pasa?-
Intentó mantener la mirada fija, pero no pudo, este día no era precisamente uno de los mejores, y más si le añadimos que estaba estresado interiormente por que no quería dejarlo solo en el departamento sabiendo que el loco de Karazu estaba suelto por allí. Tenía que viajar a otro país por la liga de basquetball, pero no sabía si podía llevarle y no había podido localizar a Yusuke para cancelarlo.
Con un demonio…
En su vida espero cancelar un partido, así que, al moreno o le quedaba tragarse sus sermones de "eres mi mejor jugador, ni creas que te quedaras haciendo la del vago, por que ese trabajo es mío", o le quedaba recibir al pelirrojo en el hotel con él aguantando las críticas de los paparazzi de que "¿es cierto que se vio a su jugador estrella la otra noche con alguien en medio de una borrachera?, ¿cree que el comportamiento del joven afectará la carrera que tiene el equipo y la visión para con los admiradores?.
Se imaginó el problema que le armarían al moreno y no pudo resistirse.
Fue…exquisito
-Me voy de Tokio-
El pelinegro se acercó salvajemente hasta su rostro, jugando con una de las hebras de su cabello. Mientras el aroma del chocolate caliente le embriaga, y le comenzaba a descontrolar las hormonas. Esto podía ser un problema, pero debía caer en la tierra, no podía dejarse llevar por los sentimientos que estaba experimentando su cuerpo.
-¿Un campeonato?-
-Gira de seis meses, tengo todo listo, así que arréglate-
-¿De qué estas?-
-Estas lento hoy rosado kitsune ¿eh?- exclamó, y en seguida recibió una erótica mordida en medio del lóbulo, aquello fue tan excitante que le obligó a dejar caer sobre la cama el trozo de pan que aún estaba comiendo. De inmediato, el otro le empujo, rodando a la alfombra, mientras comenzaba a quitarle la camiseta.
- Tú te vienes conmigo, Kurama-
Si, definitivamente se había fumado algo.
-Afueras de la ciudad de Tokio-
-Entiendo, no te preocupes Keiko, seguro aparecerá pronto-dejó que las palabras le atravesaran los oídos, en estos momento tenía mejores cosas en que pensar. Siguió conduciendo su convertible negro, poniendo atención a las luces del camino.
No supo por que le sudaron las manos.
Exactamente las diez y treinta de la mañana, iba con unos minutos extras, Yukina y él habían quedado de juntarse cerca de un centro comercial para comprar las primeras ropitas del bebé, no sabían que sexo tendría pero ambos querían que fuese sorpresa.
-Y justo ahora que necesitaba decirle que no iría al campeonato-
Regresó la mirada a los letreros, ¡por que demonios el tráfico estaba tan congestionado!, nunca había pasado nada como aquello.
-Esta ciudad cada vez se vuelve más loca- exclamó, hizo parar a un transeúnte, necesitaba saber por que rayos llegaría tarde a su cita con Yuki, y necesitaba que le dijesen una buena excusa, por que algo que no soportaba su novia era que llegase tarde, en esos momentos era cuando más se parecía al demonio de su hermano.
Y ahora, estando en cinta, su genio se doblegaba como la mierda.
-¿Amigo, esta cortado o qué?-
-Toma la otra ruta, parece que anoche alguien le disparó a un chico, no se sabe que paso, pero se encontraron rastros de sangre en las aceras-
-¿Cada día más locos eh?-
-Si, no sé que pasa en esta ciudad, dicen que fue una riña por una chica, o algo así, ya sabes, como nos ponemos los hombres con unas cuantas botellas-
-Supongo-
-Lo único que se encontró en la escena del crimen fue una cadena, no creo que logren sacar algo con eso-
Silencio…
- ¿Sucede algo que me miras tanto?-
- Quería preguntarte, ¿eres del equipo de básquet de Tokio?, ¿me darías tú autógrafo?-
-Claro, ¡Yo, el gran Kazuma Kuwabara te dará todos los autógrafos que quieras!-
-¡Genial!, ¡siempre quise uno tuyo!; ¡wuoooo!; ¡eres increíblemente alto!-
Y así se pasaron los minutos, cuando hubo firmado camisetas, zapatillas, poleras, tarjetas y otras cosas que ya ni recordaba se le había acabo el tiempo, entonces, vislumbró el brillo en su aparato celular.
Mensaje de texto recibido
-Kazuma te estas tardando mucho, me adelantaré a la casa de mi hermano, espero no te moleste, por favor, ¿puedes comprar algo para comer?; ¡Me estoy muriendo de hambre!-
-Parece que ya se mueven-
-Voy tarde, ¡rayos!-
No supo por que, pero había algo en el aire, una vocecita que le decía en su cabeza "bájate del auto", bájate del auto"
Odiaba hacerle caso a esas vocecitas, él no era un enfermo mental ni nada por el estilo, pero nunca se supo explicar exactamente por que siempre que las escuchaba ocurría algo fuera de lo normal.
-¿Has visto a Yusuke?-
Y ahora el tono de preocupación de Keiko regresó a su mente. ¿Por qué?
-¿Qué estas haciendo Urameshi?-
La última vez que él le vio fue en el hospital. Con una mirada tan extraña que recordaba a la locura, cosa, que no pasó de improvisto a él.
-Cuando encuentre al maldito te juro que lo mato-recordó que le comentó eso una vez… ¿sería capaz de…?-
Cuando hubo dado la vuelta en la esquina, miró por sobre el espejo retrovisor, no había señales de ninguna ambulancia ni nada por el estilo, por lo que no habría alguien herido según su deducción.
Pero cuando hubo de volver la vista, el perfil de alguien que conocía sangrando bajo una terraza, respirando agitadamente le caló en el alma.
-Yusuke…-
-Departamento de Hiei Jaganshi y Kurama Minamino-
Quedó mirándolo en medio del suelo, estaba divirtiéndose a costa suya, botándolo de vez en cuando de la cama y de donde se le ocurriera para agarrarlo a besos, y no, ¡no era que se sintiese terriblemente feliz!, es sólo, que con ese uke nadie querría perder el tiempo.
¿Qué?, ¿me lo negarían?
-No terminamos lo del otro día baka kitsune-
-Un caballero no tiene memoria, ¿Qué del otro día?-
-¿Recuerdas la pequeña apuesta que hicimos?, ¿la de la revista play boy?
-Si- se mordió los labios provocativamente, ¿Qué no tuvo bastante con la sección del ascensor?- pues tal parecía que no era así.
-Que te parece si cambiamos las reglas, una revista es muy aburrido-
-¿Y que pretendes?- exclamó, en el momento en que le daba la vuelta, quedando ahora el pelirrojo sobre Hiei, entonces, comenzó a desabrochar los botones de la camisa, y jugar dentro de ella.
-No me gusta ir arriba ¿sabes?-cambió de posición otra vez, durante unos diez minutos estaban girando por toda la pieza, mordiéndose, besándose o lamiéndose.
-Anda, que se te ocurrió capitán-
-Hn, ¿de verdad quieres saber?, no creo que un rosado kitsune como tú quiera-
-Hiei, anda, dime- exclamó con cierto erotismo en su voz, que el pelinegro no pudo evitar sentir como la piel de su carne se entumecía, oh, dios, esta sensación de estar sobre su cuerpo era terrible.
-¿Puedes estar sobre mi sin hacer ningún movimiento Kurama?, ¡porque yo no puedo!-
-Eso es porque eres un caliente capitán-
-Cállate-
-Hiei…- gimió intencionalmente, provocando que la sangre del jugador se le subiera hasta las mejillas. -Caliente-
El chico pelirrojo se sonrió divertido, otro dato para más tarde, "no se aguanta a mis gemidos", cuando hubo de mover sus labios para reírse de él, el otro le atrapo en medio de un descuido. Su lengua se juntó con la suya, presionando con tan fuerza que pensó que le arrancarían los labios, el sabor de la saliva, las manos moviéndose bajo la polera.
El corazón le bombeó potentemente.
El capitán se separó, y llevó sus labios hasta su oído para deleitarlo con su voz.
-Quiero comer un helado antes de irnos de viaje ¿sabes?-
-¿Lo quieres con crema o con fresas?-
-Con fresas-
-¿En la tina?-
-Y dices que el caliente soy yo, voy por chocolate, espérame en el baño-
Por supuesto que lo esperaría…
A él también se le había antojado un helado.
-En la puerta del departamento Jaganshi y Minamino-
-Pon tu mejor sonrisa Yukina- pensó, antes de poner una mano en la baranda de la puerta.
De acuerdo, estaba nerviosa, ¡apunto de explotar!, era muy fácil decir "más te vale escuchar lo que te diré hermano", pero una cosa muy distinta era hacerlo, y siendo como era Hiei; ¡quien no le aseguraba que no mataría a Kazuma luego!
-Tranquila, no pasa nada sólo entras, saludas, le hablas de algo y le disparas el tema, tan fácil como eso Yukina-si, ojala fuera tan fácil como eso, ¡porque bien sabía que no era tan fácil como eso!
¿Y quién le aseguraba que estaría en su casa?
¿Y de qué le hablaría?, ¿del clima acaso?; disimular un poco los kilitos de más era una cosa fácil, pero, es que cuando ella llegaba, Hiei se volvía otro, ¡tan sobre protector como Kazuma!, ¡seguro se volvería peor cuando le dijera que sería tío!
-Muy bien, el primer paso es abrir la puerta, no quiero que él la abra, así que lo haré yo- eso era muy fácil. Siempre tenía una copia de las llaves en su cartera, y ahora le serían muy útiles. Cuando estuvo a punto de ponerlas en la cerradura, una voz familiar detrás de ella le hizo girar la vista.
-Disculpa el retraso, tuve un inconveniente- allí estaba él, por lo menos había llegado al departamento a tiempo, como no quería que su hermano se enterara que estaban allí, por que querían tomarlo desprevenido no le grito, pero luego vería.
-El regaño te lo daré después Kazuma-
-¿No te decides de abrir la puerta eh?-
-¿Y si mejor nos vamos?, no creo que haya nadie-
-Yukina, yo estoy contigo, así que nada malo te pasara, si se atreve a gritarte te protegerte-
-Me preocupa más que te lance un florero Kazuma-
-Ah hecho cosas peores, y no logró alejarme de ti, ¿Qué más podría hacer?-
-De hecho, siempre pensé que eras muy raro-
El pelirrojo suspiró de un momento a otro.
-Yukina antes de que abras la puerta, ¿puedo hacerte una pregunta?-
Esa mirada no era típica en él, a menos que fuera algo muy urgente.
-¿Sucede algo malo?-
-Bueno, si y no-
-¿Cómo es eso?-
-Es que…encontré a Urameshi caminando cerca de un accidente, y lo traje conmigo, quería estar con nosotros cuando le diéramos al ena…digo tu hermano la noticia, pero se quedo dormido en el auto-
-¿Cuál es el problema Kazuma?-
-Intento matar a alguien anoche-
Silencio…
-No sé si lo consiguió, no logré sacarle la información por que es muy terco. Mi pregunta es ¿si yo matara a alguien que te ha hecho daño, tú me odiarías?-
-Yo…-
-Todo el camino me lo ha preguntado Yusuke-
La pregunta la dejó algo perpleja, ¿matar a alguien?, ¡ella no concebía eso!, pero, pensándolo bien, si alguien le hiciese daño a él, o a Hiei, ella no lo dudaría, y seguro se dejaría llevar por el primer sentimiento que le atravesara la cabeza, ¿por eso le odiaría?, no, porque si se amaban tanto como profesaban entonces podían superar estas cosas. Pero... ¿y Keiko?
-No podría Kazuma, porque yo habría hecho lo mismo, y si, se que suena loco viniendo de mis labios, pero perseguiría al bastardo hasta arrancarle al corazón-
Si, y había veces que ella se parecía mucho a Hiei.
Y como le daba miedo...
-Dentro del baño-
Se deslizó dentro de la tina llena de chocolate líquido, tirando de ella las cosas que según su deducción "estorbaban"; ¿Quién necesitaba shampoo, jabón, colonia, un patito de hule y otras cosas en ese momento?
Nadie.
Hiei aun no había vuelto de su segundo viaje a la cocina, ¡claro!, para el pelinegro fue muy fácil decir "espérame en el baño", ¡y como demonios pretendía que llegase sólo al baño!; ¡tuvo que hacer magia para llegar a la tina!, arrastrándose cual gusano lo más rápido que pudo para que Hiei no lo "cazara por segunda vez" antes de volver a la habitación.
En el primer intento de llegar a la tina "dignamente" el pelinegro se le quedo mirando por el respaldo de la puerta, deleitándose con su perfecta parte trasera, el pijama marcado, los pantaloncillos azules cortos, y el cabello alborotado cayéndole por toda la contextura del cuello.
Si, ¡y se había tirado sobre él como un salvaje!; ¡malditas hormonas calenturientas que tenía este basquetbolista!, y no, ¡no estaba escapando de él como una vil rata cobarde!, claro que quería que le besara, le lamiera, le tocara, pero quería en la tina, no en el suelo, y al parecer a Hiei no le interesaba el lugar, ni la hora.
-Se siente…raro esto…-exclamó, nunca, pero nunca en su vida se imaginó estar dentro de una tina con chocolate, ni que él sería el postre, ni nada por el estilo, dios, esto de ser uke podía ser divertido, pero también quería jugar él. ¿Y quien decía que no podía?
-¿Jugamos rosado kitsune?- apenas percibió el rose del aire caliente que brotó de su garganta se quedó en blanco. El calor, esos labios deslizándose por detrás de sus oídos. Acto seguido, las manos bajaron por sus hombros, la pequeña nariz deslizándose por el cuello…
-Eso no se pregunta capitán-
-Muy bien, porque seguirás todas y cada una de mis reglas baka kitsune-
Oh, y se oyó tan excitante eso, y él era adicto a esas sensaciones eróticas, a que le mordieran, y le recorrieran.
-No lo creo capitán-
Exclamó lujuriosamente, moviendo sus labios lento para dejarle ver como deslizaba la lengua por su boca, y le gustó, le gustó ver como los ojos rojizos del capitán se perdían en ellos, le gustó ver en él una debilidad.
-¿Te gusta cuando hago esto Hiei?-volvió a hablar, deslizando la lengua notoriamente, provocando que la sangre se le subiera hasta las mejillas al otro.
Lo que siguió no pudo predecirlo.
-Me gusta cuando intentas ser como yo Kitsune- le jaló del cabello presionando los labios sobre los suyos, metiendo su cuerpo a la tina llena de chocolate, y fundiéndola en ella. El sabor dulce, el calor mezclándose con lo frío de este.
La sangre comenzó a subirle por la cabeza, mientras el deportista le lamía, y le mordía los labios de la boca, mientras sus dedos bajaban por los pectorales, juntándole las piernas con las suyas.
Kurama se preguntó si podría ahogarse dentro de la tina, y le gustó pensar que esa sería una perfecta manera para morir.
-mmmm-
Volvió a morderle, deslizó su lengua por sus labios, sin penetrar estos, los lamió lento, luego rápido, entonces, sus ojos se quedaron fijos en sus gemas verdosas, el cabello rojizo ahora chocolatoso le caía sobre los hombros, cada gota deslizándose por su cuello y sus pectorales.
Kurama le quedó mirando, dios, ¡estaba cubierto de chocolate!, y Hiei no tenía ni una sola gota manchando su camisa blanca, de inmediato esos ojos carmines le fulminaron con una erótica mirada, sus dedos deslizándose por sus tetillas….
Y él quería lamer a Hiei, no que le lamiera, quería saborear el chocolate en "esa" piel no que él le saboreara.
-Cambiaremos los papeles capitán- exclamó tomando con una fuerza descomunal los hombros del pelinegro, cosa que jamás se esperó este.
El otro arqueó una ceja
-¿Disculpa?-
-Yo te quiero usar de juguete ahora-
El kitsune lo tiró de un minuto para el otro al piso, lanzándose sobre él de la tina al suelo. ¡Estaba loco o que este zorro!, ¡mira que tirarse como suicida de la tina!
-Zorro idiota…acaso no…-
No pudo seguir
La primera mordida en su cuello provocó que llevara la cabeza hasta atrás, por dios, ¿Cuándo se había percatado éste de que el punto débil de el gran capitán Jaganshi recaía en que le mordiesen el cuello?
¡Si nadie sabía eso!
-Te ganaré, no resistirás cinco minutos conmigo encima sin hacerme nada- exclamó el pelirrojo, recordando que Hiei le había dicho en la habitación que no soportaba estar quieto con su cuerpo sobre el de él.
-Maldito…seas-exclamó, y ahora, una de las manos del kitsune comenzó a deslizarse por debajo de su blanca playera, untándole los pectorales con delicioso chocolate.
Las mejillas comenzaron a sonrojársele, y no, no quería, ¡y no iba a gemir para complacerlo!, pero estaba seguro que por la forma que apretaba sus ojos ese kitsune mal nacido sabía que le estaba costando resistirse a ello.
Y pudo haber quedado allí, pero no, ese maldito baka kitsune le siguió mordiendo, y luego, lamiéndole la pequeña mordida, provocó que arqueara parte de su espalda unos centímetros del suelo.
¡No resistía tener las manos sin hacer nada!, ¡pero iba a ganar a como de lugar!
-Te…ganaré…kitsune-
-No te mientas, sabes que no ganarás-
-Mírame…hacerlo-exclamó el pelinegro, entonces tuvo que morderse los labios cuando experimentó como el otro le arrancaba la playera del cuerpo, dejando a la vista sus pectorales y su abdomen bien formado. Los ojos del kitsune le recorrieron con la mirada, y le untó del chocolate, a continuación, una de sus manos comenzaron a jugar con sus tetillas en el momento en que él bajaba la cabeza y comenzaba a lamerle el cuerpo.
-Miserable- no podía; ¡no podía quedarse con las manos sin hace nada de nada!; ¡demonios!, tuvo que llevárselas dentro de la boca, mordiéndolas con una fuerza descomunal a medida que el otro le quitaba a lamidas ese exquisito chocolate. Respiró más rápido, cuando de pronto sintió que comenzaba a contraérsele el miembro, ¡diablos!, ¿y había logrado eso con sólo morderlo en el lugar correcto?
-Estoy acabado-
-Te ganaré Hiei, y eso que no he llegado a tú ombligo- o por dios; ¡el maldito ombligo era otro punto en contra suyo!
¡Ahora estaba implorando ser más alto que él!, era simplemente increíble, que con la mala condición física que tenía ese pelirrojo zorro pudiese mantenerlo en el piso frío del baño, ¡si ni siquiera podía quitárselo de encima!
-No…dia… b…los-
-Es graciosos verte luchando contra ti mismo, déjate llevar Hiei, total ya te gané y lo sabes-
No, una cosa que jamás, pero jamás admitiría era la derrota y aún no la aceptaría.
-Me pregunto si te afectara esto también-exclamó el pelirrojo, y en seguida se deslizó sobre él hasta mas allá de sus pectorales, dejándole encima de su abdomen parte de su miembro, si, y estaba caliente, y esa piel suave estaba encima suyo afectándole la cabeza.
-¡No, no, no, no!- quería girarle, n-e-c-e-c-i-t-a-b-a hacerlo, pero ¡iba a ganar ese maldito juego!
Abrió los ojos arqueando violentamente la espalda, cuando experimentó como la lengua del baka kitsune se introdujo dentro de su boca, llena de ese líquido dulce, y le comenzaba a pellizcar la piel de los hombros con sus dedos.
Visualizó algo en una de sus manos que jamás se espero ver.
En ese momento una frase se quedó grabada en su mente como un balde de agua fría.
-Espera a que te ponga la crema en el ombligo-
Continuará-
Capítulo once listo, y estoy inspirada escribiendo el doce, espero les haya gustado, honestamente me pareció muy excitante esta escena, ¿a quien no se le antoja un helado así?; pobres, buena la que se armará si Yukina se decide a abrir la puerta.
¡Me río de sólo imaginarlo!.
Espero se haya entendido todo, estoy tratando de abarcar todas las tramas implícitas en esta historia, desde Yusuke hasta Yukina, ya saben, pueden decirme todo lo que piensen en un comentario, no cuesta nada darle click a "submit review" para decir incluso, hola, bueno, vamos avanzando más en este fick y aún tiene para mucho.
Nejo te cumpliré un deseo, seré tu padrino mágico y haré esta historia lo más larga que pueda, pero no quiero pasar de treinta capítulos.
¡Gracias a todos aquellos que me acompañan en la publicación de este fick!, a los que leen y dejan comentarios, a los que leen y no dejan, a los que vienen a gastar el aire del mundo, al gatito negro que me espera todos los días en la puerta de mi universidad; ¡y a todos los fans de Hiei Kurama!
Capítulo siguiente:
-Capítulo XII-
Tokio v/s Corea
Titulo a modificación, no sé cuando llegaré al dichoso partido por que cuando lo intento se me viene otra idea a la cabeza.
Ahora, sobre la línea temporal:
Sólo han transcurrido dos días, con este capítulo vamos en el comienzo del tercer día, dios, y son treinta. ¡Que descontrolados me salieron estos niñitos!
Espero sus comentarios n.n
Gracias especialmente a:
Nejo-chan, Hino-chan, Carmilla de Vampirelle, Himiko, Rossenkreuz, Rescue-coluptor, Rika de Hiwatari, Andrómeda no sainto, Kotsu Korime Hiei, Zuki, Hoshiyo Hime, KittyWolf y AyekaTendou.
.
…Las chicas malas no saben perdonar…
…¡Cuando juegan al amor!...
…Las chicas malas te quitan lo que das…
…¡Chicas malas como yo!..
.
-Chicas malas-
Mónica Naranjo
