CAPITULO 11

Costó mucho convencer a su padre de llevarla a la Corporación Capsula después de clases, pero lo logró, después de llorarle casi todo el camino cuando la llevó a la escuela.

Papá, puedo ir con Sebastián a buscar algo. Preguntó a su padre al salir del casino de la empresa acompañados de su pequeño amigo.

Está bien, pero recuerda que Kony te vendrá a buscar en unas horas más.

¿No me puedo ir contigo? Preguntó decepcionada.

Hoy tengo mucho trabajo, saldré muy tarde.

Entiendo, vuelvo enseguida papá. Salieron corriendo por los pasillos. Fijo la mirada en ellos, un momento, pensando en lo que podían estaban tramando, seguramente no era nada bueno.

Al rato Trunks entró a la oficina dispuesto a firmar la enorme cantidad de carpetas que se encontraban en su escritorio, acompañado de su fiel asistente quien le recordaba las reuniones que tendría ese día.

Minutos más tarde y con una enorme sonrisa apareció su hija, sostenía una caja de zapatos en sus manos, la que guardó rápidamente en su mochila.

¿Qué tienes ahí? Preguntó Trunks temiendo una nueva travesura.

Nada, papá, solo un regalo que me hizo Sebastián. ¿puedo hacer mis tareas contigo?. Cambió el tema de conversación lo más rápido que pudo, para distraer a su padre.

Claro, trae esa silla. Revisaré tus cuadernos mientras haces tus deberes. Revisaba diariamente sus cuadernos, sobre todo después de ser suspendida. Ya no confiaba en la frase "ya hice mis deberes" sin antes cerciorarse por el mismo.

Que fastidioso eres. Hoy me porté bien en clases, en serio. Le pasó sus cuadernos para que los revisara uno por uno. Había entendido que una de las cosas con las que su padre sería intransigente son sus estudios. Su cambio de comportamiento llamó la atención de las profesoras y directora, nunca pensaron que fuese tan rápido, pero se imaginaban que su padre tenía mucho que ver.

Te felicito, veo que estás escribiendo y trabajando en clases. Revisó cuidadosamente las hojas escritas y ejercicios resueltos acompañados de las respectivas felicitaciones de la docente.

Sí, y hoy me fue muy bien en mi evaluación diaria. Respondió orgullosa, mostrando su prueba.

Me alegro mucho. Respondió Trunks. Quien a pesar de llegar cansado, la interrogaba sobre lo que había estudiado durante el día.

Estaba terminando de estudiar cuando apareció su niñera para llevarla a casa, el camino se hizo eterno, no tenía muchas ganas de hablar con aquella desconocida, así que se limitó a mirar por la ventana hasta llegar a casa. Después de sacarse el uniforme escolar, buscó en su mochila la cajita que le había dado su amigo y la escondió secretamente en su velador, antes que llegara la niñera para revisar sus cuadernos. Era un plan que no podía fallar por nada del mundo, era su última esperanza.

Aquella tarde Trunks llegó casi a la hora de la cena. No terminó de entrar cuando Kony se acercó a informarle detalladamente lo que habían hecho durante el día. Él no pudo menos que sonreír, ante tanta explicación, pero le agradó.

Gracias señorita, es muy eficiente y ¿donde se encuentra mi hija? Miró a su alrededor, ella siempre salía a su encuentro, le pareció extraño no verla gritando a su lado.

Es que tengo un problema, se esconde todo el día. Explicó la niñera levantando los hombros.

Hum… trataré de arreglar eso, no se preocupe. Se retiró a su cuarto para sacarse la ropa formal, pero de camino su hija salió a saludarlo.

Papá, Kony me avisó que habías llegado. Saltó a los brazos de su padre, para acompañarlo a su habitación. Le agradaba estar ahí, sobre todo por la enorme cama en la que podía saltar hasta cansarse.

No quiero que sigas escondiéndote de Kony. Ella debe saber dónde estás en todo momento. La regañó entrando al cuarto, al momento que se sacaba los zapatos y la camisa.

Es muy distraída, no me cuida bien. Se justificó la niña, escogiéndole una polera y un chaleco del armario, y se la entregó a su padre, además siempre se entromete en todo lo que hago. Sacó un pantalón que combinara con lo anterior y se lo pasó, para luego sentarse a su lado para tomar su celular.

¿Quién es esa chica? Preguntó al ver las llamadas perdidas, de una fotografía.

No cambies el tema. Respondió pidiendo su celular de regreso. Cuando vayas a algún sitio debes avisarle a Kony y no quiero más excusas. Vamos a lavarnos las manos para ir a comer. Exclamó al ponerse el chaleco.

Luego de disfrutar la cena y conversar un poco más con la niñera, para conocerla mejor. Se retiraron a dormir.

Deja ese juego, ponte el pijama. Trunks le quitó la Tablet, para poder acostarla de una vez.

Pero papá, quiero jugar unos minutos más. Reclamó la niña empezando la típica pataleta nocturna.

Es tarde, mañana debes levantarte temprano otra vez. Explicó su padre con un claro cansancio.

Cuando de pronto se hoyó un grito en el pasillo, que sacó unas risas a la pequeña que se encontraba a su lado. Trunks la miró con el seño fruncido, esperando que ella no tuviera nada que ver, la niña inmediatamente se llevó las manos a la boca. Abrió la puerta para ver lo que ocurría, seguido por su hija. En el pasillo se encontraron a Kony temblando.

Señor, hay una enorme araña en mi cama. Se aferró a él, tiritando de miedo.

Bulma que ya estaba acostada salió en pijama a averiguar lo que había provocado el grito, en cambio Vegeta ni siquiera se inmutó y continuó acostado, esperando a su esposa.

Acompañó a su hijo a la habitación para ver lo que estaba pasando. Efectivamente había una tarántula durmiendo encima de su cama.

Es extraño, no tenemos arañas en la casa. Se dirigió Bulma a la afectada, observando el arácnido.

Trunks pidió una caja para poder guardarla, era obvio que en esto tenía mucho que ver su hija.

Kony revisó celosamente la cama, para después sentarse y ponerse las pantuflas, lanzando otro grito instantáneamente. Había otra tarántula en una de las pantuflas, lo que hizo estallar las carcajadas de la menor y a los adultos los obligó a revisar cuidadosamente el lugar pillando una dentro del velador y otra en el closet.

Me puedes decir ¿Cuántas arañas escondiste? Preguntó finalmente Trunks dirigiéndose a su hija.

Papá , como crees que yo… Por qué su padre pensó en ella sin dudarlo un segundo, por qué no pensó en que las arañas habían hecho un nido casualmente en la habitación de Kony, al menos ese pensamiento debía tener, según sus planes.

Pregunté ¿Cuántas arañas? El tono de su padre le informó que estaba furioso, era mejor responder rápido antes de que acudiera a sus métodos de persuasión.

Son seis, pero ya encontraste cuatro. Sonrió con malicia.

Donde están las otras. Se cruzó de brazos frente a ella, controlándose para no darle una zurra.

Una está en su mochila y la otra en el bolsillo de su chaqueta. Respondió tragando saliva para desviar la mirada a otro punto.

Ve a tu cuarto. Mostró la salida ¡Ahora! Vociferó al ver que continuaba de pie frente a él.

Cuando Trunks llegó la encontró acostada y con su tablet apagada.

¿por qué hiciste eso? Preguntó antes de regañarla.

Quiero que se vaya, no quiero una niñera de reemplazo. Explicó temiendo el peor de los castigos.

Necesito una niñera para que esté contigo cuando voy a trabajar, no puedo dejarte sola en casa y tampoco te puedo llevar todos los días conmigo. Le explicó. Luego de sermonearla por casi diez interminables minutos, anunció el castigo. Me llevaré tu Tablet por unos días. Mañana te disculparás con ella, ahora duerme. Sin prestar atención a las protestas, le acomodó su almohada y se retiró a descansar junto al objeto requisado.

La niña se acomodó en su cama pensando en la tarántula que estaba en el zapato, no pudo evitar reír al imaginar la cara que pondría Kony cuando quisiera vestirse.

No contó con que los gritos la despertarían tan temprano, ¿cómo puede levantarse a las seis y media? Se preguntaba cubriéndose con la almohada, y tampoco pensó que su padre iría a pedirle explicaciones.

Ayer me dijiste que eran seis ¿me puedes explicar cómo apareció otra en su zapato? Había tenido que calmar los nervios alterados de la joven y ofrecerle un aumento de sueldo, ante el riesgo que se fuera.

Creo que se me olvidó. Levantó los hombros, haciendo una mueca para evitar reír, gesto que notó su padre comprendiendo que había sido intencional. No pudo menos que ponerla sobre sus rodillas para darle unas fuertes nalgadas.

Papá te prometo que..PLAS... nunca más.. PLAS, PLAS… buuaa.. PLAS me duele… buuaaa…PLAS.

La levanto y puso frente a él.

Irás en este momento a pedirle disculpas. Con una mano en su cintura indicó la puerta sin esperar que el llanto cesara. Lo miró pidiendo piedad, pero no se movió ni un musculo, avanzó entre sollozos, acompañada de su padre. Se detuvo antes de entrar, no quería hacer eso mucho menos con las claras señales de haber sido castigada, era humillante, pero sabía que él no sedería y, si se rehusaba, podía utilizar otros métodos más efectivos para convencerla. Secó sus lágrimas, respiró hondo y avanzó. Estaba su abuela junto a la joven que no paraba de temblar y llorar.

Señorita Kony, su voz tembló sin querer, tomó unos segundos para dirigir la mirada a su padre, quien se encontraba en la puerta observando. Se estremeció y continuó. Discúlpeme. Kony hizo una pausa, notó sus ojos llorosos y la mirada estricta del padre que estaba en la entrada, dispuesto a castigarla nuevamente ante una estupidez.

Está bien, te perdono, respondió, para retomar su llanto. Bulma intentó consolarla, mientras Trunks hizo una seña a su hija para que regresara a su habitación.

Vístete. Dejó el uniforme sobre la cama y caminó dispuesto a retirarse. Espero que no hayas olvidado otra araña, o te daré unos cinturonazos sin importar la ropa que tengas puesta. Entonces comprendió que su padre había notado que el pijama delgado que tenía puesto, no la protegería demasiado del castigo que en realidad quería darle.

No papá, esas eran todas. Respondió casi susurrando.

Te espero en el comedor. Salió sin mirarla.

Cuando se integró estaban sus abuelos discutiendo.

Se sentó junto a su padre, quien no la miró, eso le dolió mucho, más que cualquier paliza que le pudo haber dado.

¿Qué? exclamó Vegeta. Hoy tengo planes.

Sí, lo sé, pero nosotros llegaremos tarde porque tenemos una reunión importante y no puede quedarse sola en la oficina durante todo ese tiempo. Argumentó Bulma.

¿Se demorarán horas? ¿Quieres que termine con una crisis nerviosa igual que la niñera? Vegeta apretó su puño para reafirmar su frase. Se llevó la comida a la boca intentando destrozar el pan con los dientes imaginando que era su esposa. Fijó la mirada en su nieta, tenía sus ojos azules muy abiertos escuchando la discusión. Su mirada inocente lo hizo rendirse.

Muy bien, pasaremos la tarde juntos. Se dirigió a la pequeña, la que no mostró muchas señales de alegría. Estaba preocupada por el silencio de su padre.

Papá, perdóname por favor. Sin poder evitarlo, se le escaparon las lágrimas contenidas por el dolor de las nalgadas y la indiferencia de su padre.

Trunks fijó la mirada en ella, lo abrazaba escondiendo la cabeza en su pecho. Esa niña, era su vida, su princesa, no dudo en responderle y rodearla con sus brazos.

Camino a la escuela Trunks le contó a su hija que ese día la cuidaría su abuelo, porque la niñera estaba con una crisis nerviosa y le dieron el día libre. Era una excelente noticia.